Universidad Abierta

 


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JUAN JACOBO ROUSSEAU Y “EL EMILIO”

 

EVARISTO VELASCO ÁLVAREZ

 

 

JUAN JACOBO ROUSSEAU Y "EL EMILIO"

DATOS BIOGRÁFICOS.

 

Juan Jacobo Rousseau nació en Ginebra, Suiza, el 28 de junio de 1712, de familia humilde y protestante calvinista. Huérfano de madre a pocos días de nacido, Su padre le enseña a leer y escribir y lo inicia en los estudios históricos y literarios. Juntos leen a Bossuet, La Bruyère, Ovidio, Plutarco, etc. Muy joven aún (no cumplía los 12 años), cuando su padre huye de Ginebra para no ser prisionero de la justicia. Juan Jacobo busca trabajos, pero en ninguno es constante. Aprende el oficio de grabador pero a los 16 años abandona Ginebra y su oficio.

En su deambular por Europa, conoce al cura Benoit de Pontverre y a madame Warens. Ella lo envía a Turín, al Hospicio de los Catecúmenos y en 1728 se convierte al catolicismo. En Turín conoce al abate Gaine a quien dedicó su obra "Profesión de fe" , mismo que luego inserta al "Emilio"  como un capítulo. Luego regresa con su protectora partiendo luego a París, regresando con ella a Chambery, en donde estudia: música, literatura francesa, filosofía: (Descartes, Locke, Leibnitz y otros).

En 1742 regresa a París en donde busca que la Academia de Ciencias adopte un nuevo método de notación musical de su invención, pero a la academia no le interesó su proyecto. Para sostenerse se emplea como secretario del Embajador de Francia en Venecia. Se interesa por la vida política y escribe su "Contrato Social".  Regresa a París en 1744 donde escribe óperas de éxito pequeño; ahí se relaciona con Diderot.

En 1749 la Academia de Dijón convoca a un premio a un ensayo que respondiera a la cuestión: "si en progreso de las artes y las ciencias han contribuido a la purificación o a la corrupción de las costumbres". Rousseau presenta su ensayo: "Discurso sobre las ciencias y las artes"  diciendo y fundamentando que las ciencias y las artes han corrompido las costumbres, obteniendo el premio el que le trae reconocimiento general y las primeras divergencias con los enciclopedistas, sus amigos.

En 1753 participa en el concurso, en donde su discurso acepta las desigualdades sociales, consecuencias de la sociedad civil, que tiene finalmente su origen en la propiedad privada. La academia ni le reconoce su trabajo ni le otorga el premio.

En 1754 regresa a Ginebra y al protestantismo, deviniendo en idas y venidas a París, donde finalmente en 1760 publica su novela "La nueva Eloisa" y en 1762 su tratado sobre educación conforme a la naturaleza, el "Emilio", lo mismo que "El Contrato Social". Un mes después de su aparición, el "Emilio" es confiscado y quemado en las escaleras del palacio de justicia de París. En Ginebra son confiscados el "Emilio" y "El Contrato Social" son confiscados y Rousseau es obligado a huir de la justicia y salir de Francia. Hume intercede para que se refugie en Inglaterra, donde vive entre imaginarias persecuciones, muestras de una locura insana. En 1767 se embarca a Francia, en donde muere en julio de 1778, después de sufrir hostigamientos reales, gran pobreza y el agravamiento de su hostilidad imaginaria.

 

EL EMILIO

 

"Todo sale perfecto de las manos del creador de la naturaleza; en las manos del hombre todo degenera".

 

A)      LA FORMACIÓN DEL HOMBRE NATURAL

 

1. Rousseau distingue entres tres educaciones: la de la naturaleza, la de los hombres y la de las cosas. La primera consiste en el desarrollo interno de nuestros órganos y facultades; la segunda consiste en el empleo que los hombres nos enseñan a darle a aquel desarrollo; la tercera la debemos a la enseñanza que obtenemos de nuestras particulares experiencias con los objetos, de las impresiones de las cosas que nos rodean. La distinción entre un gran papel en la doctrina, pues nunca se hallará bien educado aquel que obtenga de estos tres maestros lecciones contradictorias. Y como sólo somos responsables de la educación de los hombres, la educación armoniosa resulta casi imposible. Lo más que puede hacerse es acercarse a su propósito, que no es otro sino el mismo de la naturaleza, palabra cuyo significado expone Rousseau en los Términos que ahora veremos.

