ÍNDICE
Prólogo
.....................................................................................................................3
Psicología de la Antigüedad Griega y Latina ...........................................................4
Psiclología Patrística y Medieval
Escolástica...........................................................9
Psicología del Renacimiento en el Continente
Europeo.........................................10
Empirismo Inglés durante el Renacimiento y la
Ilustración....................................14
Conductismo y Sensacionalismo Francés durante la
Ilustración............................16
Asociacionismo y Empirismo
Inglés........................................................................17
Psicología Filosífica
Alemana.................................................................................21
Psicología Fisiológica
Checoeslovaca....................................................................25
Psicología Experimental
Alemana..........................................................................25
Psicología Fisiológica Alemana..............................................................................28
Precursores de la Psicología Experimental
Inglesa............................................... 30
Psicología Evolutiva Inglesa y
Norteamericana......................................................32
Psicología Estructural
Anglo-Norteamericana........................................................34
Psicología Danesa de las
Emociones.....................................................................35
Psicología Funcional
Norteamericana....................................................................35
Psicología Experimental y Fisiológica
Norteamericana..........................................37
Psicología Infantil y Social Francesa, Suiza, e
Italiana..........................................40
Psicología Inglesa y Germano-Norteamericana de las
Diferencias Individuales...41
Psicología Clínica
Francesa...................................................................................44
Psicología Clínica Austriaca, Suiza y
Alemana......................................................46
Psicoterapia Neurofisiológica de Europa Continental y
Norteamérica...................52
Psicología Clínica y Teoría de la Personalidad
Contemporáneas
en Norteamérica.....................................................................................................55
Psicología de la Gestalt
Alemana...........................................................................59
Conductismo
Ruso..................................................................................................61
Conductismo y Neoconductismo
Norteamericanos................................................62
Psicología Fenomenológica y Existencial Alemana y Francesa.............................64
Conclusión..............................................................................................................68
Bibliografía..............................................................................................................70
PRÓLOGO
El presente trabajo es una síntesis del libro “Historia de la Psicología” de Sahakian Williams. Este libro es un compendio de extractos de las obras de los personajes más significativos para la psicología desde el punto de vista de S. Williams. Mi labor fue abstraer los aspectos más relevantes de la caracterología de las diferentes posturas y teorías de los intelectuales citados respetando en su mayoría la sintaxis de S. Williams; en quién dejo la responsabilidad de la traducción del sentido de las ideas y los estudios tratados en este caso. Los apartados están ordenados no solo cronológicamente, sino también de acuerdo a la nacionalidad de los autores y su área de especialización. De esta manera dejo ante el lector sugestivos segmentos del rico y variado panorama de los estudios que han contribuido al establecimiento de la psicología como ciencia.
1 PSICOLOGÍA DE LA ANTIGÜEDAD GRIEGA Y LATINA
Anaxágoras (500-428)
Empédocles (490-430)
Demócrito (460-370)
Leucipo (siglo V A.C.)
y
otros
Psicólogos Presocráticos
La
psique.
Lo
que posee un alma se distingue por que tiene movimiento y sensación. Demócrito arguyó que el alma es una especie de fuego o
calor. Leucipo llamó alma a los átomos esféricos que
podemos ver en los rayos del sol que atraviesan nuestra ventana, ya que estas
formas o figuras pueden más fácilmente pasar a través de cualquier cosa y
pueden mover otras cosas en virtud de su propio movimiento. De aquí que hayan
considerado también que la respiración es la condición esencial de la vida; los
átomos producen el movimiento de las cosas vivas, porque ellos por sí mismos
nunca están en reposo. Algunos de los pitagóricos declararon que el alma es
idéntica a las partículas del aire, y otros, que se confunde con lo que hace
que estas partículas se muevan; parecen presuponer que el movimiento es el ello
mismo movido por sí. Anaxágoras sostuvo que la mente
es la que todo lo pone en movimento. Demócrito identificaba a la mente y al alma, de aquí que
haya considerado como exacta la descripción homérica del delirio de Héctor “que
yacía pensando otros pensamientos”. Anaxágoras es
menos preciso, pues en muchas ocasiones habla del pensamiento como responsable
de lo que es justo y correcto, mientras que otras veces dice que es el alma
porque él considera que la mente existe en todas las cosas vivas, grandes y
pequeñas, nobles y viles, mientras que la mente en el sentido de la
inteligencia no parece pertenecer a toas las cosas vivas por igual, ni aún
siquiera a todos los hombres. Empédocles pensó que el
alma estaba compuesta de todos los elementos, e incluso pensó que cada uno de
ellos era un alma, expresándose así “Por la tierra vemos tierra, por el agua el
agua, por el aire el aire divino, por el fuego el fuego destructor, el amor por
el amor y la luctuosa destrucción por la destrucción. De la misma manera Platón
en el “Timeo” compone el alma a partir de los
elementos; sostiene que lo “igual” solo puede ser conocido por lo “igual”, y
que a partir de estos primeros principios
constan todas las cosas que percibimos. En oposición a esta concepción y
la de Empédocles está teoría de los opuestos de Anaxágoras: -conocemos lo frío por lo caliente, lo fresco
por lo salado, lo dulce por lo amargo... lo contrario por lo contrario-. Platón
da otra teoría: que la mente es el uno y el conocimiento es el dos –ya que
solamente hay una línea recta desde un punto a otro- y que el número del plano,
el tres, es la opinión, y el número del cubo, el cuatro es la sensación, y así
estos números son las formas de las cosas. Para Tales el alma es la causa del
movimiento, Diógenes y algunos otros pensaron que el alma es aire, Heráclito llamó alma a un flujo incesante; supuso que una
cosa en movimiento sólo puede ser conocida por algo que mueva y que todo lo que
existe está en movimiento. Alcmeón pensó algo
semejante: -el alma es inmortal debido a su movimiento continuo, como el de las
cosas divinas como el Sol, la Luna y las estrellas que están en movimiento
perenne-. Hippo declaró que el alma es agua, debido a
que el semen (semilla primaria) es húmedo. Critas
imaginó que el alma era la sangre por suponer que la sensación era la
característica principal del alma, y que esta sensación se debía a la
naturaleza de la sangre. Finalmente casi todos distinguen el alma por tres atributos:
el movimiento, la sensación y la incorporeidad, y cada uno de ellos hace
referencia retrospectiva a los primeros principios.
Sócrates (470-399) y Platón (427-347)
Sócrates: ...no hay nada en sí y por sí, tanto el color
blanco como el color negro como cualquier otro color, es el resultado del
acercamiento de los ojos a esa traslación propia que les origina, y habremos de
afirmar entonces que todo color existente no es ni lo que se aplica ni lo que
es aplicado, sino algo intermedio adecuado a cada uno. Porque ¿podrías aseverar
que tal como se te aparece a ti el color se aparece también a un perro o a
cualquier otro animal?... El Todo es movimiento y nada más que movimiento. Este
movimiento se aparece bajo dos formas, una y otra en número ilimitado, con
poder de actuar en un caso y de sufrir en otro. Del contacto y del frote de
ambas surgen vástagos en número ilimitado, hermanos gemelos como son lo
sensible y la sensación, pues esta última surge y se engendra al mismo tiempo
que lo sensible.
Me
parece que algunos de los placeres y deseos no son necesarios, son contrarios a
las leyes y se dan, no obstante, en todos los hombres. Se ven desenfrenados por
las leyes y por los deseos mejores, gracias a la razón, y quedan notoriamente
reducidos. En otra parte en cambio son más fuertes y numerosos. Se despiertan
en el sueño cuando está dormida la parte del alma razonable; la parte
bestial y salvaje salta e intenta rechazar
el sueño, para satisfacer sus propios apetitos. Se atreve a todo, como si se le
hubiese liberado y desatado de la vergüenza y de la sensatez. Ahora bien:
cuando, a mi entender, el hombre lleva una vida sana y reguladora, y se entrega
al sueño luego de haber ejercido su propia razón y de haberla alimentado con
hermosas palabras y reflexiones; cuando, además, adentrándose en sí mismo, no
deja resquicio a la necesidad o la hartura de su parte concupiscible, y permite
que se le considere en su ser y en su pureza para tratar de darse cuenta de lo
que no sabe, sea esto algo pasado, presente o futuro; cuando ese hombre
apacigua del mismo modo su parte colérica y no duerme poseído del ese espíritu,
sino que, tranquilizado por completo, pone en movimiento su sano juicio, y así
concilia el sueño, saber perfectamente que puede alcanzar mejor la verdad sin
que le entorpezcan las visones fantásticas de los sueños.
La
asociación de ideas.
Si
alguien recuerda algo tiene que haberlo sabido antes... cuando al ver u oír
algo, o al tener cualquier otra percepción, no sólo se conoce la cosa de que se
trata, sino también se piensa en otra sobre la que no versa dicho conocimiento,
sino otro... ¿es posible, cuando se ve un caballo dibujado o el dibujo de una
lira, acordarse de un hombre, y recordar a Cebes al ver un retrato de Simmias?
Aristóteles (384-322)
Los
sentidos.
