Universidad Abierta
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EL PAPEL DE LOS PADRES DE FAMILIA
EN LA EDUCACIÓN BÁSICA DE SUS HIJOS
EVARISTO VELASCO ÁLVAREZ
UNA FORMA, SENCILLA Y PRÁCTICA, DE CUMPLIR CON LOS HIJOS, LA SOCIEDAD Y LA FAMILIA.
El padre y la madre de
familia, hoy en día, por las actividades tan absorbentes y agotadoras que
significan el tener que trabajar ambos, fuera del hogar para mantener los
gastos de la familia, han provocado un sordo pero sentido desprendimiento
familiar de padres e hijos en lo que se refiere a la educación básica, esto es:
preescolar, primaria y secundaria.
Es muy común ver este cuadro:
Muy temprano, la madre y el
padre se levantan a tomar su desayuno y a preparar el de sus hijos, quienes
estarán en la escuela desde las 8:00 hasta las 13:00 hrs. El padre y la madre
irán a trabajar a lugares muy distantes y en la mayoría de los casos, en cosas
encontradamente distintas.
Posiblemente alrededor de las
15:00 hrs. la madre habrá llegado (si es que su trabajo es de medio día), y
cansada y todo tiene que continuar trabajando en arreglar la casa (barrer,
trapear, recoger, etc.), y además preparar la comida para la familia.
Para cuando esto esté pasando,
seguramente que (si es que el padre puede ir a comer a casa), el padre habrá
llegado, malhumorado por el trabajo agobiante y lo poco que le rinde el
salario, con hambre mecánica, la mayoría de las veces (digo mecánica porque su
verdadera hambre es de dinero suficiente que le alcance para poder satisfacer
todas las necesidades de su familia, más que sentir hambre física de
alimentos).
Sin siquiera saludar, en la
mayoría de los casos, el padre se irá a lavar las manos y se sentará a la mesa,
mientras su esposa, quien estará en esos momentos muy entretenida con sus
pensamientos y sus propios problemas, personales y laborales, tampoco saludará
y sólo hará su acostumbrado y mecánico grito de: “vénganse a comer...”
Seguramente que los hijos
estarán viendo algún programa en la televisión o peleándose entre ellos, con lo
que provocan que se desborden los ánimos de los padres y que lleguen hasta a
ofenderse con gritos y frases hirientes como: ¡¡¡Oye mujer, por qué no callas a
tus hijos!!!, ¿es que no se puede estar con tranquilidad en esta casa?, ¡¡¡Ya
mucho hago con trabajar como burro todo el día para mantenerlos, como para
tener que soportar a estos latosos!!!
...O bien: ¿Qué no puedes
ayudarme ni callando a los muchachos, mientras hago la comida?, ¡¡¡tú qué, ¿verdad?
¡¡tú nomás llegas y te sientas!!...que al cabo aquí tienes a tu sirvienta...!!!
Los hijos estarán muy
pendientes de todo esto y estarán aprendiendo que el hogar no es el lugar
idóneo para estar en tranquilidad, sino el lugar donde los miembros de la familia
se reúnen a diario para ofenderse, golpearse, abusar unos de otros, etc.
Si la madre no va a trabajar
por la tarde, seguramente que se sentará frente al televisor a disfrutar de sus
novelas, mientras los hijos harán lo propio con sus caricaturas o programas
televisivos, o con sus nintendos, y demás juegos de moda.
Toda la labor que el maestro o
la maestra hayan realizado en favor y beneficio de la educación de los hijos,
en los primeros cinco minutos de convivencia familiar se habrán borrado y todo
habrá sido en vano.
Por la noche, ya el nivel de
buen humor y alegría de los padres habrá llegado a ser tan espantosamente
contrario, que las caricias, las frases hermosas y galantes, las miradas
tiernas y enamoradas se habrán tornado en coraje total.
El padre llega física y
moralmente deshecho, mientras que la madre sólo tiene quejas para dar, ya no
habrá lugar para poder platicar entre marido y mujer la mejor forma de poder
vivir y llevar la familia.
Las expresiones de amor a los
hijos por los padres o de los hijos a los padres son casi nulas. Es mucho más
común que el padre golpee a los hijos por tal o cual queja que la madre le
haga, por las mil y una travesuras o desobediencias en las que hayan incurrido
los hijos más que las caricias o frases de amor filial o paterno se externen.
Las mentes infantiles son meramente un caos y se recluyen en su propio mundo,
olvidándose de que la familia es precisamente la célula mínima del desarrollo
de una sociedad.
