Universidad Abierta

 


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LA PSICOLOGÍA DEL NIÑO Y LA REPRESENTACIÓN DEL MUNDO EN EL NIÑO, SEGÚN JEAN PIAGET

 

XOCHITL OLVERA BADILLO

 

 

CONTENIDO:

 

JEAN PIAGET, ALGUNOS DATOS BIOGRÁFICOS.

 

INTRODUCCIÓN.

 

OBJETIVOS

 

·         Nivel sensomotor

I.    La inteligencia sensomotora

II.   La construcción de lo real

III.   El aspecto afectivo de las relaciones sensomotoras

 

·         El desarrollo de las percepciones

 

·         La función semiótica o simbólica

 

·         Las operaciones concretas

I.       Realismo infantil: noción de pensamiento, realismo nominal y los sueños

II.      El realismo y los orígenes de la participación

III.     El animismo infantil

IV.    El artificialismo infantil

V.     Etapas del artificialismo espontáneo y sus relaciones con el desenvolvimiento del animismo

VI.    Orígenes del artificialismo

VII.    Los orígenes de la identificación y las causas de la decadencia del artificialismo y del animismo

VIII.   Las relaciones interindividuales

IX.     Conclusiones de la etapa de operaciones concretas    

 

·         El preadolescente y las operaciones proposicionales

·         Conclusiones generales sobre el desarrollo intelectual  del niño

 

CONCLUSIONES PERSONALES

AUTO EVALUACIÓN

EVALUACIÓN DIAGNOSTICA   

 

JEAN PIAGET, ALGUNOS DATOS BIOGRÁFICOS.

 

Jean Piaget le dedicó toda una vida al estudio sobre cómo los niños ven el mundo –cómo organizan y reorganizan sus pensamientos acerca de lo que los rodea-. Aun cuando Piaget se interesó mucho por lo que saben, su mayor preocupación fue cómo llegan los niños al conocimiento que tienen.

 

Piaget nació en Neuchâtel, Suiza, el 9 de agosto de 1896. Su interés en la naturaleza lo llevó al estudio de la biología. Estudió filosofía, sociología, tecnología y psicología.

 

Después de obtener su doctorado en 1918, Piaget se fue a Zurich, en donde además de pasar buenos ratos en los laboratorios de psicología, leyó a Freud y trabajó en la clínica psiquiátrica de Bleuler durante un año. Luego viajó a París, en donde estudió en la Sorbona y trabajó con Théophile Simón en el Laboratorio Binet (el Simón y el Binet de la prueba de inteligencia Binet-Simón). Tomó parte de la estandarización de la prueba inglesa de razonamiento de Cyril Burt con niños de París, y publicó  varios artículos acerca de esta investigación en 1921 y 1922. Fue precisamente al participar en las pruebas de estos niños, cuando se empezó a interesar en los procesos por los que los niños llegaban a las respuestas de las preguntas de las pruebas, en particular a las respuestas erróneas. Aprovechando su experiencia en los procedimientos para exámenes psiquiátricos, desarrolló el método clínico para estudiar el pensamiento de los niños, método que uso después en su propia investigación.

 

En 1921, Edward Claparede, director del instituto Jean Jacques Rousseau de Ginebra, ofreció a Piaget el puesto de director de estudios (o de investigación) en el Instituto.

 

Su trabajo con niños sobre pruebas de razonamiento lo llevó a emprender el estudio del pensamiento del niño, observando las respuestas que daban a las preguntas y las preguntas que ellos  mismos hacían. Pasó  luego del estudio directo del pensamiento (verbalizado) de los niños al estudio de su conducta; su manipulación y experiencia con objetos. Su trabajo durante este primer periodo dio por resultado The Language and Thought of the Child (1923), Judgment and Reasoning in the Child (1924), The Child’s Conception of the World (1926), The Child’s Conception of Physical Causality (1927) y The Moral Judgment of the Child (1932).

 

Los años siguientes  (1925-1939) los dedicó al estudio de la conducta manipuladora de los niños. Encontró que los elementos perceptuales y conceptuales de la conducta manipuladora estaban relacionados. Durante los diez años siguientes, emprendió el estudio del desarrollo de los conceptos que los niños se forman de los  objetos, del  espacio, la  causalidad y del tiempo. Sus publicaciones de este período incluyen The Origins of Intelligence in Children (1936), The Construction of Reality in the Child (1937), y Play, Dreams and Imitation in Childhood.

 

Durante los años que siguieron a este periodo (después de 1940), Piaget emprendió la investigación que le sirvió de base para su teoría sobre el desarrollo cognoscitivo hasta la adolescencia. Lo que le interesaba era qué llevaba al niño y al adolescente a la habilidad para construir un concepto del mundo que se conformara con la realidad (o del mundo como lo ven los adultos), y la comprensión que tienen los niños de los conceptos científicos. Sus publicaciones incluyen The Child’s Conception of Number, The Psychology of Intelligence (1947), Traité de Logique (1949), y junto con Bärbel Inhelder, quien ha colaborado con él desde los años 30s, The Child’s Conception of Space (1948), The Child’s Conception of Geometry, y The Growth of Logical Thinking from Childhood to Adolescence (1955).

 

Además de investigar y escribir, Piaget enseñó y emprendió otras actividades profesionales. En 1923 aceptó un nombramiento de medio tiempo en la Universidad de Neuchâtel. Enseñó psicología, sociología y pensamiento científico, ahí y en la Universidad de Ginebra, en donde en 1929 se le nombró profesor de historia del pensamiento científico. En 1929 volvió a su puesto de tiempo completo en el Instituto J. J. Rousseau, llegando a ser director asistente, y en 1932 codirector, ayudando en su reorganización y afiliación a la Universidad de Ginebra en 1948, bajo el nombre de Instituto de ciencias de la educación. Fungió como director del Laboratorio de Psicología de Ginebra, y enseñó psicología experimental en la Universidad de Lausana, en donde fue profesor de psicología y sociología de 1938 a 1951. En 1952 fue nombrado profesor en la Sorbona.

 

Piaget siguió escribiendo y publicando a ritmo acelerado: The Early Frowth of Logic in the Child (con Inhelder, 1959), The Psychology of the Child (breve resumen de su trabajo anterior, con Inhelder, 1966), sobre biología y procesos cognoscitivos (1968), y sobre memoria e inteligencia (con Inhelder, 1968).

