Historia Mínima de la Sucesión
Presidencial en México
CAPITULO I
De Venustiano Carranza a Zedillo
CAPITULO II
La Transición
CAPITULO III
Ventajas del escenario
Conclusión
Bibliografía
INTRODUCCIÓN
El sistema
político mexicano ha venido ampliando e incorporando nuevos actores, a través
de un largo, lento y conflictivo proceso de apertura, impulsado a veces desde
el poder y otras desde la oposición política y la sociedad misma. Como
consecuencia en la actualidad el sistema político mexicano incluye muchas
instituciones y actores independientes del Estado, del Partido Revolucionario
Institucional (PRI) y del gobierno. Sin embargo, se hace posible predecir si la
apertura se profundizará, o a qué tipo de sistema político habrá de conducir, a
raíz del triunfo del Lic. Vicente Fox.
En este sentido,
resulta interesante conocer la historia de lo que ha sido la sucesión
presidencial en México desde Venustiano Carranza hasta el Dr. Ernesto Zedillo.
El presente ensayo
busca sintetizar quienes fueron los protagonistas y/o elegidos en cada periodo
de elección donde estaba en juego la silla del Ejecutivo Federal.
Es muy importante,
dentro de un enfoque prospectivo, mirar hacia el pasado de lo que ha sido “La
Historia Política Electoral en México”.
Iniciamos con el periodo que
marcaría el nacimiento del partido constitucionalista, el cual fue fundado por
los generales: Pablo González, Álvaro Obregón y Venustiano Carranza. Personajes
protagonistas del proceso electoral de ese año, donde resulto ganador
Venustiano Carranza y que provocaría el rompimiento y/o distanciamiento con el
general Álvaro Obregón.
En este periodo después de que
Carranza llegara a la presidencia, Obregón implementa una serie de estrategias
que tenían como fin suceder a Don Venustiano. Una de estas acciones fue crear o
fundar el partido Cooperativista Nacional en 1917. Con los colores de dicho
partido y con los apoyos del Partido Nacional Agrarista se lanzó a la disputa
electoral por la silla obteniendo un triunfo abrumador (95.78% de la votación,
por 4.01% de Robles Domínguez).
Álvaro Obregón gobernó por un
periodo de cuatro años (que era el periodo presidencial), sucediéndolo en la
silla del ejecutivo, el Sonorense (también) Plutarco Elías Calles.
En el periodo de Calles, Álvaro
Obregón tenía una ambición desmedida por volver a ocupar la silla presidencial,
para tal efecto se deroga el Principio Revolucionario Constitucional de la no
reelección (enero 1927). A consecuencia de lo anterior, Obregón fue candidato
único (no tuvo contrincante) y el primero de julio de 1928, resulto electo con
una votación que representaba el 100% de los sufragios. El Sonorense no pudo
cumplir con su segundo mandato, por que a los 17 días de haber sido electo fue
asesinado en manos de León Toral. Otro nativo de Sonora ocuparía su lugar
Emilio Portes Gíl, de manera interina el 30 de noviembre de 1928.
Después de la muerte de Obregón,
Plutarco Elías Calles se quedó como único en el poder y lo utilizó en toda su
expresión para eliminar el caudillismo por diferentes vías, incluyendo la
violenta y como una advertencia a la clase armada y política, en aquel discurso
de septiembre como preámbulo a la fundación del Partido Nacional Revolucionario
(abuelo del actual PRI), declara que con la muerte de Obregón había terminado
la época de los caudillos y empezaba la de las instituciones. Plutarco es
llamado el Jefe Máximo, y surge en la terminología de nuestro sistema político
mexicano la palabra “Maximato”, cuyo principio es sobrepasar en poder a los
presidentes en turno. El Partido Nacional Revolucionario tuvo como fin
aglutinar y tener bajo control a toda la clase política-revolucionaria de
aquella época.
Es el 1ero de marzo de 1929,
la fecha que nos marca la historia política de nuestro país, cuando el recién
fundado PNR, surge a la luz pública, después de la convención de Querétaro
donde asistieron la clase política y armada dominante emanada de la Revolución.
La finalidad que se perseguía hizo
que dentro del partido se dirimieran las diferencias políticas y fuera el
propio partido quien propusiera a los candidatos de representación popular,
aunque en el fondo, Calles perseguía la permanencia en el poder.
Una vez finalizado el periodo de
Portes Gíl, el PNR como primer acto político de importancia propuso al Ing.
Pascual Ortíz Rubio como candidato a la Presidencia de la República. El Ing. Ortíz
Rubio con apoya del partido del Estado ganó las elecciones con una votación,
según datos estadísticos de la historia, de 93.56%, contendiendo contra el
ilustre filósofo y abogado Vasconcelos.
