Universidad Abierta

 

 


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LA PERCEPCIÓN INTERPERSONAL

 

VIDALS MEDRANO CARLOS FÉLIX

                       

 

OBJETIVOS

 

1.                  Comprender el concepto de percepción

2.                  Definir lo que es la personalidad y sus etapas.

3.                  Conocer el área de la percepción interpersonal.

4.                  Indicar las etapas de la percepción de la persona.

5.                  Comprender la exactitud de la percepción social e interacción personal. 

6.                  Analizar las causas de las acciones y su importancia en la percepción interpersonal.

 
INTRODUCCIÓN

 

El tiempo que pasamos solos invitando a la reflexión, llegamos a pensar  en las relaciones con los demás. Muchas veces tratamos de explicarnos por qué una persona nos inspira simpatía y otra nos produce aversión. Tratamos de entender la conducta ajena en ciertas situaciones, en ciertas acciones. Examinamos sus actitudes, percibimos su modo de ser y también juzgamos los actos que llevan a cabo.

Cuando nos presentan o conocemos a alguien creamos juicios, pero también queremos saber qué tipo de persona es para hacer los ajustes pertinentes en nuestras expectativas y comportamiento. Resulta lamentable que a menudo tal información sea difícil de conseguir, por lo cual nos vemos obligados a formarnos una primera impresión usando escasos datos.

Todos somos jueces. Observamos a nuestros compañeros y escuchamos lo que dicen, observamos como reaccionan ante lo que hacemos. Juntamos toda la información  de nuestras observaciones y establecemos teorías, por ejemplo, las mujeres son nerviosas para manejar, si alguien trae barba es descuidado en su persona, el licenciado tal es muy capaz para resolver determinado conflicto, etcétera.

Posteriormente probamos estas teorías confirmando si nuestras hipótesis son acertadas o nos equivocamos. Nuestro modo de percibir a las personas puede ser suficiente en varias situaciones y tareas, pero también nos puede llevar a falsas conclusiones y hacer inútil nuestro trabajo.

Posiblemente seamos malos observadores de los fenómenos, personas que no discriminan la información, o también carecer de una adecuada capacidad para asimilar las ideas complejas.

Pero, ¿de dónde surge la inquietud de percibir a los demás?, ¿qué ganamos con observar?, ¿qué juicios tenemos que crear para calificar la actitud de alguien?, ¿quién es buen o mal juez?, ¿qué criterios se toman en cuenta para calificar a un buen juez?

Las primeras impresiones cuentan por supuesto, pero, ¿cómo se forma una impresión?

Es cierto que el fenómeno de percepción interpersonal es complejo, sin embargo, en el presente trabajo se desglosan diversos temas que nos permitirán comprender este fenómeno social.

Así, en el primer capítulo daré una definición acerca de lo que es la percepción.

En el segundo daré cita a la definición de personalidad, cómo se crea y qué importancia tiene en una persona como parte de la sociedad.

Tomaré en cuenta la percepción de la persona y señalaré la importancia que se tiene al juzgar a la gente, daré respuesta a la incógnita de qué es lo que se necesita para ser un buen juez y daré el peso importante a la formación de las impresiones.

En el capítulo cinco definiré el rol, daré cuenta de la importancia que tiene el rol en la percepción social, pero también nos daremos cuenta que no solamente el rol es importante y no hay que dejarnos llevar por él, puesto que en ocasiones la gente percibida contradice su papel y eso también enriquece a la percepción de la persona.

Finalmente, nos daremos cuenta que las causas para llevar a cabo una acción son también importantes para la percepción del individuo, observaremos la responsabilidad, con qué intención lo hace y si su acción es justificada o no.

Así, daré cuenta que la percepción interpersonal no solamente consiste en observar y criticar sobre la base de la persona y su físico, sino también en sus actos y en el papel que tienen en la sociedad.

 

DEFINICIÓN DE PERCEPCIÓN

Alfredo es profesor de matemáticas de segundo grado de secundaria. Hoy es su primer día de trabajo y desgraciadamente llegó tarde al salón. No tuvo tiempo de rasurarse y al servirse café éste cayó sobre su saco y pantalón.

Al llegar al salón, los alumnos lo observaron incrédulos.

-¿Acaso él nos va a dar clases?

- Seguramente es un maestro “barco”

- Con este, ¡seguro que pasamos!

- No sé, creo que me voy a volar la clase.

Lo paradójico del asunto es que Alfredo es uno de los mejores profesores de matemáticas; con estudios de actuaría, ingeniería e inclusive un doctorado en Harvard, siempre se ha caracterizado por ser enérgico, buen transmisor de conocimientos y nada, absolutamente nada “barco”.

¿Qué fue lo que paso entonces?, ¿Por qué al verlo sus alumnos comenzaron una evaluación minuciosa?, ¿Cómo fue el proceso de dicha evaluación?, ¿Por qué no analizaron más allá de su vestimenta y su físico?

Sin duda alguna, los alumnos crearon expectativas, especularon intenciones y no analizaron acciones.

Un mayor contacto personal hubiera permitido, desde luego, descubrir nuevas características y corregir juicios erróneos, pero no obstante, como ocurre por lo común con las primeras impresiones, siempre hubiera quedado un residuo de juicio válido.

Al respecto, G.W. Allport afirma que “ninguna persona puede comprender completamente a otra persona, pues al ser humano le es imposible participar directamente en los motivos, pensamientos y sentimientos de otro.”

Más la evaluación de los alumnos hacia Alfredo va más allá de los sentimientos y pensamientos, la relación interpersonal que se estableció en esos momentos fue la de maestro-alumno y, aunque ambos tenían la obligación, los alumnos fueron los primeros que dieron pie a este fenómeno llamado percepción interpersonal.

Vayamos por partes, en primer lugar la percepción no es solamente recibir, es ante todo comprender y para esto se necesita haber escogido una significación, es decir, preparar situaciones en las que se asocien el estímulo y su significación que normalmente son dadas en las situaciones de la vida.

La idea que tenemos de todo lo que se encuentra en el mundo proviene de nosotros mismos porque formamos parte de él y por consiguiente si salimos debemos tomar conciencia de todas las influencias culturales diferenciales que se ejercen sobre los comportamientos psicológicos de los hombres.

Beatriz Ledesma comenta que “nosotros percibimos las situaciones de acuerdo a nuestra cultura porque estamos sumergidos en ella.”

