Universidad Abierta
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AURORA SANDOVAL JACOBO
C. MARX
Y F.ENGELS
El ciudadano Marx afirma que una dificultad de índole peculiar esta ligada a esta cuestión. Por parte, es necesario cambiar las condiciones sociales para crear un nuevo sistema de enseñanza; por otra, hace falta un sistema de enseñanza nuevo para poder cambiar las condiciones sociales.
(C. Marx, en la Exposición ante el
consejo general de la AIT, 1869.)
INTRODUCCION
1. LOS TEXTOS
Marx y Engels no escribieron nunca un
texto -folleto, libro o artículo- dedicado expresamente al tema de la enseñaza
y la educación. sus referencias a estas cuestiones aparecen desperdigadas a lo
largo de toda su obra, tanto en escritos de juventud como en los de madurez,
tanto en los Manuscritos como en el capital a partir de su producción no es
posible levantar un sistema pedagógico o educativo completo y elaborado.
Ello no quiere decir, sin embargo, que
las referencias sean unas simples opines coyuntales y, en cuanto tales,
perfectamente desechables desde un punto de vista teórico. Es cierto que muchas
veces se trata de opiniones al filo de los acontecimientos, pero no lo es menos
que, por lo general, las afirmaciones conyuntales de Marx y Engels no pierden
nunca de vista la generalidad, tanto de su pensamiento tanto de la
circunstancia histórica. Ni uno ni otro fueron políticos pragmáticos o
realistas, tal como estos términos se entienden actualmente. Su inflexible no
renuncia a los principios; es proverbial y no puede ser ignorada.
Precisamente por ello las afirmaciones
sobre educación y enseñanza, como las que hicieron sobre arte y literaria (1),
si bien pueden servirnos difícilmente para la actual polémica en torno a los
problemas de la enseñanza -convertidas
como suele suceder con los argumentos en el curso de las polémicas, en
armas arrojadizas-, si han de servirnos para un eventual debate sobre la índole
y condiciones de un sistema de enseñanza distinto, capaz de contribuir a la
configuración de un horizonte histórico en el que las relaciones de dominación
hayan desaparecido.
Muchas de estas opiniones y análisis
breves surgieron como una crítica de las situaciones del capitalismo -y
concretamente la manufactura- habien producido. Ahora bien, esta crítica no fue
nunca una reconvención moral o un
intento de reajusta la situación, de hacerla más coherente.
Marx y Englels, y sería injusto ignorarlo
o pretender lo contrario. La primera mitad del siglo XIX se caracteriza por el
establecimiento y traumática consolidación de un modo de producción, el
capitalista, y una formación social, burguesa, que va a encontrar no sólo
críticas circunstanciales, si no abundantes contestaciones globales. Todo
movimiento utópico -socialista y anarquista, a cuya justa reivindicación
estamos asistiendo- se basa en la reconstrucción de modelos, algunos términos
hasta en detalles nimios, que contestan a lo que se esta estableciendo. En su
ceno, la educación es un aspecto prioritario y acusante. La falta de atención a
las necesidades sociales en el campo de la educación y la enseñanza, que es
propia de los primeros años .
Los números entre corchetes envían a los
textos antologizados.
del capitalismo -y que todavía
arrastramos-, unida a las dramáticas condiciones de trabajo de la población
obrera -acentuadas en el caso de trabajo infantil y femenino-, ponen la
enseñanza y la educación en primer plano.
Todos los socialistas utópicos, todos
los anarquistas llamaron la atención sobre estos aspectos y, lo que es más,
confiaron en la enseñanza y la instrucción como instrumentos de transformación.
La emancipación de los individuos, su liberación de las condiciones opresoras sólo
podría darse cuando tal emancipación alcanza todos los niveles, y entre ellos
el de la conciencia. Sólo la educación, la ciencia y la extensión del
conocimiento, el desarrollo de la razón, puede lograr semejante objetivo. Resuenan aquí muchos de los tópicos -los
mejores- del pensamiento ilustrado, que se impusieron no sólo por razones de
autoridad o peso académico e intelectual, sino ante la efectiva transformación
de las personas a que inducían.
Marx y Engels no fueron, ni podían
serlo, ajenos a esta atmósfera. Su conflicto con el socialismo utópico ha
podido motivar un olvido injusto de sus
propuestas igualmente utópicas. Ha sido necesaria una amplia revisión, una
profunda transformación de las pautas del debate marxista, para que estos
aspectos vuelvan a tener la importancia que requieren. Pues de lo que se trata
-y esperamos que sea perceptible para los lectores de la presente antología- es
de transformas radicalmente nuestro medio.
2.
LOS TEMAS
Los textos antologizados inciden en una
serie de temas, algunos de los cuales han sido sugeridos ya. A simple vista,
hay uno que destaca sobre los restantes -incluso por la extensión que se le
concede-: la división del trabajo y sus efectos. La división del trabajo (1-8),
consustancial al proceso de implantación del modo de producción capitalista, es
el eje sobre el que se articulan los planteamientos de Marx y Engels en torno
al tema de la educación y la enseñanza. Establece una división social y técnica
que interfiere en el desarrollo del individuo y constituye el punto nodal de
esa trama en que se produce la explotación de los trabajadores.