Al tratar de los distintos sentidos, hemos de hablar primero de sus respectivos objetos, para lo cual se emplean tres acepciones diversas: dos de ellas se aplican a las cosas que percibimos por sí mismas, y una a la que se percibe accidentalmente. Una representa un objeto propio de un sentido dado y la otra hace referencia a un objeto perceptible por todos los sentidos. Entiendo por objeto propio el que no puede ser percibido por ningún otro sentido y respecto del cual es imposible el error; por ejemplo, la vista hace referencia al color, el oído al sonido, el gusto al sabor y el olfato corresponde al olor. El tacto es difícil decir si es un sentido o más de uno, y también cuál es el órgano que percibe el objeto del tacto. Por ejemplo, la percepción del movimiento, del reposo, del número, de la figura y del tamaño son campo común de varios sentidos. Y finalmente llamo objeto percibido accidentalmente, si, por ejemplo, el objeto blanco visto es el hijo de Diares; ésta es una percepción accidental, porque el objeto recibido solamente posee la blancura accidentalmente.
Memoria.
Toda memoria o recuerdo implica estar consciente del tiempo. Esta facultad sensitiva común implica una pintura mental. Si hay en nosotros algo análogo a una impresión o una pintura, ¿porqué razón la percepción de esto será memoria o recuerdo de algo distinto y no de esto mismo? Pues es esta afección lo que uno considera y percibe cuando ejercita su memoria. ¿Cómo, pues, se recuerda lo que no está presente? Esto implicaría que se puede también ver y oír lo que o está presente. Y seguramente, en algún sentido, es esto lo que puede ocurrir y ocurre.
Los actos del recuerdo tienen su lugar cuando un movimiento o impulso sucede naturalmente a otro. Pero ocurre que algunos impulsos nos vienen a ser habituales más fácilmente por una única experiencia, que otros a partir de muchas; y así, recordamos algunas cosas que tan sólo hemos visto una vez mejor que otras que hemos visto muchas veces. Cuando recordamos, pues, reexperimentamos también lo que habitualmente les precede. Por esta razón seguimos ordenada y continuamente el rastro cuando pensamos, partiendo del presente o de alguna otra cosa, o bien de algo semejante o contrario a lo que buscamos, o bien de algo íntimamente relacionado con ello. De esta manera tiene lugar el recuerdo. Los actos del recuerdo consiguen una más rápida realización y un éxito más completo cuando parten del comienzo de una serie, porque, al igual que los objetos están relacionados entre sí por un orden de sucesión, así también lo están los impulsos o movimientos. Los sujetos que poseen un determinado orden interno o psíquico, análogo al de los problemas y cuestiones matemáticas, son los que más fácilmente recuerdan.
Sueños.
Pensamos en otras cosas junto con el sueño, como ocurre en el caso de la percepción por la que estamos despiertos. Pensamos a menudo acerca de lo que percibimos, así mismo en el sueño, junto con nuestras imaginaciones, tenemos a veces pensamientos diferentes. Los sueños no tienen lugar independientemente del ver y de alguna clase de sensación, pues se producen ilusiones visuales y auditivas cuando una persona ve y oye realmente algo, aunque no la cosa que piensa que ve o que oye. En el sueño, la hipótesis de que no hay visión es falsa, y es falsa también la de que la sensación no experimenta excitación.
Postimágenes.
La sensación real es una serte de cambio cualitativo. Este estado se encuetra en los órganos de los sentidos no sólo durante el proceso de la sensación, sino también después de que el receso ha cesado. Así, si miramos el sol y luego cerramos nuestros ojos, se le presenta a la observación un color semejante al real, que luego se cambia por escarlata, después por púrpura, hasta que se vuelve negro y desaparece.
Zenón
(356-264)
Psicología estoica.
Los Estoicos han decidido tratar, en primer lugar, la percepción y la sensación, por que el criterio mediante el cual se establece la verdad de las cosas es una fuerza de percepción, y por su juicio que expresa la creencia, y la comprensión y el entendimiento de una cosa, juicio que precede a todos los demás, no puede existir sin percepción. Pues la percepción abre el camino; y luego el pensamiento, que encuentra salida en expresiones, explica con palabras los sentimientos que deriva de la percepción... Unos son sensibles y otros no. Los que llamamos sensibles son aquellos que obtenemos mediante uno o más sentidos, (llaman también sensación a la energía, o ejercicio activo de los sentidos) y llaman no sensibles a los que emanan directamente del pensamiento, como la existencia de los dioses y de la Divina Providencia. Toda perturbación de acuerdo con Zenón, es en sí un movimiento de la mente, o una inclinación superflua, que es irracional y contranatural. En su obra sobre las pasiones hay cuatro clases: pesar, miedo, deseo y placer. Y así como se dice que hay algunas enfermedades en el cuerpo como la gota y los padecimientos artríticos; así también hay enfermedades del alma, como el apetito de gloria, o de placer, y otros sentimientos de esa clase. Hay también tres buenas disposiciones de la mente: alegría prudencia y voluntad. La alegría es lo opuesto del placer, puesto que es una exaltación racional de la mente; así también la prudencia es lo opuesto al miedo, ya que es la evitación racional de algo, pues el sabio nunca tendrá miedo, pero actuará con prudencia; y define la voluntad diciendo que es lo opuesto del deseo, puesto que es un querer racional.
Epícuro (341-270)
Percepción
sensible.
Hay
imágenes que se parecen, en lo que a su forma respecta, a los cuerpos sólidos
que vemos, pero que difieren materialmente de ellos en la sutilidad de su
sustancia. La producción de imágenes es simultánea al pensamiento. Es preciso
admitir que algo pasa desde los objetos externos hasta nosotros a fin de
producir en nosotros la visión y el conocimiento de las formas, mediante rayos
cualesquiera, a modo de darnos a nosotros una impresión de su forma y color.
Toda concepción, toda percepción sensible que guarda relación con la forma o
con los demás atributos de estas imágenes es únicamente la misma forma del
sólido percibida de manera directa, ya sea en virtud de una suerte de
condensación real y continuada de la imagen, o a consecuencia de las huellas
que ha dejado en nosotros.
La
psique.
El alma es una sustancia corpórea constituida por partículas menudas, difundidas por todos los miembros del cuerpo. Tenemos que reconocer que es en alma de manera especialísima, donde reside el principio de sensación, está cubierta por el resto del cuerpo que se lo comunica a ella, y que a su vez recibe este poder de ella. Por eso cuando el alma parte, el cuerpo ya no posee sensación. El alma refleja las manifestaciones que se efectúan en la sustancia que la rodea, advierte en sí misma, en una virtud o poder que le pertenecen, las afecciones sensibles, e inmediatamente se las comunica al cuerpo en virtud de los lazos recíprocos de simpatía que la unen con él.
Tito Lucrecio Caro (95-51)
Sensación
y percepción.
Retratos de las cosas y de las delgadas formas se emiten desde la superficie de las cosas para lo cual una imagen sirve como una suerte de película, o si gustáis llamarla máscara, pues tal imagen porta una apariencia y forma semejante a cualquier cosa de cuyo cuerpo se despega y aleja; como la vestimenta que la escurridiza serpiente deja enganchada en las espinas. Por consiguiente, hay formas delgadas y retratos semejantes alas cosas, las cuales, aunque nadie puede verlas de una por vez, sin embargo cuando son despegadas por una reflexión constante y repetida, nos devuelven una imagen visible desde la superficie de los espejos. Cuán delgada es la naturaleza de una imagen. También los olores fluyen incesantemente de algunas cosas. Varios sonidos, así también no cesan de volar por el aire. Todos éstos son corpóreos puesto son capaces de obrar sobre los sentidos.
Plotino (205-270)
El
alma y la sensación.
Todo lo que es capaz de tener percepción sensible de alguna cosa, tiene él mismo que ser uno, y aprender todas las cosas en virtud de una y la misma facultad. Un centro, que los sentidos por todas partes se escondiesen hasta éste, donde las formas se convierten en concepciones del ser, que es indivisible en su totalidad.
2. PSICOLOGÍA PATRÍSTICA Y MEDIEVAL ESCOLÁSTICA
San Aurelio Agustín (354-430)
La
mente humana.
Los hombres sin duda han dudado si el poder de vivir, de recordar, de comprender, de querer, de pensar, de saber, de juzgar, es del aire, o del fuego, o del cerebro, o de la sangre, o de los átomos, o aparte de los cuatro elementos de una quinta clase de cuerpo, y de no sé que más; o que la combinación o mezcla de esta nuestra carne tienen la facultad de llevar a cabo estas cosas. Hay quienes dicen que la mente misma es una sustancia, en la que está el entendimiento, como en un sujeto; pero otros dicen que la mente misma está en un sujeto, a saber, en el cuerpo, del que es la combinación o mezcla. No se dan cuenta de que la mente se conoce a sí misma, nada puede decirse con razón que es conocido mientras no se conoce su sustancia. Y, por consiguiente, cuando la mente se conoce a sí misma conoce su propia sustancia; está cierta acerca de sí misma. Aunque no está de ninguna manera segura de que sea aire, o fuego, o algún cuerpo. Por consiguiente no es ninguna de estas cosas puesto que piensa todas esas cosas a través de una imaginaria fantasía, no añade nada a sí misma a través del pensamiento de estas cosas, de manera que llegue a pensar que es algo de esa clase, entonces, sea lo que fuere lo que le quede a ella de sí misma, solo eso es ella misma; como alguna presencia interior, no fingida, sino verdadera. Tal y como piensa que vive, recuerda entiende y quiere.
