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ARISTÓTELES
INTRODUCCIÓN
OBJETIVOS
BIOGRAFÍA
FILOSOFÍA
PRIMERA O METAFÍSICA
FILOSOFÍA
NATURAL
FILOSOFÍA
PRÁCTICA
TRATADOS
DEL PENSAMIENTO
AUTOEVALUACIÓN
BIBLIOGRAFÍA
En la actualidad, en México y seguramente en muchas partes
del mundo, a Aristóteles se le recuerda fundamentalmente y aún se le cita como
una autoridad en lógica. En otras materias ya no se le considera como tal, y
aun podría decirse que existe cierta tendencia a sepultar sus obras en el
olvido, incluidos sus tratados de lógica, so pretexto de que sus teorías han
perdido validez y utilidad a la luz de los resultados de la ciencia, la lógica
y la filosofía modernas. Obviamente, no se debe compartir esta opinión. ¿Acaso
el desarrollo de la ciencia y la filosofía nos han hecho olvidar a Heráclito,
Demócrito, Epicuro; a Galileo, a Giordano Bruno, a Kepler, y a tantos otros
grandes hombres de ciencia de pensamiento universal?
Es una lástima, por otra parte, que su doctrina lógica, la
que se ha salvado del olvido, haya sido desvirtuada por los escolásticos,
convertida en una suma de silogismos formales sin vivacidad ninguna, y enseñada
así en nuestros centros escolares, incluso a nivel superior. Tanto, que los
estudiantes carecen hoy de todo interés por las teorías aristotélicas.
Pero, ¿en realidad, Aristóteles es de la grandeza de
aquellos que merecen el reconocimiento
de nuestras actuales generaciones, o su importancia es tan minúscula que
merezca el olvido, o la tergiversación? En el presente trabajo, trato de hacer
una muy sucinta reseña de su vida y una breve síntesis de su obra, a fin de que
pueda esto valorarse. Obviamente, no oculto la intención, en este modesto
esfuerzo, de demostrar la grandeza enciclopédica de la obra aristotélica, que
en otros tiempos le fuera reconocida por los filósofos más destacados, y la
necesidad de su estudio, como uno de los más importantes antecedentes de la
ciencia, la lógica, la filosofía, la ética, la gnoseología, la estética, entre
las más importantes.
Debe decirse, sin embargo, que al momento hay un sinnúmero
de obras que abordan las teorías aristotélicas. No pretendo aportar nada nuevo,
lo cual, para cualquiera que lo intentase, sería muy ambicioso; pero sí
intento, como nueva, la reivindicación de la necesidad de su estudio, a la luz,
sí, de la ciencia moderna.
Es difícil hacer una síntesis fácil del pensamiento
aristotélico, en virtud de dos razones: primero, por que debe entenderse
comprendido en un contexto histórico determinado, y como producto del
desarrollo de la filosofía y las ciencias de su época. Segundo, por que su
pensamiento era verdaderamente enciclopédico. Ningún autor importante de épocas
posteriores ni aun de nuestros días, se ha atrevido a ignorar la autoridad del
filósofo de Estagira, y con toda razón Marx se refirió a él como a un gigante
del pensamiento.
Sin embargo, desafortunadamente sus teorías no han llegado a
nosotros erosionadas sólo por el tiempo.
En primer lugar, hoy es comúnmente aceptado que muchas de las obras de Aristóteles fueron editadas póstumamente por Andrónico de Rodas, pero con severos errores que vician el claro entendimiento de la obra en su conjunto, pese a significar la edición en sí un homenaje al gran filósofo. Se sabe, sobre todo a partir de los estudios de W. Jaeger, que las obras de Aristóteles fueron editadas sólo atendiendo al tema del que tratan, sin atención al tiempo en que fueron escritas, y por tanto, sin consideración a los cambios producto de la evolución del pensamiento de su autor; lo cual, naturalmente, supone ciertas contradicciones insalvables en sus obras, que Jaeger explica, precisamente, por la evolución de las ideas de Aristóteles, consistente en el paulatino abandono de las teorías platónicas para arribar al desarrollo de la filosofía positiva que lo caracteriza.
En segundo lugar, la escolástica medieval extirpó de la obra
de Aristóteles todas las ideas que estuvieron impregnadas de dinamismo y
cientificidad, para hacer suyas sólo aquéllas que fueron acordes con el
cristianismo y su visión metafísica de la naturaleza, de la sociedad y el
pensamiento. Así, hoy, en nuestras aulas, se muestra una teoría aristotélica
mutilada, muerta, adulterada; una vulgarización metafísica de su contenido; la
exposición de una lógica superficial; una muy pálida sombra de lo que fue la
teoría más importante de la filosofía y la ciencia antiguas.
En tercer lugar, las obras de Aristóteles llegan a nosotros
con un doble fardo: el peso de una crítica que las califica de anacrónicas, por
no atender a ninguna utilidad práctica actual; y el peso de los prejuicios que
las supone complicadas, tediosas, inútiles, etc.
Respecto a estos tres factores que en apariencia demeritan
la obra del genio de Estagira, debemos decir que, así como la filología llegó a
tiempo para rescatar el verdadero pensamiento de los autores contenido en sus
obras, así el conjunto de las ciencias debe rescatar el pensamiento materialista
y dialéctico que la escolástica extirpara de la obra aristotélica, a fin de
conocer la paternidad de su desarrollo, es decir, el primer antecedente que
sentó las bases del desarrollo de las ciencias.
Esta es la consideración primaria del presente trabajo, con
el que pretendo un solo objetivo: destacar, a partir del estudio de conjunto de
las ideas de Aristóteles, aquéllas que contribuyeron significativamente al
desarrollo ulterior de las ciencias, y en ese sentido, determinar el papel
histórico que jugó Aristóteles en el desarrollo de la filosofía, como filosofía
positiva.