Somos seres sensibles; las cosas que nos rodean nos producen impresiones. Cuando llegamos a ser conscientes tendemos a conservar o evitar los objetos que las promueven, primero por el placer o desagrado que los acompañan, y después en razón del juicio que de la idea de felicidad, ofrecida por la razón, formamos en base a tales sensaciones. "Estas disposiciones de simpatía o antipatía crecen y se fortalecen a medida que aumenta nuestra sensibilidad y nuestra inteligencia; pero tenidas a raya por nuestros hábitos, las alteran más o menos nuestras opiniones. Antes de que se alteren constituyen lo que yo llamo en nosotros naturaleza".

 

2. El sistema en la educación consistirá en referirlo todo a esas "disposiciones primitivas"; pero el problema que se le plantea a Rousseau y que se percibe a lo largo de la obra es el de elegir entre formar un hombre o formar un ciudadano, pues parece inevitable la oposición de la naturaleza a las instituciones sociales. Se impone formar al ciudadano. ¿Cómo resolver el conflicto? La solución que da es la de modificar al hombre siguiendo sus tendencias naturales, no contraviniéndolas. Reconoce que serán instituciones buenas las que sepan introducir el yo, la personalidad en la comunidad.

Por lo que se refiere a los fines particulares de la educación, expresa su indiferencia por los objetivos concretos que se le asignan. No le interesa educar para magistrado, militar, sacerdote, etc. A despecho de los cambios que el azar le depare, su discípulo sabrá siempre estar en su lugar. El oficio que quiere enseñarle es el de vivir. Por esta razón, la verdadera educación no ha de consistir tanto en preceptos como en ejercicios. El maestro no debe dar preceptos, "debe hacer que los halle su alumno".

Para cumplir sus propósitos con su alumno imaginario, a quien llama Emilio, lo prefiere de entendimiento ordinario, pues ha de ser rico. La razón de esto último es que un niño de esa clase necesita más que cualquier otro de educación, la que obtendrá en el campo, lejos de las viciadas costumbres de las ciudades.

 

3. Siguiendo siempre la "senda de la naturaleza", a la primera infancia se le han de procurar cuidados consecuentes con su carencia de fuerzas, que no son suficientes siquiera para sus naturales exigencias. Debe dejarse a los niños que las usen en toda su potencia. Tratándose de necesidades físicas es forzoso ayudarles y proveerles de lo que no tienen. La ayuda ha de ser de utilidad real; nada debe responder al capricho. El valor de este código reside en que deja al niño gran libertad, le permite que se mueva más por sí mismo y pida menos de los que le atienden.

Cuando el niño empieza a hablar, se inicia lo que Rousseau llama el segundo escalón e la vida; es cuando el llanto disminuye, cuando usa palabras para expresar sus dolores. En esa edad, Emilio no ha de crecer sin experimentar sufrimiento; necesita saber padecer y es lo primero que debe aprender. Ahora bien, el sentimiento del dolor y se acompaña del deseo de suprimirlo y toda idea de placer se une al deseo de disfrutarlo. Mas los deseos suponen privaciones y éstas se acompañan de pena. Según estas consideraciones, nuestro sufrimiento se entiende como una desigualdad entre nuestros deseos y nuestras facultades.

De ahí que la verdadera felicidad se encuentre impidiendo el exceso de deseos en relación con las facultades. Esto es lo que ha establecido la naturaleza; no da al hombre más deseos que los requeridos para su conservación, ni más facultades que las exigidas para su satisfacción. De esta manera tenemos que el estado primitivo es el del equilibrio entre el deseo y su satisfacción. Mientras menos se aleje de él, el hombre estará más cerca de la felicidad, que en los niños no es otra cosa que el uso de su libertad, antes de que las leyes y las opiniones modifiquen su inclinación natural.

Si se les introduce antes de tiempo al estado civil aumentan sus necesidades y con ellas su flaqueza, se les exige lo que no les pide la naturaleza. En este caso, padre e hijo se encuentran sometidos a una dependencia recíproca; los padres dependen de sus preocupaciones por los niños y éstos son dependientes de sus padres por su flaqueza.

