Universidad Abierta
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LA IDEOLOGIA COMO FACTOR CONDICIONANTE
EN EL DESARROLLO DEL CONFLICTO EN
LOS ALTOS DE CHIAPAS.
INTRODUCCIÓN
CAPÍTULO 1. ESBOZO GENERAL DEL CONCEPTO DE
IDEOLOGÍA
CAPÍTULO 2. LA IDEOLOGÍA EN LOS PUEBLOS
INDÍGENAS
2.1. La influencia ideológica del
catolicismo
2.2. La influencia ideológica del
protestantismo
2.3. La respuesta ideológica del
Estado
2.4. La resistencia ideológica del pueblo
indígena
2.5. El conflicto de Chiapas
CAPÍTULO 3. LA IDEOLOGÍA DEL PROYECTO
LIBERAL
3.1. Las estrategias ideológicas del
neoliberalismo
CONCLUSIONES
INTRODUCCIÓN.
La ideología ha sido históricamente el
oponente mortal para la filosofía, ya que siendo ésta una interpretación
falseada de la realidad, su propósito es esclavizar subjetivamente a los
hombres para mantener o justificar objetivamente los regímenes de esclavitud
real. En tanto que es compromiso de la filosofía analizar y resolver para los
hombres, los enigmas que obstaculizan una cabal comprensión del mundo concreto.
Dentro de la filosofía latinoamericana, la
corriente de la Filosofía de la Liberación busca determinar la relación que
existe entre el pensar filosófico y la realidad latinoamericana. Se trata de un
esfuerzo para examinar las posibilidades y límites de una filosofía comprometida con nuestros pueblos. Una filosofía
que parte de nuestra propia historia porque considera que sólo el conocimiento
de nuestra realidad nos liberará de caer nuevamente en los errores del pasado.
La Filosofía de la Liberación pretende por medio de la reflexión acción, hacer
conciencia de la dependencia y sus abstracciones nebulosas que la justifican,
para combatirlas y buscar un desarrollo armónico de la sociedad.
La asimilación de otras corrientes
filosóficas solo es válida cuando le correspondan a las necesidades de los pueblos, más no cuando se
pretende adaptar necesidades a soluciones importadas. Se persigue la
universalidad en los enfoques, pero no por simple imitación, sino por que
nuestros problemas, en muchos aspectos, son semejantes a los de otros pueblos.
El caso de Chiapas, bien puede describir la realidad de cualquier pueblo
latinoamericano y la reflexión
filosófica que se realice puede dar luces importantes para comprender
esas realidades latinoamericanas. Este trabajo pretende modestamente ser una
aportación al análisis filosófico latinoamericano y por ende a
la filosofía universal.
Toda
ideología es expresión de una clase, por ello, en las sociedades divididas en
clases, la ideología dominante objetiva el programa de ampliación y
mantenimiento del poder de la clase dominante1. Partiendo de esta afirmación, se puede señalar
que para poner en práctica el modelo económico neoliberal que propone el
proyecto dominante en nuestro país y que responde a una dependencia económica
extranjera, tuvo que desarrollar toda una ideología que le permitiera objetivar
este modelo. Esta ideología se
caracteriza por la enajenación que provoca en el pensamiento de los hombres,
específicamente en los hombres que producen, desde su sujeción, como fuerza de
trabajo.
La propuesta de
modernizar el campo mexicano y de
industrializarlo, va acompañada de una ideología que posibilita su aceptación
por aquellos que ocupan históricamente ese espacio, que en otros términos, son
los pueblos indígenas. Para lograr esta
ideologización de los pueblos, se utilizan y activan los aparatos ideológicos,
cuya tarea es distribuir las formas ideológicas que legitimen el modelo
económico propuesto.
En el
caso concreto de la modernización del campo chiapaneco, y sobre todo de los
Altos de Chiapas, que actualmente es zona de conflicto, los aparatos
ideológicos que se activaron para accionar el proyecto económico neoliberal,
fueron el Estado, las iglesias católica y protestante; quienes se encargaron
de"...suministrar el sistema de representaciones que permitan a los agentes sociales, el cumplimiento de sus
actividades determinadas por la estructura y la cohesión social necesaria, para
seguir ampliando el sistema vigente”
El Estado
ha implementado políticas y estrategias desde la óptica del etnodesarrollo,
promoviendo la independencia cultural del pueblo indígena, pero continuando con
su sujeción económica y tratando de insertarlos al proyecto económico liberal.
La iglesia católica, desde una pastoral
social de resistencia,
y nutrida
de la Teología de la Liberación, ha tratado de contribuir para que se modernicen los pueblos
indígenas, sin el menoscabo de sus culturas y sin que su incorporación a la
economía de mercado, los destierre como
pueblos indios. Finalmente, las iglesias protestantes desde una óptica de ética capitalista, también tratan de
colaborar con la modernización de los pueblos indígenas, utilizando la
educación como una herramienta que les proporcione el marco referencial de
interpretación, para que puedan comprender el lenguaje comercial de la economía
de mercado.
Desde
estas líneas de reflexión, se aborda el presente ensayo. En el primer apartado,
después de esbozar una definición del concepto de ideología, se profundiza en
el análisis de la influencia ideológica y el papel de las Iglesias, tanto católica como protestante, que desde su
trabajo pastoral han realizado para contribuir a la modernización de los
pueblos indígenas. En segundo lugar, se diserta sobre la respuesta que el
Estado implementa sobre los ingredientes ideológicos de estas dos iglesias, con
su proyecto de estrategias y discursos políticos que buscan facilitar la
asimilación del modelo de modernización para el campo mexicano.