 

Dado que los trabajos más conocidos de Piaget hacen referencia a la psicología de la inteligencia, frecuentemente se le considera como psicólogo, pero deber ser considerado ante todo como un epistemólogo, ya que su interés está centrado en los mecanismos de la producción de los conocimientos y es en virtud del modo particular de plantear ciertos interrogantes epistemológicos que Piaget es conducido necesariamente al desarrollo de una teoría.

 

La muerte de Piaget ocurrió en el año de 1980.

 

 

INTRODUCCIÓN.

 

Los sistemas educativos de nuestro tiempo son el resultado de la convicción de que los niños son seres humanos con identidad y con derechos propios, y de que la sociedad está obligada a proporcionar a todos ellos una educación de buena calidad, respetuosa de las características de la infancia.

 

Estas ideas tan indiscutibles, son criterios relativamente nuevos que en los primeros años del siglo XX empezaron a difundirse y a convertirse en principios rectores de las políticas públicas y de las prácticas educativas. Sabemos, por ejemplo, que tradicionalmente la escuela ha concebido al alumno como un ser pasivo, cuyo rol es el de recibir las enseñanzas que el maestro transmite de forma verbal y que debe demostrar haber aprendido mediante la repetición exacta de lo dicho por el maestro. Sin embargo, el hombre ha mostrado con frecuencia su curiosidad sobre cómo aprende. A partir del siglo XVII han surgido teorías más o menos sistemáticas del aprendizaje, para oponerse a las teorías existentes. El constructivismo, que en este momento nos “invade”, concibe al aprendizaje como un proceso dinámico e interactivo a través del cual la información externa es interpretada y reinterpretada por la mente que va construyendo progresivamente. Las ideas y conclusiones de Jean Piaget se han convertido en un fuerte pilar de esta corriente, a pesar de que Piaget va más allá del aprendizaje, pues sus trabajos se orientaron hacia la formación de los conocimientos en el niño.

 

Para Piaget, la construcción del pensamiento ocupó quizá, el lugar más importante, aunque nunca dejó de aceptar que los aspectos emocionales y sociales son relevantes. Piaget consideró que el aspecto más importante de la psicología reside en la comprensión de los mecanismos del desarrollo de la inteligencia.

 

En el presente trabajo se abordan dos de las múltiples obras de este gran teórico del siglo XX: 1) “Psicología del niño”, que desde las mismas palabras de J. Piaget y de B. Inhelder, pretendió ser una síntesis de diversos trabajos de psicología del niño, incluidos los de ellos; este texto ofrece una presentación definitiva de la psicología evolutiva que elaboró Piaget durante cuarenta años. Y 2) “La representación del mundo en el niño” que muestra algunas de las investigaciones realizadas por Piaget y sus colaboradores; el propósito que se planteó J. Piaget con éstas fue conocer cómo se construyen las ideas en los niños sobre cuestiones específicas, así como en qué direcciones las conduce su orientación espontánea. En este texto intenta darle respuesta a la pregunta ¿Qué representaciones del mundo se dan espontáneamente en los niños en el transcurso de las diferentes etapas de su desarrollo intelectual?

 

Esta memoria de examen se estructuró tomando como base la primer obra haciendo una descripción general de las tres grandes etapas del desarrollo mental del niño; en el período llamado de las operaciones concretas se ha incluido el contenido del texto “La representación del mundo en el niño”, pues se ha considerado congruente y oportuno por las características que se presentan en los niños y por la coincidencia en las edades promedio.

 

OBJETIVOS

 

Con la elaboración del presente trabajo se pretende:

·         Conocer y comprender las pautas generales del desarrollo del pensamiento infantil.

·         Conocer y comprender las manifestaciones del pensamiento infantil en relación con el conocimiento del mundo natural.

·         Reconocer la importancia de saber, como docentes, cómo se desarrolla el pensamiento en los niños para mejorar nuestra práctica cotidiana.

 

LA PSICOLOGÍA DEL NIÑO Y LA REPRESENTACIÓN DEL MUNDO EN EL NIÑO.

 

Jean Piaget concibe a la Psicología como aquella que estudia el crecimiento mental, el cual no se puede separar del crecimiento físico, especialmente de la maduración de los sistemas nerviosos y endocrinos, ni tampoco del ejercicio o de la experiencia adquirida, como de la vida social en general.

 

En su obra “Psicología del niño”, Piaget describe el desarrollo del niño, organizando, bajo un determinado título, los esquemas que caracterizan cada una de las etapas que presenta el desarrollo. Piaget e Inhelder aclaran que las edades indicadas en este texto son promedios aproximados.

 

NIVEL SENSOMOTOR

 

LA INTELIGENCIA SENSOMOTORA

 

Durante los dieciocho primeros meses de vida el niño elabora un conjunto de subestructuras cognoscitivas que serán el  punto de partida de las construcciones perceptivas e intelectuales posteriores, así como algunas reacciones afectivas que también determinarán la actividad subsiguiente. Debido a que este período es inferior al lenguaje, las construcciones del niño se efectúan apoyándose en percepciones y movimientos, es decir, a través de una coordinación senso-motora  de las acciones.

 

Piaget divide este período en seis estadios:

 

* Estadio I: Estadio de los reflejos. El niño ejercita los reflejos con los que nace: succión y prensión. La asimilación reproductora que asegura el ejercicio de succión: mamar el pezón, se prolonga en una asimilación generalizadora: chupar en el vacío, entre las tetadas o chupar otros objetos.

* Estadio II: De los primeros hábitos: el niño repite incansablemente movimientos que descubre, por ejemplo, llevarse las manos a la boca.

* Estadio III: Aparece a los cuatro meses y medio, por término medio. Se presenta una coordinación entre la visión y la aprehensión: el niño coge y manipula todo lo que ve en su espacio próximo, esto ocasiona que aparezcan las reacciones  circulares, es decir,  repite un acto que le ha provocado un espectáculo interesante, como jugar con sonajas o con móviles colgados sobre la cuna.

* Estadio IV: Durante este estadio se dan los primeros actos de inteligencia práctica, es decir, la intencionalidad se deja ya sentir: alcanzar un objeto demasiado lejano.

Es importante mencionar que los medios que se van empleando se toman de los esquemas de asimilación conocidos.

