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EVALUACIÓN
DEL PROGRAMA DE MAESTRÍA EN TECNOLOGÍA EDUCATIVA
EN
EL CUAL SE FORMA EL PERSONAL DEL INSTITUTO MEXICANO DE TECNOLOGÍA DEL AGUA
(IMTA)
AUTOR: OFELIA ALEJANDRINA
RUIZ GÓMEZ
CONTENIDO
INTRODUCCIÓN
CAPÍTULO I ANTECEDENTES, JUSTIFICACIÓN SOCIAL Y
DEFINICIÓN DEL PROBLEMA
I.1 Antecedentes
I.1.1 Consideraciones y antecedentes de la
evaluación de la educación superior en México
I.1.2 La evaluación del posgrado en el IMTA
a)
Objetivos del IMTA
b) Programa de Becas
I.2 Justificación social
I.3 Definición del problema
CAPITULO II FUNDAMENTOS
II.1 El posgrado en el contexto del país.
II.1.1 La industrialización con dependencia
tecnológica
II.1.2 El Posgrado
II.2 Modelos teórico-metodológicos en el campo de
la evaluación
II.2.1 Modelos cuantitativos
a ) Génesis del término evaluación
b) La evaluación como
acreditación escolar
II.2.2 La evaluación de los procesos
II.2.3 Modelos alternativos
II.3 Evaluación de la Maestría en Tecnología
Educativas en la cual se forma personal del IMTA
II.3.1 Perspectiva teórico-metodológica
II.3.2 El plan de estudios
I ANTECEDENTES
1.1 Consideraciones y antecedentes de la evaluación
de la educación superior en México
1.1.1
Evaluación del posgrado
1.1.2
La evaluación del posgrado en nuestro país, se ha
realizado casi en su totalidad desde la perspectiva institucional. Y es
indudable que los procesos de evaluación que se llevaron a cabo en estas dos
últimas décadas han tenido como resultado la obtención de información
cuantitativa importante. En lo que respecta al posgrado, se cuenta con
estadísticas sobre: matrícula, demanda o tendencias por el área de
conocimiento, matrícula según el sexo y matrícula según el régimen público o
particular.
Algunos trabajos que mantienen esta línea
metodológica en el nivel de posgrado son: Proyecto de la maestría que ofrece la
ENEP Iztacala de la UNAM (Tirado y Nieto, 1991; Llamusas E. et al., 1989); en
el Doctorado que ofrece la UNAM (Meza, S.E. et al., 1989); para la maestría en
la Facultad de Química, también de la UNAM (Gómez Lara, 1989); en el posgrado
que imparte la Universidad de Nuevo León (Rodríguez Quintanilla, M.A., 1991); y
para los posgrados que enseñan en el colegio de Ciencias y Humanidades de la
UNAM (Del Amo, R. 1990).
No obstante, además de la información estadística,
se considera necesario conocer la calidad con la que se han efectuado estas
prácticas formativas.
I.1.2 La evaluación del posgrado en el Instituto
Mexicano de Tecnología del Agua (IMTA)
a)
Los objetivos generales del IMTA
Los objetivos del Instituto Mexicano de Tecnología
del Agua los podemos ver en forma resumida en los siguientes dos párrafos:
"México requiere de un esfuerzo tecnológico
sustancial para avanzar hacia la solución de problemas a que se enfrenta el uso
y aprovechamiento racional del agua. Es necesario disponer de la tecnología
adecuada para satisfacer las demandas de la sociedad por evitar el desperdicio
del agua y la degradación de su calidad en las áreas rurales y urbanas, tanto
en los grandes sistemas hidráulicos como en el uso individual. El Instituto
Mexicano de Tecnología del Agua, fue concebido para trabajar en estos objetivos
y coordinar el trabajo que se lleva a cabo en esta materia, en universidades,
centros de investigación y otras instituciones de México y del extranjero".
"Los esfuerzos del IMTA se concentran en
modernizar la tecnología disponible para resolver problemas tradicionales del
sector hidráulico, así como aspectos técnicos relevantes nuevos. El IMTA se
enfrenta a estos problemas (uso y aprovechamiento racional del agua) por medio
de enfoques multi e interdisciplinarios. En la mayoría de las veces, la
tecnología disponible debe adaptarse, mejorarse y transferirse, mientras que en
otros casos es preciso desarrollar una nueva".
Para lograr sus objetivos, el Instituto cuenta con
personal formado en diferentes áreas. "Durante 1993 la plantilla del IMTA
fue de 447 plazas activas, integradas por 60 mandos medios y superiores, 269
especialistas en hidráulica y 118 personas de tabulador general. De los 269 especialistas
en diversas disciplinas del agua, 150 tienen estudios de posgrado (15 con
especialidad, 107 maestrías y 28 doctorados)".
Asimismo, el IMTA cuenta con un programa de becas
para su personal, a través del cual ha proporcionado ayuda para la realización
de estudios de posgrado, específicamente de maestría. Sin embargo, a partir de
1992 con el establecimiento de la División de Estudios de Posgrado de la
Universidad Nacional Autónoma de México (DEPFI-UNAM) campus Morelos, en las
propias instalaciones del IMTA, se incrementa considerablemente el número de
trabajadores que inician estudios de maestría en las áreas de: Ingeniería
Hidráulica (18 alumnos en 1993) e Ingeniería Ambiental (siete alumnos).
Durante 1994 mediante un convenio, la Universidad
La Salle ofrece su programa de Maestría en Administración/Gestión Certificación
de la Calidad, en la cual se inscriben 17 trabajadores del IMTA.
Durante ese año, se inscribieron siete trabajadores
más en la Maestría en Sistemas de Información y Ciencias de la Computación del
Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey (ITESM) campus
Morelos; y en éste mismo Instituto tres trabajadores ingresaron a la Maestría
en Administración.
