Universidad
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MEDIO SIGLO DE POLÍTICAS ECONÓMICAS EN MÉXICO
FRANCISCO TOTO
JIMÉNEZ
CONTENIDO
INTRODUCCIÓN
LA POLÍTICA ECONÓMICA EN MÉXICO
1950-1994
LA BONANZA DE LOS AÑOS 60´S A 70´S
UNA DÉCADA DE POPULISMO ECONÓMICO
EN MÉXICO 1872-1981
DE LA CRISIS DE LA DEUDA AL COLAPSO
DEL PETRÓLEO 1983-1987
ESTABILIZACIÓN, CAMBIO ESTRUCTURAL
Y COLAPSO 1988-1994
CONCLUSIÓN
BIBLIOGRAFÍA
INTRODUCCIÓN
Hablar de la Economía mexicana es tocar una parte de
nuestra cultura que no ha sido entendida claramente por la mayoría de todos los
mexicanos, ya sea por falta de cultura o por desinterés, pero en el mayor de
los casos solo nos preocupamos de ella cuando nuestros bolsillos sufren, lo que
no ha provocado fuertes dolores de cabeza. No quiero decir con esto que el
tener conocimientos mínimos de la economía no vas a salvar de las constantes
crisis que vivimos, pero si creo que nos ayudaría a sobreponernos a ellas o al
menos no nos tomarían desprevenidos, también es claro que esta posición se
enfrenta con el mayor problema que vive nuestra sociedad, una educación
deficiente, pues solo el mínimo de la población puede tener acceso a una
educación de alto nivel, tal vez sea aquí donde los medios jueguen un papel muy
importante al proporcionar una información fácil de asimilar por la mayoría de
la población expuesta, y será esta misma población la que deberá despertar su
interés en esa problemática planteada por los medios pues tarde o temprano se
verá impactada por la misma.
Hoy
en día se hace más imperiosa la necesidad de cambiar la cultura de nuestro
país, y entiéndase esta, como la cultura del desinterés suplido por la critica,
porque es de todos conocidos que al mexicano le gusta más criticar y tirar la
bolita que trabajar y superar los problemas, porque quien no ha oído la
expresión ¡fue culpa de Salinas!, ¡Por Salinas estamos así!, ¡Salinas nos
vendió! ; es curioso que en un país de 100 millones de habitantes un solo
hombre sea capaz de cambiar el estatus económico de unos 40 millones y de
hundir a otros 40 millones en la pobreza extrema y beneficiar a un grupo
minoritario de hombre, digamos 100, lo interesante de estos 100 hombres es que
el ex Presidente Carlos Salinas ya nos esta en el poder y estos hombres
aumentando su riqueza ¿no es curioso?. Pero que hablar, esto es tema para
debatir un buen rato, y que explicar o discutir si no vamos más atrás con de la
Madrid, López Portillo, Echeverría o Díaz Ordaz, etc. etc. etc.; todos en su
momento fueron los cocos del cuento, la triste realidad es que coco del cuento
somos todos los mexicanos que nos hemos dejado engañar de los fácil, de la
ignorancia.
El mundo ha evolucionado a una velocidad que nos esta dejando atrás y
tenemos que adaptarnos al nuevo escenario mundial, si no queremos quedarnos
rezagados y en la pobreza; vivimos tiempos de cambio en los que en lugar de
criticar debemos de trabajar, dejar de ser simples espectadores para
convertirnos en actores de nuestro futuro, ya no hay tiempo de seguir buscando
culpables, solo queda tiempo de trabajar en conjunto y de sacrificarnos a corto
plazo, para obtener beneficios a largo plazo y es aquí donde necesitaremos el
elemento fundamental de todo progreso, la preparación, estudiar nuestros
problemas y aprender de ellos para no volverlos a cometerlos, y es este el
motivo de mi presente análisis, el cual es un conjunto de observaciones con las
cuales pretendo despertar el interés del lector en las medidas que han sido tomadas
a lo largo de medio siglo por el gobierno con el fin de lograr el bienestar de
la nuestra sociedad. Es un análisis cronológico de los distintos eventos que ha
vivido nuestra economía, con el desempeño de diferentes hombre en el gobierno,
desde las perspectivas de las cifras, simples indicativos que de observarse en
el futuro nos dirán hacia donde vamos y como llegaremos.
UN CRECIMIENTO ECONÓMICO SANO, 1950 – 1962.
Durante los años 50`s a los 60`s se puede hablar de un crecimiento sano
y equilibrado de la economía mexicana, con un aumento del PIB del 10% y un
ingreso per cápita del 3% en promedio, haciendo que México se colocara en estos
años, en uno de los primeros lugares de ingreso per cápita.
Solo se dieron ciertas inquietudes ocasionadas por devaluaciones que no
fueron producto de la política económica mexicana sino resultado de efectos
externos.
Durante la década, México experimentó un crecimiento relativamente
estable de alrededor de 6.2%, y digo relativo porque hubo altibajos durante ese
lapso, por lo cual podemos dividir este periodo en tres partes: de 1950 a 1953
la economía decreció en un 5.4% anual; para los años de 1954 a 1957, ésta
aumentó en un 8.2%; de 1958 a 1962 estuvo en su peor nivel, con un crecimiento
de apenas 5.2%.
La política económica fue financiada durante estos años, mayormente con
recursos propios, sin hacer uso considerado de préstamos del exterior, debido a
la moratoria de pagos de 1913, la cual fue solucionada 1942.
En cuestión de inversión total esta fue, en el mismo periodo, de
alrededor del 7% anual promedio, llegando a estar inclusive por encima del
producto nacional bruto.
El sector privado tuvo un crecimiento de 1950 a 1052, de 8.1% en
términos reales de promedio al año, del cual el 91.6% correspondería a
inversión privada nacional y de 8.4% a extranjera.
Este crecimiento de la inversión privada trajo como consecuencia un
aumento en la productividad de la mano de obra requerida y esto a su vez
provocó un alza en la tasa de crecimiento de la economía.
Es importante destacar que el Sistema Financiero Mexicano jugó un papel
fundamental en el esquema económico, por lo que redituó en una aumento de la
demanda de servicios bancarios por parte de los sectores industrial, comercial
y particulares en general.
Profundizando el análisis de este milagro económico,
podemos afirmar, que parte de él se debió al proteccionismo que ejercía el
Estado, en cuanto a comercio se refiere, pues limitó considerablemente el flujo
mayoritario de productos del exterior, es decir, se manejaba una política
comercial de aislamiento, que fomento un crecimiento económico forzado, pero
que en ese momento dio frutos a la economía, pues se estaba manejando un
crecimiento de la inversión, por encima del PIB, también dio un aumento del
empleo que sobrepasaba al crecimiento de la población económicamente activa.
Por el lado industrial el aumento de los salarios se estaba dando por arriba
del ingreso per cápita; todo esto en conjunto proporcionó un bienestar social en
términos absolutos. La economía mexicana estaba en pleno auge.
