Universidad Abierta
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Tensiones y transiciones
Introducción
Este libro consta de dos partes, inicia con una serie
de fragmentos o textos breves que tocan diversos temas, en general constituyen
un discurrir sobre la democracia como forma de gobierno y los múltiples
problemas que plantea. El principal de estos problemas en una sociedad abierta
es la inestabilidad, la organización democrática enfrenta muchos conflictos en
la medida en que chocan las distintas visiones que conviven en la comunidad.
Las sociedades contemporáneas son en realidad amalgamas de grupos que se mueven
e interactúan. Nuestra organización política y social es una comunidad de
comunidades que trasciende las fronteras del Estado-nación, y que, gracias al
desarrollo vertiginoso de la tecnología y las presiones de mercado, luchan
contra la cultura dominante a través del mosaico de culturas que tratan de
sobrevivir a pesar de la globalización y la voracidad del poder. La segunda
parte se conforma de ensayos muy breves, algunos de ellos casi fragmentos, que
tienen un poco la vanidad de lo académico, sobre todo por la presencia de notas
de pie de página, con las que sólo trato de orientar hacia la lectura de textos
más serios y ambiciosos que los míos, ojalá y estas notas no se entiendan como
pedantería del autor sino como una guía para profundizar en el estudio de los
temas que se tratan.
El
presente conjunto de textos continúa mis desordenadas reflexiones acerca de lo
político, son ensayos en el sentido de prueba y error, arriesgo en ellos
algunas hipótesis que a veces parecen confirmarse y en ocasiones acabo por
rechazar. Estoy consciente de que la verdadera creación y la capacidad para
descubrir nuevos horizontes o revelaciones son cualidades de muy pocos
pensadores claves, los demás, según afirma Richard Rortry, cumplimos con la
tarea de divulgar el conocimiento y apoyar a la docencia con nuestros escritos.
Estas líneas están dirigidas a un público no especialista en sociología o
ciencia política, están concebidas como artículo periodístico, comentario para
decirse durante un noticiero televisivo y como apuntes para mis alumnos de la
Escuela de Ciencias de la Comunicación, aspiro en ellas a ejercitar la lectura
y el análisis de la realidad, trato de alcanzar la mayor competencia posible como
lector. No pretendo hacer una lectura correcta de la realidad, no existe una
forma objetiva para determinar cuándo una lectura es correcta, toda lectura es
el resultado de contextos, contingencias y circunstancias personales,
históricas y sociales. De tal manera
mis aproximaciones dicen más sobre mi forma de ver el mundo que sobre el mundo
mismo. La realidad que percibo es elusiva, cambiante, móvil, reacia al
encajonamiento y a la sujetación teórica. He aprendido que las verdades
aparentemente más sólidas acaban por derrumbarse y que al final sólo permanece
lo que funciona, y sólo mientras funciona. Reconozco el riesgo de una caída en
el pragmatismo liberal en mi afirmación, sin embargo, creo que se debe correr
si se mantienen claros los fines de búsqueda de la igualdad, justicia y
convivencia, evitar la crueldad y la explotación del otro, mi semejante.
Escribo
impulsado por el interés de entender la relación entre acontecimiento y
discurso, por desentrañar su dialéctica y construir una visión de la realidad
que se constituya en instrumento eficaz para operar sobre ella. Mi discurso,
como el de otros, está determinado por mi biografía y mis gustos, que cada vez
se inclinan más por lo fragmentario, lo efímero, lo abierto. Mi abandonada
intención de hacer poesía desembocó en la prosa breve, en el intento de
utilizar las palabras para fabricar artefactos que puedan, eventualmente,
servir a un lector para entender un poco mejor el mundo en que vivimos.
“Cuando alguien escucha un
discurso, cuando alguien lee un tratado,
cuando alguien memora una
conversación, reduce su audición, su
lectura o su memoria a una frase
breve, unitaria y final: el aforismo.
Todo saber es aforístico.”
Benjamín Valdivia
Los límites son los que detendrán
el caos,
que de suyo se levanta,
majestuoso,
ante los fragmentos caídos.
Mauricio Beuchot
1. El diccionario define escolio como: nota que se pone
en un texto para explicarlo. Define aforismo como: sentencia breve y doctrinal.
Los que siguen son, entonces, escolios porque pretenden ser observaciones sobre
lo que leo, ya sean textos escritos o la realidad tomada como texto. Lo que si
es cierto es que están lejos de ser doctrinales y doctos.
2. El término escolio viene del griego scholion: comentario
o del gr. Scholé: escuela. Se utiliza como sustantivo para designar a las notas
que se ponen a un texto para explicarlo. Se escribe y pronuncia igual que el
prefijo que proviene del griego skoliós: tortuoso, por ejemplo escoliosis que
es una desviación o apariencia tortuosa de la columna vertebral. Si damos, a
los párrafos que siguen, los dos sentidos, entonces son al mismo tiempo notas
que pretenden explicar el texto, pero también circunloquios, reiteraciones,
tortuosidades del discurso que a veces explican y a veces ocultan los sentidos
y los acontecimientos. Todo discurso es un escoliodiscurso, nada hay en él de
recto y diáfano, siempre acaba por exhibir su sinuosidad y desviaciones.
3. El uso que se hace del término democracia en el
discurso social y político varía según se modifiquen las distintas variables
que intervienen durante la producción social de sentido, tales como la
economía, la educación, los hábitos de consumo, la tecnología y la cultura. En
términos generales entendemos la democracia como un procedimiento para decidir
sobre los asuntos que competen a la comunidad y plantear las soluciones que más
convengan a todos, o como un mecanismo para elegir a las autoridades y
representantes, un conjunto de reglas claras que permitan la transmisión del
poder sin los riesgos de la violencia.
4. La democracia debe favorecer una república en la
que cada ser humano tenga la oportunidad de convertirse en el mejor ser humano
posible. Esta frase de Aristóteles debería orientar nuestra conducta política y
la construcción del Estado.
5. La tradición es una fuerza más afín a formas
autoritarias de gobierno que a las democráticas, y existe tanto una tradición
conservadora de la llamada derecha, como una tradición de la izquierda que la
obliga a manifestarse opositora aún de lo razonable.
6. Entre las conductas que pueden destacarse como más
incompatibles con la vida democrática se cuenta la intolerancia, la pretensión
de verdad, la rigidez y la soberbia.
7. El juego político se vuelve antidemocrático en la
medida en que los grupos en conflicto desarrollen un diálogo de sordos que es
la manifestación del enfrentamiento de dos autoritarismos.
8. La democracia se entiende no sólo como la emisión
del voto sino, también, como la obtención de la voz. En la mancuerna voz y voto
la primera es primordial por cuanto garantiza la participación de todos en el
diseño de una organización más justa, en el proceso de significación que anima
la convivencia social, en lo producción social de sentido.
9. La búsqueda de la democracia es un acto político y
participa ineludiblemente de la contaminación del poder, el conflicto es inevitable.
10. El término democracia es por sí mismo una
paradoja, contiene la contradicción en su etimología, pueblo y poder son
irreconciliables, el primero sólo puede prosperar en ausencia del segundo. El
término pueblo es incluyente, envuelve a todos los miembros de la comunidad o
la nación. El poder excluye, implica el dominio de unos sobre otros.
11. La tentación del autoritarismo permea nuestra
cultura tradicional y obliga a la utilización de medidas y estrategias
políticas que conspiran contra la democracia, tales como: la mercadotecnia, el
influyentismo, el populismo, la compra de votos y simpatías, el control
corporativo, la manipulación, el engaño y formas sutiles de violencia como la
amenaza, el cohecho y el chantaje.
12. Son cualidades inherentes a la democracia:
legitimidad, consenso, imperio de la ley, tolerancia, dialogo y respeto al
otro, a su integridad física y su manera de pensar.
13. Nunca debemos olvidar que, según Aristóteles, la
democracia es una perversión de la república.
14. El insulto y la diatriba son síntomas de que la
democracia está presente y de que trabaja a favor de su suicidio.
15. La democracia es un asunto serio, tanto, que
ningún dictador deja de preocuparse por aparentarla de la manera más
convincente posible. De hecho, el autoritarismo más eficiente y salvaje es el
que se logra con la complacencia y legitimación de la víctima.
16. A veces la democracia es un tormento tan sutil que
ni el Marqués de Sade la hubiera imaginado como tal.
17. La democracia liberal siempre estará amenazada por
la presencia de los pobres, los marginados, las minorías rebeldes al
adocenamiento, por las culturas otras, las diferentes, las que se niegan a
vivir bajo la lógica del mercado.
