Universidad Abierta

 


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Tensiones y transiciones

Norberto de la Torre

 

Introducción

 

Este libro consta de dos partes, inicia con una serie de fragmentos o textos breves que tocan diversos temas, en general constituyen un discurrir sobre la democracia como forma de gobierno y los múltiples problemas que plantea. El principal de estos problemas en una sociedad abierta es la inestabilidad, la organización democrática enfrenta muchos conflictos en la medida en que chocan las distintas visiones que conviven en la comunidad. Las sociedades contemporáneas son en realidad amalgamas de grupos que se mueven e interactúan. Nuestra organización política y social es una comunidad de comunidades que trasciende las fronteras del Estado-nación, y que, gracias al desarrollo vertiginoso de la tecnología y las presiones de mercado, luchan contra la cultura dominante a través del mosaico de culturas que tratan de sobrevivir a pesar de la globalización y la voracidad del poder. La segunda parte se conforma de ensayos muy breves, algunos de ellos casi fragmentos, que tienen un poco la vanidad de lo académico, sobre todo por la presencia de notas de pie de página, con las que sólo trato de orientar hacia la lectura de textos más serios y ambiciosos que los míos, ojalá y estas notas no se entiendan como pedantería del autor sino como una guía para profundizar en el estudio de los temas que se tratan.

     El presente conjunto de textos continúa mis desordenadas reflexiones acerca de lo político, son ensayos en el sentido de prueba y error, arriesgo en ellos algunas hipótesis que a veces parecen confirmarse y en ocasiones acabo por rechazar. Estoy consciente de que la verdadera creación y la capacidad para descubrir nuevos horizontes o revelaciones son cualidades de muy pocos pensadores claves, los demás, según afirma Richard Rortry, cumplimos con la tarea de divulgar el conocimiento y apoyar a la docencia con nuestros escritos. Estas líneas están dirigidas a un público no especialista en sociología o ciencia política, están concebidas como artículo periodístico, comentario para decirse durante un noticiero televisivo y como apuntes para mis alumnos de la Escuela de Ciencias de la Comunicación, aspiro en ellas a ejercitar la lectura y el análisis de la realidad, trato de alcanzar la mayor competencia posible como lector. No pretendo hacer una lectura correcta de la realidad, no existe una forma objetiva para determinar cuándo una lectura es correcta, toda lectura es el resultado de contextos, contingencias y circunstancias personales, históricas y sociales. De  tal manera mis aproximaciones dicen más sobre mi forma de ver el mundo que sobre el mundo mismo. La realidad que percibo es elusiva, cambiante, móvil, reacia al encajonamiento y a la sujetación teórica. He aprendido que las verdades aparentemente más sólidas acaban por derrumbarse y que al final sólo permanece lo que funciona, y sólo mientras funciona. Reconozco el riesgo de una caída en el pragmatismo liberal en mi afirmación, sin embargo, creo que se debe correr si se mantienen claros los fines de búsqueda de la igualdad, justicia y convivencia, evitar la crueldad y la explotación del otro, mi semejante.

     Escribo impulsado por el interés de entender la relación entre acontecimiento y discurso, por desentrañar su dialéctica y construir una visión de la realidad que se constituya en instrumento eficaz para operar sobre ella. Mi discurso, como el de otros, está determinado por mi biografía y mis gustos, que cada vez se inclinan más por lo fragmentario, lo efímero, lo abierto. Mi abandonada intención de hacer poesía desembocó en la prosa breve, en el intento de utilizar las palabras para fabricar artefactos que puedan, eventualmente, servir a un lector para entender un poco mejor el mundo en que vivimos.

 

Primera Parte

Escolios

 

“Cuando alguien escucha un discurso, cuando alguien lee un tratado,

cuando alguien memora una conversación, reduce su audición, su

lectura o su memoria a una frase breve, unitaria y final: el aforismo.

Todo saber es aforístico.”


Benjamín Valdivia

 

 

Los límites son los que detendrán el caos,

que de suyo se levanta, majestuoso,

ante los fragmentos caídos.

 

Mauricio Beuchot

 

 

1. El diccionario define escolio como: nota que se pone en un texto para explicarlo. Define aforismo como: sentencia breve y doctrinal. Los que siguen son, entonces, escolios porque pretenden ser observaciones sobre lo que leo, ya sean textos escritos o la realidad tomada como texto. Lo que si es cierto es que están lejos de ser doctrinales y doctos.

 

2. El término escolio viene del griego scholion: comentario o del gr. Scholé: escuela. Se utiliza como sustantivo para designar a las notas que se ponen a un texto para explicarlo. Se escribe y pronuncia igual que el prefijo que proviene del griego skoliós: tortuoso, por ejemplo escoliosis que es una desviación o apariencia tortuosa de la columna vertebral. Si damos, a los párrafos que siguen, los dos sentidos, entonces son al mismo tiempo notas que pretenden explicar el texto, pero también circunloquios, reiteraciones, tortuosidades del discurso que a veces explican y a veces ocultan los sentidos y los acontecimientos. Todo discurso es un escoliodiscurso, nada hay en él de recto y diáfano, siempre acaba por exhibir su sinuosidad y desviaciones.

 

3. El uso que se hace del término democracia en el discurso social y político varía según se modifiquen las distintas variables que intervienen durante la producción social de sentido, tales como la economía, la educación, los hábitos de consumo, la tecnología y la cultura. En términos generales entendemos la democracia como un procedimiento para decidir sobre los asuntos que competen a la comunidad y plantear las soluciones que más convengan a todos, o como un mecanismo para elegir a las autoridades y representantes, un conjunto de reglas claras que permitan la transmisión del poder sin los riesgos de la violencia.

 

4. La democracia debe favorecer una república en la que cada ser humano tenga la oportunidad de convertirse en el mejor ser humano posible. Esta frase de Aristóteles debería orientar nuestra conducta política y la construcción del Estado.

 

5. La tradición es una fuerza más afín a formas autoritarias de gobierno que a las democráticas, y existe tanto una tradición conservadora de la llamada derecha, como una tradición de la izquierda que la obliga a manifestarse opositora aún de lo razonable.

 

6. Entre las conductas que pueden destacarse como más incompatibles con la vida democrática se cuenta la intolerancia, la pretensión de verdad, la rigidez y la soberbia.

 

7. El juego político se vuelve antidemocrático en la medida en que los grupos en conflicto desarrollen un diálogo de sordos que es la manifestación del enfrentamiento de dos autoritarismos.

 

8. La democracia se entiende no sólo como la emisión del voto sino, también, como la obtención de la voz. En la mancuerna voz y voto la primera es primordial por cuanto garantiza la participación de todos en el diseño de una organización más justa, en el proceso de significación que anima la convivencia social, en lo producción social de sentido.

 

9. La búsqueda de la democracia es un acto político y participa ineludiblemente de la contaminación del poder,  el conflicto es inevitable.

 

10. El término democracia es por sí mismo una paradoja, contiene la contradicción en su etimología, pueblo y poder son irreconciliables, el primero sólo puede prosperar en ausencia del segundo. El término pueblo es incluyente, envuelve a todos los miembros de la comunidad o la nación. El poder excluye, implica el dominio de unos sobre otros.

 

11. La tentación del autoritarismo permea nuestra cultura tradicional y obliga a la utilización de medidas y estrategias políticas que conspiran contra la democracia, tales como: la mercadotecnia, el influyentismo, el populismo, la compra de votos y simpatías, el control corporativo, la manipulación, el engaño y formas sutiles de violencia como la amenaza, el cohecho y el chantaje.

 

12. Son cualidades inherentes a la democracia: legitimidad, consenso, imperio de la ley, tolerancia, dialogo y respeto al otro, a su integridad física y su manera de pensar.

 

13. Nunca debemos olvidar que, según Aristóteles, la democracia es una perversión de la república.

 

14. El insulto y la diatriba son síntomas de que la democracia está presente y de que trabaja a favor de su suicidio.

 

15. La democracia es un asunto serio, tanto, que ningún dictador deja de preocuparse por aparentarla de la manera más convincente posible. De hecho, el autoritarismo más eficiente y salvaje es el que se logra con la complacencia y legitimación de la víctima.

 

16. A veces la democracia es un tormento tan sutil que ni el Marqués de Sade la hubiera imaginado como tal.

 

17. La democracia liberal siempre estará amenazada por la presencia de los pobres, los marginados, las minorías rebeldes al adocenamiento, por las culturas otras, las diferentes, las que se niegan a vivir bajo la lógica del mercado.