También en 1994, por medio de un convenio entre el
IMTA y el Instituto Latinoamericano de la Comunicación Educativa (ILCE), este
ofrece su maestría en Tecnología Educativa, en la que doce trabajadores más
acuden al curso de prerrequisitos.
b) El programa de becas
En sus inicios, en 1989, el programa de becas del
IMTA ofreció apoyo para que los trabajadores que lo necesitaran, y cubrieran
los requisitos, pudieran realizar estudios de posgrado.
La beca de tiempo completo fue la primera versión
en este sentido. Esta beca consistió en los siguientes pasos y condiciones:
·
Solicitud por parte del interesado, presentando la documentación
indispensable.
·
La solicitud es enviada al Consejo, y si es aceptada, se le avisa al
solicitante.
·
Una vez enterado de su aceptación, el solicitante firma su renuncia como
trabajador del IMTA.
·
El becario recibe mensualmente el monto equivalente al salario que
recibía antes de solicitar la beca.
·
Una vez terminados sus estudios regresa al IMTA, el cual lo contrata
nuevamente.
Bajo esta modalidad se han formado 20 trabajadores,
reingresando a la institución 15 personas.
Actualmente, la beca completa ya no se otorga, la
sustituye una beca que consiste en: pago de inscripción y colegiatura, y tiempo
laboral de diez horas semanales (permiso para asistir a clases en horas de
trabajo).
En dicha modalidad, se forman hoy en día, a 143
trabajadores del IMTA mediante nueve programas de maestría que ofrecen seis
instituciones de educación superior y un instituto
I.2 Justificación
I.2.1 El posgrado en el contexto del país
La industrialización con dependencia tecnológica:
La caída del mercado mundial para las exportaciones
mexicanas debida al final de la Segunda Guerra Mundial y la reconstrucción de
Europa y Japón, creó las condiciones para que nuestro país buscara la
continuación de un desarrollo industrial en el mercado interno. Este desarrollo
hacia adentro protegería a la planta productiva de los movimientos adversos del
mercado externo y crearía las condiciones para su desarrollo económico con
impulsos endógenos.
La producción de manufacturas y algunos bienes de
capital en el país requirieron de una fuerte concentración de ingresos que
generaron los excedentes de ahorro necesarios para la inversión, así como la
importación de todo tipo de conocimiento científico, tecnológico y técnico, ya
fuera en forma de inversión extranjera directa (empresas transnacionales que
traían físicamente sus plantas) como de adquisiciones a crédito o al contado de
ciencia y tecnología extranjeras, y de un Estado protector y subsidiario de la
formación privada de capital.
Esos requerimientos hicieron que se formara un
aparato productivo y distributivo heterogéneo, cuyas diferencias alcanzan
niveles abismales.
Junto a los conglomerados y consorcios nacionales
altamente competitivos que lograron exportar bienes y servicios, e incluso
tecnología, se formó una serie de grandes, medianas y pequeñas empresas poco
preocupadas por la eficiencia productiva y con una dependencia simbiótica del
estado. De igual forma se impulsó la creación de empresas públicas que
desarrollaran y apoyaran el surgimiento de tecnologías para el desarrollo del
aparato productivo público y privado, las cuales, en algunos casos, fueron y
son competitivas en el exterior.
En estas condiciones, el sector privado necesitaba
poco de profesionales altamente capacitados. La demanda de posgraduados del
nivel más alto (doctorado) era escasa, aunque el sector público impulsó la
formación de posgraduados fundamentalmente en instituciones de educación
superior extranjeras y su incorporación a dicho sector.
La educación superior, que formaba mayoritariamente
profesionistas para el ejercicio libre de una profesión, se vio enfrentada al
reclamo de formar profesionistas y técnicos capaces de interpretar las
características y formas de funcionamiento de bienes de capital y tecnología
extranjera, para servir de promotores o agentes de ventas. La modernización de
la educación superior fue de nueva cuenta la dirección que exigían los términos
del desarrollo industrial.
La división internacional del trabajo había
cambiado. Los países industrializados ahora requerían de los países como
México, más materias primas baratas, un mercado para la expansión de
inversiones, y un cliente para los bienes de capital y tecnología a fin de
producir manufacturas ligeras, que eran la base del crecimiento de aquellos
países.
La expansión del mercado de dinero en el ámbito
internacional permitió que México emprendiera con cierta autonomía proyectos de
inversión con financiamiento externo que ya no requerían del traslado de
plantas completas. Se desarrolla así la producción de motores, papelería y
calderas, lo que señala el inicio de la producción de bienes de capital, cuyo
desarrollo quedó inconcluso.
En esta fase se fortalecieron y crearon centros e
institutos de investigación, se crearon nuevas instituciones cuyo objetivo
fundamental era impulsar programas de posgrado y de investigación para que los
promotores tuvieran además la capacidad de entender y ejecutar las especificaciones
tecnológicas que marcaban la nueva opción industrializadora.
I.1.2 El posgrado
El posgrado como alta capacitación, tenía el
sentido de extrapolación de los estudios de licenciatura para cubrir las
deficiencias y ampliar algunos contenidos; de ahí que proliferaron, además de
los posgraduados en el extranjero, los posgraduados en programas nacionales.
La alta calificación de los profesionistas sirvió
para reforzar a las universidades y los programas de expansión tanto del
gobierno federal como de las empresas públicas, y su ubicación en la industria
fue escasa. Este indicador revela que la estructura y funcionamiento del
aparato productivo y en especial de la industria no requerían, en la mayoría de
los casos, de posgraduados.
En las ramas industriales predominaba la presencia
de pequeñas y medianas empresas que no tenían capacidad individual para
contratar los servicios de científicos, y las grandes empresas no tenían
necesidad de innovar y crear tecnología, ya fuese porque tenían traductores que
les resolvían sus necesidades, o por tratarse de empresas transnacionales que
recibían de sus matrices todo el apoyo tecnológico que requerían.