Memoria,
entendimiento y voluntad.
En
lo que respecta a la memoria, al entendimiento y a la voluntad, la segunda debe
considerarse con lo que respecta a aquello que cualquiera tiene en su memoria y
en su entendimiento, y que haya
alcanzado mediante una voluntad afanosa. La voluntad maneja aquellas cosas que
están contenidas en la memoria y en el entendimiento. Y cada una respecto de sí
misma es vida, mente y esencia, pues recuerdo que tengo memoria, entendimiento
y voluntad; y entiendo que entiendo, que quiero y que recuerdo; y quiero que quiero, que recuerdo y que entiendo; y recuerdo juntos a toda
mi memoria, mi entendimiento y mi voluntad. Todos son mutuamente comprendidos
por cada uno y son uno, una vida, una mente, una esencia .Por consiguiente,
recuerdo la totalidad de mi entendimiento, la totalidad de mi voluntad como una totalidad. Pues no hay una sola de las
cosas inteligibles que no entienda, salvo las que no conozco; pero lo que no
conozco tampoco lo recuerdo, ni lo quiero.
Santo Tomás de Aquino (1225-1274)
El
alma como principio intelectivo.
El principio de la actividad intelectual, al que llamamos alma humana, es un principio incorpóreo y completamente sustancial que puede actuar sin el cuerpo.
Unidad
psicofísica.
Existe un modo de contacto en virtud del cual es espíritu puede unirse al cuerpo, no por unión mutua de cantidades, sino por el tacto del poder, y es factible entre espíritus y cuerpos: las sustancias intelectuales pueden actuar sobre los cuerpos y ponerlos en movimiento. El sentir y experimentar son funciones del alma y del cuerpo simultáneamente.
Sensación.
La naturaleza provee de órganos diversos para igualar la diversidad de poderes. Corresponde a la mente juzgar acerca de la naturaleza de las cualidades sensibles. Los sentidos son un poder receptivo; los sentidos se sienten. También el sentido común es capaz de sentir la sensación misma, como cuando alguien ve que está viendo. Luego, a la fantasía o imaginación-sensorial se le puede describir diciendo que es el almacén de impresiones sensoriales a fin de percibir conexiones que no hacen patentes en el ambiente inmediato; esto es el sentido estimativo, como la memoria es el sentimiento del pasado.
3. PSICOLOGÍA DEL RENACIMIENTO EN EL CONTINENTE EUROPEO
René
Descartes (1596-1650)
Interacción
de la mente y el cuerpo.
Artículo II. Para conocer las pasiones del alma, es preciso distinguir sus funciones de las del cuerpo.
Artículo
III. Todo lo que experimentamos en nosotros mismos y que también puede tener
lugar en cuerpos completamente inanimados, debe atribuirse a nuestro cuerpo; y,
por lo contrario, todo lo que es en nosotros, que no podemos concebir a un
cuerpo, debe ser atribuido a nuestra alma.
Artículo
IV. El calor y el movimiento de los miembros proceden del cuerpo; los
pensamientos del alma. De ninguna manera todas das diversas clases de
pensamientos que hay en nosotros pertenecen al alma; la flama, por sí sola
tiene mucho más calor y movimiento que ninguno de nuestros miembros. Todo el
calor y todos los movimientos que existen en nosotros, no dependen del todo del
pensamiento, no pertenecen sino al cuerpo.
Artículo
XVI. Todos los movimientos que hacemos sin que nuestra voluntad contribuya a
ello no dependen sino de la conformación de nuestros miembros y del curso que
los espíritus, excitados por el calor del corazón, siguen naturalmente en el
cerebro, en los nervios y en los músculos.
Artículo
XXX. El alma está unida a todas las partes del cuerpo conjuntamente. El cuerpo
es uno, y en cierta manera indivisible, en virtud de la disposición de sus
órganos, que se relacionan de tal manera, unos con otros, que, cuando se quita
a uno de ellos, hace que todo el cuerpo resulte defectuoso.
Glándula
Pineal.
Artículo
XXXI. Hay una pequeña glándula en el cerebro en la cual el alma ejerce sus
funciones más particularmente que en las otras partes. La glándula pineal.
Artículo
XXXII. Las demás partes de nuestro cerebro son dobles. Pero en la glándula
pineal, que es una, las impresiones que llegan de un
solo objeto por los órganos dobles de los demás sentidos, se puedan reunir en
una sola imagen antes de llegar al alma.
Pasiones.
Artículo
XXXIII. El asiento de las pasiones no está en el corazón.
Artículo
XXXIV. El alma y el cuerpo obras el uno sobre el otro.
Artículo
XL. Todas las pasiones, en los hombres, incitan y disponen a su alma a querer
las cosas para las cuales preparan a su cuerpo: de manera que el sentimiento
del miedo la incita a querer huir, el del valor a querer combatir y así de los
demás.
Voluntad,
memoria e imaginación.
Artículo XLI. Cuál es el poder del alma respecto del cuerpo. La voluntad es hasta cierto punto libre por su propia naturaleza que jamás puede ser obligada. Dos clases de pensamientos se distinguen en el alma: sus acciones y sus pasiones y las dos abarcan todo el género de percepciones. Los primeros están absolutamente en su poder, mientras que los últimos dependen absolutamente de las acciones que los originan y sólo indirectamente pueden ser afectadas por el alma salvo cuando ella misma es la causa de ellos.
Artículo
XLII. Cómo encontramos en la memoria las cosas que queremos recordar. La
glándula, inclinándose, empuja los espíritus hacia diversos sitios del cerebro,
hasta que encuentran aquél donde están las huellas que a
dejado el objeto del que nos queremos acordar.
Artículo
XLIII. La voluntad tiene la capacidad de hacer que la glándula se mueva para
empujar los espíritus hacia los poros del cerebro por cuya abertura esta cosa
puede ser representada. Durante este tiempo, inclinada hacia un mismo lado; de
manera que por último, cuando queremos caminar o mover el cuerpo, la glándula
empuja los espíritus hacia los músculos que sirven para ese efecto.
Artículo
XLIV. Cuando al hablar no pensamos más que en el sentido de lo que queremos
decir, esto hace que movamos la lengua y los labios mucho más rápido y mejor
que si nos ponemos a pensar en moverlos de todas las maneras que se requieran
para proferir las mismas palabras, puesto que el hábito que hemos adquirido al
aprender a hablar ha hecho que hayamos unido la acción del alma –que por
intermedio de la glándula puede mover la lengua y los labios- con la
significación de las palabras que siguen estos movimientos, y no con los
movimientos mismos. Y así cada volición está unida naturalmente a algún
movimiento de la glándula; pero que, por intención o por hábito, puede unirse
con otros.
Artículo
XLVII. En qué consisten los conflictos que acostumbramos imaginar que existen
entre la parte inferior y la parte
superior del alma. La parte inferior del alma, a la que llamamos sensitiva, y
la superior, que es racional, o bien, entre los apetitos naturales y la voluntad;
en nosotros no hay sino una sola alma, y esta alma no tiene, en sí, ninguna
diversidad de partes: la misma que es sensitiva es racional y todos sus
apetitos son volitivos.
Benedict Spinoza (1632-1677)
Paralelismo
psicofísico.
Prop. VII. El orden y conexión de las ideas es el mismo que es orden y conexión de las cosas: causa – efecto. La potencia de pensamiento de Dios es igual a su potencia realizada en la acción.
Prop.
XXI. La idea de la mente y la mente misma son una que se concibe bajo uno y el
mismo atributo, a saber, el pensamiento. Si un hombre sabe algo, él, por ese
mismo hecho, sabe que lo sabe, y al mismo tiempo sabe que sabe que lo sabe, y
así hasta el infinito.
Determinismo
y crítica de las facultades mentales.
Prop.
XLVIII. En la mente no existe voluntad absoluta o libre; sino que la mente es
determinada a desear esto o aquello por una causa, que ha sido también
determinada por otra causa, y así hasta el infinito.
Emociones:
amor y odio.
Prop. XXXVIII. El odio en proporción es mucho mayor en cuanto más ha sido su amor; lo odiará más que si nunca lo hubiese amado, y con intensidad tanto mayor cuanto más grande fue su amor anterior.
Prop.
XLIII. El odio aumenta el ser recíproco y, por otra parte, puede ser destruido
por el amor si el objeto de odio lo ama.
Prop.
LVII. Cualquiera emoción de un individuo determinado difiere de la emoción de
otro individuo sólo en la medida en que la esencia de un individuo difiere de
la esencia de otro.
Prop.