* Estadio V: Comienza hacia los  once o doce meses. Se añade la búsqueda de medios nuevos por diferenciación de los esquemas conocidos, por ejemplo, el niño descubre que jalando una esquina de un tapiz puede alcanzar un objeto lejano, después de que había intentado apoderarse de él directamente.

* Estadio VI: Este estadio indica el término del período senso-motor y la transición con el período siguiente. En este momento, el niño se hace capaz de encontrar medios nuevos por combinaciones interiorizadas  que desembocan en una comprensión repentina.

 

II. LA CONSTRUCCIÓN DE LO REAL.

 

De acuerdo con Piaget, la inteligencia senso-motora organiza lo real, construyendo las categorías de acción que son los esquemas de:

 

El objeto permanente: el universo inicial carece de objetos, sólo aparecen “cuadros” móviles e inconsistentes. En el estadio III, el niño se percata de que el objeto existe, pero no sabe cómo buscarlo, mientras que en el estadio IV empieza a hacerlo.  Durante el estadio V el objeto es buscado en función de sus desplazamientos; y en el estadio VI se agrega un juego de inferencias que logran dominar algunas combinaciones, por ejemplo, levantar un cojín y encontrar otro obstáculo que es levantado inmediatamente.

 

El espacio y el tiempo: Al principio sólo existe un conjunto de espacios centrados en el propio cuerpo: espacio bucal, visual, auditivo; y ciertas impresiones temporales  como la espera, pero sin coordinaciones objetivas.

 

La causalidad: De la misma manera, las situaciones iniciales de la causalidad se  centran en la acción propia; sólo se hará objetiva y adecuada después de una larga evolución.

 

III. EL ASPECTO AFECTIVO DE LAS RELACIONES SENSO-MOTORAS.

 

El aspecto cognoscitivo y el afectivo son complementarios, pues mientras el esquematismo cognoscitivo pasa de un estado centrado en la acción propia a la construcción de un mundo objetivo y descentrado, la afectividad procede de un estado de indiferenciación entre el yo y el entorno físico y humano a la construcción de un conjunto de cambios entre el yo diferenciado y las personas.

 

En los dos primeros estadios, el niño presenta un adualismo, es decir, no existe conciencia del yo, no existe, por lo tanto, ninguna frontera entre el mundo interior y la realidad exterior. Posteriormente, se empieza a dar un sistema de intercambios, gracias a la imitación, a la lectura de los indicios gesticulares y de los mímicos, por lo que el niño comienza a reaccionar ante las personas para así construir las interacciones entre el yo y los otros. Las personas se convierten en objetos permanentes localizables  en fuentes de causalidad exterior y su afectividad se adhiere a ellos.

 

EL DESARROLLO DE LAS PERCEPCIONES.

 

La inteligencia, aseguran Piaget e Inhelder, procede de la acción porque transforma los objetos y lo real, y el conocimiento es asimilación activa y operatoria. Las estructuras senso-motoras son la base de las posteriores operaciones del pensamiento y la percepción constituye un caso particular de las actividades senso-motoras; su carácter particular consiste en que depende del aspecto figurativo del conocimiento real.

 

Es muy importante la percepción porque gracias a ella nos damos cuenta de la existencia de los objetos que nos rodean; las percepciones sobre los objetos externos al cuerpo humano, se realizan por los cinco sentidos o por combinación de los mismos, pero hay también imágenes kinestésicas que nos informan sobre la situación o posición de nuestro cuerpo, si estamos sentados, parados, incómodos o cansados; percibimos el dolor o el sueño.

 

Según Margarita Gómez Palacio (quien hace una interpretación de los escritos de Piaget), al percibir algo, nuestra mente capta su forma, color, olor, sonido y se apropia de esta percepción reproduciéndola o imitándola interiormente. Esta “imitación internalizada” da lugar a lo que se denomina imágenes mentales, de las cuales se hablará más adelante.

 

LA FUNCIÓN SEMIÓTICA O SIMBÓLICA.

 

La función semiótica se puede definir como un conjunto de conductas (imitación, dibujo, imagen mental, lenguaje) que implica la evocación representativa de un objeto o de un acontecimiento ausentes y supone el empleo de significantes diferenciados, ya que deben poder referirse a elementos no actualmente perceptibles tanto como a los que están presentes. Esta función aparece en el curso del segundo  año y engendra dos clases de instrumentos: los símbolos, que guardan una relación motivada con aquello que designa, es decir, presentan alguna semejanza con sus significados; y los signos, que son arbitrarios o convencionales.

 

Imitación diferida.- En el período senso-motor, el niño imita en presencia del modelo, después de lo cual continua la imitación en ausencia de ese modelo, por ejemplo, una niña de dieciséis meses ve a un amiguito hacer “berrinche”, algunas horas después, imita la escena riéndose. Esta imitación diferida marca el principio de la representación. La imitación diferida supone imágenes mentales y evocación de las mismas, para permitir su reproducción. Además sugiere a Piaget que el niño ha progresado de la representación en vivo a la representación en pensamiento, que marca la transición del niño al período pre operacional.

 

Juego simbólico.- Éste señala el apogeo del juego infantil. El juego simbólico es muy importante en el equilibrio afectivo e intelectual del niño al disponer de un sector de actividad cuya motivación es la asimilación de lo real al yo, sin coacciones ni sanciones; el juego transforma lo real a las necesidades del yo (mientras que la imitación es al contrario, es acomodación a los modelos exteriores). El juego así se convierte en una experiencia creativa: el niño cambia la realidad según sus deseos, agregando sus experiencias sociales, reviviendo sus gozos, resolviendo sus conflictos, como el caso de la niña que reproduce el drama vivido en el desayuno en un juego de muñecas, llegando a un final más afortunado.

 

El juego simbólico es parte de la función semiótica debido a que se construyen símbolos a voluntad para expresar lo que en la experiencia vivida, no podía ser formulado y asimilado por los medios del lenguaje.

 

La primera forma del juego, manifestada en el nivel senso-motor, es el juego de ejercicio, que consiste en repetir por placer actividades adquiridas, como balancear un objeto suspendido. El juego simbólico se presenta entre los dos-tres años y los cinco-seis años. Posteriormente, aparecen juegos como las canicas, la rayuela, es decir, los juegos de reglas, que son transmitidos de niño en niño y aumentan su importancia con el progreso de la vida social del niño. Y por  último, se manifiestan los juegos de construcción derivados del juego simbólico; los juegos en construcción se encuentran, en un primer momento, impregnados de simbolismo lúdico, pero tienden después a constituir verdaderas adaptaciones o soluciones de problemas y creaciones inteligentes.