La división del trabajo viene
históricamente exigida por el proceso del trabajo manufacturero o industrial.
El desarrollo de la máquina incorpora a ésta la habilidad del oficio y los
conocimientos que antes residían en -y eran posesión de- el trabajador. De esta
forma, la ciencia y los conocimientos pasan a ser propiedad del capital, y el
trabajador se encuentra enfrentado en ella. Tal como indica Engels, vigilar las
máquinas, renovar los hilos rotos, no son actividades que exijan del obrero
algún esfuerzo del pensamiento, aunque, por otra parte, impidan que ocupe su
espíritu en otra cosa (7). Este es un punto del que se deducen, al menos, dos
consecuencias: por un lado, está en la base del enfrentamiento de clase; por
otro, es el fundamento de una limitación sustancial del desrrollo del
individuo. si la primera alude directamente a la explotación -la apropiación de
los medios productivos, y de la ciencia y la cultura con ellos, permite la
explotación-, la segunda afecta sustancialmente a la educación y formación de los individuos -la limitación
de su conocimiento mutila y reprime el desarrollo de sus facultades creadoras-.
He aquí el gozne sobre el que articulan dos aspectos
habitualmente separados del pensamiento de Marx y Engels: emancipación social y
emancipación humana.
En principio, parece posible hacer dos
tipos de argumentaciones y ofrecer dos tipos de dificultades. Hay una bastante
sencilla: si bien es cierto que con el desarrollo del maquinismo la ciencia y
la técnica se incorporan a la máquina, no lo es menos que el desarrollo
de ésta introduce una serie de exigencias de cualificación dela fuerza de
trabajo que trae consigo la aparición, consolidación y auge del sistema escolar
institucionalizado. Otra algo más compleja: si bien es cierto que con el
desarrollo del maquinismo se incorporan a la maquina todas aquellas
habilidades, ello no hace más que afectar a la fuerza de trabajo, no a la
capacidad creadora del hombre.
Me parece oportuno hacer frente ahora a
cada una de las dificultades y afirmaciones, no tanto por un afán polémico
cuanto porque en el curso de la contestación se esclarecen algunos de los
aspectos centrales del pensamiento de Marx y Engels.
Resulta evidente que la primera es la
constatación de hecho irrebatible. los de introducir un mayor nivel de
incultura, el capitalismo ha venido exigiendo una creciente capacidad
intelectual de todos los individuos, extendiendo el sistema escolar,
institucionalizándolo y profundizándolo. Los índices de analfabetismo se
reducen drásticamente a medida que las sociedades agrarias se transformas en
industriales, la industria de la cultura experimenta un auge importante y la
fisonomía cultural de la sociedad cambia radicalmente respecto de los siglos
anteriores. En este terreno parece que las afirmaciones de los utopistas, de
Marx y Engels, se mueven en el vació, es más,
pareciera que en todos ellos existe una cierta nostalgia del artesano
perdido.
Quizá exista alguna nostalgia del
artesano perdido en los socialistas utópicos, pero desde luego, no la hay en
Marx y Engels. Su pretensión no es volver a situaciones precapitalistas ni
crear oasis de precapitalismo y artesanía en la sociedad industrial. Su
pretensión no es terminar con la escuela para volver a una instrucción
natural (es decir, una instrucción tan
poco natural como la proporcionada por la Iglesia, la familia tradicional, los
medios burgueses de comunicación, etc.), Marx y Engels no pretenden ir hacia
atrás, sino hacia adelante, no pretenden volver a la artesanía, sino superar el
capitalismo, y esa superación sólo puede realizarse desde el capitalismo mismo,
acentuado de sus contradicciones, desarrollando sus posibilidades.
En el caso que nos ocupa, no se trata de
volver a la situación preescolar, a la instrucción basada en la lectura bíblica
al amor de la lumbre, si no todo lo contrario.
Las propuestas de Marx y Engels se mueven en un horizonte bien concreto:
criticar la actual institución escolar y mejorarla, cambiarla.
Marx y Engels escribían en un momento en
el que el desarrollo de las fuerzas productivas era reducido. Es sabido que los
primeros tiempos de la industrialización se caracterizaron por el aumento del
trabajo simple -con la pérdida de la capacidad artesanal existente- y la
extensión del trabajo infantil y femenino en condiciones de vida inferiores a
las existentes en las formaciones sociales agrarias. Pero no ignoraron que,
primero, esta situación había de ser transitoria, y, segundo, que el desarrollo
cultural era necesario para la consolidación y posterior desarrollo de las
fuerzas productivas. Sus referencias a las necesidades de la burguesía y a la incapacidad de buena parte de ésta
para asumirla son un buen ejemplo de este planteamiento (31, 34). Su concepción
no se reduce al simplismo de enviar otra vez a la gente de vuelta al campo
-como si la del campo no fuera igualmente una vid miserable-, lo que pretende
es corregir la situación y poner las bases de un modelo diferente. Reivindicaciones
tan concretas como la enseñanza
gratuita y obligatoria para todos los
niños, muy conocida en el manifiesto , pero también en otros textos (41), la
relimitación de niños, adolescentes y mujeres (24, 27), etc., van por este
camino. Su preocupación por introducir un nuevo tipo de enseñanza, uniendo el
trabajo manual e intelectual, pretende establecer las bases de un sistema nuevo
que ha de terminar con la ideologización de la ciencia y las estructuras
familiares y educativas establecidas.