 

18. La democracia y el libre mercado tienen intenciones divergentes. Mientras que la economía de mercado libre nace de las ideas de La Ilustración y su anhelo totalizador, cuyo propósito es la construcción de una civilización global que anule las diferencias y suprima cualquier cultura que no se apegue al modelo ideal de la cultura occidental dominante, la democracia reconoce la pluralidad, promueve la tolerancia, el respeto y se constituye como método para favorecer la convivencia de los diferentes.

 

19. La democracia no debe ser sólo un mecanismo para legitimar el poder del elegido, ni puede ser el campo de batalla para enfrentar fracciones, propuestas ideológicas o proyectos de grupo. La finalidad importante a que apunta la opción democrática es la de otorgar viabilidad y futuro a la institución y el logro de la equidad.

 

20. Fernando Savater cita a François Furet quien señala como rasgo propio de la democracia moderna "la capacidad infinita de producir niños y hombres que detestan el régimen social y político en que nacieron, que odian el aire que respiran, aunque vivan de él y no hayan conocido otro” a lo cual el propio Savater añade que: “el primer requisito, la mayor excelencia y el peor peligro de la democracia es acostumbrarse a vivir en disconformidad.” Una observación rápida y superficial, un paseo por las mesas de café y las oficinas, nos lleva a constatar con prontitud la veracidad de las afirmaciones de estos dos autores. La democracia nos permite disentir de todo y por todo, descalificar las acciones de los otros, acusar a quien se nos antoje, tengamos pruebas o no de nuestras acusaciones, afirmar cualquier exageración o suponer toda clase de retorcimientos sólo porque nos parecen verosímiles, bloquear calles o interferir con la libertad de los demás. La democracia no es una panacea que por sí sola resuelva todos los problemas que genera la convivencia, incluso puede facilitar excesos y distorsiones de la conducta social que sólo son posibles en un sistema democrático. Democracia implica la construcción de un sistema de reglas y convenciones que faciliten la convivencia, un Estado de derecho que, una vez construido, debe ser respetado por todos sin que esto niegue la posibilidad de discutir razonablemente sobre la posibilidad de mejorarlo y enriquecerlo.

 

21. Aristóteles afirma que la diferencia real entre democracia y oligarquía es la pobreza. El dinero es un enemigo persistente y feroz de la democracia. Constituido en símbolo de poder se utiliza para manipular y dominar. La riqueza y su representación, el dinero, infectan la conducta política enajenándola, despojándola de su objetivo esencial que es el bien de la comunidad, para transformarla en un asunto de mercado en donde sólo importan las ganancias. El conflicto que se genera es el de la contradicción entre humanismo y poder, entre Dios y el ídolo. El dinero transformado en poder se convierte en fetiche, en un ridículo símbolo de la ambición. Una comunidad que busca la riqueza por encima de otros valores acaba por derrumbarse bajo el peso de su propia idolatría.

 

22. No hay autócrata o tirano que no crea que su autoridad está legitimada por la decisión de la mayoría.

 

23. Sólo la tolerancia, la buena fe y la creencia en que la democracia es posible en todos los individuos y todas las organizaciones, harán posible una organización social menos injusta y más amable.

 

24. Confucio afirma que los ritos constituyen la mejor disciplina contra la tiranía. Estos ritos a que se refería Confucio podemos entenderlos como el conjunto de hábitos y formas que conforman la educación, las buenas maneras o la cortesía. En este sentido educar no es sólo el hecho de proporcionar información y un método para el aprendizaje sino un proceso en el que los individuos adquieren las conductas que facilitan el respeto, la tolerancia y la convivencia. La democracia sólo es posible con ciudadanos bien educados, civilizados, capaces para ejercer su libertad y autonomía sin menoscabo de la libertad y el bienestar del otro. Cuando hablamos de educación, en este sentido, no nos referimos a las fórmulas vacías y estereotipadas, al protocolo aburrido y solemne, sino a esa cortesía que parte del altruismo, de la consideración, amor y respeto al otro, al semejante. La mala educación, la grosería y el egoísmo conspiran contra la buena práctica de la conducta democrática.

 

25. Alexis de Tocqeville afirmó en 1840: “La democracia, al otorgar libertad de expresión a los órganos periodísticos, hace posibles las críticas más virulentas, la invención cotidiana de llamamientos aparentemente perturbadores. En ella se exhiben pasiones periodísticas que contrastan con la dignidad de las aristocracias. Los diarios, ávidos de atraer la atención de los lectores, se valen de todos los procedimientos de la provocación y dan a la vida pública una vulgaridad desconocida en las aristocracias. Los gustos destructivos de la prensa debilitan las adhesiones políticas y crean un clima de agitación emocional permanente. Esta agitación no se refiere necesariamente a verdaderos problemas, sino que genera más pasiones ficticias que grandes causas políticas... La vida política no está menos recorrida por sentimientos vivos y cambiantes, ritmados por el calendario electoral... La demagogia alcanza entonces su punto culminante. Para lograr su elección el candidato se pliega a la mayoría de sus electores y corre al encuentro de sus caprichos.” No pretendo con esta larga cita proponer un retorno a la falsa y pomposa dignidad de la aristocracia, lo que me interesa señalar con ella son los vicios de la democracia cuando esta se desvirtúa y se transforma en un mercado de la imagen, en un campo de retórica vacía sin otro propósito que controlar los mecanismos del poder, para entregárselos a una elite que los disfruta en perjuicio del resto de los miembros de la comunidad.

 

26. La lucha por la democracia en México es un asunto ya viejo que viene desde el siglo diecinueve y que tendrá que continuar por mucho tiempo. Los obstáculos y las fallas para la realización plena de una organización democrática todavía son muchas: la primera, una cultura conservadora que ofrece fuerte resistencia al cambio; después, los intereses de las clases y grupos dominantes que no están dispuestos a ceder su poder sin luchar por conservarlo; finalmente, un sistema económico injusto que favorece la marginación y la pobreza.

 

27. Uno de los defectos más notables de la democracia es la demagogia. Cuando los electores constituyen una masa sin rostro, manipulada o manipulable, entonces algunos políticos se transforman en mercaderes, su objetivo es acumular votos, sumar adhesiones de cualquier manera y a cualquier precio, para ello recurren al argumento fácil, al enunciado emotivo, al recurso ideológico, al ataque virulento, la descalificación, el moralismo, la sensiblería, el melodrama, a todo aquello que no implique un razonamiento sereno.

 

28. La democracia sin igualdad deviene aristocracia. La igualdad a que me refiero no es sólo isonomía, también equidad en la educación, en el reparto de la riqueza y en el acceso a todos los bienes culturales. La democracia es indisoluble de otros dos conceptos sin los cuales no puede realizarse: igualdad y libertad.

 

29. La democracia no es un sistema sino un procedimiento que se utiliza durante la formación de sistemas políticos. La utilización o práctica de la democracia, como la de cualquier instrumento, implica riesgos y limitaciones. Uno de los peligros más notables de la democracia es que introduce en los sistemas una cantidad sensible de inseguridad y desorden.

 

30. La discusión por la democracia se inicia en Grecia, con los sabios primero y después con los filósofos, varios siglos antes de nuestra era y no pierde actualidad todavía, es para nosotros, en los inicios del siglo XXI, un tema en varios aspectos novedoso. Sabemos de sus bondades para propiciar un sistema social más justo y sano, pero aún no podemos destrabar las trampas y evitar las amenazantes consecuencias de su práctica irrestricta, la primera de ellas es el debilitamiento del Estado y de la estructura legal que lo sostiene, después, el hecho de que facilita el dominio de los más hábiles que acaban por corromperse y utilizar la política y la democracia en su beneficio personal.

 

31. Alternancia es un término clave para la construcción de la democracia. Una sociedad se compone con la convivencia de individuos y grupos que se definen por su clase, su posición en los estratos económicos, su religión, cultura, educación, etc. En una democracia real el ejercicio del poder político debe ser temporal, y debe darse la oportunidad, equitativamente, para ejercerlo a los diferentes sectores y fuerzas que interactúan en la comunidad; por lo menos deben estar justamente representados en la estructura de gobierno. Sin embargo, frecuentemente se confunde alternancia con la simple substitución de personas o con la circulación de las elites. En este sentido la alternancia no es democrática sino una de las máscaras de la oligarquía.