En
el segundo apartado,
se presentan una serie de reflexiones que permiten leer
el conflicto de los Altos de Chiapas, desde la resistencia que presenta el
indígena al proyecto neoliberal y al mismo tiempo, a la ideología de las
iglesias católica y protestante, tratando de darle continuidad a su
cosmovisión histórica de la vida, del hombre y del mundo.
Finalmente,
en el tercer apartado se presentan algunas líneas de conclusión, que
incluyen reflexiones prepositivas para
releer el conflicto de Chiapas, desde la postura de que el elemento
ideológico, representa un papel de
factor condicionante, mas no
determinante, como tradicionalmente han querido aplicar en el análisis de
este movimiento social.
CAPITULO
1
Dentro del concepto general de ideología como
nebulosa mental surgida del modo y medios de producción, es necesario precisar
que debemos separar los aspectos no conscientes de la misma, dejando la
conciencia para cosas contrapuestas a la ideología, como por ejemplo: la teoría
de la ciencia, la filosofía, el arte, y todo el saber que no tenga como
fin tergiversar la realidad, a
diferencia de la ideología que siempre será una interpretación falseada de la
misma. Es contradictorio, pues, decir que existe una ideología revolucionaria o
una conciencia ideológica.
En una primera conceptualización de la
ideología, Marx se refiere a que en toda historia humana las relaciones
sociales más elementales y básicas, que son aquellas que los hombres contraen
en la producción de sus medios de subsistencia y de su vida misma, engendran en
las mentes de estos una reproducción o expresión ideal, inmaterial, de aquellas
relaciones sociales materiales.
En la historia conocida, que Marx llamaba
“prehistoria”, desde el momento en que hace su aparición la división del
trabajo, (cuya primera manifestación es la división del trabajo físico y
espiritual, con lo que surge “la primera forma de los ideólogos, los
sacerdotes”), la propiedad privada y, posteriormente, la producción mercantil, aquellas relaciones
materiales adquieren el carácter de antagonismo social entre poseedores y desposeídos,
entre propietarios y expropiados: son los factores histórico-genéticos de la
alienación.
La oposición de la ciencia a la ideología
proviene, así, de que si la ideología
tiene un papel encubridor y justificador de intereses materiales basados
en la desigualdad social, el papel de la ciencia –y así lo entendió Marx- debe
consistir en lo contrario; esto es, en analizar y poner al descubierto la
verdadera estructura de las relaciones sociales, el carácter histórico y no
“natural” de aquella desigualdad social.
El objetivo primordial de todo chiapaneco
no es hacerse de una “ideología” revolucionaria, sino la de adquirir conciencia
de su realidad, de una ciencia revolucionaria, o como lo señala el marxismo,
una conciencia de clase, una conciencia
de mayor objetividad que sustituya a esa falsa conciencia, que es la ideología. Es necesario rebasar los
catecismos ideológicos. Marx oponía “conciencia de sí y para sí” a “ideología”.
La ideología no ve más allá de los
fenómenos o apariencias sociales; no ve por ejemplo, por detrás de las “ganancias”
capitalistas la estructura oculta de la plusvalía; confunde el valor de las
mercancías, que es determinado por la cantidad de trabajo socialmente necesario
para producirlas, con su precio, que es algo determinado por el mercado. De
esta misma manera, el precio de la mano
de obra chiapaneca, no estará en la globalización, determinada por el
trabajo socialmente necesario, sino por las fluctuaciones del mercado y no precisamente el nacional.
Todo este marasmo ideológico no surgió como un programa
malicioso que pretendiera subyugar aún más a los pueblos dominados, sino como
una necesidad de justificar las relaciones de dependencia y dominación económica vigentes. Que en nuestro caso, es
cada vez más devastador, por la diferencia abismal entre nosotros y nuestro
socio y vecino, los Estados Unidos de Norteamérica. Es así como intentaré
aplicar este concepto en el presente ensayo y que nos dará mayor claridad sobre
su papel condicionante en la historia reciente de nuestro estado de Chiapas.
CAPÍTULO 2
LA IDEOLOGÍA EN LOS PUEBLOS INDÍGENAS
La
concepción y cosmovisión que tiene el pueblo indígena y el indio en particular,
como sujeto social, del mundo que le rodea, surge a partir de su relación
directa con la tierra. Para el indígena, la tierra y su vínculo con ella,
condiciona su modo de pensar; toda su
vida social y cotidiana gira en función de esta relación. Porque la tierra, para éstas comunidades,
no nada más es cuestión de hacerlas
producir para la competitividad. Es la base esencial y fundamental del
conocimiento y filosofía de la vida. La tierra es símbolo del territorio que
los une a la vida y a la muerte, que los encadena al mundo visible e invisible,
que los enlaza con la comunidad ancestral de hombres y dioses. Contiene ésta, la raíz de sus valores
éticos, económicos y familiares; es el soporte de su cultura e identidad. Por ella son capaces de dar la vida; es así como es posible el conflicto: cuando se trata de
despojarlos o de truncar esa relación que el indígena sostiene con su tierra.
El pensamiento religioso mágico–ritual,
sus formas de organización social, las costumbres, sus formas de divertirse,
sus fiestas, sus canciones, su música; las formas de producción y sus
respectivas políticas normativas se desprenden directamente de la relación que
establece el indígena con la tierra. Hasta cierto punto se puede hablar de un
pensamiento natural y, además, legítimo.