Cuando el gobierno del Ing. Rubio
entro en crisis y fue obligado a renunciar, el PNR fue la instancia para
solucionar el problema ocupándose de la elección del presidente sustituto, cuyo
personaje fue Abelardo L. Rodríguez.
Concluido el mandato de Abelardo L.
Rodríguez, el PNR nuevamente, en actividades y con el visto bueno del Jefe
Máximo, proponen la candidatura del general michoacano Lázaro Cárdenas. Para
promocionar su figura en el proceso electoral, se elaboró el “Plan Sexenal”,
que sirvió de programa de gobierno, y fue presentado en la segunda convención
del PNR.
Las estructuras
básicas de la Organización Social y política del Cardenismo han sido de vital trascendencia
para la Nación. Sobresaliendo, la concepción democrática y solución
corporativa, así como la convicción económica de orientar la explotación de los
recursos a favor del mercado interno.
Cabe
hacer mención, que la industrialización no pudo desarrollarse en su periodo. Ya
que existía insuficiente formación de capital y era aún incipiente nuestro
sector empresarial. Podemos decir que Cárdenas señala el camino, pero no lo
recorre.
Cárdenas
siguiendo la escuela de Don Plutarco Elías Calles nombró al General Manuel
Ávila Camacho candidato a la presidencia de la República, que en ese momento
fungía como secretario de guerra y marina de su gabinete, quien a juicio de él
resultaba un elemento que podía unificar los intereses creados dentro del PRM.
Lázaro Cárdenas utilizó todo su poder e influencia y la maquinaria
gubernamental para que Ávila Camacho ganara las elecciones, y en efecto las
ganó por un amplio margen, el 15 de agosto de 1940, el colegio electoral
controlado totalmente por el PRM calificó las elecciones y dio como triunfador
a Ávila Camacho con el 93.89% de votos, el General Almazán obtuvo el 5.72% de
votos.
Durante el Sexenio
de Ávila Camacho se corrige el nacionalismo revolucionario de corte doctrinario
que inhibe la inversión, concilia; el interés prioritario es el de la nación.
Es evidente que el
alejamiento del ejército de la vida política se acelera durante el gobierno del
general Ávila Camacho. En este periodo, se modernizan los cuerpos militares
mediante la adopción de nuevas técnicas; se caracteriza al ejército de su
misión de defender las instituciones creadas por la revolución.
En 1945, el presidente Ávila Camacho después de
destituir los proyectos socializantes de Cárdenas y pasar a un proyecto
democrático, se hizo prácticamente de todo el poder justo el momento cuando más
lo necesitaba, y siguiendo la misma escuela que sus antecesores, nombró a
Miguel Alemán Valdés candidato a la presidencia de la República por parte del
PRM. El primer sector que le dio su apoyo fue la confederación de trabajadores
de México (CTM) y después vino la clásica cargada, la Central Campesina, el
Sindicato de Burócratas, la recién creada Confederación Nacional de
Organizaciones Populares (CNOP), el Partido Comunista, etc., quienes también le
dieron su apoyo y sumisión.
Los candidatos participantes fueron: Miguel
Alemán, Ezequiel Padilla, Agustín Castro quien fue apoyado por el “Partido
Nacional Constitucionalista” (PNC) y a Enrique Calderón lo apoyó el “Partido
Nacional Reivindicador Popular Revolucionario” (PNRPR). Ezequiel Padilla era
uno de los candidatos más fuertes en la contienda, como apoyo a su candidatura
a fines de noviembre de 1946, integró el partido “Demócrata Mexicano” que lo
postuló como su candidato a la presidencia.
Con el apoyo de Ávila Camacho y la clase
política las elecciones naturalmente que fueron ganadas por Miguel Alemán con
el 79.90% de la votación a su favor, Ezequiel Padilla su más cercano y
significativo competidor obtuvo 19.33% de la votación.
Hacia
1946, la posibilidad de que el poder político se entregue a un civil
genera una gran expectativa política. La idea de un gobierno civilista, como
alternativa, provocaría el surgimiento de una nueva etapa en la historia
política en México (cabe recordar que
ya se había dado los casos de Carranza, Adolfo de la Huerta, Emilio
Portes Gil, Pascual Ortiz Rubio; civiles de tiempo completo).
La etapa y/o carrera política de Alemán Valdés
puede dividirse en 3: participación como político independiente en un partido
regional que él mismo fundo: el Partido Democrático Plutarco Elías Calles, no
vinculado al PNR. A partir de esa plataforma, intentó sin éxito ser diputado
federal en dos ocasiones.
Al no lograr el objetivo, se dedicó a la
abogacía principalmente en el ámbito laboral. Su repunte y ascenso político es
vertiginoso y se inicia cuando es nombrado por el General Cárdenas, magistrado
del Tribunal Superior de Justicia del Distrito Federal.
Posteriormente, con el apoyo del PRM es
postulado en 1935 a la senaduría por Veracruz. Desde ahí, llegaría a la gobernatura de su Estado Natal.