VII. Cuando asalta ala mente cualquier emoción, al mismo tiempo el cuerpo se ve
afectado por una modificación en virtud de la cual su potencia de actividad
aumenta o disminuye. De tal modo una emoción no puede ser destruida ni
controlada salvo por un emoción contraria o más fuerte.
Prop.
III. Una emoción, que es una pasión, deja de ser una pasión tan pronto como nos
formamos una idea clara y distinta de ella. Así una emoción queda más sujeta a
nuestro control.
Percepción.
Los modos de percepción o de conocimiento pueden reducirse a cuatro:
I.
Lo que se conoce de oídas.
II.
Percepción que nace de la mera experiencia que todavía no ha sido clasificada
por el intelecto.
III.
Cuando la esencia de una cosa se infiere de otra cosa.
IV.
Por último, la percepción que surge cuando una cosa es percibida exclusivamente
a través de su esencia, o a través del conocimiento de su causa inmediata.
Memoria.
Cuanto
más inteligible es una cosa tanto más fácilmente se le recuerda, y cuanto menos
inteligible es, tanto más fácilmente la olvidamos. Memoria no es sino la sensación
real de impresiones en el cerebro, acompañada del pensamiento de una duración
determinada de la sensación.
Gottfried Wilhelm Leibniz
(1646-1716)
Se trata de saber si el alma está vacía en sí misma totalmente, y si todo en ella proviene únicamente de los sentidos y de la experiencia, o si el alma contiene originalmente los principios de varias nociones y doctrinas, que los objetos externos revelan solamente hacia dada la ocasión. “La ley de Dios está escrita en el corazón” Rom II, 15. Los Estoicos llamaban a estos principios, prolepses, es decir, suposiciones fundamentales, o lo que se da por conocido de antemano. Los matemáticos las llaman nociones comunes, de donde parece ser que las verdades necesarias, tales como las encontramos en las matemáticas puras y, particularmente, la aritmética y en la geometría, deben tener principios cuya prueba no depende de los ejemplos ni, por consiguiente, del testimonio de los sentidos, aunque sin los sentidos jamás se nos hubiesen ocurrido pensarlas. La razón es propia de los hombres. Las inferencias de las bestias son puramente como las de los simples empíricos. De esta manera las ideas y las verdades nos son innatas, como inclinaciones, disposiciones, hábitos o potencialidades naturales, y no como acciones; aunque estas potencialidades vayan siempre acompañadas de algunas acciones a menudo sensibles, que les corresponden. Nada se lleva a cabo de golpe, es una mis grandes máximas y de las más comprobadas. Llamé a esta Ley de la continuidad; muy importante en la física. Nunca nace ningún movimiento inmediatamente del reposo, ni se reduce sino por un movimiento más pequeño. Juzgar de otra manera será conocer poco la inmensa sutileza de las cosas, que envuelve siempre y por doquier a un infinito real.
Critica
de la concepción de Locke de la mente como Tabula
Rasa.
Esta
tabula rasa de los filósofos significa que el alma tiene por naturaleza y
originalmente tan sólo facultades desnudas, que no hay nada en el alma que no
venga de los sentidos. Pero tienes que exceptuar el alma misma y sus
afecciones. “Nihil est in intellectus, quod non fuerit in sensu, exipe: nisi ipse
intellectus “ (Nada hay en
el intelecto que o haya estado previamente en los sentidos, salvo el intelecto
mismo. Ahora bien, el alma comprende al ser, la sustancia, la unidad, la
identidad, la causa, la percepción, la razón, así como muchas otras nociones
que los sentidos no nos pueden dar.
Paralelismo
psicofísico.
Todas
las impresiones tienen su efecto, pero no todos los efectos son siempre
perceptibles. Sostengo inclusive que algo ocurre en el alma que corresponde con
la circulación de la sangre y con todos los movimientos internos de las
vísceras, de los que, sin embargo, nunca
estamos conscientes. Creo que existe siempre una correspondencia entre el
cuerpo y el alma.
4. EMPIRISMO INGLÉS DURANTE EL RENACIMIENTO Y LA
ILUSTRACIÓN
Thomas Hobbes (1588-1679)
Sentido.
La
causa del Sentido es el Cuerpo externo u Objeto, que hizo presión sobre el
órgano propio de cada Sentido... en nosotros se ejerce la presión, el
movimiento.
Memoria,
imaginación e inhibición retroactiva.
La
Imaginación no es sino un sentido menguante; y se encuentra en los hombres y en
muchas otras Criaturas vivas, lo mismo durmiendo que estando despierto. Cuanto
más prolongado es el tiempo, después de la visión, o sensación de cualquier
objeto, tanto más débil es la Imaginación. Pero cuando queremos expresar la
mengua y significar que el Sentido se está debilitando, es viejo y pertenece al
pasado, entonces hablamos de Memoria.
Causalidad
y asociación de ideas.
La rememoración de la sucesión de una cosa tras otra, es decir, de lo que fue antecedente, delo que fue consecuente y de lo que fue concomitante, recibe el nombre de experimento; tanto si lo hicimos voluntariamente como si no. Al haber hecho muchos experimentos, es a lo que llamamos experiencia, que no es sino la rememoración de cuáles antecedentes han ido seguidos de cuáles consecuentes. Cuando un hombre ha observado tan a menudo que determinados antecedentes van seguidos de determinados consecuentes, cada vez que ve el antecedente se pone a buscar el consecuente. A la consecuencia de lo que es presente los hombres lo llaman futuro; y de tal modo puede decirse que la rememoración es la previsión de las cosas que han de ocurrir, o expectativa o presunción del futuro.
John Locke (1632-1704)
La
mente como tabula rasa.
Supongamos que la mente es un papel en blanco sin caracteres, sin ideas, ¿cómo llega a tenerlas?. De la experiencia. Eso es lo que los sentidos transmiten a la mente, percepciones. Cuando el alma reflexiona sobre las sensaciones y las considera, entendimiento. Esta fuente de origen de ideas la tiene todo hombre en sí mismo. Los objetos externos proveen a la mente de ideas de cualidades sensibles, y la mente provee al entendimiento con ideas de sus propias operaciones. Una vez que el entendimiento almacena estas ideas simples, posee la facultad de repetirlas, compararlas y unirlas, con variedad casi infinita, y de tal modo puede construir a placer nuevas ideas complejas.
Percepciones
sensoriales.
Hay algunas ideas que llegan a nuestras mentes a través de un solo sentido únicamente, otras que llegan a través de más de un solo sentido, hay otras que sólo las tenemos por reflexión, y las que se abren camino y se les sugieren a la mente a través de todas las maneras de la sensación y la reflexión. Para descubrir mejor la naturaleza de las ideas será conveniente distinguirlas según sean, y a la facultad de producir cualquier idea en nuestra mente, la llamo cualidad del sujeto.
George Berkeley
(1685-1753)
Teoría de la arbitrariedad
divina.
Las ideas están conectadas con otras ideas, pasan a ser consideradas como signos, mediante los cuales las cosas, no percibidas realmente por los sentidos, se significan o sugieren a la imaginación que es la única que los percibe. Y así como los sonidos nos sugieren a esos sonidos; y en general, todos los signos sugieren las cosas significadas, pues no hay idea que no pueda ofrecer a la mente otra idea, con la que ha estado frecuentemente unida. En algunos casos, un signo puede sugerir su correlato como una imagen, en otros como un efecto y en otros como una causa. Pero cuando no hay tal relación de similitud o causalidad, ni ninguna conexión necesaria cualquiera, dos cosas por su simple coexistencia, o dos ideas, por el solo hecho de ser percibidas juntas, pueden sugerir o significarla una al a otra, por lo cual su conexión es arbitraria; pues es la conexión únicamente, como tal, la que causó ese efecto. Un gran número de signos arbitrarios, diversos y opuestos, constituyen un lenguaje. Si tal conexión arbitraria es instituida por los hombres, es un lenguaje artificial; si es por el Autor de la Naturaleza, es un lenguaje natural. Y sin embargo, esto no impide que una pueda ser tan arbitraria como la otra; percibir es una cosa y juzgar es otra. Hacemos juicios e inferencias mediante el entendimiento. ¿Cómo es que un conjunto de ideas, totalmente diferente de las ideas tangibles, habría de sugerírnoslas, no existiendo conexión necesaria entre ellas?, la respuesta atinada consiste en decir que se lleva a cabo en virtud de una conexión arbitraria, instituida por el Autor de la Naturaleza.
David
Hume (1711-1776)
Asociación de ideas.
Todas las percepciones de la mente humana se reducen a dos géneros distintos que yo llamo impresiones e ideas. La diferencia entre ellas consisten en los grados de fuerza y vivacidad con que se abren camino en nuestro pensamiento o conciencia. Las que penetras con más fuerza y violencia son las impresiones, como las sensaciones, pasiones y emociones. Las débiles son las ideas, que son imágenes en el pensamiento y en el razonamiento. Otra división de nuestras percepciones que se extiende sobre nuestras impresiones e ideas, es la de las simples y las complejas. Las simples no admiten separación ni distinción y las complejas son las que se pueden dividir en partes, o sea en las simples que le corresponden. Además toda impresión simple va acompañada de una idea correspondiente, y la existencia de unas tiene considerables influencias sobre las otras. No puede nunca surgir del azar o en orden contrario: las impresiones son las causas de nuestras ideas y no nuestras ideas de nuestras impresiones.
