Universidad
Abierta
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texto para fines no comerciales, agradecemos citar la fuente
JOHN
DEWEY
J. J. MAYA R.
CONTENIDO
2.
Contexto
histórico – pedagógico
3.
Datos
biográficos de John Dewey
4.
Obras
publicadas
5.
Teoría
pedagógica
6.
Análisis
de una obra
7.
Conclusión
8.
Cuestionario
9.
Bibliografía
A MANERA DE INTRODUCCIÓN
Muchas definiciones
sobre el concepto de educación se han escrito y muchas más
se seguirán escribiendo.
La razón es obvia, cada uno de
los que la estudian la ve desde diferente ángulo: uno se fija en los medios,
otro en los fines, alguien más
en su estructura, un último
en su objeto material o formal.
La educación ha existido siempre. Sin embargo, el significado
que encierra la palabra ha sido diferente a través de los siglos y de los
pueblos.
Los pueblos primitivos poseían la educación en su
estructura más simple. Para ellos la educación no era otra cosa que la
asimilación de los usos y costumbres, ideas religiosas y ritos primitivos, sin
un mecanismo complicado: imitación servil.
Siglos más tarde los chinos poseyeron ya un concepto
mejor. Según Confucio, La educación consiste en comunicar a cada individuo la
manera como se avanza sin obstáculos por la senda del deber.
Para los hindúes, en cambio, fue solo un medio, un
camino que los había de conducir al Nirvana (especie de éxtasis), al
aniquilamiento del individuo en la divinidad.
Objetivos prácticos y técnicos tuvo ya la educación
asiria y babilónica, consistía en una preparación religiosa y literaria de los jóvenes.
Así lo muestran leyes y poemas que en esas regiones tuvieron su origen.
La educación egipcia tendía a preparar al hombre para
una vida laboriosa, para obtener tantas satisfacciones como posibles fueran en
este mundo y asegurar, por ritos y ceremonias, el favor de los dioses y una
existencia fácil en el otro mundo. En Egipto sólo el hombre instruido gozaba de
fortuna; el iletrado era considerado como bestia de carga.
Para el pueblo hebreo la educación es totalmente
religiosa y moral. Bastante claro lo dice Salomón: “El temor de Dios es la plenitud
de la sabiduría y la prudencia es la ciencia de los santos".
En la educación fenicia domina el principio de
utilidad y toda ella se relaciona con el comercio y la navegación. “Los
fenicios llevaban en sus dedos la moneda, en sus labios el alfabeto y en sus
velas el soplo civilizador del oriente”.
En Persia aparece por vez primera el hecho de la
separación de los poderes civil y sacerdotal, cosa que influye también en la
educación. Aquí la educación tiene ante todo un fin patriótico, es una
educación de tipo militar.
El pueblo griego
-cuna de las artes, de las ciencias y de la filosofía- dio un paso decisivo en la educación. Del
tipo de educación militarista que poseyó Esparta, se pasó al tipo de educación cultural de Atenas.
Grecia nunca perdió de vista la formación física,
moral e intelectual; a través de los años se fue formando una noción cada vez
más completa de la educación. El griego no afirma saberlo todo, antes bien,
aspira con más acierto a la sabiduría.
Más tarde, los romanos basaron su educación en la
griega, pero le dieron un nuevo giro, no científico y estético como los
griegos, sino social y político. En Roma surge un nuevo ideal educativo: la
formación cívico - retórica para intervenir con redoblado éxito en la vida
política.
Un nuevo cambio recibe la educación durante la edad
media. Se subordina a los grandes ideales del dogma y de la fe, en torno a este
nuevo ideal se va sistematizando. De
los monasterios y catedrales
pasa a las universidades, símbolos supremos de la educación medieval.
Con los siglos XVI y XVII se inicia la etapa más
vigorosa de la educación: aparece una vasta renovación de la existencia humana,
una nueva concepción del mundo y de la vida, con el renacimiento.
Se deja el estudio de las palabras por el de las
cosas con el realismo pedagógico y aparece la educación laica con la época
moderna.
Se hace popular la enseñanza dejando de ser patrimonio
de unos cuantos. Se abandona el viejo tipo de educación tradicionalista con la
aparición de la enseñanza objetiva en los siglos siguientes, hasta alcanzar el concepto de educación integral y
el perfeccionamiento metodológico, meta del siglo XX.