Que eran conscientes de las necesidades
culturales -científicas y técnicas- de las fuerzas productivas que la sociedad
industrial había puesto en marcha, resulta manifiesto cuando leemos sus
opiniones sobre el comportamiento de la burguesía francesa, inglesa y alemana,
pero también lo eran de la incapacidad de ésta para resolver los problemas
planteados y de la exclusiva capacidad del proletariado para llevarlos a buen
término (24, 27, 31, 33 y 40). Esta es la perspectiva con que Marx y Engels
abordan el tema de la enseñanza y la educación: la de la clase obrera.
Ambos procuraron huir de un
planteamiento abstracto, excesivamente general o excesivamente vago. La
situación que les interesa es la de dos trabajadores y el modelo en que están
pensando es el de una estructura social donde los trabajadores tengan la
hegemonía donde desaparezca la división del trabajo y la felicidad sustituya a
la necesidad. Para llegar hasta may no hay que volver atrás, hay que ir hacia
adelante.
La segunda dificultad y argumentación a
que hicimos referencia puede resultar algo más compleja, y de hecho lo es.
Venia a decir que las afirmaciones iniciales presuponían la identificación de
fuerza de trabajo y capacidad creadora, identificación que de ninguna manera
está verificada y que difícilmente puede ser aceptada.
En efecto, Marx y Engels llevaron a cavo
esta identificación; aún más, combatieron por ella como una de las bases
fundamentales de sus propuestas revolucionarias. A lo largo de la historia, y
muy especialmente tras la instalación definitiva de la concepción cristiana, la
sociedad se ha venido manteniendo una noción escindida del hombre. Escindido
entre lo divino y lo humano, el individuo iba a introducir una segunda decisión
(que podía tener o no justificación y fundamento en aquella primera) entre el
trabajo y el gozo. El desarrollo de la revolución industrial hace de esta
división la base del sistema de trabajo y su organización social. La diferencia
entre tiempo de trabajo y tiempo libre aumenta de medida que la manufactura
ocupa todos los espacios de la producción.
Hasta cierto punto, cabe decir que la
trayectoria intelectual de Marx y Engels discurre por un camino crítico que
atraviesa estas mismas etapas. En los primeros textos sobre La cuestión
jurídica o La sagrada Familia se ocupan de la crítica de la alineación
religiosa -en el seno del debate posthergeliano, que tanta importancia tuvo en
la época y que esta en la base de su formación filosófica e internacional en
general (2)-, llegando, en una profundización crítica, a analizar la alineación
o enajenación producida por la explotación.
Quizá sea en los Grundrisse (3) donde
Marx ha explicitado más claramente sus propuestas en torno a la necesidad de
asimilar fuerza de trabajo y capacidad creadora de los hombres. El modo de
producción capitalista se caracteriza por la explotación; es decir, por la
apropiación de la fuerza de trabajo. El capital se apropia de la fuerza de
trabajo y la objetiva, la realiza a fin de generar plusvalía. Trabajo
productivo es aquel que genera plusvalía [35] (4). Ahora bien, por ello mismo
el capital sólo se apropia de aquella fuerza de trabajo que puede generar
plusvalía, procurando que toda fuerza de trabajo éste en condiciones de
generarla. Ese «estar en condiciones de» se logra a través de la calificación
con una enseñanza adecuada. Mas, como sólo es posible realizar la explotación
en el entramado del mercado, aumenta la cualificación hacia aquellas
actividades o formas (en el seno de una actividad) que tiene mayor acceso y
predicamento en el mercado. El sistema de enseñanza se entiende así como una
muy concreta cualificación de la fuerza
de trabajo que alcanzará su máximo aprovechamiento sí logra, también, el ajuste
o integración de los individuos en el sistema -única manera de que la fuerza de
trabajo no:
(2)
Cfr. M. Rossi, La génesis del materialismo histórico, especialmente los
dos primeros volúmenes, La izquierda hegeliana y El joven Marx, Madrid,
comunicación, 1971.
(3)
Los fundamentos de la crítica de la economía política, Madrid,
Comunicación, 1972, 2vls.
(4)
Cfr., El capital, Y, «Plusvalía
absoluta y relativa».
sea desperdiciada, pueda ser totalmente
aprovechada-. Dicho de otras forma: reproduce el sistema dominante, tanto a
nivel ideológico como técnico y productivo.
La cualificación; la educación
ideológica que conlleva o que explícitamente se le supone (especialmente en los
primeros niveles des sistema escolar) -a la que atacan durante Marx y Engels
[42] -,pretende un ajuste o integración social. Nada propio le queda al
individuo y difícilmente soportaría tal presión si no estuviera compensada por
un tiempo de ocio, su tiempo libre, aquel que puede hacer lo que desee,
desarrollar su capacidad creadora, sus aficiones sus prácticas
personales... Limitadas han de ser
algunas aficiones que sólo cuentan con el auto didactismo, separadas de su
fuerza de trabajo, pobres residuos, entonces de una capacidad creadora exhausta
tras la jornada laboral.