Causalidad y asociación.
Nuestra idea de la necesidad cuando decimos que dos objetos están necesariamente enlazados entre sí, se atribuye siempre a las causas y efectos, que son contiguos en tiempo y lugar y que el objeto que llamamos causa precede al que llamamos efecto. Esta impresión o determinación es la que me proporciona la idea de la necesidad. La necesidad es algo que existe en el espíritu, no en los objetos, y la necesidad o el poder que une las causas y efectos radica en la determinación del espíritu o pasar de las unas a los otros. La conexión necesaria entre causas y efectos es el fundamento de nuestra inferencia, y viceversa. Y no podemos cerciorarnos de su realidad más que mediante la experiencia y la observación.
5. CONDUCTISMO Y SENSACIONALISMO FRANCES DURANTE LA ILUSTRACIÓN.
Julien Offray de la Mettrie (1709-1751)
Conductismo francés
temprano.
El alma y el cuerpo se adormecen juntos. A medida que se calma el movimiento de la sangre, un suave sentimiento de paz y de tranquilidad se expande por todos los músculos del cuerpo. Éstos ya no pueden soportar el peso de la cabeza; ésta ya no tolera la carga del pensamiento. Al contrario, si la circulación se efectúa con demasiada rapidez, entonces el alma no puede dormir. En cambio el opio pone en un estado alegre que parecería ser la tumba del sentimiento, ¡que agradable letargo! El alma, no querría salir jamás de él. Era presa de terribles dolores; ya no siente sino el placer de ya no sufrir y de disfrutar de la tranquilidad más encantadora que se pueda imaginar. El opio cambia hasta la voluntad; obliga al alma a dormir, aún cuando ésta deseara permanecer en vigilia y disfrutar de la vida. El cuerpo humano es una máquina viva del movimiento perpetuo. Verter en sus venas jugos vigorosos es armarla de atrevido valor, y el soldado que hubiese huido ante el agua, como se ha vuelto feroz, corre hacia la muerte a tambor batiente.
Étienne Bonnot de Condillac (1715-1780)
Sensacionalismo
francés.
Los
olores son meramente propias modificaciones o maneras de ser. Al primer olor en
la impresión lo llamo atención. Desde ese momento empieza a disfrutar o a
sufrir: a un olor agradable hay disfrute, a un olor desagradable hay
sufrimiento. El sufrimiento no puede provocar el deseo de un bien que no
conoce, tal y como el disfrute no puede hacerle temer un mal que tampoco
conoce. El habito de considerar el dolor como algo sin lo cual hemos existido,
y sin lo cual podemos existir aún, hace que ya no lo podamos soportar, que
deseemos inmediatamente dejar de sufrir, y este deseo es inseparable de un
estado doloroso. Cuando se haya percatado de que puede dejar de ser lo que es,
para ser una vez más lo que fue, veremos nacer sus deseos de un estado
doloroso, que comparará con un estado de placer que la memoria le recordará. Su
capacidad de sentir se divide, la primera de estas facultades está atenta de la
sensación pasada, en tanto que la segunda presta atención a la sensación
presente. La primera es lo que hace establecer una diferencia entre existir de
una manera y acordarse de haber existido de otra. Cuanto más brusco sea el paso
de juzgar que un olor no es ese sino otro, tanto más grande va a ser su
asombro, y tanto más es la impresión del contraste de los placeres y de las
penas que lo acompañan. Por lo tanto, la impresión dominante se recordará con
mayor vivacidad, hasta tal punto de hacer olvidar la otra. Tenemos la segunda
sensación, la sensación presente, y si su estado real es más feliz de los que
conoce, entonces el placer hace que se interese en disfrutarlo por preferencia.
La
personalidad de un hombre limitada al sentido del olfato.
Su
yo no es sino el conjunto de las sensaciones que experimenta, y de las que la
memoria le hace recordar; es la conciencia de lo que es y el recuerdo de lo que
ha sido. La sensación envuelve a todas las facultades del alma. Casi no dije
nada acerca de las facultades del alma, al tratar al olfato, podría haberlo
dicho partiendo de un sentido completamente distinto; es fácil aplicar todo a
cualquier otro sentido.
6. ASOCIACIONISMO Y EMPIRISMO INGLÉS
David Hartley (1705-1757)
La
doctrina de las vibraciones.
Pensaría uno que las vibraciones inferirían la asociación como un efecto, y que la asociación señalaría las vibraciones como su causa. La sustancia medular blanca del cerebro, de las médula espinal y de los nervios que salen de ahí, es el instrumento inmediato de la sensación y el movimiento.
Postimágenes.
Las sensaciones permanecen en la mente durante un breve tiempo después de que se han retirado los objetos sensibles. Esta apariencia se les escapa a todos los que no prestan la menor atención, así también el deseo u la atención demasiado intensos la impiden, al dar lugar a la imaginación.
Asociación
de ideas.
Cualesquier
sensaciones A, B, C, etc.., que estén asociadas unas con otras un número
suficiente de veces, adquieren tal poder sobre las ideas correspondientes a, b,
c, etc.., que cualquiera de las sensaciones A, cuando se imprima sola, podrá
excitar en la mente las ideas B, C, etc.., del resto.
Memoria.
Facultad
por la cual se repiten huellas de sensaciones e ideas, o son recordadas, en el
mismo orden y proposición exacta o casi exactamente, en que fueron presentadas.
Primero depende principalmente del estado del cerebro; la salud. Segundo, se
establecen por la repetición. Tercero, según la edad del sujeto; la impresión
también sirve para preservar el orden en el tiempo, sin embargo el poder de
recordar declina en general, y se pierde por completo gradualmente. Y en cuarto
lugar los métodos de razonamiento.
Thomas Reid (1710-1796)
Sensación
y percepción.
Ocurren
impresiones en nuestros órganos durante la percepción de los que nos dan
testimonios nuestros sentidos. La percepción es únicamente un acto de la mente.
Los actos de nuestras mentes no nos son conocidos por los sentidos, sino por la
conciencia, cuya autoridad es tan segura e irresistible como la de los sentidos.
Primero, durante la percepción, la noción que nuestros sentidos nos dan del
objeto puede ser más o menos clara, más o menos distinta, en todos los grados
posibles. En segundo lugar, durante la percepción, tenemos también una
convicción y una creencia irresistibles de su existencia; así ocurre siempre
cuando estamos seguros de que lo percibimos. Tercero, la convicción no solo es
irresistible, sino inmediata. La percepción nos ordena creer por su propia
autoridad, y desdeña descansar su autoridad en razonamiento alguno. Las
sensaciones se sienten y lo que se percibe son las cualidades.
Thomas Brown (1778-1820)
Leyes de la sugestión
(asociación).
Las
leyes primarias se fundan en las simples relaciones de los objetos o sentimientos entre sí. En las leyes
secundarias, las sugestiones son varias según que los sentimientos originales
hayan sido: primero, de duración más larga o más breve; segundo, más o menos
vivaces; tercero, más o menos frecuentemente presentes; cuarto, más o menos
recientes; quinto, más o menos puras, si se me permite la expresión, de la
mezcla de otros sentimientos; sexto, que hayan variado conforme a diferencias
de constitución original; séptimo, conforme a sus diferencias de emoción
transitoria; octavo, conforme a cambios producidos en el estado del cuerpo; y,
noveno, conforme a tendencias generales producidas por hábitos anteriores.
James Mill (1773-1836)
Asociación de ideas.
Un
pensamiento sigue a otro pensamiento; una idea a otra idea, incesantemente.
Después de las sensaciones se excitan perpetuamente ideas de las sensaciones
anteriormente recibidas. El orden sincrónico es el orden en el espacio; el
orden sucesivo, es el orden en el tiempo. Las ideas no se derivan de los
objetos, se derivan de las sensaciones. Nuestras ideas brotan, o existen, en el
orden en que existieron las sensaciones, de las que son copias; ésta es la ley
general de las asociación de ideas, que no significa sino el simple orden de su
acontecer. De nuestras sensaciones, es mucho mayor el número que se recibe en
el orden sucesivo que en el orden sincrónico. A la idea que llega primero se le
llama a veces la evocadora, y a la que sucede, la idea evocada; antecedente y
consecuente. El antecedente puede ser una idea
o una sensación, mientras que el consecuente siempre es una idea.
Decimos que una asociación es más fuerte que otra: primero cuando es más
permanente que otra; segundo, cuando se efectúa con más seguridad que otra, y,
tercero, cuando se realiza con más facilidad que otra. Las causas de la fuerza
de la asociación parecen resolverse todas en dos: la intensidad de los
sentimientos asociados y la frecuencia de la asociación. Juntas dos o más ideas
a veces aparecen combinadas íntimamente que no se distingue una de la otra.
Combinadas tan estrechamente que no pueden ser separadas. Hume,
y después de él otros filósofos, han dicho que nuestras ideas están asociadas
de acuerdo con los tres principios siguientes: el de contigüidad en el tiempo
el espacio, el de causación y el de semejanza. La causación no es otra cos que el nombre que se le da al
orden establecido entre un antecedente y un consecuente. No únicamente se
fusionan, asociándose fuertemente, las ideas simples, y forman ideas complejas , que parecen ser una sola. Dos ideas complejas
pueden unirse, por asociación fuerte, y fusionarse en una sola, de la misma
manera que dos o más ideas simples se fusionan en una sola.
William Hamilton (1788-1856)
Ley
de la integración.
Las
dos leyes de la Simultaneidad y la Afinidad pueden reducirse a una sola, la ley
de la Reintegración o la Totalidad, casualmente expresada por San Agustín: “Los
pensamientos que antes formaron parte de la totalidad de un mismo acto de
cognición se dan lugar unos a otros”.
Esta ley deberá bastar para explicar todos los fenómenos de asociación. “Los
diversos actos del espíritu (dice Schimid), no deben
verse como manifestaciones independientes y aisladas; todas pertenecen a una
sola actividad que es la del Yo”. Así como todas las actividades de la mente
alcanzan la unidad al ser todas las energías del mismo espíritu o principio
activo en general, así también se conjugan en unidades particulares, por cuanto
pertenecen a una facultad en particular; se asemejan unas a otras en el
fundamento común de su manifestación. Pues causa y efecto, medio y finalidad,
todo y partes, gozan subjetivamente de una indisoluble afinidad al ser todas
ellas otras tantas formas de organización del pensamiento. Es también una ley
de la psicología que los objetos que contrastan entre sí se realzan unos a
otros: Oposita, juxta posita, se invicem
collustrant.
Alexander Bain (1818-1903)
Retentividad: ley de contigüidad.
Este
principio es la base de la memoria, el hábito y de las facultades adquiridas en
general. Sir William Hamilton lo llama ley de la “Reintegración”, una parte del
todo origina las otras partes. Podemos también llamarle ley de la asociación
propiamente, ley de la cohesión, cohesión mental, o adquisición. Las acciones,
sensaciones y estados de sentimiento que ocurren al mismo tiempo o en sucesión
inmediata, tienden a desarrollarse juntas o a cohesionarse de modo tal que,
cuando posteriormente, cualquiera de ellas se presenta en la mente, las
restantes están en posibilidad de emerger como idea. La repetición es necesaria
para que, en la mente, adquiera coherencia una sucesión. El grado preciso de
repetición que se requiere depende de varias causas, una de las cuales es la
cualidad de la mente individual.
Semejanza:
ley de la similitud.
La
contigüidad vincula las cosas que ocurre juntas o que
por cualquier circunstancia se presentan en la mente al mismo tiempo; así es
como asociamos el calor con la luz y a un cuerpo que cae, con un golpe. La
repetición podrá beneficiar la confirmación de un hábito.
Asociación
compuesta.
Un
medio para auxiliar nuestra memoria, es nuestra imaginación, cuando el único
hilo con que contamos es demasiado débil para evocar lo que deseamos. Al
revivir una imagen o una idea pasadas, importa siempre que el resurgimiento
satisfaga una emoción predilecta. La ley general puede enunciarse así:
acciones, sensaciones, pensamientos o emociones pasados se evocan más
fácilmente al asociarse por contigüidad o por similitud, con más de un objeto o
impresión presentes.
John Stuart Mill (1806-1873)
Las
posibilidades permanentes de la sensación.
La
concepción que me formo del mundo que
existe en cualquier momento abarca, junto con las sensaciones que tengo en este
momento, toda una infinita variedad de posibles sensaciones que podría
experimentar en este momento, junto con otra indefinida e ilimitada multitud
que, aunque yo no sé que podría percibir, es aún posible que pudiera hacerlo en
circunstancias desconocidas para mi. Del mundo, lo importante para mí son todas
esas posibilidades. En el presente, mis sensaciones tienen, por lo general, una
importancia mínima, además de que son pasajeras; las posibilidades, por el
contrario, presentan un carácter permanente. Las posibilidades garantizadas de
sensación presentan otra importante singularidad: la de que se refieren no a
sensaciones aisladas sino a conjuntos de sensaciones, que generalmente
pertenecen a sentidos distintos, pero que se hallan tan ligadas unas a otras
que la presencia de una anuncia la posible presencia de cualquiera de las otras
en ese mismo momento. Como un conjunto de experiencias o manifestaciones que
están ocurriendo sin cesar; idea de la materia o sustancia distinguidas de la
sensación. Las modificaciones que ocurren más o menos regularmente dentro de
nuestras posibilidades de sensación son más bien independientes de nuestra conciencia,
estemos presentes o ausentes. A pesar del fundamento original del todo, las
sensaciones se llegan a ver como una especie de accidentes que dependen de
nosotros, y las posibilidades se conciben, con respecto a las sensaciones
reales, en la relación de una causa con su efecto, o de una raíz con el tronco,
las hojas y las flores,... en el lenguaje trascendental de la materia con la
forma. Cualquier cosa que sea lo que indique una posibilidad de sensación para
nosotros indica también una posibilidad de sensación similar para los demás,
salvo en la medida en que sus órganos de los sentidos difieran de los nuestros.
El mundo de las sensaciones posibles que se suceden unas a otras
existente en los demás, existe entonces fuera de mí; es un Mundo
externo. Éste es el significado de la Materia.
7. PSICOLOGÍA FILOSÓFICA ALEMANA
Immanuel Kant (1724-1804)
La intuición a priori del
espacio.
Por medio de nuestro sentido externo, que es una propiedad de nuestra mente, nos representamos los objetos como exteriores o fuera de nosotros, y a todos ellos en el espacio. En él, los objetos están determinados, o pueden determinarse, sus formas, tamaños y posiciones relativas. En el sentido interno, la mente se percibe a sí misma o percibe a su estado interno, no da una intuición del alma misma, es solamente una intuición de su estado interno en relaciones de tiempo. El espacio no es un concepto sino una intuición pura. El espacio es esencialmente uno, una intuición a priori. Como una magnitud infinita. El espacio es la condición subjetiva de nuestra sensibilidad, sin la cual no es posible para nosotros ninguna intuición externa.
La intuición a priori del
tiempo.
El tiempo también es una forma pura de intuición sensorial. Si la representación del tiempo no fuese a priori, sería imposible percibir la coexistencia y la sucesión; que ciertas cosas suceden al mismo tiempo (simultáneamente) o en momentos diferentes (sucesivamente). Es imposible suprimir el tiempo de los fenómenos en general, pero es posible suprimir del tiempo todos los fenómenos. El tiempo, pues es dado a priori.
El espacio y el tiempo son formas puras de nuestra intuición, y las sensaciones, su materia. Lo que podemos conocer a priori son las formas del espacio y del tiempo, a las que, por consiguiente, se les llama intuiciones puras, mientras que la sensación es la causa de que a nuestro conocimiento s le llame conocimiento a a, es decir, intuición empírica.
Johann Friedrich Herbart (1776-1841)
Psicología matemática.
Entre las muchas y, en su mayoría muy complicadas leyes que subyacen el movimiento de conceptos, la siguiente es la más sencilla: Mientras se desvanece la porción retenida (hemmungssumme) del concepto, la parte que se desvanece es en todo momento proporcional a la parte no suprimida. La razón metafísica más fácil de concebir por la que los conceptos opuestos se hacen resistencia un al otro consiste en la unidad del alma, a la cual están encargados de preservar. En la conciencia, los conceptos se combinan de dos maneras: primero, los conceptos que se oponen mutuamente si contrastan uno con otro (como un tono y un color) por encontrarse sin obstrucción, forman un concepto complejo; segundo, los conceptos contrastantes (como el rojo y el amarillo), que no son afectados ni por conceptos extraños accidentales ni por una oposición inevitable, terminan por mezclarse (fundirse). Los complejos o agregados pueden ser completos; las mezclas (fusiones), por su propia naturaleza, deben quedar siempre (más o menos) incompletos.
Masa aperceptiva.
Los conceptos muertos, a decir, en la condición de supresión, no son capaces de afectar por sí mismos a ningún otro. Sin embargo, por medio de la combinación en que se encuentran, pueden ser reproducidos y, además, pueden frecuentemente ser impulsados de nuevo, en serie o en conjuntos, por las masas más poderosas, como cuando se pasan rápidamente las páginas de un libro.
Rudolf Hermann Lotze (1817-1881)
La
intuición del espacio y la teoría de los signos locales.
La
metafísica crea duda en cuanto a que se el espacio realmente se expande y
nosotros, junto con “las cosas”, estamos contenidos en éste; o si es que
–exactamente lo contrario- el mundo espacial total no es más que sólo una forma
o intuición en nosotros. Existen conjuntamente muchas impresiones en el alma,
pero no lado a lado, sobre o debajo; la presentación mental de un orden
espacial de ellas debe producirse sobre la cual ellas actúan simplemente como estímulos. Es usual
atribuir al alma esta tendencia de formar una intuición de espacio, como una
capacidad originalmente innata. Todas las “deducciones” de espacio, intentadas
que han tratado de mostrar en qué medida es necesario para la naturaleza del
alma desarrollar esta intuición de espacio, han fracasado completamente. La
teoría de los signos locales consiste en que todas las diferencias y relaciones
espaciales entre las impresiones deben compensarse mediante relaciones
correspondientes no espaciales, y meramente intensivas, entre las impresiones
que existen juntas sin forma espacial en el alma; y que de ellas, por otra
parte, debe surgir no un nuevo arreglo real de estas impresiones en extensión,
sino sólo la presentación mental de tal arreglo en nosotros.
Arthur Shopenhauer (1788-1860)
Psicología
de la voluntad.
“El
mundo es mi idea”; todo lo que de alguna forma pertenece o puede pertenecer al
mundo está, inevitablemente condicionado a través del sujeto, y existe sólo
para el sujeto. Toda idea de cualquier clase que pueda ser, todo objeto, es
existencia fenomenal, pero la voluntad es una cosa en sí misma... Es la
naturaleza profunda, el meollo de cualquier cosa particular, y también de la
totalidad. Ahora, la naturaleza del hombre consiste en lo que su voluntad se
esfuerza, se satisface y esfuerza nuevamente, y así sucesivamente por siempre.
Porque la ausencia de satisfacción es sufrimiento, la prolongada falta de un
nuevo deseo, postración, tedio. La voluntad, considerada en sí misma, no tiene
conocimiento y es meramente un incesante impulso ciego que desea siempre vida.
Voluntad es la cosa en sí misma, el contenido interno, la esencia del mundo. La
vida, el mundo visible, el fenómeno, es sólo el espejo de la voluntad. La
voluntad siempre se esfuerza, ya que el esforzarse es su naturaleza específica;
el cuidar las constantes demandas de la voluntad en cualesquier formas que
sean, ocupa continuamente y domina la conciencia. Su impedimento a través de un
obstáculo que la coloca entre éste y su propósito temporal lo llamamos
sufrimiento, se sufre mientras no se satisface; pero la satisfacción no es
duradera, más bien ésta es siempre el punto de partida de un nuevo esfuerzo. El
esfuerzo obstaculizado siempre en conflicto es sufrimiento. Por tanto, sino hay
un término para el esfuerzo, no hay medida ni fin para el sufrimiento. Cuando
el fenómeno de la voluntad llega a ser más completo, el sufrimiento también se
vuelve cada vez más aparente. En proporción a lo que el conocimiento logra
distinguir, al ascender la conciencia, también aumenta el dolor y, por tanto,
logra su grado más elevado en el hombre. Y, consecuentemente, mientras más
distintivo es le conocimiento de un hombre, mientras más inteligente es, más
dolor tendrá; el hombre a quien se le ha dotado con genio sufre más que los
demás. La base de toda voluntad es necesidad, deficiencia y, por tanto, dolor.
El hombre, como la más completa objetificación de esa
voluntad, es también en semejante medida el más necesitado de todos los seres:
se encuentra completamente deseoso y necesitado; es la concreción de mil
necesidades. Con esto él permanece sobre la tierra, abandonado a sí mismo,
incierto acerca de todo excepto su propia necesidad y miseria. La satisfacción
comúnmente se llama felicidad. No es una gratificación original que llega a
nosotros por sí misma, es la satisfacción de un deseo. Nunca pueden ser más que
la liberación de un dolor. Es tan difícil obtener o lograr cualquier cosa,
cualquier propósito; a cada paso se acumulan los obstáculos. Pero cuando
finalmente todo se supera y se tiene éxito, nada puede obtenerse excepto la
liberación de alguna pena o deseo, de manera que nos encontramos justo en la
misma posición que ocupábamos antes de que apareciera esta pena o deseo. De
aquí surge el que no estamos apropiadamente conscientes de las bendiciones y
ventajas que conscientes de las bendiciones y ventajas que realmente poseemos,
ni las apreciamos, sino que pensamos en ellas solamente como un asunto común,
ya que éstas nos gratifican solamente en forma negativa al restringir el
sufrimiento. Por tanto, también nos complace el recuerdo de las necesidades,
enfermedades, deseos pasados, debido a que ésta es la única forma de disfrutar
las bendiciones presentes. La voluntad de la vida humana, como cualquier
fenómeno, es la objetificación, es un esfuerzo sin
propósito y sin fin.
Sublimación
y salvación psicológica.
Todas
estas reflexiones se intentan para obtener la parte subjetiva del placer
estético; es decir, el placer en cuanto que consiste simplemente en el deleite
en el conocimiento perceptivo como tal, en oposición a la voluntad. Y como
directamente conectada con éste, naturalmente sigue la explicación de esa
disposición o marco mental que ha sido llamado el sentido de lo sublime. Las
ideas (platónicas) son la objetificación adecuada de
la voluntad. El origen y naturaleza del “principium individuationis”, conduce a la salvación, al rendimiento
total de la voluntad a la vida, es decir, de toda la volición, y también como
otro camino menos fácil pero más frecuentado, conduce a los hombres hacia el
mismo objetivo: el amor puro y verdadero.
Friederich Nietzsche (1844-1900)
La
voluntad del poder.
La
voluntad del poder es el motivo primitivo de fuerza del cual se derivan todos
los demás motivos. Es bastante claro sustituir el poder por la “felicidad”
individual. “Se esfuerzan por lograr poder, para lograr más poder”; la felicidad
es sólo un síntomas del sentimiento de poder obtenido. Toda fuerza motivadora
es la voluntad de poder, no hay otra fuerza, ni física, dinámica o psíquica. La
voluntad de todo centro de poder es para volverse más fuerte, para convertirse
en amo, para llegar a ser más. Todos los procesos de vida dependen de esto:
todo se dirige no a la preservación, sino al aumento y acumulación. La vida es
esencialmente un esfuerzo por el poder; el esfuerzo por sí mismo es solamente
esforzarse para obtener más poder; la cosa más fundamental y profunda de todo
es esta voluntad.
Resentimiento,
represión conciencia y mecanismos de defensa.
La vida del hombre noble es autosegura y autosincera, el hombre de resentimiento, por otro lado, no es ni sincero, ni ingenuo, ni honesto, ni honrado consigo mismo. Su alma se tuerce; su mente ama los lugares escondidos, callejones y puertas traseras; todo lo escondido tiene atractivo para él como su mundo, su refugio, su confort; es maestro en el arte de guardar silencio, de no olvidar nada de esperar, de autodisminución provisional, de autohumillación. Una raza de tales hombres de resentimiento será finalmente, por necesidad, más prudente que cualquier raza noble; aprenderá a apreciar la prudencia como una condición primaria de la existencia. El hombre activo, agresivo y trasgresor, fuerte, bravo y noble siempre ha tenido la mirada más libre y la mejor conciencia para con su grupo. Por otro lado vemos de inmediato aquél cuya conciencia debe ser mantenida responsable por la invención de la “mala conciencia”; este es el hombre de resentimiento. El instinto de la libertad, reprimido, reintegrado y aprisionado en la conciencia y finalmente liberado y abierto sólo internamente contra el yo: esto es sólo el comienzo de la mala conciencia.
Sadismo.
Ver
que otro sufre es placentero; hacer sufrir a otro es más placentero.
8. PSICOLOGÍA PSICOLÓGICA CHECOSLOVACA
Juan Evangelista Purkinje [Purkyne] (1787-1869)
Si deseamos determinar la fuerza del movimiento libre y voluntario del ojo, arreglemos una serie completa de puntos muy pequeños entre cada uno de los cuales se debería dividir una distancia pequeña conocida, ya sea mediante líneas rectas o curvas. Mientras mayor sea la energía con la cual el ojo pasa por el alma, más grande será la atención interna de la mente iluminada y completada con la luz de la conciencia; mientas más rápidas y claras sean las diferentes intuiciones que aparecen al ojo, más pronto surgirá este sentido de alguna forma al órgano del pensamiento. Este noble carácter del ojo que se acerca a la nobleza del espíritu se muestra a sí misma cuando lo observamos y cuando concentramos nuestra atención en el ojo, su motilidad libre y planeada en la dirección correcta y penetrante hacia su objetivo con lo cual podemos diferenciar fácilmente una mirada que es aguda, firme y conciente, de una embotada, errante y poco clara.
9. PSICOLOGÍA EXPERIMENTAL ALEMANA
Ernst Heinrich Weber
(1795-1878)
Leyes de Weber.