Es a partir de la creación del llamado
“Bloque de Gobernadores”, cuando Alemán salta al primer plano de la política
nacional. Se convierte en el representante del bloque y dando muestras de
capacidad de coordinación, es llamado a dirigir la campaña avila camachista. Al
triunfo de éste, es designado para ocupar la Secretaría de Gobernación.
Miguel Alemán representaba la sangre nueva
sin la experiencia y quizás, sin los vicios de la antigua clase política
afianzadora en las cúpulas del poder.
La presidencia de Alemán, se caracteriza por
ampliar el pacto social, incorporando al mismo empresario. El alemanismo
fortalece a los componentes de un régimen político corporativo y de un régimen
económico de mercado interno , proteccionista e intervencionista.
Sin embargo, no logra adaptarlo al contexto
mundial derivado de los acuerdos monetarios de la posguerra. Faltó imponerle
ritmo creciente y sostenido a la dinámica económica, ya que la estructura, los
valores y la ideología se habían ausentado.
Miguel Alemán
abrigaba la confianza igual que la ambición de reelegirse de no lograrlo cuando
menos ampliar su período presidencial, pretextando la posible tercer guerra
mundial que podía ser generada por la guerra de Corea, idea que fue manejada
por gente de su gabinete y que no fue aceptada por los expresidentes Ávila
Camacho y Lázaro Cárdenas que todavía tenían peso específico en la política
nacional, disminuido de poder Alemán ya no pudo candidatear a Fernando Casas
Alemán Regente de la Capital y tuvo que
declinar su decisión a favor de Don Adolfo Ruiz Cortines y en octubre de 1955
la convención nacional del PRI, lo nombró candidato a la Presidencia de la
República período 1952-1958.
A doce años de haberse formado el PAN, por
primera vez lanza un candidato a la contienda electoral recayendo la nominación
en la persona de Efraín González Luna. A pesar que el PAN era un partido con
poca significancia electoral empezaba a participar cada vez más en la vida
política de México y a tener presencia en el electorado.
La jornada electoral terminó con el triunfo
de Don Adolfo Ruiz Cortines, con el 74.31% de votos a su favor, Henríquez
Guzmán obtuvo el 15.87% de votos, González Luna 7.82% de votos, y Lombardo
Toledano candidateado por el “Partido Popular” (PP), obtuvo 1.98% de votos.
Ruiz Cortines ocupó la presidencia de la República. Uno de los hechos
importantes de su gobierno, fue el de concederle a las mujeres el derecho al
voto y a ser candidatas en los comicios electorales federales, otro hecho de
importancia fue la creación de la ley sobre Responsabilidades a Servidores
Público.
Durante su periodo, el gobierno apoyó la
creación de un nuevo partido en donde se agruparan los militares y veteranos
del movimiento armado, con este apoyo un grupo de militares y veteranos
decidieron separarse del ”Sector Militar” del PRI, con la intención de formar
una nueva organización que dio origen al “Partido Auténtico de la Revolución
Mexicana” y contando con la anuencia de Don Adolfo Ruiz Cortines, en 1957
obtuvo su registro. La oposición quedaba conformada por los partidos: PAN, PP y
el PARM, este último partido representaba la “legitimidad” de las “victorias”
de PRI, en realidad el único partido de “oposición” era el PAN.
Se avecinaba el
cambio y la maquina PRI-gobierno funcionaba de primera, tan es así que cuando
Ruiz Cortines decidió que su sucesor fuera Adolfo López Mateos, la Familia
Revolucionaria dando muestra de sumisión más que de disciplina acató el
mandato. López Mateos, tenía cierta fama de izquierdista, por haber apoyado la
campaña de José Vasconcelos, este hecho le fue favorable, de tal suerte que
hasta el Partido Popular se adherió a su candidatura. La única oposición
“representativa”, fue la del PAN, pues lanzó como candidato a Don Luis H.
Álvarez para competir en contra de López Mateos por el mismo fin. Al final de
la jornada electoral López Mateos obtuvo un triunfo rotundo en contra de su
adversario de los 7,483,403 votos que se disputaron, gano el 90.43% y Álvarez
el 9.42% de votos.
Había varios Secretarios de Estado con
buenas calificaciones para ser nombrados candidatos, entre ellos estaba, Don
Antonio Ortiz Mena, Secretario de Hacienda, Donato Miranda Fonseca, Secretario
de la Presidencia, Javier Barros Sierra que después sería Rector de la
Universidad Nacional, etc., pero finalmente la nominación recayó en Don Gustavo
Díaz Ordaz. El PAN ya encarrerado en la participación de las elecciones
presidenciales postuló como candidato a Pedro González Torres y el “Partido
Frente Electoral del Pueblo” a Danzos Palomino, quien contó con el apoyo de
militantes del Partido Comunista Mexicano.