 

32. Es evidente que los líderes y los candidatos de los diferentes partidos políticos en México, en especial de los tres mayoritarios, se parecen más entre sí que a las bases y las militancias que los siguen. Casi todos ellos usan el mismo tipo de transporte, sus hijos van a las mismas escuelas, su vestido es de la misma clase, frecuentan restaurantes del mismo nivel, sus actividades recreativas son semejantes y más o menos en los mismos lugares de diversión y descanso, es decir, pertenecen al mismo grupo, se identifican por clase y nivel socioeconómico. Por lo tanto, el triunfo de uno u otro no es alternancia verdadera sino una forma nueva de circulación de las elites.

 

33. La encrucijada que enfrenta la sociedad del siglo veintiuno resulta difícil y retadora. No podemos alentar el retorno a etapas anteriores del desarrollo, pero el futuro que parece deparar la vertiginosa carrera del progreso no es precisamente envidiable. Si los caminos no son la marcha atrás ni la persecución irracional de paraísos artificiales, si nuestras respuestas no están en los totalitarismos, la violencia y las actitudes mesiánicas de iluminados y redentores, si tampoco el bienestar físico y el aumento de la riqueza social garantizan soluciones, gracias a la inequidad y el abuso de la fuerza, entonces tendremos que buscarlas en el acuerdo de todos, en la revisión respetuosa de lo que muchos hombres han dicho sobre lo social, y de lo que muchos otros pueden decir en lo futuro. La producción social de sentido requiere de una reorientación en la que participen todos los individuos y culturas que forman la comunidad humana. La democracia puede ser uno de los caminos, pero no aquella que sólo sirve para legitimar un estado de cosas injusto y violento para los más desprotegidos, no la que se infecta con aduladores y demagogos que aprovechan los procesos de decisión social para convertirlos en espectáculo y manipular la buena fe y la ignorancia en su beneficio particular. La democracia que se requiere es la que se pueda construir con el concurso de todos en un plano de igualdad y respeto, una democracia socialista que ponga el acento en el bien de todos y que rechace al imperante individualismo egoísta en esta sociedad determinada por el consumismo y una forma de producción deshumanizada y enajenante.

 

34. La organización autoritaria, dominante a lo largo de la historia humana, no sólo ha guiado la transferencia del poder, también ha creado una cultura, una forma de organizar las relaciones sociales, una manera de entender la vida política y económica de la comunidad. Esta cultura contiene mecanismos de control, discursos que pretenden legitimar y reproducir las relaciones de dominación.

 

35. En un sistema de tipo autoritario el gobernante no es el encargado de servir a la ley: es la ley.

 

36. La conducta política está determinada por el discurso y las ideologías, pero también por los intereses y motivos que los individuos obtienen de su educación y su cultura, por la capacidad de hacer buenas lecturas de los hechos y para entender apropiadamente la relación entre discurso y acontecimiento.

 

37. El autoritarismo es un sistema estático en la medida en que vuelve rígida e inmutable la norma y pretende además, mediante el control, evitar el relevo en los mandos. Su dilema es que constituye un sistema cerrado frente a una sociedad que cambia.

 

38. El orden social conocido como permisivo es caótico y llega, inevitablemente, a la disgregación y el desorden.

 

39. El liberalismo nace como un instrumento para combatir el poder absolutista de la monarquía. El neoliberalismo combate al poder absoluto del la burocracia Estatal. En ambos casos logra su objetivo, pero también produce, en ambos, efectos secundarios como la concentración de riqueza, el crecimiento de los monopolios, además de la marginación y empobrecimiento de la mayoría.

 

40. Después de leer una biografía de Colosio pensé que indudablemente la figura de Luis Donaldo es muy importante para entender la política reciente de México. Sin embargo, tal importancia deriva más de su muerte que de su vida. Los asesinos de Luis Donaldo Colosio siguen ahí, no se ven, su sombra amenaza en el horizonte de la política mexicana. El autoritarismo engendra la violencia que acaba por destruirlo. La biografía de Luis Donaldo significa poco, engrandecerla de modo artificioso nos acerca más a la hagiografía que a la historia. Lo verdaderamente significativo es su muerte y la voz que se desprende de su sangre manchada con la pólvora.

 

41. La historia de la política mexicana está llena de violencia, es común fabricar a nuestros héroes con el asesinato.

 

42. En el origen de la corrupción está el deseo. Cuando el objeto del deseo ejerce una fuerza de atracción irresistible, entonces la ética se torna una débil barrera de contención y el sujeto hace cualquier cosa por lograr su meta. Por esto el mejor político, el que garantiza más eficacia para beneficio del elector, es el que no tiene deseos de poder, el que, como Siddharta, sabe ayunar, esperar y pensar.

 

43. Una comunidad organizada con arreglo a las presiones de mercado acaba fatalmente autoritaria, antidemocrática y excluyente. La sociedad liberal nace con un estigma, el del mercado, que acaba por deshumanizarla.

 

44. La existencia de una cultura dominante resulta absurda desde la una perspectiva humanista. Es absurda la sola idea de dominancia.

 

45. El libre mercado es sólo un concepto acuñado por la economía política. No existe en la realidad. Los monopolios y los Estados poderosos ejercen un control sobre los mercados que se traduce en dominio de unos pocos sobre la mayoría y en explotación irracional de los recursos naturales y humanos. El ideal de libre mercado es una política que los países fuertes y los consorcios económicos imponen a los países débiles y las comunidades empobrecidas para facilitar su explotación.

 

46. Anarquía, entendida como permisividad y desorden, es la cara oculta del absolutismo.

 

47. Recientemente ha despertado un nuevo interés, sobre todo entre la juventud universitaria, la vieja teoría social del anarquismo. La teoría se revitaliza gracias a la desilusión. La realidad finisecular ofrece un panorama poco halagador: concentración irracional de la riqueza; miseria y marginación en un avance incontenible; destrucción del medio ambiente en grados nunca antes vistos con el consecuente agotamiento de recursos; imperio de la fuerza y la violencia sobre la ley y la tolerancia; incompetencia de las instituciones sociales para resolver las demandas más urgentes de la mayoría; existencia de un discurso dominante vacío, retórico, que promueve las relaciones de dominación propias de la forma de organización capitalista; rigidez de las estructuras sociales que hacen cada vez más difícil la movilidad y las oportunidades de crecimiento que antes eran la oferta principal de un sistema basado en la economía y el mercado. Esta imagen desoladora  y el fracaso de las utopías orillan a la búsqueda de nuevas formas de leer y organizar la realidad, así surgen los fundamentalismos, el retorno a la mística y la religión y, en el ámbito de lo político y el Estado, la construcción de la democracia, pero también el repudio hacia todo lo que signifique poder o autoridad. Cuando la política se liga demasiado con el poder y se desliga del bienestar de la comunidad crece un repudio al Estado y sus representantes. Si el Estado es percibido como el obstáculo para la satisfacción de las demandas de todos, entonces su desarticulación y desmantelamiento se vuelve prioritaria y aquí se abre la puerta para el ingreso del anarquismo.

 

48. Cuando un sistema autoritario inicia su descomposición el caos parece penetrar en el conjunto de las relaciones sociales, se acrecienta la inseguridad y la desconfianza en las instituciones, prolifera la inseguridad y la violencia, la tradición es incapaz de contener el desorden, se pierde la noción de los límites. Es entonces cuando la anarquía seduce como una solución posible.

 

49. A una generación que fracasa en la conquista de la utopía, le sigue una que se refugia en el nihilismo o el suicidio.

 

50. Un proyecto político que no incluya, entre sus puntos principales, el diseño de mecanismos para erradicar la corrupción, resulta insuficiente y está condenado a fracasar.

 

51. Un político es, en términos prácticos, un experto en el manejo del conflicto. En ausencia de la contradicción y la diferencia, si esto fuera posible, la política sería una disciplina totalmente inútil y superflua.