Aunque se ha sugerido algunas de la
incidencias que esta situación produce en el sistema de enseñanza, parte del
sistema educativo, conviene que nos extendamos algo más sobre ellas.
Ante todo, señalar que el aparo escolar
puesto en pie por el modo de producción capitalista se configura
ideológicamente, no sólo en función de los componentes explícitamente -temáticamente-
ideológicos que comporta, si no porque crea -y consolida-un marco de escisión
donde la enajenación de la fuerza de trabajo es un hecho natural. La educación
o se produce sólo en el seno de las disciplinas «no útiles» que puedan
impartirse las llamadas materias humanísticas, si no muy especialmente en la
organización del sistema todo. De ahí que la lucha por la transformación del
sistema no se lleve a cavo contra esta o aquella ideología si no contra el
carácter ideológico que posee su propia estructura (lo que no obsta para que
eventualmente se combata esta o aquella ideología, precisamente la que tematiza
y defiende aquel carácter), tal como marx y Engels ponen de relieve.
Todo ello no hace más que reconducirnos
al punto inicial, pero ahora con un conocimiento mayor: la relación entre la
división del trabajo y la educación la
enseñanza no es una mera proximidad, ni tampoco una consecuencia simple, es una
articulación profunda que explica con toda claridad los procesos educativos y
pone de manifiesto los puntos en que es necesario presionar para lograr su
transformación, consiguiendo no sólo la emancipación social, sino también, y de
forma muy especial, la emancipación humana.
Dada su importancia, este tema se
extiende prácticamente a todas las reflexiones de Marx y Engels sobre la
enseñanza, sobre todo a aquellas -muy abundantes- que critican el trabajo
infantil y femenino, el trabajo de los adolescentes y las que exponen la
necesidad de introducir un sistema educativo que elimine la situación dominante.
Me parece oportuno señalar aquí que Marx y Engels hacen gala de un conocimiento
exhausto de la legalidad existente y de la realidad concreta que están
denunciando. También en este punto se mueven en el ámbito propio de los
socialistas utópicos y de los primeros socialistas (5).
Proponen una serie de transformaciones
en las que distinguimos dos perspectivas diferentes: a corto y medio plazo y a
largo plazo. A corto y medio plazo son algunas de las propuestas que Marx hace
en su exposición ante el Consejo General de la AIT en agosto de 1869, o en su
Crítica del Programa de Gotha [39]; mientras que una transformación a más largo
plazo se vislumbra en los Principios del Comunismo, de Engels, ya citados, o en
las precisiones de Marx a propósito de la comuna[40].
3.
ALGUNOS TEMAS POLEMICOS
Aparte de los temas señalados, en los
textos de Marx y Engels sobre educación y enseñanza aparecen otros que están en
la mas candente actualidad. Entre todos, el más (5) Especialmente, los
análisis de R. Owen. interesante me parece se el referido a la «enseñanza
estatal».
El desarrollo de la revolución
industrial y el triunfo del liberalismo trajeron consigo una transformación
fundamental del aparato escolar. Hasta entonces, la educación familiar, gremial
y religiosa había sido dominante y suficiente. La instrucción en centros
especializados estaba limitada a muy pocas disciplinas -medicina, derecho,
gramática-y era una actividad claramente minoritaria. Las necesidades
tecnológicas producidas por los cambios habidos en las fuerzas productivas y,
por otra parte, las exigencias liberales de extender la educación y el
conocimiento como condición de la igualdad entre los ciudadanos, determinaros
la institularización, extensión y profundización del aparato escolar.
En los países en que ello fue posible,
la enseñanza pasó paulatinamente a depender del Estado, puesto que se consideró
como una necesidad social que los ciudadanos habían de satisfacer por el hecho
de ser ciudadanos. Por este proceso se realizó con una lentitud considerable y
se alcanzó fue, precisamente, por la presión del movimiento obrero, que en este y otros sectores puso en
primer término reivindicaciones que condujeran a una igualdad efectiva de todos
los ciudadanos. Sólo a fines de siglo empieza a consolidarse en aparato escolar
de dependencia estatal, gratuito y amplio, y sólo en algunos países -Francia,
por ejemplo-. En otros-en España-, la incapacidad de la burguesía y del Estado
burgués -o su especial estructura- motivó en proceso mucho más complejo y
quebrado, amplios sectores privados se encargan de hacer lo que los poderes
públicos no podían o (y) no querían realizar. De esta forma el aparato escolar
adquirió, en los diferentes países europeos, una fisonomía muy diversa, aunque
ya en el siglo actual la tendencia de hogeneidad empieza a ser muy intensa.