A fin de prevenir tales situaciones Rousseau mantiene una distinción: la dependencia de las cosas, que es propia de la naturaleza y de la dependencia de los hombres. La primera no origina vicios; en cambio, la segunda es su fuente. La solución que se sigue tiene esta formulación: "Mantened al niño en la única dependencia de las cosas y así habréis seguido el orden de la naturaleza en los progresos de la educación". El niño debe seguir sólo las lecciones derivadas de la experiencia o de la impotencia. No es el camino en la educación de un niño el de la razón.

Rousseau se vuelve sobre su principio de que los primeros movimientos de la naturaleza son siempre rectos y reitera que mientras no aparezca la razón conviene al niño hacer sólo aquello que la naturaleza le dice. De aquí su convicción de que la educación primera debe ser negativa, entendiendo por ella la que consiste "no en enseñar la virtud ni la verdad, sino en preservar de vicios el corazón y de errores el ánimo".

 

4. Pero una vez que se han alcanzado los límites de la infancia es preciso dar un giro, pues no es posible mantener a un niño de doce años sin alguna idea de la moralidad.. Es conveniente, sin embargo, limitarla a su utilidad presente.

No se debe olvidar que nuestros afectos primitivos se refieren a nosotros mismos, a nuestra conservación. Así, nuestra primera impresión de justicia nos viene por el sentimiento de la que nos deben. Por eso es inconveniente hablar a los niños de obligaciones, pues no entienden de ellas ni les interesan. Todas las que supuestamente contraigan no tienen valor ninguno ya que ignoran lo que hacen cuando las contraen. Es claro entonces que un niño no puede mentir porque no puede expresar una intención contraria a la que se supone tiene, pues no tiene en realidad ninguna.

Respecto de las obligaciones en general, se ha de proceder disponiendo de tal modo las cosas que sea siempre Emilio el que tenga la iniciativa en los convenios y que cuando se obligue a algo "siempre tenga un interés sensible y actual en cumplir su palabra". Si cometiera falta ha de sufrir pena, pero ha de percatarse de que se deriva de los hechos y no es una simple venganza.

 

5. Es preciso no perder de vista el respeto que se debe a la infancia; no es nada meritorio urgir a un niño en una instrucción mala llevados por su aparente facilidad de aprender. La infancia es el sueño de la razón, y antes de la edad en que la razón aparece, el niño tiene imágenes, no ideas. Y aunque saben hacer ciertos raciocinios, lo inaceptable es hacer que raciocinen sobre cosas que no comprenden, que no tienen para ellos significado alguno. Los pedagogos que utilizan ese procedimiento no enseñan sino voces. Contra esa tendencia de la educación corriente Rousseau sostiene: "En cualquier estudio que fuere, nada valen los signos representantes sin la idea de las cosas representadas".

Lo que ofrece una instrucción que comprende estudios de ciencias como geografía, son nombres de ciudades, de ríos, etcétera. En resumen, nombres. Mayor error es el estudio de la historia, ya que tampoco es apropiado el espíritu de los niños. Sin poder comprender los hechos históricos no pueden encontrarles interés y todo queda en recordar y repetir discursos y palabras. "Emilio nunca aprenderá nada de memoria".

Antes de intentar el uso de la razón por parte del niño hay que dotarlos de un cuerpo robusto y sano. Sólo en un cuerpo así podrá el entendimiento operar satisfactoriamente. Se necesita que ejercite sus miembros y sus sentidos antes de aprender a pensar.

 

6. Hemos dicho ya que la debilidad del hombre tiene su origen en la desigualdad entre sus fuerzas y sus deseos. Pero hay una época, única en su vida, en la que puede más de lo que desea; la llama Rousseau: "El tercer estado de la niñez". Es la edad entre los doce y los trece años. Sus fuerzas y facultades acrecentadas ha de emplearlas en lo que la propia naturaleza indica: el estudio, el trabajo. En lo que se refiere al estudio se tratará de adquirir sólo el conocimiento que resulte útil, y no por el procedimiento de la lectura, de la consulta de libros en la que únicamente aprende palabras; se consultará, sí, pero el libro del mundo, los hechos.

Los sentidos, las sensaciones han de llevar al niño en su instrucción. Debe ponérsele entre los fenómenos de la naturaleza para despertar su curiosidad. Una vez logrado esto, abrirlo a las cuestiones sin resolvérselas. "No sepa nada porque se lo hayáis dicho, sino porque lo haya comprendido".  "Invente la ciencia y no la aprenda".

