Universidad Abierta

 


IMPORTANTE: Se autoriza la reproducción de este texto para fines no comerciales, agradecemos citar la fuente

 

CINE MEXICANO.

 

MARÍA GUADALUPE TORRES PÉREZ.

 

 

Contenido:

 

                                                                                 

 

I.          Escrito sobre Cine Mexicano                                            

 

II.         Comentarios personales sobre el cine mexicano    

 

III.         Preguntas y respuestas de auto evaluación                        

 

 

I.          Escrito sobre cine mexicano desde sus inicios a la actualidad.

 

El cine llegó a México casi ocho meses después de su triunfal aparición en París. La noche del 6 de agosto de 1896, el Presidente Porfirio Díaz, su familia y miembros de su gabinete presenciaban asombrados las imágenes en movimiento que dos enviados de los Lumière proyectaban en uno de los salones del Castillo de Chapultepec.

 

El éxito del nuevo medio de entretenimiento fue inmediato. Don Porfirio había aceptado recibir en audiencia a Claude Ferdinand Bon Bernard y a Gabriel Veyre -los proyeccionistas enviados por Louis y Auguste Lumière a México- debido a su enorme interés por los desarrollos científicos de la época. Además, el hecho de que el nuevo invento proviniera de Francia, aseguraba su aceptación oficial en un México que no ocultaba su gusto "afrancesado".

 

Después de su afortunado debut privado, el Cinematógrafo fue presentado al público el 14 de agosto, en el sótano de la Droguería "Plateros", en la calle del mismo nombre (hoy Madero) de la ciudad de México. El público abarrotó el sótano del pequeño local -curiosa repetición de la sesión del sótano del "Gran Café" de París donde debutó el Cinematógrafo- y aplaudió fuertemente las "vistas" mostradas por Bernard y Veyre. La Droguería "Plateros" se convirtió, al poco tiempo, en la primera sala de cine de nuestro país: el "Salón Rojo".

 

Bernard y Veyre formaban parte de un pequeño ejército de camarógrafos reclutados por los Lumière para promocionar su invento alrededor del mundo.

 

El Cinematógrafo había recibido aplausos en Europa y se lanzaba a la conquista de América. La estrategia de mercado de los Lumière era muy acertada: los camarógrafos-proyeccionistas solicitaban audiencia ante los jefes de gobierno de los países que visitaban, apoyados por el embajador francés en el lugar. De esta manera, el Cinematógrafo hacía su entrada por la "puerta grande", ante reyes, príncipes y presidentes ansiosos de mostrarse modernos.

 

México fue el primer país americano que disfrutó del nuevo medio, ya que la entrada del Cinematógrafo a los Estados Unidos había sido bloqueada por Edison. A principios del mismo 1896, Thomas Armant y Francis Jenkins habían desarrollado en Washington el Vitascope, un aparato similar al cinematógrafo. Edison había conseguido comprar los derechos del Vitascope y pensaba lanzarlo al mercado bajo el nombre de Biograph. La llegada del invento de los Lumière significaba la entrada de Edison a una competencia que nunca antes había experimentado.

 

Se puede considerar a Porfirio Díaz como el primer "actor" del cine mexicano. La primera película filmada en nuestro país, el Presidente de la República paseando a caballo en el Bosque de Chapultepec (1896) resultaba indicativa de otra característica del nuevo invento: mostrar a los personajes famosos en sus actividades cotidianas y oficiales. La coronación de Nicolás II de Rusia había inaugurado esta tendencia pocos meses antes.

 

Durante 1896, Bernard y Veyre filmaron unas 35 películas en la ciudad de México y Guadalajara. Entre otras cosas, los franceses mostraron a Díaz en diversos actos, registraron la llegada de la Campana de Dolores al Palacio Nacional, y filmaron diversas escenas folclóricas y costumbristas que muestran ya una tendencia hacia el exotismo que acompañaría al cine mexicano a lo largo de su historia.

 

El mismo año llegó también el Vitascope norteamericano; sin embargo, el impacto inicial del Cinematógrafo había dejado sin oportunidad a Edison de conquistar al público mexicano.

 

El surgimiento de los primeros cineastas mexicanos no obedeció a un sentido nacionalista, sino más bien al carácter primitivo que tenía el cine de entonces: películas breves, de menos de un minuto de duración, que provocaban una necesidad constante de material nuevo para exhibir.

 

Al irse Bernard y Veyre, el material traído por ellos de Francia y el que filmaron en México fue comprado por Bernardo Aguirre y continuó exhibiéndose por un tiempo. Sin embargo, las demostraciones de los Lumière por el mundo cesaron en 1897 y a partir de entonces se limitaron a la venta de aparatos y copias de las vistas que sus enviados habían tomado en los países que habían visitado.

 

Esto provocó el rápido aburrimiento del público, que conocía de memoria las "vistas" que hacía pocos meses causaban furor.

 

Algunos entusiastas, como Aguirre, habían comprado equipo y películas a los Lumière para exhibirlas en provincia. La determinación de los Lumière de dejar de filmar y dedicarse a la venta de copias provocó el surgimiento de los primeros cineastas nacionales.

 

En 1898 se inició como realizador el ingeniero Salvador Toscano, quien se había dedicado a exhibir películas en Veracruz. Su labor es una de las pocas que aún se conservan de esa época inicial del cine. En 1950, su hija Carmen editó diversos trabajos de Toscano en un largometraje titulado Memorias de un mexicano en 1950. Toscano testimonió con su cámara diversos aspectos de la vida del país durante el Porfiriato y la Revolución. Inició, de hecho, la vertiente documental que tantos seguidores ha tenido en nuestro país.