Desde un principio se vio que la
enseñanza podía convertirse en uno de los medios fundamentales de dominación
ideológica y, por tanto, en un instrumento esencial para alcanzar y consolidar
la hegemonía de la clase en el poder. El estado de clase iba íntimamente ligado
a la enseñanza de clase. Aunque no sin tensiones, el aparato escolar se
convertía en un apéndice de la clase dominante. Las instituciones tradicionales
de la sociedad precapitalista europea, la familia, el genio, la Iglesia, entran
en decadencia y algunas -el gremio- desaparecen. A lo largo de estas
instituciones habían sido el medio de la reproducción ideológica -además de
tener otras funciones que ahora no hacen al caso-. su decadencia se acentuó por
el auge de los medios de comunicación de masas, que se convirtieron en el marco
por excelencia de la reproducción. Ahora bien, las condiciones culturales de
las masas no eran, en principio, muy adecuadas para ser para ser crecimiento.
El analfabetismo, general en el campo y muy extenso en los núcleos urbanos,
hacía inviable el rápido asentamiento de tales medios. En estas circunstancias,
el aparato escolar presentaba unas ventajas obvias que fueron inmediatamente
aprovechadas por la burguesía.
Desde el contexto de que Marx rechaza la
intervención inmediata del Estado [42]. Su preocupación parece clara: que la
burguesía no cuente, además de otros poderes, con el de un aparato escolar
puesto a su servicio, directamente controlado por ella. Sin embargo, me parece
justo hacer algún tipo de precisiones a propósito de este planteamiento de
Marx, al menos las siguientes:
-Marx y Engels no ponen en duda la función de garantes que las
instituciones públicas tienen respecto a la educación. En ese sentido, señalan
la necesidad de cierto grado de centralización. En ese sentido, señalan la
necesidad de cierto grado de centralización para evitar el «taifismo» del sistema escolar.
- El estado en que piensan Marx y
Engels, el estado burgués del pasado siglo, posee una estructura y unas
funciones que no pueden identificarse
sin más con las del actual. El desarrollo de los aparatos del Estado, la
presión del movimiento obrero y de las reivindicaciones-, han complicado extraordinariamente
la configuración y funciones del Estado moderno. Su carácter de clase -que no
se ha perdido-no resulta tan simple y monolítico como en el siglo XIX.
- La crítica de la
dependencia escolar del Estado no tiene sólo aspectos negativos. La propuesta
que sugiere es un sistema de gestión no burocrático, en la intervención directa
de la población trabajadora a través de sus delegados y un marco de democracia
directa, tal como ponen de relieve sus indicaciones y señaladas a propósito de
la Comuna de París.
Sólo este tipo de puntualizaciones
permitirá utilizar con algún rigor de los escritos de Marx y Engels en el
actual debate sobre la problemática educativa que tiene lugar en nuestro país.
4.
MARX Y ENGELS COMO PUNTO DE PARTIDA
Tal como se señaló inicialmente, las
referencias de Marx y Engels no constituyen sistema pedagógico acabado alguno.
Aún más, muchos autores niegan que esto descritos puedan reunirse bajo una
rúbrica de carácter estrictamente pedagógico, pues en todos los casos se trata
de escapar a las estrechas limitaciones que plantea la educación entendida como
mera práctica escolar. Este es, quizá, uno de los puntos relevantes que
conviene destacar: si las opiniones de Marx y Engels no configuran un sistema,
sí establecen un marco y abren unas vías por donde el sistema puede empezar a
construirse. En este marco, uno de los puntos nodales es, justamente, la
rotunda negativa a reconocer la educación como un hecho estrictamente escolar
como un fenómeno autosuficiente e independiente.
El lector de la presente antología verá
cuánto interés ponen Marx y Engels por aclarar en todos los casos la compleja
articulación que se da, por un lado, entre formas educativas escolares y no
escolares y, por otro, entre actividad escolar y medio histórico. Ese interés
no es gratuito ni arbitrario, tal como ha puesto de relieve la evolución de la
pedagogía contemporánea, muy propicia a caer en un pedagogismo de primer grado.
Pero tampoco se trata, como ya sugerimos, de la mera constatación de una
relación, si no de un análisis concreto a través de la división del trabajo en
las formaciones sociales capitalistas.
El marco que estas referencias abrían
iba a ser recorrido por autores y prácticas muy diversas dentro del marxisismo.
Algunos (as) se consideran ya entre los clásicos, otros(as) están en un proceso
de revisión y debate que constituye un poderoso acicante para la formulación de
una teoría marxsista de la educación y la enseñanza.
Entre los primeros, parece posible
destacar la presencia de Antonio Gramsci, que introduce una serie importante de
factores nuevos y analiza en profundidad el tema de la educación en relación a
u problema siempre presente en sus textos: la hegemonía del proletariado. Entre
los segundos, no resulta arriesgado mencionar prácticas y escritos tan
diferentes como los del Proletkult y Makarenco. En uno y otro caso, la
necesidad de atender no solo a la precaria situación educativa de la URSS en los años inmediatamente posteriores a la
Revolución de Octubre, sino también de poner las bases para la
construcción de un hombre nuevo, de una
nueva sociedad y una nueva historia, son motivos que desarrollan ese punto de
partida que fueron Marx y Engels.