¿Revisar tareas?, ¿Preguntar a
los hijos por sus problemas personales?, ¿Sentarse con ellos a conversar en
familia?, Sí... como no...!!!
Es muy común y natural en
estos casos que los hijos no sientan ni amor ni respeto por sus padres, sino
más bien, creen que los padres están obligados a satisfacer todas sus
necesidades, QUE AL FIN Y AL CABO... YO NO PEDÍ QUE ME TRAJERAN AL MUNDO...
AHORA ME TIENEN QUE CUMPLIR, SI NO, ¿PARA QUÉ ME HICIERON?
Ven en la madre a la sirvienta
que está obligada a tenerles la casa, el vestido y los alimentos preparados y a
tiempo mientras que en el padre no ven sino al ser odioso al que tienen que
soportar porque es quien aporta el dinero.
Lo peor es que en muchas de
las ocasiones, los padres ven en los hijos la causa de todos sus problemas y
angustias.
Se casaron para ser felices y
ahora no lo pueden ser porque la carga de los hijos no se los permite. Es una
situación en la que todos reniegan de todos y nadie se siente obligado a apoyar
a nadie. Es una guerra sin cuartel del diario de todos contra todos.
Tanto el marido como la esposa
sólo son ese extraño con el que realizan el sexo de vez en cuando: pero que no
sabe ni conoce nada de mis problemas...
LA REALIDAD:
Ante esta situación tan real,
¿qué podemos hacer?
Ante la hiriente realidad y
enfrentados al futuro, ¿qué podemos hacer?
Porque, darse cuenta de la
realidad no es muy difícil que digamos, pero encontrar respuestas a las mil
interrogantes que se nos presentan, eso si que no es muy sencillo...
¿Necesitaremos de la ayuda
profesional de un consejero matrimonial o de un psiquiatra para que nos
clarifique el camino a seguir?
¿Será lo más recomendable
refugiarnos en las cuestiones y las prácticas religiosas y dejar todo en manos
de DIOS?...
¡¡No señor...!! Ni lo uno ni
lo otro.
Bueno, lo primero que tenemos
que hacer es darnos cuenta de que esta situación es real, tan real que estamos
inmersos en ella y que nos está aprisionando; luego vendrá el mejor momento,
preguntarnos a nosotros mismos si queremos que esta situación cambie o no...
Si la respuesta es un sí, profundo,
verdadero, sentido realmente, lo primero que tenderemos que hacer es cambiar
nosotros. No podemos provocar un cambio en los demás y en nuestro entorno si no
cambiamos primero nosotros mismos. El cambio siempre se tendrá que dar de
dentro hacia afuera.
EL CAMBIO:
I.- PREGUNTAS CLAVE:
¿QUIÉN SOY?
¿DÓNDE ESTOY?
¿HACIA DÓNDE VOY?
¿HACIA DÓNDE QUIERO IR?
¿QUIÉNES SON LOS QUE VIVEN
CONMIGO?
¿QUÉ ESTOY DISPUESTO A HACER
PARA CAMBIAR?
¿CUÁNDO QUIERO QUE SE DEN LOS
CAMBIOS?
¿ACTUALMENTE, QUÉ HAGO?
¿QUÉ QUIERO HACER?
¿CUÁLES SON MIS ACTITUDES
ACTUALES?
¿QUÉ HAGO PARA MANTENER VIVO
EL AMOR EN MI PAREJA?
¿QUÉ HAGO PARA DEMOSTRAR MI
AMOR Y CARIÑO A MIS HIJOS?
¿REALMENTE ME PREOCUPO POR LOS
PROBLEMAS DE MI PAREJA Y DE MIS HIJOS?
¿REALMENTE ME PREOCUPA LA FORMACION
MORAL DE MI FAMILIA? (MORAL NO ES LO MISMO QUE RELIGIOSO)
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II.- DESARROLLO DE MIS
RESPUESTAS:
Antes de seguir adelante es
conveniente que nos detengamos a meditar con profundidad cada una de las
preguntas que se nos hacen y mentalmente vayamos configurando respuestas para
cada una de ellas.
Es también muy conveniente que
nuestras respuestas no sean una forma de justificarnos, culpando a los demás de
nuestros problemas, sino de encontrar realmente las
III.- MECÁNICA SUGERIDA PARA
QUE SUS RESPUESTAS Y PROPÓSITOS TENGAN UN MAYOR ECO:
Involucre a su pareja:
Adquiera otro ejemplar del presente documento y regáleselo a su pareja
diciéndole con una frase bonita que está usted interesado en que lo lea y que
quiere conocer su opinión al respecto.