Tres significados diferentes podemos distinguir sobre
el término “educación”:
EL CONCEPTO VULGAR de educación que contiene una
apreciación superficial. Se concibe como una cualidad adquirida en virtud de la
cual un hombre está adaptado en sus modales a determinados usos sociales.
En términos vulgares educación equivale a decir
cortesía, urbanidad. Decimos que una Persona no tiene educación cuando sus
modales son toscos, cuando desconoce las reglas de la cortesía y de la
urbanidad.
El CONCEPTO ETIMOLÓGICO que difiere del vulgar.
Educación viene de la palabra latina “educatio”, la que a su vez procede de
“educare”, o “educere” como afirman otros. Si tomamos un diccionario y buscamos
estas dos palabras, encontramos los siguientes significados: sacar de,
conducir, llevar, elevar, levantar.
Etimológicamente, pues, la educación consiste en
elevar a una persona de un nivel a otro, conducir a alguien a través de la
vida, levantarlo de un plano inferior a otro superior.
EN TORNO AL CONCEPTO CIENTÍFICO de la educación han
sido emitidas diferentes opiniones, de las que transcribimos aquellas que
juzgamos como más importantes:
Para LICURGO la educación consiste en formar
ciudadanos respetuosos con los dioses y con el estado. PLATÓN indicaba que la
educación tenía como objeto dar a cuerpo y alma toda la belleza y perfección de
que estos son susceptibles. Para PITÁGORAS la educación estriba principalmente
en la armonía de cuerpo y alma,
SÓCRATES percibe el fenómeno educativo como la
formación moral del hombre, algo así como una autoformación. ARISTÓTELES forja
un concepto de educación señalando que consiste en desarrollar y cultivar las
partes que integran la naturaleza humana. QUINTILIANO, el célebre escritor y
pedagogo romano, enseña que la educación consiste en hacer del educando un
hombre lo menos imperfecto posible.
Los pedagogos más notables de la edad media, como
ANSELMO, ABELARDO, TOMAS DE AQUINO, BACON y DUNS SCOTO, concebían la educación
como un entrenamiento intelectual encaminado a la adquisición de valores
religiosos. Durante
el renacimiento, los franceses RABELAIS y MONTAGNE ponen el ideal educativo en
preparar al joven para hacer de él un hombre de mundo. Años mas tarde, JUAN
AMOS COMMENIO expone un concepto más realista de la educación y dice:
"primero las cosas y luego los conceptos o por lo menos las cosas al mismo
tiempo que los conceptos".
JUAN JACOBO ROUSSEAU, el enciclopedista, señala que
la educación es el desarrollo armónico de la personalidad. Kant, filósofo
alemán, dice que el hombre sólo llega a ser hombre por la educación. En la educación se oculta el secreto de la
perfección humana.
Para JUAN ENRIQUE PESTALOZZI la educación se propone
formar al hombre armónicamente en todo su ser, preparándolo al propio tiempo
para las circunstancias sociales e históricas. JUAN FEDERICO HERBART ve el fin
de la educación en la formación del carácter moral con arreglo a las
condiciones psicológicas del educando.
El utilitarista JOHN STUART MILL afirma que la
educación tiene por objeto hacer del individuo un instrumento de dicha para sí
mismo y para los demás. SPENCER sostiene que el ideal de la educación sería
lograr una cabal preparación del hombre para la vida considerada en toda su
plenitud.
En concreto, cabe aceptar que muchas definiciones
sobre el concepto de “educación” se han escrito y muchas más se seguirán
escribiendo. La razón es obvia: cada uno de los que la estudian la ve desde
diverso punto de vista: uno se fija en los medios, otro en los fines, alguien
más en su estructura, un último en su objeto formal o material.
Ridículo sería, por lo tanto, querer establecer una
definición que todo aceptaran, cuando se trata de un asunto tan difícil y donde
cada quien mira desde distinto ángulo.
Además no ha faltado quien cuide más la belleza de la
frase que la precisión del concepto. A pesar de todo esto, se puede ver que en
el fondo de todas las definiciones subyace una idea fundamental, como lo afirma
García Hoz, y esta es la idea de
“perfección”.