Los resultados de las elecciones favorecían
enormemente a Gustavo Díaz Ordaz, con 88.81% de votos a su favor, su
contrincante más cercano González Torres obtuvo 10.97% de votos.
Hombre falto de carisma, sin el atractivo ni
el tacto cálido de su antecesor, Don Gustavo Díaz Ordaz presentaba como rasgos
principales de su personalidad: “la rigidez, la incapacidad para dialogar, el
autoritarismo verbal y práctico”. Su rigidez se expresaba en su concepción de
la autoridad. Formado en el seno de la intolerante camarilla poblana de finales
de los años treinta y principios de los cuarenta, fue secretario general del
gobernador Gonzalo Bautista, quien era en realidad una figura decorativa que
aceptaba las directrices y humillaciones del General Maximino Ávila Camacho, el
verdadero poder.
Como secretario de
Gobernación del presidente López Mateos, Gustavo Díaz Ordaz muestra su
intolerancia hacia la disidencia en el manejo de los conflictos ferrocarrilero
y magisterial y del movimiento cívico de Guerrero. Aun como presidente, Díaz
Ordaz parece seguir actuando como secretario de gobernación, “pues se dedica
más a aplicar castigos y dictar sanciones que a buscar una amplia armonización
de los intereses sociales”. Su orientación anticomunista es evidente.
Entre sus colaboradores destacaban Don Luis
Echeverría Álvarez Secretario de Gobernación, quien se desvivía por adivinarle
los pensamientos al Presidente con un servilismo inusitado, con la finalidad de
ser favorecido por el dedazo presidencial, Ortíz Mena, Martínez Manautou y
Corona del Rosal entre otros, también eran posibles candidatos y hacían su
labor con el mismo fin que Echeverría, aunque con diferente estilo. Al final,
Díaz Ordaz se decidió por Luis Echeverría, tal vez por la complicidad en la
matanza del 2 de octubre de 1968. El PPS y el PARM, apoyaron la candidatura de
Echeverría. Los resultados de las elecciones fueron los siguientes: el 86.02%
de la votación a favor de Echeverría a González Morfín candidato de el PAN la
correspondió el 13.98% de la votación.
El caso de Luis Echeverría llama la atención
por el quiebre que adquiere su personalidad a partir de su postulación como
candidato del PRI a la Presidencia de la República. De comportarse como
funcionario serio, introvertido, sin una posición propia, es decir, una incógnita,
un verdadero “tapado”, se convierte en parlanchín y sonriente; izquierdista
hacia dentro y hacia fuera; crítico del modelo de “desarrollo estabilizador” al
que promete sustituir por el “desarrollo compartido”.
Hasta antes de su
postulación, Echeverría cubre “su personalidad con un manto protector poco
menos que impenetrable”, para usar las palabras de Cosío Villegas. Luego, como
presidente, exterioriza otra faceta que enseña cuánto es y cuánto quiere. A
diferencia de Díaz Ordaz, que dejaba mostrar sus estados ánimo, Echeverría fue
un personaje “dominante de sus emociones.
Mientras Díaz Ordaz fue el último jefe de
estado que ocupo la silla presidencial sumando su experiencia en cargos de
elección popular; Luis Echeverría fue, por una parte, el primer presidente sin
antecedentes en cargos electivos y, por la otra, el último con auténtica
militancia partidista.
Echeverría era, sobre
todo, un reformista. A nivel del lenguaje, escribe Julio Labastida, la oratoria
oficial de ese período renueva “el vocabulario nacionalista y populista, al
mismo tiempo que parece responder a las pancartas de los manifestantes de 1968;
“estilo personal de gobernar” que implica un acercamiento al pueblo y a los
estudiantes que contrasta con la distancia que había caracterizado a su
antecesor.
También resalta en el perfil de Don Luis
Echeverría su extraordinaria vitalidad, de la que hace derroche en sesiones
interminables y en sus infatigables recorridos por todo el territorio nacional.
Sin embargo,
dentro de este enfoque de continuidad, nuevamente se repetía la historia, el
presidente saliente tenía que tomar la más importante decisión de su mandato,
elegir a su sucesor. En el sexenio populista de Echeverría, quienes se
consideraban que tenían posibilidades de ser nombrados candidatos por el
Partido Oficial estaban entre otros, Moya Palencia, López Portillo, Cervantes
del Río, Augusto Villanueva Porfirio Muñoz Ledo, etc., todos ellos gozaban de
simpatía por parte del entonces mandatario. El día lunes 22 de septiembre, en el
evento al que asistió el Presidente, empezaron a correr rumores en el sentido
que López Portillo había sido elegido como candidato, rumor que se confirmo
cuando Fidel Velázquez, el Congreso del Trabajo y otras Organizaciones
visitaron a López Portillo en su despacho de la Secretaría de Hacienda para
ofrecerle todo su respaldo y sumisión.