 

 52. Me sorprendió la lectura de un artículo de Raúl Trejo Delarbre (“Nexos” octubre de 1999) porque me hizo evidente algo que todos sabemos y con lo que nos topamos a diario, la ilegalidad que nos rodea. Vivimos en un país en el que podemos eludir o violentar las leyes con mucha facilidad, los datos son contundentes: infinidad de automóviles de contrabando y sin la documentación legal circulan por las calles y carreteras de México, los abortos clandestinos, la evasión fiscal, la mordida, la compra de privilegios, la infracción de las normas de tránsito, alteración de notas de venta y de consumo. Pareciera ser que nuestra organización social se asienta en reglas no escritas en donde la violación de la ley no sólo es permitida o tolerada sino incluso necesaria. Desatender la ley nos proporciona comodidad, nos ahorra tiempo y trámites engorrosos. Nuestra predisposición a tolerar, incluso alentar, la violación de leyes menores, si bien agiliza la convivencia, incuba también un monstruo, el de la corrupción y, finalmente, el de la violencia. Una mordida proporciona un poco de ingreso necesario a quien la recibe y un ahorro de tiempo a quien la otorga, los dos ganan, pero esta conducta termina por transformar la vida en comunidad en una selva en la que se aplica la ley del mas fuerte, en la que toda la estructura de la ley se desvanece y acaban por imperar sólo dos leyes, la del dinero y la de las armas. La corrupción y la ilegalidad minan el Estado de derecho y son obstáculo importante para la realización de la democracia.

 

53. La pasión política nos induce a construir fantasmas, imaginar confabulaciones, producir una esquizofrenia en la que los altos y nobles ideales de los “buenos” son obstaculizados por las trampas y las maquinaciones de los “malos”, la visión maniquea resultante propicia la ceguera, como si no fuéramos, todos, humanos con los mismos derechos, con vicios y virtudes, con la obligación de buscar los acuerdos y la tolerancia necesaria para facilitar la convivencia, para sujetarnos a reglas, aceptadas por todos, que sirvan de liga para dar solidez a una sociedad amable y gratificante.

 

54. La pena de muerte debe descartarse como solución contra la delincuencia, además de contradecir un precepto fundamental de la ética, constituye un acto fatal que impide la reparación del daño si el juez equivoca la sentencia. Por lo que toca a la elevación de las penas en caso de graves delitos, debemos pensar, primero, en hacer cumplir las que ya son vigentes, terminar con la impunidad, desterrar la corrupción, favorecer la emergencia de instituciones políticas y judiciales sanas. De otra manera estaremos dando carta de naturalidad a la venganza, promoviendo la ley del más fuerte, castigaremos, sobre todo, a la pobreza, la ignorancia, la marginalidad, la estupidez. De hecho podemos afirmar que nuestras cárceles están llenas de tontos, pobres, marginados, ignorantes, creo que son pocos los delincuentes verdaderamente peligrosos y antisociales.

 

55. El demagogo es superficial, sus afirmaciones no van más allá de lo evidente, jamás se preocupa por las consecuencias de sus actos, si algo sale mal siempre podrá encontrar a quien echarle la culpa; es moralista, está convencido de que actúa en el lado del bien y por lo tanto los que no piensan o actúan como él son los malos; es simplista, los problemas se resuelven según su visión y no existen complejidades que le preocupen, todo se arregla con facilidad en cuestión de minutos, para él la sociedad está hecha de buenos y malos y por lo tanto las cosas se arreglan eliminando el mal y esto no tendrá otra consecuencia que acarrear el bien. En términos generales el demagogo imagina el mundo como si fuera un cómic en el que la presencia del superhéroe vuelve todo a su lugar.

 

56 Quien convierte a la política en un fin y la despoja de su carácter instrumental, de medio para conseguir armonía y evitar la violencia, acaba por estructurar un delirio en el que se siente obligado a cumplir oscuros y misteriosos designios.

 

57. La corrupción, la riqueza concentrada en pocas manos, la pobreza y la marginalidad, favorecen el crecimiento del rencor y el resentimiento social. La comunidad se polariza y la política se torna agonismo, lucha irracional y ciega de unos contra otros. La insatisfacción y la soberbia chocan brutalmente y se manifiestan bajo los innumerables rostros de la violencia.

 

58. Si como dice Hannah Arendt, la “misión y fin de la política es asegurar la vida”, entonces la conducta que persigue la conquista del poder y el dominio de los otros no es política sino una forma enmascarada de la guerra.

 

59 Cuando se renuncia a la razón aparecen los caudillos. En esto no podemos más que manifestar nuestro acuerdo con K. Jaspers.

 

60. No existe tirano que no pretenda construirse una imagen de benefactor del pueblo.

 

61. La iglesia  católica cumple dos mil años y siempre ha sido regida por un solo “Partido”: el Cónclave de cardenales. ¿Será posible conseguir alternancia nombrando, por ejemplo, como nuevo Papa a un ministro de la iglesia Ortodoxa o Anglicana? O por lo menos ¿Mediante una elección en que voten los curas y monjas de pueblo?

 

62. Un proyecto de organización social, un Estado, no puede existir si no es concebido al mismo tiempo como un proyecto educativo. La educación es un proceso de incorporación del ser humano a su dimensión social. Me atrevo a decir que no es el Estado el que define la educación, sino ésta la que da vida al Estado. El Estado nace de los acuerdos que los humanos tomamos a partir de nuestro conocimiento y comprensión de la realidad, del entendimiento de nuestras necesidades y del hecho de plantear nuestros anhelos de satisfacción personal y de grupo en todos los órdenes de la vida. El Estado nace como resultante de un proceso de civilización y por lo tanto de educación. Según Platón la función más importante de un Estado, y en algunos aspectos casi su única función, es educar. No es posible concebir un futuro cualquiera de México que no pase por la política educativa, ningún otro aspecto de la vida nacional tiene verdadero sentido si no es a través de la visión, el saber y la cultura que producimos en la relación del educador y el educando. Han hecho más por el desarrollo de México los ejércitos de maestros, los rurales y los urbanos, que todos los políticos juntos y cuando éstos hicieron bien algo fue gracias a la influencia positiva de sus maestros. Es el hecho educativo, formal e informal, el que abre las posibilidades de acceder, a una forma de organización cada vez más justa, eficaz y armónica.

 

63. Previo a una de las elecciones más competidas e inciertas de la historia de México, la basura y la contaminación han sentado sus reales a lo largo y ancho del país. Desde luego me refiero a la propaganda política: las calumnias, las descalificaciones, el juego sucio, la mercadotecnia vacía, el pragmatismo disfrazado de interés por los demás, la postergación de las convicciones para dar lugar al efectismo y el espectáculo; todo esto genera una grave contaminación pues ataca y disminuye la capacidad crítica de los ciudadanos, satura de información irrelevante y frases publicitarias que ocultan la reflexión seria y limita la visión de lo importante y trascendente.

 

64. Es inevitable que durante un proceso de conquista o conservación del poder, sea éste la guerra o la política, las pasiones se intensifican, así como el miedo a perder los privilegios de los que se ha gozado, por ello, se recurre a toda clase de trampas, al espionaje y la descalificación del enemigo, a todo aquello que generalmente consideramos como guerra sucia. Desde el punto de vista de la política la utilización de tales métodos pueda ser útil y efectivo para lograr las metas, pero siempre tienen consecuencias negativas tanto para la víctima como para el agresor. Sin embargo, el mayor daño que producen estas prácticas se ubica en la ideologización de la cultura, en la creación de controles culturales que se ponen al servicio del autoritarismo y de la explotación de los más por los menos. El gran problema de la política transformada en lucha por el poder es que abona a favor de la tiranía o de la oligarquía.

 

65. Frente al pragmatismo imperante y la práctica común de una política efectista que atiende más a resultados electorales, o de dominio, que a la búsqueda de principios o a la reflexión sobre las mejores formas posibles de organización social, se hace impostergable un retorno a la teoría, una recapitulación de lo que los hombres han pensado con respecto a las formas de gobierno, la ética y la política. Las contribuciones con que la ciencia y la tecnología han enriquecido a la sociología, especialmente a la ciencia política, aumentaron notablemente el poder de control de los Estados mediante sofisticados aparatos de dominación tanto económicos, como militares e ideológicos. Sin embargo, el aumento de la eficacia en el control, la concentración del poder, no se apareja con una humanización más cabal sino todo lo contrario: crece la marginación y la pobreza, se destruyen grandes cantidades de recursos no renovables, la riqueza y el poder se concentran de manera brutal en una oligarquía insensible, la demagogia se ha vuelto moneda común en el intercambio político. La sociología se ha enriquecido con el instrumental de la ciencia: matemáticas, estadística, fisiología, electrónica, comunicación, cibernética. Sin embargo, el estado general de explotación, el autoritarismo, el uso de la fuerza contra el débil y el indefenso persisten a pesar de la buena voluntad de los científicos. En aspectos esenciales del desarrollo humano, la solidaridad, la justicia y la equidad, no estamos mejor de lo que estábamos al iniciar el siglo diecinueve.