Obviamente, el presente trabajo no agota, ni puede agotar el
tema, debido a su vastedad; considérese simplemente como una introducción al
pensamiento de Aristóteles, que tiene la finalidad de motivar el estudio
íntegro, científico y asiduo de sus obras.
En cuanto a la ordenación de los temas que se sigue en el
presente trabajo, el único criterio que atiendo es el que me pareció más
didáctico, a fin de facilitar, lo más posible, la exposición. En este sentido,
comienzo con una breve reseña de la vida del filósofo, y su obra la expondré
partiendo de su doctrina más general: la de la filosofía primera o metafísica,
a partir de la cual se desprenden sus demás estudios acerca de la naturaleza,
la sociedad y el pensamiento, áreas del conocimiento que se exponen en el orden
anotado.
1.
Presentar una síntesis breve de
la vida y la obra de Aristóteles, considerando siempre el contexto social de la
época en que vivió.
2.
Expresar la significación
histórica de la obra de Aristóteles, y sus aportaciones a la filosofía y las
ciencias.
3.
Reivindicar la necesidad del
estudio de las doctrinas aristotélicas, en su originalidad, evitando las
vulgarizaciones de la escolástica.
Aristóteles nació en Estagira, en el año 384 antes de
nuestra era, y su edad adulta coincidió con la expansión del imperio macedónico
en Asia y Europa, y, por tanto, con la decadencia de la Grecia clásica. Es
posible suponer que este hecho influyó en su pensamiento, en el sentido de
dotar a su filosofía de un carácter dual, por el que, al tiempo de tomar
partido por el materialismo progresista, asumía algunas posiciones idealistas,
propias de las situaciones sociales decadentes. También influyó en él el hecho
de que en Atenas, sede del desarrollo ideológico y cultural de la época, era
considerado extranjero, y el gobierno ateniense no concedía los mismos
privilegios a quienes cargaban con tal calificativo. Todo lo cual influyó en
varios sentidos: el carecer de un sentimiento nacionalista, en su pensamiento
universal; su relación con Filipo y su hijo, Alejandro Magno, del que fue
maestro, así como sus constantes viajes, en su conocimiento de las
constituciones de los distintos estados. Además, su propia situación de hombre
libre, y Señor, condicionó sus opiniones a favor de la esclavitud, a la que
veía como un fenómeno natural. La relación de que hablamos antes, y su
condición social, también hizo que justificara las guerras, a fin de extender
el imperio macedónico, bajo la consideración de que los griegos son hombres y
los demás pueblos, bárbaros, destinados a obedecer.
Por otra parte, también fue influido por Platón, su maestro,
que le enseñó sus doctrinas durante veinte años. Aristóteles conoció, estudió y
sintetizó, todo el pensamiento filosófico de su época y el anterior que hasta
entonces se conocía, y asimiló los grandes progresos del pensamiento en
relación con la naturaleza, la sociedad y el pensamiento.
En sus obras trató de todos los campos del conocimiento; su
pensamiento era verdaderamente enciclopédico. En el presente trabajo, intento
agrupar sus doctrinas en cuatro apartados, que, obviamente, no agotan el
inmenso caudal de su conocimiento.
En su filosofía primera o metafísica, aborda el problema
fundamental de la filosofía, reconociendo la objetividad de las cosas
existentes en el mundo sensible, lo que puede calificarse como materialista, e
inclinado a las posiciones de Heráclito y Demócrito. Él sostiene que el ser
material, se actualiza en la realidad y debe sus cambios y gestación, a cuatro
causas: material, formal, eficiente y final. Por la primera, el ser toma la
materia de la que estará formado; por la segunda, adquirirá la forma que lo
hará distintivo respecto de los demás seres materiales; la causa eficiente será
el agente que sirva de primer principio de movimiento; y la causa final será el
propósito para el que fue formado. En realidad, es la admisión de esta última
la que los arraiga, aún, al idealismo en general y al platonismo en particular.
Por la causa final, Aristóteles entiende que todo ser fue formado con un
propósito determinado, el bien; y el artífice o causa eficiente de todo lo
existente, es Dios, concebido aquí como el motor inmóvil, inmaterial y amorfo.
En su filosofía natural, hace las primeras clasificaciones
científicas de los seres vivos, sus estudios lo llevan a crear una teoría
geocéntrica del universo, en la cual aparece como rasgo de espontánea
aplicación científica, la afirmación de la esfericidad de la tierra, entre
otros descubrimientos importantes. Se dice que a estos estudios dedicó
Aristóteles la última parte de su vida, la más prolífica, que lo acercó a una
filosofía positiva, es decir, materialista, alejándose de la doctrina platónica
y de sus propias teorías de juventud, extendiendo sus descubrimientos a todas
sus doctrinas, por lo que ahora, en algunos puntos, nos parecen
contradictorias.
En su filosofía práctica comprende tanto a la ética como a
la política; ésta, queda subordinada a la primera, en virtud de los propósitos
que han de tener las buenas constituciones políticas de los estados. En efecto,
un buen gobierno lo define Aristóteles como aquél que busca la felicidad de sus
ciudadanos, aquél que busca formar en ellos, mediante la expedición de leyes,
las costumbres que los hagan ser virtuosos; pues, dice, no hay otra manera de
adquirir virtudes, más que practicándolas. En la Ética hace un estudio de las
virtudes, y las clasifica en intelectuales y morales. Las primeras deben buscar
siempre la perfección; las segundas, el término medio entre los vicios, que
siempre son extremos contrapuestos entre sí. La principal virtud intelectual,
la prudencia, es el medio con que el hombre alcanza las virtudes morales. La
principal virtud moral, es la magnanimidad, que reúne en sí todas las demás
virtudes. Por lo que hace a la justicia, como virtud, también debe ser el medio
entre dos extremos. Ésta es el medio entre los extremos que conforman la
injusticia, a saber: la desigualdad que implica dar más al que merece menos, y
la desigualdad que implica dar menos al que merece más; lo justo será, pues,
dar por igual a los iguales.