Las elecciones fueron muy particulares igual
que las de Obregón (segundo periodo presidencial), López Portillo no tuvo
contrincante, los comicios se llevaron adelante y López Portillo apoyado por su
partido, el PPS, el PARM, obtuvo el triunfo.
José López Portillo fue el candidato
solitario. Durante su campaña política tuvo que recorrer el país sin otro
enemigo al frente que el abstencionismo. El repliegue del Partido Acción
Nacional sirvió para quitar el velo al monopolio príista. La credibilidad del
sistema electoral y la legitimidad del sistema padecían. Ni siquiera la
tolerancia hacia Valentín Campa, candidato no registrado del Partido Comunista
Mexicano, evitaba que los comicios fueran vistos como una fórmula para cubrir,
con un ropaje de legitimidad, la decisión ya tomada.
Sin embargo, López Portillo ganó para sí,
casi de golpe: credibilidad y confianza. Su mensaje de toma de posesión, pieza
maestra de la retórica, enseño a la clase política congregada en el recinto y a
quienes seguían a través de los medios su discurso inaugural, que había
claridad en el diagnóstico, que había dirección y que en López Portillo México
tenía un líder capaz de congregar, de unir a una sociedad enfrentada y
desesperanzada y de conducir hacia mejores tiempos.
López Portillo era también un hombre
emotivo. Tuvo muchas ocasiones para mostrarlo, pero quizás, ninguna tan cabal
como cuando, en su último informe, anunció la expropiación de la banca.
El complejo perfil
del presidente López Portillo incluía una obsesión por preparar al país para
empresas mayores (acostumbrarse a “pensar en grande”, a “hacer en grande”). Esa
preocupación se expresaba en su insistencia en la planeación, en su urgencia
por armar el plan de planes, el Plan Global de Desarrollo.
A finales del sexenio de López Portillo, la
lucha por el poder se manifestaba con más agudeza, los que se consideraban con
algún derecho para ser candidatos, entre ellos estaban: Enrique Olivares
Santana, Jorge de la Vega Domínguez, Fernando Solana, Miguel de la Madrid,
etc., se manejaban con una precisión de reloj, sobre todo con la interacción
con el Presidente. Sin romper la Escuela de la «dedocracia» impuesta por Elías
Calles, López Portillo con su estilo muy personal, desde la casa de los pinos,
mando a llamar a los dirigentes de los tres sectores que conforma el PRI, Fidel
Velázquez de la CTM, Lugo Gil de la CNOP, y Cervera Pacheco de la CNC, a
quienes les presento a Miguel de la Madrid como candidato a la presidencia.
Finalmente hizo presidente de la República a
Miguel de la Madrid, el único de los tres secretarios de Programación y
Presupuesto que fue capaz de confeccionarlo.
Desde la fundación del PRI, y hasta este
periodo no habían aparecido tantos partidos políticos interesados en la
contienda, así el PRI, PPS, PARM, apoyaron al candidato oficial y obtuvo 70.99%
de votos, el PAN, apoyó a Pablo Emilio Madero, obtuvo 15.68% de votos, el PDM,
apoyó a Ignacio González Gollaz, obtuvo 1.84% de votos el “Partido Socialista
Unificado Mexicano” apoyó a Cándido Díaz Cerecedo, obtuvo 1.45% de votos, el
“Partido Revolucionario de los Trabajadores”, apoyó a Rosario Ibarra de Piedra,
obtuvo 1.77% de votos, el “Partido Socialista Demócrata”, apoyó a Manuel Moreno
Sánchez, obtuvo 0.20% de los votos. En estas votaciones ya se dejaba ver un
dejo de inconformidad del pueblo en contra del manejo de las acciones poco o
nada ortodoxas del PRI-gobierno, situación que por miopía o indolencia de quienes
detectaban el poder no le pusieron remedio. Se aproxima el fin del gobierno, se
asomaba la sucesión presidencial y las viejas costumbres aquilosadas de hacer
política de la clase dominante del PRI volvieron a aparecer, pero también
dentro del mismo PRI se hizo presente una nueva corriente de pensamiento y
acción, la “Corriente Democrática”, representada entre otros, por Cuauhtémoc
Cárdenas, Muñoz Ledo, Ifigénia Navarrete, etc., que pugnaba por una democracia
real no de retórica y ante el inminente cambio de gobierno solicitaron a la
alta jerarquía del PRI, que fueran las bases quienes tuvieran participación
directa en la selección del candidato, propuesta que no fue aceptada por la
vieja clase política, hecho que marcó la ruptura entre la “Corriente Democrática”
y el mismo PRI.
Heredero de los saldos deslegitimadores de
la gestión de José López Portillo, Miguel de la Madrid se propuso devolverle a
la institución presidencial sus rasgos republicanos de sobriedad y dignidad y
borrar los contenidos de pompa y circunstancia al deterioro de la imagen
presidencial. De la Madrid no podía, aunque hubiera querido repetir las
promesas fastidiosas de López Portillo; por el contrario, debió conducir un
programa de cambio que pasaba, antes que nada, por ordenar la casa. Eran,
además, los tiempos en que soplaba como viento dominante el neoliberalismo. La
señora Thatcher en la Gran Bretaña y Ronald Reagan en Estados Unidos, imponían,
a paso veloz, la recetas de la nueva derecha: el achicamiento del Estado, el
desmantelamiento de las estructuras de beneficio social y la supresión de los
subsidios. Tocó a Miguel de la Madrid instrumentar la versión mexicana de esa
política, expresada en una austeridad dispareja, que a fin de cuentas afectaba
sobre todo a los trabajadores, los campesinos y los desempleados, es decir, a
los más pobres. El perfil del presidente Miguel de la Madrid ha sido objeto de
duros juicios.
Siempre fue “un niño aplicado, tranquilo y
obediente, desde sus épocas de la escuela lasallista hasta su posgrado en
Estados Unidos... era un tecnócrata con todas las de la ley y
neoliberal-monetarista en cuestiones financieras.
Su concepción de la vida no parecía ser muy
profunda ni de grandes principios; en su única mística aparente era la del
“cambio” y “revolución” neoliberal, pero ésta, de por sí muy moderada, mas bien
parecía estar impulsada por el vuelo externo que por una pasión personal.
Hombre de paradojas y contrastes, Miguel de la Madrid cumple una gestión
inteligente, pero no brillante que confirma su tenacidad excepcional para
perseguir un objetivo hasta alcanzarlo, su capacidad para el diagnóstico, pero
no tanto para la instrumentación. Aunque el presidente es un moderador,
promueve un cambio drástico en el rumbo del país y tiene la firmeza para conducir
la transición y sentar las bases de un nuevo proyecto.
Miguel de la Madrid Hurtado llega a la
presidencia de la República, y con gran valor pero sin mucha alharca, emprende
un saludable borrón y cuenta nueva. Capitalizando con acierto la experiencia de
sus antecesores, manifiesta desde un principio su renuencia a ser un presidente
corporativista. En 1985 se incorporó México al Mecanismo del GATT y se hechó a
andar, ahora sí en serio, un programa unilateral de apertura de la economía.
Históricamente, al gobierno de Miguel de la
Madrid le tocó en suerte iniciar el proceso de cambio económico y el
desmantelamiento del estatismo
Si se quisiera
caracterizar la relación que, como gobernante, guardo con el pueblo, se diría
que fue la de un hombre distante. Un hombre que no sabía acercarse a las masas.
Las imágenes del presidente que transmite la televisión muestran esa frialdad,
ese alejamiento.
El perfil que decidió o tuvo que dar a su
mandato y las condiciones de indigencia de las finanzas públicas, cubrieron a
su figura y a su administración de un tono gris. En el marco del encogimiento
del Estado, la dimensión y el perfil del titular del Ejecutivo fueron, también,
disminuidos.
Otra percepción parte del reconocimiento de
las duras condiciones en que asumió la Presidencia. La emergencia generada por
la crisis exigía actuar con decisión y firmeza. Así lo hizo, dice Alejandra
Lajous, la cronista presidencial; “...el presidente de la Madrid se propuso
imprimir un cambio de dirección al desarrollo nacional. Éste fue profundo y
término por abarcar todos los ámbitos de la vida del país. Consistió en el
replanteamiento de la naturaleza y función del Estado y su consecuente relación
con la sociedad. Para ello actualizó el marco legal, utilizándolo también como
instrumento de cambio. (En el ámbito político propuso compartir la
responsabilidad, redistribuyendo en el poder, mediante la descentralización y
el fortalecimiento municipal, fomentando la participación política y social de
todos los sectores, así como ampliando los espacios de negociación)”.
A Miguel de la Madrid le tocó enfrentar el
momento sucesorio en un clima difícil: un país afectado severamente por la
crisis, que experimentó en el lustro 1982-1987, lo que sumaba en esa coyuntura
al elevado costo de la puesta del Programa de Solidaridad Económica con los
fuertes incrementos en los precios de los bienes y servicios del sector
público, entre otros datos.
Como conclusión,
podemos decir, que el gobierno de la Madrid ejerció el arte de la política a través
de una serie de experimentos controlados. Primero, se transforma el Régimen
Económico y luego deja hacer y actuar a los agentes sociales. Analiza los
comportamientos, luego vacuna o inmuniza contra la anarquía al tieno orden
social emergente.
Sin embargo, a la
hora de la sucesión el PRI, siguiendo los viejos esquemas de selección, destapó
a Carlos Salinas de Gortari como candidato. Por su parte Cuauhtémoc Cárdenas
aceptó la propuesta del PARM, de lanzarlo como candidato, sumándose a esta
propuesta diferentes partidos y asociaciones políticas como fueron: PSD, PST,
PFCN, PPS, Partido Verde, Corriente Democrática, Unidad Democrática, Fuerzas
Progresistas de México, y el Consejo Nacional Obrero y Campesino que formaron
el FDN. El PAN lanzó como candidato a Manuel Clouthier, el PDM apoyó a
Gumersindo Magaña Negrete, el PRT, a Rosario Ibarra de Piedra.
La lucha electoral se centro principalmente
entre Carlos Salinas de Gortari y Cuauhtémoc Cárdenas. Los resultados de las
elecciones federales de 1988, fueron seriamente cuestionados por un amplio
sector de la sociedad. Algunos hechos como la caída del sistema, la alquimia
electoral que se practicó en el proceso, el incendio “accidental” de “algunos”
paquetes con información de los comicios electorales almacenados y
“resguardados” en el Palacio Legislativo de San Lázaro, etc., hechos que fueron
“ampliamente” difundidos por algunos medios de comunicación, hizo “pensar” a un
sector de la población que el PRI-gobierno maquinó un gran fraude, en contra de
Cuauhtémoc Cárdenas, que dio en llamarse Golpe de Estado Técnico.
A pesar de toda la
inconformidad, Carlos Salinas llegó a los pinos. Carlos Salinas de Gortari es
el segundo hijo de Raúl Salinas Lozano y Margarita de Gortari Carvajal. Creció
en un ambiente que le abrió las puertas de la política y del conocimiento. La
vida en familia fue determinante para conformada la personalidad de Salinas,
quien desde niño mostró una marcada inclinación por la cultura, el estudio y el
deporte. Su padre, también, economista, había sido catedrático de la UNAM, y
había desempeñado distintos cargos gubernamentales, el más relevante, de
secretario deA Industria y Comercio en el sexenio de Adolfo López Mateos. Su
madre, la maestra normalista y también economista Margarita de Gortari, fue la
primera presidenta de la Asociación Mujeres Profesionales Mexicanas.
Con raíces en Agualeguas, Nuevo León, pero
nacido en la ciudad de México, el joven secretario de Programación y
Presupuesto 39 años en el momento de su postulación- tenía como Bartlett y Del
Mazo, un padre político de altos vuelos: Raúl Salinas Lozano había sido
secretario de Industria y Comercio en la administración del presidente López
Mateos. Salinas de Gortari estudia Economía en la UNAM (1965-1969) y presenta
una tesis sobre temas agrícolas (Agricultura, industrialización y empleo: el
caso de México. Un enfoque interdisciplinario). Después de cursar dos
maestrías en la Universidad de Harvard, una en Administración Pública (1973) y
otra en Economía Política y Gobierno (1977), a la que le siguen los estudios de
doctorado en Economía Política y Gobierno en la misma universidad (1978).
Dentro del PRI, Salinas desempeñaba diversos
cargos, significativamente, el de director general del Instituto de Estudios
Políticos, Económicos y Sociales (IEPES) durante la campaña de Miguel de la
Madrid, puesto que le permitió recorrer el país, conocer sus problemas e
identificar e incorporar a una amplia clientela política.
Su carrera
política empezó como ayudante del diputado Gonzalo Martínez Corbalá (1967-1968)
–quien en cuatro años y medio de este sexenio fue diputado federal, director de
Infonavit, gobernador interino de San Luis Potosí y director del ISSSTE.
En la
administración pública Salinas hizo una carrera meteórica. En la Secretaría de
Programación y Presupuesto ocupó la Dirección General de Política Económica y
Social, 1979-1981 (donde ya aparece como uno de sus segundos, en calidad de
director de área, José Córdoba Montoya). El presidente Miguel de la Madrid lo
designa secretario de Programación y Presupuesto.
El 27 de agosto, Carlos Salinas de Gortari
expuso sus ideas ante el Partido. La “política moderna” constituyó su eje
discursivo, la cual tenía como filosofía la de conocer la supremacía del
derecho y del orden constitucional; es decir la que reconoce, como exigencia de
la sociedad, la necesidad de fortalecer el equilibrio de los poderes y
continuar con la conducta presidencial concebida como vocación de servicio,
obligando a escuchar y concertar, a no imponer ni lastimar; la que ejerce el
mando con firmeza pero sin arbitrariedad; la que impone el orden, sin
confundirlo con la protección de privilegios; la que promueve la justicia más
expedita; la que mantiene congruencia entre el discurso y la acción; la que
toma compromisos y acepta ser medida por su cumplimiento.
En su comparecencia Salinas identificó el
reto social como “el más agudo y difícil” que tendría que atenderse
prioritariamente.
Carlos Salinas de Gortarí dueño absoluto del
poder, designó vía PRI, a Luis Donaldo Colosio como candidato a participar en
los comicios electorales presidenciales de 1994 al estar por concluir su
mandato. Colosio estando en plena campaña fue asesinado en un mitin en Lomas
Taurinas de Tijuana B. C., ante este hecho la maquinaria oficial tuvo que
entrar en acción nuevamente, recayendo la nueva nominación en Ernesto Zedillo
Ponce de León. Por su parte los partidos PRD y PAN lanzaron como candidatos a:
Cuauhtémoc Cárdenas y Diego Fernández de Cevallos, respectivamente.
Los resultados que se obtuvieron fueron: el
PRI 17.334 millones de el PAN 9.222 millones de votos y el PRD, 5.901 millones
de votos.
Zedillo para no
quedarse atrás, después de un proceso de selección democrática al interior del
Partido Revolucionario Institucional se decide por Francisco Labastida, la
pregunta es ¿Dedaso o sana distancia?. Los resultados están en la prensa (no
quiero pecar de repetitivo).
El Régimen Político Mexicano desde los años
setenta ha iniciado una liberación política. La experiencia comparada de
transiciones nos muestra que las liberaciones o aperturas no significan siempre
Democratización, y mucho menos consolidación democrática. A pesar de no existir
un modelo de transición a la democracia, autores como Huntington o Linz han
pensado en algunas vías generales o formas de transición a la democracia.
Entre las vías distintas a la transición que
maneja diferentes estudiosos, la que mas se asemeja a lo ocurrido el 2 de julio
es el escenario del pacto electoral opositor.
Este escenario, hasta hace poco improbable,
ve la posibilidad de un triunfo opositor como paso a una transición
democrática.
Dentro del modelo lo que viene a corroborar
es que la transición consiste en la aprobación de nuevas reglas políticas por
los actores y que ésta no es una cuestión de triunfos electorales o de
modificación a ciertas reglas para las elecciones. La transición se logra
cuando se modifican las reglas políticas del tramado institucional.
Dentro de esta vía de transición, los
supuestos del escenarios son:
a)
Que el partido
ganador esté dispuesto a entrar a estas negociaciones.
b)
Que entienda
que su cometido podría ser transitorio.
c)
Especial
habilidad de los líderes del partido ganador y claridad en sus objetivos
democratizadores.
1.
La rapidez con la que se
podría hacer la modificación de las reglas políticas.
2.
Un triunfo de
un partido opositor podría aprovechar el desconcierto de los miembros del
antiguo régimen y del resto de los partidos de la oposición para convencerlos
de la perentoriedad para hacer la modificación de las reglas del juego
político.
3.
Haría madurar
a la totalidad de los actores políticos.
4.
Haría fácil la
tarea de los nuevos líderes en la construcción de las nuevas reglas y en la
labor pedagógica que se tendría que desarrollar frente a todos los sectores de
la sociedad para convencerlos de las ventajas de la democracia.
5.
Haría creíble
el proceso de reforma estructural de las instituciones. No se tendría la
convicción social de que se trata de una reforma parcial para permitir seguir
viviendo el antiguo régimen.
Las posibles desventajas son las siguientes:
a)
La
probabilidad de que los lideres ganadores no entendieran que el logro de la
transición va más allá de su triunfo electoral.
b) La casi certeza de que los líderes ganadores
de la oposición no tuvieran un plan o diseño de la transición y del marco
institucional alternativo.
c) Los problemas
derivados de la perentoriedad del plan o diseño institucional, tales como la
incoherencia entre distintas propuestas constitucionales o jurídicas.
Por muchas razones el proceso
electoral del 2 de julio se esta constituyendo como un punto de inflexión
definitivo en el largo y sinuoso camino de la transición democrática mexicana.
Podemos reflexionar acertadamente en
el sentido, de que estas elecciones fueran realmente transparentes y regulares
dentro de la historia de nuestro país.
Hablamos pues, de elecciones libres
y correctas en un ambiente plural y de apertura democrática, conformada por una
estructura de actores políticos a la altura (incluyendo el Dr. Zedillo) de los
nuevos arreglos institucionales.
Obviamente, la etapa de
instauración o instalación democrática exige la mayor atención por parte de
dichos actores comprometidos con el cambio.
Cierto es que la alternancia pone a
prueba la verdadera voluntad política de las autoridades del régimen en
cuestión para con la transición y la instauración de un nuevo ordenamiento
institucional. Podemos decir, que en este sentido hemos salido bien librados y
a la altura de las circunstancias.
·
Reinventando
el Gobierno en México
José Cruz Ramírez
Editorial Orión
México 1998 primera edición
·
El Gobierno
Mexicano # 21
Presidencia de la República
Agosto 1990
·
Problemas Públicos
y Gobierno
Luis F. Aguilar Villanueva
Grupo Editorial Miguel Angel
Porrúa
·
Los Nuevos
Tiempos de la Nación
Sergio García Ramírez
Editorial Diana
México