18. La democracia y el libre mercado tienen
intenciones divergentes. Mientras que la economía de mercado libre nace de las
ideas de La Ilustración y su anhelo totalizador, cuyo propósito es la construcción
de una civilización global que anule las diferencias y suprima cualquier
cultura que no se apegue al modelo ideal de la cultura occidental dominante, la
democracia reconoce la pluralidad, promueve la tolerancia, el respeto y se
constituye como método para favorecer la convivencia de los diferentes.
19. La democracia no debe ser sólo un mecanismo para
legitimar el poder del elegido, ni puede ser el campo de batalla para enfrentar
fracciones, propuestas ideológicas o proyectos de grupo. La finalidad
importante a que apunta la opción democrática es la de otorgar viabilidad y
futuro a la institución y el logro de la equidad.
20. Fernando Savater cita a François Furet quien
señala como rasgo propio de la democracia moderna "la capacidad infinita
de producir niños y hombres que detestan el régimen social y político en que
nacieron, que odian el aire que respiran, aunque vivan de él y no hayan
conocido otro” a lo cual el propio Savater añade que: “el primer requisito, la
mayor excelencia y el peor peligro de la democracia es acostumbrarse a vivir en
disconformidad.” Una observación rápida y superficial, un paseo por las mesas
de café y las oficinas, nos lleva a constatar con prontitud la veracidad de las
afirmaciones de estos dos autores. La democracia nos permite disentir de todo y
por todo, descalificar las acciones de los otros, acusar a quien se nos antoje,
tengamos pruebas o no de nuestras acusaciones, afirmar cualquier exageración o
suponer toda clase de retorcimientos sólo porque nos parecen verosímiles,
bloquear calles o interferir con la libertad de los demás. La democracia no es
una panacea que por sí sola resuelva todos los problemas que genera la
convivencia, incluso puede facilitar excesos y distorsiones de la conducta
social que sólo son posibles en un sistema democrático. Democracia implica la
construcción de un sistema de reglas y convenciones que faciliten la
convivencia, un Estado de derecho que, una vez construido, debe ser respetado
por todos sin que esto niegue la posibilidad de discutir razonablemente sobre
la posibilidad de mejorarlo y enriquecerlo.
21. Aristóteles afirma que la diferencia real entre
democracia y oligarquía es la pobreza. El dinero es un enemigo persistente y
feroz de la democracia. Constituido en símbolo de poder se utiliza para
manipular y dominar. La riqueza y su representación, el dinero, infectan la
conducta política enajenándola, despojándola de su objetivo esencial que es el
bien de la comunidad, para transformarla en un asunto de mercado en donde sólo
importan las ganancias. El conflicto que se genera es el de la contradicción
entre humanismo y poder, entre Dios y el ídolo. El dinero transformado en poder
se convierte en fetiche, en un ridículo símbolo de la ambición. Una comunidad
que busca la riqueza por encima de otros valores acaba por derrumbarse bajo el
peso de su propia idolatría.
22. No
hay autócrata o tirano que no crea que su autoridad está legitimada por la
decisión de la mayoría.
23.
Sólo la tolerancia, la buena fe y la creencia en que la democracia es posible
en todos los individuos y todas las organizaciones, harán posible una
organización social menos injusta y más amable.
24.
Confucio afirma que los ritos constituyen la mejor disciplina contra la
tiranía. Estos ritos a que se refería Confucio podemos entenderlos como el
conjunto de hábitos y formas que conforman la educación, las buenas maneras o
la cortesía. En este sentido educar no es sólo el hecho de proporcionar
información y un método para el aprendizaje sino un proceso en el que los individuos
adquieren las conductas que facilitan el respeto, la tolerancia y la
convivencia. La democracia sólo es posible con ciudadanos bien educados,
civilizados, capaces para ejercer su libertad y autonomía sin menoscabo de la
libertad y el bienestar del otro. Cuando hablamos de educación, en este
sentido, no nos referimos a las fórmulas vacías y estereotipadas, al protocolo
aburrido y solemne, sino a esa cortesía que parte del altruismo, de la
consideración, amor y respeto al otro, al semejante. La mala educación, la
grosería y el egoísmo conspiran contra la buena práctica de la conducta
democrática.
25.
Alexis de Tocqeville afirmó en 1840: “La democracia, al otorgar libertad de
expresión a los órganos periodísticos, hace posibles las críticas más virulentas,
la invención cotidiana de llamamientos aparentemente perturbadores. En ella se
exhiben pasiones periodísticas que contrastan con la dignidad de las
aristocracias. Los diarios, ávidos de atraer la atención de los lectores, se
valen de todos los procedimientos de la provocación y dan a la vida pública una
vulgaridad desconocida en las aristocracias. Los gustos destructivos de la
prensa debilitan las adhesiones políticas y crean un clima de agitación
emocional permanente. Esta agitación no se refiere necesariamente a verdaderos
problemas, sino que genera más pasiones ficticias que grandes causas
políticas... La vida política no está menos recorrida por sentimientos vivos y
cambiantes, ritmados por el calendario electoral... La demagogia alcanza
entonces su punto culminante. Para lograr su elección el candidato se pliega a
la mayoría de sus electores y corre al encuentro de sus caprichos.” No pretendo
con esta larga cita proponer un retorno a la falsa y pomposa dignidad de la
aristocracia, lo que me interesa señalar con ella son los vicios de la
democracia cuando esta se desvirtúa y se transforma en un mercado de la imagen,
en un campo de retórica vacía sin otro propósito que controlar los mecanismos
del poder, para entregárselos a una elite que los disfruta en perjuicio del
resto de los miembros de la comunidad.
26. La
lucha por la democracia en México es un asunto ya viejo que viene desde el
siglo diecinueve y que tendrá que continuar por mucho tiempo. Los obstáculos y
las fallas para la realización plena de una organización democrática todavía
son muchas: la primera, una cultura conservadora que ofrece fuerte resistencia
al cambio; después, los intereses de las clases y grupos dominantes que no
están dispuestos a ceder su poder sin luchar por conservarlo; finalmente, un
sistema económico injusto que favorece la marginación y la pobreza.
27. Uno
de los defectos más notables de la democracia es la demagogia. Cuando los
electores constituyen una masa sin rostro, manipulada o manipulable, entonces
algunos políticos se transforman en mercaderes, su objetivo es acumular votos,
sumar adhesiones de cualquier manera y a cualquier precio, para ello recurren
al argumento fácil, al enunciado emotivo, al recurso ideológico, al ataque
virulento, la descalificación, el moralismo, la sensiblería, el melodrama, a
todo aquello que no implique un razonamiento sereno.
28. La
democracia sin igualdad deviene aristocracia. La igualdad a que me refiero no
es sólo isonomía, también equidad en la educación, en el reparto de la riqueza
y en el acceso a todos los bienes culturales. La democracia es indisoluble de
otros dos conceptos sin los cuales no puede realizarse: igualdad y libertad.
29. La
democracia no es un sistema sino un procedimiento que se utiliza durante la
formación de sistemas políticos. La utilización o práctica de la democracia,
como la de cualquier instrumento, implica riesgos y limitaciones. Uno de los
peligros más notables de la democracia es que introduce en los sistemas una
cantidad sensible de inseguridad y desorden.
30. La
discusión por la democracia se inicia en Grecia, con los sabios primero y
después con los filósofos, varios siglos antes de nuestra era y no pierde
actualidad todavía, es para nosotros, en los inicios del siglo XXI, un tema en
varios aspectos novedoso. Sabemos de sus bondades para propiciar un sistema
social más justo y sano, pero aún no podemos destrabar las trampas y evitar las
amenazantes consecuencias de su práctica irrestricta, la primera de ellas es el
debilitamiento del Estado y de la estructura legal que lo sostiene, después, el
hecho de que facilita el dominio de los más hábiles que acaban por corromperse
y utilizar la política y la democracia en su beneficio personal.
31.
Alternancia es un término clave para la construcción de la democracia. Una
sociedad se compone con la convivencia de individuos y grupos que se definen
por su clase, su posición en los estratos económicos, su religión, cultura,
educación, etc. En una democracia real el ejercicio del poder político debe ser
temporal, y debe darse la oportunidad, equitativamente, para ejercerlo a los
diferentes sectores y fuerzas que interactúan en la comunidad; por lo menos
deben estar justamente representados en la estructura de gobierno. Sin embargo,
frecuentemente se confunde alternancia con la simple substitución de personas o
con la circulación de las elites. En este sentido la alternancia no es
democrática sino una de las máscaras de la oligarquía.