Tan valida es su cita que se han realizado diversos experimentos con individuos de culturas diferentes y se ha concluido que ante estímulos aparentemente idénticos, las percepciones son desiguales. Esto se debe a que sus situaciones sociales están formadas de diversas estructuras y es necesario conocer su vocabulario con significación de todas y cada una de sus palabras, así como observar que forma influyen los progresos técnicos, científicos, económicos, etcétera en sus percepciones.

Es claro que si no pudiéramos predecir y anticipar las reacciones de los demás de una manera general, y de determinadas personas en una situación particular, estaríamos en desventaja para disponer nuestras propias acciones.

Así, recordando el ejemplo del maestro puedo asegurar que las primeras impresiones son notablemente ricas y muestran ramificaciones casi innumerables en el pensamiento y en el sentimiento. También son desordenadas ya que en el acto mismo de describir hay un caos de impresiones. Se pone de manifiesto que las primeras impresiones están cargadas con la actitud afectiva y los juicios de valor del observador.

Veamos otro ejemplo. Gerardo y Luis se encuentran por primera vez. Hablan acerca del tiempo, de la final de fútbol americano y de la globalización. Cinco minutos más tarde se separan sin haber revelado en forma directa ninguna información de naturaleza específicamente personal. Sin embargo, cada uno de ellos se va con cierta impresión acerca de la personalidad del otro. Gerardo puede pensar que Luis es recto, jovial, bien informado, de confianza y acogedor; Luis puede pensar que Gerardo es modesto, diplomático y poco comunicativo.

Estas primeras impresiones son a menudo bien definidas pero por desgracia, no son tan confiables como parecen.

En el breve período que dura el primer encuentro hay pocas probabilidades de que se manifiesten contradicciones o que se adviertan qué rasgos son centrales y cuáles son incidentales en la personalidad. Algunas características quedan ocultas por completo, sobre todo las asóciales; no es fácil penetrar la persona en el primer encuentro, aún cuando su presencia puede ser sospechada. 

No obstante, de un breve contacto resultan a menudo impresiones asombrosamente ricas, la corrección de muchas de las cuales se ve confirmada por un mayor conocimiento ulterior. Tales juicios correctos son significativos porque, sin contar con información personal ni con chismes que podrían proveer un contexto para la conversación, los índices para el juicio provienen casi por completo del movimiento expresivo, es decir, del aspecto, de los gestos y de la manera de hablar.

Con sólo una brevísima percepción visual se pone en marcha “un complejo proceso mental, del que en muy poco tiempo, en treinta segundos quizá, resultarán juicios acerca del sexo, la edad, la nacionalidad, la profesión y la clase social de ese extraño, y también cierta estimación de su temperamento, sus sufrimientos pasados, su dureza, su disposición a la ascendencia, su carácter amistoso, su pulcritud e incluso su integridad y honradez.”

Por lo tanto, un mayor conocimiento nos permitirá observar que muchas de las impresiones fueron erróneas, pero también nos sirve para darnos cuenta de que la velocidad que tienen nuestros juicios. El hecho de que uno perciba una personalidad al primer contacto, es un fenómeno social presto al análisis.

Así, la percepción de personas abarca todos aquellos procesos de cognición o entendimiento de un individuo particular o sobre la formación de impresiones sobre él. Sin duda, “percepción” es una denominación desacertada, mas su empleo se ha justificado por una vigorosa aunque corta tradición, por lo que no es alarmante utilizarla.

Es posible percibir a una persona en el sentido literal y estricto de la palabra. Las personas son objetos físicos y, de hecho, percibimos su cuerpo, el ritmo de sus movimientos, los matices de su piel y el color de su cabello.

Un punto de partida útil es examinar las implicaciones del hecho de que las personas son objetos sociales, me refiero a que tienen cierto número de características que no poseen otros objetos físicos. “Las personas son centros de acción y de intuición... desde el punto de vista del perceptor, los demás individuos disfrutan de la relativa autonomía, de libertad de movimiento y de reacción, de capacidades para proceder caprichosa o impulsivamente, características de que carecen las rocas y las flores. Estos últimos objetos parecen ser víctimas de un proceso irreversible de crecimiento o muerte, así como de las condiciones del ambiente.”

Por lo tanto, no es sorprendente que el perceptor de personas trate casi siempre de descubrir las invariantes que hay en acciones observables. Aunado a esto se encuentra cierto grado de invención, pues no hay que olvidar que el perceptor trabaja con su conjunto de categorías cuando interpreta una acción. Esto es, dispone de su propia teoría de la personalidad y dispone de un vocabulario que se relaciona con esa teoría.

Quien percibe puede tener noticias del conocimiento o habilidad e inclusive meramente suponer que existía o no existía tal conocimiento o habilidad. También ha de tener en cuenta toda aquella información que sea pertinente sobre la habilidad del que actúa. Este no puede obtener sus objetivos sólo deseándolos, sino que ha de poseer capacidades para pasar de la presente condición de deseo a la consecuencia y a la satisfacción.

Así, el perceptor trata de entender la acción hallando una razón suficiente que a veces supone atribuir intenciones y valores al que actúa, pero en ocasiones trata de establecer qué condiciones han de ocurrir antes de proceder a inferir directamente un valor o una creencia de un acto.

En consecuencia, todos nosotros somos perceptores y al percibir el entorno social y en específico a una persona, atribuimos intenciones, motivos y rasgos de carácter. A través de este proceso de atribución explicamos por qué determinada persona come, se dedica al juego, bebe, etcétera.

Tan solo, ¿cuántos de nosotros no hemos visto a una persona pasada de peso y la catalogamos inmediatamente como gorda sin tomar en cuenta la razón por la cual físicamente está así?

Es necesario saber que la percepción depende de la persona en tanto que la persona es el autor y su percepción varia de acuerdo al momento, lugar y hecho en el que está observando.

Por esto estoy de acuerdo con León Mann al comentar que la “percepción interpersonal está más influenciada por procesos subjetivos; Actitudes, emociones, deseos, intenciones y sentimientos. El modo como se interpreta la intención subyacente al comportamiento de otra persona, por ejemplo, determina a menudo la reacción a tal comportamiento.”

Al  observar evaluamos, creamos juicios y atribuimos responsabilidades a la persona sobre sus actos.

Pero la percepción interpersonal va más allá de la especulación, surgen incógnitas sobre la exactitud que hay al convertirnos, al igual que los alumnos de Alfredo, en jueces y crear juicios.

 

CAMPO INTERPERSONAL

El campo interpersonal  es una esfera muy interior que nos otorga el campo social, pudiendo de tal forma enfrentarnos con otros individuos con los cuales convivimos a diario.