El
indígena como sujeto histórico, se explica el mundo material que le rodea, así
como los fenómenos y hechos sociales que ocurren a su alrededor; mediante el
pensamiento condensado cuyo sustento material es la relación que existente
entre él y la tierra.
Toda esta cosmovisión indígena al entrar
en contacto con las formas de pensamiento provenientes del exterior, del pueblo
no indígena, a quien ellos llaman “ladinos”, provoca el serio conflicto y su
consecuente resistencia, al no corresponder éstas a la realidad autóctona.
2. 1. LA INFLUENCIA IDEOLÓGICA DEL
CATOLICISMO.
Se puede
decir que en su
génesis, el conflicto surge desde la colonización de los pueblos
indígenas, donde se realizó el despojo del patrimonio histórico indio. En este
sentido, se puede hablar de una intromisión
ideológica dentro de la cultura indígena, las formas del pensamiento
judeocristiano, vía evangelizadores católicos que acompañaron a los aventureros
españoles durante el periodo histórico de la conquista. Carlos Montemayor
precisa que en el siglo XVI, la conversión religiosa del indio
marcó su destrucción como pueblo, y su “renacimiento” como cristiano. Sin
embargo, parece ser que los pueblos indígenas acomodaron todo su pensamiento
natural al pensamiento católico de aquella época.
Toda la civilización española se fundó por
encima de la cultura indígena. Destruyó pirámides y quemó los “ídolos” o dioses
indígenas; y en su lugar, construyó templos o catedrales cristianas y les
colocó imágenes de santos católicos. Las ceremonias y rituales indígenas,
fueron cambiadas por ceremonias y rituales cristianos. De la misma manera, se cambiaron los nombres
indígenas, las fiestas, los vestidos, las canciones, etc. Es así, como el
indígena va acomodando y adaptando sus pensamientos, al pensamiento
judeocristiano de corte español en aparente continuidad. Todo esto trae como
consecuencia que el indio, aparentemente
dominado, conquistado, vencido, esperará siempre el momento de su
reivindicación, del rescate de sí mismo, y apoyándose en su cultura, ofrece
muestras constantes de resistencia.
El pueblo indígena resiente en toda su
magnitud la destrucción de su cultura,
en el momento en que se ve despojado de lo más sagrado que le queda: la
tierra. En el instante en que los encomenderos formularon leyes y políticas que
les permitieron ser dueños de la tierra del pueblo indígena mexicano. Es el
punto histórico preciso en el que se revitaliza la resistencia indígena y
surgen las rebeliones, mismas que han
sido reprimidas con extrema violencia; motivo por el que algunos sensibles
misioneros católicos, optaron por defender los derechos del pueblo indio. Tal
es el caso de Fray Matías de Córdoba.
Desde esta óptica de resistencia indígena,
se fue gestando el movimiento revolucionario de la Independencia de 1810. El
apoyo que brindó el indígena al movimiento de independencia nacional, fue
impulsado por esa visión de oportunidad para la recuperación de sus tierras y
junto con ellas, su cultura e identidad. Sin embargo, una vez consolidado el
movimiento de independencia, su condición de clase trabajadora sin tierra,
siguió siendo la misma.
Desde esta
perspectiva, se puede
entender la participación y el apoyo del pueblo indígena al movimiento de la Revolución Mexicana que concentró,
considerablemente y en mayor número,
indígenas. Siendo, precisamente, en el ejercito comandado por el General
Emiliano Zapata. Fue el caudillo suriano, que
sintetizó en su origen y pensamiento, al pueblo indígena. Resumió en
tres palabras el propósito de la lucha revolucionaria: Justicia, Tierra y
Libertad. A estas alturas del pasado histórico de nuestro país, la cosmovisión
indígena había identificado en aquellas palabras de combate, los elementos
culturales como afines a sus usos y costumbres.
Ellos asisten a los templos a orar y a
celebrar la religiosidad cristiana, porque están convencidos de que su pasado histórico está debajo de esos
templos. Incluso, en sus fiestas y ceremonias, satirizan ideológicamente a la
raza “ladina”. Como ejemplo se puede
señalar el bailable de los "parachicos”, que representa irónicamente al
español conquistador.
2. 2. LA INFLUENCIA IDEOLÓGICA DEL
PROTESTANTISMO.
Toda esta resistencia ideológica entre la
cosmovisión indígena y la ideología religiosa
católica, vertida por los españoles y ladinos, es reconfeccionada
por el rompimiento entre la
Iglesia Católica y
el Estado mexicano, al llegar los liberales al poder
en los años ochenta del siglo XIX. Partiendo de una postura anticlerical como
estrategia para debilitar el poder político del clero católico sobre las masas
populares, el Estado abrió las puertas al planteamiento religioso protestante
proveniente de los Estados Unidos. Cabe precisar que esta introducción del
protestantismo en México, viene acompañada del incipiente proceso de
industrialización que se pone en marcha en nuestro país, con los liberales en
el poder. Introduciendo ideas propias de la ética mercantil capitalista que
promueve en la individualidad del sujeto la responsabilidad, laboriosidad y
asegurando que el buscar y crecer en el bienestar económico y material, es
señal de que Dios bendice al cristiano protestante.
Todo este pensamiento protestante, poco a
poco se va introduciendo en el ambiente indígena. A estos tiempos, la Iglesia
Católica había descuidado el trabajo
pastoral con los pueblos indígenas, quienes
dentro de la vida nacional venían viviendo mediante el uso de sus costumbres,
ritos y tradiciones, cargadas de folklore y cultura, pero también de vicios, de
ignominias y degradaciones adquiridas en su relación con la clase ladina.