Así, los graduados en el país y en el extranjero no
encontraban la infraestructura indispensable para poder poner en práctica en la
industria su alta especialización, por lo que se ubicaron y en muchos de los
casos se refugiaron en las IES, que buscaban iniciar o ampliar investigaciones
y postgrados, así como en los programa gubernamentales que contaban con el
fuerte financiamiento vía deuda externa y que giraban en torno a la expansión
de la plataforma petrolera.
La década de los ochenta se inicia con un revés
para la economía y con una gran lección histórica: la caída del mercado
petrolero y la restricción del mercado mundial del dinero.
El auge que nos diera excedente petrolero permitirá
hacer frente al endeudamiento que financió tanto los proyectos de inversión
petrolera como a otras inversiones del sector público.
Pero el incentivo que recibimos para incrementar la
producción de energéticos y con ella penetrar en el mercado mundial petrolero
(especialmente Estados Unidos) fue otorgado también a otros países, que al
igual que México llegaron al mercado internacional y lo inundaron haciendo caer
estrepitosamente el precio del crudo; ello trajo consigo la caída del mercado
del dinero, donde se contrajo la oferta de créditos antes abundantes y se
incrementaron fuertemente las tasas de interés, golpeando a los prestatarios
que como México había contratado a tasas flotantes, porque el crédito era
barato. El crecimiento del país se enfrentó en una doble restricción, por un
lado no contar con excedentes petroleros y por el otro no contar con el
expediente de la deuda externa para financiarse.
Este revés dio a México una lección dolorosa,
responder de manera mecánica al mercado externo y no contemplar en la
planeación económica la alternativa pesimista de qué hacer si las exportaciones
no se mantienen, tiene costos sociales, económicos y políticos muy elevados
para el funcionamiento y legitimidad del sistema y, con ellos, también para el
Estado y los trabajadores que pagan la parte más cara con reducción salarial y
desempleo.
El déficit en la balanza comercial estadounidense,
la contracción de los mercados en países como México y el desempleo que se
presenta en los países industrializados cambia en esta época las condiciones
para la expansión vía industrialización y replantean de nuevo la división
internacional del trabajo.
Sin embargo, los países industrializados requieren
ahora, además del mercado para sus manufacturas y bienes de capital avanzados,
clientes para los servicios postindustriales en los que se fundamentan sus
posibilidades de expansión.
Un sector manufacturero vigoroso y con alto grado
de competitividad en los países subdesarrollados requiere telecomunicaciones,
microelectrónica y, en general, de la tecnología de la nueva revolución
industrial.
La estrategia tecnológica actual de imitación y
asimilación de tecnologías con complejidad media incluye a ramas productivas
como prendas de vestir, hilados y tejidos, cuero y calzado, entre otras. En
estas ramas se tiene competitividad en precio, puesto que se produce más barato
que en el exterior.
Así pues, respondemos a las necesidades de expansión
de los países industrializados buscando imitar y absorber sus tecnologías,
convirtiéndose en un mercado amplio para sus necesidades de venta, a la vez que
fortalecemos la competencia vía precios al incrementar la exportación de
manufactura estandarizada con lo cual los precios se verán presionados a la
baja.
Este interés por la conquista del mercado exterior,
inspirado en la estrategia de imitación-asimilación de tecnologías, crea
imperativos en el tipo y número de profesionistas graduados y posgraduados que
ahora deben formarse, imperativos que son planteados a las IES como camino
ineludible.
Siguiendo esta inercia sólo resta formar el tipo de
profesionistas que el viraje hacia la exportación de manufacturas necesita,
impulsar y modificar los postgrados para que proporcionen la alta capacitación
en áreas específicas acordes con los cambios en el aparato productivo, son las
estrategias que marcan el rumbo del quehacer académico.
Crear nuevos postgrados que apoyen el comercio
exterior, reorientar los ya existentes para que den mayor especialización.
Formar los recursos humanos con la actualización que la modernización del
aparato productivo y la nueva forma de penetración transnacional requieren.
Trasladado al terreno de la educación, esto significa
que se modifiquen las curriculas de los postgrados para que den elementos
mínimos en áreas básicas del conocimiento científico y se amplíen los espacios
para las áreas de especialización en campos que demanda el actual mercado de
trabajo.
Se plantea que hay un desfase entre la educación y
los requisitos sociales y productivos. La universidad tradicional se está
trasformando hacia la universidad moderna. En este proceso nos encontramos
actualmente, pero se necesita -desde esta perspectiva- acelerar la creación de
condiciones para que se consolide este nuevo modelo de universidad.
Sin embargo, diferimos de quienes impulsan esta
postura optimista de desarrollo industrial dependiente. Estamos de acuerdo con
quienes defienden la idea de que "dejar la tarea de especialización
específica totalmente en manos de la universidad, además de que desvirtúa su
esencia, la pondría en condiciones inadecuadas para enfrentar esta tarea que
corresponde y debe pagar la industria".
Sostenemos la idea de un desarrollo científico
endógeno que impulse la formación básica de profesionistas e investigadores. La
estructuración curricular desde este punto de vista, pondrá mayor énfasis en
las áreas básicas del conocimiento científico y dedicará menos espacio a las
áreas de especialización general. Si se quiere generar posgraduados con
capacidad de adaptarse a los cambios en el aparato productivo, sobre una base
amplia y profunda es fácil recibir en poco tiempo, la capacitación para el
campo específico del trabajo donde se ubicarán estos posgraduados, calidad
académica y beneficio social serían las metas.
I.3 Definición del problema
La evaluación de los estudios de maestría ocupa un
lugar preponderante en la política actual de la mayoría de las IES, sin
embargo, de acuerdo al contexto de crisis actual de nuestro país, requerimos
aproximarnos a estas prácticas dando cuenta de la calidad de estos procesos
para el uso eficiente de los recursos.