UNA POLÍTICA ECONÓMICA CONTRA POSIBLES CHOQUES EXTERNOS. UNA
DEVALUACIÓN PREVENTIVA.
Durante los años 50`s, México manifestaba una política
económica de enfrentamiento contra posibles choques externos; esto como
consecuencia de la problemática que había enfrentado México en su balanza de
pagos de entre 1948 a 1949 y que había llevado al tipo de cambio a 8.65 pesos
por dólar. Ahora los objetivos de la economía eran distintos, se basaban: primero,
en contrarrestar fluctuaciones económicas procedentes del exterior para evitar
un impacto económico negativo y por ende una inflación; segundo, estabilidad
económica y tasas de crecimiento altas; tercero, promover el desarrollo
industrial a través de la protección de la competencia externa y de diversos
instrumentos de apoyo financieros con el fin de aumentar empleos y disminuir la
dependencia.
Para 1954, México había madurado esta política, pues el 17 de abril de
1954 realiza una devaluación, que podríamos llamarle preventiva, y que llevo al
peso a un costo de 12.50 frente al dólar.
Era obvio que esta devaluación era producto de una desfavorable balanza
de pagos que traía como consecuencia un déficit en la cuenta corriente, pero lo
interesante de esta es que aún se tenían reservas suficientes que permitían
sostener el tipo de cambio, además no se producía una inflación y había una
estabilidad de precios, es decir, no era necesaria, por lo que fue muy
criticada, pero esta devaluación le permitió al gobierno establecer medidas
complementarias que resultarían un éxito a mediano y largo plazo, como por
ejemplo un apoyo a los bancos que presentaban fugas de capital por pánico, el
establecimiento de un impuesto del 25% a las exportaciones para captar los beneficios
extraordinarios que estaban teniendo los exportadores y se apoyó la adquisición
de materias primas y bienes de capital. Esta exitosa devaluación traería
beneficios de expansión económica que durarían tres años.
RECUPERACIÓN Y DEBILIDAD EXTERNA.
El éxito obtenido con la devaluación de 1954 fue
corto, pues entre 1956 y 1957 la economía mexicana volvió a demostrar su
debilidad frente a los choques externos y se vio golpeada por una baja de
precios en los productos de exportación, lo que trajo consigo, nuevamente, un
déficit comercial en la balanza de pagos, de por alrededor de 1,256 millones de
dólares; para evitar una crisis económica fuerte el gobierno de México solicitó
al extranjero un crédito por alrededor de 650 millones de dólares, estos aunados
a 494 millones de dólares que sumó la inversión extranjera en esos años
sirvieron para financiar el déficit acumulado.
A pesar de este fuerte déficit en cuanta corriente, las reservas
internacionales, no tuvieron una disminución drástica como se podía esperar,
sólo disminuyeron 99 millones de dólares entre 1957 y 1962.
Con todas estas medidas se buscaba
evitar una inflación, y se logró, pues a pesar de que la devaluación había sido
de un 44.5%, la inflación promediada, de entre 1957 y 1962, se contuvo a 2.9%.
Esta eficacia era producto de una prudencia fiscal y el acceso al crédito
externo que evitaría una nueva devaluación. Por segunda vez las autoridades
hacendarías acertaban, al devaluar el tipo de cambio, antes de que se agotaran
las reservas internacionales, restableciendo el equilibrio externo y
manteniendo un margen de maniobra para minimizar los efectos de la devaluación.
Para finalizar con este periodo,
recalcare lo siguiente: primero, aún en este periodo de prosperidad de los años
50's a 60's, el ahorro interno seguía manteniéndose en niveles muy pobres, como
hasta ahora; segundo, México se encontraba bajo un aparato proteccionista que
le funcionaba y que le permitió tener una economía estable con capacidad
resolutiva, pero aún débil contra los choques externos; tercero, sus políticas
monetarias manifestaron siempre un nivel preventivo y acorde a su debilidad, en
cuanto a sus políticas fiscales fueron adecuadas y encaminadas a la producción;
cuarto, supo aprovechar las oportunidades generadas por un mundo de post guerra
(la guerra de Corea) que requería de bienes y servicios, por lo que buscó un
aumento de sus exportaciones; quinto, manejó con medida el uso de créditos
externos e inversión externa. Por lo anteriormente señalado es por lo que creo
que México gozó durante este periodo de una economía estable con un crecimiento
productivo favorable y por ende un bienestar social acorde a su situación
económica.
LA BONANZA DE LOS AÑOS 60s A 70s.
Los años 60's fue un periodo de alto desempeño
macroeconómico, pues la economía tuvo un incremento anual promediado de 7.1%,
mientras que su inflación se mantuvo en niveles estándares de inflación con un
promedio de 2.8% anual; y el empleo manifestó crecimientos importantes. En
términos generales hablamos de un periodo de bonanza que debía de repetirse,
pero también existían puntos, que resultaban criticables, como por ejemplo, el
abandono que sufrió la agricultura y el campo en general, la falta de una
reforma fiscal que era necesaria y un conflicto estudiante que trajo
dificultades en la economía y en la política nacional entre otros.
Como ya lo señalé en el punto anterior en la década de
los 60's, México gozó de uno de sus periodos de mayor crecimiento; el PIB se
situaba sobre una tasa promedio anual de 7.1% anual, cifra que venia superando
al aumento de la población económicamente activa, situación por la cual el PIB
por habitante se incrementaba a una tasa del 3.6% anual durante el periodo;
observándose así una notable mejoría con respecto de los decenios anteriores.
Este crecimiento se vio reflejado
directamente en las zonas urbanas, las cuales mantenían un aumento
significativo en la migración, mientras que el campo se quedaba abandonado,
siendo los mismos el resultado de una falta de oportunidad en las zonas
rurales, que contrastaba con un dinámico desarrollo de las zonas urbanas.
La agricultura perdía importancia, el
bajo crecimiento del sector agropecuario, en especial de la agricultura y la
industria extractiva; llevaron a la agricultura, durante los años 60, hasta
casi su paralización; en cifras se podía situar esta pérdida en un 25% para la
agricultura y 40% para la minería en relación a su importancia en el PIB.
Con respecto a la política comercial,
se mantuvo un sistema proteccionista, pero esta vez impulsado en mayor grado
por empresarios mexicanos, quienes trataban de impedir la entrada de
inversionistas extranjeros a sectores operados por los empresarios nacionales,
o donde el gobierno consideraba que el sector resultaba estratégico para la
nación y por lo tanto él debía hacerse cargo. Un ejemplo destacaba es el de la
industria eléctrica. Dado estos dos factores la protección comercial ya era
doble, lo que dio como consecuencia restricciones para el comercio exterior,
tanto en importaciones como en exportaciones. Lo que buscaba ésta medida era
tener una menor dependencia del exterior y propulsar el mercado interno,
enfocándose principalmente en el sector industrial y dejando rezagado al sector
agropecuario.