En esas ideas se expresa también otra que es principal en la teoría de la educación   de Rousseau: en la enseñanza debe eliminarse la autoridad como medio. Supongamos que se trata de enseñarle geografía. Los instrumentos utilizados en la educación corriente son las esferas y los mapas. Sus primeros estudios de geografía han de ser el lugar donde vive, los ríos cercanos, los montes vecinos, hasta llegar al estudio de los movimientos del sol y la manera de orientarse. El niño mismo construirá sus mapas, y los errores los corregirá gracias a una guía de la que no ha de percatarse. Estos procedimientos responden al principio según el cual se trata de inspirar al niño la afición a la ciencia de proveerlo de los métodos para hacerse de ella.

 

7. Si bien desaprueba la enseñanza basada en las lecturas, Rousseau considera que el libro Robinson Crusoe es de lectura y estudio necesarios para su Emilio. La justificación es que en él encuentra "el tratado más feliz de educación natural”. Presenta al niño una descripción que ofrece, de una manera sensible, una situación en las que se ven las necesidades naturales del hombre y el desarrollo de los medios para satisfacerlas.

Pero el interés principal que tiene para un niño es la condición del personaje: la vida esforzada de un hombre solitario que consigue su conservación en una isla manejándose astutamente, sin instrumentos ni ayuda, Es una imagen viva que obrará como modelo de conducta. De él hará Emilio su héroe.

Servirá también como punto de partida hacia la educación en otros aspectos. Un hombre  sólo es capaz en las artes naturales y el ejercicio de ellas, que Emilio emprenderá siguiendo a su héroe, lo introducirá al estudio de las artes industriales, en los cuales se requiere el trabajo de muchos; son ya producto de la sociedad. Cuando el orden que siguen los conocimientos que el alumno ha de obtener sugiere la conveniencia de instruirlo acerca de las relaciones y dependencia mutua en que viven los hombre, lo indicado es introducirlo a este campo por la puerta de las relaciones y dependencia mutua en que viven los hombres, lo indicado es introducirlo a este campo por la puerta de las relaciones que ellos tienen en las industria, pues es ahí donde se ve cómo unos son útiles a otros.

Será indispensable que el alumno visite talleres diversos y trabaje en ellos, se adiestre en el manejo de las herramientas; encuentre oportunidad para manifestar sus gustos y desarrollar su talento, y conozca las razones por las que se producen las cosas. De ese modo estimará todos los oficios en vista de su utilidad, de lo que ofrecen a la conservación y bienestar de los hombres. Pero si Emilio debe saber de diversos oficios, debe dominar uno: será ebanista.

 

8. Una vez pasada la edad de los quince años empieza una especie de segundo nacimiento. A partir de él el hombre deja atrás la infancia y entra a una vida de propiedades nuevas: cambios corporales, orgánicos, crecimiento de las pasiones. En éstas -dice Rousseau- hay que distinguir. Unas son naturales, son medios de nuestra conservación. A su base encontramos una que nace con el hombre y jamás lo abandona: el amor a sí mismo. Es la pasión original, de donde, como modificaciones de ella misma, nacen todas las demás, un buen número de las cuales resulta perjudicial, ya que, obedeciendo a diversas causas, se desarrollan en sentido opuesto al de su origen y ponen al hombre contra la naturaleza. De esa manera queda en contradicción consigo mismo.

Por dictado natural pues, nos amamos para conservarnos y, por consecuencia, amamos lo que procura nuestra conservación. Desde niño, todo individuo siente atracción por lo que ayuda a su bienestar y rechaza lo que le daña. En esto sólo se trata de instintos; se cambian en afectos conforme a la intención que tengan los actos de dañar o de beneficiar. Según estas ideas, el niño tiende por naturaleza a la bondad, pues nota los beneficios de las atenciones y solicitudes con que se le trata.

El amor de sí mismo tiene como centro y referencia única al propio individuo y se encuentra satisfecho si las verdaderas necesidades de éste se cumplen. Cuando aparece el amor propio sucede de diferente manera; nunca puede satisfacerse porque el individuo, bajo su dominio, no sólo se prefiere a sí mismo sino que reclama que los demás lo prefieran, lo cual no se logra jamás. De esa insatisfacción del amor propio se originan las malas pasiones. Tales son los peligros de la vida social, las amenazas para el espíritu del joven.