 

Otros cineastas de esa primera época fueron: Guillermo Becerril (desde 1899); los hermanos Stahl y los hermanos Alva (desde 1906); y Enrique Rosas, éste último realizador de un gran documental sobre el viaje de Porfirio Díaz a Yucatán: Fiestas presidenciales en Mérida (1906). Este filme fue, sin duda, el primer largometraje mexicano.

 

Si se tiene como cine de ficción a aquel que emplea actores para contar un argumento, habría que remontarnos hasta 1896 para encontrar el primer ejemplo de ello en nuestro cine.

 

Un duelo a pistola en el Bosque de Chapultepec (1896) fue filmada en ese año por los franceses Bernard y Veyre, en base a un hecho real, ocurrido poco tiempo antes entre dos diputados en el Bosque de Chapultepec.

 

Esta cinta levantó una ola de protestas en la prensa, debido a que el público interpretaba el evento como la filmación del hecho real. A pesar de que se anunciaba que el filme era una reconstrucción de los hechos, el público no distinguía todavía la diferencia entre realidad y ficción. El carácter realista del cine hacía pensar que todo lo que se mostrara era, al ser capturado por la cámara, verdadero.

 

Las reconstrucciones de eventos famosos no eran novedad en 1896. Pedro Esquirel and Dionecio Gonzales - Mexican Duel (1894) presentaba quizás a los primeros mexicanos mostrados en película: dos hombres que se enfrentaban en un duelo a cuchilladas. Esta imagen del mexicano violento fue, desde entonces, el estereotipo impuesto por el cine norteamericano al referirse a México.

 

Salvador Toscano filmó en 1899 una versión corta de Don Juan Tenorio. Este filme mostraba la ambivalencia con que se tomaba la ficción en esa época: era documental porque registraba la representación teatral de la obra, pero era ficción porque únicamente mostraba el desempeño de los actores.

 

En 1907, el actor Felipe de Jesús Haro realizó la primera cinta ambiciosa de ficción filmada en México: El grito de Dolores o La independencia de México (1907). El mismo Haro interpretó al libertador Miguel Hidalgo y escribió el argumento. La película se exhibió, casi obligatoriamente, cada 15 de septiembre hasta 1910.

 

Otros filmes de ficción de esa época fueron: El san lunes del valedor o El san lunes del velador (1906), cinta presumiblemente cómica dirigida por Manuel Noriega; Aventuras de Tip Top en Chapultepec (1907), cortometraje del ya mencionado Haro; El rosario de Amozoc (1909) primer filme de ficción de Enrique Rosas; y El aniversario del fallecimiento de la suegra de Enhart (1912) de los hermanos Alva, el más antiguo filme de ficción del cual todavía se conservan copias. Esta cinta es una comedia interpretada por los actores Enhart y Alegría -cómicos del Teatro "Lírico"- que muestra una marcada influencia francesa en su estilo de realización.

 

La Revolución marcó un gran paréntesis en la realización de filmes de ficción en México. Con la finalización oficial del conflicto, en 1917, pareció renacer esta vertiente cinematográfica, ahora en la modalidad del largometraje.

 

De hecho, se considera que entre 1917 y 1920 hubo en México una Época de Oro del cine mudo, que nunca se volvió a repetir sino hasta los años cuarenta.

 

Es curiosa la coincidencia de que la mejor época del cine mudo mexicano se inicie durante los años de la Primera Guerra Mundial, mientras que la mejor época de nuestro cine sonoro coincida con la Segunda Guerra.

 

En ambas situaciones se presentó una disminución en la importación de películas, resultado natural de la disminución en el número de filmes producidos por los países en guerra durante esos años.

 

En 1917, la principal importación de filmes hacia México provenía de Europa. Estados Unidos no terminaba de afianzarse como un gran centro productor cinematográfico, aunque Hollywood ya comenzaba a perfilarse como la futura Meca del cine.

 

Además, las relaciones tirantes entre México y Estados Unidos, junto con la imagen estereotipada del "mexicano bandido" en muchos de los filmes norteamericanos, provocaba un rechazo, tanto oficial como popular, hacia muchas de las películas estadounidenses de la época.

 

Francia e Italia fueron los patrones a seguir para la "reinauguración" del cine mexicano de ficción en 1917. Ese año se estrenó en México Il Fuoco (1915), filme italiano interpretado por Pina Menichelli, actriz que logró gran popularidad en nuestro país y que introdujo el concepto de "diva" del cine, anteriormente sólo utilizado para el teatro o la ópera.

 

Il Fuoco (1915) inauguró una tendencia romántica-cursi que hizo furor en México y que influyó al cine de otros países, incluyendo Estados Unidos. El universo de las "divas" se componía de ingredientes que pronto se asimilaron en otras cinematografías: mujeres voluptuosas, escenarios suntuosos, historias pasionales y atrevidas. La propuesta italiana planteaba un cambio en la mentalidad de la época, producto inmediato de la guerra.

 

El papel de la mujer se ampliaba en el cine, aunque sólo fuera como "objeto de pasiones amorosas." La nueva mujer que obtenía el derecho al voto y que pronto se recortaría el pelo, se liberaría del corsé y se acortaría la falda hacía su aparición en las pantallas cinematográficas.