Aristóteles, además, llega a hacer importantes estudios
sobre economía política. En su Ética, llega a ellos al tratar el tema de la
proporción en la justicia. En su Política, al analizar el problema de la
propiedad. Aristóteles descubre que una mercancía tiene dos usos: el propio,
natural, de dicha mercancía, y el de intercambio. Asimismo, llega a descubrir
la naturaleza económica del dinero, como equivalente del valor de todas las
mercancías; el dinero es una medida no natural, sino convencional, en virtud de
la utilidad que presta a los hombres en el intercambio; sin embargo, el
nacimiento del dinero, crea la crematística, el afán de lucro, y la usura, ambos
igualmente denostables por cuanto satisfacen sólo los excesos de los hombres.
En sus tratados del pensamiento, en que incluyo su teoría
lógica y su teoría del conocimiento, puede decirse, sin lugar a dudas, que se
trata de estudios completamente científicos, y alejados por completo del
idealismo platónico. Aristóteles sostiene que el conocimiento se da a través de
un proceso, cuyas fases van de lo simple a lo complejo, y de la percepción al
razonamiento. En efecto, el conocimiento comienza por la percepción de los
objetos singulares; la ciencia deberá descubrir en ellos lo general: mediante
la formación, primero, de juicios, y, segundo, de conceptos, cuyo grado máximo
de generalización los convierte en categorías. En la primera fase, que comienza
con la percepción, se utiliza la dialéctica, como método de investigación
inductiva, para llegar a generalizaciones basadas en la realidad; en la segunda
fase, el camino es el contrario: se parte de premisas (juicios) generales, para
llegar a conclusiones singulares, mediante la deducción. Ésta tiene su base en
los silogismos.
Con esto, como se puede inducir que no se agota el
pensamiento enciclopédico del Alejandro magno de la filosofía. Cierto es que la
exposición no haya alcanzado la sencillez y claridad que me he propuesto, pero
que sirva el presente trabajo como una invitación a su estudio y, naturalmente,
al de las ciencias. Y permítaseme, respecto del inconveniente citado en este
párrafo y de la invitación, concluir el presente trabajo de la manera en que comenzó
el suyo un gran pensador, hoy tan menospreciado como Aristóteles:
En la ciencia no hay caminos reales, y sólo tendrán
esperanzas de acceder a sus cumbres luminosas aquellos que no teman fatigarse
al escalar por senderos escarpados.
A finales del siglo IV antes de nuestra era, Grecia está
inmersa en una serie de guerras que la sumen en una crisis económica, política
y social. La guerra del Peloponeso acabó con la agricultura, la artesanía y el
comercio griegos; asimismo, crecían las pugnas entre las ciudades estado
integrantes de la antigua Grecia, y en su interior se agudizaban las
contradicciones de clase. Debe tenerse en cuenta, en el presente estudio, que
el régimen de producción existente es el de la esclavitud, misma que, al llegar
a un grado determinado de desarrollo, se vuelve un estorbo para el desarrollo
mismo de la producción social, y por tanto, del sustento de la mayoría de la
población, lo cual se manifiesta mediante el desprecio general al trabajo
manual; esto, en principio, no encuentra otra solución más que en la guerra,
sucumbiendo la sociedad esclavista caduca frente a otra del mismo género, o de
otro distinto:
La esclavitud, cuando es la forma principal de la
producción, hace del trabajo una actividad esclava que deshonra a los libres.
Con eso queda cerrada la salida de un tal modo de producción, mientras que, por
otra parte, la producción, ya más desarrollada, encuentra en la esclavitud un
límite y se ve obligada a eliminarla. Por esta contradicción sucumbe toda
producción basada en la esclavitud, así como las comunidades basadas en ella.
Solución, en la mayoría de los casos, por sometimiento violento de las
comunidades en anquilosamiento por obra de otras comunidades más fuertes (Grecia
por Macedonia, y más tarde por Roma.
Este es el contexto social en que vive Aristóteles.
De un lado, la decadencia griega; del otro, el auge macedónico, pudieron
influir en la formación del dualismo del pensamiento aristotélico, es decir, en
la aceptación del materialismo y del idealismo en un solo sistema filosófico,
como se estudiará más adelante.
Aristóteles nace en Estagira, en el año 384 antes de nuestra
era. Su padre, Nicómaco, fue un eminente doctor llamado al servicio de Amintas
III, rey de Macedonia y abuelo de Alejandro Magno. Cuando murió Nicómaco,
Aristóteles era aún menor de edad y fue criado por Próxeno de Atarneo, suegro
de su padre, hasta que cumplió 17 años. A esa edad se marchó a Atenas y se
incorporó a la Academia.
Atenas, en ese entonces, era el centro cultural más
importante de Grecia, y quizás del mundo; y la Academia, el centro escolar más
importante de Atenas. La Academia fue fundada y era dirigida aún, nada más y
nada menos que por Platón. El maestro de Los Diálogos, enseñó a Aristóteles,
como a los demás académicos, sus doctrinas, introduciéndolo, a través de la
geometría y las matemáticas, en las difíciles artes de la abstracción y de la
dialéctica, entendida ésta entonces como un método de obtención de la verdad a
partir de una discusión.
Pronto, Aristóteles destacó por su inteligencia; y al tiempo
que Platón reconocía sus méritos, llamándolo “el claro entendimiento de la
escuela”, fue creciendo la amistad
entre ambos y la admiración recíproca. Fue, sin embargo, en la Academia y en
vida de Platón, que Aristóteles comenzó a distanciarse de la doctrina del mundo
de las ideas platónicas. Así se aprecia, por ejemplo, en el Parménides, de
Platón, y así también en la célebre frase con que Aristóteles manifiesta su
disentimiento con su maestro, sin desestimar la amistad que los unía: “soy
amigo de Platón, pero soy más amigo de la verdad.”