 

9. De las pasiones se ha dicho que son modificaciones del amor a sí mismo y las malas tienen su origen en la insatisfacción del amor propio, que es otra pasión. Ahora bien, su dirección, su cauce lo forma la imaginación. ¿Cómo entonces poner en orden las pasiones? ¿Cómo proporcionar arreglo  si todo estimula la imaginación del joven?.

Al tratar  estas cuestiones, Rousseau procede siguiendo su método de establecer un principio: "El primer afecto de que es capaz un joven criado con esmero no es el amor, es la amistad”. Su imaginación le mostrará que tiene semejantes; es decir, que forma parte de una especie.

Esta ha de motivarlo antes que el sexo y hay que utilizar los recursos adecuados a fin de dejar en su incipiente sensibilidad las semillas de los más elevados sentimientos. Ahora bien, los afectos por nuestros semejantes se originan más en nuestra experiencia de sus penas que en la de sus goces. Dicho de otro modo, los sentimientos elevados aparecen en nosotros cuando observamos las debilidades humanas. Esto tiene una razón según Rousseau: en las penas se manifiesta más claramente "la identidad de nuestra naturaleza”. Y el adolescente puede saber de los sufrimientos ajenos porque sabe a su edad lo que es sufrir e imagina los pesares de los otros. Nace así la piedad, "primer sentimiento relativo que mueve el pecho humano según el orden de la naturaleza".

 

10. Habiendo ya mostrado a Emilio los hombres por lo que tienen de común como especie, ha de conocer lo que tienen entre sí de diferente. Para ello deberá saber de la desigualdad natural y civil. En las lecciones sobre estos asuntos Rousseau destaca que el maestro ha de tener en cuenta que en la naturaleza hay una igualdad de hecho y las diferencias que se observan no son de tal magnitud como para convertir a unos en dependientes de otros. En cambio, en el estado civil la igualdad de derecho es nula: la fuerza pública se une al fuerte para someter al débil. En general, el objeto de la descripción de la vida social es el de que Emilio sepa del sitio en que se pondrá entre sus semejantes

Pero a fin de que el estudio de estas cosas resulte provechoso es necesario conocer el corazón humano. Se requiere entonces seguir un camino diferente al que hasta ahora se ha seguido: instruir al joven por la experiencia.

Como se trata de que se asome al corazón humano sin riesgo de que el suyo sufra daño, es preferible que vea a los hombres de otros tiempos y otros lugares. No ayudan mucho la obra de los historiadores, pues con ellas los jóvenes aprenden a través de los juicios de  los autores. Consecuentemente Rousseau elige la lectura de vidas particulares, ya que si el aparato público lo esconde, en ellas aparece realmente el hombre. Las lecturas de esta clase no son aprovechables para el joven común debido a que él mismo padece lo que ve en otros y le parece natural todo lo que hacen. Emilio, a sus dieciocho años, instruido a fin de que sea de juicio recto y corazón sano, se encuentra en el momento apropiado  para ese estudio. Queda fuera de los riesgos que presenta y puede juzgar con imparcialidad a sus semejantes. Compadecerá a los poderosos, los ricos y los gozadores; esclavos todos ellos de lo que dicen dominar y disfrutar.

Puede errar y llegar a creer que es de naturaleza superior a los demás. En este caso se impone desengañarlo, hacerle ver que es hombre y no es inmune a las debilidades que en los otros observa. Para ello, el procedimiento consistirá en volver a la regla original, esto es, a la experiencia propia. Según Rousseau, el maestro debe poner toda su habilidad con el objeto de arriesgar a su alumno en situaciones en que la experiencia no presagie resultados desastrosos. En otro caso la lección debe conseguirse en la historia.

 

11. Hemos visto cómo siendo espectador Emilio ha obtenido el conocimiento de los hombres. Mas ha de entrar en escena. ¿Qué ha de hacer? Independientemente de la licencia que la sociedad pueda darle para ocuparse en los negocios del mundo, el joven puede a cualquier edad ser generoso. "Hará todo cuanto vea que es bueno y provechoso y nada más”. Formar al hombre de la naturaleza no quiere decir abandonarlo en el aislamiento sino que, inserto en la barahúnda social, no se deje arrastrar por las pasiones ni por las opiniones de los hombres; ha de sentir con su corazón y no hacer caso de autoridad alguna que no sea la de su propia razón. Tal es la finalidad de la educación que Emilio recibe.