A partir de 1992 el IMTA ha destinado, más
intensamente, recursos para la superación de su personal en el nivel de
posgrado. Resulta un problema para esta institución, no conocer cuáles son los
avances, no sólo de tipo cuantitativo como son los cuadros de cifras y montos,
sino también los elementos de índole cualitativa, que constituyen un análisis
de la dinámica interna de los procesos educativos que dé cuenta de la calidad
con que se forma al personal del IMTA en este nivel.
II FUNDAMENTOS
II.1 La Evaluación Curricular en México
II.1.1 Modelos cuantitativos de evaluación
Los primeros esfuerzos para evaluar la educación
superior en nuestro país se presentan como ejercicios aislados al interior de
algunas casas de estudio. La naturaleza de dichas evaluaciones es diversa, ya
que comprende, desde diagnósticos institucionales específicos, hasta
pronósticos de demanda y crecimiento, así como estudios para la certificación
internacional, en el caso de algunas instituciones privadas.
En la década de los setenta encontramos los
primeros antecedentes de una evaluación institucional de la educación superior
mexicana. En la reunión de la ANUIES efectuada en 1970 en Hermosillo, se
presentó un diagnóstico preliminar de la educación superior en México se
revisaron los siguientes problemas:
a) La falta de recursos
b) El aumento de la población estudiantil
En 1976 la ANUIES publicó el libro La educación
superior en México que proporciona un diagnóstico de la evolución de este
sistema educativo, el cual se ha enriquecido con otros trabajos elaborados por
ANUIES.
El enfoque utilizado en estas experiencias se basó
en modelos de autoestudio. Algunas características que compartieron estos
estudios son las siguientes:
a) Son modelos institucionales que integran, bajo
un mismo concepto actividades que con anterioridad se realizaban de manera
aislada, diagnóstico, programación, evaluación.
b) El objeto de estudio era diagnosticar el estado
de desarrollo de las funciones universitarias, para posteriormente programar
cambios.
En la década de los ochenta se intensificaron los
esfuerzos dirigidos a la evaluación de la educación superior, a principios de
esta década se diseñó un modelo de evaluación, que debería contribuir a
solucionar los problemas que se habían agudizado desde la década anterior,
tales como: la asignación de recursos y mejoramiento de la calidad del servicio
educativo.
La aplicación del modelo enfrentó una realidad
organizativa de las IES que no había sido prevista. El modelo se caracterizaba
porque las IES no estaban en posibilidades de desarrollar un sistema de
información estadística y los criterios de evaluación y sus correspondientes
indicadores no eran aplicables de manera homogénea. Más aún, muchos de los
problemas de la calidad educativa no tenían referentes claramente definidos en
cuanto a los criterios e indicadores del modelo.
A pesar de lo anterior el modelo de la ANUIES se
aplicó a mediados de esta década en siete IES autónomas que presentaban
deferentes características en cuanto a su situación y desarrollo.
Esta postura se centra en el discurso de la
tecnología educativa de corte técnico y eficientista. Se pretende validar y
legitimar de manera científica las decisiones que se tomen con relación a la
evaluación.
En lo metodológico se sigue el rigor de la
objetividad, descartando todo lo que no puede ser observable, por lo que se
deja de lado la posibilidad de realizar otro tipo de análisis sobre el objeto a
evaluar.
El enfoque cuantitativo se centra fundamentalmente
en la medición y comparación con criterios y estándares previamente establecidos.
Las conclusiones generales a las que llegaron las
instituciones participantes en esta experiencia hacen referencia a lo
siguiente:
·
Todas las IES consideraron que, si bien algunos indicadores eran de
utilidad, no todos eran aplicables a sus condiciones específicas.
·
Todas coincidieron en que la aplicación de un modelo de tal tipo
requería de técnicas instrumentales sofisticadas que no estaban en
posibilidades de conseguir.
·
Todas señalaron la carencia de información suficiente para darle contenido
a cada uno de los indicadores. Tres IES indicaron que dicha información no les
era útil para sus formas particulares de hacer planeación.
·
Todas coincidieron en adecuar los procesos de evaluación en sus
circunstancias políticas.
Con los resultados anteriores, la ANUIES empezó a
idear una nueva aproximación a la promoción y desarrollo de los procesos de
evaluación, la cual se incorporó a las propuestas del Programa Integral para
Desarrollo de la Educación Superior (PROIDES) aprobado en 1986 en la XXII
Reunión Ordinaria de la Asamblea General de la ANUIES, efectuada en la ciudad
de Manzanillo, Colima.
La diferencia con modelos aplicados anteriormente
radicó en la concepción misma de la evaluación. En vista de los resultados se
concibió la evaluación como un proceso y no sólo como una mera aplicación de
categorías metodológicas así, la autoevaluación se definió como:
Un proceso técnico y político generado desde el
interior de las instituciones como respuesta a necesidades de mejoramiento de
sus actividades y funciones.
El énfasis residió en:
·
La organización de los sujetos
·
La legitimación de los procesos
·
Los niveles de participación de la comunidad institucional
·
Formación de figuras o instancias de coordinación de las acciones
evaluativas
Este énfasis no negaba la necesidad de un rigor
técnico en la captura y procesamiento de la información. Con esta nueva
perspectiva se reformularon los propósitos y se fijaron los siguientes
objetivos:
·
Propiciar la corresponsabilidad de los sujetos institucionales en la
toma de decisiones dirigidas al logro del desarrollo institucional.
·
Organizar mecanismos de certificación y realimentación de los programas
de desarrollo institucional.
Un análisis histórico de los procesos de evaluación
institucional arroja como conclusión la existencia de una diversidad de
obstáculos que algunos autores han tipificado como obstáculos estructurales y
obstáculos culturales, así como los obstáculos propios de este modelo cuantitativo.
Los obstáculos estructurales son aquellos que
tienen que ver con las relaciones sociales institucionales, pueden ser
incluidos los de índole política, económica y administrativa.
Los culturales tienen que ver con la forma en que
las comunidades asumen su papel ante la institución y la sociedad. Estos
obstáculos están relacionados con la cultura de participación, pluralidad de
opciones ideológicas y con el choque de valores.