Entre otros, la necesidad ya ineludible
de acabar con una educación y una enseñanza que se consideraba como
adiestramiento de fuerza de trabajo, bien para la integración social, bien para
la explotación, pone en primer término lo adecuado de una lectura de Marx y
Engels y de sus propuestas en torno a la transformación más radical de la
actual división del trabajo.
SISTEMA DE ENSEÑANZA Y DIVISION DEL TRABAJO
[1] Las relaciones entre unas naciones y
otras dependen de la extensión en que cada una de ellas haya desarrollado sus
fuerzas productivas, la división del trabajo y el intercambio interior. Es este
generalmente reconocido. Pero no sólo las relaciones entre una nación y otra,
si no también toda la escritura interna de cada nación depende del grado de
desarrollo de su producción y de su intercambio interior y exterior. Hasta dónde se ha desarrollado las fuerzas
productivas de una nación lo indica del modo más palpable el grado hasta el
cual se ha desarrollado en ella la división del trabajo. Toda nueva fuerza
productiva, cuando no se trata de una simple extensión cuantitativa de fuerzas
productivas ya conocidas con anterioridad (como ocurre, por ejemplo, con la
roturación de tierras) trae como consecuencia un nuevo desarrollo de la
división del trabajo.
La división del trabajo dentro de una
nación se traduce, ante todo, en la separación del trabajo industrial y
comercial con respecto al trabajo agrícola t, con ello, en la separación de la
ciudad y el campo y en la contradicción delos intereses entre una y otro. Su
desarrollo ulterior conduce a la separación del trabajo comercial de l
industrial. Al mismo tiempo, la división del trabajo dentro de estas ramas
acarrea, a su vez, la formación de diversos factores entre los individuos que
cooperan en determinados trabajos. La posición que ocupan entre sí estos
diferentes sectores se halla condicionada por el modo de explotar el trabajo agrícola,
industrial y comercial (patriarcalismo, esclavitud, estamentos, clases). Y las
mismas relaciones entre diferentes naciones.
Las diferentes fases de desarrollo de la
división del trabajo son otras tantas formas distintas de la propiedad, o dicho
en otros términos, cada etapa de la división del trabajo determina también las
relaciones de los individuos entre sí, en lo tocante al material, el instrumento y el equipo del
trabajo.
(C. Marx, F. Engels, La ideología
alemana, I,A. «La ideología en general y la ideología alemana en particular».)
[2] La división del trabajo sólo se
convierte en verdadera división a partir del momento en que se separan el
trabajo físico y el intelectual *. Desde ese instante, puede ya la conciencia
imaginarse realmente que es algo más y algo distinto de la conciencia de la
práctica existente, que representa realmente algo sin representar algo real;
desde ese instante, se halla la conciencia en condiciones de emanciparse del
mundo y entregarse a la creación de la teoría «pura», de la teología «pura», la
filosofía y la moral «puras», etc. Pero, aun cuando esta teoría, esta teología,
esta filosofía, esta moral, etc., se hallen en contradicción de las relaciones
existentes, esto solo podrá explicarse porque las relaciones sociales
existentes se hallan, a su vez, en contradicción con la fuerza productiva
existente, cosa que, por lo demás, dentro de un determinado círculo nacional de
relaciones, podrá suceder también a pesar de que la contradicción no se dé en
el seno de esta órbita nacional, sino
entre esta conciencia nacional y la práctica de otras naciones; es decir entre
la conciencia.
*
La primera forma de los ideólogos, los sacerdotes, decae. (Glosa
marginal de Marx.)
nacional y general de una nación *. Por
lo demás es de todo punto indiferente lo que la conciencia por sí sola haga o
comprenda, pues de toda esta escoria sólo obtendremos un resultado, a saber:
que en tres momentos, la fuerza productiva, el estado social y la conciencia
pueden y deben necesariamente entrar en contradicción entre sí, ya que, con la
división del trabajo, se da la posibilidad, más aún, la realidad de que las
actividades espirituales y materiales, el disfrute y el trabajo, la producción
y el consumo, se asignen a diferentes individuos, y la posibilidad de que no
caigan en contradicción reside solamente en que vuelva a abandonarse la
división del trabajo. Por lo demás, de suyo se comprende que los «espectros»,
los «nexos», los «entes superiores», los «reparos» no son más que la expresión
espiritual puramente idealista, la idea aparte del individuo aislado, la
representación de trabas y limitaciones muy empíricas dentro de las cuales se
mueve del modo de producción de la vida y la forma de intercambio congruente
con él.
Con la división del trabajo, que lleva
implícitas todas estas contrataciones y que descansa, a su vez, sobre la
división natural del trabajo en el seno de la familia y en la división de la
sociedad en diversas familias contrapuestas, se da, al mismo tiempo, la
distribución y, concretamente, la distribución desigual, tanto cuantitativa
como cualitativamente, del trabajo y de sus productos; es decir la propiedad,
cuyo primer germen, cuya forma inicial se contiene ya en la familia, donde la
mujer y los hijos son esclavos del marido. La esclavitud, todavía muy
rudimentaria, ciertamente latente en la familia, es la primera forma de
propiedad, que, por lo demás, ya aquí corresponde perfectamente en la división
de los modernos economistas, según la cual es el derecho a disponer de la
fuerza de trabajo de otros. Por lo demás,
*
[Religión]. Los alemanes con la ideología en cuanto tal. (Glosa marginal
de Marx.)
división del trabajo y propiedad privada
son términos idénticos: uno de ellos dice, referido a la esclavitud, lo mismo
que el otro, referido a ésta.