 

12. En la vida social la opinión impone su dominio y se muestra tiránica en cuestiones de religión. El maestro, que ha luchado contra ese dominio y nada quiere consentir a la autoridad en la educación, se plantea el problema de la religión en que debe educarse su discípulo. La respuesta es que no debe ser educado en ninguna. La misión del maestro es ponerlo en situación de que elija aquella a que le lleve el uso de su razón. Pero a fin de tratar las cuestiones relativas Rousseau inserta su escrito Profesión de fe del presbítero saboyano, que, a su juicio, puede ser modelo de cómo reflexionar con un alumno cuando tiene que apegarse al método que ha ideado. Es el discurso de quien tiene sana razón y ama la verdad. En su búsqueda se propone ajustarse al procedimiento cartesiano.

El primer resultado que tal procedimiento le ofrece es lo que considera su primera verdad: "Existo y tengo sentidos por los cuales soy conmovido”. Se percata después que sus sensaciones son diferentes de los objetos que las ocasionan. Según eso no sólo él existe sino otras cosas: los objetos de sus sensaciones. Todo lo que obra desde fuera de él mismo sobre sus sentidos lo llama materia. Deduce las propiedades de la materia por las cualidades que de ella le entregan los sentidos. Se persuade de que la materia no tiene fuerza ninguna por sí misma.

Pero la materia aunque no sea materia organizada, se mueve y sus movimientos están sujetos a leyes; tiene que aceptar una voluntad como causa primera. Ese es su primer dogma o artículo de fe. El segundo artículo de fe es que los movimientos según leyes demuestran una inteligencia. Este ser que quiere y puede y mueve el universo lo llama Dios. A este nombre une las ideas de inteligencia, potencia, voluntad y una consecuencia de ellas: la bondad.

Resuelto eso, investiga el lugar que le corresponde entre las cosas. Resuelve que, por su especie, ocupa el primer lugar, pues tiene voluntad e inteligencia. Bendice y adora al que le dio esos privilegios. ese culto se lo dicta la naturaleza. es natural -dice Rousseau- que como consecuencia del amor de sí mismo ame lo que le hace bien. Las reflexiones sobre el lamentable espectáculo de desorden que ofrecen los individuos lo llevaron a la idea del alma. Este es su tercer artículo de fe: el hombre es libre en sus actos y se encuentra "animado por una sustancia inmaterial".

Sus actos no son atribuibles a la providencia. Consecuentemente: "El mal moral, sin duda, es obra nuestra”. Dios, soberanamente bueno y poderoso, debe ser justo; sin ello caería en contradicción. De acuerdo con eso, el creador le ha señalado al hombre un destino en la tierra y, según Rousseau, las reglas para cumplirlo se hayan en el interior de su corazón, inscritos en él por la naturaleza. Se las dicta la conciencia, que, a diferencia de la razón, nunca se equivoca, "principio innato de justicia y virtud", el  cual nos permite estimar como buenas o como malas las acciones humanas y cuyos actos  no consisten en juicios sino en afectos.

La exposición de la Profesión de fe del presbítero saboyano es la religión natural sostenida por Rousseau. A ella se atiene en su Emilio, pues a ella llegas la razón fuera de toda autoridad  y preocupación humana, como lo exige su método. Sin embargo, Emilio puede tener otra si así lo decide.

 

B)      LA MUJER

 

1. Aun cuando el cuerpo del alumno es fuerte, su alma es endeble y el temperamento se adelanta a la razón. El afán se ha puesto en detener el temperamento y estimular la razón. Se ha ascendido en el estudio de la naturaleza hasta las reflexiones sobre su creador. Ahora haya interés en los actos buenos, en ser justo. Llegado a ese punto lo tenemos equipado para avanzar una nueva sección de su camino. Mas ahora es un hombre y el trato ha de modificarse. Se adentró ya en el conocimiento del corazón humano. El conocimiento de sus obligaciones le exige conocer a los individuos; con ellos ha de tratar, pues no nació para vivir solitario, y teniendo veinte años es tiempo de buscarle una compañera, a la que Rousseau da el nombre de Sofía.