 

El dibujo.- Es otra de las formas mediante las cuales el niño es capaz de iniciar la representación de su realidad. El dibujo permite aproximar más el significante al significado.

 

Piaget e Inhelder hacen referencia a las fases por las que según LUQUET pasa el realismo del dibujo:

 

Realismo fortuito: El dibujo se presenta al inicio todavía como una prolongación de la actividad motora, consistente en la realización de garabatos, para más adelante manifestarse en el niño la creencia de reconocer formas en lo que garabatea, de tal modo que trata, enseguida, de reproducir de memoria un modelo: desde esta intención, dicen Piaget e Inhelder, el dibujo es imitación e imagen.

 

Realismo frustrado: El niño todavía no es capaz de organizar en una unidad los elementos del modelo, pero los coloca como puede: un sombrero muy por encima de la cabeza o los botones al lado del cuerpo. El monigote es uno de los modelos más dominantes en el principio.

 

Realismo intelectual: Representa los rasgos esenciales del objeto sin tener en cuenta la perspectiva visual, por lo que un rostro visto de perfil tendrá  un segundo ojo, ya que un hombre tiene dos ojos.

 

Realismo visual: Hacia los ocho o nueve años de edad, el niño empieza a representar el modelo tal y como se ve, tratando de ser auténticamente realista.

 

Las imágenes mentales.- Se puede definir a la imagen mental como la imitación interiorizada en el entendido de que no sólo imitamos gestos con gestos, palabras con palabras, sino que también “imitamos” mentalmente los objetos que nos rodean, extrayendo de ellos sus atributos físicos guardándolos en forma de imagen mental.

 

Al nivel preoperatorio, las imágenes mentales del niño son estáticas, con dificultad para reproducir movimientos o transformaciones, mientras que al nivel de las operaciones concretas, después de los siete-ocho años, la imagen se hace anticipatoria (ahora sí imaginan movimientos o transformaciones); este progreso no resulta de una modificación interna y autónoma de las imágenes sino de la intervención de aportaciones exteriores debidas a la formación de las operaciones.

 

La memoria y la estructura de los recuerdos-imágenes.- En cuanto a la memoria se refiere, Piaget e Inhelder hablan de dos tipos, la primera es cuando se reconoce un objeto que ya se ha visto llamada precisamente memoria de reconocimiento, ésta sólo actúa en presencia del objeto, por lo que necesariamente está ligada a esquemas de acción o de hábito. El otro tipo de memoria es la de evocación, que consiste en evocar un objeto,  un evento, en su ausencia, a través de un recuerdo-imagen. El recuerdo-imagen se refiere al esquema y no al modelo perceptivo, es por ello que el niño retiene lo que ha comprendido y no lo que ha visto.

 

El lenguaje.- Este también surge de las estructuras senso-motoras, ya que el esquema verbal se hace instrumento de asimilación y de generalización a partir de los esquemas senso-motores. El lenguaje está estructurado por la lógica y ésta surge de la coordinación general de las acciones a partir del nivel senso-motor. Pero es hasta el nivel preoperatorio cuando se da el surgimiento y rápido desarrollo de la habilidad en el lenguaje.

 

El lenguaje comienza al presentarse un estadio situado al término del período senso-motor conocido como el de las “palabras-frases”, después de haberse manifestado una fase de balbuceo espontáneo (entre los seis y once meses) y una fase de diferenciación de fonemas por imitación  (desde los once meses).

 

En el desarrollo del lenguaje podemos distinguir el lenguaje egocéntrico del lenguaje social. En el primero existen tres categorías: 1) Repetición, es cuando el niño balbucea y se ejercita en sus emisiones vocales; 2) Monólogo, el niño se habla a sí mismo, como si estuviera dando órdenes o explicaciones; 3) Monólogo colectivo, el niño habla con otros niños pero no intercambia, es decir, no pone atención a lo que dicen los otros. El lenguaje se vuelve social cuando el niño dialoga.

 

Piaget e Inhelder concluyen en este apartado, que a pesar de la diversidad de sus manifestaciones, la función semiótica presenta una unidad notable, consistente siempre en permitir la evocación representativa de objetos o de acontecimientos no percibidos actualmente. Así hace posible el pensamiento, aunque, de modo recíproco, sólo progresa con las aportaciones de ese pensamiento o inteligencia representativos, pues ninguno de los sistemas simbólicos descritos aquí, se desarrollan ni organizan sin la ayuda constante de la estructuración propia de la inteligencia.

 

LAS OPERACIONES “CONCRETAS ” DEL PENSAMIENTO.

 

Piaget titula como periodo de las operaciones concretas a aquel que va de los dos-tres años a los once-doce, llamado así porque las operaciones de que se trata en este género de problemas pueden denominarse concretas pues afectan directamente a los objetos y aún no a hipótesis enunciadas verbalmente; las operaciones concretas forman la transición entre la acción y las estructuras lógicas más generales. Sin embargo, en este largo período se encuentra incluido un nivel más, que por ser un periodo de organización y de preparación, ocupa un lugar especial en el estudio del desarrollo intelectual del niño.

 

Entre el nivel senso-motor y el de las operaciones concretas aparece el período preoperatorio, que abarca de los dos a los siete años. En este espacio, el pensamiento infantil ya no está sujeto a acciones externas, y se interioriza. Las representaciones internas proporcionan el vehículo de más movilidad para su creciente inteligencia. Las formas de representación interna, señaladas anteriormente (imitación, juego simbólico, etc.) emergen simultáneamente al principio de este período.

 

El pensamiento preoperacional tiene características muy propias: a) egocentrismo (el niño es incapaz de ponerse en el papel de otra persona); b) centración (tendencia del niño a centrarse en un solo aspecto al razonar); c) fijación de estado (el niño observa estados, pero no la transformación de los estados); d) equilibrio inestable (el niño no puede compaginar lo nuevo con lo viejo); e) realismo (las cosas se interpretan según la apariencia que tienen); f) irreversibilidad (el niño no puede entender la posibilidad de la transformación inversa hacia el estado original).

 

La reversibilidad y las convenciones operatorias parecen anunciar la próxima formación, es decir, el periodo propiamente de las operaciones concretas. Las  operaciones son definidas por Piaget e Inhelder como transformaciones reversibles.