La división del trabajo lleva aparejada
, además, la contradicción entre el interés del individuo concreto o de una
determinada familia y el interés común de todos los individuos relacionados
entre sí interés común que no existe, ciertamente, tan sólo en la idea, como
algo «general», sino que se presenta en realidad, ante todo, como una relación
de mutua dependencia de los individuos entre quienes aparece dividido el
trabajo. Finalmente, la división del trabajo nos brinda ya el primer ejemplo de
cómo, mientras los hombres viven en una sociedad natural, mientras se da, por
tanto una separación en el interés particular y el interés común, mientras las
actividades, por consiguiente, no aparecen divididas voluntariamente, sino por
modo natural, los actos propios del hombre se erigen ante él en un poder ajeno
y hostil, que lo sojuzga, en vez de ser él quien los domine. En efecto, a
partir del momento en que comienza a dividirse el trabajo, cada cual se mueve
en un determinado círculo exclusivo de actividades, que le es impuesto y del
que no puede salirse; el hombre es cazador, pescador, pastor o crítico, y no
tiene más remedio que seguirlo siendo, si no quiere verse privado de los medios
de vida; al paso que en la sociedad comunista, donde cada individuo no tiene
acaso un círculo exclusivo de actividades, sino que puede desarrollar sus
aptitudes en la rama que mejor le parezca, la sociedad se encarga de regular la
producción general, con lo que hace cabalmente posible que yo pueda dedicarme
hoy a esto y mañana a aquello, que pueda por la mañana cazar, por la tarde
pescar y por la noche apacentar el ganado, y después de comer, si me place,
dedicarme a criticar, sin necesidad de exclusivamente cazador, pescador, pastor
o crítico, según los casos.
(C. Marx, F. Engels, La ideología alemana, I,A,1. «La Historia».)
[3]
El poder social, es decir, la fuerza de producción multiplicada, que
nace por obra de la cooperación de los
diferentes individuos bajo la acción de la división del trabajo, se les
aparece a estos individuos, por no tratarse de una cooperación voluntaria, si
no natural, no como un poder propio, asociado, sino como un poder ajeno,
situado al margen de ellos, que no saben de donde procede ni a donde se dirige
y que, por tanto, no pueden ya dominar, sino que recorre, por el contrario, una
serie de fases y etapa de desarrollo peculiar e independiente de la voluntad y
de los actos de los hombres y que incluso dirigirse esta voluntad y estos
actos. Con esta «enajenación, para expresarnos en términos comprensibles para
los filósofos, sólo puede acabarse partiendo de dos premisas prácticas. Para
que se convierta en un poder «insoportable», es decir, en un poder contra el
que hay que sublevarse, es necesario que engendre a una masa de la humanidad como
absolutamente «desposeída» y, a la par con ello, en contradicción con un mundo
existente de riquezas y de cultura, lo que presupone, en ambos casos, un gran
incremento de la fuerza productiva, un alto grado de su desarrollo, y, de otra
parte, este desarrollo de las fuerzas productivas (que entraña ya, al mismo
tiempo, una existencia empírica dada en un plano histórico-universal, y no en
la vida puramente local de los hombres)
constituye también un premisa práctica absolutamente necesaria, porque
sin ella sólo se generalizaría la escasees y, por tanto, con la pobreza,
comenzaría de nuevo, a la par, la lucha por lo indispensable y se recaería
necesariamente en la inmundicia anterior; y, además, por que sólo este
desarrollo universal de las fuerzas productivas lleva consigo un intercambio
universal de los hombres, en virtud de lo cual, por una parte, el fenómeno de
la mas «desposeída» se produce simultáneamente
en todos los pueblos (competencia general), haciendo que cada uno de
ellos dependa de las conmociones de los otros y, por último instituye a
individuos histórico-universales, empíricamente mundiales, en vez de individuos
locales. Sin esto 1o. el comunismo sólo llegaría a existir como fenómeno local;
2o. las mismas potencias del intercambio no podrían desarrollarse como
potencias universales y, por tanto, insoportables, sino que seguirán siendo
simples «circunstancias» supersticiosas de puertas dentro, y 3o. toda
ampliación del intercambio acabaría con el comunismo local.
(c. Marx, F. Engels, La ideología
alemana, I,A,1, «La historia».)
[4]
La fuerza de trabajo es, pues, una mercancía que su propietario, el
obrero asalariado, vende al capital. ¿Para que la vende? Para vivir.