Dicha convivencia resulta cambiante o estable, según las situaciones que se presenten, pues todo esto es un acontecer humano y por lo tanto, un acontecer social considerando en primer plano las relaciones interpersonales.

“Al acontecer interpersonal  se le denomina interacción, pues hay una disposición de uno como del otro lado, para respetar, intercambiar y enfrentar las individualidades de los participantes en este proceso.”

Sin embargo, para que haya una interrelación con un individuo tenemos que tomar en cuenta su personalidad así como su aporte dentro del desarrollo social.

El desarrollo social le exige a nuestra persona mayores requisitos cada vez entre los que destacan:

- amplio nivel de conocimientos.

- cultura.

- cualidades ideológicas.

- cualidades morales.

- cualidades profesionales.

Todo sirve para elevar considerablemente las exigencias respecto al contenido, las formas y los métodos de nuestra sociedad.

Así, “la adquisición de la personalidad gira en torno a un proceso que es un cambio constante de aprendizaje e intercambio social, hasta que llega una etapa en la cual solemos identificarnos con un grupo concreto.”

Es por esto por lo que decimos u oímos decir que fulanito tiene una personalidad muy agresiva, o su personalidad es de un doctor y no de un obrero. Incluso se acomoda la personalidad de acuerdo a los roles que uno conoce y no se aprecia la personalidad tomando en cuenta el rol que verdaderamente desempeña un individuo.

Los tipos de personalidad son producto de la crianza, educación, formación e inculcaciones, la personalidad está muy ligada a nuestros hábitos y experiencias tomadas y vividas en una sociedad.

La palabra personalidad es muy común. Se habla de “personalidades” delicadas o fuertes cuando se describe a las personas, ya sea como un simple sinónimo, o, como sucede más a menudo, para referirnos a aquellos con “cierto canto de estrellas”. A todos nos gustaría tener ese “algo en la personalidad”, pero ninguno de estos usos cotidianos del término captan el concepto psicológico del sí mismo.

Personalidad es la suma total de las formas en que una persona reacciona ante e interactúa con otras personas y el ambiente. En este sentido, la personalidad es la integración de actitudes, valores, características físicas, intereses, capacidades y demás.

La palabra por sí misma se deriva del griego persona –una máscara -. Una máscara no es él yo verdadero, sino una representación (verdadera o falsa) que se exhibe a causa de los demás. Aún cuando los expertos no consideren a la personalidad como una máscara para esconder él yo verdadero, la mayoría está de acuerdo en que las demás personas contribuyen al desarrollo de la personalidad individual, incluyendo sus manifestaciones pasajeras (como cuando “él se transforma cuando está con ella”). Sin otras personas que reaccionan ante nosotros, y ante las cuales reaccionamos, careceríamos de una identidad significativa y, sin una identidad, la personalidad se vuelve un concepto de valor.

Cada uno de nosotros tiene una personalidad única, los expertos están de acuerdo en que tres factores contribuyen a su formación: la herencia, la cultura y la experiencia individual.

Algunos afirman que “ la herencia –nuestras características biológicas y genéticamente establecidas- explica la mayor parte de la personalidad.

Otros admiten que, aún cuando nuestra apariencia física se conforma en gran parte por la herencia y esto probablemente influye en la personalidad, el ambiente social y la cultura en que vivimos constituyen los factores más importantes. Un tercer grupo tiene en cuenta las otras dos fuentes de influencia, pero cree que nuestra experiencia única y la forma como la usamos e interpretamos moldea el desarrollo de nuestra personalidad.”

Por ejemplo, la caracterización de una payaso. El payaso en sí puede ser una “personalidad” que no revela la verdadera personalidad que hay detrás de la persona o máscara de su caracterización.

Freud nos asegura que la personalidad es una compleja pauta de conductas que se originan en la infancia, se establecen en la adolescencia y se solidifica y moldea en las defensas del carácter en la edad adulta.

Es decir, personalidad es aquello que ordena y da coherencia a los diversos tipos de conducta que manifiesta el hombre. Esta conducta va tomando  nuevas formas a medida que el ser humano evoluciona, partiendo de la infancia en donde se adquiere el habla articulado y percibe el ambiente que le rodea, para relacionarlo con las vivencias tenidas con los objetos que fue descubriendo y conociendo en él.

En la niñez existe una transición, aparece la posibilidad de organización de la experiencia según el modo sintáctico. En esta etapa el niño siente la necesidad de compañeros de juegos los cuales adquiere por medio de su lenguaje ya adquirido con anterioridad.

La personalidad sigue su curso y es cuando empiezan a tomarse los valores, el niño con el rol masculino y la niña con el rol femenino según los prescribe la sociedad. Se interesa por jugar a ser adultos y tiende a las llamadas dramatizaciones en donde podemos percibir que el pequeño adquiere otros rasgos que posteriormente saldrán a relucir en su edad adulta.

El estado juvenil abarca la mayor parte de los años escolares, es el periodo de socialización en que el individuo adquiere experiencias sociales, se torna competitivo, supervisa su propia conducta por medio de controles internos, elabora actitudes estereotipadas. La influencia de la sociedad es más fuerte, la persona se preocupa por dar una nueva visión de sí mismo y le interesa que los demás se percaten de las actividades que desempeña para ver si su rol está de acuerdo con su personalidad.

Por último se encuentra la etapa de la adolescencia tardía en la que el individuo adquiere nuevos conocimientos, existe todo un repertorio de relaciones interpersonales las cuales permiten la ampliación de horizontes simbólicos, el sistema de sí mismo adquiere estabilidad, el individuo aprende a sublimar las tensiones con mayor eficacia e instituye unas medidas de seguridad más poderosas ante las determinadas situaciones.

La personalidad madura supone ante todo una extensión de sí mismo y por tanto una proyección hacia el futuro, planes y esperanzas. También es capaz de relacionarse cálidamente con los demás, poseer una seguridad emocional bien fundada y una auto aceptación.

Las etapas mencionadas con anterioridad son resultado de la influencia que tiene la sociedad sobre la personalidad. Esta sociedad dispone de un conjunto de claves por medio de las cuales el individuo aprende y se conduce en su entorno ya que posee el aprendizaje de normas y reglas. Finalmente, “la sociedad es capaz de moldear los procesos preceptúales y cognitivos de sus miembros de modo tal que aprenden a pensar en concordancia con las normas vigentes en su ámbito y tienden por lo tanto a adquirir actitudes y sentimientos comunes.”

Cabe mencionar que las pautas convencionales son compartidas en común por todos los integrantes de un grupo. Si la personalidad es el producto  de la cultura, todos los que comparten una herencia cultural común debieran ser semejantes, lo que es preciso explicar es el hecho de que cada persona sea diferente.