32. Es
evidente que los líderes y los candidatos de los diferentes partidos políticos
en México, en especial de los tres mayoritarios, se parecen más entre sí que a
las bases y las militancias que los siguen. Casi todos ellos usan el mismo tipo
de transporte, sus hijos van a las mismas escuelas, su vestido es de la misma
clase, frecuentan restaurantes del mismo nivel, sus actividades recreativas son
semejantes y más o menos en los mismos lugares de diversión y descanso, es
decir, pertenecen al mismo grupo, se identifican por clase y nivel
socioeconómico. Por lo tanto, el triunfo de uno u otro no es alternancia
verdadera sino una forma nueva de circulación de las elites.
33. La encrucijada que enfrenta la sociedad del siglo veintiuno resulta
difícil y retadora. No podemos alentar el retorno a etapas anteriores del
desarrollo, pero el futuro que parece deparar la vertiginosa carrera del
progreso no es precisamente envidiable. Si los caminos no son la marcha atrás
ni la persecución irracional de paraísos artificiales, si nuestras respuestas
no están en los totalitarismos, la violencia y las actitudes mesiánicas de
iluminados y redentores, si tampoco el bienestar físico y el aumento de la
riqueza social garantizan soluciones, gracias a la inequidad y el abuso de la
fuerza, entonces tendremos que buscarlas en el acuerdo de todos, en la revisión
respetuosa de lo que muchos hombres han dicho sobre lo social, y de lo que
muchos otros pueden decir en lo futuro. La producción social de sentido
requiere de una reorientación en la que participen todos los individuos y
culturas que forman la comunidad humana. La democracia puede ser uno de los
caminos, pero no aquella que sólo sirve para legitimar un estado de cosas
injusto y violento para los más desprotegidos, no la que se infecta con
aduladores y demagogos que aprovechan los procesos de decisión social para
convertirlos en espectáculo y manipular la buena fe y la ignorancia en su
beneficio particular. La democracia que se requiere es la que se pueda
construir con el concurso de todos en un plano de igualdad y respeto, una
democracia socialista que ponga el acento en el bien de todos y que rechace al
imperante individualismo egoísta en esta sociedad determinada por el consumismo
y una forma de producción deshumanizada y enajenante.
34. La organización autoritaria, dominante a lo largo
de la historia humana, no sólo ha guiado la transferencia del poder, también ha
creado una cultura, una forma de organizar las relaciones sociales, una manera
de entender la vida política y económica de la comunidad. Esta cultura contiene
mecanismos de control, discursos que pretenden legitimar y reproducir las
relaciones de dominación.
35. En un sistema de tipo autoritario el gobernante no
es el encargado de servir a la ley: es la ley.
36. La conducta política está determinada por el
discurso y las ideologías, pero también por los intereses y motivos que los
individuos obtienen de su educación y su cultura, por la capacidad de hacer
buenas lecturas de los hechos y para entender apropiadamente la relación entre
discurso y acontecimiento.
37. El autoritarismo es un sistema estático en la
medida en que vuelve rígida e inmutable la norma y pretende además, mediante el
control, evitar el relevo en los mandos. Su dilema es que constituye un sistema
cerrado frente a una sociedad que cambia.
38. El
orden social conocido como permisivo es caótico y llega, inevitablemente, a la
disgregación y el desorden.
39. El liberalismo nace como un instrumento para
combatir el poder absolutista de la monarquía. El neoliberalismo combate al
poder absoluto del la burocracia Estatal. En ambos casos logra su objetivo,
pero también produce, en ambos, efectos secundarios como la concentración de
riqueza, el crecimiento de los monopolios, además de la marginación y
empobrecimiento de la mayoría.
40.
Después de leer una biografía de Colosio pensé que indudablemente la figura de
Luis Donaldo es muy importante para entender la política reciente de México.
Sin embargo, tal importancia deriva más de su muerte que de su vida. Los
asesinos de Luis Donaldo Colosio siguen ahí, no se ven, su sombra amenaza en el
horizonte de la política mexicana. El autoritarismo engendra la violencia que
acaba por destruirlo. La biografía de Luis Donaldo significa poco,
engrandecerla de modo artificioso nos acerca más a la hagiografía que a la
historia. Lo verdaderamente significativo es su muerte y la voz que se
desprende de su sangre manchada con la pólvora.
41. La historia de la política mexicana está llena de
violencia, es común fabricar a nuestros héroes con el asesinato.
42. En el origen de la corrupción está el deseo. Cuando
el objeto del deseo ejerce una fuerza de atracción irresistible, entonces la
ética se torna una débil barrera de contención y el sujeto hace cualquier cosa
por lograr su meta. Por esto el mejor político, el que garantiza más eficacia
para beneficio del elector, es el que no tiene deseos de poder, el que, como
Siddharta, sabe ayunar, esperar y pensar.
43. Una comunidad organizada con arreglo a las
presiones de mercado acaba fatalmente autoritaria, antidemocrática y
excluyente. La sociedad liberal nace con un estigma, el del mercado, que acaba
por deshumanizarla.
44. La existencia de una cultura dominante resulta
absurda desde la una perspectiva humanista. Es absurda la sola idea de
dominancia.
45. El libre mercado es sólo un concepto acuñado por
la economía política. No existe en la realidad. Los monopolios y los Estados
poderosos ejercen un control sobre los mercados que se traduce en dominio de
unos pocos sobre la mayoría y en explotación irracional de los recursos
naturales y humanos. El ideal de libre mercado es una política que los países
fuertes y los consorcios económicos imponen a los países débiles y las
comunidades empobrecidas para facilitar su explotación.
46. Anarquía, entendida como permisividad y desorden,
es la cara oculta del absolutismo.
47. Recientemente ha despertado un nuevo interés,
sobre todo entre la juventud universitaria, la vieja teoría social del
anarquismo. La teoría se revitaliza gracias a la desilusión. La realidad
finisecular ofrece un panorama poco halagador: concentración irracional de la
riqueza; miseria y marginación en un avance incontenible; destrucción del medio
ambiente en grados nunca antes vistos con el consecuente agotamiento de
recursos; imperio de la fuerza y la violencia sobre la ley y la tolerancia; incompetencia
de las instituciones sociales para resolver las demandas más urgentes de la
mayoría; existencia de un discurso dominante vacío, retórico, que promueve las
relaciones de dominación propias de la forma de organización capitalista;
rigidez de las estructuras sociales que hacen cada vez más difícil la movilidad
y las oportunidades de crecimiento que antes eran la oferta principal de un
sistema basado en la economía y el mercado. Esta imagen desoladora y el fracaso de las utopías orillan a la
búsqueda de nuevas formas de leer y organizar la realidad, así surgen los
fundamentalismos, el retorno a la mística y la religión y, en el ámbito de lo
político y el Estado, la construcción de la democracia, pero también el repudio
hacia todo lo que signifique poder o autoridad. Cuando la política se liga
demasiado con el poder y se desliga del bienestar de la comunidad crece un
repudio al Estado y sus representantes. Si el Estado es percibido como el
obstáculo para la satisfacción de las demandas de todos, entonces su
desarticulación y desmantelamiento se vuelve prioritaria y aquí se abre la
puerta para el ingreso del anarquismo.
48. Cuando un sistema autoritario inicia su
descomposición el caos parece penetrar en el conjunto de las relaciones
sociales, se acrecienta la inseguridad y la desconfianza en las instituciones,
prolifera la inseguridad y la violencia, la tradición es incapaz de contener el
desorden, se pierde la noción de los límites. Es entonces cuando la anarquía
seduce como una solución posible.
49. A una generación que fracasa en la conquista de la
utopía, le sigue una que se refugia en el nihilismo o el suicidio.
50. Un
proyecto político que no incluya, entre sus puntos principales, el diseño de
mecanismos para erradicar la corrupción, resulta insuficiente y está condenado
a fracasar.
51. Un político es, en
términos prácticos, un experto en el manejo del conflicto. En ausencia de la
contradicción y la diferencia, si esto fuera posible, la política sería una
disciplina totalmente inútil y superflua.
52. Me sorprendió la lectura de un artículo
de Raúl Trejo Delarbre (“Nexos” octubre de 1999) porque me hizo evidente algo
que todos sabemos y con lo que nos topamos a diario, la ilegalidad que nos
rodea. Vivimos en un país en el que podemos eludir o violentar las leyes con
mucha facilidad, los datos son contundentes: infinidad de automóviles de
contrabando y sin la documentación legal circulan por las calles y carreteras
de México, los abortos clandestinos, la evasión fiscal, la mordida, la compra
de privilegios, la infracción de las normas de tránsito, alteración de notas de
venta y de consumo. Pareciera ser que nuestra organización social se asienta en
reglas no escritas en donde la violación de la ley no sólo es permitida o
tolerada sino incluso necesaria. Desatender la ley nos proporciona comodidad,
nos ahorra tiempo y trámites engorrosos. Nuestra predisposición a tolerar,
incluso alentar, la violación de leyes menores, si bien agiliza la convivencia,
incuba también un monstruo, el de la corrupción y, finalmente, el de la
violencia. Una mordida proporciona un poco de ingreso necesario a quien la
recibe y un ahorro de tiempo a quien la otorga, los dos ganan, pero esta
conducta termina por transformar la vida en comunidad en una selva en la que se
aplica la ley del mas fuerte, en la que toda la estructura de la ley se
desvanece y acaban por imperar sólo dos leyes, la del dinero y la de las armas.