 

La luz, tríptico de la vida moderna (1917) es el título del primer largometraje -oficial- del cine mexicano. Digo "oficial" porque pocos autores mencionan el trabajo de los yucatecos Carlos Martínez de Arredondo y Manuel Cirerol Sansores quienes un año antes filmaron 1810 ó Los libertadores de México (1916), probablemente el primer largometraje de ficción nacional.

 

El hecho de haber sido filmado en Yucatán, junto con El amor que triunfa (1917), lo ha relegado en contra de La luz, tríptico de la vida moderna (1917), filme realizado en la ciudad de México.

 

Producida por el francés Max Chauvet, y dirigida probablemente por otro francés, J. Jamet, La luz, tríptico de la vida moderna (1917) ha sido atribuida al camarógrafo mexicano Ezequiel Carrasco, quien prolongó su carrera dentro del cine nacional hasta los años sesenta. Con un argumento que prácticamente era un plagio de la afamada Il Fuoco (1915), el filme catapultó al estrellato nacional a la primera "diva" mexicana: Emma Padilla. Otros filmes famosos de esta primera Época de Oro fueron: En defensa propia (1917), La tigresa (1917) y La soñadora (1917), producidos todos por la Compañía Azteca Films. Esta firma, fundada por la actriz Mimí Derba y por Enrique Rosas, constituyó la primera empresa de cine totalmente mexicana. Probablemente Derba haya sido la primera directora de cine nacional, si es cierto que dirigió La tigresa (1917).

 

Los temas que han acompañado a nuestra cinematografía nacieron también en los años de 1917 a 1920. Tepeyac (1917), filme que relacionaba extrañamente las apariciones de la Virgen de Guadalupe con el hundimiento de un barco en el siglo XX, fue filmado por Fernando Sáyago. Tabaré (1917) de Luis Lezama, guarda una estrecha relación en su argumento con filmes como Tizoc (1957): el indio que se enamora de la rica heredera de piel blanca. Finalmente Santa (1918), la prostituta creada por el escritor Federico Gamboa, hizo su primera aparición cinematográfica dirigida por Luis G. Peredo. Otra versión de Santa (1931) iniciaría la era sonora del cine mexicano y marcaría el rumbo de uno de los principales arquetipos femeninos de nuestro cine: la prostituta o cabaretera.

 

Mención especial merece El automóvil gris (1919), sin lugar a dudas el filme más famoso de la época muda del cine mexicano.

 

Filmado por Enrique Rosas de gran trayectoria cinematográfica si consideramos las veces que ha sido nombrado en este texto, el filme en realidad no es tal; es una serie de episodios (doce en total) que cuenta las aventuras de una famosa banda de ladrones de joyas que se hizo célebre en la ciudad de México hacia 1915.

 

Las series representaron las primeras incursiones del cine norteamericano en el gusto popular mexicano. Para 1919 se habían suavizado las fricciones con el vecino del norte, y el cine hollywoodense comenzaba a conquistar mercados en todo el mundo.

 

Estos filmes por episodios habían nacido en Francia, alrededor de 1912, siendo el primero "Fantomas", una serie sobre el famoso ladrón elegante de las tiras cómicas.

 

El más popular de los "seriales" norteamericanos fue el titulado "Los Peligros de Paulina", el cual narraba las aventuras de una joven reportera -novedad para la época- que se metía en distintos líos debido a su profesión. Esta serie propugnaba el nuevo papel activo de la mujer en Norteamérica, además de ser una fuente de entretenimiento en las ya populares "matinées" cinematográficas.

 

De esta manera, El automóvil gris (1919) inauguraba, sin claros sucesores, el "serial" mexicano.

 

La cinta (o cintas) poseía además un elemento novedoso y controversial: era el primer filme cuyo argumento se inspiraba claramente en hechos recientes, acontecidos en el país. En el evento original había estado involucrado un general carrancista que fue socio de Rosas en la formación de Azteca Films, y los personajes que aparecían en pantalla eran claramente identificables por el público.

 

Para completar la controversia, la escena final de la serie constituía una extraña mezcla de ficción y realidad: el fusilamiento de los miembros de la banda no era actuado, sino que Rosas había tomado la escena original filmada por él mismo, y la había incluido en la cinta. De esta manera, el filme aseguraba, de manera mórbida, su popularidad en el público.

 

El automóvil gris (1919) constituye un fenómeno curioso dentro de nuestra cinematografía. Hasta hace pocos años la cinta era exhibida regularmente, aunque mutilada, en cine y televisión. En 1933 fue sonorizada, arruinando gran parte de su originalidad. Los diálogos añadidos ridiculizan las actuaciones teatralizadas de la época y no aportan nada a la historia. En 1960, la cinta fue editada para convertirla en largometraje, lo cual la acabó de arruinar completamente. Se eliminaron muchas escenas que funcionaban como "puentes" para las acciones, de tal manera que el filme visible hoy en día en una versión confusa del "serial" original. El automóvil gris (1919) fue la última realización de Enrique Rosas, fallecido en 1920.

 

A pesar de que el sonido se incorporó al cine en 1927, no fue sino hasta 1931 cuando se realizó la primera cinta sonora mexicana: una nueva versión de Santa, dirigida por el actor español-hollywoodense Antonio Moreno, e interpretada por la ya mencionada Lupita Tovar.