Los
pueblos indígenas se
aislaban cada vez
más, económica, cultural y socialmente. Al darse cuenta de
esto, el Estado liberal solicita la
intervención de los misioneros protestantes de Estados Unidos, realizando un
convenio con el Instituto Lingüístico de Verano, con la intención de quebrantar
el poder del clero católico. El proyecto liberal se encarga de introducir en el
ambiente indígena, una ideología religiosa mucho más reaccionaria que la
católica.
El pensamiento protestante vía Instituto
Lingüístico de Verano (I. L.V.) logra penetrar en el ambiente indígena; y se acercan a ellos, mediante la
comunicación teológica escrita y publicada en sus propias lenguas, las
utilizadas por los pueblos indígenas. Siendo la Biblia el instrumento
fundamental de fomento y control ideológico inmediato, ésta es traducida en
diferentes lenguas indígenas; en sus interpretaciones y modificaciones
proyectaban el espíritu protestante o la ética capitalista. Sin embargo, la
teología protestante y su ideología justificadora del modelo capitalista,
pronto se encontraría con la
resistencia del pueblo indígena, cuya manera de ser y de pensar, basada en el
trabajo colectivo comunitario y de ayuda mutua, choca de frente con el trabajo
y prosperidad individual que sostienen las ideologías protestantes.
Ante esta realidad que coincide con la
realidad latinoamericana, la iglesia católica optó por dos direcciones:
una conservadora que coincide con la
ética capitalista, y la otra que trata de insertarse dentro de los intereses y
necesidades del pueblo latinoamericano, en particular, desde la perspectiva de
la cosmovisión indígena.
2. 3. LA RESPUESTA IDEOLÓGICA DEL ESTADO.
Por otro lado, el Estado rectifica el
camino al darse cuenta de que la ideología protestante era antinacionalista,
que ponía en riesgo la identidad nacional, ya que su función principal era la
de fomentar una “cultura” cuyo fin se orientaba a justificar la
permanencia de las industrias de
capital extranjero. Sin dejar de ser anticlerical y secular, el Estado decide
guardar su distancia con las iglesias católica y protestante, aplicándoles el
artículo tercero de la Constitución de
1917.
2. 4. LA RESISTENCIA IDEOLÓGICA DEL PUEBLO
INDÍGENA.
En este contexto histórico, los pueblos
indígenas tienen que soportar una constante lucha de resistencia contra las
invasiones ideológicas, que ya no sólo corresponden a la ideología católica, sino que también a la ideología
protestante, y además, a un tercer
discurso ideológico: el del Estado, quien al
tratar de dar solución al conflicto, ofrece una definición a la
identidad nacional, ajena a la de los pueblos indígenas. Estado que desde
afuera, inicia el desarrollo nacional con
proyectos y estrategias
políticas que como finalidad buscan integrar
a los pueblos indígenas al mundo de la producción mercantil; a esta
postura filosófica y política es a la que se le conoce como liberalismo social
o neoliberalismo, y que encaja dentro del esquema mundial de la globalización
actual o postmodernidad. Toda esta historia de resistencia de los pueblos
indígenas se vislumbra con mucha más nitidez en el Estado de Chiapas; quizá por
ser éste un territorio configurado por
un alto promedio poblacional de origen indígena.
2.5 EL CONFLICTO DE CHIAPAS
Chiapas
y principalmente la región de los Altos, que es el espacio territorial
donde se concentra la mayor parte de la
población indígena; se le puede tomar
como muestra para nuestra reflexión, ya que ofrece los elementos necesarios y significativos para
realizarla. La resistencia indígena, que desde el punto de vista de
lucha ideológica, se presenta como un factor histórico no determinante, pero sí
condicionante, en el desarrollo del conflicto de los altos de Chiapas; se puede
comprender a partir de las intervenciones ideológicas del Estado, el
catolicismo y protestantismo.
Chiapas en la historia. Desde su anexión a
México, nos da muestras de esa resistencia que surge en los pueblos indígenas.
El Estado de Chiapas, considerado como el estado más rico en recursos
naturales, pero que paradójicamente presenta los más altos niveles de penurias,
y donde los pueblos indígenas son ubicados dentro del concepto de extrema
pobreza; en los últimos ochenta años, este territorio ha sido propiedad de las
viejas oligarquías blanco-mestizas que han dominado la región desde hace 500
años. Quienes son propietarios de grandes ranchos agrícolas y ganaderos; donde
la producción del café, el maíz, la caña de azúcar, el frijol y el ganado son
los principales productos que sostienen su economía. Las mismas que profesan un catolicismo cristiano
conservador y tradicional.
Estas familias han utilizado a los
indígenas como su principal fuerza de trabajo, pagándoles salarios miserables.
Acaparando todo el producto que generan los indígenas, que son pequeños
propietarios de parcelas en producción.
Los mecanismos de control pasan desde los
procedimientos más elaborados, como son las formas religiosas de pensar, hasta
los más elementales, como es el fomento del consumo del alcohol, el cual es
distribuido para las ceremonias,
rituales y fiestas tradicionales de los indígenas. En este sentido, las
viejas oligarquías blanco-mestizas legitiman las fiestas patronales de santos
católicos y las devociones religiosas, porque encuentran en ellas, uno de los
mejores procedimientos de control ideológico. Asimismo, apoyan el catecismo
católico que invita al indígena a la obediencia y respeto al patrón. Hasta
cierto punto, veladamente, también han apoyado la evangelización protestante
por el mismo motivo: que fortalece la idea de respeto y sumisión hacia el patrón.