 

Durante este periodo el niño adquiere un sistema cognoscitivo organizado e integrado, con el cual estructura y manipula el mundo, por lo que adquiere nociones y operaciones más precisas de conservación, seriación, clasificación, número, espacio, tiempo y velocidad. En esta etapa el niño se hace más capaz de mostrar el pensamiento lógico ante los objetos físicos. Una facultad recién adquirida de reversibilidad le permite invertir mentalmente una acción que antes sólo había llevado a cabo físicamente. El niño también es capaz de retener mentalmente dos o más variables cuando estudia los objetos y reconcilia datos aparentemente contradictorios. Se vuelve más socio céntrico; cada vez más consciente de la opinión de otros. Estas nuevas capacidades mentales se demuestran por un rápido incremento en su habilidad para conservar ciertas propiedades de los objetos (número, cantidad) a través de los cambios de otras propiedades y para realizar una clasificación y ordenamiento de los objetos. Las operaciones matemáticas también surgen en este período. El niño se convierte en un ser cada vez más capaz de pensar en objetos físicamente ausentes que se apoyan en imágenes vivas de experiencias pasadas. Sin embargo, el pensamiento infantil está limitado a cosas concretas en lugar de ideas.

 

En este importante período de las operaciones concretas tienen cabida tres grandes formas de la representación del mundo que se dan espontáneamente en el desarrollo intelectual del niño: el Realismo Infantil, el Animismo Infantil y el Articialismo Infantil. Estos son abordados por Piaget en su obra “La representación del mundo en el niño”. Para resolver los problemas que los ocupaban, Piaget y su equipo de trabajo decidieron utilizar el método clínico –después de analizar los inconvenientes de los tests y de la observación pura- y tuvieron como principio considerar al niño como un organismo que asimila las cosas, las dirige según su estructura propia y no como un ser de pura imitación. Para creer en esa originalidad fue necesario que se presentaran las siguientes características: a) uniformidad de las respuestas de una edad media; b) la creencia del niño evoluciona con la edad siguiendo un proceso continuo; c) cuando una creencia está realmente formada por la mentalidad infantil, la desaparición de esta creencia no es brusca; d) la creencia resiste a la sugestión; y e) esta creencia presenta múltiples proliferaciones y reobra sobre un conjunto de representaciones vecinas.

 

I. REALISMO INFANTIL: NOCIÓN DE PENSAMIENTO, REALISMO NOMINAL Y LOS SUEÑOS.

 

En cuanto al primero (Realismo Infantil), Piaget menciona que el pensamiento del niño tiene todas las apariencias del realismo pues ignora la existencia del yo y toma la perspectiva propia por objetiva y absoluta; el niño es realista porque ignora la existencia del sujeto y la interioridad del pensamiento. Asimismo, Piaget concluye que para el niño, pensar es manejar palabras. En esta creencia están implicadas tres confusiones: existe en primer lugar, la confusión del signo y la cosa; después, se encuentra la confusión de lo interno y lo externo: el pensamiento está considerado como situado tanto en la boca como en el aire; y finalmente hay confusión de la materia y el pensamiento: se considera el pensamiento como un cuerpo material, una voz, un soplo. Conforme desaparecen dichas confusiones nacen tres dualismos. Hasta los siete-ocho años aproximadamente los nombres surgen de las cosas, se les descubre con sólo mirar las cosas, pues están en ellas. Esta primera forma de confusión del  signo y la cosa desaparece hacia los siete-ocho años. La desaparición de la confusión de lo interno y lo externo se da entre los nueve-diez años, cuando los nombres son situados en la cabeza.  A los once años es  el momento en que se tiene por inmaterial el pensamiento.

 

Tal parece que el niño descubre primero que los signos son distintos de las cosas y este descubrimiento lo lleva a interiorizar cada vez más el pensamiento, luego todo ocurre como si esta diferenciación continua y progresiva de los signos y de las cosas unida a la interiorización del pensamiento, llevara al niño a concebir poco a poco el pensamiento como inmaterial. Piaget atribuye este acto a la adquisición de conciencia que tiene el niño de su propio pensamiento, lo que ocurre a partir de los siete-ocho años. Esta adquisición de   conciencia está bajo la dependencia de factores sociales: el contacto con otro y la práctica de la discusión.

 

Las tres variedades de realismo, o tres adualismos, aquí descritos también caracterizan a los sueños, por lo tanto tenemos que: a) los niños confunden el signo con los significados, o el objeto mental y las cosas que representa: la imagen soñada surge de la cosa o de la persona que representa esa imagen; b) hay confusión de lo interno y lo externo: el sueño es una voz o aire a la vez interno y externo; y c) una tercera verdad    del realismo  da lugar a una confusión entre el pensamiento y la materia: el sueño es aire o  humo.

 

Existe una gran similitud entre cómo desaparecen las confusiones del pensamiento y cómo desaparecen de los sueños, es decir, la confusión de la imagen y del objeto correspondiente desaparecen muy pronto;  en la medida en que ella desaparece el sueño deja de ser localizado en las cosas; así se vislumbra la distinción entre lo interno y lo externo. Finalmente,  hacia los once años es cuando la distinción  de lo interno y lo externo  eleva al niño a comprender  que el sueño  no es una imagen material, sino simplemente un pensamiento.

 

II. EL REALISMO Y LOS ORÍGENES DE LA PARTICIPACIÓN.

 

En este apartado Piaget  hace referencia  a lo que  él considera el problema  de la conciencia del niño: situar en el universo  o en los demás lo que nosotros ubicamos en nosotros, y situar en sí mismo lo que nosotros localizamos en otro. Para hablar de sí, no intenta colocarse en el punto de vista de otro, pero cree colocarse en el único punto de vista posible.

 

El realismo en el niño puede prolongarse en  “participaciones“ y en actitudes mágicas espontáneas.

 

La  “participación”  es concebida por LÉYY-BRUHD como la relación que el pensamiento primitivo cree percibir entre dos seres o fenómenos que considera parcialmente idénticos, como influenciados estrechamente, aunque no exista contacto espacial, ni conexión causal entre ellos, por ejemplo, los niños dicen que las nubes corren cuando andamos, nos obedecen, hacen la noche y nos hacen dormir. La “ magia ” es el uso que el individuo cree poder hacer de las relaciones de participación con propósito de modificar la realidad, y se encuentran en el niño cuatro clases de magia:

 

1) Magia por participación de los gestos y de  las cosas.- El niño cree ejercer por participación una influencia sobre un suceso deseado  o temido al hacer un gesto o ejecutar mentalmente una operación, por ejemplo, el éxito o fracaso del juego de evitar las pisadas en los intersticios  de las losas  de la acera es concebido como signo y causa de la relación de lo que se desea y se teme.