Teniendo en cuenta lo anterior y el que toda
definición debe ser - como lo señala la lógica- corta, clara y precisa, me hago
partidario de definiciones como las siguientes:
·
”La
educación consiste en hacer
del hombre un ser lo
menos imperfecto posible” (QUINTILIANO).
·
“La
educación es el desarrollo armónico
de la personalidad” (ROUSSEAU).
·
“Después
de analizar la naturaleza de la educación, concluyo que es un proceso de desarrollo” (DEWEY).
Y es precisamente sobre John Dewey, para quien la
educación es un proceso de desarrollo, sobre quien se realiza el presente
estudio, como un reconocimiento al importante papel que tiene su figura en el
campo de la pedagogía:
“Ningún filósofo
contemporáneo ha ejercido tanta influencia sobre el pensamiento, la cultura, la
usanza política y, especialmente, sobre la praxis educativa del mundo
civilizado, como el norteamericano John Dewey”.
Entre la pedagogía del siglo XIX y la del siglo XX,
existe un lazo de continuidad histórica, ya sea en sus premisas y problemas, ya
sea en su estructura y método. La pedagogía contemporánea se ha gestado
lógicamente sobre la fecunda tradición del pasado.
Sin embargo, para contextualizar mejor el desarrollo
pedagógico a que se hace referencia, es preciso primero presentar un breve
panorama de los principales acontecimientos históricos que sustentaron la vida
de pueblos y naciones en esta época y que de una u otra forma influyeron en el
contexto educativo.
Las últimas décadas del siglo XIX giraron básicamente
en torno a un hecho: el surgimiento de dos nuevas naciones, Alemania e Italia.
La primera unificada alrededor de Prusia bajo la dirección de Bismarck, la
segunda conformada por Cavour, a partir
de los pequeños estados independientes
de la península.
A estos dos hechos hay que agregar la segunda
revolución industrial con sus consecuencias conocidas como “la cuestión
social”, cuyo intento de solución dio origen al socialismo, al marxismo y al
anarquismo, los que surgen en
diferentes momentos del siglo XIX.
Iniciado el siglo XX se habían formado ya dos grandes grupos, Triple Alianza y Triple
Entente, luchando ambos por el dominio territorial de las colonias de África y
Oriente, así como por el poderío económico. Al mismo tiempo, los Estados Unidos
arreglaban sus problemas internos y se convertían en una potencia.
La Paz Armada, inicio del siglo XX, desembocó en una
larga y cruenta lucha armada conocida como Primera Guerra Mundial, que llegó a
involucrar a muchas naciones del orbe y que sólo termina con la rendición de
Alemania, gracias a la intervención de los Estados Unidos.
Durante esta guerra tiene lugar la Revolución Rusa
que propicia el surgimiento de lo que se conoce como “comunismo”, cuyo
desarrollo y propagación influirá en la política mundial hasta los años noventa
del presente siglo.
Los años 20-40, conocidos como “período entre
guerras” por su inestabilidad, a partir
de los acuerdos firmados al concluir la Primera Guerra, propician el
surgimiento de grandes dictaduras como el Fascismo y el Nazismo que van a
provocar el inicio de otra conflagración mayor: la Segunda Guerra Mundial.
Pues bien, en este
contexto político - social se desarrolla lo que se conoce como PEDAGOGÍA
CONTEMPORÁNEA y dentro de ella se ubica el personaje objeto de este estudio, el
norteamericano JOHN DEWEY.
La riqueza de tendencias y métodos pedagógicos
contemporáneos (fines del s. XIX y primera mitad del s. XX) provoca la sospecha
de que las diferencias de doctrina pudieran ser punto menos que insuperables.
Sin embargo, analizando bien esto, puede darse uno cuenta de que los grandes
pedagogos de nuestro tiempo se han venido aproximando en forma tal que, en no
pocos casos, sólo los separa entre sí el nombre que dan a sus pensamientos e
ideas.
En otras palabras,
se puede decir que en
los años mencionados surgen un
sinnúmero de tendencias, corrientes y métodos, todos ellos con unas ciertas
características que los hacen parecidos o comunes, pero cada uno de ellos con
algo especial que los hace distintos de los otros.
Así pues, la pedagogía contemporánea ofrece
peculiares características que se traducen en movimientos importantes, de los
que se mencionan aquellos que tienen relación con las ideas de John Dewey.