Esta proyección trajo consigo una mayor
canalización de recursos económicos internos, esto es, tanto por parte de
empresarios como de particulares, lo que propició en consecuencia una mayor
aportación de recursos (14.6% en términos reales) al sistema financiero, que
sirvieron de base para el desarrollo económico, ya que estos proveerían al
Estado de recursos a través de la emisión de bonos gubernamentales.
FUENTES DE DEBILIDAD ESTRUCTURAL
ECONÓMICA.
Todo ascenso en una economía presenta ciertas debilidades
y la economía mexicana no iba a ser la excepción; México estaba acercándose a
un punto donde el gobierno tenía que tomar medidas correctivas; había que
romper con los estereotipos y beneficiar a los grupos sociales, aún a costa de
la afectación de intereses particulares, esto con un solo propósito lograr un
desarrollo exitoso. Para entender mejor estos acontecimientos los dividiremos
en tres etapas.
1ª FUENTE: LA PÉRDIDA DE COMPETITIVIDAD DEL APARATO
PRODUCTIVO. (EL PROTECCIONISMO COMERCIAL)
La primera fuente de debilidad fue el excesivo
aparato proteccionista que se venía arrastrando y que alcanzó niveles
preocupantes para la década de los 60's, en un principio se había considerado
al proteccionismo como una medida temporal pero no resultó así y término por
darse una industrialización basada en la sustitución de productos de
importación sobre todo en lo referente a bienes de consumo final, los cuales
eran los más fáciles de sustituir. Todo esto tenía un objetivo, el ahorro de
divisa y el estímulo a la economía nacional, para lograrlo el gobierno aportó
subsidios y una mayor inversión en infraestructura básica, esto se daba bajo el
deterioro gradual del sector agropecuario, al cual posteriormente habría que
subsidiar. También tendría que otorgarse subsidios a empresas públicas y al
propio erario estatal. Ante este proteccionismo desmesurado de la competencia
externa la calidad y el precio de los productos no importaban, lo que produjo
altas tasas de ganancia, un reforzamiento en la estructura oligopólica y un
debilitamiento gradual de las finanzas públicas, todo a costa del consumidor y
de la sociedad en general; en resumen se fomentó la ineficiencia, limitándose
la competencia.
Parecía inminente la necesidad de una
apertura comercial gradual que obligaría a las empresas a hacer más
competitivas, pero por el contrario lo que se dio fue un auge en el
proteccionismo con el establecimiento de una política de “mexicanización",
donde se daba una convicción compartida entre funcionarios de gobierno y lideres
empresariales, los cuales preferían buscar crédito externo que permitir
inversión extranjera. Con esto se propició un apoyo total a las empresas con
capital nacional mayoritario, y por parte del gobierno la compra de un gran
número de empresas, las cuales requerirían de fuertes inversiones de recursos
públicos, y cuya rentabilidad era cuestionable, pues en alguno de los casos se
darla a un largo plazo; pero como no adquirirlas si se consideraban
estratégicas.
2ª FUENTE: EL COLAPSO DEL SECTOR
AGROPECUARIO.
Durante muchos años el sector agropecuario suplió
a la minería como generador del crecimiento económico, junto con el desarrollo
industrial, situación que fue estimulada por las condiciones de post guerra.
Durante la década de los 40's y finales de los 50's la agricultura alcanzó un
notable desarrollo. El producto real agropecuario se incrementaba a una tasa
anual promedio de 7.7%, pero debido a diferentes factores externos, como la
caída del precio del algodón, este crecimiento disminuyó y para 1963 y 1971 las
cifras de crecimiento habían decrecido 3.2%; su reflejo en el PIB manifestaba
una caída del 8.4%, es decir, entre 1940 y 1950 el sector agropecuario aportaba
al PIB el 15.4% y de 1960 a 1971 esa aportación disminuyó a 7.0%.
Durante la época de expansión
industrial, la agricultura sirvió de apoyo para la misma, abasteciendo de
alimentos y además con sobrantes para la exportación, pero a finales de los
años cuarenta, se empezó a dar una disminución gradual, pero permanente, en su
inversión; pues los fondos que esta dejaba de percibir se destinaban ahora a la
industria, las comunicaciones y la urbanización. El sector agropecuario estaba
perdiendo batalla frente a estos rubros.
Otros factores que contribuyeron;
además de la caída internacional del precio de ciertos productos, fueron entre
otros, la baja rentabilidad al trabajaría, la inseguridad en la tenencia de la
tierra; como complemento a estos problemas se produjo un aumento en la
población que dio como resultado una disminución en la propiedad de la tierra,
pues ahora la tierra se tendría que dividir entre más gente, haciendo muy
difícil su rentabilidad para su producción, y el campesino terminó por llevar a
cabo una simple producción de autoconsumo. Esta falta de oportunidad en el
sector agropecuario generó otro problema, pues pauperizo a un número
significativo de la población y además provocó una fuerte migración hacia las
zonas urbanas, lo que aumentó los cinturones de miseria en las ciudades,
problemática que aún persiste hasta nuestros tiempos.
3ª FUENTE: LA
CRECIENTE DEPENDENCIA DEL EXTERIOR.
La tercera fuente de debilidad y que aun sigue
teniendo resonancia, es la brecha que se habría entre el ahorro interno e
inversión que hubo que cubrirse con recursos externos, haciéndonos cada vez más
dependientes de la inversión extranjera.
Esta situación produjo que México se
viera sumido en una serie de déficits crónicos, tanto en las finanzas públicas
como privadas, las soluciones a estos déficits se buscaban a través de la
solicitud de créditos del exterior. Al no tener recursos suficientes para
cubrirlos, se solicitaban créditos nuevos para cubrir el vencimiento de los
primeros. Esta situación aún no se salía de control, y era posible, pues para
1960 la deuda pública externa de México ascendía a 813.3 millones de dólares
significando apenas el 6.1 % del PIB; para 1970 había ascendido a 3.280.5
millones de dólares, el 9.2% del PIB. Esta situación no se torno alarmante pues
México había desacelerado sus exportaciones, y por ende no existían divisas
suficientes para las importaciones, por lo que se redujeron; además de que el
gobierno realizó un gasto público mesurado y una prudencia fiscal.
Ya era inminente el camino que seguía
México su deuda crecía y pronto le traería problemas de consideración, el
excesivo proteccionismo comercial, una falta de decisiones en la política
fiscal y la carencia de calidad por falta de competencia, así como los
requerimientos de más inversión para realizar el gasto público, dieron como
resultado el populismo económico en los años 70's.