 

Magia por participación del pensamiento y de las cosas.- El niño llega a creer que un pensamiento, una palabra modificará la realidad.

 

Magia por participación de sustancias.- Dos o más cuerpos son considerados obrando unos sobre otros, atrayéndose y rechazándose, por simple participación, y la magia consiste en utilizar uno de éstos cuerpos para obrar sobre los otros.

 

Magia por participación de intenciones.- Los cuerpos son considerados como vivos o intencionados. La participación consiste en creer que la voluntad de un cuerpo obra sobre las demás, y la magia consiste en utilizar esta participación.  La forma más habitual es la magia por mandato: ordenar a las nubes, al sol, que nos sigan o que se alejen.

 

Como nos hemos podido percatar, la distinción entre el pensamiento y el mundo exterior  no es innata en el niño, si no lenta en destacarse y construirse; el pensamiento del niño es realista y el progreso  consiste en desembarazase de este realismo inicial. En las primeras etapas hay participación y magia: los deseos y las órdenes del yo son considerados absolutos porque el punto de vista propio  se concibe como el único posible, cree que todo el mundo piensa como él. Hay egocentrismo integral por falta de conciencia del yo. Se manifiestan en el niño dos tipos de egocentrismo: el lógico y el ontológico, de este último se derivan la precausalidad y el finalismo, ya que consisten en confundir los enlaces causales y físicos con enlaces de motivación psicológica, como si el hombre fuera el centro del universo.

 

III. EL ANIMISMO INFANTIL.

 

La segunda forma de representación del mundo en el niño trabajada por Piaget en esta obra es  el animismo, que es cuando el niño considera como vivos y conscientes  un gran número de cuerpos que, para nosotros son inertes.

 

Piaget asegura que en cuanto a la conciencia prestada a las cosas, el niño pasa por cuatro etapas empezando (hasta los seis o siete años) con  que  para él la conciencia está  ligada a todo lo que tiene una actividad cualquiera, aun lo que es inmóvil, por ejemplo, una piedra, sí se le desplaza o se le moja, lo sentirá; después (de seis-siete a ocho-nueve años) atraviesa la etapa en la cual son conscientes todos los móviles: los astros, las nubes, los ríos, el viento, los vehículos. En la tercera etapa (ocho-nueve a once-doce años) son conscientes los cuerpos dotados de movimiento propio: los astros, el viento; las bicicletas carecen de conciencia. Finalmente en la cuarta etapa (once-doce años), la conciencia es reservada a los animales.

 

Hay una gran concordancia entre las cuatro etapas relativas a la conciencia prestada a las cosas y las cuatro etapas correspondientes al desarrollo del concepto de   “vida”, es así como tenemos que el niño a los seis-siete años asimila la vida a la actividad en general; la palabra “vivir” para los niños significa “hacer alguna cosa”, y preferentemente “estar en movimiento”, aunque también es obrar sin cambiar de sitio, como un horno. Después aparece la vida asimilada al movimiento, aunque sólo de manera verbal, porque las ideas de los niños no presentan caracteres que definen la vida, como la automotricidad o la  intencionalidad; mientras que en la tercera etapa, la vida se identifica con el movimiento propio, al distinguir éste del movimiento recibido; un ejemplo de esta etapa es el viento, pues éste se mueve solo. Finalmente en la cuarta etapa se reserva la vida sólo a los animales o a las plantas.

 

Piaget hace una conclusión importante en este apartado: el pensamiento procede por espirales nunca por línea recta, por lo tanto, a la creencia  inmotivada sucede la duda, y a la duda la reacción reflexiva, pero esta reflexión está minada por las nuevas tendencias implícitas y así sucesivamente. Así se explica que un gran número de niños mayores parecen presentar un animismo más extenso que los pequeños, pues estos niños al chocar con un fenómeno  que no pueden explicarse mecánicamente sienten la necesidad momentánea de este animismo.    

 

Por otra parte Piaget encontró cuatro grupos de causas en el origen del animismo; dos de ellas de orden individual y las otras dos de orden social.

 

Factores de orden individual

 

La indisociación de los contenidos de la conciencia primitiva: el mundo es concebido por la conciencia primitiva como un continuo a la vez psíquico y físico. La ignorancia del psiquismo permite al niño animar las cosas y  el descubrimiento del sujeto pensante es lo que le obliga a renunciar a este animismo.

 

Introyección: debido a esto, el niño presta a las cosas determinados sentimientos recíprocos de lo que él experimenta con respecto a ellas; ejemplo: una persona estuvo a punto de que una ventana  le cortara la cabeza, y por mucho tiempo estuvo persuadido de que la ventana había querido hacerle daño y cuando se acercaba a ella era con un sentimiento de temor y de cólera.

 

Factores de orden social

 

Sentimientos de participación que el niño  debe experimentar frente a frente de su ambiente social ya que la total actividad del niño va unida desde la cuna a una actividad complementaria de sus padres.

 

La necesidad moral  a que el  niño es sometido por la educación; Piaget  asegura que el sentimiento de obligación es resultado del respeto  de las órdenes, y este respeto mismo resulta del respeto que el niño experimenta por aquel que ha dado las órdenes. El niño cree que las cosas  son obedientes, y es por esto que las cree vivas.

 

El lenguaje circundante se constituye como un factor más en la sistematización del animismo, pues es usado en una forma animista y dinámica: “el sol se acuesta”, “el vapor trata de escaparse”, “las nubes  anuncian la lluvia”.

 

IV. EL ARTIFICIALISMO INFANTIL.

 

Piaget observó que los niños consideran las cosas como el producto de la fabricación humana en lugar de prestarles a ellas la actividad fabricadora a lo que llamó artificialismo  infantil. Parece ser que el artificialismo procede de los sentimientos de participación de la misma forma que el animismo.