En cuanto al alcoholismo, la opinión protestante lo condena. Para que
el indígena esté en condiciones físicas
y “mentales” para una mayor productividad, es necesario conservar la salud para
incorporarlo al proyecto económico neoliberal.
Por otro lado la iglesia católica, hasta
antes de la llegada del obispo Samuel Ruiz, con su estructura eclesiástica e
institución religiosa, venía trabajando el catecismo católico que sometía al
indígena a la sumisión ideológica y trabajando su caridad cristiana, a partir de un enfoque existencialista, que en ningún momento
proyecta la promoción humana del pueblo indígena y mucho menos, su liberación
económica, política y social. Cabe precisar que el Estado de Chiapas está
dividido en tres diócesis eclesiásticas y que la diócesis de San Cristóbal,
abarca el mayor territorio indígena donde se ubica la región de los Altos. La
diócesis de Tuxtla Gutiérrez y la de Tapachula aún continúan con esa
evangelización tradicional y sacramentalista.
En este contexto, el Estado como forma de
gobierno, ha tratado desde una óptica integracionista, involucrar al pueblo
indígena dentro del modelo dependiente de desarrollo industrial y tecnológico
neoliberal. Desde esta perspectiva, han representado un papel importante dos instituciones gubernamentales: El Instituto Nacional Indigenista (INI) y el
Instituto Nacional de Educación para Adultos (INEA). Políticamente, también ha
permitido al Instituto Lingüístico de
Verano, que opere libremente en
territorio indígena, con su respectiva
interpretación capitalista de la religión. Pero que considera válido como instrumento educativo, que
integra lingüísticamente a los
indígenas.
Un elemento importante de reflexión, es la inclinación del Estado para
que desde un enfoque cultural moderno, se promueva al pueblo indígena
chiapaneco dentro de una ideología etnicista, donde se les
limita exclusivamente, a reivindicaciones “culturales” y de esta manera,
descuiden la lucha por la tierra, por
sus recursos naturales y por sus derechos políticos. Evitando que se
circunscriban dentro de un proyecto más amplio de lucha, con otros sectores
populares. De esta manera, se ha montado toda una proyección a nivel mundial, donde se presenta al
extranjero, la imagen del indio –
artesanía, esto ha logrado crear durante mucho tiempo una cortina de humo que
no permita observar la realidad de extrema pobreza, marginación y explotación
de los pueblos indígenas, tanto a nivel nacional, como a nivel estatal.
Fotógrafos, artistas, escultores,
pintores, poetas y escritores describen un indio folklórico dotado de un
pensamiento mágico y ancestral. Donde su sufrimiento y explotación debe ser
comprendidos y atendido como un pueblo
que necesita ayuda asistencial para mejorar medianamente su pobreza; pero que
por sus orígenes es incapaz de
consolidarse como sujeto histórico y manifestarse con pensamiento propio.
Hoy los indígenas se declaran como pueblos independientes de esos marasmos
ideológicos, precisamente porque quieren demostrar que como hombres reales son
dueños de su propia historia y su propia cultura.
La concepción o cosmovisión natural que tiene el pueblo indígena
de los Altos de Chiapas, es básicamente de origen maya. Las diferentes etnias
se desprenden directamente de la
cultura del pueblo mayor: los mayas.
Sin embargo, se han integrado durante los quinientos años de
resistencia, aquellos elementos religiosos
que son afines a su propio pensamiento. Por ejemplo, el planteamiento de
asambleas que proponen las iglesias protestantes ha sido retomado por los pueblos
indígenas, por ser semejante a las asambleas comunitarias que ellos realizan
para tomar sus decisiones; pero también, de la iglesia católica retoman los
rituales y celebraciones, porque son muy parecidos a los que celebraban sus
antepasados. Un símbolo importante es el altar y el acto de ofrenda que en ella
se realiza.
Sin embargo, se evidencia la resistencia,
en cuanto se les pretende despojar de ciertas creencias y concepciones que les pertenecen desde sus
tiempos ancestrales. Un caso curioso es
el uso de alcohol o ciertos frutos naturales como los hongos alucinógenos, que
ellos utilizan como parte de sus rituales.
El
punto nodal de la resistencia indígena de los Altos de Chiapas, también
descansa sobre el problema de
su relación con su espacio territorial. Ellos, los pueblos indígenas
luchan por ser dueños de sus propias tierras, para no aparecer como refugiados
en su propio territorio. En el terreno ideológico, también han luchado por
mantener su autonomía de pensamiento, de conceptualizar su vida y su mundo.
Aparentemente, parecía que los
indígenas estaban integrados al
proyecto nacional. Sin embargo, la historia que surge desde 1994, nos ha
demostrado lo contrario. En este sentido, queda explícito, que a pesar de los
500 años de explotación los pueblos indígenas han sabido mantener viva la
sabiduría de la cultura maya, viviendo en comunidades con normas igualitarias;
en donde la toma de decisiones se construye por debate y consenso en asambleas
comunitarias, que se dirigen por las orientaciones del consejo de ancianos. En
donde todos los trabajos de desarrollo comunitario se realizan colectivamente,
mediante la estrategia del “tequio”, que consiste en el reparto del trabajo
para realizarlo entre todos.