En el año 347, muere Platón, a los ochenta años de edad.
Aristóteles tiene ya treinta y siete; pasó veinte años de su vida bajo la
orientación platónica. Platón nombró en su testamento a su sobrino Espeuspo
como escolarca (director) de la Academia; obviamente, Aristóteles no se iba a
someter a una autoridad de mucho menor estima que la suya propia en la
Academia, y menos cuando tampoco había sometido su pensamiento plenamente al
platonismo. A esto se sumó que, por otra parte, a Aristóteles se le consideraba
entonces como promacedónico, y en Atenas, el mismo año de la muerte de Platón,
subió al poder el partido antimacedónico, de manera que la vida de Aristóteles
peligraba en esa ciudad; máxime que, a diferencia de Espeuspo, también
promacedónico, no era ateniense, sino extranjero. Así, emprendió camino a
Atarneo, abandonando Atenas y emprendiendo, asimismo, el camino a la
conformación de su propia doctrina filosófica, dejando atrás el platonismo, de
manera definitiva, aunque no absoluta, como veremos.
En Atarneo trabajó en sus propias obras bajo la protección
de Hermias, soberano de ese principado. Allí conoció a su inseparable amigo
Teofrasto y a su futura esposa, Pitias. Hacia el año 343, ya por su fama, ya
por su relación con Hermias, o ya por la antigua relación de su familia con la
corte macedónica, Aristóteles le fue llamado por el rey Filipo para encargarle
la educación de su hijo, de trece años de edad, Alejandro. Aristóteles aceptó y
se trasladó a Macedonia. Hacia el año 341 los persas tendieron una emboscada y
luego ejecutaron a Hermias; Pitias, hermana o sobrina de éste, logró escapar,
reuniéndose con Aristóteles; al cabo de un tiempo se casaron. Con ella procreó
dos hijos; un hombre, Nicómaco, que murió siendo muy joven; y una mujer,
Pitias. En el año 340, Alejandro fue declarado regente de Macedonia, mientras
Filipo, su padre, salió a combatir a Bizancio. Hacia el año 338, Macedonia contaba
ya con la hegemonía que históricamente se le atribuye. A partir de la batalla
de Queronea; derrota a Persia y se extiende a Asia y Europa. Algunos autores
sostienen que es hasta este momento en que Aristóteles se encargó de la
educación del joven príncipe; otros, con menos fundamento, que su labor se
extendió hasta el año 335, en que fue asesinado Filipo. Respecto a la
influencia del filósofo en su educando, hay muchas discrepancias; hay quienes
sostienen que fue nula; hay quienes sostienen lo contrario. Lo cierto es que se
trata de dos grandes genios de vasta cultura e irreductible espíritu
independiente.
Alejandro magno, a la muerte de su padre, tomó el trono de
Macedonia. Hacia 335, Alejandro destruye Tebas, y conquista a los atenienses.
Hasta ese momento, Aristóteles logra volver a Atenas, bajo la protección de
Alejandro. Allí, Aristóteles funda una nueva escuela, a la par de la Academia:
el Liceo, así llamada por estar cerca de un jardín dedicado a Apolo Licius.
Düring acierta al afirmar que Aristóteles no vuelve a Atenas “celebrado como el
famoso filósofo. Él era sólo uno entre muchos científicos y maestros
extranjeros que se congregaban en Atenas.” Y tal acierto entraña lo siguiente:
primero, que la expansión del imperio macedónico no significó la destrucción de
las culturas de los pueblos sometidos, sino, por el contrario, el intercambio y
desarrollo cultural, científico y filosófico de las regiones conquistadas. Se
dice, incluso, que “los comienzos de la investigación exacta de la naturaleza han
sido desarrollados por los griegos del periodo alejandrino”, entre los que
destaca, naturalmente, Aristóteles. Por otra parte, siendo griegos, estos
científicos eran considerados extranjeros en Atenas; y carecían de la
protección de sus instituciones; por ello eran protegidos por el imperio
macedonio, y a su caída, expulsados de Atenas.
Aristóteles representó el panhelenismo,
es decir, la idea de extender el dominio helénico (griego) a todo el mundo;
idea que pretendió realizar, y realizó en lo posible, Alejandro Magno. Pero
cuando cayó su imperio, volvió a Atenas el partido antimacedónico, con
Demóstenes a la cabeza, y fueron perseguidos quienes apoyaron al imperio o
tuvieron lazos con él. Aristóteles huyó, por segunda ocasión, hacia el año 321,
acusado de ateísmo (o impiedad, como traducen algunos), como antes lo fueron
Anaxágoras, Protágoras y Sócrates; Aristóteles se refugió en la tierra natal de
su madre, en Calcis de Eubea. , donde un año después murió enfermo, a los
sesenta y tres años de edad. En su testamento cedió su casa a su entrañable
amigo Teofrasto, y la de sus padres a Herpilis, mujer que le hubo prodigado
cuidados en los últimos años de su vida. También externó su deseo de ser
sepultado junto a su esposa Pitias, muerta antes que él.
He decidido incluir este apartado, un tanto esquemático, a
fin de facilitar la comprensión de la filosofía aristotélica en su conjunto.
Toda filosofía, independientemente de que pueda considerársele
o no como ciencia, trata de resolver un problema fundamental: el del ser y la
conciencia, es decir, el de la realidad y el pensamiento. Quienes sostienen que
la conciencia es, para decirlo con Aristóteles, la causa primera que origina
todas las cosas de la realidad, estará en el campo del idealismo; por el
contrario, será materialismo cuando la respuesta conciba a la materia como lo
primario. Si trato de explicar la
realidad que conozco desde el punto de vista de la materia, puedo ser considerado
como materialista. Si, en cambio, lo hago desde el punto de vista de las ideas,
puedo ser idealista.