 

Piaget encontró tres etapas dentro del artificialismo infantil:

 

Artificialismo integral: El niño atribuye el origen de las cosas a la fabricación humana o divina que casi es lo mismo, ya que la mayoría de los niños conciben a Dios como un “Señor”. Se cree que los seres humanos mandan a los otros seres  o arrastran la aparición de otros seres concebidos como más  o menos vivos o conscientes;  además los niños tratan de explicar las cosas por su utilidad. Ejemplos de este artificialismo son los siguientes: a) los cuartos de la luna se conciben como lunas que nacen   o  como lunas que los hombres han cortado; b) es de noche porque se duerme; c) la nieve está hecha por unos señores. (Esta etapa abarca hasta los cinco-seis años).

 

Artificialismo mitigado: (De seis a nueve años). Las cosas tienen un origen seminatural, semiartificial. El  “cómo” de la formación de las cosas se ha encontrado, mientras que en el artificialismo integral no se podía precisar. Ejemplo: los niños sostienen que los ríos han sido cavados por los hombres, pero afirman que el agua viene de la lluvia.

 

Explicación natural: Desde los nueve-diez años, el niño da al fenómeno una explicación enteramente natural: responden que la luna es seccionada ella misma o que el viento la ha cortado; o bien que el fenómeno de los cuartos resulta ya de un movimiento de rotación de la luna, que da la ilusión de un seccionamiento, ya de una obstrucción debida a una nube. Entre más avanzados están los niños responden con frecuencia: “no se puede saber”, “no tengo idea”, lo que quiere decir que formulan menos fácilmente una hipótesis sobre el origen de los astros. Piaget acepta que la mayor parte de las respuestas que se obtienen están influenciadas por las lecciones de la escuela. Sin embargo, asegura que al lado de estas fórmulas aprendidas se encuentran varias explicaciones, más o menos espontáneas. En el campo, las explicaciones artificialistas desaparecen más pronto, pero se encuentran los mismos tipos de explicaciones.

 

En este período de las operaciones concretas, el niño empieza a interesarse en el “por qué” de los fenómenos antes del “cómo”. Para Piaget, ésta es una de las raíces del artificialismo infantil, y éste va haciendo que el animismo decrezca progresivamente.

 

En su obra “La representación del mundo en el niño”, Piaget dedica un capítulo al origen de los árboles, de las montañas y de la tierra, encontrando etapas similares a las ya descritas.

 

En cuanto al origen de la madera y de las plantas, se encontraron tres etapas en la evolución de las explicaciones: artificialismo integral, mezcla de artificialismo y explicación natural, y, finalmente, explicación natural. Por lo que se refiere al origen del hierro, del vidrio, del tejido y del papel, en las primeras explicaciones dadas acerca de su origen son de dos tipos: o las materias son fabricadas las unas por medio de las otras, o se les fabrica con pedazos de la misma materia. Ejemplo del primer tipo: el niño contesta que el hierro se hace con hilos, es decir, con todo alambre de hierro, el cual se hace con otro hilo (hilo corriente); y del segundo tipo: el niño menciona que los pedazos pequeños se pegan.

 

Durante este periodo es cuando todo en la Naturaleza le parece al niño artificial o fabricado. Poco a poco, el niño descubre  que las máquinas no son todopoderosas, por lo tanto, los fenómenos naturales le parecerán más difíciles de explicar por el artificialismo y éste cederá el paso a las explicaciones físicas.

 

Al investigar el origen de los guijarros y de la tierra, en las explicaciones de los niños también se hallaron tres etapas: artificialismo integral hasta los siete a ocho años, explicación natural a partir de los nueve a diez años y etapa intermedia entre ambos.

 

Finalmente, en el caso de las montañas, se manifiestan dos etapas. En la primera, las montañas son construidas por los hombres, están vivas y por lo tanto han “crecido”. En otros casos, aunque no fabricada, se concibe todavía existente solamente con respecto al hombre, ejemplo: “las montañas se han hecho ellas solas, para ir a patinar”.

 

Piaget concluye que el pensamiento del niño es mucho más de imágenes y de movimiento que conceptual. El niño concibe todo objeto y comprende los cuerpos de la Naturaleza como hechos para... El hecho de que la existencia entera del niño esté organizada por sus padres, hace que piense siempre en el hombre, por lo tanto cree que las cosas están hechas para el hombre dando origen a la fórmula “hecho por el hombre”.

 

Para Piaget, el verdadero animismo infantil es un sencillo “intencionalismo”, es decir, el niño actúa como si la Naturaleza estuviese cargada de intenciones, como si cada ser tendiese, gracias a una actividad interna y voluble, hacia un fin determinado, así tenemos que cuando se pregunta a un niño si tal cuerpo, como una nube o un arroyo, “sabe” que avanza o “siente” lo que hace, el niño responde afirmativamente, porque de la intencionalidad a la conciencia el paso es insensible. El intencionalismo infantil supone también órdenes y, obviamente, jefes que dan las órdenes. El hombre es a quien reconocen como jefe y la razón de ser de las cosas.

 

Piaget halló tres grupos de fenómenos que atestiguan la espontaneidad de la aptitud animista en el niño:

 

El finalismo.- Todas las causas y fenómenos tienen una finalidad, por ejemplo, el sol es para calentarnos, la noche es para dormir; esta mentalidad no sólo es finalista, sino también utilitaria y antropocéntrica y está bastante ligada al artificialismo, es decir, la definición  “es para”  lleva la explicación “está hecho para“.

 

La precausalidad.- Esta supone una indiferenciación entre lo psíquico y lo físico, tal, que la verdadera causa de un fenómeno no está en buscar el “cómo” de su realización física, sino en la intención. Estas intenciones son más de orden artificialista que de orden animista.

 

Confusión de la ley física y la ley moral.- Como ejemplo de este fenómeno tenemos que para los niños, el sol y la luna reaparecen porque “deben” calentarnos y alumbrar. Tal indiferenciación manifiesta una orientación del espíritu tanto artificialista como animista. La ley moral para el niño supone jefes, es decir, los hombres que mandan y los cuerpos que obedecen.

 

Durante las primeras etapas, el niño no experimenta  dificultad alguna en concebir que los seres sean a la vez vivos y fabricados. Los astros son vivos, crecen, nacen y, sin embargo, los hombres los han construido. El motivo de la unión entre animismo y artificialismo está relacionado con las ideas que tiene el niño acerca del nacimiento de los niños: primeramente, el bebé es considerado como preexistente al nacimiento, por lo que el niño pregunta dónde estaba el bebé antes de nacer y como han hecho los padres para que aparezca en la familia; el bebé es concebido como perteneciendo a los padres, y su llegada es considerada como habiendo sido querida y determinada por los padres. Después, el niño se pregunta el cómo de la formación de los bebés y es llevado espontáneamente a creer que los padres son la causa de esta formación.