El populismo económico es el resultado
de un régimen político que busca elevar el nivel de bienestar de su pueblo
afectando a ciertos grupos minoritarios de su población; es decir, el gobierno
destina recursos a proyectos poco productivos económicamente, y no presta
atención al déficit fiscal y a la balanza de pagos; además de proveer de
recursos a sectores poco productivos con fines políticos o sociales, recursos
que más tarde traerán repercusiones macroeconómicas. El cubrir estos déficits
implicará diferentes medios para lograrlo, el primero el financiamiento a
través de impuestos, que sólo da como resultado una redistribución de ingresos
de un grupo social a otro; el segundo, a través del endeudamiento externo, pero
este debía ser cubierto por las generaciones venideras; otro método utilizado
era la impresión del dinero, pero el efecto macroeconómico que causaba
resultaba inmediato, con una serie de repercusiones inflacionarias serias.
Analizar este periodo de populismo, es hablar de
la caída de la economía mexicana. Lo más criticable en un gobierno, desde mi
punto de vista, es cuando este se vuelve populista, se olvida de las
generaciones futuras y sólo busca su presente político, la satisfacción de esos
intereses y de ciertos grupos sociales, buscando un crecimiento que
probablemente de resultados a corto plazo, pero no así a mediano y largo plazo,
lo que dejaría a futuras generaciones con una cuenta por pagar bastante abultada.
Para sustentar lo anteriormente dicho
sólo basta ver las cifras: entre 1971 y 1981 la economía mexicana creció a una
tasa media anual de 6.7% en términos reales y 3.7% por habitante, pero al año
siguiente colapsó e hizo decrecer el producto a -0.5%. Pero ese crecimiento de
nuestra economía no era sano, se mantuvo a través de un gasto público
deficitario y un auge petrolero, apalancados por un endeudamiento externo, el
cual en parte salió como fuga de capital en los periodos previos a la
devaluación. Así pues el déficit del sector público que para 1971 significaba
apenas el 2.5% del PIB se elevó a 14.1 % en 1981 y posteriormente a 16.9% en
1982. La inflación por su parte promedió en el mismo periodo 17.9%, para luego
dispararse a 92.6% en 1982. En cuanto al déficit de la cuenta corriente de la
balanza de pagos este pasó del 0.2% del PIB, al 6% en 1981. En cuanto al monto
de la deuda externa del país esta pasé de 8.630 millones de dólares en 1970. a
74,000 millones de dólares para finales de 1981. todavía en 1982, antes de la
crisis de agosto, su saldo sobrepasaba los 92,000 millones de dólares. La
economía quedaba en una situación sumamente grave con un lastre para
generaciones futuras que prometía perspectivas muy tristes de crecimiento para
el futuro inmediato.
LA RECESIÓN DE 1971. UN CRECIMIENTO
GUIADO POR EL GASTO PÚBLICO.
Esta se debió en gran medida al gasto público
necesario para la conclusión de obras, pues se acercaba el fin de sexenio; pero
este gasto era insostenible en una economía deficitario, se dieron fuertes
desaceleraciones económicas y caídas en la producción y salarios entre otros.
Toda esta problemática vino a agravarse con los hechos de 1968 y 1971.
Estábamos entrando a una economía de recesión.
El problema económico que se había originado
en 1971, se trató de solucionar a través de un mayor gasto público, gasto que a
veces se realizaba en áreas no prioritarias y una buena tasa de crecimiento
anual de la oferta monetaria, con lo que se alcanzaba una economía con
tendencia al crecimiento, pero a largo plazo.
Posteriormente se empieza a dar un
distanciamiento entre el gobierno y la iniciativa privada dándose como
resultado una falta de crédito bancario disponible, lo que a su vez provocaría
que el sector privado recurriera al endeudamiento externo, y el gobierno se
financiara a través del encaje legal obligándose a recurrir a un financiamiento
inflacionario y al crédito del exterior.
El fantasma de la balanza de pagos
persistía, por ende el déficit, el endeudamiento externo continuaba en aumento,
la política antiexportación se seguía manteniendo y la brecha entre el ahorro
interno y la inversión interna se hacia más grande, el peso ya estaba
sobrevaluado en un 50.57% con respecto al dólar, era ya, más que eminente una
devaluación y sus efectos se empezaban a notar, observándose una fuga de
capitales. Nos acercábamos a la crisis de 1976.
EL AUGE PETROLERO Y EL COLAPSO DE
1982.
El 1º de septiembre de 1976 se anuncia la
devaluación de la moneda por un 59%. El peso que desde 1954 había permanecido
estable dejaba de serio. La relación entre el gobierno y la iniciativa privada
era cada día peor, la inflación cerraba en ese año en un 27.2% y los depósitos
bancarios eran en un 70% en dólares. Las perspectivas para 1977 no resultaban
alentadoras.
La devaluación de 1976 provocó un
aumento de los precios, pero este realmente se reflejó hasta 1977, en que
repuntaron a un 41.2%. Sólo se veía la mejoría a través de la balanza de pagos,
pues como resultado positivo de la devaluación las exportaciones subieron y las
importaciones bajaron, con lo que se lograba una disminución del 57% en la
balanza. El programa de estabilización estaba dando resultados.
En 1978 se anunció un gran
descubrimiento de Nacimientos petrolíferos, lo que cambiaría el curso de la
política económica, pues gracias a este descubrimiento el periodo para recobrar
el crecimiento económico se hacia más corto. Iniciándose este año el último
periodo de rápido crecimiento que se ha dado en la economía mexicana.
Durante el auge petrolero la economía
se encontraba aparentemente estable y creciendo; esto es, entre 1977 y 1981 la
economía tuvo un crecimiento promedio anual de 7.8%, con un aumento
inflacionario promedio anual de 24.2%. Este aparente auge tenía dos fuentes:
una expansión de inversión pública en todas las áreas pero principalmente en la
explotación de petróleo y segundo una mayor disponibilidad de fondos
internacionales; la tasa de crecimiento, en el mismo periodo, fue de 28.8% en
inversión pública y de 13% en la inversión privada, promedio anual en términos
reales. Esta expansión se extendió a muchos sectores de la economía entre ellos
la agricultura, la que revertió fuertemente la tendencia de descapitalización
del campo. Pero las fallas estructurales del gobierno persistían diferentes
errores en la toma de decisiones económicas referentes al gasto público, el
cual se mantenía a través de la fabricación de moneda y sobre todo del
endeudamiento externo, preparaban un colapso en la economía, pues esta sólo
estaba creciendo de forma externa, pues internamente la planta productiva se
encontraba débil. Los ingresos petroleros no estaban constituyéndose como
fuente del gasto público, más bien eran empleados para la expansión que
requería PEMEX, por tanto el déficit en el gasto público se mantenía.
Para 1981 la caída de la economía era
inminente, pues el peso estaba sobrevaluado y nuevamente se presentaba un
déficit enorme en la balanza de pagos por 12,544 millones de dólares; pero la
cuenta de capital alcanzaba los 21,860 millones de dólares, con lo que
prácticamente se financió la fuga de capitales; que en su mayoría eran créditos
a corto plazo; pero pronto se alcanzo un desequilibrio macroeconómico, en el
que el sector público no contaba con recursos suficientes para afrontar la
situación. El Banco de México, debido a la insuficiencia de recursos para hacer
frente a la demanda de dólares, no tuvo más opción que implementar una segunda
devaluación del peso, de un valor de $26.91 frente al dólar, subió a $47, el 18
de febrero de 1983.