Otro tipo de obstáculos son aquellos inherentes al
modelo de evaluación, que en México fueron implantados institucionalmente, y
sus principales limitaciones son: por un lado que fueron creados en contextos
diferentes a la realidad mexicana (en Estados Unidos) y por otro, que son
ajenos al contexto educativo, es decir, provienen del ámbito de la
administración (en el capítulo siguiente profundizaremos al respecto).
Estamos de acuerdo con aquellos autores que
señalan:
"En general, las instituciones han respondido
a las políticas educativas nacionales de una manera paradójica; acuerdan su
cumplimiento, pero carecen de mecanismos técnicos y políticos para llevarlos a
cabo. Por otro lado, y principalmente, carecen de una investigación sistemática
que pueda dar luz sobre formas y procedimientos de implantación de políticas de
este tipo."
Paralelamente a los modelos institucionales, se han
venido conformando modelos alternativos, como resultado de un trabajo crítico,
de construcción teórico-metodológica.
a) Génesis del término evaluación
La conformación del término "evaluación"
se da en el proceso de industrialización que se produce en Estados Unidos,
"este término no sólo transformó la organización social y familiar del
pueblo norteamericano, sino que a su vez fue un elemento determinante en la
adecuación de la escuela a las exigencias del aparato productivo."
Estamos de acuerdo con quienes enfatizan que el
término "evaluación" no tiene tradición dentro de los planteamientos
pedagógicos, más bien, tiene su origen en los principios generales de la
administración, el control de tiempos y movimientos dio la pauta a la génesis
de la noción de objetivos de aprendizaje y la incorporación de la evaluación
como logro de los resultados.
"La génesis del concepto de evaluación se ubica
a primera vista dentro de una visión funcionalista. Sin embargo, un análisis
más profundo, permite identificar la manera como a través del discurso de la
evaluación se concreta, en el ámbito educativo, el control que Taylor había
estructurado para la administración científica del trabajo.".
Varios teóricos de la evaluación coinciden en
señalar que el auge y la sofisticación sin límite de las técnicas de evaluación
aparecieron en Norteamérica, a partir de finales de los años cincuenta, cuando
se desarrollan las grandes reformas educativas. Señalan que con el avance en
los lanzamientos espaciales de la antigua URSS provocaron una reacción masiva
de la sociedad norteamericana. La inadecuación escolar fue encontrada culpable
por el hecho de que Norteamérica se encontrara a la zaga de la carrera por el
futuro. Las demandas de reformas curriculares no se hicieron esperar. La
amenaza de la ciencia rusa fue un obstáculo importante para la reforma nacional
del currículum y la educación, en los Estados Unidos el énfasis por reforzar
los contenidos se vio acompañado por una fuerte preocupación por la
investigación, el descubrimiento y la resolución de los problemas.
Esta nueva perspectiva estaba encaminada a que la
sociedad civil estuviera segura de la efectividad de los nuevos currículos
escolares, porque los recursos aplicados a la renovación escolar eran
cuantiosos y, además, los EUA debían conservar su credibilidad como líder de la
democracia.
Los principales resultados arrojados por la
bibliografía sobre la eficacia de la enseñanza producidos en el programa de
investigación del proceso-producto han sido resumidos por Brophy y Good, en donde gran parte de esta investigación es
descriptiva y correlacional con diversos experimentos de campo. En algunos
casos los profesores son preseleccionados como extraordinariamente eficaces
basándose en el análisis de sus logros docentes durante el periodo anterior, de
uno a tres años. En otros casos, la eficacia se mide después del hecho,
basándose en la actividad de los estudiantes al final del año y después se
correlaciona retrospectivamente con cada una de las categorías de observación.
El aspecto de la conducta del profesor que se describe, por lo general es: o la
conducta de control en el aula, respuestas a la indisciplina, asignación de
turnos, establecimiento de reglas; o bien la conducta de instrucción genérica,
utilización de preguntas, elogios, o críticas.
En menosprecio de una conducta descriptiva del
contenido sustantivo de la instrucción, estrategia de comprensión, cómo trabaja
el grupo los contenidos y otros aspectos medulares de la instrucción. Por lo
anterior estamos de acuerdo con al sostener que:
"A medida que pasa el tiempo, el programa del
proceso-producto parece sorprendentemente, estar perdiendo vigor intelectual
dentro de la comunidad de los investigadores. Aunque en los niveles de la
práctica y de la política este programa sigue siendo el sistema de trabajo más
usado y citado".
En México las reformas educativas de 1964, de 1971
(Colegio de Ciencias y Humanidades) y de 1973 (educación elemental), se
realizarían sin considerar procesos de evaluación formales. Por el contrario,
su fundamentación provino de la voluntad política del estado mexicano por
realizarlas. La evaluación era prescindible; los reformadores
"sabían" el significado de la modernización y se contaba con los
recursos suficientes para expandir el sistema educativo. De esta manera la
evaluación de la educación se ha venido realizando en México, de manera
desvinculada, ajena a las decisiones políticas con respecto a la educación, y
en el mejor de los casos, como un procedimiento utilizado para confirmar la
certeza de la decisión.
Por lo anterior, la evaluación educativa se ha
desarrollado en nuestro país por un proceso de imitación de técnicas, modelos e
instrumentos desarrollados en Norteamérica y que llegan a México con más de una
década de retraso. Por lo mismo se han evaluado problemas educativos ajenos a
la realidad mexicana.
En las dos últimas décadas se realizaron estudios
evaluativos en prácticamente, todos los niveles y modalidades del sector
educativo; a pesar de esto, no se han logrado consolidar teorías y técnicas
adecuadas al estado actual de la educación mexicana.
b) La evaluación como acreditación escolar
Acreditar significa dar pruebas de un hecho; en
términos educativos la acreditación denota el proceso al que se someten los
alumnos para la comprobación de la adquisición de conocimientos. En las
instituciones educativas la acreditación tiene como resultado la "certificación"
que, finalmente, tiene como propósito avalar las capacidades adquiridas y
demostradas por los educandos.