El primero de estos movimientos es un nuevo
“naturalismo”, iniciado por Ellen Key, que por sus radicales pretensiones es
conocido con el nombre de pedagogía revolucionaria.
Paralelo a dicho
movimiento, aparece el de las escuelas que muy pronto se convierte en la
vigorosa corriente de la PEDAGOGÍA DE LA ACCIÓN, reconocida por sus grandes
teóricos Dewey y Keschensteiner, corriente que también es conocida como ESCUELA
NUEVA, además de otros nombres que se le asignan.
Bajo estos nombres se ubican, como ya se dijo, un
gran número de personajes cuya característica es la acción y lo nuevo,
personajes a los que es un tanto difícil esquematizar en grupos, aunque
Francisco Larroyo es quien mejor los organiza y clarifica.
Un primer
grupo sería el
predominantemente globalizador,
con Decroly y sus Centros de
Interés, Kilpatrick y su
método de Proyectos, Blasky y sus Complejos,
Krueger y su Enseñanza Sintética.
Un segundo grupo
es el de las clases
diferenciadas, como el Sistema Mennheim de Sickinger y
los Grupos Moviles de Claparede.
Un tercer grupo viene a ser el que individualiza la
enseñanza, como el Método Montessori, la Autoeducación de Deschamps, la Escuela
Serena de Lombardo Radice, el Método Mackinder, el Plan Howard, el Plan Dalton.
Un cuarto grupo
es el de trabajo por
equipos, como el “De la emulación a la
colaboración”, el Método Cousinet, el Plan Jena.
Finalmente
un último grupo predominantemente socializador, como
la “George Junior Republic”, la “Cooperativa Escolar de Profit”, las comunidades Escolares de Wineken.
Además, pueden también agregarse otras escuelas o
tendencias cuyas características no están tan alejadas del término Pedagogía de
la Acción, Escuela Nueva o no Tradicional:
Entre estos pueden señalarse el Sistema Winnetka, la
Técnica Freinet, la Pedagogía Social de Natorp. La pedagogía filosófica, que
tiene destacados representantes en Dilthey con su pedagogía de la vida, en
Gentile con su historicismo trascendental, en Spranger con su pedagogía
cultural y en Gaudig con la pedagogía de la personalidad. Sin olvidar tampoco a
la pedagogía teológica de Cornelius Krieg.
Concretamente, en cuanto a los ESTADOS UNIDOS,
constituyen éstos una nación relativamente joven, pues obtiene su separación de
Inglaterra, apenas en 1783.
Pues bien, durante gran parte del siglo XIX, fue
siguiendo a distancia, con cierto retardo, la evolución que tenía la pedagogía
en Europa. Los principios de Hegel, las ideas de Pestalozzi, los métodos de
Froebel y Herbart, fueron llegando al
continente americano en forma sucesiva.
En la segunda mitad del siglo XIX, el pragmatismo de
William James conmueve la estructura de la vida norteamericana y comienza a
darle su propio estilo. La influencia ejercida por James se debe, sobre todo, a
que concibe la educación como un proceso vivo que permite reaccionar
adecuadamente.
En este ámbito se ubica John Dewey como una figura
importante de la escuela americana: “La doctrina de John Dewey es una pedagogía
pragmática, social y democrática”.
Desarrolla John Dewey su
teoría pedagógica basada en el pragmatismo de James y Pierce, pero inaugura una
época conocida como la “ESCUELA PROGRESIVA”. Esta se propaga por todo el país y
ocupará también casi la mitad del siglo XX.
Hacia 1876, el coronel William Parker funda, cerca de
Boston, una escuela revolucionaria cuya máxima era “aprender haciendo” y que
estaba sometida al autogobierno de los alumnos.
Parker tuvo amistad con Dewey y empezó a Ilevar a la
práctica los principios de su pedagogía. La obra del primero y las ideas del
segundo pudieron difundirse mas ampliamente gracias a Kilpatrick, quien crea el
Ilamado "Método de Proyectos". Proyecto es un plan de trabajo
libremente elegido con el objeto de realizar algo que nos interesa.
La educación progresiva tuvo una enorme difusión en
los Estados Unidos, sobre todo en el “período entre guerras”, ya que respondía a
características de la sociedad norteamericana, como espíritu práctico,
individualismo equilibrado y sentimiento de autonomía.