Aristóteles hace un estudio pormenorizado de las doctrinas
filosóficas de su época; y define, aunque no explícitamente bajo estos
términos, como materialistas a Thales, Anaxágoras, Empédocles, Heráclito y
Demócrito, entre otros; y como idealistas a los pitagóricos y a los platónicos.
La doctrina de Aristóteles nace en medio de la pugna entre ambas corrientes
filosóficas; pugnas que, dicho sea de paso, a veces adquirían características
violentas, precisamente por que unas y otras, en última instancia, representan
intereses materiales de clase; a manera de ejemplo puede citarse la pretensión
de Platón de adquirir los libros editados de Demócrito para quemarlos, así como
la de que éste sufriera la misma suerte que corrían los que eran acusados de
ateísmo: la muerte.
A lo anterior debe anotarse el hecho de que ninguna de
dichas doctrinas era puramente materialista o puramente idealista; sin embargo
se han descrito como tales, a fin de que sea comprendido el fundamento teórico
de cada posición filosófica. Lo cierto es que, de acuerdo con lo anterior,
tales doctrinas podrían definirse como fundamentalmente materialistas o como
fundamentalmente idealistas, si bien las primeras tienen rasgos de las
segundas, o viceversa. Y para el estado de la ciencia y la cultura de la época
que estamos tratando, no podía esperarse otra cosa. Es el desarrollo de estas
últimas el que podría determinar, y de hecho determinó para el siglo XIX, la
conformación de un materialismo científico.
Respecto de la doctrina aristotélica, debe decirse que tenía
elementos de materialismo, fundamentales para el desarrollo de la ciencia, y
elementos idealistas. Esta es la razón por la cual el pensamiento aristotélico
ha sido asumido tanto por los materialistas como por los idealistas de todos
los tiempos. La escolástica, precisamente, lo que hizo fue dar preeminencia al
aspecto idealista.
Para Aristóteles, la filosofía es una ciencia con los
siguientes atributos:
Es un arte, por cuanto estudia lo general, y a través de
éste, lo particular.
Es teórica. No se efectúa con miras a ninguna utilidad, sino
por la admiración que suscita en los sentidos la naturaleza, y en ese sentido,
su propósito es encontrar las primeras causas de las cosas existentes
(metafísica, I, 2.
Es libre, por que depende de sí misma (Metafísica, I, 2.
Es la más divina. Por que busca las causas primeras y los
primeros principios de las cosas existentes, es decir, las causas de la
existencia misma de las cosas que percibimos; y, siendo que todo lo existente
tiene por causa y principio a Dios, se entiende porqué esta ciencia tiene un
propósito divino; además, por tenerlo, esta ciencia es patrimonio de Dios, aunque
el hombre puede aspirar a conocerla, participando del conocimiento divino.
(Metafísica, I, 2.
Una vez definida la filosofía como la ciencia del ser, pasa
al estudio de éste. Aristóteles se pregunta cuál es la causa de todo lo
existente; qué es lo que creó al universo, al mundo, a la naturaleza, etc. Para
encontrar la respuesta, hace un serio estudio de las doctrinas filosóficas de
sus predecesores, siendo el primero en hacer un estudio sistemático de carácter
histórico, sobre las mismas.
Los primeros filósofos, a decir de Aristóteles, y con razón,
consideraron como principio de todas las cosas a la materia, de la siguiente
manera: Thales de Mileto, pensaba que el primer principio de todo lo existente,
era el agua; Anaxímenes de Mileto y Diógenes de Apolonio, creyeron que era el
aire; Hippaso de Metaponte y Heráclito de Efeso, que el fuego; Empédocles de
Agrigento admite cuatro elementos, agregando la tierra a los tres ya nombrados,
mientras que Anaximandro supone que debe ser cualquier otra cosa más densa que
el fuego, pero más sutil que el aire; y Anaxágoras de Clazomenes, pretende que
el número de principios materiales es infinito, pero que, sin embargo, poseen
uniformidad en la sustancia que los conforma, por lo que les llama homeomerias. “Estos elementos subsisten siempre, y no se
hacen o devienen – explica Aristóteles -; sólo que siendo, ya más, ya menos, se
mezclan y se desunen, se agregan y se separan.” (Metafísica, I, 3. Así, la
materia múltiple para Anaxágoras; los cuatro elementos, para Empédocles, el
fuego, el aire o el agua, respectivamente, para los demás, constituían para
ellos el principio y el fin de todo lo que existe. Pero ninguno de ellos logra,
según Aristóteles, dar una explicación suficiente para entender los cambios y
el desarrollo de las cosas. Los primeros filósofos, recién citados, no
resolvían este problema. Ellos creen, según Aristóteles, “que nada nace ni
perece verdaderamente, puesto que esta naturaleza primera subsiste siempre”;
para explicarlo, recurre a un ejemplo magistral y tan sencillo como claro, y
tanto, que pudiera servir para explicar el materialismo actual (en relación con
la indestructividad de la materia):
A la manera que no decimos que Sócrates nace realmente,
cuando se hace hermoso o músico, ni que perece, cuando pierde estos modos de
ser, puesto que el sujeto de las modificaciones, Sócrates mismo, persiste en su
existencia. . . Porque es indispensable que haya una naturaleza primera, sea
única, sea múltiple, la cual, subsistiendo siempre, produzca todas las demás
cosas. (Metafísica, I, 3.