Para hacer frente a esta crisis, el
gobierno implementó planes de estabilización, pero estos no pudieron ponerse en
marcha adecuadamente, por la misma inercia que llevaba el gasto público, lo que
condujo al gobierno, a recurrir nuevamente al endeudamiento externo,
solicitando un crédito tras otro, hasta que después de un último préstamo de
2,500 millones de dólares; a México no se le otorgó un crédito más, además se
le cancelaron todas sus líneas de crédito, lo que obligó al Banco de México, el
cual ya se encontraba sin reservas, a tomar medidas extraordinarias, y así en
forma histórica, por primera vez se estableció un control de cambios, pero este
tampoco dio resultado. El 20 de agosto de 1982, en la ciudad de Nueva York, el
Secretario de Hacienda afrontaba al mundo inversionista, al destapar la crisis
en que se encontraba México. Nuestro país ya era incapaz de cubrir sus
préstamos a corto plazo, por lo que se solicitaba una prorroga para el
cumplimiento de sus obligaciones. Para entonces México cubriría la engorrosa
cantidad de 14,000 millones de dólares sólo por intereses de su deuda, esto
significaba el ingreso recibido por el 50% de todas sus exportaciones.
Para el 1º de septiembre de 1982, se
llegaba a la cúspide de la crisis, el presidente realizaba su último intento
desesperado por modificar el rumbo de la economía, y en su informe de gobierno
manifiesta la voluntad del gobierno de expropiar la banca; medida que fue
abiertamente criticada por el entonces Director General del Banco de México por
considerarla ineficaz, critica que le costó la remoción de su puesto, pero la
cual el tiempo le daría la razón. El PIB había tenido una contracción, en ese
año, que lo desaceleró a - 0.5%, el déficit financiero del sector público
llegaba ya al 16.8% del PIB, mas del doble de lo que había tenido en 1980; las
importaciones disminuyeron un 40%, la carga financiera que enfrentaban las
empresas aumentó escandalosamente a un 300%, para el final de ese año la
inflación era ya de un 100%, con tendencias a incrementarse. La deuda en
conjunto de México alcanzaba ya los 84,000 millones de dólares.
A raíz de la crisis que vivió México en
1982 la economía no ha podido recuperar la senda de crecimiento que vivió
durante los años 50's. El lastre ocasionado por la deuda ha sido extraordinario.
DE LA CRISIS DE LA DEUDA AL COLAPSO DEL
PETRÓLEO. 1983 – 1987
En 1983 la economía mexicana se encontraba en una
grave situación que requería de medidas urgentes para aliviar la presión, un
déficit presupuestal alto, contracción en el sector externo y en la actividad
económica, más un creciente desempleo y una inflación a punto de salirse de
control, aunado todo esto a una deuda externa enorme implicaba un gran reto.
Entre 1983 y 1987, el PIB disminuyó en términos reales en un 0.3% y el PIB per
capita en 1.9%; la inflación que en 1982 había llegado a un nivel del 100%, se
encontraba a finales de 1987 en un preocupante 131%.
Para afrontar la problemática que se
vivía en este periodo, el gobierno implementó diferentes planes para todas sus
áreas, con muy fuertes repercusiones, más estas medidas permitieron una baja en
la inflación de 117.2% a 80%, además se logra tener una balanza comercial y una
cuenta corriente de la balanza de pagos superavitaria de 15,418 Millones de
dólares, lo que permitió un respiro al Banco de México, pues sus reservas
internacionales aumentaron a 2,772 millones de dólares, en parte gracias al
financiamiento exterior.
Otra importante situación que permitió
este respiro en la economía fue la fuerte negociación que se llevó a cabo para
lograr una reestructuración de la deuda externa, la que permitía realizar los
pagos y solicitar nuevos créditos. También fue reestructurada la deuda privada
a través de la creación de un fideicomiso de cobertura de riesgo cambiario, que
estimulaba la renegociación de las empresas con sus acreedores y que resultó
ser muy efectivo, lo que evitó quiebras generalizadas de empresas.
Otro punto destacable de este periodo
fueron sus cambios estructurales; el primero de ellos implicaba reducir el
enorme y complejo tamaño que tenía el sector público, es decir, se implemento
la venta de empresas o en su caso de acciones donde el gobierno era minoría,
para reducir el sector, dándose como resultado una considerable disminución de
entidades del sector público, de 1555 que el gobierno poseía en 1982, se redujo
a 617 para 1987. El segundo cambio fue de suma importancia pues abría las
puertas a una nueva política comercial, se ponía fin al proteccionismo
comercial que durante muchas décadas había sostenido México, se daba inicio a
la apertura comercial, que trajo consigo la entrada de México al GATT, en 1987,
junto con un nivel máximo arancelario del 40% y a exenciones arancelarias en
otros productos.
Pero los problemas no dejaban de asolar
a la economía, un constante flujo de políticas diversas se daban en torno a la
inflación, políticas que intentaban frenarla, altas tasas de interés y
presiones en el peso, la empujaban a un alza. La recuperación no podía
reiniciarse, las dificultades en los ajustes macroeconómicos y una fuerte
transferencia de recursos al exterior, con motivo del pago de la deuda lo
impedían; para agravar más la situación se suscitó la catástrofe natural de los
sismos de 1985 y después un desplome de los precios del petróleo.
La crisis del petróleo tuvo su origen
en diversos factores, de entre ellos el más importante fue el de la
sobreproducción. Esta crisis petrolera resultó catastrófica pues llevó a muchas
empresas a lo largo del mundo a la quiebra. La afectación en México fue
provocada por una baja considerable en su precio de 25.3 dólares por barril en
1985 a 8.6 dólares en julio del mismo año, dándose un promedio en el precio del
barril de 11.86 dólares por barril. Además esta sobreproducción originó que las
ventas de petróleo cayeran de 1,438 millones de barriles en 1985 a 1,306
millones de barriles en 1987, esto volvió a originar que México cayera en una
economía inoperante, por lo que hubo que tomarse medidas que contrarrestaran
dicha crisis e impedir el cierre masivo de empresas, despidos, una mayor
inflación y un aumento en el déficit público.
Dentro de las medidas adoptadas estaba
un desliz devaluatorio gradual de su moneda con el fin de mantener la balanza
comercial, las repercusiones se manifestaron a través de una contracción del
PIB y un aumento en la inflación, lo que a su vez traía como consecuencia un
incremento en las tasas de interés y en los precios de bienes y servicios del
sector público.
La misma devaluación logró mantener la
balanza comercial bajo control, lo que propició un aumento en las reservas
internacionales, sin embargo, aún seguían dándose las transferencias de
recursos al exterior, pero esta vez como pago de la deuda, estas transferencias
significaban un 4.4% del PIB.