 

   66. El individualismo liberal, las fuerzas del mercado, la desigual distribución de la riqueza, la propiedad privada y el pragmatismo carente de soporte conceptual y ético, nos han llevado a una situación de injusticia en la que el veinte por ciento de la humanidad goza del ochenta por ciento de la riqueza social, lo que somete al restante ochenta por ciento, hombres, mujeres y niños, a la marginalidad y la pobreza.

 

67. Hoy es impostergable la revisión de conceptos fundamentales de la ciencia política como: el papel del Estado, el deber del gobernante, las formas de gobierno, la reflexión sobre la democracia, la ética, la educación y la cultura. En este regreso a lo conceptual y lo teórico debemos, tal vez, empezar por los clásicos. Si bien es difícil definir cuándo y por qué un autor es considerado clásico, podemos recurrir, para no extendernos en argumentar sobre la definición correcta, a las definiciones que proponen, en primer lugar, el filósofo y catedrático de la Universidad de Almería Agapito Maestre: “Lo que hace a un autor clásico no es tanto que supiera responder a las preguntas de su tiempo, sino que sus respuestas aún pueden valorarse para que nosotros respondamos a los problemas de nuestro tiempo. Estudiando a un clásico no aprendemos una verdad, sino la manera de descubrir verdades”; en segundo lugar la del escritor Italo Calvino: "Los clásicos son libros que ejercen una influencia particular ya sea cuando se imponen por inolvidables, ya sea cuando se esconden en los pliegues de la memoria mimetizándose con el inconsciente individual o colectivo. Un clásico es un libro que nunca termina de decir lo que tiene que decir. Los clásicos sirven para saber quiénes somos y a dónde hemos llegado."

 

68. En la búsqueda del saber histórico, necesaria para la comprensión adecuada del presente, juegan un papel muy importante las instituciones educativas: la familia, la escuela, la Universidad y los medios masivos de comunicación que hoy se han convertido en los primeros y más influyentes instrumentos de formación y educación en el mundo. No es posible combatir la incultura y esterilidad ética del pragmatismo si no es desde un proceso de civilización, es decir, mediante la insistencia en el papel educador de la sociedad, desviando el punto de mira de la finalidad social, desde la producción irracional de riqueza, hacia la creación de una atmósfera de bienestar físico y espiritual, es decir, de sabiduría.

 

69. Hoy los teóricos insisten sobre la importancia de producir un reencuentro entre la ciencia y la ética, entre la moral y el progreso, entendido éste como la simple acumulación de riqueza y la producción de satisfactores cada vez más sofisticados para necesidades artificiales creadas por una cultura orientada predominantemente al consumo. Muchos individuos y grupos humanos vuelven su mirada hacia fundamentalismos religiosos, o a sectas seudo espiritualistas que ofrecen toda clase de remedios contra el tedio, el vacío y la deshumanización que producen los medios contemporáneos de producción. Sin embargo, el verdadero remedio es la desarticulación de un sistema productivo que deja como secuelas la miseria, la explotación y la pérdida de todo sentido que vaya más allá de la generación de riqueza y de productos suntuarios para un mercado cada vez más ávido de satisfactores, inútiles y sofisticados.

 

70. Sólo a través del lenguaje puede construirse la democracia y, sin embargo, el virus de Babel amenaza de forma persistente la culminación de la obra democrática.

 

71. Sólo en y por el discurso es posible la realización de la democracia, pero el discurso es, también, el obstáculo más persistente y duro para la práctica democrática.

 

72. El discurso crea las ilusiones, construye la realidad, sujeta el deseo, inventa los no lugares y los lugares comunes, refuerza la tradición y después la destruye. El discurso es en realidad el caos contenido en la gramática y la democracia es el caos contenido en la ley, violentar la gramática o la ley implica desatar las fuerzas de lo informe, abrir la caja de Pandora, cruzar la delgada línea que ciñe al mar inmenso de la muerte.

 

73. Una señal inequívoca de distorsión de la democracia es cuando el discurso se vuelve frase publicitaria o eslogan y cuando el sujeto se vuelve mercancía.

 

74. Braudrillard afirma que: la realidad ha sido expulsada de la realidad. Esto pasa porque las pantallas de televisión constituyen un espejo que induce el vértigo de la reproducción de imágenes al infinito y así se borra la frontera de la ilusión. Todo se torna falso, mosaico de imágenes efímeras que velan la contundente realidad del silencio y la muerte.

 

75. Toda sentencia o afirmación se transforma, tarde o temprano, en aporía. Es decir todo texto lleva en si mismo su propia negación. Las metáforas envejecen y mueren, los enunciados resultan al final un imposible, o una ambigüedad.

 

76. Escribir fragmentos es una ocupación ociosa por efímera. Sin embargo, es una resultante de la democracia, cada quien puede redactar la cantidad de intrascendencias que desee, mientras tengamos la esperanza que nos brinda un poco de fuego, o el olvido.

 

77. Suponer que una entrevista periodística, una declaración o un hecho, nos dan bases para establecer un juicio, es un error tan grande como creer que después de leer una página de Los miserables estamos autorizados a opinar sobre la vida y obra de Víctor Hugo.

 

78. Para escribir fragmentos se requiere precisión, capacidad de síntesis, actitud lúdica frente a la literatura, gusto por lo inacabado y lo efímero, rechazo a lo académico y lo metódico, pero sobre todo mucha pereza.

 

79. Es importante recordar que la palabra es hoja de dos filos, lo mismo descubre y da luz que oculta y oscurece. La palabra del político, por ejemplo, desde que nace lleva la marca del deseo, la mancha del poder.

 

80. Después de tres o cuatro enunciados o aforismos demasiado cercanos a lo doctrinal y solemne, conviene alguna reflexión, por ejemplo, sobre la importancia de la cáscara de plátano para la construcción de una conciencia ecológica, o el papel de los envases desechables en la complejización de la tecnología sanitaria. El discurso genera trampas, oculta, promueve frecuentemente la ceguera intelectual y la soberbia, por eso es necesario extender la mano para recibir el don de una gota de lluvia o, por lo menos, esperar con los poros abiertos el viento que fabrica cerrazones. 

 

81. Al releer los textos que sobre política escribo me doy cuenta lo fácil que resulta caer en el lugar común y en el moralismo ingenuo. El discurso político está inextricablemente unido al poder y el deseo, de tal manera que hasta la frase de apariencia más inocente y veraz responde a los designios del interés, no siempre claro, de quien produce y pronuncia el discurso.

 

82. En las campañas proselitistas de los políticos, el discurso despliega todas sus formas y variedades, desde la frase corta y publicitaria hasta las complejas piezas oratorias propias de la tecnocracia. La confusión es inevitable: ¿Cómo distinguir la falsedad? ¿De qué manera separar la publicidad del razonamiento serio? ¿Cómo ubicar la línea entre la retórica y la propuesta?. Creo que para responder tentativamente a las preguntas podemos ensayar, primero, el despojarnos de cualquier tentación de autoritarismo, abandonar la soberbia y la pretensión de verdad; después, cobrar conciencia de que terminó la era de los caudillos, de que la sociedad no puede ser conducida, o salvada, por un solo individuo, la comunidad sólo puede salvarse a sí misma con la participación de todos los individuos que la componen. Tal vez podamos clarificar el discurso si nos hacemos otra pregunta: ¿Apoyaré al candidato que tenga la osadía de proponerse como solución a los problemas del país, a quien tenga la fuerza para imponer su razón a los demás aplastándolos con el peso de sus verdades?  ¿O votaré por quien tenga la humildad de reconocer que no puede gobernar él solo y que requiere de concurso de todos nosotros?

 

83. El discurso político cansa, sobre todo en los momentos en que se utiliza con mayor intensidad. Las frases y las propuestas mejor intencionadas pierden rápidamente sentido y acaban por devenir en afirmaciones huecas, generalmente pedantes cuando no ridículas. Los argumentos políticos se trivializan y se reducen a enunciado publicitario. Las imágenes de los candidatos y sus proyectos quedan reducidos a objetos vendibles como los jabones, la ropa interior o las cervezas.

 

84. F. Nietzsche afirma que los supuestos sistemas de razonamiento son en realidad sistemas de persuasión, así, las pretensiones de haber descubierto la verdad ocultan una voluntad de poder. Creo que la afirmación es válida para cualquier discurso político, incluso este.