Ahora bien, siendo que Aristóteles admite la existencia
objetiva de las cosas reales, y que admite, por tanto, la existencia de la
materia, no admite ésta como principio de las cosas mismas, como no puede
admitir que la materia sea causa de la materia; por que no alcanza a comprender
que la materia sea capaz de generar su propio movimiento y generación: “Es
indudable que toda destrucción y toda producción proceden de algún principio,
ya sea único o múltiple. Pero ¿de dónde provienen estos efectos y cuál es su
causa? Porque, en verdad, el sujeto mismo no puede ser autor de sus propios
cambios.” (Metafísica, I, 3. Y así, partiendo de que es imposible el
automovimiento de la materia, concluye que el principio del movimiento está y debe
estar fuera de los objetos reales.
De este principio del movimiento de la materia, ajeno a la
materia misma, otros filósofos ya lo habían tratado de encontrar. Los cita
Aristóteles de la siguiente manera:
Hesíodo fue el primero en suponer como principio de
movimiento de los seres, el amor o el deseo; lo mismo, tiempo después,
expresaría Parménides. Anaxágoras y Hermotimo, supusieron luego que dicho
principio podría ser una inteligencia universal – idea con la que concuerda
Aristóteles -. Por su parte, Empédocles, pese a admitir los cuatro elementos de
la materia, afirma que éstos se unen o se desunen por la amistad o la discordia
recíprocas, y en este sentido, por el principio del bien o por el principio del
mal.
Por otra parte, los pitagóricos creían que los principios de
las matemáticas eran los principios de todos los seres. En demérito de ellos
Aristóteles dice que “toman los principios fuera de los seres sensibles”, es
decir, separan los que ellos suponen el principio de las cosas, de las cosas
mismas. Por otra parte, dice Aristóteles, las concepciones pitagóricas sirven
para elevarse sobre el simple conocimiento proporcionado por los sentidos, lo
cual ya es algo positivo.
Finalmente, Aristóteles da cuenta de la doctrina de su
propio maestro: la teoría de las ideas de Platón. Éste, según Aristóteles,
pensaba que el principio de los seres, de la naturaleza y del movimiento, se
hallaba, en efecto, fuera de las cosas en sí. Este principio residía en
considerar que las cosas sensibles no eran más que el reflejo del mundo de las
ideas y, por tanto, la esencia de las cosas permanece separada de éstas.
“Siendo las ideas las causas de los demás seres, Platón consideró sus elementos
como los elementos de todos los seres”(Metafísica, I, 6); Platón coincidía, según
el acucioso estudio de Aristóteles, con los pitagóricos en reconocer a la
unidad como la esencia por excelencia, y a los números como causas de la
esencia de los otros seres: En Platón, dicha unidad se da solamente en el mundo
de las ideas, y no en el mundo sensible, respecto al cual sostiene, a la manera
de Heráclito, que está en cambio perpetuo y no hay ciencia posible de sus
objetos; además, Platón coloca los números fuera de los objetos sensibles,
mientras los pitagóricos pretenden que los números son los objetos mismos. Pero
dejemos a Aristóteles que nos explique, con su natural sencillez, la teoría
platónica:
. . . Platón. . . sólo se ha servido de
dos causas, la esencia y la materia. En efecto, admite por una parte las ideas,
causas de la esencia de los demás objetos, y la unidad, causa de las ideas; y
por otra, una materia, una sustancia, a la que se aplican las ideas para
constituir los seres sensibles, y la unidad para constituir las ideas. ¿Cuál es
esta sustancia? Es la diada, lo grande y lo pequeño. Colocó también en uno de
estos dos elementos la causa del bien, y en el otro la causa del mal; punto de
vista que ha sido más particularmente objeto de indagaciones de algunos
filósofos anteriores, como Empédocles y Anaxágoras. (Metafísica, I, 6.
Véase la maestría de Aristóteles,
que en un solo párrafo logra resumir sustancialmente la doctrina platónica,
determinando las influencias de diversas doctrinas filosóficas en su
composición. Aquí, Aristóteles comienza el estudio de dos conceptos importantes
para su propia teoría: la materia y la esencia; en el caso, los menciona
explicando el uso que Platón les da.
Sin embargo, lo anterior no agota la crítica del académico a
su maestro. Del mundo de las ideas de Platón, dice Aristóteles que ningún
argumento ha demostrado la existencia de ese mundo aparte:
En efecto, según las consideraciones
tomadas de la ciencia, habrá ideas de todos los objetos de que se tiene
conocimiento; conforme al argumento de la unidad en la pluralidad, habrá hasta
negaciones; y, en tanto que se piensa en lo que ha perecido, habrá también
ideas de los objetos que han perecido, por que podemos formarnos de ellos una
imagen. Por otra parte, los razonamientos más rigurosos conducen ya a admitir
las ideas de lo que es relativo y no se admite que lo relativo sea un género en
sí. . .(Metafísica, I, 9.
En este sentido, habrá ideas de las esencias, es decir, de
las cosas que tienen existencia real y diferenciada; pero no puede haber ideas de los accidentes de dichas esencias.
“Luego, idea significa esencia en este mundo de las ideas”, lo cual se
corrobora con la afirmación de que la unidad en la pluralidad es algo que está
fuera de los objetos sensibles: como tenemos dicho, si recuerda el lector, esta
unidad sólo puede darse en el mundo de las ideas (véase supra), mientras que la
pluralidad se da en el mundo sensible. “Y si las ideas son del mismo género de
las cosas que participan de ellas, habrá entre las ideas y las cosas una
relación común”; refiérese aquí Aristóteles a la diada, que de acuerdo con este
argumento es la cosa que participa tanto de las ideas como de las cosas, y en
este sentido, pierde significación la distinción que hace Platón al respecto,
según la cual la diada es infinita cuando la unidad forma las ideas, y es
particular y perecedera cuando las ideas forman las cosas. Finalmente, de la
cita que antecede debemos anotar, junto con Aristóteles, que “si no hay
comunidad de género, no habrá entre ellas (las ideas y las cosas) más de común
que el nombre; y será como si se diese el nombre de hombre a Callias y a un
trozo de madera, sin haber observado ninguna relación entre ellos” (Metafísica,
I, 9.