La corrupción y la ilegalidad minan el Estado de derecho y son obstáculo
importante para la realización de la democracia.
53. La
pasión política nos induce a construir fantasmas, imaginar confabulaciones,
producir una esquizofrenia en la que los altos y nobles ideales de los “buenos”
son obstaculizados por las trampas y las maquinaciones de los “malos”, la
visión maniquea resultante propicia la ceguera, como si no fuéramos, todos,
humanos con los mismos derechos, con vicios y virtudes, con la obligación de
buscar los acuerdos y la tolerancia necesaria para facilitar la convivencia,
para sujetarnos a reglas, aceptadas por todos, que sirvan de liga para dar
solidez a una sociedad amable y gratificante.
54. La
pena de muerte debe descartarse como solución contra la delincuencia, además de
contradecir un precepto fundamental de la ética, constituye un acto fatal que
impide la reparación del daño si el juez equivoca la sentencia. Por lo que toca
a la elevación de las penas en caso de graves delitos, debemos pensar, primero,
en hacer cumplir las que ya son vigentes, terminar con la impunidad, desterrar
la corrupción, favorecer la emergencia de instituciones políticas y judiciales
sanas. De otra manera estaremos dando carta de naturalidad a la venganza,
promoviendo la ley del más fuerte, castigaremos, sobre todo, a la pobreza, la
ignorancia, la marginalidad, la estupidez. De hecho podemos afirmar que
nuestras cárceles están llenas de tontos, pobres, marginados, ignorantes, creo
que son pocos los delincuentes verdaderamente peligrosos y antisociales.
55. El
demagogo es superficial, sus afirmaciones no van más allá de lo evidente, jamás
se preocupa por las consecuencias de sus actos, si algo sale mal siempre podrá
encontrar a quien echarle la culpa; es moralista, está convencido de que actúa
en el lado del bien y por lo tanto los que no piensan o actúan como él son los
malos; es simplista, los problemas se resuelven según su visión y no existen
complejidades que le preocupen, todo se arregla con facilidad en cuestión de
minutos, para él la sociedad está hecha de buenos y malos y por lo tanto las
cosas se arreglan eliminando el mal y esto no tendrá otra consecuencia que
acarrear el bien. En términos generales el demagogo imagina el mundo como si
fuera un cómic en el que la presencia del superhéroe vuelve todo a su lugar.
56
Quien convierte a la política en un fin y la despoja de su carácter
instrumental, de medio para conseguir armonía y evitar la violencia, acaba por
estructurar un delirio en el que se siente obligado a cumplir oscuros y
misteriosos designios.
57. La
corrupción, la riqueza concentrada en pocas manos, la pobreza y la
marginalidad, favorecen el crecimiento del rencor y el resentimiento social. La
comunidad se polariza y la política se torna agonismo, lucha irracional y ciega
de unos contra otros. La insatisfacción y la soberbia chocan brutalmente y se
manifiestan bajo los innumerables rostros de la violencia.
58. Si
como dice Hannah Arendt, la “misión y fin de la política es asegurar la vida”,
entonces la conducta que persigue la conquista del poder y el dominio de los
otros no es política sino una forma enmascarada de la guerra.
59
Cuando se renuncia a la razón aparecen los caudillos. En esto no podemos más
que manifestar nuestro acuerdo con K. Jaspers.
60. No
existe tirano que no pretenda construirse una imagen de benefactor del pueblo.
61. La
iglesia católica cumple dos mil años y
siempre ha sido regida por un solo “Partido”: el Cónclave de cardenales. ¿Será
posible conseguir alternancia nombrando, por ejemplo, como nuevo Papa a un
ministro de la iglesia Ortodoxa o Anglicana? O por lo menos ¿Mediante una elección
en que voten los curas y monjas de pueblo?
62. Un proyecto de
organización social, un Estado, no puede existir si no es concebido al mismo
tiempo como un proyecto educativo. La educación es un proceso de incorporación
del ser humano a su dimensión social. Me atrevo a decir que no es el Estado el
que define la educación, sino ésta la que da vida al Estado. El Estado nace de
los acuerdos que los humanos tomamos a partir de nuestro conocimiento y
comprensión de la realidad, del entendimiento de nuestras necesidades y del
hecho de plantear nuestros anhelos de satisfacción personal y de grupo en todos
los órdenes de la vida. El Estado nace como resultante de un proceso de
civilización y por lo tanto de educación. Según Platón la función más
importante de un Estado, y en algunos aspectos casi su única función, es
educar. No es posible concebir un futuro cualquiera de México que no pase por
la política educativa, ningún otro aspecto de la vida nacional tiene verdadero
sentido si no es a través de la visión, el saber y la cultura que producimos en
la relación del educador y el educando. Han hecho más por el desarrollo de
México los ejércitos de maestros, los rurales y los urbanos, que todos los
políticos juntos y cuando éstos hicieron bien algo fue gracias a la influencia
positiva de sus maestros. Es el hecho educativo, formal e informal, el que abre
las posibilidades de acceder, a una forma de organización cada vez más justa,
eficaz y armónica.
63.
Previo a una de las elecciones más competidas e inciertas de la historia de
México, la basura y la contaminación han sentado sus reales a lo largo y ancho
del país. Desde luego me refiero a la propaganda política: las calumnias, las
descalificaciones, el juego sucio, la mercadotecnia vacía, el pragmatismo
disfrazado de interés por los demás, la postergación de las convicciones para
dar lugar al efectismo y el espectáculo; todo esto genera una grave
contaminación pues ataca y disminuye la capacidad crítica de los ciudadanos,
satura de información irrelevante y frases publicitarias que ocultan la
reflexión seria y limita la visión de lo importante y trascendente.
64. Es
inevitable que durante un proceso de conquista o conservación del poder, sea
éste la guerra o la política, las pasiones se intensifican, así como el miedo a
perder los privilegios de los que se ha gozado, por ello, se recurre a toda
clase de trampas, al espionaje y la descalificación del enemigo, a todo aquello
que generalmente consideramos como guerra sucia. Desde el punto de vista de la
política la utilización de tales métodos pueda ser útil y efectivo para lograr
las metas, pero siempre tienen consecuencias negativas tanto para la víctima
como para el agresor. Sin embargo, el mayor daño que producen estas prácticas
se ubica en la ideologización de la cultura, en la creación de controles
culturales que se ponen al servicio del autoritarismo y de la explotación de
los más por los menos. El gran problema de la política transformada en lucha
por el poder es que abona a favor de la tiranía o de la oligarquía.
65. Frente al pragmatismo imperante y la práctica
común de una política efectista que atiende más a resultados electorales, o de
dominio, que a la búsqueda de principios o a la reflexión sobre las mejores
formas posibles de organización social, se hace impostergable un retorno a la
teoría, una recapitulación de lo que los hombres han pensado con respecto a las
formas de gobierno, la ética y la política. Las contribuciones con que la
ciencia y la tecnología han enriquecido a la sociología, especialmente a la
ciencia política, aumentaron notablemente el poder de control de los Estados
mediante sofisticados aparatos de dominación tanto económicos, como militares e
ideológicos. Sin embargo, el aumento de la eficacia en el control, la
concentración del poder, no se apareja con una humanización más cabal sino todo
lo contrario: crece la marginación y la pobreza, se destruyen grandes
cantidades de recursos no renovables, la riqueza y el poder se concentran de
manera brutal en una oligarquía insensible, la demagogia se ha vuelto moneda
común en el intercambio político. La sociología se ha enriquecido con el
instrumental de la ciencia: matemáticas, estadística, fisiología, electrónica,
comunicación, cibernética. Sin embargo, el estado general de explotación, el
autoritarismo, el uso de la fuerza contra el débil y el indefenso persisten a
pesar de la buena voluntad de los científicos. En aspectos esenciales del
desarrollo humano, la solidaridad, la justicia y la equidad, no estamos mejor
de lo que estábamos al iniciar el siglo diecinueve.