El proceso de acreditación consiste en la
aplicación de instrumentos de medición para determinar niveles de rendimiento
escolar.
Esta idea de evaluación acreditación generalmente
forma parte de una educación funcionalista, memorística y centrada en la
competencia individual de los estudiantes; y ha sido desarrollada a partir de
las concepciones educativas surgidas en otros países (Estados Unidos) y afiliadas
a conceptos originados en el ámbito empresarial (la administración por
objetivos).
"La alianza para el progreso (ALPRO) pactada
en 1961 por el presidente López Mateos con el respectivo mandatario
norteamericano John F. Kennedy, abre las puertas a la inversión norteamericana
en México, bajo la idea falaz de que los Estados Unidos como nación
"Desarrollada" ayudaría al progreso de nuestro país, así los Estados
Unidos se convertían implícitamente en el modelo cultural a seguir, el ideal de
nación"
Quienes han puesto el énfasis en esta perspectiva
consideran como eje de la evaluación, la determinación de objetivos y metas,
estos deben ser precisados como comportamiento observable con la finalidad de
registrar su ausencia o presencia. La afinidad de esta visión con la que ofrece
la administración por objetivos no deja duda sobre la manera como los problemas
del ámbito empresarial se trasladan al pedagógico.
A través de este concepto aparece en la escuela la idea
de estándares de producción. Sin embargo es prácticamente imposible trasladar
esta concepción a un ámbito tan histórico, dinámico y cualitativo como lo es la
educación.
Esta concepción ha sido objeto de múltiples
críticas. La obsesión por valorar la educación sólo a través de sus resultados
inmediatos impide estudiar a mediano y largo plazos aquellos efectos educativos
que más profundamente influyen en los sujetos.
II.3 La evaluación de los procesos
La evaluación de procesos surge en un principio como
una corriente evaluativa alternativa. Su principal objetivo es estudiar las
condiciones en las que se desarrolla una situación educativa, con la finalidad
de imponer correctivos durante su ejecución, cuando se detecta que dichas
acciones no coadyuvan al logro de los objetivos o metas preestablecidas.
Su importancia es reconocida en el ámbito de la
evaluación desde 1967. Scriven en su aportación sobre evaluación formativa,
introdujo al trabajo evaluativo el concepto contextual, esta idea se traduce
como evaluación continua o permanente, sin embargo, el obstáculo que enfrenta
está ligado a los supuestos mismos de la evaluación.
Esto traducido a la situación educativa, significa
la búsqueda de indicadores (controles) que garanticen que los programas educativos
cumplen con lo establecido. De este modo la evaluación queda atrapada en lo
aparente, al respecto estamos de acuerdo con aquellos autores que señalan:
"La evaluación formativa sólo podría
constituirse en un campo metodológico alternativo cuando, en un enfrentamiento
epistemológico, se busque destacar los aspectos cualitativos de una situación
educativa. En este punto la evaluación se acercaría más a la cualidad de los
procesos que al cumplimiento de lo preestablecido, lo fenoménico".
II.3.1 Modelos Alternativos
La postura de evaluación alternativa, se inicia en
la década de los ochenta, en la cual los enfoques de evaluación son impactados
por el discurso crítico y otros aspectos como consideraciones de carácter
subjetivo, sociohistórico, ideológico político y participativo, implicando el
reto de pensar y poner en práctica alternativas que superan la visión
tecnocrática.
Desde el enfoque cualitativo-subjetivo destacan la
comprensión de los significados que los sujetos protagonistas le atribuyen a
sus experiencias, la construcción intersubjetiva de la realidad.
Estos modelos han hecho esfuerzos por construir
objetos de evaluación que no se restringen sólo a resultados cuantitativos,
sino que tratan precisamente de indagar acerca de la dinámica interna de los
procesos educativos. Así, se han empezado a proponer metodologías alternativas
que evalúan los procesos educativos atendiendo a sus características
históricas, culturales y sociales.
Si bien autores mexicanos y extranjeros que han
producido en México, parten de fuentes teóricas producidas en otros contextos
culturales, han avanzado en conceptualizaciones de evaluación curricular bajo
un proceso contextual propio.
Algunas de las propuestas teórico-metodológicas que
se han desarrollado en México y han tenido gran influencia en la década de los
ochenta, son las siguientes: Glazman y De Ibarrola (1978), aún cuando su
propuesta se desarrolló en la década de los setenta tuvo gran influencia en
experiencias de evaluación curricular a principios de los 80; equipos de
trabajo de la ENEP Zaragoza (Bellido, 1988; De Alba, (1982-1991); Díaz Barriga,
Angel (1982-1991); Díaz Barriga, Frida, Lule, G., Pacheco, P., Saad, D. y
Rojas-Drummond(1984-1990); Dora Elena Marín e Isabel Galán (1985-1986); Estela
Ruiz Larraguivel (1988-1989); Martínez Padilla, G., Santacruz, L. y Macías, L.
(1989); Figueroa (1990) y Carmen Carrión (1990-1992).
No obstante el desarrollo al que han llegado estas
propuestas, consideramos que no existe una metodología única y acabada para la
evaluación curricular, está en proceso de construcción en función del objeto a
evaluar e incorpora los avances teóricos, metodológicos e instrumentales de las
ciencias sociales y de la pedagogía.
Una de las tendencias actuales es buscar la
complementariedad entre lo cuantitativo y lo cualitativo, ya que se requiere
una compresión más amplia del objeto a evaluar, esto hace complejas las
propuestas teórico-metodológicas.
Esta postura se inicia en la década de los ochenta,
en la cual los enfoques de evaluación curricular son impactados por el discurso
crítico y otros aspectos como consideraciones de carácter subjetivo,
socio-histórico, ideológico, político y participativo, perspectiva desde la
cual está implícito el reto de pensar y poner en práctica alternativas que
superen la visión tecnocrática.