Desde esta perspectiva de organización
social, se puede comprender la esencia del Ejercito Zapatista de Liberación
Nacional (EZLN). Donde las bases zapatistas están orgánicamente constituidas y
dirigidas por un consejo de hombres
experimentados y con una gran
presencia en sus comunidades. Donde se toman las decisiones y directrices de su
movimiento en el pleno de debates y asambleas. Es así, como se ha conformado
toda una filosofía de lucha y resistencia, poco comprendida por aquellos
agentes políticos e intelectuales, por ignorar o no entender la esencia de la
cosmovisión de los pueblos indígenas; En la que ellos están al servicio de la
naturaleza y no ésta, al servicio del hombre. Donde el espíritu de servicio es
la esencia y base de sus relaciones sociales, y que para ganarse el puesto de
consejero, necesitan haber demostrado un alto espíritu de servicio hacia la
comunidad.
LA
IDEOLOGÍA DEL PROYECTO LIBERAL
La inserción de México al modelo económico
y político denominado neoliberal, obedece a la transformación económica mundial
globalizadora, que genera la dependencia económica de los países
subdesarrollados a las economías de las grandes potencias.
México depende directamente y en mayor
grado con respecto a otras economías de mercado, a la estructura económica de
Estados Unidos. De ahí, la obligatoriedad de ingresar al Tratado de Libre
Comercio (TLC). Esto provoca que los pueblos indígenas se rebelen al considerar
que en la escala del oleaje de consecuencias, los más afectados serían ellos.
Como todo proyecto económico, presenta su sustancia ideológica, que de una u otra
manera mediante los aparatos ideológicos, se vierte esta, hasta los pueblos
indígenas.
El neoliberalismo o liberalismo social, se
basa en los principios del capitalismo, con una estructura actual hiper desarrollada, consecuentemente,
proyecta una ideología capitalista de influencia mundial. En estos
términos, se tiene que analizar lo que se comprende como modernización
política, social y cultural.
El
enfoque neoliberal que sustenta el capitalismo mexicano, sugiere la
integración del indígena desde una óptica de etnodesarrollo, respetando la
cultura indígena tradicional, pero introduciendo gradualmente nuevos valores,
mediante un desarrollo capitalista
agroindustrial en sus territorios. Es decir,
respeta su cultura, pero bajo condición de que se sumen al proyecto
económico neoliberal. Este discurso político, conlleva una ideología que el
Estado sustenta. De ahí que promueva estrategias políticas que por un lado,
fomenten la cultura indígena y por otro, trate de modernizar el campo.
El proyecto económico neoliberal necesita
del territorio indígena con todos sus recursos, de esta manera, el indígena
pierde la posibilidad de hacer uso de sus propios recursos conforme a sus
tradiciones y patrones culturales. Con la modernización, se les inventan
necesidades ficticias que lo impulsan a la cultura del consumo, distrayéndolos
de su situación real y facilitando su proletarización. Es en este sentido, que
se reforesta y cuida el campo – aparentando una línea ecológica, pero que tiende a recuperar y proteger los
recursos naturales para incrementar su capacidad de producción.
De esta manera, se prescinde totalmente de
la cultura indígena, de su cosmovisión,
su lógica de economía simple y de sus aspiraciones. El
indígena no es por naturaleza competitivo, su espíritu de economía es de
servicio hacia los demás y no de mercado ni de ganancia.
El auge de los programas educativos y los
sofisticados sistemas de comunicación instalados en zonas indígenas, tienen el
propósito de dotar a los naturales, de un lenguaje que explique la modernidad, utilizando su propia
lengua. Para lograr esto, se publican libros de texto gratuito de educación
básica, traducidos en las diferentes lenguas autóctonas, cuyo contenido
educativo permite que los
indígenas estén preparados para incorporarse
al modelo económico neoliberal. Esta
estrategia es retomada de la experiencia protestante, la de traducir la Biblia
en lenguas indígenas y modifica la posición educativa que el Estado mantenía
con respecto a la educación, en la que
no permitía la traducción de los libros de texto, por considerar que
deberían integrase al castellano como lengua nacional.
Otro punto de reflexión es el especial cuidado que pone la Comisión de
Derechos Humanos, con
relación a los derechos indígenas. En este sentido,
cobra relevancia la participación de las iglesias, tanto de la católica como de
la protestante. La versión oficial es de cuidar que no se viole el derecho que
tiene el pueblo indígena a para integrarse
al proyecto económico. Esta misma política de los derechos indígenas es
apoyada, partiendo del concepto de promoción humana, que busca mejorar la
calidad de vida de los pueblos indígenas, aunque esto, implique su inserción
dentro del proyecto económico que conlleva su proletarización.
3. 1. LAS ESTRATEGIAS IDEOLÓGICAS DEL
NEOLIBERALISMO.
La visión de la
modernidad neoliberal supone un dominio y explotación de la naturaleza y del mismo hombre;
visión que no coincide con la cosmovisión del pueblo indígena, que mantiene una
estrecha relación con sus raíces históricas, con la naturaleza y con su
territorio como hábitat. Es por eso, que manifiesta su rechazo ante esa
concepción moderna del hombre y de la tierra, que considera a ambas, como
mercancía explotable al mejor postor. Afirmando categóricamente, que la ley de
la tierra según sus ancestros, se antepone a la ley del dinero.