 

85. Cada uno de nosotros tiene capacidad para conocer o experimentar un breve fragmento de la realidad y un pequeñísimo número de acontecimientos. Lo demás lo inventamos o lo creemos.

 

86. Si un hombre o una comunidad no conocen sus límites, los hechos se los mostrarán de manera casi siempre desagradable.

 

87. El caos no es otra cosa que un orden inexplicable. Llamamos caos a un estado de cosas que no podemos manejar, no entendemos, nos produce incertidumbre y vértigo. Sin embargo, caos es una forma de orden inasible con los medios imperfectos de nuestra lógica y lenguaje. El orden es sólo una de las innumerables combinaciones de la materia y el acontecimiento. Visto de tal forma un orden es un corte efímero en el tiempo y el espacio, mientras que el caos es atemporal y utópico, es la suma de todas las combinaciones posibles, es, simultáneamente, el todo y el vacío.

 

88. A partir de la muerte sólo quedan dos caminos: el olvido y la leyenda, pero ésta es, en realidad, una de las muchas formas del olvido.

 

89. Envidio a quienes tienen una visión completa y coherente de la realidad. La mayoría tenemos apenas una imagen rota y mal cosida con el olor del mercado, la estampa de un gallo que canta de dolor la madrugada, el esplendor de las catedrales, un vaso de leche, la dureza de Palacio y un cuchillo. Te relato la historia de un hombre que cuenta sus días a trozos, que anuda sin sentidos para formar un hilo que es, al mismo tiempo, salvación y laberinto.

 

90. El Manifiesto del Partido Comunista es un librito de no más de cincuenta páginas que tiene ciento cincuenta y dos años de haberse publicado por primera vez. En él K. Marx y F. Engels proporcionan una visión de la sociedad basada en la propiedad privada y el mercado libre, es decir, del sistema capitalista liberal que había demolido a la sociedad feudal y que imponía las ideas políticas y económicas de la ilustración, la cultura de la burguesía vencedora. La pregunta es: qué, del Manifiesto, sigue vigente a pesar de los años y, sobre todo, a pesar de los cambios tecnológicos y del desarrollo del propio sistema que ya vaticinaron los autores. Creo que su aportación mayor es la parte crítica, aquella en la que se hacen evidentes los problemas de la concepción burguesa del mundo: el individualismo que transforma las relaciones sociales en un agonismo interminable; el crecimiento, centralización y complejización del mercado que acaba por deshumanizar a los individuos transformándolos en piezas intercambiables del aparato productivo; las crisis recurrentes de la economía de capital que destruyen fuerzas productivas obsoletas para substituirlas con otras cada vez más sofisticadas, cuya consecuencia inevitable es el desempleo y la marginación; la concentración de la riqueza en pocas manos; el crecimiento y desarrollo de las comunicaciones que se tornan en los instrumentos más importantes de difusión de la ideología y la cultura dominantes. La crítica marxista al liberalismo burgués sigue vigente hoy, en los inicios del siglo XXI, los hechos le dan la razón..

 

91. La parte del Manifiesto del Partido Comunista que se hace necesario revisar es la que se refiere al papel del trabajo y el proletariado. El desarrollo de la sociedad capitalista y de consumo; la ciencia y la tecnología; las comunicaciones; la transformación de los sistemas de producción, distribución y consumo de mercancías, todo esto, además del fracaso de la dictadura del proletariado y la caída del socialismo ruso, obligan a la reconsideración de la lucha de clases, se hace necesario desmitificar el papel de la clase obrera y tomar en cuenta la participación de los grupos marginados: negros, mujeres, desempleados y todos los grupos que tienen derecho a gozar de los beneficios del desarrollo. La dicotomía marxista, burgueses y proletarios, cede su lugar a una pluralidad de grupos que también aspiran a conducir el rumbo social en beneficio de todos. La democracia socialista, con todos los problemas que puede tener, además de sus puntos débiles ante una crítica teórica, parece ser el camino más viable. El conflicto dialéctico, en el seno de la totalidad también dialéctica, no puede reducirse a dos elementos en pugna, con todo y lo dominantes que puedan ser, las contradicciones sociales son múltiples y de las soluciones de todas ellas saldrán las propuestas que orienten el camino que debe seguir la comunidad en la búsqueda de su satisfacción y bienestar.

 

92. De pronto me asaltó la idea de que tal vez, y sólo tal vez, la bala mágica de J. F. Kennedy, mató también a Luis Donaldo Colosio.

 

93. “Después de la Revolución mexicana el poder pugnó por aglutinar a todos los partidos en uno solo: el del Estado. A final de siglo el poder busca la integración de todos los partidos en un sistema político: El del Estado. (Las paradojas del poder, UASLP 1996)

 

94. La lógica del imperialismo, entendida como la expansión del mercado y la cultura occidental dominante, impone la construcción, en los países dominados, de modelos políticos que reproduzcan la democracia liberal, la construcción de un Estado amenazado siempre por el fantasma de la manipulación, el dinero y el voto de castigo, un Estado capaz de imponer la ley, regular la relación entre los ciudadanos y resolver los problemas que origina la convivencia, pero incapaz para oponerse con efectividad a la fuerza desmesurada del capital y el mercado.

 

95. En México el proceso de construcción del modelo democrático liberal, y la caída del régimen de partido de Estado, impuesto desde la racionalidad del capitalismo internacional, se inicia, en una primera etapa, con la “caída del sistema” y el dudoso triunfo de Carlos Salinas que se ve precisado a pactar la transformación del sistema político mexicano a cambio de legitimidad y apoyo económico. Pasa después por la firma de tratados de libre comercio, el golpeteo al sindicalismo nacional, el fortalecimiento de la oposición, especialmente del Partido Acción Nacional, el movimiento armado de Chiapas, el asesinato de Luis Donaldo Colosio y la crisis del “error de diciembre” debida fundamentalmente a la traición de Salinas a su compromiso con la comunidad internacional y con los grupos de poder que competían contra el partido del Estado, evidenciada, la traición, por el apoyo político y económico al PRI que lo llevaron al triunfo del en las elecciones de 1994. El Dr. Ernesto Zedillo, legitimado pero débil, obligado por la crisis económica revalida los compromisos de su antecesor y se compromete a proseguir con la transformación política iniciada por Salinas. Esta primera etapa termina con la derrota del partido de Estado el 2 de julio de 2000. La segunda etapa de la instalación de un régimen de partidos competitivos se inicia con la necesaria reestructuración de, por lo menos dos, partidos fuertes, equilibrados en cuanto a cuotas de poder, representatividad social y capacidad económica. Esta fase deberá pasar por la substitución del sindicalismo autoritario por otro más ligado a sus bases y menos al poder del gobierno, por la reconstrucción del antiguo partido hegemónico  y su constitución como un partido autónomo, también por la discusión de la posibilidad de reelección en el parlamento, la desarticulación de la vieja cultura patriarcalista cuyos resabios todavía impregnan la cultura tradicional mexicana y concluirá el día en que se vuelva a producir en México la alternancia, el día en que el partido hoy triunfador sea relevado en el poder ejecutivo. Era indispensable la derrota del Revolucionario Institucional para avanzar en el sentido de la modernidad, sin embargo, sólo la derrota del Partido Acción Nacional concluirá la modernización política, de lo contrario únicamente habremos cambiado de cacique.

 

96. Lo asentado en el párrafo anterior es sólo un modelo hipotético que requiere ser confrontado con la realidad para validarlo, resume, en muy pocos trazos, por lo menos doce años de la historia de México, existen infinidad de hechos que deben ser analizados a través de esta propuesta de interpretación. Desde luego que antes de 1988 existieron señales, hechos y acontecimientos que pueden muy bien tomarse como antecedentes del fin del Estado benefactor, sin embargo, las elecciones de 1988 y el accesos de Carlos Salinas al poder echan a caminar un proceso hacia el liberalismo que se vuelve irreversible. Una de las preguntas que surgen de inmediato es cómo se logró la manipulación de las conciencias, cuáles fueron los mecanismos de la producción social de sentido que llevaron a los electores, independientemente de la racionalidad económico política, a votar en el sentido deseable para el Estado y para los intereses imperialistas. Entiendo el imperialismo no como la voluntad de un Estado-nación por imponer su control a Estados más pequeños o débiles, éste sería un imperialismo político, el control de un país por otro que lo oprime. Entiendo aquí el imperialismo como un proceso económico, la supremacía del capital o el poder del dinero, en este sentido no es un país fuerte que pretende la dominación, sino la existencia de redes de intereses económicos o de dinero, que se mueven al margen del interés de los estados, que pretenden debilitar y controlar a todos los estados.

 

97. El discurso que se construye alrededor de la conducta política está lleno de contradicciones y trampas, con mucha facilidad se contagia de solemnidad, mentira y pedantería. Sin embargo, la política es como el canto de las sirenas, atrae a pesar del peligro y de la muerte, encierra en el fondo la esperanza, alimentada por los filósofos griegos, de que sólo en la comunidad, en la polis, en la política, podamos encontrar las soluciones a los problemas que la fría crueldad de la razón nos torna evidentes. No todos los hombres confían en la utilidad de lo político, veamos por ejemplo la siguiente afirmación de E. Cioran: “Lo trágico del universo político reside en esa fuerza oculta que lleva a todo movimiento a negarse a sí mismo. En política, como en todo, uno no se realiza más que sobre su propia ruina” (citado por Javier Padrón en El Tonal N° 2, julio - septiembre de San Luis Potosí 2000) En el otro extremo esta de J. Dewey: “La democracia es una fe reflexiva en la capacidad de juicio inteligente, de deliberación y acción de todos los seres humanos.” (citado por Richard J. Bernstein en Perfiles Filosóficos, Siglo XXI editores, México 1991)

 

98. Hace tiempo un amigo, el Dr. Ezequiel Álvarez Tostado, me dijo  que no podíamos esperar mucho de la política cuando en el interior mismo de la familia encontramos el nacimiento del engaño y la falsedad, las mentiras forman parte de la vida cotidiana de una familia. El doctor coincidía en esto con muchos pensadores de la ciencia política, desde los clásicos griegos hasta Hanna Arendt, en el sentido de intuir al Estado como una extensión de la familia. Algo que no parece muy presente durante la discusión política es la familia: su estructura, normas, tipos de relación interna, valores y maneras de interactuar con la colectividad y la cultura. Sin embargo, la familia determina la organización social y el Estado. Según sea el tipo de familia que predomina en una comunidad será el tipo de Estado que se construya para regular las relaciones sociales.

 

99. La familia monogámica nuclear, con valores que acentúan el trabajo y el ahorro, respetuosa de la autoridad paterna, que promueve la unidad por encima de los egoísmos e impulsos personales, subyace en el sistema propiciado por el capitalismo naciente, que propicia la democracia representativa, el libre mercado, el Estado protector, la frugalidad y el ahorro. Conforme este tipo de familia se ha venido desintegrando por influencia del individualismo excesivo del capitalismo avanzado, conforme las relaciones familiares se debilitan y dan lugar al egoísmo hedonista característico de nuestras comunidades, en la medida en que la autoridad paterna se desvanece rápidamente y los valores tradicionales son substituidos por la variopinta oferta del mercado, es decir, se substituye el acento en la producción y la conservación del patrimonio por el acento en el consumo, el dispendio y la dilapidación, en esa misma medida se transforman también las relaciones sociales y se abre la puerta a una forma de organización con un Estado sostenido por una democracia liberal aséptica y efectista, convertida en mercadotecnia electoral, regulada por el dinero, un Estado débil, incapaz de poner freno al abuso, al deterioro del medio ambiente, a la generación del desperdicio, a la explotación, a la búsqueda irracional de la propia satisfacción aún en contra de la pobreza y el sufrimiento de los otros, todo esto producido por la liberalización del deseo. La destrucción de la familia como una institución respetable y su transformación en un simple mecanismo para la reproducción de los individuos traerá como consecuencia una sociedad educada por los medios masivos de comunicación, y la red electrónica, para consumir toda clase de productos innecesarios, una organización política donde los estados perderán su fuerza y serán reducidos a meras instancias administrativas, donde el verdadero poder político será controlado por el capital y los intereses económicos. En ese futuro deberemos felicitarnos porque no será posible, nunca más, la tiranía de los hombres, nunca más un hombre podrá tener el poder suficiente para oprimir a los demás, pero viviremos inevitablemente bajo la fría, inhumana y cruel tiranía del dinero.

 

100. Escucho y leo los comentarios de intelectuales y analistas acerca de la realidad política y social del país, releo también mis propios textos, y no puedo dejar de percibir un cierto tufo, una resonancia de retórica y falsedad, a veces un moralismo que se cuela subrepticiamente o una reducción hasta el absurdo. Es indudable que todos los textos, no importa su extensión o profundidad, son apenas esquemas, representaciones, modelos más o menos útiles para tratar de entender lo inaccesible. A pesar de todos los análisis, son inefables: la mirada de un trabajador que deposita su voto en una urna, la de un estudiante que busca empleo en las páginas de un diario, la del hombre que lava el cristal de los autos en un crucero y también el olor de una tarde sin lluvia en el desierto.

 

101. Penalizar el aborto, aún en casos de violación como acaba de hacerlo el Congreso de Guanajuato, significa traer al centro de la discusión un problema que tiene múltiples aristas, incluso la del papel del Estado y la separación de lo público y lo privado. Menciono algunas que, me parece, son torales para entender el fenómeno. El problema del aborto implica una visión ética que requiere tomar en cuenta el riesgo para la salud y la vida de la mujer que se somete a él, y el hecho de que se destruye la posibilidad de una vida que es ajena a los problemas que lo motivaron. Sin embargo, existe también un problema social de salud, cientos, miles de mujeres abortan, independientemente de consideraciones morales o religiosas, y lo hacen en condiciones higiénicas muy desfavorables, la visión ética no puede soslayar este fenómeno real y abonar con posiciones rígidas e intolerantes el terreno de la clandestinidad; el aborto constituye una realidad que incide en las estadísticas de morbilidad y mortalidad de la población, está íntimamente ligado con la ignorancia, la pobreza y el abandono, y debe resolverse con ayuda de, o a pesar de, las posturas moralistas dominantes. El aborto es también un problema de género que lleva implícita una forma de pensar a la mujer, de apreciar su papel, importancia y lugar en el conjunto de las relaciones sociales, una forma que desde una visión moral estrecha corre el riesgo de reducir a la mujer a un nivel subhumano y considerarla incapaz para decidir sobre lo más conveniente para ella misma en el plano biológico, intelectual y ético; no se puede obligar a las mujeres, por imposición, a tolerar una moral soberbia que se pretende la única veraz, dominante y universal. Finalmente es, el aborto, un problema jurídico que interroga sobre la función de la ley en la comunidad, es un problema de Estado; la ley es un recurso para regular las relaciones sociales, sirve para imponer límites en los asuntos públicos, facilitan la convivencia o impiden las agresiones al derecho y libertad de los otros; la ley pública que invade el espacio privado se traduce por fuerza en tiranía; en una democracia auténtica la ley no puede ser usada para imponer la cosmovisión de un grupo, por dominante que sea, sobre la cosmovisión de los grupos minoritarios, siempre que éstos no atenten contra la sana convivencia. El asunto del aborto no es fácil, obedece a lógicas diversas: moral, económica, social, política, jurídica, sanitaria. Lo cierto es que no se pueden imponer soluciones apresuradas, moralistas, arbitrarias y poco meditadas por hombres investidos con un ánimo de cruzados trasnochados que pretenden acabar con los infieles.

 

102. Unas líneas más acerca del aborto me permitirán clarificar un poco lo arriba expuesto. Pienso que la conciencia no es el ámbito de operación del Estado, el suyo es el ámbito de la convivencia. De este modo el aborto, para el Estado, no es un problema de moralidad sino de salud, en donde la práctica del aborto es la manifestación de una patología que debe atacarse con todos los recursos que estén a nuestro alcance, en materia de prevención y control, pero nunca por medio de la coacción legal o la violencia del Estado. En una sociedad democrática y justa no se debe prohibir y sancionar la enfermedad sino prevenirla y curarla. Es nuestro deber organizar una sociedad sin miseria e ignorancia, equitativa, racional, tolerante y ética, una sociedad en la que cultura, educación, igualdad de oportunidades y justicia hagan imposible, o por lo menos muy difícil, la práctica del aborto.

 

103. El proceso de globalización en el que están inmersos todos los países del mundo es un hecho histórico irreversible, impulsado en primer lugar por la rica y variada red de comunicaciones que diluyen la barrera de las distancias y producen intercambios culturales, sobre todo en el ámbito de la cultura de masas. Sin embargo, junto a esta mundialización de las culturas, el poder económico dominante promueve la instalación de la democracia liberal y el libre mercado. Por lo que se refiere al intercambio cultural siempre será un hecho enriquecedor que brinda la oportunidad de ampliar la conciencia y de conocer otras formas de concebir e interpretar la realidad; en cuanto al libre mercado, éste funciona como antídoto para la humanización, al transformar todo en mercancía trivializa las relaciones sociales, socava y destruye las instituciones, mercantiliza la interacción humana, pervierte la escala de valores y, sobre todo, concentra el poder y la riqueza en pocas manos, sume a la mayoría en la pobreza, la marginación y el abandono. La economía de libre mercado acaba por transformar a las sociedades humanas en sociedades de mercado. John Gray afirma (Falso amanecer, editorial Paidós, Barcelona 2000) “La democracia y el libre mercado son rivales, no aliados” Este asunto de la oposición entre democracia y mercado estará, seguramente, sobre la mesa de discusiones de las distintas comunidades durante los primeros años del siglo que comienza.

 

104. Conforme aumenta el número de mis escolios me doy cuenta de que, a grandes rasgos, se perfila una historia posible de mi ciudad y mi casa. Y es que medito a partir de los hechos que se ventilan en las charlas de café y las sobremesas, tales como una decisión del gobernante; una contienda política que termina disfrazada con el atuendo de un bufón bifronte y un escapulario: con la derrota en el frente y la victoria en la espalda; un crimen por razones pasionales y una docena de ellos por las razones del hambre. Sin embargo, me falta para pintar el rostro de esta comunidad, que habita en el desierto, el ladrido de los perros del mercado, una sirena de ambulancia en el verano, el silencio del agua, unos rayos de sol que fabrican arena con las piedras, el rumor de los rezos y el de la pasión que se desata donde nadie la vea y, también, los pasos de una salamandra que se incendia en la huerta.

 

105. En el proceso de reconstrucción del sistema político mexicano, basado en la competencia real de partidos, no es posible soslayar los peligros inherentes a la democracia burguesa o liberal: por un lado la inestabilidad y por el otro la tiranía. Si bien el  nuevo sistema de partidos acota la tiranía que viene del presidencialismo, abona en favor de la tiranía que viene de las oligocracias. La euforia democrática de muchos teóricos y analistas políticos, posterior a las elecciones del dos de julio, se justifica por cuanto se aleja el fantasma de la inestabilidad gracias a la legitimación electoral, pero no se justifica en lo que se refiere al predominio de las oligocracias. El dominio de los grupos cupulares no sólo ha permanecido inalterado sino que adquirió mayor vigencia. Hoy, más que nunca, el país está sujeto al capricho de las pugnas, entre las elites, por el poder.

 

106. Al terminar de leer un extenso ensayo de Ariel Colombo (“Elementos para el análisis político” Eugenio Kvaternik, compilador, páginas 69-207, Piados, Buenos Aires, Argentina 1991) acerca de la democracia y sus teóricos no se puede más que llegar a la conclusión de que cuando hablamos de la democracia nos estamos refiriendo a un proceso complejo que plantea más interrogantes que soluciones. Existen fenómenos inherentes a la democracia que la vuelven un asunto difícil y lleno de paradojas como: la regla de mayoría y su posibilidad real para configurar la voluntad comunitaria; la existencia misma de eso que llamamos voluntad comunitaria; la regla de consensos que promueve la constitución de las elites apoyada en una concepción pluralista de la democracia con su sistema de pesos y contrapesos; la ley del hierro de la oligocracia que torna evidente la fatalidad del dominio de las elites frente a la necesidad de organización y especialización en las grandes organizaciones o sociedades; la capacidad efectiva de un sistema democrático para conseguir la igualdad y la justicia; los conflictos inevitables entre la razón privada y la razón pública; la conciliación entre lucha de clases y valores democráticos. Siguiendo a Popper, la democracia, como la sociedad, es un orden producido por la acción colectiva que se impone a los hombres concretos, es decir, la democracia es, siempre, un proyecto inacabado que requiere ajustes, reorientaciones, rupturas y reconstrucciones durante su marcha en busca de un sistema de convivencia que proporcione mayor bienestar y menos dolor para todos los seres humanos, que construya una visión del mundo y un conjunto de instituciones que hagan imposible la explotación y el abuso.

 

107. En los últimos días ha llamado la atención el espionaje político, debido a la grabación de una charla telefónica entre Vicente Fox, presidente electo, y su secretaria particular. Voces airadas se levantan en contra de la práctica del espionaje y lanzan acusaciones al Estado, a la burocracia encargada de la seguridad nacional, señalan el espionaje como una característica de la conducta cotidiana del gobierno autoritario y su partido. Se olvida que el espionaje es inherente a la conducta política en tanto que estrategia. Creo que no se podrá encontrar en la historia algún sistema político, de cualquier signo ideológico, que no haya practicado el espionaje. Desde el siglo quinto antes de Cristo en “El arte de la guerra”, Sun Tzu dedica su capítulo final a los agentes secretos o el espionaje. El problema, como muchos otros problemas de la democracia contemporánea, se ubica en los límites entre ética y política, en la siempre borrosa e inestable línea entre lo público y lo privado. Intervenir una conversación privada es, desde luego, un acto de autoridad, un abuso del Estado que, para preservarse, pretende detectar los peligros y amenazas que pueden provenir, incluso, de la esfera de lo privado. Lo que si parece obvio es que las dos esferas se superponen y presionan para extender su influencia y dan lugar al planteamiento de una paradoja: ¿La esfera de lo privado es tan primordial y sagrada que debe respetarse aún cuando amenace con destruir al Estado o a la organización social? ¿Lo público, el interés común, debe llevarse al extremo de convertir al Estado en un policía que vigile cualquier elemento que ponga en riesgo su existencia, aún con el costo de la destrucción de lo privado? ¿Hasta dónde son privados los intereses, preferencias y conductas de los hombres públicos? Es indudable que la frontera que separa lo público y lo privado es una amplia franja gris que se agranda y se contrae según aumenten o disminuyan las tensiones sociales. De cualquier manera, creo que aplicar un criterio moralista para enjuiciar la conducta estratégica del espionaje resulta insuficiente, la información y el acopio de datos de toda índole y el secreto, son actividades imprescindibles para la realización de una eficaz conducta política, sea esta para el logro de objetivos personales o del bienestar de la comunidad. Lo que sí es condenable es la realización de un acto de espionaje que al final se descubre, no sólo porque constituye una burda intromisión de lo público en lo privado sino, lo más grave, porque su descubrimiento revela incapacidad e incompetencia del espía, y resulta, para la democracia liberal, más censurable la ineficacia que el espionaje.

 

108. El acto de espionaje a que nos referimos en el párrafo anterior se conoce por la intervención de la prensa, específicamente el periódico El Universal, que lo hace público y pone con ello en evidencia no sólo al espiado sino al espía. De aquí se deriva una nueva discusión que atañe al derecho que los medios tienen para denunciar o publicar cualquier información que a su parecer sea relevante, sin importar el daño que puedan provocar a terceros inocentes, o a los propios personajes públicos en la esfera de su privacidad. La reacción tanto de algún sector de la sociedad como de la clase política es en el sentido de que debe regularse el derecho a la información y ponerse algún tipo de límite a los excesos de la prensa, sin embargo, como lo dijimos también arriba, la franja que separa lo público y lo privado es borrosa y móvil, no se puede generalizar, en algunos casos la denuncia de una infidelidad conyugal  puede ser un exceso y constituir una falta grave a la ética y la buena fe, pero en otros casos la misma denuncia puede ser relevante para entender un proceso o una conducta política. Por otro lado, la regulación excesiva de la libertad de prensa puede ser la puerta para la irrupción del autoritarismo, de tal modo, ante los riesgos, es mejor dejar las cosas como están, sin restricciones autoritarias, y apelar a la construcción de una prensa responsable y ética, que por sí misma pueda establecer los límites a su propia conducta, es decir, el asunto no es de leyes sino de ética y responsabilidad.

 

109. La democracia liberal es, cada vez más, un sistema orientado por la contradicción de intereses particulares que por la búsqueda del bien de todos. Las pugnas entre intereses privados exigen la construcción de un sistema que permita la posibilidad del acuerdo y anule, o aleje, los riesgos de la violencia, a este sistema le podemos llamar democracia pero no es, de hecho, el Estado que busque la igualdad, la libertad y la fraternidad necesarios para una convivencia humana satisfactoria y