Notas sobre la lucha por el voto y la representación política de las y los mexicanos en el exterior
Primitivo Rodríguez Oceguera
1 de octubre del 2001
El derecho al voto y a la representación política de las mexicanas y mexicanos residentes en el extranjero, particularmente en Estados Unidos, donde viven alrededor de 9 millones de personas nacidas en México, es un tema de capital importancia para el pueblo y la nación mexicana sin fronteras. La lucha por el ejercicio de los derechos políticos en el exterior está ligada a la plena transformación democrática de México, así como a la puesta en práctica en el terreno de la política de realidades como pertenencia, ciudadanía, y comunidades transnacionales. También, esta lucha se apoya en el reconocimiento a derechos establecidos por instrumentos jurídicos internacionales que van desde la Declaración Universal de los Derechos Humanos (l948) y su correspondiente Convención Americana de Derechos Humanos (entra en vigor en l978), hasta el documento de mayor relevancia para las y los migrantes, la Convención Internacional sobre la Protección de los Derechos de Todos los Trabajadores Migratorios y de sus Familiares (aprobada por el Senado mexicano en l998).
Al igual que la lucha por la democracia, el movimiento a favor del voto y la representación política en el exterior tiene valiosos antecedentes históricos, y desde luego, un carácter plural en cuanto a filiaciones y simpatías partidistas o simplemente cívicas y ciudadanas. Es por lo mismo un movimiento que sin dejar de reconocer el mérito de personas, grupos, organizaciones y partidos en ambos lados de las fronteras, toma su fuerza y legitimidad en la demanda central y compartida: hacer efectivos el derecho al voto y a la representación política, más allá de las diferencias de visión, estrategia y programa de acción:
En este sentido, todos los esfuerzos e iniciativas, partidistas o no, para lograr ese objetivo son bienvenidos, pues la lucha por la completa transformación democrática de México comienza con la aceptación de la pluralidad de quienes la llevan a cabo. No hay un camino, una estrategia o un plan de acción, sino múltiples. En todo caso, seguirán ganando un lugar especial quienes contribuyan con mayor lucidez y aceptación de las diferencias al reconocimiento pleno de la dignidad y derechos políticos del pueblo mexicano en el extranjero. En el mismo sentido, son legítimas y valiosas las aspiraciones de personas, grupos y partidos por ganar presencia y representación políticas, como lo es por igual el anhelo simple y básico de ciudadanas y ciudadanos en el exterior de ver reconocidos sus derechos. Esta lucha no tiene un padre o una madre, una u un guía, ni tampoco un ganador o ganadora. El movimiento y su victoria son de todas y todos los que en su diversidad contribuyeron a hacerlos realidad desde hace décadas, años, meses o algunos días. Parafraseando a León Felipe podríamos decir que no llegaremos a la meta apresurados y solos, sino con todas y todos, y a tiempo.
Las siguientes notas buscan ser una contribución a lo dicho anteriormente.
1 – Legado
histórico.
La demanda del voto de las y los mexicanos en el exterior tiene un inicio claro al final de los años veinte del siglo pasado. La Revolución Mexicana originó un éxodo masivo de personas a Estados Unidos, y junto con ellas, de un buen número de dirigentes políticos y militares que se exilaron por voluntad propia o por la fuerza. Desde antes de l910 y de entonces a la década de los 40, Estados Unidos registró un importante movimiento político de mexicanas y mexicanos que buscaban influir en los acontecimientos que tenían lugar en su país, incluyendo la elección de gobernantes.
2 – Renacimiento.
Una vez que la Revolución Mexicana abandona las armas y se institucionaliza, desaparece prácticamente la demanda del derecho al voto en el extranjero. Con todo, la efervescencia política que décadas después causó en ambos lados de la frontera la elección presidencial de l988, renovó el movimiento por los derechos políticos de quienes residían en el exterior. La experiencia del pasado sumada a múltiples formas de organización de la población migrante –sindicales, comunitarias, cívicas, empresariales, artísticas, estudiantiles, académicas, religiosas y partidistas- ofrecieron la base social de arranque y apoyo a esta nueva fase de la lucha por los derechos políticos. La relación con organizaciones similares en México contribuyó a darle más relevancia y presencia al movimiento. En esta ocasión, la demanda por democracia y derechos plenos generó una incontenible fuerza transnacional que pese a serios obstáculos ha ganado importantes batallas y está por lograr una victoria definitiva con la reglamentación del derecho al voto y la representación política del pueblo mexicano en el exterior a nivel federal, estatal y municipal.