Consiente el gobierno de que el pueblo
no debía sufrir exclusivamente esta crisis se tomó la decisión de que era
tiempo que los acreedores afrontaran la situación crítica que estaba viviendo
México, por lo que se realizó una firme política negociadora, que logró una
reestructuración de la deuda, pues se había hecho ver a los acreedores que de
no llevarse a cabo ésta, México estaría en posibilidad de declarar una
moratoria de pagos. No hay que perder de vista, que de no haberse lograda esta
reestructuración, México tendría que haberse declarado en moratoria de pago, lo
que hubiere provocado consecuencias poco imaginables.
Con el relevo del Secretario de
Hacienda de aquel tiempo, se entro a una nueva etapa de política económica. Se
implementaron nuevos programas económicos y se solicitaron créditos de
emergencia al exterior con lo que México empezó a reactivar su economía. Se
continuó con una política cambiaría de devaluación gradual, con incrementos
diarios y se aumentaron las exportaciones en un 26.6% en ese año, las importaciones
repuntaron en un 12.1%, pero a pesar de este repunte, se dio una balanza
comercial superavitaria por 8,433 millones de dólares y en la cuenta corriente
de pagos se dio por 3,966 millones de dólares; por otro lado un gran
endeudamiento de 7,261 millones de dólares permitió que se incrementaran las
reservas internacionales a 6,924 millones de dólares, para llegar a un saldo a
fin de año de 13.7 mil millones de dólares.
Los
recursos que gradualmente iban ingresando al país encontraron muy atractiva la
inversión en la Bolsa de Valores, lo que permitió que ésta aumentara los
precios de sus cotizaciones, pero este aumento creó un auge que terminó en
convertirse en especulación y con esto México volvería a enfrentar otro
problema. El 19 de octubre de 1987 se da el crack de la Bolsa de Nueva York que
propulsa repercusiones en todo el mundo, incluyendo a México, quien pierde en
un solo día el 16.5% de su índice de cotizaciones, esta caída continuó en días
posteriores, los inversionistas en busca de proteger sus inversiones empezaron
a comprar dólares, presionando al mercado cambiario y obligando al Banco de
México a retirarse del mercado de divisas, a fin de evitar una pérdida en sus
reservas; pero los efectos no se hicieron esperar y la inflación llegó en ese
año a 151.1%.
Otro problema que tuvo que afrontar
México a raíz de este difícil periodo fue el flujo de emigrantes hacia E.U.,
que ya tan sólo no abarcaba mano de obra poco calificada, sino también maestros
normalistas, entre otros profesionistas.
Para este tiempo, era notoria la
inmensa carga que había heredado el gobierno proveniente del endeudamiento que
se dio en el auge petrolero. La deuda externa de México que en diciembre de
1982 era de 91,552 millones de dólares aumentó a 107,470 millones de dólares.
Para finales de 1987 México se encontraba nuevamente al borde de una
hiperinflación, pues su tasa anualizada de diciembre fue de 461.4%, lo que
volvía a situar a la inflación como centro de la estrategia económica que
México debería de emprender para los años subsiguientes con el fin de combatir
la crisis.
ESTABILIZACIÓN, CAMBIO ESTRUCTURAL Y
COLAPSO. 1988 – 1994
Una vez analizados los intentos, que en
los diferentes periodos estudiados se realizaron con el objeto de salir de la
crisis nos podemos dar cuenta que la situación que México tendría que afrontar
para este último periodo de análisis se veía sombrío.
A una tasa de crecimiento anualizada de
461.4%, la inflación aumentaba de manera desproporcionada. La deuda externa
había llegado a representar, la cifra astronómica del 94.8% del PIB, a pesar de
que se había dado una transferencia de recursos al exterior en los cinco años
anteriores por 53,000 millones de dólares. Esto provoco una profunda
reestructuración de la política económica, la que se manifestó a través de la
"Revolución Salinista".
El 15 de diciembre de 1987 se pone en marcha el
pacto de solidaridad económica, con el cual se buscaba más que reprimir la
inflación, lograr su control. El éxito del programa se apoyaba en varios puntos
de los cuales hablaré de manera general, se buscaba una reducción en el gasto
público y una elevación de los ingresos fiscales; un control de cambio apoyado
en el desliz gradual, con un decrecimiento diario del peso con el fin de
mantenerlo subvaluado; y por último el establecimiento de un control de precios
logrado a través de la concertación entre el sector productivo y el gobierno
federal. Estos eran los puntos más importantes con los cuales el gobierno
pretendía una disminución de la inflación. Este éxito tuvo un antecedente, pues
dos meses antes de la entrada en vigor del pacto, se buscó una alineación de
precios de acuerdo a las condiciones del mercado, se estableció un cambio
controlado que daría seguridad y se generó un aumento en los salarios que
estaría acorde a los diversos mercados y a la alineación de precios relativos a
los bienes. Este antecedente podría considerarse el elemento esencial del éxito
del programa, que logró una baja en la inflación de 51.2% para finales de 1988
y un aumento en el PIB de 1.4%.
Posteriormente el PSE, pasó a ser el
PECE (Pacto de Estabilidad y Crecimiento Económico) con el cual se buscaba
conseguir recursos del exterior, reducir la carga de la deuda y bajar las tasas
de interés, como medios para lograr el desestancamiento económico. Con este
pacto, en 1989, se logró bajar la inflación a 19.7% y se dio un aumento en el
PIB del 3.3%. El país comenzaba a recuperar su credibilidad. Posteriormente con
el anuncio de la reprivatización de la banca y la negociación del TLC, se
empezó a dar un retorno a México de recursos, tanto en repatriación de
capitales como de inversión extranjera. Para 1990, México contaba con el
crecimiento más alto desde que se había iniciado la crisis, 4.5% en términos reales.
Este crecimiento empezó a provocar un
retroceso de los avances económicos que se tenían; pues este crecimiento, cuya
fuente principal era el sector privado, estaba provocando al mismo tiempo un
alza en el consumo privado del 6.1%, mientras que la inversión privada crecía
13.3%; este aumento originó a su vez un alza en las importaciones y por ende la
oferta de las mismas en la economía. Este exceso de gasto interno que se estaba
dando, se reflejó en la balanza de pagos, donde la cuenta corriente empeoró
casi un 30%, llegando el déficit a 7,449 millones de dólares, no obstante, las
reservas internacionales aumentaron a 3,400 millones de dólares. Toda esta
situación provocó que el Banco de México tuviera que intervenir proveyendo de
recursos, es decir, aumentado la disponibilidad de dólares para evitar
presiones inflacionarias. Aunque se mantuvo unas finanzas públicas saneadas la
economía comenzó a presentar signos de debilitamiento, los cuales no eran
claros, pero que a partir del segundo semestre de 1991 gradualmente se
empezaron a observar.
REFORMA ESTRUCTURAL.
Fue a partir de los 80's, que se empezó a dar esta
reforma estructural, al iniciarse una liberalización comercial y una
reprivatización o extinción de empresas públicas.
La liberalización del comercio comenzó
a darse con la cancelación de licencias de importaciones, aunada a una baja en
los aranceles, posteriormente viene el ingreso al GATT y luego la firma de
varios tratados de libre comercio, como lo fueron el de Chile en 1991, el
Tratado de Libre Comercio de Norteamérica firmado con Canadá y E.U. en 1994; y
con Colombia, Venezuela y Costa Rica en 1995. De todos el más importante fue el
Tratado de Libre Comercio de Norteamérica firmado con Canadá y E.U., por la
oposición total que significaba a las políticas comerciales que se habían
venido dando anteriormente (el proteccionismo comercial.
En lo referente a la extinción o
desincorporación de empresas públicas, podemos decir que se empezó a dar
durante el gobierno de Miguel de la Madrid, e intensificaron con el gobierno de
Carlos Salinas. Este proceso fue dividido en tres fases: la primera comprendida
entre los años de 1983 y 1985 que tenía por objeto la liquidación o fusión de
empresas no viables. Una segunda fase comprendida entre 1986 y 1988, en la que
se vendieron empresas medianas y pequeñas, con lo cual se obtendría experiencia
suficiente para vender las empresas más grandes; dándose esto en la tercera
fase. Con esta desincorporación se dio una reducción de las empresas públicas
de 1,155 que tenía el gobierno en 1982, a 618 para 1988, y para fines de 1993
sólo poseía 257 de estas empresas. Por motivo de la venta de estas empresas, se
obtuvieron recursos por cerca de 20,000 millones de dólares que fueron
invertidos en un fondo de contingencia; al mismo tiempo el gobierno promovía la
inversión extranjera en grandes obras de infraestructura, que anteriormente
eran reservadas para el Estado. También se vio puesta en marcha una reforma al
sistema de tenencia de la tierra, lo que liberalizó totalmente la forma de
tenencia de la misma, junto con ello fueron otorgados créditos adicionales al
campo.
Dentro del conjunto de medidas
adoptadas se encontraba la Ley de Competencia y la creación de la comisión
correspondiente que evitarían prácticas monopólicas.
EL COLAPSO; LA ENFERMEDAD
HOLANDESA.
Para mediados de 1991 se empezaban a
mostrar los primeros signos de debilidad económica en México, durante 1992 la
tendencia continuaba y para 1993 había llegado a niveles de estancamiento
absoluto. El PIB real creció sólo 3.6%, 2.8% y 0.6% respectivamente, lo cual
resultaba sorprendente pues durante ese mismo lapso de tiempo la balanza de
pagos acumulaba 84,096 millones de dólares, de los cuales 59,703 millones de
dólares eran de inversión extranjera de cartera y 13,544 millones de dólares de
inversión extranjera directa; luego, ¿Cómo era posible, que con tal cantidad de
recursos, México pudiera entrar en un periodo de recesión?. Sí se analiza el
modelo económico llamado "Enfermedad Holandesa" podremos darnos cuenta
porque, el cual nos dice, que con una entrada masiva de inversión extranjera se
puede ocasionar un aumento de precios en productos no comerciales con el
exterior y un abaratamiento de los productos comerciales con el exterior; esto
es, se daba un aumento en los insumos y materias primas que no podían ser
reflejadas en los costos de los productos, debido a que los mismos, ya no
serían competitivos con los del exterior. Esta situación llevó a muchas
empresas menos eficientes a la quiebra y sólo las muy eficientes y competitivas
sobrevivirían. Para 1992, los precios de los bienes no comerciales estaban
19.9% por encima de los bienes comerciales. Algo similar ocurría con las tasas
de interés nacionales, pues eran más altas que las extranjeras, lo que ponía a
los empresarios en desventaja frente a sus competidores extranjeros, en cuanto
al financiamiento requerido para sus plantas productivas. La sobrevaluación
también terminaba por afectar el mercado de las empresas, pues ésta abarataba
los productos importados sobre los nacionales y lógicamente los consumidores
preferían los extranjeros.
La sobrevaluación que se dio en la
moneda fue apresurada por la política cambiaría de reducir el deslizamiento del
tipo cambiario de $1.00 a $0.80 centavos en la tercera fase del PECE durante
1990. Posteriormente se profundizó al reducir más el deslizamiento, pues pasó
de $0.80 a $0.40 centavos diarios, lo que redundaría en una devaluación nominal
del peso en el año de 1991 de 4.34%, cuando la inflación en ese mismo periodo era
de 18.8%, todavía en 1992 volvió a disminuir el deslizamiento a $0.20 centavos
diarios, dándose una depreciación nominal del tipo cambiario de 1.44%, lo que
llevó a que el peso en 1990, se viera sobrevaluado en un 10.9%, y al siguiente
año en 22.8%, y para diciembre de 1992 ya era de 31.7% su sobrevaluación. Esto
era indicativo de que los precios de los bienes no comerciables, para 1992,
eran de 16.9% más altos que los bienes comerciables.
Esta sobrevaluación provocó fuertes
presiones en el mercado interno, pues la gente prefería comprar productos
importados que nacionales, debido al costo más barato que tenían estos. La
oferta de bienes de importación para 1989 estaba constituida con el 10.5% del
total de la oferta, para 1991 con el 13.2% y en los dos años siguientes aumentó
al 15%. En conjunto se produjo una contracción del mercado interno y la oferta
se redirigía al exterior.
LA LUCHA A ULTRANZA CONTRA LA INFLACIÓN
Y EL COLAPSO DE 1994.
En las diferentes fases del PECE, la prioridad
máxima de la política económica era la reducción de la inflación. Esta
situación se reflejó en la política fiscal que gradualmente fue eliminando el
déficit del sector público de 12.5% del PIB en 1988, a un superávit de 0.5% del
PIB en 1992; también contribuyó a esto la sobrevaluación del tipo de cambio que
evitó un crecimiento en los precios, además de la apertura comercial que
permitió una mayor disponibilidad de bienes a precios internacionales, con un
dólar barato, con esto se contuvieron los precios internos dando resultados
excelentes. De una inflación en 1988 de 51.7%, pasó a 11.9% en 1992 y a 8% en
1993.
Todo esto conllevaría un costo, que
probablemente las autoridades no habían advertido, la "enfermedad
holandesa" estaba debilitando el aparato productivo y desacelerando la
actividad económica. Para 1992 el déficit comercial llegaba a 15,933 millones
de dólares y en 1993 se contrajo a 13,481 millones de dólares, esto debido a la
reducción de las importaciones, ocasionado por la contracción de la actividad
económica.