 

2. Aquí el asunto es cómo ha de educarse a la mujer que cuadre al individuo formado como hombre natural.

A la idea de que la mujer debe ser educada sólo para los trabajos caseros y debe ser mantenida en la ignorancia Rousseau responde que no lo determina así la naturaleza. Esta determina que cultive su cuerpo y su entendimiento, que piense y juzgue. Son recursos de que la naturaleza la dota para reemplazar la fuerza de  que carece. El desarrollo de la mujer así sugerido tiene importancia, pues según Rousseau la educación de la mujer es siempre en relación con el hombre. Siendo niño, su formación primera depende de la solicitud de la madre; siendo adulto, la vida agradable depende de los consejos, los servicios y los cuidados de la esposa. Alrededor de esas cosas giran sus obligaciones

 

3. El punto de partida es la idea de que "el destino de la mujer es agradar y ser sojuzgada”. Tal es la ley de la naturaleza, conforme a la cual debe ser educada.

Si es la dependencia su condición natural se inclina por ello a la obediencia. Destinada a obedecer, ha de tener como primera cualidad la suavidad del ánimo. Pero en la desigualdad natural que padece frente al hombre, tiene de su lado la habilidad y el ingenio, esto es una especial astucia cuyo cultivo agrega una gran dicha al matrimonio.

 

4. Tratándose del cultivo del espíritu femenino, guardan lugar especial las artes, pues tienen por objeto el agrado. Con ellas se educa el gusto y con éste se van adquiriendo las nociones de la belleza. Y debido a que las mujeres hablan antes que los hombres y los superan en esta facultad, un arte hay en el que han de ocuparse primeramente: el arte de hablar.

En su primera edad, en la que no distinguen lo bueno de lo malo, deben atenerse a la regla de que al hablar es preciso evitar decir cosas que parezcan desagradables a los que escuchan, con la condición de que no mientan. Se comprende entonces que las charlas bien dirigidas pueden tener el sentido de primeras lecciones de moral.

 

5. En general, las niñas han de tener por bueno o por malo aquello que en cada caso decidan las personas mayores; lo que ellas mandan o prohíban debe acatarse. Cuando son mayores, alguna autoridad, la madre, el marido tienen que decidir de la religión de las mujeres. En cuestiones de esa índole sólo es necesario hacerles claridad en lo que se cree, pues las ideas obscuras conducen al fanatismo. No deben dárseles razones de las creencias.

En la enseñanza a las jóvenes, la religión no debe inculcarse imponiéndola como tarea; por tanto, han de eliminarse las lecciones de memoria sobre cosas que con ellas no guardan relación. Han de aprender solamente las que prometan alguna humana sabiduría. Tienen que abandonarse por tanto los dogmas de la religión cristiana. Las jóvenes deben limitarse a los dogmas que tienen conexión con la moral, con lo que les indica cómo obrar bien. Esta es la verdadera religión en que deben ser educadas.

 

6. cuando llegan los días en que empiezan a juzgar de las cosas por sí mismas, es tiempo de cambiar el programa de su educación. Si las creencias religiosas de las mujeres dependen de una resolución autoritaria, su conducta se sujeta a la opinión pública. Esta constituye una regla de su educación, junto con otra, común a la especie humana, a cuya guía han de ceñirse las demás: el sentimiento interno. Entre ambas se edifica la educación de las mujeres. Si se elude la opinión, no habrá en aquellas buenas costumbres; si falta el sentimiento interno, la opinión no podrá sino formar mujeres mentirosas e indecentes.

En consecuencia, se requiere una facultad que medie entre ambas regla, y ésta no es otra que la razón. Pero no es la razón del hombre, según Rousseau; tampoco la razón de la ciencia. Considerada como la guía de la mujer para que sepa de sus obligaciones, es simple: la razón de "La obediencia y fidelidad que debe a su marido, la ternura y solicitudes que debe a sus hijos".

La complicación aparece cuando recordamos que en virtud de encontrarse sometida al juicio de los hombres debe lograr su estima y honrar a su  marido  con una conducta que merezca su aprobación. ¿Cómo habrá de lograrlo? La respuesta es sencilla. Como la mujer depende de dos reglas: las opiniones ajenas y su propia conciencia, es preciso que se le instruya de manera que pueda compararlas y prefiera la segunda a la primera si encuentra entre ellas oposición.