 

AREA DE LA PERCEPCIÓN INTERPERSONAL

El área de la percepción interpersonal la clasificamos en dos vertientes fundamentales:

1. La percepción de la persona.

2. La percepción social.

La primera es la forma en la que se crean las impresiones, opiniones o sentimientos sobre otras personas. “Esta área se ha interesado tradicionalmente en problemas tales como el descubrimiento de rasgos percibidos y el modo en que dichos rasgos están relacionados unos con otros. y la exactitud con la que una persona percibe una emoción o reacción de otra persona”

Por lo tanto, una persona (juez) puede crear juicios  sobre otra persona considerando información que se obtiene fuera de la interacción, esto con solo ver su fotografía o una película.

El claro ejemplo es la figura paternalista (y hasta santifica) que nos proporcionan los medios de comunicación sobre el Papa.

La segunda, percepción social es más general tomándose como advertencia que aquí se percibirán los procesos sociales. “Los objetos de la percepción social son las relaciones de la persona con los demás, incluyendo su percepción de los grupos e instituciones sociales”.

Así, el núcleo de la percepción social es el modo en que se lleva a cabo la definición de una situación social o de otra persona.

Por lo tanto, la percepción no sólo depende de la naturaleza y características de la estimulación, sino que resulta afectada por los estados momentáneos o permanentes de los sujetos, el contexto en el cual se realiza el proceso y por las expectativas respecto a las consecuencias reforzantes.

Las características del medio físico y la praxis del individuo determinan cuáles aspectos de la realidad van a tener importancia para la adaptación y supervivencia. La posición que ocupe el sujeto en el medio social y económico, determinará todo un campo de experiencias y conductas que afectarán la forma como se percibe y actúa frente al medio. Recordemos que la experiencia es variada, cambiante e impredecible y por lo tanto hay algo de dinámico en la percepción social.

León Mann retoma la idea con palabras De Charms al transcribir: “Conocer a una persona no es sólo reaccionar a sus aspectos perceptibles, sino también aprender a predecir la conducta de esa persona mediante la adquisición de conocimientos sobre los roles llevados a cabo por la misma y de disposiciones tales como sus motivos e intenciones. Conocer a una persona no es conocerla de una vez por todas, puesto que el conocimiento de una persona es un proceso en cambio constante, un proceso sin fin de tratar de conocerla. En este proceso son importantes algunos aspectos, tanto del que percibe como del percibido. En resumen, ni el que percibe ni el percibido, ni el que conoce, ni el conocido, puede suponerse que se estén quietos. De hecho, es probablemente más importante suponer que las dos partes sufren cambios en el transcurso de la interacción”

 

PERCEPCIÓN DE LA PERSONA

Divido el presente tema en dos subtemas de importancia:

a)                             La habilidad de juzgar a la gente.

b)                             La formación de impresiones.

Veamos el primer inciso. Como ya lo hemos visto estamos inertes en la sociedad y nuestra personalidad no puede apartarse de la misma. Aunado a esto por razones psicológicas tendemos a crear, en base a la percepción, juicios y valores mediante un análisis a la persona, o lo que es lo mismo, a juzgarla.

Pero, ¿existe realmente un rasgo general de habilidad que nos permita juzgar a los demás?, ¿Existen acaso ciertos patrones para ser un buen juez?, ¿Acaso todos somos exactos al crear juicios sobre las cualidades?

Vayamos por partes. Existen en realidad dos clases diferentes de habilidad para juzgar a los demás. La primera es la “sensibilidad al otro generalizado”, esta se basa en el conocimiento de cómo se comporta la gente en general y se trata de una exactitud en la percepción de las normas sociales y de las principales tendencias sociales, tales como las preferencias del público en materia de música, moda y comidas, así como también de las actitudes y los estados de ánimo de la comunidad.

Los escritores, los que hacen cine, los diseñadores de moda e inclusive los altos chefs tienen dicha sensibilidad.

Una segunda habilidad ha sido llamada “sensibilidad interpersonal”. Aquí nos referimos a la habilidad para percibir cómo se siente una persona en una situación específica. “Esta habilidad implica una sensibilidad a las diferencias individuales entre la gente, sensibilidad basada en la empatía y en la compresión de lo que sentiría uno mismo en una situación similar”.

Ponte en su lugar, no lo juzgues tan feo, yo haría lo mismo si estuviera en su caso, etcétera, son frases que escuchamos, inclusive las mencionamos, para comprender a la persona que realizó alguna acción.

Tomamos por lo tanto papeles de jueces, mas tenemos que tomar en cuenta también ciertas cualidades necesarias para ser un buen juez de la personalidad ajena, según el modo de ver vigente en la actualidad.

Las cualidades de un buen juez son:

1. Inteligencia. La inteligencia superior es una característica que poseen en especial los buenos autoevaluadores y los buenos jueces de desconocidos. Por término medio la buena inteligencia es necesaria y la razón para ello es bien simple. Entender a la gente, dice Allport, es en gran medida percibir las relaciones entre las actividades pasadas y presentes, entre el comportamiento expresivo y los rasgos internos, entre causas y efectos, y la inteligencia es la capacidad de percibir precisamente relaciones como ésas.

Esta cualidad de inteligencia les permite hacer deducciones lógicas a partir de la observación y de esta manera crear juicios exactos.

2. Experiencia y madurez. Un buen juez necesita ante todo madurez ya que esto le permite contar con un bagaje de experiencia de la naturaleza humana en sus diversas y más complejas formas.

3. La semejanza. Otro requisito importante, pero no ineludible, es que el juez se parezca al individuo al que quiera juzgar. Es importante advertir que la semejanza es un caso especial de la experiencia. Si un conocido se parece a mí, podríamos decir que cuanto mayor sea el parecido tanto más rico seré en experiencias acerca de él.

4. Distancia. Se ha demostrado que por lo general las personalidades de los mejores jueces incluyen ciertas tendencias asóciales. Tienden a ser enigmáticos y difíciles de juzgar. Una persona que no está en todo momento participando de un sentimiento común pero que puede mantenerse a un lado y observar sin perderse un detalle, hará probablemente juicios más válidos.

5. La actitud estética. Busca siempre comprender la armonía intrínseca de todo objeto que ocupe el centro de la atención. Lo que interesa aquí es la actitud que se tiene sobre la persona acerca de su unicidad y simetría. “Cuando alcanza un gran desarrollo puede hasta cierto grado superar las limitaciones de la experiencia, la introvisión, la semejanza y la complejidad. Pero cuando está combinada con estas otras condiciones acrecienta enormemente la habilidad de un juez”.

El atributo de juzgar, las diferencias sexuales y un cierto número de factores contribuyen también a la exactitud del juicio.

Existen así algunas personas consideradas fáciles de juzgar porque son gente “abierta” y en contraparte otras son enigmáticas y reservadas.

Así, este fenómeno es sorprendente ya que de pronto necesitamos poca información para una exacta percepción de la persona. Sin embargo, no todo es tan sencillo, hay que tomar en cuenta también los grados de error que podemos cometer al entablar en una relación juicios. De hecho, Mann nos advierte que “los estados temporales tales como el hambre, la fatiga y la tensión emocional, afectan también la sensibilidad con que una persona es capaz de juzgar a otra; en general, dichos estados conducen a una mayor simplicidad en la percepción del otro”

b) Formación de impresiones.

Una fugaz expresión facial, una leve contracción muscular o el empleo de ciertas palabras en la conversación, puede ser suficiente para reactivar todo un bagaje de experiencia anterior almacenada.

Podemos, por lo tanto, emitir juicios de manera inmediata sobre gente extraña, calificarla como una primera impresión e inclusive manejar nuestras propias impresiones.

 

1. Los procesos uniformes, o procesos de inferencia derivan tres ramas que a continuación veremos:

La extensión temporal es la tendencia del juez a ver las características momentáneas como si fueran atributos permanentes, es decir, recordando el ejemplo de Alfredo, sus alumnos identificaron que el descuida su apariencia física así como su vestimenta y que siempre es así.

Si se ve reír a alguien se cree que tiene buen carácter y que nunca está triste. También si en ese momento la persona está de malas y nos brinda una cara maligna, tendemos a juzgarla como mal humorada.

La inferencia a través de la analogía en donde se clasifican ciertos aspectos de la persona dentro de categorías que le son familiares. Aquí se observa la personalidad a través del vestido, del rostro y del modo de hablar de la persona.

 Si te habla con voz fuerte y palabras altisonantes quiere decir que es un grosero. Si su ropa es fina entonces esta persona tiene una excelente solvencia económica y buen gusto al vestir.

La categorización nos lleva a la creación de estereotipos los cuales nos pueden ayudar, si los usamos de manera adecuada, a crear un juicio de manera acertada. El estereotipo “es un conjunto de características que comparten todos los miembros de una categoría social...es una clase especial de esquema basado en cualquier rasgo distintivo a saber. Sexo, raza, ocupación, aspecto físico y lugar de residencia”.

Así, cuando nuestras primeras impresiones están regidas por un estereotipo, tendemos a inferir cosas sobre las personas basándonos exclusivamente en su categoría social y a prescindir de los hechos que no concuerden con el estereotipo.

De entre las muchas categorías con las que se construyen estereotipos, la más importante es la pertenencia a un grupo racial ya que la gente por lo general atribuye características distintas a los forasteros y extraños. “Aunque expresión de un estereotipo negativo a menudo está asociada con actitudes de prejuicio, la tendencia a usar estereotipos al juzgar a la gente es general y muy común y no es necesariamente un signo de actitudes prejuiciadas”.

Por lo tanto, es importante señalar que sin categorías generales sería muy difícil sostener interacciones con los miembros de un grupo sin conocer sus modos de vida y anticiparse a sus reacciones ante ciertas acciones.

A continuación enlistaré unos cuantos ejemplos de generalizaciones basadas en informaciones sobre la apariencia física, sobre la conducta motora y expresiva, sobre la conducta verbal y sobre la categoría social:

Los rostros con arrugas en las esquinas de los ojos son vistos como amistosos, de buen humor y de fácil convivencia.

La gente que usa anteojos es percibida como trabajadora y estudiosa.

Los que tienen frente ancha son más inteligentes.

Las mujeres de labios más gruesos que la media son consideradas muy sensuales.

Los rostros alargados se consideran tristes.

Los rostros sonrientes se consideran inteligentes.

En contraste con las reglas uniformes de inferencia, los procesos idiosincráticos se basan en generalidades obtenidas de las experiencias con la visión del universo del individuo. Aquí el proceso más importante es la teoría implícita que todos nosotros tenemos sobre las demás personas que influencia su juicio. Esto también nos ayuda a crear modelos generales de evaluación que comprender a inclinarnos favorablemente o desfavorablemente en la misma evaluación.

El “yo” participa también como parte de la inexactitud a generalizar a las personas, esto porque tendemos a atribuir valores propios como la agresividad, la sociabilidad e inclusive la hipocresía a otras personas. Sin embargo la generalización a partir del yo nos ayuda además a crear una percepción exacta porque al conocernos nosotros mismos nos abrimos para crear juicios sobre los demás. Por esto a partir del conocimiento que tenemos de lo que haríamos en condiciones similares, estamos en mejor situación de comprender los motivos y las intenciones que llevan a otra persona a realizar dicha acción.

También cometemos el error de atribuirle características y valores a una persona desconocida a partir de una conocida. A veces fulanita me cae bien y se me hace tierna porque le da un aire a mi novia, o inclusive nos dejamos llevar por el nombre o por un gusto o apariencia física con la conocida.

Finalmente, una categoría conocida como “efecto de halo” nos lleva a cometer errores al juzgar. Aquí hacemos referencia a que cuando una persona acaba de mostrar unas cuantas características favorables se atribuyen a la misma otras aún más favorables sin saber si las tiene o no. Si fulanito le cedió su asiento a una persona de la tercera edad ya la consideramos un caballero por ese hecho y no analizamos que en ese momento le conmovió verla parada.

Lo cierto es que si estas reglas nos ayudan a juzgar a los demás de una forma compacta, el grado de error obviamente estará latente pero esto nos ayudará a ampliar más nuestro campo de juez al percibir las actitudes de los demás.

 

2. La formación de una impresión.

Sin duda alguna, cabe hacer el comentario que los ítems de información que obtenemos al juzgar a la gente nos sirven para crear una evaluación.

Entendemos como ítems a los elementos o características que se nos presentan de forma inmediata.

Cuando nos presenten a alguien, advertimos varias cosas acerca de él: su ropa, gestos, forma de hablar, tono de voz y hasta firmeza en el apretón de manos. Clasificamos y ponemos en categorías a las personas por poca información que poseamos o contradictoria que sea y sin importar cuantas veces nos hayamos equivocado antes al hacernos la primera impresión. Y cada categoría lleva consigo un conjunto de características denominadas esquemas, las cuales se supone se aplican a todos los individuos pertenecientes a ellas.

Surge así la duda: ¿cómo se organizan de forma coherente estas impresiones? Veamos tres puntos de vista acerca de cómo se construyen las impresiones.

En primer lugar, se tiene la suma de rasgos; cuando recibimos información de rasgos positivos, fortalecemos la impresión valorable de esa persona.

En segundo lugar, la primera impresión es duradera, pudiendo influir en el comportamiento aunque no sea del todo exacta. Aquí analizamos rápidamente todas las características de la persona, a veces no en orden, y esto nos permite percibirla.

Un tercer punto nos habla de rasgos centrales y periféricos. Los primeros se refieren al impacto sobre la impresión general y los periféricos tienen poca influencia. Por ejemplo, la información de que una persona es “cálida” o “fría” da una coloración de los demás rasgos refiriéndonos a que cálida es aquella persona abierta y fría la persona cerrada. Como ejemplo de rasgo periférico puedo señalar la puntualidad, es decir, no habla mucho sobre la persona porque no nos connota nada palpable.

Sin embargo, no hay que ser tan tajantes el referirnos a estos tres puntos, ya que independientemente de los mismos, nosotros podemos crear nuestras propias impresiones dependiendo por supuesto del tipo de persona que estamos tratando en ese momento.

Tenemos que tomar en cuenta los elementos que se nos están presentando en ese instante para crear la impresión, ya que en base a esto lo podemos hacer mediante paquetes sucesivos. También, no podemos dejar a un lado el contexto social de la información ya que no es lo mismo realizar una impresión a un borracho que a una persona bebiendo en una fiesta.

Hay que darle orden al ítem e ir desmenuzando todas las características que conlleva.

 

3. Efectos de orden en la formación de impresiones.

Es cierto que la primera impresión es la que cuenta, por eso mucha gente se siente atraída por un rostro bello, pero también es cierto que las impresiones cambian a medida que se recibe nueva información.

Por lo tanto, lo importante es no dejarse llevar por una primera impresión, sino que hay que recabar la información y jerarquizarla para evaluar perfectamente, es por eso que al ser un juez hay que ir con calma y al ser juzgado hay que darse prisa por pasar de una primera impresión a otra segunda, darle información de que no solo porque no vengo hoy de traje o porque no me rasure soy un descuidado en mi persona, enfrentar esto con la capacidad de relacionarme con los demás y con mi inteligencia.

Así, se nos advierte que “las primeras impresiones son importantes y pueden ser duraderas, no solo porque se da menos valor a los ítems de información posteriores, sino también porque el desafortunado individuo al que se juzga puede que no tenga otra oportunidad de probar que la primera impresión era falsa”.

 

4.- Manipulación de la impresión.

Al crear una buena o negativa impresión a los demás tendemos a manipularla para no defraudar es impresión, esto con el fin de congraciarse respecto a la percepción que se nos brinda.

La persona que se sabe percibida manipula su imagen pública con el objetivo de aumentar su atractivo ante la persona que juzga o que es el blanco de su conducta. El método es muy sencillo ya que crea alabanzas, disfraza su propio yo e inclusive se vuelve compatible con el juez.

Esto lo vemos actualmente con los candidatos, ya que sus equipos de campaña crean una imagen favorable para sus fines sin importarles si esa imagen creada es real. No importan los medios con tal de crear un persona sensible, trabajadora, identificable con el pueblo.

Sin embargo, a pesar de que en la sociedad se nos permite manipular la impresión, es importante darle su valor real y no crear falsas expectativas con la imagen que creamos puesto que en un momento dado tendremos que interactuar con nuestra propia personalidad o en condiciones distintas a las que teníamos cuando la manipulamos.

“En situaciones de tensión extrema o de verdadera relajación, a menudo revela la gente su yo “real”. En general, cuando más rara o inesperada es la conducta, mayor información transmite para la formación de una impresión. Esto supone, por supuesto, que la conducta sea en cierto sentido, característica y no un evento extraordinario y totalmente aislado, atribuible a circunstancias más allá del control de la persona”.

 

LA EXACTITUD DE LA PERCEPCIÓN SOCIAL, E INTERACCIÓN PERSONAL

El concepto de percepción social puede entenderse de tres maneras: los efectos del medio sobre la percepción, la percepción de las personas y la percepción del medio ambiente. Los aspectos funcionales de la percepción constituyen el soporte teórico que permite explicar la relación percepción-contexto social.

La percepción de la persona plantea problemas importantes en cuanto al papel de los mecanismos de interpretación cognoscitiva y asignación de atributos a los objetos preceptúales. El proceso de percepción de la persona supone mecanismos particulares de recepción y procesamiento de la información.

Así, le exactitud de la percepción también la conocemos como sensibilidad social, conocimiento social y empatía. Es importante la exactitud de la percepción interpersonal puesto que el convivir con otras personas no sería posible si nuestra percepción fuera mala.

Esto nos conlleva a asegurar que en un grupo social es importante identificar al líder e inmediatamente detectar sus cualidades, ya que estas son importantes para la actividad del grupo y por consiguiente el grupo se llevará bien y se tendrá una eficiencia interpersonal.

 Lo anterior se relaciona en las sesiones de terapias en las cuales una persona deprimida puede contagiar su depresión al grupo, aquí hay que saber manejar las impresiones y no dejar que se contagie a todo el grupo. En contraparte, cuando una persona no está de acuerdo con su trabajo y lo deja, no sucede nada a nivel institucional ya que esa persona no puede contagiar a todos a irse.

Pero muchas interacciones ocurren dentro del sistema del rol ya que aquí se puede predecir exactamente la conducta del individuo sin necesidad de juzgar sus características personales, pero “aún en un sistema de rol altamente institucionalizado se requiere cierta exactitud para un funcionamiento eficiente, porque las percepciones erróneas de las expectaciones de rol de las otras personas que forman parte del sistema, pueden llevar a fricciones y conflictos. Además, las relaciones de rol entre el que percibe y el percibido pueden introducir desviaciones selectivas en la percepción de la persona; el poder o la dependencia del otro con respecto al juez, puede llevar a éste a exagerar los defectos y virtudes del otro, produciendo una conducta social ineficaz”.

 

DEFINICIÓN DE ROL.

Cuando aceptamos desempeñar un rol social, las expectativas que se crean son que nuestra personalidad sea la adecuada para el rol o que ocurran ciertas modificaciones en ella.

Esto ayuda a la percepción puesto que al percibir a una persona con rol específico nos trata de transmitir la impresión que está cumpliendo con los requisitos del rol y nos evita ver más allá.

Así, en el sistema social estamos designados a desempeñar roles. Para cualquier rol existe un conjunto de conductas que deben ser ejecutadas por la persona que está destinada a ocupar ese rol.

El rol es, por lo tanto, la necesidad que tiene el hombre de asumir un papel, de lograr un status y una definición en torno a su actitud dentro de la sociedad que opera. Es la función que detecta aspectos cambiantes, mutuamente adaptables y transaccionales de las relaciones humanas.

Los roles aparecen como una función de elementos individuales y colectivos que van muy unidos a la situación familiar en primer lugar y posteriormente al grupo al que pertenecen.

Respecto a la existencia física y social del ser humano tenemos que los roles pueden ser impuestos basándonos en el sexo y en la edad. Estos roles son impuestos por el destino sin que uno pueda impedirlo. Es cierto, sin embargo, que los roles impuestos truncan en cierta medida la espontaneidad del individuo, pero igualmente el rol elegido se halla relativamente restringido en cuanto contiene una exigencia y una obligación en el momento de habernos decidido por él.

Lo que un rol exige de la persona se halla en diferentes relaciones con los problemas y la esfera central de la misma, sus necesidades y aspiraciones, sus esperanzas y sus metas en la vida.

 

CONTRADICCIONES DEL ROL Y EL INDIVIDUO.

Tomando en cuenta la gran cantidad de organizaciones humanas, la persona se ve obligada a ser portadora de diferentes roles.

Cuando es pequeño se le exige un rol de hijo, al mismo tiempo cuando ingresa a la escuela un rol de estudiante. Al entrar a la edad adulta se esperan sus rendimientos como hombre basándose en el sexo, lo cual implica que a la mujer en cierta medida se le pide menos que al hombre, claro que también dependiendo del rol.

Conforme la persona se va integrando en diversos grupos adquiere en cada uno de ellos un rol distinto, esto transcurre sin perturbaciones siempre y cuando los roles no se contradigan y no exijan algo que el otro prohíba y viceversa.

Es necesario comentar que casi siempre el individuo tiene un rol de preferencias y los demás como roles complementarios, y la realización de éstos exige determinadas actitudes y modos de conducta del portador de los mismos.

Por esto a veces la gente actúa de un modo que contradice las expectaciones del rol, esto se debe a que la personalidad del individuo ha quebrantado en cierto modo las exigencias del rol, o también a que la conducta formal de rol ha sido descuidada para reducir la tensión generada por el rol.

El modo de contradecir el rol por parte del individuo nos demuestra su carácter impredecible y nos proporciona una fuente rica en la percepción interpersonal.

Así, la persona que quebranta  la norma de rol es independiente y no conformista, sugiere que la persona está insatisfecha de ciertas exigencias del rol, desea mostrar al observador sus propios atributos personales. Por lo tanto, cuando alguien actúa distinto al rol, nos proporciona una mayor riqueza sobre sus propias características únicas.

 

LA INTERPRETACIÓN DE LA CAUSALIDAD SOCIAL.

Una de las mayores causas de error en la percepción social es la tendencia a ver las personas, y no las situaciones, como la causa de la acción. Catalogamos de neurótico a una persona gritona, de mal humor, huraña, sin percibir el contexto que lo tiene de mal humor. A esto  yo agregaría también factores fisiológicos que causan que la persona reaccione de manera violenta o agresiva.

León Mann nos advierte que el modo de reaccionar de una persona a las acciones de los demás está influenciado por su modo de percibir o de interpretar la causa de la conducta.

Surge por lo tanto la incógnita ¿de dónde nace y cómo percibimos la causa de la acción en los demás? Para responder a esta duda veamos las tres dimensiones de la causalidad que influyen en la interpretación de las acciones.

Responsabilidad de la persona en la acción.

Un acto es causado por un autor. El autor obtiene aquí dos variantes:

a) El autor no es el responsable de su acción, es un peón, obedece su acción a factores ajenos a él, dichos factores pueden ser otras personas o inclusive el medio físico. Si determinada persona llega tarde a una cita porque lo agarró un congestionamiento vial, no se le puede catalogar como impuntual, él no tuvo la culpa.

b) En contraparte, si el individuo se determina a sí mismo, si él es propio responsable de sus actos, inclusive, si él origina las consecuencias, entonces aquí el ya es responsable de su acción. Si determinada persona no calculó el tiempo de llegar a una cita y en vez de apurarse siguió con calma, entonces aquí si la tacharíamos de impuntual.

Veamos ahora ciertas condiciones que determinan la atribución de responsabilidad y de causalidad personal.

 

ATRIBUCIÓN DE RESPONSABILIDAD Y STATUS.

Las personas de status elevado se perciben inmediatamente como más responsables de sus actos que las personas de bajo status. Recordando el caso de Alfredo, su status como profesor lo estandarizaba como alguien pulcro y estricto, sin embargo su status no coincidió al verlo en ese estado. Su status como profesor no le permitía mantener esa imagen.

Podemos decir por lo tanto que el status de la persona constituye una influencia de primera importancia en la interpretación de su responsabilidad en un acto.

También la atribución de responsabilidad nos demuestra la tendencia a generalizar a partir del yo. La gente que se cree autosuficiente en varios aspectos personales, percibe a los demás igual, mientras que los incapaces distribuyen a factores externos las tareas incapaces de realizar.

Así, la percepción de la causalidad social se encuentra bajo la influencia de las percepciones situacionales, por el status de la persona y por la personalidad del juez.

Atribución de responsabilidad y oportunidad de supervisión.

En ocasiones diversas nos ha tocado hacernos responsables de una persona y en consecuencia controlar su conducta, esto influye en la percepción que tenemos hacia dicha persona.

Al vigilar o supervisar a alguien no tomamos en cuenta que dicha persona se siente incomoda con nuestra supervisión, entonces no analizamos esto sino que nos vamos a los resultados que presenta. Dichos resultados con la obviedad de la presión que hicimos al vigilarlo, en la mayoría de Las veces no son buenos, por lo que percibimos que la persona no es tan capaz de hacer cierto trabajo.

 

ATRIBUCIÓN DE RESPONSABILIDAD.

La atribución de responsabilidad a la persona por su acto permite al juzgador organizar todos los eventos de una manera rápida y por lo tanto describen al individuo y al acto como consecuencia de una misma unidad.