Además venía a ser un instrumento apto para resolver
el problema de los emigrantes en las grandes urbes y para acrecentar los ideales
democráticos. Mediante la primaria de 8 o 6 años y la secundaria de 4 ó 6 se
fomenta un creciente número de actividades extra académicas; se contaba
básicamente con un servicio de orientación para ayudar al alumno a escoger el plan de estudios y las actividades
complementarias.
Sin embargo, hacia los años “20” se difunden en los
Estados Unidos dos métodos, como reacción a la propuesta de Parker, Dewey y
Kilpatrick . El primero de ellos fue el Sistema Winnetka con un programa
mínimo de habilidades y conocimientos esenciales; el segundo fue el Plan Dalton
de Helen Parkhurst, que buscaba dar a cada niño la posibilidad de regular por
sí mimo el ritmo de sus propios estudios.
Hacia los años 40, algunos educadores se percataron
del deterioro del contenido cultural de la enseñanza y surgen otros movimientos
que patrocinaban el retorno a la tradición, más que un paso hacia adelante.
DE ESTA FORMA LAS IDEAS
PEDAGÓGICAS DE JOHN DEWEY FUERON
PASANDO A UN SEGUNDO TERMINO, aunque
sus principios en torno a una escuela activa continúan vigentes en los actuales
modelos pedagógicos contemporáneos:
“La teoría educativa de
Dewey sigue imperando en la ciencia pedagógica de nuestros días”.
John Dewey nació en la ciudad de Burlington, estado
de Vermont, en el año de 1859. Era Burlington una pequeña ciudad provinciana
dedicada a la agricultura y a la producción casera o familiar. Estudió en la
Universidad de Vermont y obtuvo el
título de Licenciado en Filosofía, siendo luego profesor de escuela secundaria.
La crítica a un ensayo sobre los presupuestos
metafísicos del materialismo de W.T. Harris lo impulsó a ingresar a la
Universidad John Hopkins de Baltimore, en 1882,donde obtuvo el grado de Doctor
en Filosofía. Fue uno de los primeros doctores de la Institución que estaba
dominada por la escuela alemana del pensamiento.
La Universidad Hopkins de Baltimore había sido
fundada por sugerencia de los cuáqueros, en 1874, pretendiendo ser una escuela de postgrado para que sus hijos
no tuvieran que acudir hasta Alemania en busca de grados más avanzados.
Allí tuvo como maestros al fundador de la
"Psicología de la era evolutiva”, G.Stanley Hall, y al hegeliano George
Silvester Morris, de quien tomó su idealismo y con quien tuvo una estrecha
relación de amistad.
Más adelante
tomó cursos de lógica con C.S. Pierce, bajo cuya influencia cayó, empezando a
elaborar una forma de pragmatismo denominada “instrumentalismo”.
De 1884 a 88, Dewey enseñó en la Universidad de
Michigan, como instructor de filosofía y profesor asistente, pasando luego como
profesor a la Universidad de Minnesota. Vuelve en 1889 a Michigan como jefe del
Departamento de Filosofía y ocupa este puesto hasta 1894, año en que se
traslada a Chicago.
En cierta manera, este período que transcurre en
la Universidad de Chicago, desde 1894
hasta 1904, es el más conocido de la actividad de Dewey. Junto con él llegan H
Mead, W. Moore y R. Angel, cada uno de los cuales desde su propia posición
contribuye al establecimiento del funcionalismo.
Desde 1894 hasta 1904, Dewey fungió como encargado
del Departamento de Filosofía de la Universidad de Chicago, Institución que lo
llamó, además, para que enseñara Pedagogía. Funda aquí una Escuela-Laboratorio,
en 1896, con la colaboración de su esposa; esta institución aunaba la teoría
pedagógica a la práctica educativa.
En 1904 se traslada como profesor de Filosofía a la
Universidad de Columbia, en Nueva York, donde permanece hasta su jubilación en
1930. Allí enseñó también, en Columbia,
Filosofía de la Educación en la Normal de Maestros. Esta época es
conocida como el último período académico de Dewey.
De su etapa en Columbia datan sus obras más
influyentes. Se convierte en el filósofo de la democracia y el cambio social,
así como en el representante y propagador de la investigación científica y
psicológica de la educación.