3 – Sumar en la democracia y el respeto a la pluralidad.
Para lograr lo anterior, será necesario poner en acción a las y los migrantes organizados, a fin de que el objetivo principal de su lucha siga ganando simpatía y apoyo dentro de la comunidad migrante en su conjunto, y entre dirigentes y sectores clave de la población méxico-estadounidense y del resto del pueblo norteamericano. La combinación de ese movimiento en Estados Unidos con el correspondiente en México y de migrantes en otras partes del mundo estaría dirigido a lograr con la prontitud y claridad necesarias el ejercicio del voto y la representación política.
4 – Segundo piso de consensos.
Sin embargo, existiendo un consenso general en ambos lados de las fronteras sobre la necesidad y justeza de reconocer los derechos políticos de las y los mexicanos en el exterior, persisten entre influyentes grupos de juristas, intelectuales, dirigentes políticos, legisladoras y legisladores, y gobernantes diferencias al respecto de cómo y cuándo hacerlo. Por ello, sería necesario establecer un segundo nivel o piso de consensos que den mayor unidad y fuerza al movimiento. En términos generales, estos consensos podrían ser los que sirvan para lograr el objetivo y, a la vez, para responder a los temores y objeciones. Entre los consensos del segundo piso estarían, por ejemplo, que el reconocimiento pleno y la puesta en práctica de los derechos políticos de las y los mexicanos en el exterior contribuirá a fortalecer, no a debilitar, los avances en limpieza y certeza del sistema y procesos electorales; a consolidar, no a diluir, la soberanía del pueblo y de la nación; a elevar, no a disminuir, la dignidad, identidad, pertenencia y ciudadanía de las mexicanas y mexicanos dondequiera que se encuentren; a clarificar, no a oscurecer, el sentido y mandato de la Constitución y del derecho internacional; a multiplicar, no a restar, los campos del entendimiento y la cooperación de México con Estados Unidos y otras naciones del mundo.
5 – Convencer con los hechos.
A las mexicanas y mexicanos en el exterior y a los grupos, organizaciones y movimientos que han generado tocará, como en otros tiempos, la mayor responsabilidad y madurez para convencer y poner de su lado a quienes sustentan legítimos temores y dudas. El movimiento a favor de los derechos políticos del pueblo mexicano en el exterior tendrá como mejor argumento probar en su desarrollo y práctica que no hay motivos para preocuparse, sino por el contrario, múltiples razones para felicitarse y llenarse de orgullo.
6 - El pueblo mexicano de la
globalidad.
Es probable que no exista hoy en el mundo un pueblo fuera de las fronteras geográficas de su país tan numeroso, aferrado a sus raíces y recreador de las mismas, como el mexicano. Esta realidad es una expresión fundacional y complementaria de “la raza cósmica.” Pueblo que nace y se desarrolla en lucha constante por reconocerse como pueblo sin fronteras de ninguna especie. Pueblo que descubre en cada etapa de su historia de lucha que la dignidad humana está más allá de razas, etnias, ideologías, religiones y culturas, justamente al ser por naturaleza un pueblo de la pluralidad, en la pluralidad y para la pluralidad.
Pueblo que con sus grandes cuotas de dolor y explotación, y por ello mismo, con sus admirables luchas y victorias de ayer y hoy, ha enfrentado el mayor de los retos: hacer valer la justicia, la dignidad y los derechos para todas y todos, y en todas partes, sin distingos de ninguna especie, y mucho menos de raza, etnia y clase. Pueblo, entonces, nacido para alcanzar en la justicia y la democracia la convivencia de los distintos y el aprecio por quienes son diferentes. Pueblo, en fin, migrante a través de las fronteras de toda índole y por ello pueblo transnacional y pueblo universal para el cual la sangre y savia de América y del resto de los continentes no le son ajenas. Pueblo, en consecuencia, hermano y solidario de todos los pueblos de la tierra. Pueblo para la paz, el desarrollo y la fraternidad global.
Primitivo Rodríguez Oceguera correo: prodriguezo@yahoo.com.mx