Es conveniente que se fijen
una fecha y hora para discutir este asunto.
Sea tolerante con su pareja y
permita que sea él o ella quien determine la fecha y hora de su primer
discusión. Aclaro que discusión es un término adecuado, que no tiene nada que
ver con mantener pláticas problemáticas con alguien, sino externar sus diversos
puntos de vista en relación a un mismo problema y llegar a conclusiones que a
todos convenzan.
Es muy conveniente que escriba
sus respuestas y que su pareja también lo haga. Cuando escribimos, no tan sólo
manifestamos nuestro pensamiento común, sino que además al escribir nuestras
respuestas nos comprometemos más con nosotros mismos a cumplir y respetar
nuestros compromisos.
Cuando usted y su pareja ya
hayan respondido a las preguntas que se enumeran y las que entre los dos hayan
formulado, pásense sus escritos para que el otro se entere de su pensamiento
con mayor profundidad.
Si algo no es comprendido a
totalidad por el lector, durante este ejercicio, es conveniente que se hagan
preguntas directas para aclarar dudas.
Discutan sus puntos de vista y
lleguen a conclusiones matrimoniales de sus respuestas y escríbanlas con tinta
y fírmenlas. No es una sangronada el hecho de firmar, sino un compromiso muy
profundo que habrá que respetarse hasta sus últimas consecuencias.
Al discutir, omita totalmente
frases que comiencen con:
-- Tú
siempre.../ nunca.../ jamás...
-- Yo siempre.../ nunca.../ jamás...
-- Tú no...
-- Yo no...
No se levantará la voz por
ninguno de los dos y mucho menos se gritará.
En ningún momento se hará
referencia a hechos vergonzantes que provoquen malestar a la pareja, ni se
pronunciarán palabras altisonantes, ni tonadas que lleven la intención de
ofender o herir.
No importa cuál sea el
concepto personal que usted tenga de Dios, no importa cómo lo llame (Fuerza
suprema, el creador, el omnipotente, la naturaleza, etc., porque en realidad
¿quién conoce el verdadero nombre de Dios?), procure que todos sus pensamientos
y acciones estén realizados o sean realizados en el nombre de Dios, e invoque
siempre su presencia, al mismo tiempo que le agradece por tantas cosas que
tiene y que no se había dado cuenta.
No olvide que se está jugando
el futuro de usted y de su familia. De ahí que tenga presente la gran importancia
que le debe prestar a lo que haga.
IV.- ¿BUENO, Y LOS HIJOS...
QUÉ?
Indiscutiblemente que si
queremos que la armonía reine en nuestro hogar, los hijos deberán de formar
parte de las discusiones, no importa cuál sea su edad o sexo, siempre que estén
también dispuestos a involucrarse en la resolución de los problemas de todos
los miembros de la familia.
Es muy común que nos quedemos
de ojos cuadrados con las respuestas tan sesudas y tan simples que nos
presentarán nuestros hijos por muy pequeños que sean.
Usted y su pareja, después de
haber dado respuesta a las preguntas aquí diseñadas y las que ustedes hayan
querido agregar, deberán de platicar con todos y cada uno de sus hijos e
involucrarlos a todos en la misma dinámica.
Es recomendable que se cite a
todos los hijos a una fecha y hora determinada por ustedes como pareja, pero
que sea cómoda para todos, para que los compromisos a los que se llegue estén
avalados por todos los miembros de la familia y que la solución a los problemas
sea cuestión de todos.
Eviten hasta donde sea posible
el hablar separadamente con sus hijos cuando se discutan problemas que competan
a toda la familia, no vaya a creerse que hay predilección por alguno de los
hijos en particular.
¿Recuerda usted las frases:
“hacia donde tu vas, de allá yo ya vengo... Yo también fui joven y fui de tu
edad... que me puedes tú enseñar a mí si soy tu mayor... etc.?”
¿Cree usted que esas frases
tienen razón de ser o son muletas mentales que nos permiten formar barreras
entre nuestros hijos y nosotros? Si son esto último, destrúyalas y no las
utilice. Deje que los demás le reconozcan sus conocimientos y habilidades y no
se las sobresalte usted mismo, no vaya a tener que arrepentirse de usarlas...