Es en esta época cuando realiza diversos viajes al
extranjero: a Europa, al extremo Oriente, a Rusia e inclusive a México. Dewey
vino a México en julio de 1926 invitado por la Secretaría de Educación Pública
y la Universidad Nacional de México para dar una serie de conferencias, hecho
que pocos conocen, o que, si lo conocen, tiene para ellos poca relevancia.
Otra de las
actividades de John Dewey en nuestra patria fue el conocer de cerca el
funcionamiento de la Escuela Rural Mexicana, de la que llegó a expresar
que “Se sentía complacido de que muchas
de sus doctrinas se estén poniendo en práctica”, como acababa de comprobar.
En 1927 pide permiso a la Universidad de Columbia
para poder atender a su esposa, quien fallece ese mismo año, lo que marca el
fin de una etapa importante de su vida.
Se jubila en año de 1930, siendo declarado “Profesor
Emeritus”. Dedica el resto de su vida a defender sus ideas y a la publicación
de otros muchos escritos. Realiza también viajes a diversos lugares de Europa,
el Extremo Oriente e inclusive a Rusia.
Se casa nuevamente en 1946 con Roberta Lowitz Grant,
maestra normalista de 46 años. Muere en
1952 a los 93 años de edad.
·
1887
Psicología
·
1891
Esbozo de una teoría critica de la Ética
·
1894
Syllabus para el estudio de la Ética
·
1897 Mi
Credo Pedagógico
·
1899
Escuela y Sociedad
·
1902 El
niño y el curriculum
·
1903 Las
condiciones Iógicas para un tratamiento científico de la moral
·
1903
Estudios sobre teoría lógica
·
1910 Cómo
pensamos
·
1910 La
influencia de Darwin y otros ensayos sobre el pensamiento contemporáneo
·
1915 Las
escuelas del mañana
·
1916
Democracia y Educación
·
1920 La
reconstrucción en Filosofía
·
1922
Naturaleza humana y conducta
·
1925
Experiencia y naturaleza
·
1929 La
busca de la certeza
·
1934 El
arte como experiencia
·
1934 Una
fe común
·
1938
Experiencia y Educación
·
1938 La
Lógica, Teoría de la Investigación
·
1939 La
teoría del valor
·
1940 La
educación hoy
·
1940 La
Ciencia de la Educación
·
1946 Los
problemas de los hombres
·
1949 El
conocer y lo conocido
·
1962 Obras
completas
Para justificar la existencia y necesidad de la
escuela, hay que distinguir entre educación formal e informal, aquella que
se obtiene como producto de la
convivencia social y la que se obtiene de manera deliberada:
“Somos así llevados a distinguir, dentro del amplio
proceso educativo que hemos considerado hasta ahora, a un género sistemático de
educación, el de la tutela directa o escolarizada”
Pero la educación sistemática, directa o escolarizada
ha ido cambiando a través de los tiempos; al suponerse que todo cambio implica
una mejoría, se denomina como tradicional a toda educación pasada o anterior.
Desde que John Dewey comenzó a incursionar en el
campo de la pedagogía, había llegado ya a la conclusión de que la escuela
tradicional contradecía las concepciones psicológicas del momento.
El fin principal de la escuela tradicional era, según
Dewey, preparar al niño para una vida adulta, la que, a su vez, constituía una
preparación para una vida después de la muerte.
Los reformadores de la educación ejercían una
influencia moderada y las ideas de Rousseau y Pestalozzi muy poco eran tomadas
en cuenta. Aún “se consideraba que la
educación llevaba al logro de la virtud, en el concepto clásico, inmutado desde
la “arete” de Platón y Aristóteles y la
“virtus” de Cicerón y Quintiliano”
El cometido de la escuela era iniciar al niño en la
cultura de la civilización y se consideraba al conocimiento como un
“corpus” bien ordenado de información y
el maestro tenía que estructurarlo mediante principios como el paso de lo
simple a lo complejo, de lo conocido a lo desconocido.
Aún se consideraba como la mejor teoría de la época,
la de Aristóteles, de acuerdo a la cual la educación era la actualización de
las potencialidades latentes en el niño. Esta actualización residía en el
ejercicio de facultades como la memoria, la razón, la voluntad y la imaginación.
Lo anterior supone una disciplina mental y cierta
disciplina moral. En tales circunstancias el método de instrucción era
altamente autoritario, puesto que la disciplina se cultivaba haciendo las
tareas difíciles; el maestro tenía que reprimir de una manera o de otra.