66. El
individualismo liberal, las fuerzas del mercado, la desigual distribución de la
riqueza, la propiedad privada y el pragmatismo carente de soporte conceptual y
ético, nos han llevado a una situación de injusticia en la que el veinte por
ciento de la humanidad goza del ochenta por ciento de la riqueza social, lo que
somete al restante ochenta por ciento, hombres, mujeres y niños, a la
marginalidad y la pobreza.
67. Hoy es impostergable la
revisión de conceptos fundamentales de la ciencia política como: el papel del
Estado, el deber del gobernante, las formas de gobierno, la reflexión sobre la
democracia, la ética, la educación y la cultura. En este regreso a lo
conceptual y lo teórico debemos, tal vez, empezar por los clásicos. Si bien es
difícil definir cuándo y por qué un autor es considerado clásico, podemos
recurrir, para no extendernos en argumentar sobre la definición correcta, a las
definiciones que proponen, en primer lugar, el filósofo y catedrático de la
Universidad de Almería Agapito Maestre: “Lo que hace a un autor clásico no es
tanto que supiera responder a las preguntas de su tiempo, sino que sus
respuestas aún pueden valorarse para que nosotros respondamos a los problemas
de nuestro tiempo. Estudiando a un clásico no aprendemos una verdad, sino la
manera de descubrir verdades”; en segundo lugar la del escritor Italo Calvino:
"Los clásicos son libros que ejercen una influencia particular ya sea
cuando se imponen por inolvidables, ya sea cuando se esconden en los pliegues
de la memoria mimetizándose con el inconsciente individual o colectivo. Un
clásico es un libro que nunca termina de decir lo que tiene que decir. Los
clásicos sirven para saber quiénes somos y a dónde hemos llegado."
68. En la búsqueda del saber
histórico, necesaria para la comprensión adecuada del presente, juegan un papel
muy importante las instituciones educativas: la familia, la escuela, la
Universidad y los medios masivos de comunicación que hoy se han convertido en
los primeros y más influyentes instrumentos de formación y educación en el
mundo. No es posible combatir la incultura y esterilidad ética del pragmatismo
si no es desde un proceso de civilización, es decir, mediante la insistencia en
el papel educador de la sociedad, desviando el punto de mira de la finalidad
social, desde la producción irracional de riqueza, hacia la creación de una
atmósfera de bienestar físico y espiritual, es decir, de sabiduría.
69. Hoy los teóricos insisten sobre la importancia de producir un
reencuentro entre la ciencia y la ética, entre la moral y el progreso,
entendido éste como la simple acumulación de riqueza y la producción de
satisfactores cada vez más sofisticados para necesidades artificiales creadas
por una cultura orientada predominantemente al consumo. Muchos individuos y
grupos humanos vuelven su mirada hacia fundamentalismos religiosos, o a sectas
seudo espiritualistas que ofrecen toda clase de remedios contra el tedio, el
vacío y la deshumanización que producen los medios contemporáneos de producción.
Sin embargo, el verdadero remedio es la desarticulación de un sistema
productivo que deja como secuelas la miseria, la explotación y la pérdida de
todo sentido que vaya más allá de la generación de riqueza y de productos
suntuarios para un mercado cada vez más ávido de satisfactores, inútiles y
sofisticados.
70. Sólo a través del lenguaje puede construirse la
democracia y, sin embargo, el virus de Babel amenaza de forma persistente la
culminación de la obra democrática.
71. Sólo en y por el discurso es posible la
realización de la democracia, pero el discurso es, también, el obstáculo más
persistente y duro para la práctica democrática.
72. El discurso crea las ilusiones, construye la
realidad, sujeta el deseo, inventa los no lugares y los lugares comunes,
refuerza la tradición y después la destruye. El discurso es en realidad el caos
contenido en la gramática y la democracia es el caos contenido en la ley,
violentar la gramática o la ley implica desatar las fuerzas de lo informe,
abrir la caja de Pandora, cruzar la delgada línea que ciñe al mar inmenso de la
muerte.
73. Una señal inequívoca de distorsión de la
democracia es cuando el discurso se vuelve frase publicitaria o eslogan y
cuando el sujeto se vuelve mercancía.
74. Braudrillard afirma que: la realidad ha sido
expulsada de la realidad. Esto pasa porque las pantallas de televisión
constituyen un espejo que induce el vértigo de la reproducción de imágenes al
infinito y así se borra la frontera de la ilusión. Todo se torna falso, mosaico
de imágenes efímeras que velan la contundente realidad del silencio y la
muerte.
75.
Toda sentencia o afirmación se transforma, tarde o temprano, en aporía. Es
decir todo texto lleva en si mismo su propia negación. Las metáforas envejecen
y mueren, los enunciados resultan al final un imposible, o una ambigüedad.
76. Escribir fragmentos es una ocupación ociosa por
efímera. Sin embargo, es una resultante de la democracia, cada quien puede
redactar la cantidad de intrascendencias que desee, mientras tengamos la esperanza
que nos brinda un poco de fuego, o el olvido.
77. Suponer que una entrevista periodística, una
declaración o un hecho, nos dan bases para establecer un juicio, es un error
tan grande como creer que después de leer una página de Los miserables estamos
autorizados a opinar sobre la vida y obra de Víctor Hugo.
78. Para escribir fragmentos se requiere precisión,
capacidad de síntesis, actitud lúdica frente a la literatura, gusto por lo
inacabado y lo efímero, rechazo a lo académico y lo metódico, pero sobre todo
mucha pereza.
79. Es importante recordar que la palabra es hoja de
dos filos, lo mismo descubre y da luz que oculta y oscurece. La palabra del
político, por ejemplo, desde que nace lleva la marca del deseo, la mancha del
poder.
80. Después de tres o cuatro enunciados o aforismos
demasiado cercanos a lo doctrinal y solemne, conviene alguna reflexión, por
ejemplo, sobre la importancia de la cáscara de plátano para la construcción de
una conciencia ecológica, o el papel de los envases desechables en la
complejización de la tecnología sanitaria. El discurso genera trampas, oculta,
promueve frecuentemente la ceguera intelectual y la soberbia, por eso es
necesario extender la mano para recibir el don de una gota de lluvia o, por lo
menos, esperar con los poros abiertos el viento que fabrica cerrazones.
81. Al
releer los textos que sobre política escribo me doy cuenta lo fácil que resulta
caer en el lugar común y en el moralismo ingenuo. El discurso político está
inextricablemente unido al poder y el deseo, de tal manera que hasta la frase
de apariencia más inocente y veraz responde a los designios del interés, no
siempre claro, de quien produce y pronuncia el discurso.
82. En
las campañas proselitistas de los políticos, el discurso despliega todas sus
formas y variedades, desde la frase corta y publicitaria hasta las complejas
piezas oratorias propias de la tecnocracia. La confusión es inevitable: ¿Cómo
distinguir la falsedad? ¿De qué manera separar la publicidad del razonamiento
serio? ¿Cómo ubicar la línea entre la retórica y la propuesta?. Creo que para
responder tentativamente a las preguntas podemos ensayar, primero, el
despojarnos de cualquier tentación de autoritarismo, abandonar la soberbia y la
pretensión de verdad; después, cobrar conciencia de que terminó la era de los
caudillos, de que la sociedad no puede ser conducida, o salvada, por un solo
individuo, la comunidad sólo puede salvarse a sí misma con la participación de
todos los individuos que la componen. Tal vez podamos clarificar el discurso si
nos hacemos otra pregunta: ¿Apoyaré al candidato que tenga la osadía de
proponerse como solución a los problemas del país, a quien tenga la fuerza para
imponer su razón a los demás aplastándolos con el peso de sus verdades? ¿O votaré por quien tenga la humildad de
reconocer que no puede gobernar él solo y que requiere de concurso de todos
nosotros?
83. El
discurso político cansa, sobre todo en los momentos en que se utiliza con mayor
intensidad. Las frases y las propuestas mejor intencionadas pierden rápidamente
sentido y acaban por devenir en afirmaciones huecas, generalmente pedantes
cuando no ridículas. Los argumentos políticos se trivializan y se reducen a
enunciado publicitario. Las imágenes de los candidatos y sus proyectos quedan
reducidos a objetos vendibles como los jabones, la ropa interior o las
cervezas.
84. F.
Nietzsche afirma que los supuestos sistemas de razonamiento son en realidad
sistemas de persuasión, así, las pretensiones de haber descubierto la verdad
ocultan una voluntad de poder. Creo que la afirmación es válida para cualquier
discurso político, incluso este.
85. Cada uno de nosotros tiene capacidad para conocer
o experimentar un breve fragmento de la realidad y un pequeñísimo número de
acontecimientos. Lo demás lo inventamos o lo creemos.