Desde los años treinta, se inicia la crisis del
proyecto económico que descansa en la productividad de la hacienda o de la
parcela, dando paso a la producción de electricidad y petróleo donde el
indígena pasa de peón acasillado, a trabajador asalariado. En este contexto el
indígena se relaciona con otros sectores populares, los campesinos y los
obreros del petróleo y electricidad; es así como se inician los pueblos indígenas,
en un proceso de politización; en los que la ideología del Estado, vertida en
los sectores populares, llegó hasta los pueblos indígenas; y donde los partidos
políticos de izquierda y derecha, representaron un papel importante, y las iglesias, accionaron líneas
pastorales, que promovieron las reinvidicaciones sociales.
La intención de modernizar el campo, no es otra
cosa que la de convertir la antigua hacienda en industrias modernas de
producción, donde los recursos naturales en que está asentada, sirvan como
materias primas para la producción. De esta manera, los antiguos patrones o
hacendados se convierten en los nuevos agentes industriales, cuestión que no
les queda muy claro a los
latifundistas; quienes desean continuar con su misma forma de producción;
pero la modernización se impone y los antiguos trabajadores, que en su mayoría
son indígenas, tendrán que aceptar la
transformación de peones acasillados, a trabajadores asalariados.
Desde esa perspectiva, se puede comprender la
reforma al artículo 27 constitucional
que propone el Ejecutivo
Nacional, en cumplimiento de la política neoliberal y acordadas en el Tratado
de Libre Comercio (TLC). Donde se legalizan los latifundios simulados y
legitiman las declaraciones de que ya no hay mas tierras que repartir, facilitando la privatización
de las tierras ejidales y comunales para los latifundistas, preparándolas para
su industrialización.
Para lograr esa añorada industrialización o
modernización del campo, se apropia de
todo un bloque ideológico o
campaña que busca justificar, que tanto el hacendado como el peón, acepten ese concepto de modernización, en el
que, al hacendado le ofrecen capital y
una estructura comercial correspondiente; y al peón acasillado, le ofrecen trabajo y un salario que
supuestamente lo van a sacar de la pobreza. Todo ese capital no puede venir mas
que del extranjero, en concreto de E.U.
él pone el capital y la estructura industrial y el hacendado sus grandes
propiedades territoriales, con todo y
sus recursos naturales; el peón acasillado, su fuerza de trabajo. Por la
realidad del país, este peón es en su mayoría, indígena; los que siguen siendo
despojados de sus tierras, de la que en
algún tiempo histórico, fueron
dueños.
La
cuestión ideológica la
encontramos en el
discurso de que
con esta modernización del campo se pretende salvar
de la pobreza al país; pero que en
términos reales se sujeta a las condiciones del “libre mercado”, propuestas en
un acuerdo y cuyo objetivo fundamental, es el de fortalecer un bloque económico
que salve la propia economía del país líder y que es precisamente norteamérica,
y se proteja del creciente poder económico europeo y de la cada vez más factible invasión comercial china y japonesa;
a través de la homologación (cierre de
fronteras para otros), y de la utilización de la fuerza de trabajo barata que
ofrecen los pueblos latinoamericanos en su conjunto y el pueblo indígena en
particular.
CONCLUSIONES
El objeto de este ensayo, es el de trabajar la
ideología como un factor condicionante en el desarrollo del conflicto en los
Altos de Chiapas. Donde confluyen tres instancias ideológicas con sus aparatos
correspondientes: el Estado, el trabajo de la iglesia católica y de la iglesia
protestante dentro de las comunidades indígenas. La religión como esencia misma
de la ideología y que inculcada en la conciencia indígena por medio de agentes
conocidos como catequistas o pastores religiosos, ha sido uno de los factores
que en ciertos momentos, se ha adherido
a la cosmovisión indígena y en
otros, a la ideología del estado.
A partir de esta idea, se pueden esbozar algunas
líneas o pautas propositivas que
retomen la cosmovisión indígena, para comprender los problemas y necesidades de
los Altos de Chiapas. Para esto es necesario, delimitar nuestra relativa
independencia nacional y frenar la velada intervención de E.U. Proponiendo un
nuevo proyecto estatal, que no ignore los procesos históricos que han forjado
al pueblo indígena. Reconociendo a las comunidades como colectividades
históricas multietnicas y
pluriculturales. Desde este enfoque, la unidad estatal deja de ser una
unidad mecánica que pretende descansar en la uniformidad y se plantee como unidad orgánica que integra
sectores diferentes, cada uno de los cuales tenga el derecho real, de manejarse
por sí mismos dentro de la unidad del plan estatal que los agrupe a todos y en
torno al cual, comparten ciertos propósitos e intereses comunes. Esta será una
unidad estatal más fuerte, real y promisoria, que la unidad que se concibe como
la uniformidad que niega la existencia y el derecho de los grupos, que se
apartan del modelo aceptado.
Las sociedades locales de escala relativamente
menor: aldeas indígenas, comunidades campesinas, pueblos y barrios, son los
sistemas sociales que han hecho posible la continuidad de nuestra historia. Es
en su seno donde se reactiva y se vive cotidianamente la identidad y donde se
conservan las matrices culturales que nos identifican. Si esto es así, se
derivan dos líneas complementarias de acción dentro del proyecto estatal
pluricultural y multiétnico: por un lado, es indispensable reconocer y reforzar
a las comunidades locales, como las células constitutivas fundamentales en la
organización del Estado; por la otra,
es necesario generar las condiciones que permitan construir desde la
cosmovisión de esas mismas comunidades, los niveles de organización social
política y cultural que hagan posible su desarrollo de manera independiente,
sin perder la identidad nacional.
En la medida en que las comunidades recuperen el
control de su cultura, dispondrán de mejores y más poderosos recursos para
eliminar intereses que les han sido impuestos históricamente y que resultan
ajenos y contrarios a su propio proyecto y que provocaron la desintegración de
sus unidades de producción. Uno de los proyectos claves de esa tarea, será la
capacitación amplia e intensiva de nuevos actores comunitarios, que estén en
condiciones de hacer uso de las oportunidades que le ofrece la cosmovisión
indígena en todos los aspectos, político, social, económico y cultural; pero
sin que estos agentes comunitarios, se desarraiguen de su propia cosmovisión.
Deberán formarse para la revaloración de su cultura histórica, facilitando la
apropiación crítica de aquellos elementos culturales ajenos, pero que pueden
ser de utilidad para desarrollar cualitativamente su cultura. Se trata de
diluir la resistencia a la modernidad sin dejar de ser críticos,
interpretándola y reinterpretándola, desde las realidades que presentan las
comunidades indígenas. El Plan Estatal de gobierno pluricultural y multiétnico,
debe retomar desde este enfoque, el hilo de la historia suspendida
temporalmente por la dominación colonial y favorecer en las condiciones que
imponen los albores del siglo XXI, para la reconstrucción de los pueblos
indígenas sin soslayar su lucha de
liberación.
La
posible superación de la lucha en Chiapas, es en primer lugar, avanzar hacia
una estructura jurídica estatal en la que no haya necesidad de una ideología
que tenga que justificar una situación social denigrante. Solo así desaparecerá
el conflicto entre la ideología de la sociedad que proclama la bondad de esa
situación social. Toda ideología es justificación de una explotación.
En
segundo lugar, avanzar hacia la independencia nacional (obviamente en su
carácter relativo). La actual apertura económica nos ubica en una posición de
desventaja, ya que toda posible dependencia económica, trae como consecuencia y
directamente proporcional, la subordinación en el aspecto ideológico. En la apertura
comercial de libre competencia, nos hemos convertido en el campo de batalla de
dos potencias económicas mundiales, que en su expansión invasión, reflejan en
sus ideologías: por parte del bloque económico norteamericano: tenemos la
ideología protestante y su tecnología propia de ese sistema; así mismo, por el otro lado, el bloque europeo que
aprovecha el espacio conquistado en la historia de México, a través del
catolicismo. De esta manera, en Chiapas encontramos ideologías que se corresponden con: a). - El bloque norteamericano, b). - El bloque europeo, c).
- El Estado y, d). - La realidad indígena.
Los cuerpos jurídicos históricamente, han
tenido como finalidad específica la justificación casuística de determinados
órdenes materiales de cosas, basados en la desigualdad social y la
protección legal de los intereses
económicos de las clases dominantes. El derecho romano tiene muy poco que ver
con una igualdad real de derechos, y en cambio, es una urdimbre legal para
proteger la propiedad territorial, base de la riqueza romana; era un derecho,
por lo demás, que justificaba expresamente la explotación de unas clases por
otras. Tenía que hacerlo ideológicamente así, ya que se trataba de una economía
basada en el trabajo esclavo.
Precisamente por ello nunca fue tan hipócrita como el derecho capitalista
correspondiente a una sociedad, cuya riqueza proviene del trabajo asalariado,
del obrero “libre”. Pues consagra el salario como una forma de pago al trabajo
del obrero, cuando en realidad el salario paga tan solo una parte, la necesaria
para la subsistencia mínima de la fuerza de trabajo.
No es la ideología la que produce, reproduce y sostiene a la
estructura socioeconómica, es la estructura socioeconómica la que produce,
reproduce y sostiene a la ideología; este es el meollo de la lucha en Chiapas,
que proviene de la imposición de ideologías importadas, en desacuerdo con la
estructura socioeconómica local y que, además, es simbólica para latinoamérica.
En el
caso de Guatemala, católicos y protestantes arrasaron el territorio;
provocando diversas reacciones en la
conducta de sus habitantes, contrarias e inclusive, hastiados de tanta
confrontación de conceptos enajenantes, crearon éstos, una tercera opción: un
bloque de conceptos ideológicos que incluyen en lo que llaman “Iglesia Maya”.
En ella rescatan sus practicas y
representaciones ancestrales. En función de que en ella encuentran
identificación con su identidad, con sus creencias más arraigadas, mismas que
no han podido eliminar los 500 años de dominación e invasión cultural, porque
no corresponde con su realidad histórica anterior ni actual. De esta condición
surge la nueva alternativa que excede en mucho el contexto religioso, y los
ubica en su propio territorio, en donde
ellos se consideran los protagonistas de su propia historia, no tienen que trasladarse imaginariamente a
países extraños, por cierto poderosos, de donde son importadas esas
interpretaciones de la realidad. Esto los identifica y los une, pero no deja de
ser una ideología un poco más objetiva que las anteriores; un poco más a la
condición de sujetos y no la de objetos como pretenden los expansionistas
extranjeros.
En México ocurre algo similar, ante el
extraño y aplastante mundo que impone la modernidad, que no es la nuestra, las
juventudes semicríticas buscan no ser objeto de ideologías e intereses
extranjeros, recurren a valores de extracción nacional que antes se presentaban
como abstractos de una historia oficial, pero que ahora van más allá, tratan de
encarnarlos en la propia realidad del país, rebasando la instancia ideológica,
que pareciera escaparse del control del Estado. Chiapas, como una parte de ese
concepto de país que es México, se propone como punto de partida para
reestructurar inductivamente esos valores.
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