El carácter autoritario de esta enseñanza era un
testimonio de la atmósfera social de la escuela: el maestro monarca de la
clase, la sumisión y la obediencia
virtudes escolares más importantes que la iniciativa e independencia del
alumno. Se premiaba la pasividad del alumno y el maestro tenía como cometido
mantener el orden.
John Dewey reaccionó vigorosamente con tal forma de considerar la educación y sostuvo
que el mal de la educación era casi su total insignificancia.
“La educación tradicional, aseveró una y otra vez,
era autoritaria; se fundaba en que el alumno necesariamente tenía que depender de la mente y voluntad de
otro”
Por eso, de manera muy distinta, la “Escuela Dewey”
establecida en 1892 en Chicago, tomó como punto de partida, no las actividades
futuras del adulto en las que participaría el niño, sino las actividades
ordinarias en las que estaba comprometido, lo cual era una verdadera novedad.
El fin de la educación no era extraer al niño de
algún medio o desarrollarlo de acuerdo con algún modelo distante, sino ayudarlo
a resolver los problemas que se iban
presentando dentro del ambiente físico y social que lo rodeaba.
Para Dewey los contenidos escolares eran como un
instrumento que ayudaría al niño a realizar todos los proyectos que éste podía
haber formulado. Por eso el programa de los primeros años se basaba en las
necesidades del niño: alimento, albergue, vestido... La lectura y la escritura
eran simples instrumentos.
Sostenía que el defecto más grave de los métodos de
entonces consistía en el divorcio entre el saber y su aplicación. A su juicio
ninguna instrucción podía tener éxito separando “saber” y “hacer”.
La escuela - laboratorio de Dewey daba mucha
importancia a las actividades manuales como carpintería, cocina, costura y tejido,
esto se debía a su estrecho lazo con la preocupación de procurar alimento,
albergue y vestido en el ambiente cotidiano del niño.
Producto de su pragmatismo filosófico y su formación psicológica, buscaba resolver
los problemas reales del hombre a partir del conocimiento psicológico. Hay que
reconocer que “Aspecto decisivo de su actividad en Chicago es su insistente
énfasis en una psicología aplicada”.
Aunque tuvieron que transcurrir más de diez años
antes de que Dewey escribiera DEMOCRACIA Y EDUCACIÓN, donde establece los
fundamentos filosóficos y sociales que sirvan de orientación para un mundo
mejor, su escuela - laboratorio de
fines del siglo XIX ponía ya las bases, mediante una inteligencia
reflexiva y práctica, de una escuela
activa y de un nuevo espíritu social
Los factores principales que motivan las ideas pedagógicas de John Dewey
son básicamente tres:
·
La
DEMOCRACIA, término que incorpora en el título de su obra más importante
“Democracia y Educación”.
·
La
REVOLUCIÓN INDUSTRIAL, pues es en la segunda mitad del s. XIX cuando los
Estados Unidos se convierten
en una potencia industrial.
·
La CIENCIA
MODERNA, que se relaciona con el método científico que juega un papel
importante en el pragmatismo de John Dewey.
El concepto central dentro de esta orientación
filosófica, hay que buscarlo en el término “EXPERIENCIA”. Para Dewey la
experiencia tiene un doble sentido: por una parte, ensayar; por otra,
experimentar. La experiencia es la clave que hace comprender la naturaleza de
la realidad, pues comprende tanto la prueba como el conocimiento.
Para Dewey, la verdad o el valor de una experiencia
dependen de la relación observada entre lo que se ensaya y su resultado.
Modificar los ensayos futuros a la luz de los resultados anteriores es una
actividad significativa e inteligente.
Sin embargo, la experiencia bajo el doble aspecto
mencionado no conduce nunca a verdades y valores absolutos y definitivos.
Ensayar o emprender una acción es siempre una invasión del futuro y los
resultados del acto están necesariamente ocultos por una bruma de
incertidumbre.
Para entender el importante papel que juega la
experiencia, basta preguntarse: “¿Cómo, pues, reconcilió Dewey los dos
conceptos de la prioridad de la continuidad social con la necesidad de la
flexibilidad del individuo?” y responder con su afirmación de que la
experiencia colectiva de una sociedad democrática es la fuente para resolver
problemas futuros.