86. Si un hombre o una comunidad no conocen sus
límites, los hechos se los mostrarán de manera casi siempre desagradable.
87. El caos no es otra cosa que un orden inexplicable.
Llamamos caos a un estado de cosas que no podemos manejar, no entendemos, nos
produce incertidumbre y vértigo. Sin embargo, caos es una forma de orden
inasible con los medios imperfectos de nuestra lógica y lenguaje. El orden es
sólo una de las innumerables combinaciones de la materia y el acontecimiento.
Visto de tal forma un orden es un corte efímero en el tiempo y el espacio,
mientras que el caos es atemporal y utópico, es la suma de todas las
combinaciones posibles, es, simultáneamente, el todo y el vacío.
88. A
partir de la muerte sólo quedan dos caminos: el olvido y la leyenda, pero ésta
es, en realidad, una de las muchas formas del olvido.
89.
Envidio a quienes tienen una visión completa y coherente de la realidad. La
mayoría tenemos apenas una imagen rota y mal cosida con el olor del mercado, la
estampa de un gallo que canta de dolor la madrugada, el esplendor de las
catedrales, un vaso de leche, la dureza de Palacio y un cuchillo. Te relato la
historia de un hombre que cuenta sus días a trozos, que anuda sin sentidos para
formar un hilo que es, al mismo tiempo, salvación y laberinto.
90. El Manifiesto del Partido Comunista es un librito de no más de
cincuenta páginas que tiene ciento cincuenta y dos años de haberse publicado
por primera vez. En él K. Marx y F. Engels proporcionan una visión de la
sociedad basada en la propiedad privada y el mercado libre, es decir, del
sistema capitalista liberal que había demolido a la sociedad feudal y que
imponía las ideas políticas y económicas de la ilustración, la cultura de la
burguesía vencedora. La pregunta es: qué, del Manifiesto, sigue vigente a pesar
de los años y, sobre todo, a pesar de los cambios tecnológicos y del desarrollo
del propio sistema que ya vaticinaron los autores. Creo que su aportación mayor
es la parte crítica, aquella en la que se hacen evidentes los problemas de la
concepción burguesa del mundo: el individualismo que transforma las relaciones
sociales en un agonismo interminable; el crecimiento, centralización y
complejización del mercado que acaba por deshumanizar a los individuos
transformándolos en piezas intercambiables del aparato productivo; las crisis
recurrentes de la economía de capital que destruyen fuerzas productivas
obsoletas para substituirlas con otras cada vez más sofisticadas, cuya
consecuencia inevitable es el desempleo y la marginación; la concentración de
la riqueza en pocas manos; el crecimiento y desarrollo de las comunicaciones
que se tornan en los instrumentos más importantes de difusión de la ideología y
la cultura dominantes. La crítica marxista al liberalismo burgués sigue vigente
hoy, en los inicios del siglo XXI, los hechos le dan la razón..
91. La parte del Manifiesto del Partido Comunista que se hace necesario
revisar es la que se refiere al papel del trabajo y el proletariado. El
desarrollo de la sociedad capitalista y de consumo; la ciencia y la tecnología;
las comunicaciones; la transformación de los sistemas de producción,
distribución y consumo de mercancías, todo esto, además del fracaso de la
dictadura del proletariado y la caída del socialismo ruso, obligan a la
reconsideración de la lucha de clases, se hace necesario desmitificar el papel
de la clase obrera y tomar en cuenta la participación de los grupos marginados:
negros, mujeres, desempleados y todos los grupos que tienen derecho a gozar de
los beneficios del desarrollo. La dicotomía marxista, burgueses y proletarios,
cede su lugar a una pluralidad de grupos que también aspiran a conducir el
rumbo social en beneficio de todos. La democracia socialista, con todos los
problemas que puede tener, además de sus puntos débiles ante una crítica
teórica, parece ser el camino más viable. El conflicto dialéctico, en el seno
de la totalidad también dialéctica, no puede reducirse a dos elementos en
pugna, con todo y lo dominantes que puedan ser, las contradicciones sociales
son múltiples y de las soluciones de todas ellas saldrán las propuestas que
orienten el camino que debe seguir la comunidad en la búsqueda de su
satisfacción y bienestar.
92. De pronto me asaltó la idea de que tal vez, y
sólo tal vez, la bala mágica de J. F. Kennedy, mató también a Luis Donaldo
Colosio.
93. “Después de la Revolución mexicana el poder pugnó
por aglutinar a todos los partidos en uno solo: el del Estado. A final de siglo
el poder busca la integración de todos los partidos en un sistema político: El
del Estado. (Las paradojas del poder, UASLP 1996)
94. La lógica del imperialismo, entendida como la
expansión del mercado y la cultura occidental dominante, impone la
construcción, en los países dominados, de modelos políticos que reproduzcan la
democracia liberal, la construcción de un Estado amenazado siempre por el
fantasma de la manipulación, el dinero y el voto de castigo, un Estado capaz de
imponer la ley, regular la relación entre los ciudadanos y resolver los
problemas que origina la convivencia, pero incapaz para oponerse con
efectividad a la fuerza desmesurada del capital y el mercado.
95. En México el proceso de construcción del modelo
democrático liberal, y la caída del régimen de partido de Estado, impuesto
desde la racionalidad del capitalismo internacional, se inicia, en una primera
etapa, con la “caída del sistema” y el dudoso triunfo de Carlos Salinas que se
ve precisado a pactar la transformación del sistema político mexicano a cambio
de legitimidad y apoyo económico. Pasa después por la firma de tratados de
libre comercio, el golpeteo al sindicalismo nacional, el fortalecimiento de la
oposición, especialmente del Partido Acción Nacional, el movimiento armado de
Chiapas, el asesinato de Luis Donaldo Colosio y la crisis del “error de
diciembre” debida fundamentalmente a la traición de Salinas a su compromiso con
la comunidad internacional y con los grupos de poder que competían contra el
partido del Estado, evidenciada, la traición, por el apoyo político y económico
al PRI que lo llevaron al triunfo del en las elecciones de 1994. El Dr. Ernesto
Zedillo, legitimado pero débil, obligado por la crisis económica revalida los
compromisos de su antecesor y se compromete a proseguir con la transformación
política iniciada por Salinas. Esta primera etapa termina con la derrota del
partido de Estado el 2 de julio de 2000. La segunda etapa de la instalación de
un régimen de partidos competitivos se inicia con la necesaria reestructuración
de, por lo menos dos, partidos fuertes, equilibrados en cuanto a cuotas de
poder, representatividad social y capacidad económica. Esta fase deberá pasar
por la substitución del sindicalismo autoritario por otro más ligado a sus
bases y menos al poder del gobierno, por la reconstrucción del antiguo partido hegemónico y su constitución como un partido autónomo,
también por la discusión de la posibilidad de reelección en el parlamento, la
desarticulación de la vieja cultura patriarcalista cuyos resabios todavía
impregnan la cultura tradicional mexicana y concluirá el día en que se vuelva a
producir en México la alternancia, el día en que el partido hoy triunfador sea
relevado en el poder ejecutivo. Era indispensable la derrota del Revolucionario
Institucional para avanzar en el sentido de la modernidad, sin embargo, sólo la
derrota del Partido Acción Nacional concluirá la modernización política, de lo
contrario únicamente habremos cambiado de cacique.
96. Lo asentado en el párrafo anterior es sólo un
modelo hipotético que requiere ser confrontado con la realidad para validarlo,
resume, en muy pocos trazos, por lo menos doce años de la historia de México,
existen infinidad de hechos que deben ser analizados a través de esta propuesta
de interpretación. Desde luego que antes de 1988 existieron señales, hechos y acontecimientos
que pueden muy bien tomarse como antecedentes del fin del Estado benefactor,
sin embargo, las elecciones de 1988 y el accesos de Carlos Salinas al poder
echan a caminar un proceso hacia el liberalismo que se vuelve irreversible. Una
de las preguntas que surgen de inmediato es cómo se logró la manipulación de
las conciencias, cuáles fueron los mecanismos de la producción social de
sentido que llevaron a los electores, independientemente de la racionalidad
económico política, a votar en el sentido deseable para el Estado y para los
intereses imperialistas. Entiendo el imperialismo no como la voluntad de un
Estado-nación por imponer su control a Estados más pequeños o débiles, éste
sería un imperialismo político, el control de un país por otro que lo oprime.
Entiendo aquí el imperialismo como un proceso económico, la supremacía del
capital o el poder del dinero, en este sentido no es un país fuerte que
pretende la dominación, sino la existencia de redes de intereses económicos o
de dinero, que se mueven al margen del interés de los estados, que pretenden
debilitar y controlar a todos los estados.