En 1993, en los altos niveles de
decisión del país, se dio la discusión sobre que camino tomar para evitar un
posible colapso de la economía, para lo cual se presentaban dos opciones: la
primera pretendía bajar la inflación a niveles internacionales y la otra
relajar el tipo de cambio, a través de una devaluación, lo que reduciría el
déficit en cuenta corriente, aunque esta opción nos llevaría a una devaluación
mayor. Se adopto la primera opción, pues si ya se tenía una inflación del 10%
que había costado tanto, era ilógico ceder a volver a una inflación alta. Esta
decisión consideraba que los flujos de capital que provenían del exterior
continuarían en cantidades suficientes y además iniciaría una discreta
ampliación de la banda de flotación del peso con el objeto de lograr una
reducción gradual de la sobrevaluación. En efecto el precio se devaluó un 8%
entre febrero y marzo de 1994; pero no así fue el resultado en el pronóstico de
flujo de capitales, pues los acontecimientos del asesinato del candidato del PRI
a la presidencia en ese año, provocaron una fuerte salida de los mismos. A
fines de ese mes, las reservas del Banco de México disminuyeron en 11,000
millones de dólares, sólo treinta días después del asesinato; para marzo de
1994; el Banco de México contaba con 29,000 millones de dólares de reservas
internacionales; para el 19 de diciembre, día de la devaluación México contaba
con tan sólo 10,457 millones de dólares en reservas; esto no incluía la emisión
de tesobonos, certificados gubernamentales indizados al dólar, emitidos en ese
año. La emisión de tesobonos en ese año fue de 26,400 millones de dólares. Esta
emisión de tesobonos que pretendía contrarrestar la parcial caída de reservas,
escondió la verdadera presión que se generaba en el mercado cambiario, que
reflejaba fuga de capital y deuda externa disfrazada; y solo fue una manera de
darle la vuelta al techo de endeudamiento externo establecido cada año por el
propio Congreso de la Unión.
Los efectos que se harían notar en 1995
eran preocupantes pues nuevamente la deuda tanto interna como externa amenazaba
el futuro del país. Esta deuda externa que con tanta dificultad se había
tratado de reducir en los últimos años se incrementaba a niveles que casi
podrían considerarse impagables en muchos años, 150,000 millones de dólares
para 1995.
La diferencia entre este endeudamiento
y otros, era que el mismo era compartido por un gran número de mexicanos, pues
al adquiriese bienes de consumo duradero como casas y plantas productivas para
empresas, los mexicanos se endeudaban y al no tenerse crecimiento económico ya
no existían recursos para pagar estos endeudamientos, por lo que se generaba un
adeudo a la banca comercial y esta a su vez al no contar con esos recursos no
podía cumplir con sus obligaciones al exterior o con el gobierno, por lo que el
gobierno terminaba siendo informalmente el deudor último ante los acreedores
externos, es decir, era el que daba la cara por la personas e instituciones
nacionales.
CONCLUSIÓN
Una vez revisado el desarrollo macroeconómico que
ha vivido México durante el periodo comprendido entre 1950 a 1994, se puede
analizar con mayor claridad y objetividad cada uno de los problemas a los que
tuvo que enfrentarse la economía mexicana, así también se ha aprendido a
entender los diferentes efectos externos e internos que han puesto a México en
situación de crisis; en términos generales hemos empezado a entender como
evaluar la economía mexicana. Dentro de mis conclusiones señalaré las que a mi
consideración y con independencia de las del autor del libro creo son las más
importantes y debemos tomar conciencia de ellas para no cometerlas más en un
futuro.
México mantuvo durante muchos años una
política comercial proteccionista, una política que durante las primeras
décadas tuvo buenos resultados, pero que más tarde habría que cambiar. Lo
difícil fue lograr ese cambio, no era fácil alejarse de un modelo que estaba
dando resultados, pero la economía mundial cambiaba, frente a una globalización
y México tenía que cambiar; desafortunadamente esos cambios no se dieron a
tiempo, y cuando nos enfrentamos a ellos, México presentaba un rezago cultural
que le impedía enfrentarse a esta comercialización mundial en forma eficiente y
competitiva, los desequilibrios en la balanza comercial no se hicieron esperar
y fueron objeto de crisis.
Por otro lado nos encontrábamos frente
a una constante lucha por mantener el tipo cambiario del peso, esto era
totalmente ineficaz pues el resultado siempre era un rompimiento negativo en la
cuenta corriente de pagos, pues al mantener un peso sobrevaluado, se generaba
un mayor número de importaciones y aunque esto implicaba que había una fuerte
inversión en los mercados, que se reflejaba en el aumento de las exportaciones,
siempre se, terminaba con un desaceleramiento profundo del crecimiento
económico, y con un endeudamiento externo tanto de inversión, como en préstamo
que finalmente ocasionaba crisis.
Otro punto que considero muy importante
es referente al aumento de la población. Los mexicanos siempre nos hemos distinguido
por las críticas profundas que hacemos a nuestros gobiernos, pero pocas veces
nos hemos puesto a pensar lo difícil que es para un gobierno crear empleos a
una tasa tan alta de crecimiento, somos pues, culpables en parte de nuestra
pobreza, pues al aumentar la población, la riqueza debe de dividirse entre
grupos más numerosos, lo que implica un mayor crecimiento en la pobreza; lo
peor de todo es el no tener conciencia que ese aumento de población trae como
resultado un mayor consumo de los recursos naturales que posee México, en pocas
palabras nos estamos comiendo los recursos de las próximas generaciones para
satisfacer los nuestros.
También es importante destacar ese
enorme sesgo que se ha creado entre la inversión y el gasto público, y que se
tiene que eliminar. Es necesario lograr un crecimiento, que resulte de una
mayor productividad, para evitar la constante necesidad de recurrir a la
inversión extranjera que nos ha costado tanto endeudamiento.
Por último, y no menos importante está
la necesidad de México de crear nuevas expectativas de desarrollo, los
mexicanos necesitamos criticar menos, dejar de buscar culpables y ponemos a
trabajar, en todo aquello, en lo que cada uno de los mexicanos sea capaz de
lograr con eficiencia y competitividad frente a cualquier mercado; es decir,
debemos de crecer, para pagar nuestros errores cometidos y dar a nuestros lujos
y futuras generaciones un México saneado y con expectativas de crecimiento.
Debemos de dejar de creer en los
políticos que prometen beneficios a corto plazo, aquellos que pretenden con sus
programas lograr un bienestar para los mexicanos de hoy, porque volver a creer
en ellos y en sus políticas implica caer en los mismos errores del pasado. Hay
que creer en la política que buscan un México mejor en el futuro. Sólo con
trabajo y sacrificio podremos salir de esta economía anacrónico que venimos
arrastrando desde hace muchos años en pos de las futuras generaciones. Jamás
hay que perder de vista que la economía no se finca en un hombre o gobierno, es
el pueblo, a través de cada uno de sus sectores, el que da rumbo a la economía
de un país, en la medida en que necesitan y como producen cada uno de ellos.
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