Por otra parte, aceptar el mundo de las ideas de Platón,
llevaría, según Aristóteles, a la duplicación de todos los seres, de todas las
sustancias existentes; un hombre, por ejemplo, sería una sustancia en el mundo
sensible, que tendría su correspondiente
idea en el mundo platónico; pero esta relación supone, necesariamente,
la existencia de un tercer hombre, con el cual pudieran compararse el hombre
real y la idea; y este tercer hombre, a su vez, supondría la existencia de un
cuarto, para el mismo efecto; todo lo cual supondría una multiplicación
infinita de ideas y hombres, que no tiene sentido. En otros términos: cuando
decimos que un hombre se pasea, no podemos afirmar, al mismo tiempo, que este
hombre es imagen de una idea de las existentes en el mundo de las ideas; por
que éstas son inmóviles, y el hombre a
que nos referimos se mueve; y por que son generales, y no pueden referir a ningún
hombre en particular; por tanto, se requiere necesariamente suponer la
existencia de un tercer hombre, distinto a los dos mencionados, para que la
referencia sea coherente; pero éste tercero, supone la de un cuarto hombre, y
así sucesivamente. Además:
Una de las mayores cuestiones de difícil
resolución sería demostrar para qué sirven las ideas a los seres sensibles. . .
Por que las ideas no son, respecto de ellos, causas de movimiento, ni de ningún
cambio; ni prestan auxilio alguno para el conocimiento de los demás seres, por
que no son su esencia, pues en tal caso estarían en ellos. Tampoco son su causa
de existencia, puesto que no se encuentran en los objetos que participan de las
ideas. (Metafísica, I, 9.
Aristóteles concluye, luego de
examinar a todos los filósofos que le antecedieron, que ninguno de ellos logra
resolver el problema de los principios y de las causas de todo lo existente, y,
aunque sólo Platón se acerca a la solución de la relación entre forma y
esencia, no logra resolverla definitivamente, por que al recurrir a las ideas y
sus elementos, no considera estas ideas ni a sus elementos como los principios
del movimiento de los objetos sensibles, y además las concibe separadas de
éstos; las ideas en Platón son más bien causas de inmovilidad y de
inercia. En suma, pues, ningún filósofo
tiene por causa ni a la esencia ni a la forma, ni reflexionan acerca de cómo se
da la producción de los seres, ya de los constituidos por materia, ya de los
incorporales, sostiene Aristóteles.
La significación histórica de estas críticas, reside en el
tratamiento científico de la filosofía, misma que debe ser adecuada para
conocer la verdad de las cosas sensibles, sus principios y causas primeras, en
general; y en segundo lugar, en la consideración de que la esencia de las cosas
es inseparable de las cosas mismas. Por
otra parte, la crítica al idealismo platónico, debe considerarse como una
crítica al idealismo en general, en virtud de que la crítica se hace contra los
fundamentos mismos de éste.
El estudio que acabo de reseñar, y otros similares,
convirtieron a Aristóteles en el primer historiador crítico de filosofía.
Ahora bien, ¿cómo resuelve Aristóteles mismo el problema del
ser, de sus primeras causas y su movimiento, es decir, cómo resuelve el
problema fundamental de lo que él llamó primera filosofía?
Como hemos visto, Aristóteles estudió el pensamiento filosófico de su época, y el
anterior, concluyendo que ningún filósofo había podido encontrar las primeras
causas del origen de las cosas, ni los primeros principios que permiten que
unas cosas se transformen en otras. Él, por su parte elabora una teoría que
supone la existencia de cuatro causas del ser. Hay quien llama a esta teoría de
las causas, la teoría de la realización del ser.
Esta primera causa es “la esencia, la forma propia de cada
cosa, porque lo que hace que una cosa sea, está toda entera en la noción de
aquello que ella es; la razón de ser primera, es por tanto, una causa y un
principio” (Metafísica, I, 9. Es “la noción de la esencia” (Metafísica, V, 2.
Esta definición, sin embargo, no debe tomarse al pie de la
letra, sino bajo la siguiente consideración: que la forma es la esencia del ser
en acto.
Para Aristóteles, toda cosa es materia provista de forma; la
materia es informe, y sólo cobra existencia a través de la forma. Quizás podría
servir el siguiente ejemplo para una mejor comprensión: imaginemos una nebulosa
formada de todo lo necesario para la existencia de las cosas; ésa sería la
materia: sin forma, sin concreción; sólo la forma es la que moldea las cosas,
tomando de esa materia lo que necesita para darles existencia. Como, asimismo,
la materia sólo existe por la forma, la forma designa el carácter distintivo
del ser. La materia lleva en sí misma la posibilidad de su propio desarrollo,
posibilidad que sólo se hace realidad mediante la acción de la forma, que
actualiza la materia.
Ésta es “la materia, el sujeto” (Metafísica, I, 3. Es
aquello de que se componen las cosas, el sustrato último de todas las cosas:
“el bronce es la causa de la estatua, la plata de la copa, y, remontándonos
más, lo son los géneros a que pertenecen la plata y el bronce”(Metafísica, V,
2)
La materia, en estricto sentido, también puede definirse
como la sustancia del ser; incluso con mayor propiedad que la forma,
anteriormente explicada. El caso es que la materia es la sustancia del ser en
potencia, mientras que aquella lo es en el acto.
Ésta es “el principio del movimiento” (Metafísica, I, 3.
También se dice que es “el primer principio del cambio o del reposo. El que da
un consejo es una causa, y el padre es causa del hijo; y en general, aquello
que hace es causa de lo hecho; y lo que imprime el cambio lo es de lo que
experimenta el cambio.” (Metafísica, V, 2. Siguiendo con el ejemplo del inciso
anterior, la estatua tiene por causa el arte del estatuario.