97. El discurso que se construye alrededor de la
conducta política está lleno de contradicciones y trampas, con mucha facilidad
se contagia de solemnidad, mentira y pedantería. Sin embargo, la política es
como el canto de las sirenas, atrae a pesar del peligro y de la muerte,
encierra en el fondo la esperanza, alimentada por los filósofos griegos, de que
sólo en la comunidad, en la polis, en la política, podamos encontrar las
soluciones a los problemas que la fría crueldad de la razón nos torna
evidentes. No todos los hombres confían en la utilidad de lo político, veamos
por ejemplo la siguiente afirmación de E. Cioran: “Lo trágico del universo
político reside en esa fuerza oculta que lleva a todo movimiento a negarse a sí
mismo. En política, como en todo, uno no se realiza más que sobre su propia
ruina” (citado por Javier Padrón en El Tonal N° 2, julio - septiembre de San
Luis Potosí 2000) En el otro extremo esta de J. Dewey: “La democracia es una fe
reflexiva en la capacidad de juicio inteligente, de deliberación y acción de
todos los seres humanos.” (citado por Richard J. Bernstein en Perfiles
Filosóficos, Siglo XXI editores, México 1991)
98. Hace tiempo un amigo, el Dr. Ezequiel Álvarez
Tostado, me dijo que no podíamos
esperar mucho de la política cuando en el interior mismo de la familia
encontramos el nacimiento del engaño y la falsedad, las mentiras forman parte de
la vida cotidiana de una familia. El doctor coincidía en esto con muchos
pensadores de la ciencia política, desde los clásicos griegos hasta Hanna
Arendt, en el sentido de intuir al Estado como una extensión de la familia.
Algo que no parece muy presente durante la discusión política es la familia: su
estructura, normas, tipos de relación interna, valores y maneras de interactuar
con la colectividad y la cultura. Sin embargo, la familia determina la
organización social y el Estado. Según sea el tipo de familia que predomina en
una comunidad será el tipo de Estado que se construya para regular las
relaciones sociales.
99. La familia monogámica nuclear, con valores que
acentúan el trabajo y el ahorro, respetuosa de la autoridad paterna, que
promueve la unidad por encima de los egoísmos e impulsos personales, subyace en
el sistema propiciado por el capitalismo naciente, que propicia la democracia
representativa, el libre mercado, el Estado protector, la frugalidad y el
ahorro. Conforme este tipo de familia se ha venido desintegrando por influencia
del individualismo excesivo del capitalismo avanzado, conforme las relaciones
familiares se debilitan y dan lugar al egoísmo hedonista característico de
nuestras comunidades, en la medida en que la autoridad paterna se desvanece
rápidamente y los valores tradicionales son substituidos por la variopinta
oferta del mercado, es decir, se substituye el acento en la producción y la
conservación del patrimonio por el acento en el consumo, el dispendio y la
dilapidación, en esa misma medida se transforman también las relaciones
sociales y se abre la puerta a una forma de organización con un Estado
sostenido por una democracia liberal aséptica y efectista, convertida en
mercadotecnia electoral, regulada por el dinero, un Estado débil, incapaz de
poner freno al abuso, al deterioro del medio ambiente, a la generación del
desperdicio, a la explotación, a la búsqueda irracional de la propia
satisfacción aún en contra de la pobreza y el sufrimiento de los otros, todo
esto producido por la liberalización del deseo. La destrucción de la familia
como una institución respetable y su transformación en un simple mecanismo para
la reproducción de los individuos traerá como consecuencia una sociedad educada
por los medios masivos de comunicación, y la red electrónica, para consumir
toda clase de productos innecesarios, una organización política donde los
estados perderán su fuerza y serán reducidos a meras instancias
administrativas, donde el verdadero poder político será controlado por el
capital y los intereses económicos. En ese futuro deberemos felicitarnos porque
no será posible, nunca más, la tiranía de los hombres, nunca más un hombre
podrá tener el poder suficiente para oprimir a los demás, pero viviremos
inevitablemente bajo la fría, inhumana y cruel tiranía del dinero.
100. Escucho y leo los comentarios de intelectuales y
analistas acerca de la realidad política y social del país, releo también mis
propios textos, y no puedo dejar de percibir un cierto tufo, una resonancia de
retórica y falsedad, a veces un moralismo que se cuela subrepticiamente o una
reducción hasta el absurdo. Es indudable que todos los textos, no importa su
extensión o profundidad, son apenas esquemas, representaciones, modelos más o
menos útiles para tratar de entender lo inaccesible. A pesar de todos los
análisis, son inefables: la mirada de un trabajador que deposita su voto en una
urna, la de un estudiante que busca empleo en las páginas de un diario, la del
hombre que lava el cristal de los autos en un crucero y también el olor de una
tarde sin lluvia en el desierto.
101. Penalizar el aborto, aún en casos de violación
como acaba de hacerlo el Congreso de Guanajuato, significa traer al centro de
la discusión un problema que tiene múltiples aristas, incluso la del papel del
Estado y la separación de lo público y lo privado. Menciono algunas que, me
parece, son torales para entender el fenómeno. El problema del aborto implica
una visión ética que requiere tomar en cuenta el riesgo para la salud y la vida
de la mujer que se somete a él, y el hecho de que se destruye la posibilidad de
una vida que es ajena a los problemas que lo motivaron. Sin embargo, existe
también un problema social de salud, cientos, miles de mujeres abortan,
independientemente de consideraciones morales o religiosas, y lo hacen en condiciones
higiénicas muy desfavorables, la visión ética no puede soslayar este fenómeno
real y abonar con posiciones rígidas e intolerantes el terreno de la
clandestinidad; el aborto constituye una realidad que incide en las
estadísticas de morbilidad y mortalidad de la población, está íntimamente
ligado con la ignorancia, la pobreza y el abandono, y debe resolverse con ayuda
de, o a pesar de, las posturas moralistas dominantes. El aborto es también un
problema de género que lleva implícita una forma de pensar a la mujer, de
apreciar su papel, importancia y lugar en el conjunto de las relaciones
sociales, una forma que desde una visión moral estrecha corre el riesgo de
reducir a la mujer a un nivel subhumano y considerarla incapaz para decidir
sobre lo más conveniente para ella misma en el plano biológico, intelectual y
ético; no se puede obligar a las mujeres, por imposición, a tolerar una moral
soberbia que se pretende la única veraz, dominante y universal. Finalmente es,
el aborto, un problema jurídico que interroga sobre la función de la ley en la
comunidad, es un problema de Estado; la ley es un recurso para regular las
relaciones sociales, sirve para imponer límites en los asuntos públicos,
facilitan la convivencia o impiden las agresiones al derecho y libertad de los
otros; la ley pública que invade el espacio privado se traduce por fuerza en
tiranía; en una democracia auténtica la ley no puede ser usada para imponer la
cosmovisión de un grupo, por dominante que sea, sobre la cosmovisión de los
grupos minoritarios, siempre que éstos no atenten contra la sana convivencia.
El asunto del aborto no es fácil, obedece a lógicas diversas: moral, económica,
social, política, jurídica, sanitaria. Lo cierto es que no se pueden imponer
soluciones apresuradas, moralistas, arbitrarias y poco meditadas por hombres
investidos con un ánimo de cruzados trasnochados que pretenden acabar con los
infieles.
102. Unas líneas más acerca del aborto me permitirán
clarificar un poco lo arriba expuesto. Pienso que la conciencia no es el ámbito
de operación del Estado, el suyo es el ámbito de la convivencia. De este modo
el aborto, para el Estado, no es un problema de moralidad sino de salud, en
donde la práctica del aborto es la manifestación de una patología que debe
atacarse con todos los recursos que estén a nuestro alcance, en materia de
prevención y control, pero nunca por medio de la coacción legal o la violencia
del Estado. En una sociedad democrática y justa no se debe prohibir y sancionar
la enfermedad sino prevenirla y curarla. Es nuestro deber organizar una
sociedad sin miseria e ignorancia, equitativa, racional, tolerante y ética, una
sociedad en la que cultura, educación, igualdad de oportunidades y justicia
hagan imposible, o por lo menos muy difícil, la práctica del aborto.