 

De nueva cuenta, la primera en algo no lo fue totalmente. Antes de Santa (1931) se habían filmado varias películas con sonido sincronizado de discos (sonido indirecto). Estos intentos de cine sonoro no fueron populares en México, como tampoco lo habían sido experimentos similares en otras partes del mundo.

 

Santa (1931) fue, eso sí, la primera película mexicana que incorporó la técnica del sonido directo (grabado en una banda sonora paralela a las imágenes en la misma película).

 

Esta técnica fue traída de Hollywood por los hermanos Rodríguez, quienes habían inventado en Estados Unidos un aparato sincronizador de sonido muy ligero y práctico.

 

El apoyo de un equipo entrenado en Hollywood para la filmación de Santa (1931) no fue casualidad. Obedecía a todo un plan para establecer una industria cinematográfica mexicana, mismo que incluyó la fundación de la Compañía Nacional Productora de Películas.

 

Esta empresa adquirió unos estudios de cine existentes desde 1920 y se estableció como la compañía de cine más importante del país. La decisión de "importar" a casi todo el personal de la filmación se hizo con la idea de asegurar el éxito financiero de la película.

 

La industria del cine mexicano nació en una época de gran efervescencia social, política y cultural en nuestro país. La Revolución comenzaba a ser una etapa de la Historia, aunque sus protagonistas todavía regían el destino político de la nación.

 

En 1928, el general Plutarco Elías Calles había fundado el Partido Nacional Revolucionario (PNR), antecedente directo del Partido Revolucionario Institucional (PRI). Entre 1928 y 1934, Calles se mantuvo en el poder desde el Partido, aunque México tuvo tres presidentes en ese mismo período: Pascual Ortiz Rubio, Abelardo L. Rodríguez y Emilio Portes Gil.

 

Con la llegada al poder de Lázaro Cárdenas en 1934, la inestabilidad política del país comenzó a desaparecer. Cárdenas fue el primer presidente que se mantuvo en el gobierno por seis años, el mandato establecido por la Constitución de 1917.

 

El ambiente intelectual mexicano se encontraba dividido entre la Revolución y el Socialismo. La Revolución Rusa de 1917 había impreso una huella tan importante como la Revolución Mexicana en el pensamiento de algunos intelectuales de nuestro país. México vivía el esplendor del Muralismo, un movimiento estético con una carga ideológica de izquierda que nunca se ocultó.

 

Literatura, música, poesía y pintura, fueron artes que tuvieron un gran desarrollo en la década de los treinta. Silvestre Revueltas, Xavier Villaurrutia, Carlos Pellicer, Salvador Novo, Diego Rivera, David Alfaro Siqueiros, José Clemente Orozco, Frida Kahlo y muchos artistas más, conformaban el panorama artístico e intelectual del México moderno. Un común denominador en la temática de sus obras fue la revisión de la Revolución Mexicana.

 

En este ambiente, no es extraña la tendencia que siguió el cine mexicano una vez establecidas las bases de la industria cinematográfica nacional. Política y arte apuntaban hacia la Revolución como tema principal, y ese fue el camino que siguió la nueva industria.

 

La naciente industria del cine mexicano produjo, entre 1932 y 1936, unas cien películas entre las que destacan varias consideradas hoy en día como clásicos del cine nacional.

 

En pocos años, la cinematografía mexicana se afianzó en el gusto nacional y comenzó, inclusive, a exportarse a los países de lengua española. 1936 marcaría el inicio de la completa internacionalización del cine mexicano, con la filmación de Allá en el Rancho Grande (1936) de Fernando de Fuentes.

 

De Fuentes realizó, además, otros dos filmes que se consideran precursores de la Época de Oro: El compadre Mendoza (1933) y Vámonos con Pancho Villa (1935). Estos filmes revelan que de Fuentes dominaba las técnicas norteamericanas de filmación, y que además demostraba una sobriedad increíble para la época en el tratamiento del tema de la Revolución. De hecho, ambos filmes son prácticamente los únicos realizados sobre ese tema que no exaltan en ningún momento la gesta revolucionaria, y que incluso llegan a criticarla.

 

En 1933, el ruso-chileno Arcady Boytler filmó La mujer del puerto (1933) con Andrea Palma, película que contribuyó a la consolidación del personaje de la prostituta dentro de nuestro cine. Con una atmósfera heredada del expresionismo alemán, La mujer del puerto (1933) sorprendió al México de la época por lo fuerte de su temática (incesto) y por su buena realización.

 

Janitzio (1934) de Carlos Navarro, Dos monjes (1934) de Juan Bustillo Oro y Redes (1934) de Fred Zinnemann y Emilio Gómez Muriel, son otros de los filmes destacados de la época.

 

Chano Urueta, Gabriel Soria, Juan Orol y Miguel Zacarías son algunos de los directores que iniciaron su carrera en esos años previos a la Época de Oro.

 

La Revolución Mexicana contribuyó enormemente al desarrollo del cine en nuestro país. Por circunstancias cronológicas, la Revolución fue el primer gran acontecimiento histórico totalmente documentado en cine. Nunca antes un evento de tal magnitud había sido registrado en movimiento. La Primera Guerra Mundial iniciada cuatro años después del conflicto mexicano fue documentada siguiendo el estilo impuesto por los realizadores mexicanos de la Revolución.

 

La vertiente documental y realista fue, por razones claras, la principal manifestación del cine mexicano de la Revolución. Aunque el cine de ficción comenzaba a popularizarse en Europa y Norteamérica, el conflicto armado mexicano constituyó la principal programación de las salas de cine nacionales entre 1910 y 1917.