En esta década, y sobre todo la segunda mitad, se
caracteriza por el énfasis puesto en la evaluación académica. Los cambios en
los últimos años debido al afianzamiento de los procesos de globalización de la
economía en el mundo; el deterioro de la calidad de vida; así como el acelerado
impacto de la ciencia y la tecnología, obligan a todo sistema educativo a
enfrentar retos que los cambios traen consigo.
En este contexto las instituciones educativas y las
políticas en educación, asumen la evaluación educativa como mecanismo
indispensable ante la llamada "crisis de la educación".
La evaluación tiene como finalidad, estructurar los
planes y programas de estudio, para adecuarlos en términos de un proyecto
educativo a la situación actual, a los avances científico-tecnológicos y a las
necesidades sociales, políticas y culturales.
En las propuestas alternativas generadas en esta
década, destacan como aspectos fundamentales: la definición de un objeto de
estudio, la perspectiva teórica desde donde se aborda, y la metodología de
acercamiento a este objeto.
Los trabajos alternativos, coinciden en el énfasis
que hacen en formular un marco teórico para efectuar el trabajo de evaluación,
"el cual queda estructurado a partir de diversas teorías que implica una
toma de posición".
Se destaca la necesidad de construir un marco
teórico de referencia que le proporcione una fundamentación al quehacer
evaluativo para interpretar y comprender el objeto de estudio, a través del
cual los datos cobren sentido.
"Cabe aclarar que la evaluación curricular es
una práctica educativa que se ejerce con mayor o menor fundamentación teórica,
desde cuando se inicia el planteamiento de un currículo, práctica misma que se
caracteriza por el análisis de las condiciones de su diseño y de su relación
con el proceso de enseñanza-aprendizaje, entre otros aspectos".
Estas propuestas parten de que el objeto de estudio
es construido por el sujeto y por lo tanto tiene una base subjetiva, ya que el
evaluador no es un observador neutral o imparcial, su ideología y su formación
en el campo del currículo y de la evaluación tienen una influencia decisiva en
estos aspectos.
Lo anterior apunta a que la evaluación puede ser
tan extensa como sea posible, se trata de considerar de alguna manera a todos
los elementos que afectan y comprenden al objeto a evaluar. Se pretende obtener
una visión más amplia e integral de lo que está sucediendo en las prácticas
curriculares, analizando no sólo los resultados sino también la dinámica
interna los procesos educativos.
Estos trabajos pretenden el estudio de las
condiciones sociales, institucionales y educativas que se plasman en un
currículo, y que afectan la calidad de los servicios educativos.
Estas propuestas no constituyen una metodología
única y acabada para realizar evaluación curricular, sino que esta práctica
tiene que ver con el objeto a evaluar y los diferentes avances teóricos,
metodológicos e instrumentales de las ciencias sociales y de la pedagogía que
se incorporen.
Se plantea que hay que asumir la evaluación como un
quehacer de investigación y en este sentido está subordinada en gran medida a
las necesidades y posibilidades de quienes la promuevan.
Bajo esta perspectiva se reporta el desarrollo de
proyectos que emplean una variedad de indicadores y categorías de análisis así
como nuevos enfoques teóricos acerca del currículo y de la evaluación en su
búsqueda por conocer y explicar procesos relaciones y comportamientos. Los instrumentos
para la obtención de información más ampliamente usados en estos trabajos son
la encuesta y la entrevista.
II.3 Evaluación de la Maestría en Tecnología
Educativa
II.3.1 Perspectiva teórico-metodológica
El presente trabajo se desarrolló con un sustento
teórico vinculado a los modelos alternativos, pero con la inquietud de tomar en
cuenta tanto los aspectos cualitativos que ofrecen estos modelos, como el
énfasis en el aspecto cuantitativo que proponen los modelos institucionales.
Por lo anterior nuestra investigación tiene dos
focos de atención, uno pretende la evaluación de productos. Esta perspectiva
considera como eje de la evaluación, la determinación de objetivos y metas, las
cuales deben ser precisadas como comportamiento observable con la finalidad de
registrar su presencia o ausencia, y así poder explicar las causas por las que
se presenta un problema.
El otro se dirige a evaluar los procesos de
formación. Bajo esta perspectiva se hace énfasis en las condiciones en las que
se desarrolla una situación educativa. En este caso la evaluación se acerca un
poco más a la cualidad del proceso. En las ciencias humanas la comprensión es
un elemento indispensable para entender la totalidad del fenómeno.
Al respecto estamos de acuerdo con Díaz Barriga,
cuando señala que el currículum "traduce el proyecto educativo amplio a un
concreto posible. Es el espacio a través del cual el proyecto educativo
adquiere cuerpo y materialización
Pretendemos abordar el estudio de las
características y condiciones en las que se lleva a cabo la formación de
posgrado del personal del IMTA. Para este punto nos basamos en algunos aspectos
tomados en cuenta, en la categoría de dimensión sincrónica de la evaluación
curricular, a través de la cual podemos aproximarnos al análisis y comprensión
de los factores implícitos en los currículos que rigen las prácticas
educativas.
Partimos de una perspectiva que concibe los
procesos educativos como fenómenos sociales, la cual considera que los procesos
de enseñanza-aprendizaje no se reducen a las relaciones directas entre maestro
y alumno; si no que esta pareja es sólo uno de los elementos terminales de toda
una estructura educativa, que a la vez constituye un elemento de la estructura
social, con tiempos y espacios concretos.
Desde esta perspectiva educadores y educandos
establecen en la práctica una relación pedagógica en la cual se hacen presentes
una teoría pedagógica explícita o implícita y una estructura organizativa.
Con relación a la teoría pedagógica, ésta
comprende:
- Una filosofía educativa en la que se definen los
fines, principios y objetivos de la educación y los roles de educando y
educador.