103. El proceso de globalización en el que están
inmersos todos los países del mundo es un hecho histórico irreversible,
impulsado en primer lugar por la rica y variada red de comunicaciones que
diluyen la barrera de las distancias y producen intercambios culturales, sobre
todo en el ámbito de la cultura de masas. Sin embargo, junto a esta
mundialización de las culturas, el poder económico dominante promueve la
instalación de la democracia liberal y el libre mercado. Por lo que se refiere
al intercambio cultural siempre será un hecho enriquecedor que brinda la
oportunidad de ampliar la conciencia y de conocer otras formas de concebir e
interpretar la realidad; en cuanto al libre mercado, éste funciona como
antídoto para la humanización, al transformar todo en mercancía trivializa las
relaciones sociales, socava y destruye las instituciones, mercantiliza la
interacción humana, pervierte la escala de valores y, sobre todo, concentra el
poder y la riqueza en pocas manos, sume a la mayoría en la pobreza, la
marginación y el abandono. La economía de libre mercado acaba por transformar a
las sociedades humanas en sociedades de mercado. John Gray afirma (Falso
amanecer, editorial Paidós, Barcelona 2000) “La democracia y el libre mercado
son rivales, no aliados” Este asunto de la oposición entre democracia y mercado
estará, seguramente, sobre la mesa de discusiones de las distintas comunidades
durante los primeros años del siglo que comienza.
104. Conforme aumenta el número de mis escolios me
doy cuenta de que, a grandes rasgos, se perfila una historia posible de mi
ciudad y mi casa. Y es que medito a partir de los hechos que se ventilan en las
charlas de café y las sobremesas, tales como una decisión del gobernante; una
contienda política que termina disfrazada con el atuendo de un bufón bifronte y
un escapulario: con la derrota en el frente y la victoria en la espalda; un
crimen por razones pasionales y una docena de ellos por las razones del hambre.
Sin embargo, me falta para pintar el rostro de esta comunidad, que habita en el
desierto, el ladrido de los perros del mercado, una sirena de ambulancia en el
verano, el silencio del agua, unos rayos de sol que fabrican arena con las
piedras, el rumor de los rezos y el de la pasión que se desata donde nadie la
vea y, también, los pasos de una salamandra que se incendia en la huerta.
105. En el proceso de reconstrucción del sistema
político mexicano, basado en la competencia real de partidos, no es posible
soslayar los peligros inherentes a la democracia burguesa o liberal: por un
lado la inestabilidad y por el otro la tiranía. Si bien el nuevo sistema de partidos acota la tiranía
que viene del presidencialismo, abona en favor de la tiranía que viene de las
oligocracias. La euforia democrática de muchos teóricos y analistas políticos,
posterior a las elecciones del dos de julio, se justifica por cuanto se aleja
el fantasma de la inestabilidad gracias a la legitimación electoral, pero no se
justifica en lo que se refiere al predominio de las oligocracias. El dominio de
los grupos cupulares no sólo ha permanecido inalterado sino que adquirió mayor
vigencia. Hoy, más que nunca, el país está sujeto al capricho de las pugnas,
entre las elites, por el poder.
106. Al terminar de leer un extenso ensayo de Ariel Colombo (“Elementos para
el análisis político” Eugenio Kvaternik, compilador, páginas 69-207, Piados,
Buenos Aires, Argentina 1991) acerca de la democracia y sus teóricos no
se puede más que llegar a la conclusión de que cuando hablamos de la democracia
nos estamos refiriendo a un proceso complejo que plantea más interrogantes que
soluciones. Existen fenómenos inherentes a la democracia que la vuelven un
asunto difícil y lleno de paradojas como: la regla de mayoría y su posibilidad
real para configurar la voluntad comunitaria; la existencia misma de eso que
llamamos voluntad comunitaria; la regla de consensos que promueve la
constitución de las elites apoyada en una concepción pluralista de la
democracia con su sistema de pesos y contrapesos; la ley del hierro de la oligocracia
que torna evidente la fatalidad del dominio de las elites frente a la necesidad
de organización y especialización en las grandes organizaciones o sociedades;
la capacidad efectiva de un sistema democrático para conseguir la igualdad y la
justicia; los conflictos inevitables entre la razón privada y la razón pública;
la conciliación entre lucha de clases y valores democráticos. Siguiendo a
Popper, la democracia, como la sociedad, es un orden producido por la acción
colectiva que se impone a los hombres concretos, es decir, la
democracia es, siempre, un proyecto inacabado que requiere ajustes,
reorientaciones, rupturas y reconstrucciones durante su marcha en busca de un
sistema de convivencia que proporcione mayor bienestar y menos dolor para todos
los seres humanos, que construya una visión del mundo y un conjunto de
instituciones que hagan imposible la explotación y el abuso.
107. En los últimos días ha
llamado la atención el espionaje político, debido a la grabación de una charla
telefónica entre Vicente Fox, presidente electo, y su secretaria particular.
Voces airadas se levantan en contra de la práctica del espionaje y lanzan
acusaciones al Estado, a la burocracia encargada de la seguridad nacional,
señalan el espionaje como una característica de la conducta cotidiana del
gobierno autoritario y su partido. Se olvida que el espionaje es inherente a la
conducta política en tanto que estrategia. Creo que no se podrá encontrar en la
historia algún sistema político, de cualquier signo ideológico, que no haya
practicado el espionaje. Desde el siglo quinto antes de Cristo en “El arte de
la guerra”, Sun Tzu dedica su capítulo final a los agentes secretos o el
espionaje. El problema, como muchos otros problemas de la democracia
contemporánea, se ubica en los límites entre ética y política, en la siempre
borrosa e inestable línea entre lo público y lo privado. Intervenir una
conversación privada es, desde luego, un acto de autoridad, un abuso del Estado
que, para preservarse, pretende detectar los peligros y amenazas que pueden
provenir, incluso, de la esfera de lo privado. Lo que si parece obvio es que
las dos esferas se superponen y presionan para extender su influencia y dan
lugar al planteamiento de una paradoja: ¿La esfera de lo privado es tan
primordial y sagrada que debe respetarse aún cuando amenace con destruir al
Estado o a la organización social? ¿Lo público, el interés común, debe llevarse
al extremo de convertir al Estado en un policía que vigile cualquier elemento
que ponga en riesgo su existencia, aún con el costo de la destrucción de lo
privado? ¿Hasta dónde son privados los intereses, preferencias y conductas de
los hombres públicos? Es indudable que la frontera que separa lo público y lo
privado es una amplia franja gris que se agranda y se contrae según aumenten o
disminuyan las tensiones sociales. De cualquier manera, creo que aplicar un
criterio moralista para enjuiciar la conducta estratégica del espionaje resulta
insuficiente, la información y el acopio de datos de toda índole y el secreto, son
actividades imprescindibles para la realización de una eficaz conducta
política, sea esta para el logro de objetivos personales o del bienestar de la
comunidad. Lo que sí es condenable es la realización de un acto de espionaje
que al final se descubre, no sólo porque constituye una burda intromisión de lo
público en lo privado sino, lo más grave, porque su descubrimiento revela
incapacidad e incompetencia del espía, y resulta, para la democracia liberal,
más censurable la ineficacia que el espionaje.
108. El acto de espionaje a que
nos referimos en el párrafo anterior se conoce por la intervención de la
prensa, específicamente el periódico El Universal, que lo hace público y pone
con ello en evidencia no sólo al espiado sino al espía. De aquí se deriva una
nueva discusión que atañe al derecho que los medios tienen para denunciar o
publicar cualquier información que a su parecer sea relevante, sin importar el
daño que puedan provocar a terceros inocentes, o a los propios personajes
públicos en la esfera de su privacidad. La reacción tanto de algún sector de la
sociedad como de la clase política es en el sentido de que debe regularse el
derecho a la información y ponerse algún tipo de límite a los excesos de la
prensa, sin embargo, como lo dijimos también arriba, la franja que separa lo
público y lo privado es borrosa y móvil, no se puede generalizar, en algunos
casos la denuncia de una infidelidad conyugal
puede ser un exceso y constituir una falta grave a la ética y la buena
fe, pero en otros casos la misma denuncia puede ser relevante para entender un
proceso o una conducta política. Por otro lado, la regulación excesiva de la
libertad de prensa puede ser la puerta para la irrupción del autoritarismo, de
tal modo, ante los riesgos, es mejor dejar las cosas como están, sin
restricciones autoritarias, y apelar a la construcción de una prensa
responsable y ética, que por sí misma pueda establecer los límites a su propia
conducta, es decir, el asunto no es de leyes sino de ética y responsabilidad.
109. La democracia liberal es, cada vez más, un sistema orientado por la contradicción de intereses particulares que por la búsqueda del bien de todos. Las pugnas entre intereses privados exigen la construcción de un sistema que permita la posibilidad del acuerdo y anule, o aleje, los riesgos de la violencia, a este sistema le podemos llamar democracia pero no es, de hecho, el Estado que busque la igualdad, la libertad y la fraternidad necesarios para una convivencia humana satisfactoria y