La necesidad de estructurar en orden los sucesos se ve en la tendencia a suponer relaciones causales entre sucesos que dependen esencialmente del azar. Sin embargo, “las desgracias  se atribuyen normalmente al azar, pero si se trata de una desgracia considerable, reconocer la parte de azar que hay en ella se vuelve desagradable, y se manifiesta una tendencia a atribuir responsabilidad o culpa a alguien”.

Cuando atribuimos la responsabilidad a alguien de un accidente  lo hacemos con mayor ímpetu cuando el accidente ha tenido consecuencias graves que cuando no ha pasado nada de relevancia. Si un chofer de microbús choca contra otro y únicamente los daños fueron las dos defensas hechas trizas, no consideramos mayor responsabilidad; distinto el caso que si los dos choferes chocan y hay pasajeros muertos, entonces la responsabilidad de las muertes se les atribuye a los microbuseros.

Por lo tanto, la gravedad de las consecuencias influencia la atribución de responsabilidad.

El grado de culpa que atribuimos a otras personas depende en gran medida de que si el daño del accidente fue provocado hacia nuestra persona o hacia un semejante. Al observa un choque de automóviles tendemos a preguntarnos quien tuvo la culpa, pero si el accidente fue sobre nuestro coche, entonces aseguramos que el otro automovilista fue el causante del choque.

 

INTENCIONALIDAD.

El que un acto sea percibido como intencional o accidental va a depender de nuestro conocimiento sobre la persona para verificar su capacidad y habilidad para llevar a cabo tal acto. En primer lugar cuando atribuimos la intención del acto debemos de observar si tiene la habilidad para llevar a cabo la acción; en segundo lugar, hay que deducir los motivos que tiene para llevar a cabo tal acción.

Así, cuando se realiza un acto se va a percibir si la persona lo está llevando a cabo con el fin de dañar o de beneficiar a otra. De la intención, del costo y del valor que se percibe va a depender el grado de gratitud que se manifieste al percibido.

Hay que agregar que cuando un individuo lleva a cabo una acción  que genera desequilibrio a otra persona, no se le castiga hasta que se percibe que sus intenciones eran malas.

También influye el status del autor del acto para percibir si el mismo es con buena o mala intención. Comúnmente se atribuye a las personas de status más elevado actos con más buenas intenciones que a los de bajo status.

La percepción de la intencionalidad es importante porque nuestras reacciones se ven afectadas y nuestras evaluaciones alteradas por las acciones de otras personas.

“El contexto del acto influencia nuestra percepción de la intención. La deducción de que una persona agradable nos aprecia, será más fuerte si se tiene la impresión de que dicha persona no obtendrá beneficio alguno al ganar nuestra amistad”.

 

JUSTIFICACIÓN.

La justificación se evalúa dependiendo de la medida en la que el acto viola los estándares éticos o se desvía de ciertas expectaciones valorizadas o no. Así, “la justificación de los actos interpersonales depende del grado en que estén motivados o autorizados”.

Si una persona desempeña un rol que lo obliga a llevar a cabo una acción repudiada, comúnmente se le excusa. También si un conductor se pasa un alto porque viene una ambulancia con la sirena prendida, se le justifica la acción.

Si la acción parece injustificada, las reacciones son muy diferentes. Si el autor de la conducta es de status elevado, entonces se guía percibir su acto como justificado.

Existen también fuentes comunes de error en la atribución de responsabilidad e intención a nosotros mismos y a los demás. En primer lugar existe una tendencia a ignorar o a no percibir la situación significativa, es decir, damos mucho valor a las acciones y a sus consecuencias y poco valor a los contextos  situacionales. Dice Mann, sucesos que en realidad están más allá del control de la persona, son vistos como responsabilidad suya.

Otro error es pensar que las reacciones del sujeto son las objetivas y toma los demás como subjetivas.

Por último, cuando el hecho tiene consecuencias importantes para la autoestima de la persona, su parte en el suceso puede ser pasada por alto en la percepción. Es decir, la percepción de los hechos en la que uno se encuentra comprometido, se encuentra a tendencias subjetivas.

Es importante señalar que la percepción errónea frecuente refleja una sicopatología extrema, una enfermedad. La persona paranoica comúnmente comete errores de distorsión al percibir las intenciones y la identidad de los demás. “Su hipersensibilidad subjetiva aún a los más triviales desprecios hace que exagere en gran medida las pruebas de resentimiento y de rechazo que pueda percibir”.

Por lo tanto, la percepción defectuosa de la persona es una rasgo típico de muchas enfermedades mentales.

Lo cierto es que la percepción en todos sus sentidos nos ayuda en gran medida a la compresión e interacción con uno mismo y con los demás, como partes de un ente social no podemos estar apartados, por lo mismo percibimos a que grupo vamos a pertenecer, que rol vamos a desempeñar, en fin, participar con nuestra percepción y ser un engrane más de la sociedad.

 

CONCLUSIONES

Como entes sociales debemos convivir a diario con un sin fin de personas para llevar a cabo el proceso social y darle sentido a las acciones.

Pero no es tan fácil convivir con una persona, tenemos que llevar a cabo un proceso de análisis sobre su personalidad, sus acciones e inclusive que tan válido es el papel que juega dentro de la sociedad y en base a ese papel que tan pertinentes son sus acciones.

El proceso de percepción de la persona es llevado a cabo mediante los juicios que se crean en base al individuo y con las impresiones. Para ser un buen juez se necesitan cualidades que ya vimos. La impresión primera es la importante, pero también descubrimos los procesos de inferencia, los efectos de orden en la formación de impresiones e inclusive comprendimos la manipulación de la impresión.

La percepción social es más amplia. Encierra conceptos como rol, status y responsabilidad. Observamos de esta manera que muchos juicios creados a partir de la percepción son erróneos pues no tomamos en cuenta las causas que se llevan a cabo para realizar un acto. La intención con qué lo hace también es perceptible y con qué objeto lo lleva a cabo.

La percepción errónea constante es un signo de alarma, un desequilibrio social que no permite llevar una socialización adecuada.

Por lo tanto, no solamente se trata de percibir a la persona, sino analizar su entorno social, nuestros prejuicios, la creación de estereotipos, los roles y los status, la intención con que llevan a cabo sus acciones.

En el presente trabajo viajamos  por todo el campo de la percepción interpersonal, un fenómeno social amplio y rico en todo su contexto.

Finalmente, es importante señalar que la percepción interpersonal es de gran interés en el proceso social, puesto que, como señale al principio, somos entes sociales que tenemos que convivir a diario con muchas personas y esto no sería posible sino percibiéramos y juzgáramos, así como a nosotros, a los individuos con los que participamos en  el convivió social.

 

BIBLIOGRAFÍA