- Una teoría del proceso E-A en la cual subyace una
teoría del conocimiento y de los principios rectores del método.
- Y una teoría de la organización de las
experiencias de aprendizaje.
Dicha teoría pedagógica no se instrumenta
necesariamente en la práctica docente ya que ésta queda delimitada por:
- Las condiciones objetivas en las cuales se
desarrolla el proceso educativo (naturaleza de la institución, formación de los
docentes, antecedentes y condiciones de ingreso de los alumnos, nivel de
participación de los actores).
- Y las condiciones subjetivas de los actores involucrados
en este proceso (aspiraciones de los actores, proyecto en cuanto al grupo,
proceso de toma de conciencia acerca de su realidad).
En relación con la estructura organizativa esta
constituye la forma en la cual se materializa la concepción educativa, presente
en la sociedad global. Esta última, además de concebir a la educación de cierta
forma le asigna una función específica a desempeñar.
Es una mediación entre las definiciones sociales
del quehacer educativo y los sujetos concretos del proceso de formación.
Mediante esta estructura se instrumentan las formas
de organización y división del trabajo, mecanismos de control, ejercicio de
autoridad. Muchas de las decisiones que se toman dentro del aula guardan
estrecha relación con los requerimientos de la estructura organizativa: control
de asistencia, delimitación de contenidos curriculares, mecanismos y formas de
evaluación.
Bajo dicho enfoque el evaluador no escapa a esta
subjetividad e introduce en su estudio sus aspiraciones, su propia perspectiva
y conciencia de la realidad, así como la subjetividad de la institución para la
cual está realizando la evaluación.
Consideramos también, que en la forma en que se
organiza y define el currículum subyace una posición epistemológica que lo
relaciona con corrientes de interpretación del conocimiento, al respecto
estamos de acuerdo con Isabel Galán cuando afirma que:
"Estos elementos epistemológicos implican que
detrás de la declaración de postulados teóricos y metodológicos en torno a la
organización de una disciplina con miras educativas para la formación de una
futura práctica profesional, está una concepción del objeto educativo y del
tratamiento del conocimiento social".
I.3 Justificación social del problema
A la fecha el IMTA ha realizado cuatro convenios
con instituciones de educación superior de nuestro país, para que dichas
instituciones traigan a las instalaciones del Instituto los programas de
maestría acordes a los proyectos que se realizan en este instituto. Sin embargo
no existe ningún trabajo que proporcione información acerca de la calidad con
que se han llevado a cabo estos servicios educativos.
Consideramos de gran importancia para el instituto
realizar una investigación cuyos resultados aporten información acerca de la
calidad de los estudios de posgrado. Entendiendo por calidad: "La
eficiencia de los procesos, la eficacia e impacto de los resultados y la
congruencia de estos con las demandas sociales, laborales y económicas del
IMTA".
Objetivo General: Este trabajo se enfocará a evaluar
la calidad de los módulos propedéutico y de investigación la Maestría en
Tecnología Educativa.
La información generada en este estudio contribuirá
al campo de la evaluación del posgrado.
Asimismo, los resultados obtenidos apoyarán a la
toma de decisiones acorde a las demandas sociales, laborales y económicas del
Instituto.
Con este propósito nos basaremos en los siguientes
objetivos específicos:
Analizar la propuesta de formación de los planes de
estudio de la Maestría en Tecnología educativa (módulos propedéutico y de
investigación), para detectar qué se quiere formar, cómo, y con qué.
Observar las prácticas formativas para saber lo que
se realiza y su congruencia con lo planteado en los planes de estudio.
Obtener el punto de vista de los participantes
(alumnos) acerca de: el plan de estudios, el programa del módulo o materia,
actividades docentes, material y la participación de ellos mismos.
Analizar los currículos de los docentes, comparando
la formación de estos con los requerimientos del plan de estudios.
Obtener el punto de vista de los docentes y
administrativos acerca de cómo se llevan a cabo las prácticas educativas.
Observar la trayectoria y experiencia de la
institución ILCE en la formación de profesionistas al nivel de posgrado en el
área educativa, así como las instalaciones, equipo y material educativo que
está al servicio de los docentes y alumnos, para establecer su utilidad de
acuerdo con los requerimientos del plan de estudio.
III MÉTODO
En este capítulo describiremos el proceso a través
del cual se hizo la selección de categorías, indicadores e instrumentos de
investigación, así como la aplicación de éstos para obtener información de tipo
cualitativa y cuantitativa.
La calidad la estamos definiendo en este trabajo
como: eficiencia de los procesos, eficacia e impacto de los resultados y la
congruencia de estos con las demandas sociales, laborales y económicas del
IMTA. Basándonos en esta definición de ANUIES 1978, se hace necesaria la tarea
de dividir el proceso de evaluación en varias etapas o fases:
La primera etapa proporciona información con
respecto a la eficiencia de los procesos:
En esta etapa contrastamos la propuesta explícita
en el plan de estudios, con la experiencia formativa llevada a cabo, para
obtener indicadores de eficiencia: a través de estos indicadores se obtuvo
información tanto de tipo cuantitativo como cualitativo.
La segunda etapa proporcionará información con
respecto a la eficacia e impacto de los resultados.
Y la tercera etapa mostrará la congruencia de los
resultados de la aplicación del programa de maestría en tecnología educativa
con las demandas sociales, laborales y económicas del IMTA.
El presente trabajo solamente abarca la primera
etapa, puesto que la maestría en estos momentos está terminando el segundo
módulo de cinco. La segunda y tercera etapa se concluirán una vez que salga
esta generación de alumnos. Sin embargo, el diseño de los instrumentos que se
aplicarán en las dos últimas etapas ya se está realizando, así como el análisis
de la información relacionada con las demandas sociales, laborales y económicas
del IMTA.
En la primera fase de esta evaluación curricular,
contemplamos dos objetivos específicos: