UNIVERSIDAD ABIERTA IMPORTANTE: Se autoriza la reproducción de este texto para fines no comerciales, agradecemos citar la fuente http://www.universidadabierta.edu.mx HISTORIA DE LA EDUCACIÓN EN MÉXICO Maria Esther Ordaz Hernández HISTORIA DE LA EDUCACION EN MEXICO La historia de un pueblo se comprende de manera más profunda y penetrante cuando se le sitúa en el amplio campo de la historia universal. Cada una de las naciones es heredera de fecundas realizaciones pretéritas: ha nacido y se ha ido formando con materiales del pasado. La educación como hecho, posee un sentido humano y social. Consiste en un proceso por obra del cual las generaciones jóvenes van adquiriendo los usos y costumbres, los hábitos y experiencias, las ideas y convicciones, en una palabra, el estilo de vida de las generaciones adultas. Siendo la educación un proceso vital de la sociedad, un proceso en el que se aprecia el estilo de vida de cada pueblo, fácil es comprender, que la educación ostente perfiles específicos en cada lugar y tiempo. LA COLONIA La conquista vino a poner de manifiesto las prestancias y las limitaciones de la cultura y educación indígenas. La raza vencedora se impuso a los vencidos inculcándoles, dentro de las circunstancias de lugar y tiempo y por la persuasión o por la fuerza, el modo de vida y los ideales de la España del siglo XVI. El nuevo modo de vida y los nuevos ideales del pueblo conquistador encontraron algunas resistencias en el pueblo conquistado, dando lugar a inéditas instituciones de orden político y social. esto hubo de ocurrir, tratándose de dos culturas que ofrecían caracteres tan diferentes en todos los órdenes de la existencia. El primero de los propósitos educativos en la época colonial fue la evangelización de los aborígenes. La tarea evangelizadora ofrecía serios obstáculos, por el desconocimiento de las lenguas indígenas, esta situación fue un tanto salvada al pintar en lienzos los pasajes más significativos de la Biblia además de hacerse valer de intérpretes para lograr su finalidad de transmitir estos conocimientos a los aborígenes. La acción educativa de los franciscanos fue favorecida por la legislación educativa dictada por Fernando el católico y por la campaña de Bartolomé de las Casas en favor de los indios. Las leyes sobre enseñanza imponen a los encomenderos la obligación de enseñar a leer y escribir y aprender el catecismo a un muchacho de sus tierras, a fin de que estos jóvenes enseñen a su vez a sus compañeros. Con estas acciones se puede apreciar, que esta Ordenanza, con perseguir el objeto final de la formación religiosa de los niños indios, se preocupó asimismo por la castellanización e instrucción elemental de éstos, Carlos V ordena que sean favorecidos los colegios fundados para educar a los hijos de los caciques y que se funden otros en las ciudades principales. Asimismo prescribe que instalen escuelas de lengua castellana para todos los indios, aunque no se estima que deba ser obligatoria la enseñanza de la lectura y la escritura. La legislación educativa hasta entonces contaba con preceptos generales, nobles y generosos, que era preciso convertir en instituciones y usos concretos, y sobre todo, llevarlos a efecto mediante maestros con la vocación resuelta de realizarlos. Esta tarea la llevaron a cabo los primeros misioneros en las nuevas tierras lo que dio lugar al nacimiento del régimen misional. Los elementos del régimen, fueron: el maestro, que fue el misionero; el contenido, la cultura occidental española; el término, el indígena, y el método, el propio de los misioneros. El método fue original; se adaptó a necesidades y prácticas, y a las distintas regiones. Los franciscanos hubieron de iniciarlo, y como lograran plausibles resultados, misioneros de otras Ordenes religiosas se inspiraron en ellos, sobre todo en la obra de la educación popular. La educación rural en la Nueva España nació, al propio tiempo que la instrucción elemental y la evangelización de los indios. Al aprendizaje del catecismo y de la obra de la alfabetización, se asoció muy pronto la enseñanza rudimentaria relativa al cultivo del campo. En un principio, el carácter práctico de la enseñanza fue limitado. En las escuelas se reunían los hijos de los principales y después de estudiar la doctrina les enseñaban a leer, escribir y cantar. A los hijos de los "plebeyos" se les enseñaba en el patio la doctrina cristiana, para que después pudieran ayudar a sus padres en los trabajos del campo. La imprenta tuvo como efecto permanente el despertar en las clases sociales el anhelo de cultivarse. La educación elemental privada, esto es, la que se impartía por maestros no religiosos, recibió este impulso. Dicha educación como se comprende, era servida por maestros particulares retribuidos por la clase media acomodada. Llego a desenvolverse a tal grado que a la vuelta del siglo (1600) fue preciso reglamentarla, a fin de evitar las deficiencias que, como toda nueva institución traía consigo. Para ello se promulgó La Ordenanza de los Maestros del Nobilisimo arte de Leer, escribir y Cantar. Esta ordenanza constituye la primera ley sobre educación primaria en la Nueva España. Se promulga setenta y nueve años después de iniciada la Conquista, lo que resulta bien claro, pues la educación, después del primer esfuerzo realizado por las órdenes religiosas, había sido relegada a un plano inferior. En la educación de todos los pueblos existen determinadas instituciones sociales que, de consumo con la escuela, ejercen una acción poderosa, aunque difusa, en la formación del hombre. Son las llamadas agencias de educación periescolar, que asumen de ordinario la forma de asociaciones de recreación y de trato social. Mucha mayor importancia tuvieron en la educación popular las representaciones teatrales que utilizaron con insospechado buen éxito los misioneros. Este teatro se hallaba al servicio de la evangelización. "Sus fines distan mucho de ser pura y directamente estéticos o de mero divertimiento". Pero este teatro comienza a tirar del carro de la comedia y ha de conducirnos hasta la escena criolla. Fue arrolladora su trascendencia social; su originalidad es sorprendente. Encontrándose ya el teatro en benéfico desarrollo, hizo su aparición en la Nueva España, asimismo como efecto directo y magnífico de la introducción de la imprenta en México, la Noticia periódica impresa, esto es, la prensa. Las fiestas, los deportes y los juegos poseen un alto valor educativo. Por ello, la interpretación pedagógica de estos eventos permite observar aspectos muy importantes en la formación integral del hombre. La preocupación por impartir una enseñanza superior a loa aborígenes en la Nueva España, data del año de 1536. Sólo treinta años habían transcurrido desde la fundación de las primeras escuelas en la Nueva España, y ya se percibía en los círculos cultivados de estas latitudes la inquietud por crear en América la institución de más alto rango académico que existía en Europa: la Universidad. La Real y Pontificia Universidad de México se rigió conforme a las Constituciones de la Universidad de Salamanca. El método de enseñanza en la Universidad era el escolástico, cuyo punto de partida es la lectura de un texto clásico (de ahí el nombre de lecciones dado a las cátedras). Tocante a la Filosofía y a la Teología, el método escolástico trata de demostrar y enseñar la concordancia de la razón con la fe por un procedimiento silogístico. Para ello, el catedrático fracciona la materia objeto de aprendizaje en varias tesis o proposiciones. A continuación explica el sentido de éstas. Después presenta los argumentos en pro y en contra de dichas proposiciones con la mira de obtener deductivamente una conclusión en concordancia con los principios de la dogmática católica. Los grados universitarios eran los mismos que los de las universidades europeas: bachillerato, licenciatura o maestrazgo y doctorado. La Universidad vino a conformar y consolidar el perfil de la intelectualidad novohispana, con rasgos peculiares e inconfundibles. Dada la organización feudal de la colonia, el alumnado de la Universidad provenía en general de las clases ricas y acomodadas, impidiendo de esta suerte que jóvenes de relevante capacidad intelectual desprovistos de recursos económicos suficientes, tuvieran oportunidad de consagrarse a la cultura e investigación superiores. En favor de los criollos de talento superior que, por diversas circunstancias se encontraban en su vida sin los medios pecuniarios para proseguir sus estudios, se instituyeron colegios universitarios. Hubo tres tipos de colegios universitarios, representados por el Colegio de Comendadores de San Ramón Nonato, responsable de la formación de los futuros funcionarios ,el Real Colegio Seminario de México el cual ampliaba la educación sacerdotal de la Iglesia de la Nueva España donde se formarían los criollos que se distinguían como profesores y clérigos en los colegios creados del siglo XVI al XVII y el Colegio Mayor de Santa María de Todos Santos, el cual se distinguía de los demás por el carácter riguroso y elitista de sus programas académicos y de la selección de sus alumnos. No es exacto que la educación en su nivel secundario haya sido creada exclusivamente en la Nueva España por las órdenes de los Dominicos, de los Agustinos y de los Jesuitas, éstos últimos se habían encargado de la educación de los representantes de las clases altas de la población, fomentando en ellos los principios fundamentales de la dominación económica y social. Antes de que se radicaran definitivamente en México estas órdenes - que, por muchos conceptos, han influido de manera tan poderosa y decisiva en la educación en la Nueva España-, la enseñanza superior se había inaugurado y desarrollado en estas tierras con éxito ejemplar, lo que suponía que la educación secundaria, base de la superior, había rendido ya sus primeros frutos. La propia Real y Pontificia Universidad de México, otorgaba, en efecto el grado de bachiller en las Facultades que la componían, y los Colegios Mayores, al recabar la autorización para impartir cátedras, cuidaron de incluir los estudios de latinidad y humanidades como cursos previos a los de teología y otras enseñanzas superiores. La obra de dichas Ordenes en este grado de la educación más bien tuvo por efecto la organización definitiva e institucional de la segunda enseñanza en estas tierras. La obra educativa de estas Ordenes tuvo por objetivo principal la formación de clérigos. En la historia de la educación en México la figura de Sor Juana Inés de la Cruz reviste gran importancia. La vida y la obra de esta mujer excepcional constituyen la primera realización de una nueva y superior manera de entender el problema de la educación femenina en la época de la Colonia. Al convertirse en la más alta figura poética de su tiempo. Sor Juana no sólo dio pruebas de la errónea idea de la inferioridad de la mujer respecto del hombre, sino que fue estímulo, tanto en América como en España, para una revaloración de los objetivos y posibilidades de la educación femenina. En México no se produjo un movimiento literario pedagógico comparable al que tuvo lugar en España durante el siglo XVIII. Sin embargo, bajo los estímulos de esta nueva literatura, y como efecto del desarrollo interno de la vida educativa del país, se operan en México algunas transformaciones de notoria significación. La primera de éstas es el establecimiento de instituciones que ya no se ponen bajo la égida del clero, sino bajo los auspicios de la iniciativa privada o de la tutela del Estado. Dichos establecimientos son: el Colegio de las Vizcaínas, consagrado a la educación femenina; la academia de las Nobles Artes de San Carlos de la Nueva España, creada para honra y protección del arte mexicano, y la Escuela de Minería y el Jardín botánico, instituidos para fomentar la ciencia en el país. EL MEXICO INDEPENDIENTE El proceso de independencia desencadenado con el movimiento popular de 1810, atravesó por fases diferentes, cuyas características variaron también. Para comprender cabalmente dicho proceso, es menester recordar las implicaciones que tuvo la promulgación de la Constitución de Cádiz en el año de 1812. No obstante dicha constitución no entró inmediatamente en vigor, tuvo la importancia de ser el primer documento que expresaba una nueva forma de organización político-social para España y sus colonias, ya que condenaba el absolutismo teocrático y proponía la adopción del Estado de Derecho con base en la idea de la soberanía nacional. El movimiento de insurrección popular fue derrotado casi en su totalidad hacia 1815, pero como fruto de la lucha armada se promulgó el Decreto Constitucional para la libertad de la América Mexicana de 1814, conocido más comúnmente como Constitución de Apatzingán. Aunque este documento tampoco tuvo vigencia, su gran valor reside en que expresa con gran claridad y extraordinaria lucidez el sentir de los insurgentes de la época. En él se encuentran los orígenes de lo que, mas tarde, algunos autores habrían de denominar el liberalismo social. Otorga al pueblo un papel fundamental para la construcción de su gobierno y muestra la preocupación por organizar un sistema de gobierno vinculado estrechamente a los intereses de la nación. A partir de 1820 se reanudó la vigencia de la Constitución de Cádiz de nuestro país. Tal acontecimiento aceleró la consumación de la independencia, ya que los sectores privilegiados de la sociedad colonial temían que la aplicación de dicho ordenamiento lesionara sus intereses. Sin embargo, la consumación de la independencia no sólo fue la respuesta a tal situación, sino que la tendencia que venía desde los inicios del movimiento popular de emancipación, también se manifestó lo que sería el pacto celebrado entre Don Vicente Guerrero, su líder más representativo, y Agustín de Iturbide, exponente de la herencia colonial. Sin embargo, como consecuencia de una conciliación que sólo era aparente, el país se mantendría a partir de entonces en una especie de fluctuación entre dos órdenes, uno que no acababa de nacer y otro que no terminaba de morir. Esto es, el país iniciaba una larga lucha por conformar un Estado-Nación cuyas características habrían de ser objeto de debate entre las corrientes sociales en pugna. Estos principios quedarían establecidos en gran medida, de manera formal en la Constitución de 1824, pero su aplicación no tendría un alcance social de gran magnitud. Por otra parte, el propósito de poner fin a los privilegios del clero y al dominio social de la iglesia quedarían aún aplazado. ¿Cuáles serían pues, los mejores instrumentos para atacar los hábitos y costumbres coloniales? Parecía indispensable intentar estructurar un orden social de características muy diferentes. Entre las tareas prioritarias a emprender se encontraba ofrecer educación al pueblo; una educación que les permitiese comprender y participar en el establecimiento de las instituciones políticas liberales y actuar conscientemente en el proceso de construcción del país naciente. La instrucción que se impartía en aquella época se encontraba en manos de la Iglesia y su contenido era, en consecuencia contradictorio con el propósito liberal; se hacía pues necesario arrebatarle el monopolio de la educación que tanto provecho le había redituado. Entonces, ¿ en quién debía recaer la obligación de impartir enseñanza? Don José Luis Mora dio la respuesta al decir que el Estado, como representante de los intereses generales, era el más indicado para garantizar la formación de hombres para construir una sociedad libre. De ahí que la educación, desde los inicios de la formación del Estado mexicano, haya ocupado un lugar tan relevante. No se concebía la organización de una nueva sociedad y de un nuevo orden político sin una educación de las masas, que hiciese posible ambos propósitos. Desde los primeros días de la independencia se empezaron también a advertir tendencias bien marcadas a la reforma de la educación científica y literaria; pero estas tendencias, lejos de emanar de la generalidad, como sucedía en la educación primaria, no eran ni aun de la mayoría, que, preocupada por el espíritu de rutina, tan propio de la pereza y desconfianza características a los españoles, no conocía ni deseaba adelantos capaces de cambiar la marcha establecida. La minoría era la que deseaba y promovía débilmente estos cambios, de los cuales tampoco se tenía por entonces una idea precisa en orden a su naturaleza y resultados. Una imperfectísima enseñanza de derecho político constitucional en los colegios y universidades; un curso de economía política hecho por el doctor Mora a sus discípulos del Colegio de San Ildefonso, y la variación del traje talar de los estudiantes, promovido por él mismo, fue todo lo que se hizo bajo el gobierno del general Iturbide. El clero se declaró abierta y animosamente contra estos cambios, y por aquí empezó su resistencia al conjunto de principios y medidas emanadas de ellos, que constituyen el programa del progreso; Iturbide supo, sin embargo mantener lo poco que se había hecho, y en todo esto manifestó más cordura que sus sucesores, que no acertaron a conservarlo. A la caída del Imperio, el ministro universal don José Ignacio García Llueca comisionó al doctor Mora para que propusiese al gobierno un plan de reforma del Colegio de San Ildefonso, que sirviese de modelo para el nuevo arreglo de todos los establecimientos de igual naturaleza existentes en la República. Mora había trabajado algo sobre la materia desde que recibió igual comisión de la Junta Provisional de Gobierno en los primeros días de la independencia, y el plan que presentó, aunque menos malo que lo que existía, era todavía imperfectismo. El pueblo mexicano, cuya juventud no había recibido notables adelantos de educación y enseñanza en los establecimientos públicos, por los motivos indicados, los recibió y continúan recibiendo muy grandes en los pupilajes o pensiones de los particulares. Estas casas de educación, libres de obstáculos y resistencias que opone la rutina a todo género de mejoras, han podido ensayar y establecer con más libertad y éxito más seguro los nuevos métodos de educación y enseñanza, que encuentran resistencias tan formidables en los establecimientos públicos. En 1830, la década de los colegios y la Universidad era ya tan visible, que la administración retrógrada de aquella época no pudo ya desentenderse de ella. El señor Alamán propuso e inició a las Cámaras, en su memoria de aquel año, un plan de reformas mucho más realizable que el que había abortado la acalorada imaginación del señor Llave. El mérito principal de este trabajo consistía en la división y clasificación de la enseñanza, repartida en tantas escuelas cuantos eran los ramos que debían constituirla; en el establecimiento de la enseñanza de ramos ante desconocidos y sin objeto en el sistema colonial, pero indispensables a un pueblo que debía ya gobernarse por sí mismo y tener lo que se llama hombres de Estado; en la supresión de una multitud exorbitante de cátedras de teología, que se pasaban años enteros para que tuviesen un cursante y eran de hecho en los más de los colegios absolutamente inútiles; y, por último, en la dedicación exclusiva de cada colegio a un solo ramo de enseñanza a los que con él tuviesen alguna relación. Los defectos del proyecto eran muchos y visibles; nada se hablaba en él de la suerte que debía correr la Universidad a la cual se dejaba de hecho sin destino; no se consolidaba un fondo para pagar la enseñanza ni se aumentaba el que existía, insuficientísimo por sí mismo; finalmente, tampoco se trataba en él de facilitar a las masas los medios de aprender lo necesario para hacerlas morales y despertar en ellas los sentimientos de dignidad personal y laboriosidad, que tan interesante es procurar a la última clase del pueblo mexicano. En esto vino la revolución de 1833, y con ella la administración del señor Farías, en la que se hablaba poco, pero se procuraba hacer mucho. Instalada la Comisión del Plan de Estudios con las mismas personas que más adelante formaron la Dirección General de Instrucción Pública, se ocupó ante todas cosas de examinar el estado de los establecimientos existentes destinados al objeto. La Universidad se declaró inútil, irreformable y perniciosa: inútil porque en ella nada se enseñaba, nada se aprendía; porque los exámenes para los grados menores eran de pura forma, y los de los grados mayores muy costosos y difíciles, capaces de matar a un hombre y no de calificarlo; irreformable, porque toda reforma supone las bases del antiguo establecimiento, y siendo las de la Universidad inútiles e inconducentes a su objeto, era indispensable hacerlas desaparecer sustituyéndoles otras, supuesto lo cual no se trataba ya de mantener sino el nombre de Universidad, también fue considerada perniciosa porque daría, como da lugar, a la pérdida de tiempo y a la disipación de los estudiantes de los colegios que, so pretexto de hacer sus cursos, se hallan la mayor parte del día fuera de estos establecimientos, únicos en que se enseña y aprende; se concluyó, pues, que era necesario suprimir la Universidad. El Colegio de Santos, que por su institución debía ser una especie de foco en que deberían reunirse las capacidades científicas y literarias, para después tomarlas de allí y emplearlas en el servicio público, no podía ya desempeñar este loable objeto, por la sencillísima razón de que las capacidades del país no podían caber ni tampoco querían ya reunirse en él. Las instituciones de los demás colegios fueron consideradas bajo tres aspectos: la educación, la enseñanza y los métodos, y todo se creyó defectuoso en sus bases mismas. La educación de los colegios es más bien monacal que civil: muchas devociones, más propias de la vida mística que de la del cristianismo; mucho encierro, mucho recogimiento, quietud y silencio, esencialmente incompatibles con las facultades activas propias de la juventud y que deben procurar desarrollarse en ella; muchos castigos corporales, bárbaros y humillantes, entre los cuales, a pesar de las prohibiciones, no dejan de figurar todavía los azotes y la vergonzosa desnudez que debe por el uso precederlos y acompañarlos. Al educando se la habla mucho por los eclesiásticos, sus institutores, de los deberes religiosos, de las ventajas y dulzuras de la vida devota. Nada se le habla de patria, de deberes civiles, de los principios de la justicia y del honor; no se le instruye en la historia ni se le hacen lecturas de la vida de los grandes hombres, a pesar de que todo esto se haya más en relación con el género de vida a que están destinados la mayor parte de los educandos. Este conjunto de preceptos, ejemplos, documentos, premios y castigos que constituye la educación de los colegios, no sólo conduce a formar los hombres que han de servir al mundo, sino que falsea y destruye de raíz todas las convicciones que constituyen a un hombre positivo. En el orden a los métodos de enseñanza no había otros que el de elegir un autor con la reciente fecha de cincuenta a cien años de atraso, cuyas doctrinas se explicaban bien o mal por el catedrático y se sostenía aun contra la misma evidencia. Este hábito de dogmatismo, que no es propio sino de las materias religiosas, se extendía y se extiende a ramos que son susceptibles de aumento o perfección en la sustancia y en el modo. De esta manera se falsea y desnaturaliza la enseñanza, que es para conocer la verdad, y se engendra el espíritu de disputa y alteración, que aleja de este fin esencial a la juventud, la excita a ser querellosa y la prepara para ser pendenciera. Sin embargo, el irracional proloquio de que la letra con sangre entra, que ha servido de regla de conducta a nuestros antepasados, es todavía reclamado y puesto en acción con bastante frecuencia por nuestros nuevos institutores, y se ve gemir a jóvenes de una inocente incapacidad bajo el peso de castigos no merecidos. Este era entonces, y es ahora con pocas e inconducentes diferencias, el estado de la educación y la enseñanza en la Universidad y los colegios, exceptuando los de Minería y San Gregorio. Todos estos males existían en la educación y refluían en la sociedad; su remedio, pues, era tan urgente como ejecutivo, y no podía ya diferirse. La comisión partió de esta exigencia social que hoy nadie pone en cuestión, y se fijó en tres principios: 1o. Destruir cuanto era inútil o perjudicial a la educación y enseñanza. 2o. Establecer ésta en conformidad con las necesidades determinadas por el nuevo estado social; y 3o. Difundir entre las masas los medios más precisos e indispensables de aprender. Esto era lo necesario, y sobre todo lo asequible por entonces, condiciones indispensables en cualquier proyecto que se pretenda realizar; lo demás lo daría el tiempo, la experiencia y las nuevas necesidades del orden social, a las cuales no sería difícil acudir una vez sentadas las bases en conformidad con este orden mismo. Las bases orgánicas de este plan son: una Dirección general de donde partan todas las medidas relativas a la conservación, fomento y difusión de la educación y la enseñanza; un fondo público formado de los antigua y nuevamente consignados al objeto, administrado, conservado e invertido bajo la autoridad de la expresada Dirección; para cada uno de los ramos principales de la educación científica y literaria y para los preparatorios, un colegio, escuela o establecimiento; una inspección general para las escuelas de primeras letras, normales, de adultos y niños de ambos sexos, de las cuales debía haber por lo menos una en cada parroquia; un establecimiento o escuela de bellas artes, un museo nacional y una biblioteca pública. Los establecimientos de enseñanza se constituyeron bajo de nuevas bases en todo diferentes de las antiguas. El primer objeto que se propuso la administración fue sacarlos del monopolio del clero, no sólo por el principio general y solidísimo de que todo ramo monopolizado es incapaz de perfecciones y adelantos, sino porque la clase en cuyo favor existía este monopolio es la menos a propósito para ejercerlo en el estado que hoy tienen y supuestas las exigencias de las sociedades actuales. Los conocimientos del clero, más que los de las otras clases propenden por su naturaleza al estado estacionario, o, lo que es lo mismo, dogmático. Así, en lugar de crear en los jóvenes el espíritu de investigación y de duda, que conduce siempre y aproxima más o menos al entendimiento humano a la verdad, se les inspira el hábito de dogmatismo y disputa, que tanto aleja de ella en los conocimientos puramente humanos. El joven que adopta principios de doctrina sin conocimientos de causa, o lo que es lo mismo, sin examen ni discusión; el que se acostumbra a no dudar de nada y a tener por inefable verdad cuanto aprendió; finalmente, el que se hace un deber de tener siempre razón y no darse por vencido aun de la misma evidencia, lejos de merecer el nombre de sabio no será en la sociedad sino un hombre presuntuoso y charlatán. En el sistema de enseñanza y en el modo de distribuirla hubo también cambios muy notables y bajo cierto aspecto totales. Bajo la influencia de esta idea y en consonancia con ella se formaron seis escuelas, la primera de estudios preparatorios, la segunda de estudios teológicos y humanidades, la tercera de estudios físicos y matemáticos, la cuarta de estudios médicos, la quinta de estudios de jurisprudencia y la sexta de estudios sagrados; a todas estas escuelas se dio el nombre de establecimientos, excluyendo de intento el de colegios, para que no sirviese de precedente a efecto de reclamar el uso o abuso de las rutinas establecidas en ellos, Organizada de la manera que va dicha la instrucción que podemos llamar clásica, sino por el modo a lo menos por su objeto, se procedió a sistematizar y establecer la instrucción primaria. Este ramo era el favorito del señor Gómez Farías, y justamente porque si la mejora de las masas en todas partes es urgente, lo era y lo es mucho más en México, en razón de que bien o mal, de una manera o de otra, ellas hacen o influyen de una manera muy directa a la confección de las leyes. Aquellas importantes ideas pedagógicas y los debates alrededor de los preceptos educativos constitucionales, dieron las bases y los antecedentes para una sustancial reforma legislativa. La política de Gómez Farías como jefe del gobierno siempre fue de avanzada. En materia de educación partía de la idea de que la instrucción del niño es la base de la ciudadanía y de la moral social. "La enseñanza primaria, decía, que es lo principal de todo, está desatendida y se le debe dispensar toda protección, si se quiere que en la República haya buenos padres, buenos hijos, buenos ciudadanos que conozcan y cumplan sus deberes". Este género de instrucción no puede, pues, sufrir retardos, y debe extenderse a los que sin ella se hallan en el ejercicio de los derechos políticos y a los que deben ejercerlos en la generación que ha de reemplazarnos; los primeros son los adultos, los segundos los niños, y para unos y otros se establecieron escuelas primarias, cuyo número se habría aumentado si no se hubiese abolido cuanto se hizo. El nuevo arreglo de la instrucción pública fue de la aprobación de todas las clases de la sociedad, sin otra excepción que la del clero. Mora tuvo el extraordinario acierto de establecer y aclarar el vínculo entre la educación y la política; además tiene muy en cuenta la necesidad de desarrollar en el joven, un auténtico espíritu científico, del cual se encontraba seriamente alejado por el carácter dogmático de la enseñanza de la época. El pensamiento liberal concebiría a la ley como un instrumento indispensable para lograr una acción del poder público capaz de extender a todo el país el brazo educador del Estado. La ley, bajo el concepto de Estado de Derecho, era concebida como la base de acción para el establecimiento de la educación pública. Esa educación podía ser colocada al alcance de las masas sólo por un gobierno de ideología liberal. La educación acercaría también a los beneficiarios de esas leyes al mejor conocimiento de sus obligaciones y derechos como ciudadanos. De ahí que fuese entendida como el motor fundamental para la formación de la nueva sociedad civil. La aplicación de las reformas promovidas por Valentín Gómez Farías en 1833, en su calidad de vicepresidente de la República, afectaba los intereses de los conservadores, quienes reaccionaron violentamente para impedirlas. Un movimiento militar hizo que Santa Anna reasumiera la presidencia y eliminara del gobierno a los liberales; una vez más los conservadores llegaron a tener el control político del país. La política educativa aplicada por los conservadores protegió los intereses de la Iglesia y le permitió prolongar su influencia sobre la educación aunque, por otra parte, fueron emprendidas importantes acciones tendientes a reorganizar la enseñanza a través del funcionamiento de una Dirección General de Instrucción Primaria, así como de acciones tendientes a establecer una mayor colaboración con las instituciones privadas, como por ejemplo el caso de la Compañía Lancasteriana. Esta compañía. de origen inglés, había logrado adaptar a la enseñanza algunos procedimientos de trabajo de las empresas manufactureras, como el empleo de monitores y la enseñanza mutua, que resultaban económicos y útiles en aquella época debido a las difíciles condiciones educativas de nuestro país, tales como: la falta de profesores suficientemente preparados y la constante escasez de fondos. La Dirección General de Instrucción Primaria fue confiada al control de la Compañía Lancasteriana a la que se reconocían sus esfuerzos en pro de la instrucción de los mexicanos de todo el país. La Compañía debería impulsar la enseñanza primaria, promover la creación de escuelas, preparar cartillas de instrucción, seleccionar textos y difundirlos, organizar una escuela normal para la formación de profesores, manejar los fondos que le fueran provistos por los gobernadores y por las juntas departamentales y rendir un estado de cuentas de sus acciones y gastos. A los padres y tutores se les obligaba a enviar a los niños entre siete y quince años de edad a recibir la instrucción primaria, bajo pena de multarlos si no lo hacían. En diciembre de 1842 una junta legislativa, integrada por una mayoría de miembros del partido conservador y por algunos liberales moderados, se dio a la tarea de elaborar un nuevo documento constitucional. En junio de 1843 sus trabajos concluyeron y se promulgaron las "Bases Orgánicas de la República Mexicana". En dichas Bases Orgánicas se manifestaba la inquietud nacional, compartida por liberales y conservadores, por elevar el nivel de la educación. Cualquiera que fuera la ideología del partido gobernante, se reconocía que atender el aspecto educativo era una función muy importante para el Estado. En el gobierno santanista fue nombrado como colaborador Manuel Baranda, el cual en cumplimiento de sus funciones como encargado de la instrucción, procuró aplicar los contenidos de la legislación educativa que entonces regía; en especial se preocupó por el establecimiento de un mayor número de escuelas de instrucción primaria. En julio de 1846, en plena guerra contra los Estados Unidos, fue restablecida la Constitución Federal de 1824. Se facultó a la Secretaría de Relaciones Interiores y Exteriores para encargarse de la instrucción pública; sin embargo, debido a las graves dificultades que existían para obtener fondos destinados a la educación, por decreto de octubre de 1846 se hizo recaer en cada estado de la Federación el compromiso de arreglar por sí mismo todo aquello relacionado con la instrucción pública, el manejo de las instituciones escolares y el acopio de fondos necesarios para mantenerlas. El 2 de febrero de 1848 fue firmado por los representantes de ambos países el Tratado de Guadalupe Hidalgo, por el cual México perdió una gran parte de su territorio nacional. Al concluir la guerra, nuestro país se encontraba en pésimas condiciones económicas, políticas y sociales. La presencia de la educación nacional bajo este panorama era casi nula. Hacia 1853 Santa Anna intentó aplicar una ley, decretada por el general Lombardini, que delineaba abiertamente la tendencia conservadora clerical en materia educativa. El documento precisaba que en los planes de estudio de todas las escuelas, las asignaturas principales serían el catecismo y la historia sagrada y solicitaba la intervención del Arzobispo para supervisar su enseñanza; además establecía la creación de una Academia Mexicana de instrucción Primaria con la finalidad de fortalecer institucionalmente el proyecto educativo de los conservadores. Al triunfar la revolución de Ayutla, la Ley Lombardini dejó de ser vigente. A pesar de la guerra contra Estados Unidos, en algunos estados los gobiernos realizaron acciones en favor de la educación, las cuales no tuvieron mayores alcances debido a lo precario de los recursos disponibles. Sin embargo destaco el caso del gobernador del Estado de Oaxaca, Benito Juárez, el cual en su primer informe al referirse a la cuestión educativa, afirmaba que a pesar de las múltiples dificultades que se habían presentado, el Instituto de Ciencias y Artes de Oaxaca había incrementado su población escolar y las cátedras impartidas en él. Con respecto a la instrucción primaria, señaló que el número de escuelas y maestros era insuficiente y apuntaba que bajo su mandato serían incrementados, pero enfatizaba que el mayor problema era la miseria general, situación que obliga a los padres a descuidar la instrucción de los niños, ya que tenían que ocuparlos en diversas labores para obtener algunos recursos complementarios que aliviaran un tanto su penuria económica. Debe señalarse que Don Benito Juárez representaba el ideario liberal, que contemplaba fundamentalmente, además de la urgencia de procurar el uso de la libertad para todos los mexicanos, la necesidad de garantizar el bienestar a toda la comunidad, en particular a los sectores desfavorecidos de nuestra sociedad. El Congreso de 1856-57 reviste una gran importancia, no solo por los extraordinarios debates a que dio lugar, sino porque en ellos se expresó con lucidez, e incluso con calidad literaria, la pugna ideológica entre los liberales y conservadores. La discusión acerca de la libertad de conciencia (de cultos) fue el punto crucial de los debates. La idea de la enseñanza libre tuvo múltiples interpretaciones entre las que destacan tres corrientes: a) Quienes pensaban que la enseñanza no podría ser libre y que debería responder a los principios clericales y coloniales. Esta postura fue la de los conservadores. b) Aquellos que consideraban que la educación debería ser absolutamente libre, es decir, nada ni nadie podría establecer ningún tipo de normatividad o regulación a la enseñanza, pues de hecho, tal acción estaría constriñendo la propia libertad. Algunos autores sostienen que esta era el punto de vista de los liberales radicales. c) La de quienes planteaban que la enseñanza debería ser libre, ajena a cualquier dogma o credo religioso, pero vigilada o supervisada por el Estado. Aparentemente esta postura la sostuvieron un grupo de liberales que por tal razón fueron denominados moderados. Finalmente, se aprobó el artículo tercero relativo a la enseñanza que establecía: La enseñanza es libre. La ley determinará que profesiones necesitan título para su ejercicio y con que requisitos debe expedirse. No obstante lo escueto del precepto es posible atribuir a la expresión liberal el siguiente significado: 1o. El derecho universal de los mexicanos a recibir educación. El hombre como tal tenía derecho a ser educado. Esta afirmación es de especial importancia, pues de aquí se desprenderá la obligación del estado, correlativa a ese derecho. 2o. El derecho a concurrir en la función de educar. Como una consecuencia del principio de libertad, el hombre adquiría el derecho de enseñar y recibir enseñanza bajo la orientación doctrinaria que más se ajustara a sus convicciones y conveniencias. La máxima ley del Estado rompía de esta manera el monopolio hasta entonces sostenido y admitía diferentes alternativas en el ejercicio de la función educativa. 3o. El derecho a la libertad ideológica y científica en el terreno de la educación. Se trataba del derecho de todo hombre, tanto de sustentar creencias propias en materia educativa, como de desarrollar la inteligencia bajo la luz del pensamiento ilustrado; puesto que se tenía una idea del progreso ligada ala participación en el avance científico, se deseaba recibir los posibles beneficios de éste y, al mismo tiempo, se aspiraba a contribuir al progreso de la ciencia. La promulgación de la Constitución de 1857 dio origen a la Guerra de Tres Años. La consagración de esta ideología en este documento básico para nuestra historia política, provocaría la reacción violenta de los grupos conservadores del país. Para 1861, apenas concluida la Guerra de Tres Años el gobierno del Presidente Juárez expidió en el mes de abril de ese mismo año una Ley de Instrucción Pública en la que se destacaba lo siguiente: LA creación y mantenimiento de escuelas de instrucción primaria y la organización de los planes de estudio para todos los niveles de instrucción. En el mismo documento también se establecían los procedimientos para exámenes, las obligaciones de los profesores y la administración de los fondos escolares. es conveniente señalar que en esta legislación se habla de la educación moral como necesaria, pero ajena a cualquier religión. Dicha Ley reviste gran importancia, puesto que fue promulgada por el gobierno de Juárez, poco tiempo después del triunfo liberal en la Guerra de Reforma. Sin embargo, recuérdese que no fue la última batalla contra los conservadores, faltaba enfrentárseles en su intento de instaurar un gobierno imperial con Maximiliano de Habsburgo a la cabeza. Maximiliano, inspirado en los modelos franceses, decretó, en diciembre de 1865, una ley de Instrucción Pública en la cual se definían las diferentes clases de la instrucción pública y privada: las condiciones en que deberían realizarse la instrucción primaria, la participación de los ayuntamientos para vigilar su funcionamiento, la creación de liceos y colegios en donde se daría la instrucción secundaria y los medios para dotar de fondos a los establecimientos educativos. Los artículos más importantes de esta ley preconizan el carácter obligatorio de la instrucción primaria así como la decisión de que ésta sería gratuita para quien demostrara no poder pagar la cuota que se exigía; además, establecía la enseñanza de la religión. La dirección y el gobierno de la instrucción pública correspondería al emperador, quien sería asesorado por un Ministerio. Esta ley tuvo vigencia por breve tiempo y sólo en el espacio territorial controlado por los ejércitos de Maximiliano hasta la restauración de la República. NACION SEMICOLONIAL Con la muerte del Imperio de Maximiliano y con la retirada de los invasores franceses, se inició un nuevo período en la historia nacional: la restauración del régimen republicano, para él fue electo como presidente Don Benito Juárez. Todo parecía indicar que había llegado el momento en que el país podría gobernarse institucionalmente; sin embargo, la inercia de tantos años de violencia, convertía el paso a la vida institucional en un gran reto. El grupo liberal triunfante tenía conciencia de que la plena realización de los ideales liberales sólo sería factible en un Estado laico; la educación pública recobraba, de esta manera, el carácter de una preocupación fundamental. Para cumplir esta meta, las ideas positivistas introducidas en México por Gabino Barreda adquirieron una gran importancia. En adelante la educación se basaría en los principios de la ciencia, inspiradas en la filosofía de Augusto Comte. El Presidente Juárez confirió a Barreda la responsabilidad de elaborar un programa educativo. El positivismo se convirtió en el fundamento indispensable para orientar la educación hacia el progreso, sólo así, se pensaba, se cumpliría el ideal liberal de libertad científica. En diciembre de 1867 el gobierno de Juárez expidió la Ley de Instrucción Pública, en la que se reglamenta el carácter gratuito y obligatorio de la enseñanza elemental, con base en la cual se funda la Escuela Nacional Preparatoria como la institución más representativa de la nueva orientación de la educación. No obstante que la ley que decretó la creación de la Escuela Nacional Preparatoria se contemplaba sólo para el Distrito Federal, sirvió de base para la creación de instituciones similares en las entidades federativas bajo el nombre de Colegios Civiles; estos Colegios siguieron la misma orientación positivista de la Escuela Nacional Preparatoria; por consiguiente, los principios rectores de la instrucción en México partirían en oposición al dogma, de la observación y la experiencia. Gabino Barreda consideraba que la educación debía mostrar la verdad en todos los aspectos, esto es, el más seguro preliminar de la paz y el orden social -porque el camino de la verdad- pondrá a todos los ciudadanos en aptitudes de apreciar todos los hechos de un semejante, y por lo mismo uniformar las opiniones hasta donde sea posible. La educación tiene como finalidad ofrecer el máximo de verdades sobre las cuales apoyen los individuos su criterio. Los hombres formados según tal proyecto aceptarían sólo como valioso lo que tuviera utilidad y un fin inmediato positivo. La escuela como instrumento tenía como misión ofrecer a los escolares un conjunto de verdades demostradas eliminando nociones fantasiosas y conductas escépticas. La escuela era como un laboratorio donde se demostraban y ponían a prueba todas las ideas y las creencias, en ella se hacían manifiestas todas las verdades. Esta formación se logró preferentemente en la Escuela Nacional Preparatoria donde se enseñaba a los alumnos a observar, experimentar, razonar sin recurrir a la teología o a la metafísica, tenía el propósito fundamental de formar la burguesía mexicana (puntual del posterior porfiriato) que se constituyó de individuos cuyos conocimientos e ideologías los hacía de hecho los más viables conductores de la economía del Estado. Según lo expuesto, la política educativa de Barreda concebía a la educación y la enseñanza como los medios más idóneos para transformar los patrones de conducta y realizar la modernización del país. aquí Barreda concretaba los propósitos del gobierno juarista. Sin embargo, poco tiempo duró la influencia de tal ideario educativo, ya que a la muerte de Juárez las diferencias políticas entre liberales, católicos y positivistas condujeron a una revisión de ese cuerpo de ideas. En 1873, a cuatro años de haberse implantado la reforma de Barreda en la educación superior, sus opositores eliminaron algunas disciplinas que entonces se cursaban en medicina y en jurisprudencia, más tarde, en 1877 Ignacio Ramírez eliminó la lógica, la literatura y el estudio del castellano en la carrera de arquitectura. Tales revisiones muestran tan sólo las pugnas que entonces existían entre liberales y positivistas que capitalizaban los católicos como se muestra en el decreto que en 1880 expidió Esequiel Montes como Secretario de Instrucción Pública en el que atacaba a la instrucción basada en el positivismo y ordenaba que la lógica de Stuart Mill y Bain, base de la preparatoria fuese sustituida por la Lógica de Tiberghein, ya que la lógica positivista y utilitarista no conducía a certidumbre sobre la existencia de Dios, del alma y del destino del hombre, contribuyendo de tal manera a la formación de un carácter ajeno a toda espiritualidad y que desemboca en un escepticismo religioso con lo que se afecta la libertad del hombre a crear y profesar un credo. Según los liberales del último período, el razonamiento estructurado por la lógica positivista atacaba implícitamente a los dogmas religiosos con lo cual se negaba el carácter neutral de la filosofía positivista, de tal forma, el orden perseguido y propuesto por el mismo positivismo podía verse afectado y de igual modo el progreso. En razón de lo asentado, es válido afirmar que para la burguesía mexicana de 1880 el positivismo fue útil en la medida en que no constituyera un peligro para el orden que intentaba establecer. Los críticos de Barreda enfocaban su ataque a la pretendida uniformación del pensamiento que aquel concebía como base del orden; estaban en contra de formar un fondo común de verdades a través de la enseñanza, ya que según se afirmaba, la única misión de la educación era la instrucción; estaban en contra de la educación orgánica implantada en la educación superior y proponían en su lugar la enseñanza especializada tipo, que a su vez es criticada por Barreda por considerarla generadora de desacuerdos entre los mexicanos. A sus críticos, Barreda los califica de románticos soñadores porque proponían una educación poco pragmática que reflejaba en mucho su propia formación. Habría que agregar que no sólo a los supuestos ideológicos de Barreda se oponían los liberales y católicos, su oposición radicaba en el instrumento que haría posible tal proyecto, es decir, hacia los elementos que tendrían el poder de conformar la conciencia de los mexicanos; tales elementos serían parte de un nuevo grupo social a los que posteriormente se les conocería como los positivistas. Las dos últimas décadas del siglo XIX constituyen el período en que las grandes naciones occidentales entran en la fase del capitalismo imperialista, muestran hasta que punto México se insertó en un conglomerado de naciones que se regían por las leyes y políticas de un capitalismo en expansión, por lo que, la precaria situación de nuestro país lo ubicaba desde entonces en papeles de dependencia económica, cultural y política que se acentuarán con el transcurso del tiempo. Predominó la corriente positivista que adaptó a México Gabino Barreda, este pensamiento, aunque fue motivo de controversias y revisiones de liberales de las últimas décadas del siglo, orientó todo el pensamiento filosófico y el adelanto científico, tecnológico y en parte educativo del período. La educación nacional al final del gobierno juarista y de Lerdo de Tejada entra a una etapa de revisiones, tanto en su estructura administrativa, como en su legislación. Nuevas ideas, producto de los congresos, se introducían en el quehacer educativo, en aquellos, los educadores empezaba a manifestar su preocupación por la educación de entonces. La revisión de métodos de la enseñanza, las condiciones higiénicas de las escuelas y sobre todo la preocupación por la formación del profesorado constituían los temas de educación general, los maestros sobresalientes de la época postulaban la importancia que para el Estado tenía la educación en su concepción laica, democrática y obligatoria, ya que constituía así una garantía de progreso para la sociedad. Las primeras épocas del porfiriato, así como la gestión Manuel González, se caracterizan por una pugna ideológica entre los neoliberales positivistas y los enemigos de la doctrina positivista que veían en ésta un regreso a la escuela religiosa tanto tiempo combatida. De tales pugnas resulta una síntesis en la que por años se mezclan los ideales de la doctrina liberal con los avances pedagógicos producto de la práctica de la filosofía positivista en el país. En los congresos de instrucción que en tal época se celebraron, se obtuvo el consenso de extender la enseñanza elemental en todo el país, pero limitándose a los sectores urbanos. Para el medio rural se recomendaba la creación de escuelas rurales a las que atenderían maestros interinos cuando en la población existieran menos de doscientos habitantes. En el informe del congreso se manejaba que el método que debía emplearse en las escuelas primarias elementales, era el que consistía en ordenar y exponer las materias de enseñanza, de tal forma, que no sólo se procurase la transmisión de conocimientos, sino que se promoviera el desenvolvimiento integral de las facultades de los alumnos para que pusiera en juego sus aptitudes y habilidades innatas. La educación primaria superior fue enriquecida en contenidos que proyectaban su utilidad práctica en la vida cotidiana. Tenían como fin primordial la adquisición sistemática de conocimientos, en este tipo de enseñanza se dio preferencia a los procedimientos inductivos y a los principios de la enseñanza objetiva. Del segundo congreso derivó la idea de que el sistema lancasteriano era ya inoperante tanto en la enseñanza pública como en la administración de ésta, por ello el Estado se responsabilizó de la función educadora, lo que se estableció en la Ley de Instrucción Pública en el distrito federal, y que posteriormente tratase de hacerla extensiva a todos los estados de la Nación. La enseñanza preparatoria, recibió un gran impulso ya que era concebida como el paso obligado a la educación superior, amen de que en la concepción de los positivistas esa enseñanza era la generadora de la clase impulsora del progreso de México. La educación normal, que pasó de la escuela para mujeres a una institución formalmente dedicada a la formación de profesores para la enseñanza elemental, recibió un fuerte impulso de los congresos de instrucción pública de 1889 a 1890 que originó que escuelas normales se fundaran en varios estados durante los últimos años del siglo XIX. Justo Sierra, quien defendía y apoyaba la dictadura de Porfirio Díaz a quien considera el creador de la paz y el orden en México, uno de los primeros pensadores políticos mexicanos que desarrollaron la teoría del estado activo, cuya intervención en la sociedad de sobrevivir y crecer frente a competidores más fuertes. Para este Estado, una de las funciones primordiales era el aseguramiento de la instrucción pública por la cual se aspiraba formar un pueblo homogéneo, dotado de valores, actitudes y destrezas apropiados al proceso de modernización. El objeto de la educación era la consecución de la unidad nacional de modo que contribuyera al crecimiento económico. La nueva educación, a diferencia de la lancasteriana debía procurar el desarrollo de las facultades humanas que permitieran el acrecentamiento de las fuerzas productivas en ciudadanos conscientes y patriotas. Esta política encontró en la psicología de las facultades en boga en los países industrializados, el apoyo científico al programa pedagógico del Estado Mexicano. según tal programa, el alumno debía partir de lo concreto e ir a lo abstracto a través de la observación y de la experimentación, mediante ello se adquirirían habilidades para manipular el medio ambiente. A través del programa se pretendía desarrollar hábitos de autolimitación, altruismo, disciplina y utilización del tiempo, así como iniciativa, orden y armonía en las tareas, tal y como sucedía en una sociedad que se modernizaba. El programa del desarrollo de las facultades se resumía en un programa escolar cuyos contenidos giraban alrededor de tres principios: trabajo, obediencia y patriotismo. El programa, tal y como lo proponía Herbart, casi cuarenta años atrás, tenía como objetivo principal la formación del carácter. siendo la ética el instrumento más idóneo en la fórmula original, en tanto que en el programa mexicano lo constituye la enseñanza de la moral. La política educativa del estado mexicano de finales del siglo se concretaba en el escrito del 19 de mayo de 1896 por el que se reorganizó la instrucción pública en la siguiente forma: La instrucción oficial primaria elemental en el Distrito federal y territorios federales dependió exclusivamente del Ejecutivo; la instrucción primaria superior quedó organizada como enseñanza media entre la elemental y la preparatoria; fue creada la dirección General de Instrucción Primaria, para uniformar la enseñanza bajo un mismo plan científico y administrativo. La reorganización de la instrucción preparatoria permitió la integración de los elementos culturales necesarios para el posterior seguimiento de las distintas carreras profesionales existentes, lo que constituyó un gran éxito del Estado en su esfuerzo por intervenir en la educación pública en sus diferentes niveles. La evolución de la enseñanza Normal en el Porfirismo. Los cambios efectuados en la teoría de la enseñanza que tuvieron lugar durante la última parte del siglo, a lo largo de todo el mundo de occidente revolucionaron el trabajo en el aula. Uno de los cambios fue rechazar la imposición del conocimiento en la mente del educando y propugnar por la actividad del alumno en materia de aprehensión y asimilación del contenido. Asimismo, el impacto de la ciencia en el curriculum en la educación superior fue apareado con un impacto en la teoría educativa y en consecuencia en la formación de los maestros. El pensamiento de Herbart y Froebel sobre el sentido y función de la educación rechazando las tendencias de una enseñanza meramente informativa, proponiendo una educación formadora del carácter de acuerdo al desarrollo psicológico de los alumnos, impactaron a los pedagogos mexicanos de la época, que construían el aparato escolar de entonces. Se pretendía que los programas estuvieran adaptados a las necesidades regionales de México y específicamente al aumento de la producción. En las escuelas del porfiriato, la variable fundamental para el cumplimiento de los programas constituía el Maestro. De acuerdo a los propósitos de los políticos porfirianos, la inspección y la capacitación de los docentes constituía la garantía del programa. En el período de referencia, y como lo mencionamos con anterioridad, la creación de escuelas normales fue producto de los Congresos de Instrucción de 1890, históricamente la Escuela Normal de Profesores resultó de la conversión de una preparatoria para mujeres que funcionaba en la capital; en esta misma ciudad en 1887 el Gobierno Federal inauguró la Escuela Nacional de Profesores. En la fundación de estas instituciones y de la mayoría del interior de la República, fue clara la influencia del modelo de escuela normalista norteamericana; tan fue así que los programas de las escuelas normales eran revisados frecuentemente para mantenerlos al día con la pedagogía del momento en Europa y Estados Unidos y para estudiar con mayor detalle los aspectos prácticos de la enseñanza en sí misma. durante el período de fundación de escuelas normales que abarcó las dos últimas décadas del siglo de referencia, varios gobiernos estatales enviarían a maestros mexicanos a perfeccionarse a escuelas normales norteamericanas. Hacia el final del porfiriato, algunas escuelas normales contribuyeron en la tarea de crítica hacia la dictadura. En el período en que se estructura legal y administrativamente la educación en su aparato escolarizado, fueron notorias actitudes y preferencias de políticos y pedagogos que al igual que en toda Latinoamérica se inclinaban por las filosofías y pedagogías de éxito en Europa y Norteamérica. La política educativa consideraba que la instrucción pública era el instrumento para asegurar las instituciones democráticas (el Estado mismo), desarrollar los sentimientos patrióticos (signos de identidad) y realizar el progreso moral y material de nuestra patria (finalidad del porfiriato), educar al pueblo es el primer deber del Estado. La enseñanza pública se legitima durante el porfiriato. La educación primaria, si bien recibe incrementos en los presupuestos estatales, no pasa de ser una tarea limitada la mayor de las veces a las capitales de las entidades y de la capital del país. Fue notoria la centralización en que incurría el gobierno al asegurar los presupuestos, primero para el Distrito Federal y después para los Estados. La política educacional del Estado mexicano promovió un desarrollo disparejo de la instrucción explicable por el desarrollo desigual de las economías en las entidades. La educación rural como medio para extender la enseñanza al agro, no prosperó por las actitudes despóticas de los hacendados y caciques regionales. La Educación Técnica: la educación pública vocacional para el desarrollo de las tareas manuales e industriales permaneció poco desarrollada en este período. Sólo unos pocos Estados tenían escuelas de artesanías tradicionales que seguían el modelo de las escuelas de Artes y Oficios para Hombres fundada en la ciudad de México hacia 1869. Una institución similar para mujeres fue fundada en 1871, en la capital y después se establecen en varios Estados, en éstas progresivamente se prepararon mujeres para trabajo de confección de vestidos, sombrería, belleza y oficios secretariales. La Educación para el Comercio: este tipo de enseñanza era ya considerado como profesional porque en ella se entrenaba a personal para la gerencia de oficinas, contadores y personal administrativo de los consulados en el extranjero, en los primeros años del siglo se habla ya de la Escuela Superior de Comercio y Administración. La Educación Preparatoria: la preparatoria constituyó la institución ejemplar del porfiriato que procuró su establecimiento en todos los Estados, las preparatorias al igual que los liceos mejoraron sus contenidos y sus instrumentaciones didácticas fundadas en las ciencias físicas y naturales. La Educación Normal: en el proceso de la fundación de las escuelas se observó la influencia de las instituciones normalistas norteamericanas, tanto en su curriculum como en su administración, todo ello en razón de que los pedagogos mexicanos recibieron importante formación en aquel país. El programa del desarrollo de las facultades que se trató de implantar en México, tropezó además de la insuficiencia de los presupuestos educativos de algunos Estados, con una realidad de tres siglos de lastre colonial y con una lealtad de las masas hacia la Iglesia, que se trató de transformar en lealtad hacia el Estado. El instrumento en la pedagogía nacional era la acción moralizadora, que concebía como negativos los vicios que obstaculizaban la conformación de una mentalidad laboral confiable en los mexicanos. Los valores que se pretendió inculcar a través del magisterio eran valores de clase, porque por un lado, si bien era bien vista la acumulación de riquezas en base a la explotación del trabajo en contraste era mal vista la ignorancia entre las masas. la que se entendía como resultado de la pobreza y de la poca iniciativa, más no como un producto del trabajo explotado y de la enajenación de los bienes comunales. La situación de los Maestros: durante el porfiriato, los maestros ocupaban una posición muy contradictoria al interior de la estructura social; en tanto crecía la demanda de maestros, sus condiciones de trabajo, su prestigio social y sus salarios permanecían bajos, los maestros que trabajaban para el gobierno federal percibían mensualmente 50 pesos en tanto que los municipales ganaban la mitad. Los maestros que percibían los más altos salarios, residían por lo general en las ciudades más grandes, en contraste con los maestros rurales, cuyas bajas percepciones se justificaban por el bajo costo de la vida en las comunidades rurales. Por norma, podría aceptarse que los bajos salarios se debían a las dificultades de los presupuestos nacional y regional, además de que todavía la educación pública y la enseñanza no era aceptada como válida por la sociedad. El maestro que ya concebían los positivistas como instrumento de penetración ideológica, distaba de ser realmente en la práctica lo que se pretendió al final del porfiriato, y por muy sobradas razones, muchos maestros eran agudos críticos del régimen y de sus ideólogos, empleando las mismas aulas para difundir los problemas de los opositores al porfiriato. Inútiles resultaron los esfuerzos de Sierra por revitalizar la obediencia dentro de los programas educativos y en su administración. La idea de educación contenida en la Ley de Educación Primaria de 1908. Se entiende por educación nacional la introducción al estudio de la historia patria, de la geografía elemental de México y del civismo constitucional mexicano. Se llama Lengua Nacional al español de México, al mejor español que se habla en México; más aún, se trata de diferenciar la formación del educando mexicano, respecto al de otros países, añadiendo a su diseño general los rasgos necesarios para integran al ciudadano mexicano y al hombre de México liberal y progresista. La destitución y el exilio a París de Porfirio Díaz se logran en 1911. La nueva preocupación política era conformar un gobierno republicano y democrático capaz de satisfacer las demandas populares. La situación del sistema educativo nacional reflejaba el ambiente que reinaba en el país. El nivel superior era el más abandonado a pesar de las pequeñas decisiones que tomaban las autoridades docentes y gubernamentales para encauzar la enseñanza propuesta por Justo sierra a fines del porfiriato, principalmente la fundación de la Universidad Nacional de México. La modalidad de establecer cursos libres en los planteles de educación superior en 1912 significó la apertura de las aulas para quienes deseaban aprender libremente. fue esta una primera forma de democratización de la enseñanza superior. a través de estas facilidades académicas se procuraba incrementar el nivel cultural de la población a la vez que agilizar la formación de personal capacitado para emplearlo en el programa de educación elemental. Cuando Huerta estuvo en la presidencia el militarismo que lo caracterizaba se tradujo en un continuo ejercicio de violencia y represión contra los opositores que pedían una reforma estructural al sistema político mexicano. México volvió a vivir otro período más de inestabilidad política, social y económica. Los contrastes que reflejaba la sociedad mexicana, hacia 1914, hacían eco en las diferencias de la docencia. Huerta mezclaba sus preocupaciones de una educación rudimentaria para el campesinado a la vez que destinaba presupuestos generosos para mejorar la instrucción militar. Por otro lado, Venustiano Carranza trataba de integrar la realidad mexicana con el Plan de Guadalupe. El 5 de febrero de 1917 se promulgaba la actual constitución mexicana en la ciudad de Querétaro. En base a los principios dictados por los liberales en 1857, los carrancistas tomaron en consideración las propuestas del activo grupo de maestros que participaron en la revolución para la redacción del artículo 3o. que legislaba la enseñanza libre y se responsabilizaba al estado de la instrucción pública. La educación superior contemplaba, con el presidente Carranza el nacimiento de un nuevo concepto de enseñanza técnica cuyos objetivos consistirían en formar al personal para levantar al país de la miseria y el devastamiento de siete años consecutivos de lucha armada. La escuela práctica de Ingenieros Mecánicos y electricistas se fundó con la intención de preparar técnicos calificados desde niveles elementales hasta áreas de especialidad dentro del campo de la ingeniería. La Escuela Nacional de Altos Estudios, desde 1917, se dedicaría a la formación de personal docente para la enseñanza preparatoria o secundaria y profesional de ciertas cátedras de las facultades universitarias. Para 1920 Adolfo de la Huerta ocupaba interinamente la presidencia, conforme el fin del Plan de Agua Prieta. La presión de las fuerzas militares y la popularidad de que gozaba Álvaro Obregón hicieron que este ocupara la presidencia de la República a partir del 1o de diciembre de 1920. En este período el clero parecía recuperar poco a poco parte de sus bienes. Las organizaciones religiosas continuaban proporcionando educación privada y de pago. La compañía de Jesús se destacaba como en tiempos de la colonia, por la calidad académica de sus planteles educativos que, localizados en las ciudades de mayor importancia del país, se dedicaban a transmitir una formación de jóvenes de la oligarquía nacional, acorde a los patrones contemporáneos del viejo Mundo. Durante la administración de Obregón se comienza a definir la industrialización como objetivo de desarrollo nacional. La paz empieza a consolidarse en el ámbito nacional, los intelectuales y personajes políticos que se encontraban en el extranjero, debido a sus diferencias con los gobiernos anteriores, se fueron integrando a las oficinas públicas con la intención de participar en las actividades oficiales, guiados por un espíritu revolucionario. En estos personajes se encontraba José Vasconcelos que se había expatriado debido al triunfo militar y político de Venustiano Carranza. Vasconcelos crea el Ministerio de Educación se inicia como Secretario de Educación un ambicioso proyecto educativo que vinculaba la actitud liberadora de la educación y el nacimiento de una civilización lograda a través del mestizaje que daría luz al espíritu para exaltar los más altos valores de la condición humana. Educar para Vasconcelos significaba un proceso armonizador para favorecer la libertad y la democracia. Vasconcelos propicia el desarrollo de las actividades humanísticas en contraposición al positivismo que prevalecía en el ámbito educativo. Bajo la dirección tutelar del escritor Pedro Henriquez Ureña, uno de los grandes maestros latinoamericanos, se iniciaron los servicios de extensión universitaria, obra singular en la que se advierte un espíritu crítico y social del Ateneo de la Juventud, cuyos miembros mas representativos habían nacido durante la década de 1880: José Vasconcelos, Antonio caso, Ricardo Gómez Robledo, Alfonso Reyes, Jesús T. Acevedo, Manuel Gómez Morín y Lombardo Toledano que pugnaban por una apertura cultural que tenía el sentido renovador de las mas recientes expresiones artísticas y corrientes ideológicas de Europa a través de la relación académica con la literatura, y que creó, espiritualmente el México moderno. El Ateneo desarrolló actividades importantes como: la sociedad de conferencias fundada en 1907, y la Universidad Popular Mexicana que inició sus primeras labores en 1912. Vasconcelos inauguraba el 20 de julio de 1921 los servicios de la Secretaría de Educación Pública como primer secretario. Vasconcelos y su nueva ideología estaban orientados hacia una posición que lejos de servir a las necesidades de educar hombres para lo estrictamente utilitario, buscaba, por medio de la instrucción popular, atacar la barbarie que el pueblo de México venía padeciendo desde la colonia española. La educación sería la única vía eficaz de la unidad nacional y el ejercicio democrático, porque al tener conciencia de sus fines humanos, el individuo llegaría a participar activamente en la formación de una nueva cultura que exaltaría los más altos valores espirituales. Vasconcelos transformó su proyecto pedagógico en una obra política sin precedentes. su pedagogía pretendía transformar a las masas marginadas en grupos de individuos productivos y creadores. En 1924 Vasconcelos renuncia a la Secretaría. Antonio Caso había dejado la rectoría de la Universidad Nacional en agosto de 1923. Con el régimen dictatorial de Plutarco Elías Calles (1924-1928) las prioridades gubernamentales para atender las demandas populares se conciliaron con el modelo de desarrollo capitalista que ya caracterizaba al país desde la época de Porfirio Díaz. La enseñanza popular cobraba otro sentido durante el régimen de Calles; la alfabetización era un aspecto necesario para habilitar a la población a su participación activa de nuevas fuentes de trabajo vinculadas a las labores de producción en gran escala, con manejo de maquinaria, que exigía entrenamiento previo de los trabajadores además de una programación y control de calidad adecuados, por manos de especialistas que, hasta este periodo, no existían en suficiente cantidad ni calidad de especialidad para iniciar el proceso de formación de infraestructura que se requería en un programa de industrialización nacional. El modelo callista que prevaleció hasta la llegada a la presidencia de Lázaro Cárdenas, mostraba una finalidad radicalmente distinta a la mesiánica idea vasconceliana; enseñar y alfabetizar para preparar la infraestructura industrial; satisfacer las demandas de los grupos que presionan al Estado con establecimientos de educación superior y actividades artísticas y culturales. Al término del régimen callista, México contaba con cinco universidades estatales en los centros de mayor desarrollo: Universidad de puebla desde 1917; Universidad Autónoma del Estado de Michoacán fundada en 1917; Universidad Nacional del Suroeste inaugurada en 1922; Universidad de Guadalajara fundada en 1925, El Instituto Científico y literario de San Luis Potosí desde 1923. La etapa final de la década de los veinte sirvió de marco crítico para la vida universitaria. El estudiantado mexicana aumentaba progresivamente sus manifestaciones de descontento contra las autoridades gubernamentales, a medida que el dominio oficial se reforzaba en las aulas a través de los partidos hacendarios. En 1917, Venustiano Carranza había reconocido la necesidad de separar a la Universidad del gobierno Federal como un organismo administrativo autónomo. El 27 de agosto de 1923, la Federación de Estudiantes de México presento una iniciativa de ley para la autonomía administrativa, ante la Cámara de Diputados. Los conflictos entre los universitarios y el estado empeoraban con la definición del modelo de gobierno revolucionario. La Universidad se convertía en un organismo autónomo en medio de un período crítico del gobierno revolucionario. Obregón se reelegía por procedimientos aparentemente democráticos. durante los últimos meses del año 1928, la República Mexicana se volcó en nuevas situaciones que ponían en peligro la estabilidad nacional; el 1o. de diciembre se nombró presidente provisional a Emilio Portes Gil. Portes Gil aprovechó el problema académico suscitado en 1929, para otorgar la autonomía a la Universidad. Hacia 1933, el clima político de México se nacionalizaba gracias a los propulsores del socialismo; el ámbito educativo nacional aun no consolidaba una clara definición ni de su pedagogía ni de los objetivos de estudio. La educación superior en México, padecía una de las más agudas crisis de su historia como resultado de los conflictos entre el Estado revolucionario y los establecimientos educativos, que defendían su derecho a participar de los beneficios que acarrea el conocimiento. La posición ideológica de la Universidad se manifestó en dos corrientes de discusión; la libertad de cátedra en un ámbito de total autonomía, como marco crítico de teorías e ideologías universales para la formación de los estudiantes, posición defendida por Antonio Caso. La otra posición tenía un criterio opuesto al de Caso, al proponer la filosofía marxista como filosofía universitaria expuesta por Vicente Lombardo Toledano. El materialismo histórico obtuvo la victoria ante el Congreso de Universitarios Mexicanos aunque no en la praxis educativa del país. Tanto la actitud de Caso como la postura laborista de Lombardo obedecían a su formación de intelectuales. La importancia del momento era, justamente la definición ideológica del compromiso revolucionario. Así pues la inestabilidad política que padecían las instituciones de enseñanza superior en toda la nación era un sensible reflejo de la indefinición oficial del pensamiento revolucionario. LA ERA DE CARDENAS Al inicio de los treintas, el Estado tuvo que enfrentarse a los efectos de la presión mundial sobre la economía mexicana, lo que obliga a controlar los efectos de una economía exportadora y conciliar las contradicciones políticas surgidas de la insatisfacción de los sectores laboral y agrario. Basándose en la movilización de obreros y campesinos, Cárdenas rompió con las administraciones anteriores y se caracterizó por una reinterpretación radical del papel del estado. Se afirma que el gobierno de Cárdenas constituyó el esfuerzo más serio durante el período posrevolucionario para articular y llevar a cabo las metas de la Revolución Mexicana. En la idea de Cárdenas y de otros líderes, el papel del Estado era nacionalista y anti-imperialista pero que operaba dentro de las restricciones de un sistema capitalista, se reconocía el conflicto de clases propio de tal sistema, pero se intervenía en favor de los grupos explotados. El proyecto de implantar la educación socialista, independientemente de todo sectarismo, estaba específicamente orientado hacia la formación de una conciencia socialista que campeaba muy en el fondo de las luchas revolucionarias. Por la educación ahora socialista, en México se intentaba inculcar en los niños y en los adolescentes una "conciencia gremial" para identificarlos con las aspiraciones proletarias; la nueva educación pretendió imprimir en las nuevas generaciones un profundo sentido de "responsabilidad, lealtad y reconocimiento de las clases trabajadoras para mejorar sus condiciones de miseria y de ignorancia". Por la educación socialista se buscó transformar integralmente a la sociedad con una visión radical y hasta entonces no intentada. La nueva tendencia educadora del estado tenía mucho de influencia de las pedagogías progresistas y reformistas que decenios antes se habían practicado en Norteamérica y en la lejana Rusia, bajo la férula de Dewey y Makarenko y otros respectivamente. Ambas pedagogías adaptadas por maestros mexicanos desembocan en una práctica pedagógica que emplea indistintamente el método de proyectos de complejos y el globalizador. Tal práctica provocó confusión entre el profesorado que estaba más preocupado por el qué enseñar y menos por el cómo enseñar. Lo positivo de la escuela socialista lo constituye el hecho de que mediante sus métodos, el niño llegó a comprender sus nexos con la realidad, el ubicarlo en grupos de trabajo permitió inculcar un profundo sentido social a la educación comunitaria. Bajo el régimen de Cárdenas empieza a funcionar el Instituto Politécnico Nacional en el año de 1937. La enseñanza superior sería la responsable de proveer los cuadros técnicos y los servicios profesionales que apoyaran la producción nacional. En 1935 se comenzó la organización de un instituto educativo para formar a los egresados de la secundaria en aspectos específicos de las ciencias aplicadas y las técnicas industriales. Educación socialista para el pueblo de México, apoyo a las organizaciones obreras y reparto de tierras, eran las acciones primordiales de la administración cardenista. La introducción de la pedagogía socialista, en el modelo liberal mexicano, fue promulgada oficialmente en 1933. Ante los acontecimientos surgidos en cuanto a la expropiación petrolera surge la necesidad de que tanto la Universidad como el Politécnico diversifiquen sus especialidades ya que la industrialización nacional era ya un hecho; habría que educar químicos e ingenieros petroleros, mecánicos y electricistas; geólogos y matemáticos para iniciar el proceso de transformación del petróleo. La educación superior de carácter privado se inició durante el cardenismo como respuesta de las clases acomodadas a la imposición del materialismo histórico para las escuelas nacionales como lo establecía el artículo tercero. El apoyo a la educación técnica, que motivó la política educativa del cardenismo, se complementaría con la participación de investigadores y especialistas de ciencias químicas en el proceso de nacionalización de la industria básica. El acelerado crecimiento de la clase media durante la década de los cincuentas, conlleva el fortalecimiento de las instituciones privadas de educación superior. Los religiosos comenzaron a recuperar la posición de vanguardia en la eficacia educativa que parecía perdida bajo los gobiernos de los caudillos de la revolución. Desde el año de 1945, la educación mexicana volvería a ser libre de credo o doctrina para permitir que el proceso diversificador de la enseñanza se desarrollara acorde a la desintegración de los ideales populares del levantamiento armado. Las instituciones de carácter privado comenzaron a desempeñar un importante papel como complemento a los deficientes servicios de educación pública federal; las instituciones privadas acogerían en sus aulas a los representantes de las clases media y alta que, a través de las cuotas y la estructura escolar garantizaban la calidad de la docencia. La reducción del presupuesto para la educación, desde el sexenio de Avila Camacho hasta el término de la presidencia de Ruiz Cortines, sería la causa fundamental de los problemas que padecemos actualmente en las incongruencias que resulta de los avances del desarrollo tecnológico, la prosperidad económica de las grandes ciudades y una amplia población rural o semiurbana aún esclava de la ignorancia y la miseria. El 25 de marzo de 1950, los representantes de once universidades y doce institutos superiores acordaron la fundación de la Asociación Nacional de Universidades e Institutos de Enseñanza Superior como un organismo dedicado a fomentar las acciones favorables a sus establecimientos y a las necesidades del país. Asimismo, la ANUIES fungiría como una unidad consultiva, de investigación y análisis de los asuntos de carácter pedagógico o administrativo, que contribuyera a mejorar los servicios educativos para atender la demanda de personal especializado de toda la República. Al presidente Adolfo López Mateos correspondió afrontar la heterogeneidad del sistema mediante un programa educativo que incluía la incorporación de textos gratuitos para toda la primaria. Con la aplicación del Plan de once años, el Estado enfatizó la conducción del "proceso mental y emocional-" de los escolares; las escuelas públicas cumplirían la función de enlace entre la recreación infantil y las necesidades de su grupo de pertenencia.. Mediante el fomento de un espíritu responsable, y de "amor a la verdad", los niños aprendían labores fáciles para iniciar un tránsito entre la vida del hogar y la organización cotidiana de su instrucción obligatoria. El derecho de la Universidad para organizar su propia vida, su enseñanza y sus investigaciones, debe ser reconocido y respetado por el Estado y ejercido en la institución. Este fue el principio propuesto por varias generaciones de maestros y estudiantes. De su vigencia depende la libertad de cátedra, de investigación y el alcance mismo de la autonomía; principio que se ha puesto en duda por temor, desconfianza o ignorar, sencillamente, sus antecedentes históricos y su alcance jurídico; en discusión, también, por el Estado y los propios universitarios. El movimiento estudiantil de 1968 fue la más patente prueba de desarticulación entre las funciones políticas que se ha atribuido el Estado, en su papel de mediador y las instituciones educativas, cuyos objetivos no incluyen, implícitamente, la acción política de la comunidad universitaria en asuntos de carácter público. Vasconcelos, López Mateos y Barros sierra podrían ser definidos como los educadores de la Revolución. La formación pedagógica fue concebida por ellos como un proceso hacia la libertad creadora fundada en las bases de nuestra realidad, de nuestras necesidades nacionales, mediatas e inmediatas. El rector Barros Sierra llevó hasta la confrontación estatal su profundo respecto por el verdadero significado de la autonomía universitaria y de la democracia mexicana. Como institución independiente de la maquinaria política del país, la Universidad luchó por defender su compromiso popular y revolucionario, como el centro del saber, de investigación y de difusión cultural de mayor importancia en la República. A partir de 1970 el gobierno nacional organiza y coordina, sistemáticamente un programa nacional de "reforma educativa" para todos los niveles de enseñanza como respuesta institucional a las demandas sociales, políticas y económicas de la población de los centros urbanos del país. LAS REFORMAS DE LUIS ECHEVERRIA En la administración de Echeverría, un nuevo modelo de desarrollo se instrumenta, se habla de un desarrollo compartido que restituyera a las mayorías un nivel de vida justo. Una nueva reforma se implementó en la educación primaria y consecuentemente en la Educación Normal. La teoría del conductismo orienta los nuevos programas y textos de esos niveles educativos. Administrativamente se inicia la descentralización en la SEP; en su interior se modificó la estructura orgánica, cuatro nuevas Subsecretarías aparecen: Educación Primaria y Normal; Educación Media, Técnica y Superior; Cultura Popular y Educación Extra Escolar; y Planeación y coordinación Educativa. En 1975, el entonces Secretario de Educación, expresó la necesidad de configurar un "modelo pedagógico" donde encontrara fundamento la formación del maestro mexicano, ese modelo se expresaba, encontraba su respuesta en la Reforma de Educación Normal. Un nuevo tipo de hombre y de maestro derivarían de esa reforma educativa. El nuevo educador estaría equipado "técnica e ideológicamente" para el desempeño efectivo de su labor. Este nuevo educador debía contribuir, dentro de un desarrollo compartido, a consumar la Identidad Nacional. Este objetivo era tan solo uno de los que deberían procurar realizar los egresados de las escuelas normales. El plan formador de docentes en esos años, incluía la adquisición del bachillerato general para el estudiante normalista, era un plan tan sólido, que fue reestructurado en 1978. Como vía de estímulo económico y de actualización profesional, en 1975 se establecieron las licenciaturas en educación preescolar y primaria a ella podían ingresar profesores y bachilleres. Resultado destacado de esta gestión, fue la promulgación de la Ley Federal de Educación (1973) que atribuía al sistema educativo tres directrices: Actualización, Apertura y Flexibilidad. La continua modificación que sufrió la educación normal provocó confusión, improvisación, abandono y desconfianza entre los docentes normalistas, los que en poco tiempo debían cambiar o ajustar sus procederes docentes a los lineamientos de "cómo enseñar" y después al "qué enseñar" y para colmo a las dos simultáneamente (1975). Las políticas reformadoras continúan durante los ochentas, dos Secretarios de Educación buscaron instrumentarlas. Sin embargo mostraron una preocupación seria por subsanar, mediante estudios concretos, las deficiencias observables en el funcionamiento del aparato escolar, muy especialmente en la educación elemental, media y normal. La Universidad Pedagógica Nacional, fundada hacia 1978, a instancias del magisterio mexicano, reorienta su función y formación de docentes. Con ello contribuye al proceso de mejoramiento y actualización del docente de educación primaria. Durante 1979, uno de los propósitos por mejorar la enseñanza elemental conduce a introducir en este nivel escolar un programa de enseñanza integrada que busca vincular la realidad del niño con la práctica de un aprendizaje activo promotor de una educación equilibrada y armónico; dicha estrategia tiende a lograr el desarrollo integral del niño. Tal programa repercute en las Normales que se ven obligadas a formar docentes para dos diferentes tipos de programas de educación elemental. El empleo de diversas teorías psicológicas y pedagógicas en un mismo nivel escolar provocan desajustes programáticos, caos en aplicación de las técnicas de la enseñanza y uso indiscriminado de procedimientos metodológicos tradicionales. Para los maestros la falta de continuidad en los planes y programas. sigue siendo el principal problema en la enseñanza primaria. Y si para los maestros urbanos esto constituye una dificultad cotidiana, para los docentes rurales el problema es aún más grave. La educación diseñada para el medio urbano, sigue predominando en la escuela pública mexicana. Aún así, un dato estadístico muestra la funcionalidad de la escuela pública: de cada 100 niños que ingresaron en 1973'74, sólo 53 terminaron su educación primaria en 1978-79. Educar, para el régimen de Echeverría, consistió, inicialmente, en habilitar a la población a la participación masiva en la actividad económica y cultural para superar las condiciones del subdesarrollo mediante una estrategia educativa de tendencia nacionalista y actualizada con procedimientos eficaces para la enseñanza. Con la inclusión de elementos prácticos, material didáctico y facilidades académico-administrativas, la Reforma educativa de 1970 pretendió combatir el problema de la deserción estudiantil, en todos los ciclos del aprendizaje: períodos terminales, enseñanza abierta, técnicas audiovisuales y fomento al autoaprendizaje. Las oportunidades de acceso a los beneficios educativos se ampliaron para los grupos marginados mediante la utilización de técnicas pedagógicas modernizadas. La tradición verbalista, aún predominante en el personal docente, trató de transformarse en una escolaridad experimental apoyada en la investigación, la crítica y el cuestionamiento de la información recabada por los educandos. Los primeros proyectos que se llevaron a cabo en el ambicioso y controvertido plan reformador del sistema educativo, consistieron en la creación del Colegio de Bachilleres y los colegios de Ciencias y Humanidades. En términos ideales, la educación pública es un instrumento de progreso individual y social. En la medida en que las oportunidades educativas estén determinadas por la desigualdad económica y social este derecho continuará actuando como privilegio de las clases acomodadas. El sistema educativo alimenta el político. La crisis educativa se anticipa a la estrictamente política. El contenido social de la enseñanza podrá verse como la parte más sensible de los elementos que conforman el tejido fundamental de las instituciones. Es el medio que justifica y otorga la conciencia histórica del sistema: si éste se deforma o se niega a sí mismo crea, en sus elementos que lo componen, los medios de su retroceso o estancamiento y legitima, ideológicamente, las formas varias, sutiles o violentas, de la represión. De no consumarse el cambio social propuesto en las leyes y previsto en su interpretación revolucionaria, la educación se integra, nuevamente, en la dinámica del sistema, sometido siempre a ajustes que lo conservan como una unidad trascendente en el tiempo. Los educandos se moldean, ahora con las viejas contradicciones históricas entretejidas a los métodos del pensamiento contemporáneo. Al igual que se estableció en las generaciones anteriores, en los jóvenes y niños se ha depositado el compromiso verdaderamente revolucionario, de formar hombres libres para hacerlos dueños conscientes de los pasos de su historia. 1