 

El público se interesaba en estos filmes por su valor noticioso. Era una forma de confirmar y dar sentido al cúmulo de informaciones imprecisas, contradictorias e insuficientes, producto de un conflicto armado complejo y largo. Los filmes de la Revolución pueden considerarse como antecedentes lejanos de los noticiarios televisivos de hoy en día.

 

Los cineastas de la Revolución procuraban mostrar una visión objetiva de los hechos. Para no tomar partido, los camarógrafos filmaban los preparativos de ambos bandos, hacían converger la acción en la batalla y, en muchos casos, no daban noticia del resultado de ésta. Esto lo hacían debido a la incertidumbre por el curso de los acontecimientos.

 

En muchos casos, los ejércitos contendientes tenían su propio camarógrafo. Los hermanos Alva siguieron a Madero, mientras que Jesús H. Abitia acompañaba a la División del Norte y filmaba los acontecimientos desde el punto de vista de los ejércitos de Álvaro Obregón y Venustiano Carranza. Se dice que Pancho Villa contaba con sus propios camarógrafos norteamericanos, y que incluso llegó a "coreografiar" la Batalla de Celaya en función de la cámara de cine.

 

Independientemente de las distintas prácticas cinematográficas, la Revolución fue para el cine mexicano un evento fotogénico excepcional. Sin lugar a dudas, la estética provocada por este conflicto imprimió su huella en el desarrollo posterior de nuestra cinematografía. Prueba de ello son los filmes de la llamada "Época de Oro" que tanto le deben a la Revolución en su postura estética.

 

La década de 1920 a 1929 fue testigo de la transformación del mundo. La Primera Guerra Mundial había alterado radicalmente los valores de gran parte de la sociedad, y la gente trataba de olvidar el horror vivido hasta 1919. En los "alegres veintes" nacieron la radio, el jazz y las faldas cortas, así como el fascismo, el nazismo y la depresión económica norteamericana.

 

En 1927 el cine habló por primera vez. The Jazz Singer (1927) de Alan Crossland, se convirtió en la punta de lanza de una novedad cinematográfica: el sonido. A partir de ese momento, el cine apostó todo a las palabras y a la música, inaugurando una nueva era en su historia.

 

Después de 1920, el cine mexicano mantuvo una carrera dispareja en contra de la creciente popularidad del cine hollywoodense. Los nombres de Rodolfo Valentino, Tom Mix y Gloria Swanson competían, con gran ventaja, contra los de Carlos Villatoro, Ligia Dy Golconda y Elena Sánchez Valenzuela, por el gusto del público mexicano.

 

En general, muy poco se puede rescatar del cine mudo mexicano de los veintes. Quizás lo más importante de esa década para nuestro cine fue la preparación que obtuvieron distintos actores, directores y técnicos mexicanos en el cine de Hollywood.

 

La cercanía de Hollywood con nuestro país fue un factor importante que permitió la integración de varios compatriotas a la industria fílmica norteamericana. Dolores del Río, Ramón Novaro, Lupe Vélez y Lupita Tovar fueron algunos de los actores mexicanos que se codearon en esa época con los más famosos de Hollywood. La falta de sonido en el cine eliminaba la barrera del idioma.

 

Entre los directores, Fernando de Fuentes, Emilio Fernández, Roberto y Joselito Rodríguez, recibieron su educación cinematográfica en Hollywood. De esta manera, el cine mexicano se preparaba para lo que sería la Época de Oro.

 

La llegada a México de los prestigiados "mexicanos de Hollywood" no correspondió tanto a un súbito sentimiento nacionalista por parte de ellos, sino a la necesidad de asegurarse un futuro dentro del cine.

 

La llegada del sonido había significado algo más que la posibilidad de incluir canciones en las películas: significaba la "muerte" de la carrera de muchos actores.

 

Aparte de los problemas sufridos por actores que no contaban con una voz acorde a su personalidad cinematográfica, el principal problema de los extranjeros que actuaban en Hollywood era el idioma o, cuando menos, el acento. Los actores y actrices extranjeros interpretaban, en muchas ocasiones, el mismo tipo de papeles que los norteamericanos, por lo que el acento extranjero era algo imposible de mantener bajo la nueva era del sonido.

 

Otra cara del problema, quizás la más grave para las compañías productoras; era de carácter mercantil. Antes de la llegada del sonido las películas podían venderse en todo el mundo sin ningún problema. Los "títulos" de algunas escenas de los filmes (letreros que interrumpían la acción para presentar un diálogo o una explicación) eran sustituidos al llegar a su destino por "títulos" en el idioma local. El sonido eliminaba estas prácticas.

 

Una solución efímera que propuso Hollywood fue la realización de versiones en varios idiomas de sus filmes importantes. Así, entre 1928 y 1939, Hollywood filmó varias veces una misma película para asegurar su presencia en los mercados extranjeros.

 

Con el tiempo la práctica comprobó ser contraproducente. El público extranjero rechazaba las versiones en su lengua natal, porque los actores no eran los que ellos querían ver en la pantalla.

 

En el llamado "cine hispano" de Hollywood (las versiones en español) el problema se agudizó por la gran cantidad de acentos de los actores, algo que nunca tomaron en cuenta los productores hollywoodenses.