Ahora bien, la fuerza de trabajo en
acción, el trabajo mismo, es la propia actividad vital del obrero, la
manifestación misma de su vida. Y esta actividad vital no es para él más que un
medio para poder existir. Trabaja para vivir. El obrero ni siquiera considera
el trabajo parte de su vida; para él es más bien un sacrificio de su vida. Es
un mercancía que ha adjudicado a un tercero. Por eso, el producto de su
actividad no es tampoco el fin de esta actividad. Lo que el obrero produce para
sí mismo no es la ceda que teje ni el oro que extrae de la mina, ni el palacio que edifica. Lo que produce
para sí mismo es el salario, y la seda, el oro y el palacio se reduce para él a
una determinada cantidad de medios de
vida, si acaso a una chaqueta de algodón, unas monedas de cobre y un cuarto en
un sótano. Y para el obrero que teje, hila, taladra, tornea, construye, cava,
machaca piedras, carga etcétera, por espacio de doce horas al día, ¿son estas
doce horas de tejer, hilar, taladrar, tornear, construir, cavar y machacar
piedras la manifestación de su vida, su vida misma? Al contrario. Para él, la
vida comienza allí donde terminan estas actividades, en la mesa de su casa, en
el banco de la taberna, en la cama. Las doce horas de trabajo no tienen para él
sentido alguno en cuanto a tejer, hilar, taladrar, etc., sino solamente como
medio para ganar el dinero que le permite sentarse en la mesa o en el banco de
la taberna y meterse en la cama. Si el gusano de seda hilase para ganarse el
sustento como oruga, seria el autentico obrero asalariado, es decir, trabajo
libre. El esclavo no vendida su fuerza de trabajo al esclavista, del mismo modo
que el buey no vende su trabajo al labrador. El esclavo es vendido de una vez y
para siempre, con su fuerza de trabajo, a su dueño. Es una mercancía que puede
pasar de manos de un dueño a manos de otro. El es una mercancía, suya, el
siervo de la gleba sólo vende una parte de su fuerza de trabajo. No es él quien
obtiene un salario del propietario del suelo, quien percibe de él un tributo.
El siervo de la gleba es un atributo del
suelo y rinde frutos al dueño de éste. En cambio, el obrero libre se vende él
mismo, y, además, se vende en partes. Subasta ocho, diez, quince horas de su
vida, día tras día, entregándolas al mejor postor, al propietario de las
mejores materia primas, instrumentos de trabajo y medios de vida; es decir, al
capitalista. El obrero no pertenece a ningún propietario ni esta adscrito al
suelo, pero las ocho, diez, doce quince horas
de su vida cotidiana pertenecen a quien se las compra. El obrero, en cuanto quiera, puede dejar al capitalista a
quien se le ha alquilado, y el capitalista le despide cuando se le antoja,
cuando ya no le saca provecho alguno o no le saca el provecho que había
calculado. Pero el obrero, cuya única frente de ingresos es la venta de su
fuerza de trabajo, no puede desprenderse de toda la clase de los compradores,
es decir, de la clase de los capitalistas, sin renunciar a su existencia. No
pertenece a tal o cual capitalista, si no a la clase capitalista en conjunto, y
es incumbencia suya encontrar quien le quiera, es decir, encontrar dentro de
esta clase capitalista un comprador.
(C. Marx, Trabajo asalariado y
capital,I.)
[5]
Como en la cooperación también en la manufactura la colectividad de
trabajadores en una forma de existencia del capital. La fuerza productiva
derivada de la combinación de los trabajadores, pues, como fuerza productiva
del capital. Pero en tanto que la cooperación dejaba intacto al modo de trabajo
individual, la manufactura lo transforma y mutila al obrero; incapaz de hacer
un producto independiente, se convierte en un simple apéndice del taller del
capitalista. Los poderes intelectuales del trabajo desaparecen y van a parar al
otro extremo. La división del trabajo manufacturero produce la oposición de los
trabajadores en las potencias espirituales del proceso del trabajo, las dominan
la propiedad de otro y el poder. Este proceso de separación comienza en la
cooperación, se desarrolla en la manufactura y se perfecciona en la gran
industria, que separa el trabajo de la ciencia, en tanto que fuerza productiva
autónoma, poniéndola al servicio del capital.
Transformado en autómata, el medio de
trabajo hace frente, durante el proceso de trabajo, al obrero mismo, en tanto
que capital, en tanto que trabajo muerto, que chupa la fuerza de trabajo vivo y
la domina.
(F. Engels, A propósito de «El Capital»,
de C. Marx, Werke, 16.)
[6] En la manufactura lo mismo que en la cooperación simple, la individualidad física del obrero en funciones es una forma de existencia de capital. El mecanismo social de producción, integrado por muchos obreros individuales parcelados, pertenece al capitalista. Por eso la fuerza productiva que brota de la combinación de los trabajos que presenta como virtud productiva del capital. La verdadera manufactura no solo somete a obreros antes independientes al mando y a la disciplina del capital, si no que además crea un jerarquía entre los propios obreros. Mientras que la cooperación simple deja intacto, en general, el modo de trabajar de cada obrero, la manufactura la revoluciona desde los cimientos hasta el remate y muerte en la raíz de la fuerza de trabajo individual. Convierte al obrero en un mutilado, en un anormal, al fomentar como planta de estufa su pericia para un detalle concreto, a fuerza de matar o reprimir en él todo un mundo de instintos y talentos productivos, al mod