Ésta, que corresponde a la causa eficiente, es “el bien,
porque el bien es el fin de toda producción” (Metafísica, V, 3. El fin, según
Aristóteles, es “aquello en vista de lo que se hace una cosa. La salud es causa
del paseo. ¿Porqué se pasea? Para mantenerse uno sano, respondemos nosotros; y
al hablar de esta manera, creemos haber dicho la causa.” (Metafísica, V, 2.
Es concebida erróneamente por Aristóteles como "aquello
por lo cual" se produce todos los fenómenos naturales. Abrazando en este
caso las posiciones del idealismo, afirma que todo fenómeno lleva implícito
desde siempre un fin interno (entelequia) de su desarrollo. En esto se deja
sentir la concepción finalista de los fenómenos naturales que es inherente a la
filosofía aristotélica, concepción que ve dichos fenómenos a semejanza de la
actividad finalista del hombre. . .
Aristóteles explica su teoría de las cuatro causas con ayuda
del siguiente símil: el arquitecto que construya una casa y su propio arte son
la causa eficiente; el plan es la forma; el material de la obra es la materia,
y el edificio ya terminado, la causa final o fin. El carácter dialéctico de
estas tesis estriba en que consideran la materia y la forma en su unidad.
Aristóteles desarrolla la idea de la interdependencia de la materia y la forma y del devenir de los fenómenos
naturales como proceso en el que la materia adquiere una forma.
Por otra parte, si es equívoca
esta teoría de la causa final por no reflejar la realidad sensible, también lo
es desde el punto de vista lógico; la causa final:
Es el propósito que el artífice tiene. Pero el propósito que
el artífice tiene, ¿cuál es? Si el propósito
que el artífice tiene es crear un objeto, el cual a su vez sirva para
algo, ¿cuál es su propósito? ¿la creación del objeto o aquello otro para lo
cual el objeto sirve?...¿”y esto” es a su vez el último fin que ha tenido el
artífice, o no será sino un medio para otro fin ulterior? Y tendremos aquí una
progresión infinita... “ahora bien, suponiendo que el fin último sea la
creación del objeto” entonces la causa final se confundiría con la causa
formal.
Ahora bien, concluido lo
anterior, podemos pasar a la llamada teoría aristotélica de la estructuración
del ser, de la que hemos venido adelantando algunos elementos. La anterior se
refiere a las causas de su génesis; a cómo deviene en la realidad sensible.
Ahora veremos sus elementos constitutivos, cómo se conforma.
Aristóteles plantea que el ser es materia y forma (por lo
que a su teoría se le tiene como hylomorfista; hyle=materia, morfo=forma.
Materia y forma son, para él, una y la misma cosa; sólo que la materia es el
ser en potencia, y la forma es el ser en acto (Metafísica, VIII, 6. El ser, en
su acepción primera o fundamental, tomado en su sentido absoluto, es la
esencia, es la sustancia, o el sujeto sensible.
Debido a esta composición, a la sustancia se le concibe de
tres maneras distintas: como materia, como forma, o como la unidad de materia y
forma. Pero en los tres casos, la sustancia es lo universal.
Se considera la forma como sustancia cuando se le supone
anterior a la materia, y por tanto, no se le tiene como atributo de otra cosa
superior, sino, por el contrario, todo es atributo de la forma. Por ejemplo, en
la realización de una estatua, donde la materia es el bronce y la forma la
figura ideal, ésta precede en todo, a la realización de aquélla.
Sin embargo, Aristóteles niega que sea posible esta
concepción, porque es insuficiente y oscura, en virtud de que la materia no
puede concebirse de otro modo, más que como sigue:
La materia es necesariamente la única sustancia; y llamo
materia lo que no tiene en sí ni forma, ni cantidad, ni ninguno de los
caracteres que determinan el ser; porque hay algo de lo que cada uno de estos
caracteres es atributo, algo que difiere, en su existencia, del ser según todas
las categorías. . . La materia primera es, por tanto, aquello que, en sí, no
tiene forma, ni cantidad, ningún otro atributo. (Metafísica, VII, 3.
Esta acepción, aunque más
acertada para Aristóteles que la anterior, tampoco satisface a nuestro
filósofo. Por que con esta acepción, la sustancia parece algo separable de sus
demás atributos, incluso de la forma.
Es la sustancia realizada, ésta nace de dicha unidad, y es
la acepción más apropiada al caso en estudio. Sólo en esta acepción Aristóteles
concibe el movimiento:
. . . la única cosa que deviene o se hace, es la reunión de
la forma y de la materia, porque en todo ser
que ha devenido, hay materia: de una parte la materia, de otra, la
forma. (Metafísica, VII, 8.
Me he atrevido a anotar las tres acepciones, cuando pude
anotar sólo la tercera, que es la aceptada por Aristóteles como correcta,
porque inexplicablemente hay una gran confusión entre los comentaristas e
historiadores al respecto. La mayor
parte de ellos suponen que la acepción aristotélica de sustancia es la señalada
en el inciso b).
De la exposición que precede podemos desprender el
significativo aporte de Aristóteles a la filosofía: concibe, de manera
dialéctica, al ser como la unidad de la materia y la forma, unidad de carácter
dinámico, por la cual concibió Aristóteles la producción, reproducción y
desarrollo de los animales y los hombres, es decir, superó, en este punto, su
propia teoría de la entelequia, por la cual se supondría la ausencia de la auto
producción y el automovimiento, el cual está implícito en esta doctrina. Cierto
es que Aristóteles no alcanzó a definir los conceptos a que aludimos en esta
dualidad en los términos que hoy aceptamos; sin embargo, sentó uno de los
primeros precedentes que sirvieron a la formación de los conceptos de materia y
forma, así como el inicio del estudio de los conceptos de sustancia, esencia, y
todo ello tratado bajo el punto de vista de las categorías dialécticas del
movimiento, del acto y la potencia, de la posibilidad y la realidad.