Como los estudios relativos a las verdades de las ciencias, sus principios y axiomas y todo tipo de generalización son impropios de las mujeres; como se encuentran fuera de su alcance, pues rebasan sus capacidades, entonces queda para las mujeres la reflexión relativa a sus obligaciones inmediatas. Fuera de eso sus estudios se orientarán al conocimiento de los hombres, o a los conocimientos de lo agradable.

 

C)      EL HOMBRE NATURAL Y EL ESTADO

 

Es ineludible la vuelta a Emilio a fin de considerar las cosas que constituyen el moldeo final, el toque cuyo efecto logrará la perfección humanamente alcanzable.

 

1. Convirtiéndose en esposo y luego en padre, adquirirá una nueva posición y, obviamente las obligaciones en ella involucradas. Se hará miembro del Estado. La indicación primera, entonces,  es conocer el orden civil y saber qué lugar le aguarda en su interior. Con esa finalidad ha de entrar al estudio del carácter del gobierno en general y de sus diversas formas, incluyendo la del gobierno bajo el cual ha vivido. Es de su interés saber cuál es la mejor, en vista de su perentoria necesidad de elegir lugar para vivir.

Como material de ese estudio Rousseau presenta de manera sumaria los problemas y soluciones de su teoría del estado fundada en el contrato social. Y una vez que Emilio se ha ilustrado en las cuestiones de leyes y teoría política, se encuentra equipado para proseguir la investigación relativa a lo que de hecho acontece con los usos y costumbres de las diversas naciones y lugares. Desde luego, no son lugares adecuados para ese estudio las grandes ciudades; la aglomeración y las manifiestas desigualdades económicas y sociales mezclan los pueblos y las costumbres. Los lugares adecuados son las provincias retiradas donde hay menor tránsito de extranjeros, menor movimiento en el comercio y menos diferencia de fortuna y clase.

 

2. Las conclusiones, al término de la investigación, afirman que es empresa vana la aspiración a la libertad bajo las leyes; en ninguna parte se acatan, y prevalecen el interés particular y las pasiones. Pero hay una realidad, fuera del ámbito del derecho, que es fuente de optimismo y confianza. Rousseau sostienen la creencia en las leyes de la naturaleza y el orden, que reemplazan al derecho positivo en el espíritu del hombre sabio y se encuentran en el fondo de su corazón estampadas por la conciencia y la razón. Le aseguran al hombre el cumplimiento de su aspiración a la libertad: sometiéndose a ellas se hace libre.

 

3. Emilio habrá de seguir la última lección de su maestro. Los problemas sobre el lugar donde vivir y el cumplimiento de las obligaciones del ciudadano tienen que verse con aquella condición natural básica, en la que habrá de encontrar fundamento su conducta toda. Siguiendo sus dictados, aun cuando en ninguna forma de gobierno se respete la ley, el bien público será siempre motivo real de acción para él, como toca a un hombre virtuoso; viviendo entre injusticias habrá de afirmar Emilio su vocación de hombre justo. En primer lugar, reconocerá su deuda con sus compatriotas que le cuidaron y le ayudaron en su niñez y no debe regatear esfuerzo para corresponder esfuerzo para corresponder ahora que sea hombre. Deberá vivir entre ellos y procurar serles útil. En deuda con su país, pues en él conoció la condición humana y el amor por la virtud, lo elegirá para vivir y cumplir sus obligaciones de ciudadano.

 

4. En la doctrina de la educación de Rousseau podemos ver una estructura formada de tres cosas: un principio histórico-antropológico según el cual la sociedad desfigura al hombre; una psicología de los instintos y las emociones y, fundada en ella, una pedagogía que abarque la infancia, la adolescencia y aún la primera juventud y cuya meta supone un camino que pasa por diversas estaciones: el niño formado en el temple espartano y las habilidades y decisión del hombre de pocas necesidades que se basta a sí mismo. Robinson Crusoe; el adolescente de elevados sentimientos, capaz en el trabajo intelectual y manual, y el hombre de sociedad que encuentra el secreto de la conducta justa en las leyes naturales de su propia conciencia.