 

La curiosidad que muestra el niño acerca del nacimiento es el punto de partida de las preguntas de origen, tan abundantes entre cuatro y siete años y partiendo del artificialismo infantil. La sucesión de los intereses parece ser: interés para el nacimiento, interés para el origen de la raza e interés para el origen de las cosas, en general.

 

V.- ETAPAS DEL ARTIFICIALISMO ESPONTÁNEO Y SUS RELACIONES CON EL DESENVOLVIMIENTO DEL ANIMISMO.

 

Artificialismo difuso.- Es aquel durante el cual el niño no se plantea todavía el problema del origen o de la fabricación de las cosas; las únicas preguntas de origen se plantean bajo la forma “¿De dónde viene...? ”. La naturaleza se concibe como dirigida por los hombres o como gravitando alrededor de ellos. El hombre dirige a la sociedad de seres vivos. El niño considera  los padres como causa de todo lo que él posee. La magia, el animismo y el artificialismo se confunden, por ejemplo, los astros nos siguen voluntariamente (animismo), su única función es seguirnos y alumbrarnos o calentarnos; están “hechos para” nosotros (artificialismo), y somos nosotros quienes los hacemos avanzar (magia).

 

Artificialismo mitigado.- Aparece cuando el niño plantea y/o responde a preguntas sobre el origen de las cosas, es entonces cuando el artificialismo se precisa en cierto número de mitos, así el sol no será concebido como dependiente de los hombres, sino como fabricado por los hombres por medio de una piedra y una cerilla. En este período hay el artificialismo integral, y éste y el animismo son complementarios totalmente: las cosas son fabricadas y  vivas a la vez.

 

Artificialismo técnico.- Se manifiesta de los siete-ocho años a nueve-diez años. Se nota un artificialismo mitigado, ya que existe una mezcla de explicaciones naturales y de explicaciones artificialistas. El “cómo” de la fabricación llega a ser un problema para el niño pues precisarlo implica renunciar a creer en el gran poderío  humano e implica también aprender a conocer lo real y sus leyes. Los niños de este período reservan la vida y la conciencia sólo a los cuerpos animados de un movimiento propio, como los astros. A partir de ahora, los cuerpos fabricados dejan de ser concebidos como vivos, así como los cuerpos vivos cesan de concebirse como fabricados. Ahora es cuando los niños aseguran que los objetos no saben ni sienten nada porque se les ha fabricado.

 

Artificialismo inmanente.- Aparece hacia los nueve-diez años. La idea de que la Naturaleza es fabricada por el hombre desaparece completamente, pero queda penetrada de fines (finalismo).

 

VI. ORÍGENES DEL ARTIFICIALISMO.

 

El Artificialismo surge de dos clases de causas: las sociales y las individuales.

 

Causas sociales: Están ligadas a las relaciones que el niño siente existir entre él y lo que le rodea, particularmente entre él y sus padres. La primera causa social es el lazo de dependencia material que el niño siente existir entre él y sus padres, esto se debe a que desde el momento en que comienza la vida consciente del niño, él se percata de que todo está bajo la dependencia inmediata de la actividad de sus padres, todo está organizado de fuera para el niño a medida de sus necesidades. La siguiente causa social es la deificación de los padres, aquí encontramos que espontáneamente el niño presta a sus padres todos los atributos que las teologías dan a la divinidad: la santidad, el sumo poder, la omnisciencia, la eternidad y aún la ubicuidad, por lo tanto, los padres son los dioses. La deificación termina cuando los sentimientos que el niño atribuía a sus padres son transferidos sobre el Dios que la educación presenta al niño.

 

Causas individuales: Son aquellas que están ligadas a la conciencia que toma el niño de su propia actividad. La primera causa individual que Piaget menciona son los sentimientos que el niño ha de ser causa gracias a su organismo: los niños se muestran muy interesados por sus funciones digestivas y por la micción, de la cual se han visto  rasgos muy claros en las creencias  relativas a los ríos. Otra de las causas individuales son los sentimientos que el niño ha ser causa gracias a su actividad manual en general, al respecto, Piaget hace referencia a STANLEY HALL, quien ha visto que la curiosidad infantil está ligada a la experimentación manual y a la destrucción de los objetos, por lo que Piaget concluye que el pensamiento del niño está ligado muy de cerca de su actividad muscular.

 

Además de lo ya descrito, Piaget considera al lenguaje como un factor accesorio de artificialismo, porque evidentemente los verbos “hacer”, “formar” que se aplican a la Naturaleza están cargados de artificialismo; aunque también es obvio que el lenguaje no basta para explicar el artificialismo infantil. El niño emplea constantemente las palabras “hacer hacer”: el viento hace hacer avanzar las nubes. La expresión “hace hacer” tiene un sentido a la vez animista y artificialista, lo que implica un motor externo y un principio interno de realización.

 

VII. LOS ORÍGENES DE LA IDENTIFICACIÓN Y LAS CAUSAS DE LA DECADENCIA DEL ARTIFICIALISMO Y DEL ANIMISMO.

 

Piaget desecha como posibles causas de la decadencia del animismo a las experiencias propias del niño y a la enseñanza adulta, pues asegura, por una parte, que ninguna experiencia directa puede probar a un espíritu orientado hacia el animismo que el sol y las nubes no son vivas ni conscientes; y por otro lado, el niño no habla bastante de su animismo como para que el adulto trate de quitárselo. Lo que explica el descenso del animismo y del artificialismo, es un cambio de orientación de espíritu. Este cambio se puede deber a los factores sociales o a los factores individuales del artificialismo y del animismo.

 

Factores sociales: La crisis gracias a la cual el niño se da cuenta de que sus padres y después los hombres en general, no son todopoderosos y no gobiernan al mundo, explica el descenso del artificialismo. Esta crisis también repercute en el animismo, llevando al niño a ver las cosas como ocupándose mucho menos de nosotros de lo que parecía.

 

Factores individuales: La disminución del egocentrismo infantil se manifiesta a los siete-ocho años, como consecuencia de la socialización progresiva del pensamiento; este decrecimiento del ego