El primer criterio para establecer una meta válida de
la educación, es que debe nacer de las actividades actuales del niño. Pero el
niño que aprende no debe permitir en ningún caso que su elección del fin se
convierta en un proyecto rígido. Flexible, el otro criterio.
Expresándolos con una paradoja, sostiene que los
fines han de ser medios elásticos para tratar circunstancias variantes. Deben
ser, ellos mismos, experimentales.
John Dewey insiste sobre estos puntos, criticando los
fines educativos de otros pedagogos; con frecuencia, dice: los maestros imponen a los niños fines
educativos sin consultarlos siquiera, pero las metas que los maestros imponen a
los niños les son impuestas también a ellos por sus superiores.
Si los fines educativos se originan en las
actividades reales de la vida, serán tantos y tan variados como la vida misma.
Sin embargo, se daría una dirección equivocada al esfuerzo realizado
estableciendo listas abreviadas de fines educativos tales como el civismo o la
disciplina.
Después de todo, afirma, la educación abstracta no
tiene fines: “Y es bueno recordar que la educación como tal no tiene fines”. Solo las personas - padres, maestros y alumnos - tienen fines; y los tienen porque son ellos
quienes se encuentran comprometidos en las actividades concretas de la vida y
quienes deben asumir la labor de guiarlas hasta una conclusión.
A pesar de su tendencia a restringir toda
consideración válida sobre los fines, los juzgó necesarios y, después de analizar la naturaleza de la
educación, concluyó que “la educación
es un proceso de desarrollo”. Sin embargo, le preocupó que dicho desarrollo,
que es dinámico, estuviera subordinado a un fin inflexible y estático.
Por eso concluye diciendo que el único fin apropiado
de la educación es precisamente más educación. De este modo fin y proceso de la
educación pasan a ser una sola y misma cosa.
Esta revisión continua del proceso de la educación es
lo que la hace PROGRESIVA y es por ello
que se ha situado a Dewey a la cabeza del movimiento de la EDUCACIÓN
PROGRESIVA.
El programa adecuado para realizar los fines que Dewey tenía en mente, debe ser un programa de experiencia
que implica a la vez un hacer y una
prueba.
Pone como ejemplo el caso en que el niño debe
familiarizarse con la cultura del pasado. Aquí el maestro ha de concentrar su
atención, no en transmitir ese pasado como pasado, sino en ver cómo el niño lo
utiliza como medio de trabajo, a fin de explorar el presente y construir el
futuro.
El primer signo de un buen programa y la primera
muestra de que establece un fin válido consiste en que está en relación con las
preocupaciones de la experiencia personal.
El segundo es que al actuar sobre dicho programa el
niño logra una visión más clara en el interior de su experiencia a la vez que
un aumento de eficacia en la ejecución.
El trabajo manual suministra magníficas oportunidades
para aprender las materias del programa, no solo como información, sino como un
conocimiento nacido de las situaciones de la vida: “Un programa que reconoce
las responsabilidades sociales de la educación tiene que presentar situaciones
en las que los problemas se refieran a los de la vida en común”.
Para Dewey, tanto el método docente del maestro como
el método de aprendizaje del alumno vienen a ser aspectos de un método general
de investigación.
Por lo tanto, el método más adecuado para la
enseñanza es uno que denomina como
“método del problema”. Dicho método compite con los cinco famosos puntos
del método de Herbart:
La primera etapa se refiere a alguna experiencia
actual del niño, es decir, el punto de
partida debe ser alguna situación empírica.
La segunda etapa se refiere a una interrupción en la conclusión de la
actividad emprendida, un obstáculo que
pone en peligro dicha conclusión.
La tercera etapa del método es una inspección de los
datos que se tienen a la mano y que pueden brindar una solución. La cuarta
etapa es la conformación de una
hipótesis en vistas a restaurar la continuidad interrumpida de la experiencia.
Después de elegir la hipótesis más conveniente para
restaurar la continuidad de la experiencia, la última etapa en el método del
problema, exige que se someta la hipótesis a la prueba de la experiencia.
Cabe señalar que Dewey no concibe, la práctica como
una repetición para fijar algún principio en la mente ( Herbart ), sino como la
prueba de la verdad o del valor de la reflexión hecha por el alumno con objeto
de resolver el problema.