Seguramente que habrá
escuchado que no se pueden tener excusas y respuestas al mismo tiempo. No vaya
a poner atención en las frases que comienzan con:
-- Ahorita no tengo tiempo...
-- No estoy para experimentos...
-- Eso no funciona...
-- Mi compadre dice que eso no sirve...
-- No, yo no puedo cambiar...
-- Eso es muy difícil de aplicar...
-- etc.,
Cualquiera de ellas son
precisamente principios de las excusas más conocidas. Y usted no puede tener
soluciones a sus problemas si deja que las excusas le coman el mandado.
CONCLUSIÓN.
Con la seguridad de que si
usted aplica con una conciencia real, profunda, y con un espíritu de deseo de
solución a sus problemas, seguramente que encontrará que la armonía, la paz y
el calor hogareño de su familia será de tal magnitud que ni los más enconados
problemas habrán de destruirle ni individual ni colectivamente. Sólo le
puntualizo tres cosas:
Usted es la causa y la
respuesta de todos sus problemas, no culpe a nadie más que a usted ni felicite
a nadie más que a usted de todo lo que le suceda.
La educación de sus hijos es
responsabilidad de usted y su pareja, de nadie más. La escuela es para que se
formen hábitos y habilidades de conocimiento y de convivencia con diferentes
miembros de la sociedad. La escuela informa, el hogar y la vida familiar educan
y forman.
El fin primario y último de la
creación es que usted sea feliz. De usted depende que la felicidad sea realidad
en su vida o que usted viva una vida de todos los infiernos.
¿Que qué debemos hacer como
padres de familia para apoyar a nuestros hijos que estudian la educación
básica?
¡Hombre, creo que después de
encontrar sus respuestas a las preguntas aquí formuladas y las que por su
cuenta como pareja respondan, no habrá ninguna duda del papel que los padres de
familia tenemos que asumir! ¿O no?
Y prepárese a dormir y
respirar tan profundo que todos sus males comenzarán a dejar de serlo y su vida
tendrá un giro de 180° de tal manera que sus amistades le dirán: “Oye, pareces
otro, mira como has cambiado...”, o las más hirientes le dirán tal vez: “¿Que
te volviste mandilón y ya no te dejan salir a echarte una copa?
A esas expresiones no les haga
caso. Total, ellos ni son de su familia, y algo más... involúcrese con la
escuela de sus hijos. Ayude a los maestros a ser mejores conductores de la educación
de sus hijos. Es su derecho y su obligación.
RECOMENDACIONES FINALES:
Conserve los papeles en los
que usted, su esposa y sus hijos escribieron sus compromisos y el producto de
sus discusiones.
Con ellos elabore un PLAN DE
TRABAJO FAMILIAR en el que se definan las actividades fundamentales a las que
se someterán todos y cada uno de los miembros de la familia.
Elabore en seguida un PLAN
PERSONAL DE TRABAJO para cada uno de los miembros de la familia. En él
especifique con claridad qué actividades hará cada quien.
Cite a todos los integrantes
de la familia y en una sesión muy formal, invite a todos a leer sus propias
obligaciones y las de los demás, para que la armonía y el interés de todos para
con todos se mantenga.
Después de que se hayan hecho las
correcciones y adecuaciones convenientes, pida a todos que firmen todos los
documentos; tanto el propio como los demás, para ser testigo de todo.
Ya firmados los documentos,
péguelos en la parte de adentro de la puerta de los cuartos de cada quien, para
que sirva de recordatorio.
En el caso de los documentos
que son el PROGRAMA DE TRABAJO DE LA FAMILIA, bien puede pegarse en la parte de
adentro de la puerta principal. Así al entrar y salir de casa nos damos cuenta
de nuestros compromisos.
Pongámosle fecha de término a
los documentos (de ____ a ____), y al final de cada periodo hagamos una reunión
de evaluación con todos los miembros de la familia.
Si se precisa hacer una
modificación al Programa General de la Familia, citemos a todos los miembros
para realizarlo. De otra suerte es posible que el cambio no sea aceptado y que
se convierta en el punto fundamental para comenzar con problemas.
EJEMPLO DE PROGRAMAS:
A.- Programa General de la
Familia:
B.- Programa personal de
trabajo de Papá:
C.- Programa personal de
trabajo de Mamá:
D.- Programa personal de
“María” (13 años):
E.- Programa personal de
“Raúl”(9 años):
Ser feliz es el principal
propósito que tenemos en esta vida, así que mientras más esfuerzos hagamos por
lograr que esto se haga realidad, mejor viviremos.