 

Aún así, el "cine hispano" sirvió como plataforma de entrenamiento para los actores y realizadores mexicanos que se incorporaron a la industria nacional a partir de Santa (1931). Funcionó también como una etapa de transición para evitar el despido masivo de actores que habían perdido su lugar en el firmamento de estrellas de Hollywood.

 

Dentro de los aspectos formales, es de gran importancia destacar la influencia del cine ruso en la creación de las imágenes que conformaron al cine mexicano. El papel de Hollywood en la creación de nuestro cine se explica fácilmente por la cercanía geográfica, y por la importancia de la industria del cine estadounidense. Pero la influencia estética rusa merece una explicación particular.

 

La corriente cinematográfica creada en Rusia en los veintes, constituyó el primer movimiento artístico propio del cine. Influidos enormemente por las aportaciones del norteamericano Griffith al lenguaje cinematográfico, los rusos desarrollaron una propuesta ideológica a través de un medio nunca antes utilizado: el cine.

 

Entre 1930 y 1932, Eisenstein estuvo en México con el fin de filmar una película que sería un vasto fresco sobre el país: ¡Que viva México!

 

El cineasta ruso venía patrocinado por algunos intelectuales norteamericanos de izquierda, y había estado en Hollywood donde no pudo realizar ningún filme. ¡Que viva México! (1930-1932) no pudo ser concluida porque los norteamericanos, que en un principio apoyaron a Eisenstein, le retiraron el financiamiento y se quedaron con el material filmado. Sin embargo, las imágenes capturadas por el director ruso pudieron ser apreciadas en distintos filmes que se realizaron a partir de ellas.

 

La estética visual de ¡Que viva México! tuvo una gran influencia en el cine nacional. Los bellos paisajes, las nubes fotogénicas y la exaltación del indígena fueron tres elementos sobresalientes de esta propuesta estética. Este estilo fue visto como derivado de la pintura muralista, especialmente de la de Diego Rivera.

 

Nuestra cultura televisiva nos ha condicionado a considerar cualquier película mexicana en blanco y negro como perteneciente a la Época de Oro. Pero, los verdaderos "años dorados" corresponderían a los coincidentes con la Segunda Guerra Mundial (1939-1945).

 

En estos años, factores políticos influyeron enormemente en el desarrollo del cine mexicano. Uno de ellos fue la postura del gobierno mexicano ante la guerra. En 1942, tras el hundimiento de barcos petroleros mexicanos por submarinos alemanes, el Presidente Manuel Ávila Camacho declaró la guerra a las potencias del Eje (Alemania, Italia y Japón). Esta postura oficial nos colocó en medio del conflicto, de parte de los Aliados.

 

La decisión de Ávila Camacho salvó, colateralmente, a nuestro cine de la extinción. La guerra había causado una disminución en la producción de muchos bienes de consumo, el cine incluido. Los materiales con que se fabricaban las películas y el equipo de cine se consideraban importantes para la fabricación de armamento (la celulosa, por ejemplo). Esto racionó la producción cinematográfica norteamericana, además de que el cine europeo sufría porque la guerra se desarrollaba en su terreno.

 

En 1942, la industria de cine mexicano no era la única importante en español. Argentina y España poseían ya un lugar dentro del cine de habla hispana. Ambos países se declararon neutrales durante el conflicto (España acababa de salir de su propia Guerra Civil). Sin embargo, en la práctica, las dos naciones mantuvieron vínculos más que ligeros con Alemania e Italia.

 

La decisión de alinearse con los Aliados trajo para México un estatus de nación favorecida. El cine mexicano nunca tuvo problemas para obtener el suministro básico de película virgen, dinero para la producción y refacciones necesarias para el equipo. España y Argentina nunca tuvieron un apoyo semejante por parte de Alemania o Italia, y el curso de la guerra marcó también el curso de las cinematografía de estos países.

 

En el panorama nacional, la situación de guerra también benefició al cine mexicano porque se produjo una disminución de la competencia extranjera. Aunque Estados Unidos se mantuvo como líder de la producción cinematográfica mundial, muchos de los filmes realizados en ese país entre 1940 y 1945 reflejaban un interés por los temas de guerra, ajenos al gusto mexicano. La escasa producción europea tampoco representó una competencia considerable.

 

El auge del cine mexicano favoreció el surgimiento de una nueva generación de directores: Emilio Fernández, Julio Bracho, Roberto Gavaldón e Ismael Rodríguez, por mencionar a algunos. Para el público, sin embargo, fue más interesante la consolidación de un auténtico cuadro de estrellas nacionales. María Félix, Mario Moreno "Cantinflas", Pedro Armendáriz, Andrea Palma, Jorge Negrete, Sara García, Fernando y Andrés Soler, Joaquín Pardavé, Arturo de Córdova y Dolores del Río serían las figuras principales de un "star system" sin precedentes en la historia del cine en español (García Riera, 1986: 125).

 

En esos años, el cine mexicano abordó más temas y géneros que en ninguna otra época. Obras literarias, comedias rancheras, películas policíacas, comedias musicales y melodramas, formaron parte del inventario cinematográfico mexicano de aquellos años.

 

Se llama la Época de Oro (1936-1957) del Cine Mexicano a los años en que se produjeron las mejores películas del cine mexicano. En ésta época se incluye exclusivamente largometrajes cuya producción haya sido total o mayoritariamente mexicana.

 

La Época de Oro del cine mexicano creó un universo lleno de astros y luminarias, cuyos límites se extendieron más allá de nuestras fronteras. En aquellos años, la cinematografía mexicana incorporó a un gran número de estrellas nacionales y extranjeras, algunas de países tan exóticos para nosotros como Checoslovaquia o el principado de Liechtenstein. Estos actores y actrices han permanecido en la memoria colectiva de varias generaciones de mexicanos y forman parte de nuestra herencia cultural, como son:

 

1.         Raúl de Anda

2.         Amalia Aguilar

3.         Alma Rosa Aguirre

4.         Elsa Aguirre

5.         Pedro Armendáriz

6.         Meche Barba

7.         Rosa Carmina

8.         Roberto Cobo

9.         Arturo de Córdova

10.       Columba Domínguez

11.       Irma Dorantes

12.       María Félix

13.       Emilio Fernández

14.       Esther Fernández

15.       Sara García

16.       Tito Guízar

17.       Pedro Infante

18.       Katy Jurado

19.       Libertad Lamarque

20.       Marga López

21.       Carlos López Moctezuma

22.       María Elena Marqués

23.       Miroslava

24.       Carmen Montejo

25.       Mario Moreno "Cantinflas"

26.       Jorge Negrete

27.       Eduardo Noriega

28.       Andrea Palma

29.       Leticia Palma

30.       Joaquín Pardavé

31.       Silvia Pinal

32.       María Antonieta Pons

33.       Rosita Quintana

34.       Dolores del Río

35.       Wolf Ruvinskis

36.       Ninón Sevilla

37.       David Silva

38.       Andrés Soler

39.       Domingo Soler

40.       Fernando Soler

41.       Julián Soler

42.       Fernando Soto "Mantequilla"

43.       Germán Valdés "Tin Tan"

44.       María Victoria

 

La Época de Oro significó la consolidación de los esfuerzos realizados por cientos de personas para constituir la industria del cine mexicano. Durante dos décadas, el cine mexicano gozó de un período de esplendor y sus directores realizaron un gran número de películas que hoy son consideradas joyas de la cinematografía nacional. De entre los directores que consagraron la época de oro podemos mencionar a:

 

1.         Raúl de Anda

2.         Julio Bracho

3.         Luis Buñuel

4.         Juan Bustillo Oro

5.         Tito Davison

6.         Emilio Fernández

7.         Fernando de Fuentes

8.         Alejandro Galindo

9.         Roberto Gavaldón

10.       Rogelio A. González

11.       Matilde Landeta

12.       Fernando Méndez

13.       Juan Orol

14.       Joaquín Pardavé

15.       Ismael Rodríguez

16.       Julián Soler

 

Con el estreno de Allá en el Rancho Grande (1936) de Fernando de Fuentes el cine mexicano inició su Época de Oro. En esos años, la conjunción perfecta de una industria pujante, excelentes realizadores y un soberbio cuadro de estrellas permitió la producción de un cine de gran calidad y éxito comercial. Prueba de ello es que más de la mitad de las seleccionadas entre las 100 mejores películas del cine mexicano corresponden a aquellos años dorados. En 1957, con la trágica muerte de Pedro Infante, el cine mexicano culminó su mejor etapa e inició una larga crisis que perdura hasta nuestros días.

 

De entre los clásicos de la Época de Oro podemos mencionar las siguientes:

 

1.         Allá en el Rancho Grande (1936) de Fernando de Fuentes

2.         Águila o sol (1937) de Arcady Boytler

3.         La mujer de nadie (1937) de Adela Sequeyro

4.         Diablillos de arrabal (1938) de Adela Sequeyro

5.         Ahí está el detalle (1940) de Juan Bustillo Oro

6.         El baisano Jalil (1942) de Joaquín Pardavé

7.         Historia de un gran amor (1942) de Julio Bracho

8.         Una carta de amor (1943) de Miguel Zacarías

9.         Distinto amanecer (1943) de Julio Bracho

10.       Doña Bárbara (1943) de Fernando de Fuentes

11.       Flor silvestre (1943) de Emilio Fernández

12.       María Candelaria (1943) de Emilio Fernández

13.               México de mis recuerdos (1943) de Juan Bustillo Oro

14.               Santa (1943) de Norman Foster y Alfredo Gómez de la Vega

15.               Las abandonadas (1944) de Emilio Fernández

16.       La barraca (1944) de Roberto Gavaldón

17.       Campeón sin corona (1945) de Alejandro Galindo

18.       La perla (1945) de Emilio Fernández

19.       Enamorada (1946) de Emilio Fernández

20.       Gran Casino (1946) de Luis Buñuel

21.       La otra (1946) de Roberto Gavaldón

22.       Los tres García (1946) de Ismael Rodríguez

23.               La diosa arrodillada (1947) de Roberto Gavaldón

24.               Gángsters contra charros (1947) de Juan Orol

25.       Nosotros los pobres (1947) de Ismael Rodríguez

26.       Río Escondido (1947) de Emilio Fernández

27.               Calabacitas tiernas (1948) de Gilberto Martínez Solares

28.               Esquina bajan...! (1948) de Alejandro Galindo

29.               Una familia de tantas (1948) de Alejandro Galindo

30.               Pueblerina (1948) de Emilio Fernández

31.       Salón México (1948) de Emilio Fernández

31.               Los tres huastecos (1948) de Ismael Rodríguez

32.               Aventurera (1949) de Alberto Gout

34.       Doña Diabla (1949) de Tito Davison

35.       El gran calavera (1949) de Luis Buñuel

36.       La malquerida (1949) de Emilio Fernández

37.       La oveja negra (1949) de Ismael Rodríguez

38.               El rey del barrio (1949) de Gilberto Martínez Solares

39.               Doña Perfecta (1950) de Alejandro Galindo

40.       En la palma de tu mano (1950) de Roberto Gavaldón

41.       Los olvidados (1950) de Luis Buñuel

42.       Rosauro Castro (1950) de Roberto Gavaldón

43.       Sensualidad (1950) de Alberto Gout

44.       El suavecito (1950) de Fernando Méndez

45.               Susana (Carne y demonio) (1950) de Luis Buñuel

46.               Víctimas del pecado (1950) de Emilio Fernández

47.       ATM (A toda máquina) (1951) de Ismael Rodríguez

48.       La hija del engaño (1951) de Luis Buñuel

49.       Una mujer sin amor (1951) de Luis Buñuel

50.       La noche avanza (1951) de Roberto Gavaldón

51.       Subida al cielo (1951) de Luis Buñuel

52.       Dos tipos de cuidado (1952) de Ismael Rodríguez

53.       El bruto (1952) de Luis Buñuel

54.       Él (1952) de Luis Buñuel

55.       Robinsón Crusoe (Adventures of Robinson Crusoe) (1952) de Luis Buñuel

56.       Abismos de pasión (1953) de Luis Buñuel

57.       Espaldas mojadas (1953) de Alejandro Galindo

58.               La ilusión viaja en tranvía (1953) de Luis Buñuel

59.               Escuela de vagabundos (1954) de Rogelio A. González

60.               El río y la muerte (1954) de Luis Buñuel

61.       Ensayo de un crimen (1955) de Luis Buñuel

62.       El inocente (1955) de Rogelio A. González

63.       Ladrón de cadáveres (1956) de Fernando Méndez

64.       La muerte en este jardín (La mort en ce jardin) (1956) de Luis Buñuel

65.       Torero (1956) de Carlos Velo

66.       El vampiro (1957) de Fernando Méndez

 

Mención especial merece el Sr. Joaquín Pardavé, quien como Actor y director mexicano produjo gran cantidad de películas de gran calidad. Hizo su presentación cinematográfica con "Viaje Redondo" (1919), de José Manuel Ramos. Especializado en papeles cómicos, fue una de las figuras más populares del cine mexicano. Intervino en innumerables películas, como "Águilas Frente Al Sol" (1932), de Antonio Moreno; "Chaflán" (1937), de Fernando de Fuentes; "Caballo A Caballo" (1939), de Juan Bustillo Oro; "¡Ay, Qué Tiempos Señor Don Simón!" (1941), de Julio Bracho; "El Ropavejero" (1946) y "Una Gallega Baila Mambo" (1959), de Emilio Gómez Muriel; "Del Can-Can Al Mambo" (1951), de Chano Urueta, etc. Se dio a conocer como realizador con dos comedias: "Un Libanés En México" (El Baisano Jalil, 1942) y "Los Hijos De Don Venancio" (1944). Más tarde cultivó preferencia por el melodrama: "Lágrimas De Sangre" (1946), "Los Viejos Somos Así" (1948), "Arrabalera" (1950) y "Dios Nos Manda Vivir" (1954), su film póstumo.  De entre sus principales obras se encuentran:

 

          Arrabalera 

          Águilas Frente al Sol 

          ¡Ay, qué Tiempos Señor Don Simón! 

          Caballo a Caballo 

          Chaflán 

          Del Can-Can al Mambo 

          Dios nos Manda Vivir 

          El Ropavejero 

          Lágrimas de Sangre 

          Los Hijos de Don Venancio 

          Los Viejos Somos Así 

          Una Gallega Baila Mambo

          Un Libanés en México 

          Viaje Redondo 

          Viviré Otra Vez 

 

Así mismo, un director que no era mexicano de nacimiento pero sí de corazón y conciencia, y que supo valorar y presentar las características de la idiosincrasia mexicana y de sus pobladores es el Sr. Luis Buñuel.

 

De las 32 películas que integran la filmografía de Luis Buñuel como director, 21 fueron realizadas en México. Esta cifra contrasta con la postura asumida por algunos estudiosos de su obra que definen al director de Un perro andaluz (1928) como un cineasta español o francés. Buñuel se nacionalizó mexicano a los pocos años de haber llegado a nuestro país y se quedó a vivir para siempre entre nosotros. Varias de sus obras maestras son orgullosamente mexicanas y forman parte del legado cultural que México ha ofrecido a la cinematografía mundial.

 

Una producción mexicano-española: Viridiana. Es considerada como obra maestra de Buñuel. El tema es el siguiente: La novicia Viridiana, a punto de tomar los hábitos, debe abandonar el convento para visitar a su tío don Jaime, quien le ha pagado los estudios. Durante su visita, don Jaime intenta retenerla. Al no lograrlo, el hombre se suicida, provocando que Viridiana renuncie a ser monja y se quede en la mansión a practicar la caridad cristiana. La llegada de Jorge, hijo natural de don Jaime, cambiará definitivamente el destino de la joven.

 

Comentario:

 

La decisión de rodar Viridiana en España provocó que Buñuel fuese duramente criticado por los republicanos españoles en el exilio. Ante los ojos de muchos de sus compatriotas, el cineasta había claudicado ante el poder del régimen franquista.

 

Lo c