Al
comparar objetos y observar la distinción entre ellos, no percibimos la
diferencia entre los objetos, sino la razón de esta diferencia a la magnitud de
los objetos comparados. La aprehensión de las relaciones de las magnitudes
totales, sin la medición de magnitudes por una escala de unidades más pequeña,
y sin estar ciertos de la diferencia absoluta entre ellas, es un fenómeno
psicológico muy interesante. En música aprendemos las relaciones de tono sin
conocer su tasa de vibración por ejemplo, su altura absoluta; en la
arquitectura, la relación de las magnitudes espaciales, sin haberlas
determinado por pulgadas; y de la misma manera aprendemos las magnitudes de la
sensación o de fuerza en la comparación de pesos. La observación, confirmada en
varios sentidos que al observar la distinción entre objetos no percibimos las
diferencias absolutas sino las relativas, me ha impulsado una y otra vez a
investigar la causa de este fenómeno; y espero que cuando se comprenda
suficientemente esta causa, seremos capaces de juzgar en forma más correcta en
lo que respecta a la naturaleza de los sentidos.
Gustav Teodor Fechner
(1801-1887)
Ley de Weber-Fechner.
La
ley de Weber de que incrementos relativos iguales de
estímulo son proporcionales a incrementos de sensación iguales, es, considerado
su generalidad y los amplios límites dentro de los cuales es absoluta o
aproximadamente válida, para ser considerada como fundamental para la medición
psíquica. dB es un pequeño
incremento de B. El incremento del estímulo relativo, por lo tanto, es dB/B. Llamémosle y, a la sensación dependiente del
estímulo B. Y al pequeño incremento de la sensación, dy.
Los términos dB y dy
se considerarán cada uno como referentes a una unidad arbitraria de su
propia naturaleza. De acuerdo con la ley empírica de Weber,
dy permanece constante cuando dB/B permanece constante, y de acuerdo con el principio
auxiliar matemático a priori, los cambios dy y
dB permanecen proporcionales entre sí en tanto que
permanezcan muy pequeños. La ecuación queda así:
dy = KdB/B
donde K
es una constante dependiente de las unidades seleccionadas para y y B.
Hermann Von Helmholtz
(1821-1894)
Teoría de la resonancia del
sonido.
Johannes Müller en su teoría de las energías específicas del sentido ha mostrado que la diferencia en las sensaciones debidas a varios sentidos no depende de las acciones que las excitan sino de los diferentes arreglos nerviosos que las reciben. Las mismas agitaciones que se sienten por mano como temblores, son tonos para el oído. El oído aprende las vibraciones de tiempos periódicos diferentes como tonos de diferente diapasón (diapasón que surge de la mitad de una vibración en un segundo, en la octava doblemente acentuada). La diferencia cualitativa de diapasón y calidad del tono se reduce a una diferencia en las fibras de los nervios que reciben la sensación, y por cada fibra individual del nervio quedan sólo las diferencias cuantitativas en la cantidad de excitación. Las partículas eléctricamente activas de los nervios sufren determinados cambios, estos cambios se suceden en exactamente la misma forma cualquiera que sea la excitación que los cause, y cuando llegan a diferentes partes del cerebro o del cuerpo, se produce movimiento, secreción de glándulas, irritaciones, y cualquier otro tipo reacciones.
Teoría empírica de la
percepción y la teoría de la inferencia inconsciente.
Las conclusiones inconscientes que se derivan de la sensación son equivalentes en sus consecuencias a las llamadas conclusiones de la analogía, por ejemplo: -cada individuo que vive ahora morirá. Esto depende de la experiencia adquirida, es decir, de la actividad psíquica; la actividad de estructuras orgánicas imaginarias. El juicio de los sentidos puede modificarse mediante la experiencia y el entrenamiento derivado de diferentes circunstancias y puede adaptarse a las nuevas acondiciones. Este nuevo hábito puede adquirir tal apoyo que cuando el individuo en cuestión regresa nuevamente al antiguo estado normal original, puede estar sujeto a ilusiones de los sentidos. Una propiedad característica general de nuestras percepciones sensoriales es que no tenemos el hábito de observar exactamente nuestras sensaciones, excepto en cuanto a su utilidad al capacitarnos para reconocer los objetos externos. Por el contrario, estamos sujetos a omitir aquellas partes de las sensaciones que no son de importancia en lo que concierne a los objetos externos. Es necesario algún tipo de entrenamiento y asistencia especiales a fin de observar estas sensaciones subjetivas posteriores. Parece fácil, pero es necesario algo de talento especial. Lo primero que tenemos que aprender es tener en cuenta nuestras sensaciones individuales. Acostumbrados a considerar el complejo-sensación como un todo relacionado, por lo general no somos capaces de percibir las partes separadas de éste. La sensación táctil de humedad se compone de esa frialdad y suavidad de la superficie. En consecuencia, al tocar en forma inadvertida un pedazo de metal frío y suave, con frecuencia recibimos la impresión de haber tocado algo húmedo. Estamos completamente desentrenados en la observación de las sensaciones per se; y que la práctica de asociarlas con cosas fura de nosotros realmente nos impide ser distintamente conscientes de las sensaciones puras. Las sensaciones son debidas a la experiencia y al entrenamiento, teoría empírica (Empiristische Theorie) . Las sensaciones vienen de un sistema de percepciones innatas, teoría de la intuición (Nativistische Theorie).
Wilhelm Wundt
(1832-1920)
Teoría tridimensional del
sentimiento.
1) El sentimiento representa una modificación particular del estado del momento presente; esa modificación pertenece a la dirección placentera y desagradable. 2) El sentimiento ejerce una determinada influencia clara sobre el estado que viene después; esa influencia puede distinguirse en sus formas opuestas como excitación e inhibición. 3) Está determinado en su carácter esencial, por el estado precedente; esta influencia determinante se manifiesta en el sentimiento determinado en las formas de esfuerzo y relajación.
La mente como actividad y
causalidad psíquica.
¿Cuál es la naturaleza de la mente? La suma de nuestras experiencias internas, de nuestras ideaciones, sentimientos y voliciones reunidas para formar una unidad en la conciencia, y que surgen en una serie de etapas de desarrollo hasta culminar en el pensamiento conciente de sí y en una voluntad que es moralmente libre.
Teoría de la apercepción.
Llamamos a las diferencias en la percepción diferencias de claridad y distinción. La claridad es la comprensión relativamente favorable del objeto en sí mismo, la distinción es la diferencia aguda respecto de otros objetos. A la captación clara de cualquier contenido psíquico y que está caracterizado por un sentimiento especial le llamamos atención. Y llamamos apercepción al proceso mediante el cual alcanzamos una comprensión clara de tal contenido. En contraste con esto, la percepción que no va acompañada de un estado de atención recibe el nombre de aprehensión. Aquellos contenidos de la conciencia sobre los que se concentra la atención los llamamos puntos de fijación de la conciencia o puntos de fijación interior. Por otra parte llamamos campo de la conciencia a la totalidad del contenido de la conciencia en un momento determinado. Cuando un proceso psíquico pasa a un estado inconsciente decimos que se ha hundido por debajo del umbral de la conciencia, y cuando tal proceso surge decimos que aparece por encima del umbral dela conciencia.
Hermann Ebbinghaus (1850-1909)
He encontrado una manera de penetrar más profundamente dentro de los procesos de la memoria. El sonido de una vocal se colocó entre dos consonantes, estas sílabas que son alrededor de 2300 se mezclaron y se sacaron al azar y se utilizaron para construir series para una prueba. Las silabas debían reproducirse inmediatamente después de proporcionar la sílaba inicial... y se midieron tasas de porcentajes de error en proporción con el incremento de sílabas en las series, se hicieron mediciones con diferentes números de repeticiones de las mismas series y se repitieron las mismas pruebas después de cierto tiempo predeterminado, y se llegó a la siguiente curva: para una serie de trece sílabas, después de 24 horas, alrededor de una tercera parte siempre se recordaba; después de seis días, alrededor de una cuarta parte, y después de un mes, una quinta parte del primer trabajo en efecto persistía. Para los cálculos se utilizaron ecuaciones simples con logaritmos, potencias y constantes donde la variable despejada representaba el ahorro en el trabajo evidente en el reaprendizaje; el equivalente de la cantidad recordada del primer aprendizaje expresado en el porcentaje de tiempo necesario para este primer aprendizaje.
10. PSICOLOGÍA FISIOLÓGICA ALEMANA
Johannes Müller
(1801-1858)
Energía específica de los
nervios.
Los sentidos, por virtud de las propiedades peculiares de sus diferentes nervios, nos hacen conocer los estados de nuestro propio cuerpo, y también nos informan de las y los cambios de naturaleza externa en cuanto a que éstos dan surgimiento a cambios en la condición de los nervios. La imaginación y la razón están listas para interpretar las modificaciones. Esto nos conduce a la consideración de algunas leyes generales: 1) los agentes externos no pueden provocar el surgimiento de ninguna clase de sensación que tampoco pueda producirse por causas internas, excitando cambios en la condición de nuestros nervios 2) la misma causa interna excita en los diferentes sentidos diferentes sensaciones peculiares 3) la misma causa externa también provoca diferentes sensaciones en cada sentido, de acuerdo con las dotes especiales de su nervio 4) Las sensaciones peculiares de cada nervio del sentido pueden excitarse mediante distintas causas internas y externas 5) La mente no sólo percibe las sensaciones y las interpreta de acuerdo con las ideas obtenidas previamente, sino que tiene una influencia directa sobre ellas, impartiéndoles intensidad.
Ewald Hering (1834-1918)