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EL FEDERALISMO EN MÉXICO

 

MARTÍNEZ JUÁREZ JOSÉ DELFINO

 

 

CONTENIDO

 

INTRODUCCIÓN

EL FEDERALISMO COMO PROCESO HISTÓRICO

ANTES DE LA CONSTITUCIÓN DE 1917

LA CONSOLIDACIÓN DEL ESTADO CORPORATIVO Y SU DECADENCIA

EL NUEVO FEDERALISMO

FEDERALISMO Y DESCENTRALIZACIÓN

CONCLUSIÓN

BIBLIOGRAFÍA

 

INTRODUCCIÓN

 

La evolución de la sociedad ha requerido nuevos paradigmas que no solamente la expliquen como tal, sino también que permitan analizar una serie de cuestiones que van desde la persistencia de las áreas residuales, de los procesos de globalización, así como el papel de las regiones en dicho entorno hasta las funciones que debe desempeñar el Estado, entre otros. Lo interesante del caso es que los paradigmas se constituyen no sólo como formas de interpretación o percepción, sino también como ejes de acción concreta, en otras palabras, en formas de política y de convivencia política. Esto define y plantea cualquier escenario de arena política y de sistema político, entre ellos por supuesto el que toca nuestro país.

En la discusión sobre el sistema político mexicano se encuentra siempre presente el tema de federalismo, que dependiendo del sentido que se le proporcione posee subyacente la discusión en la Garena política nacional, la conformación de un pacto federal. Un pacto federal que conlleve al consenso sobre el rumbo y el tipo de país que queremos, que logre aglutinar a todas las fuerzas políticas en torno a un proyecto de nación; o en su caso más extremo que permita plasmar un discurso de poder dominante y que prevalezca sobre los demás. Esto que puede parecer un sin sentido, es parte del sentido que expresa o manifiesta la ideología del proyecto del federalismo como proceso y que ha evolucionado en el transcurso de su aplicación o de su continua redefinición.

En consecuencia, reconocer la discusión del federalismo como parte fundamental de la conceptualización del sistema político mexicano, es la premisa de este documento. Por lo que la discusión central es el federalismo en México desde el punto de vista histórico, y como parte de una discusión entre federalismo y descentralización.

 

EL FEDERALISMO COMO PROCESO HISTÓRICO

Lo que llamamos principio es con

frecuencia el fin

Y llegar a un fin es llegar a un principio

El fin es de donde partimos  ...

 

 

... Y el fin de todo nuestro explorar

 Será llegar a donde empezamos

 Y conocer el lugar por vez primera

 A través de la desconocida, recordada puerta.

T.S. Eliot

 Tierra Baldía/Cuatro cuartetos

 

 
 

 

 

 

 

 


 

 

 

 

 

 

Cabe señalar que según Merino (1996), el federalismo posee dos tradiciones históricas, una que proviene de Europa con la experiencia alemana, que es la idea cooperativa; la otra es la tradición de los EE.UU. de América, que nace como un pacto instalado en un momento específico de la historia. El federalismo en México, es algo finalmente singular, citando a Hernández, (1993:263), "la forma que asume el federalismo... en este siglo no es una deformación del principio federal, sino más bien una adecuación y reinvención del mismo para responder a los desafíos internos y externos del país."

El federalismo en México, se originó con base en el pensamiento de Miguel Ramos Arizpe, con su manifiesto en las Cortes de Cádiz al defender las diputaciones provinciales, que en los hechos fueron el antecedente inmediato de nuestro Estado Federal. Más tarde durante el Congreso de 1823-1824, Ramos Arizpe defendió el federalismo en forma sobresaliente. El federalismo se entendía como el establecimiento de dos órdenes de gobierno: el de la Federación y el de los estados; así como la creación de los tres poderes de la unión, con sus respectivas competencias (Salinas 11 de noviembre de 1998).

De esta manera el esquema federalista se refrendó en la Constitución de 1824, y en la de 1857 donde se dispone que es voluntad del pueblo mexicano constituirse en una República representativa, democrática, federal, compuesta de estados libres y soberanos en todo lo concerniente a su régimen interior; pero unidos en la Federación establecida según los principios de la Constitución General (Salinas 11 de noviembre de 1998).

En este documento se ha intentado reconocer el federalismo como un proceso histórico por lo que se han separado con fines de exposición en tres etapas, la primera antes de la Constitución de 1917, la segunda, la consolidación del estado corporativo y su decadencia; para finalmente destacar lo que se ha denominado nuevo federalismo.

 

ANTES DE LA CONSTITUCIÓN DE 1917

 

Describir el período revolucionario de 1910-1920 en México, es señalar la situación en la cual se fueron moviendo los actores políticos que proporcionaron las bases para la formación de la Constitución Federal de 1917. Las ideas sobre municipalismo, confederalismo y movimientos soberanistas, fueron parte del escenario político en la discusión con sus propuestas de federalismo - los actores involucrados: el Zapatismo, Villa, Carranza, entre otros -. El pacto federal se materializó con la Constitución de 1917, en el cual la gran novedad no fue la dimensión política sino la social - inclusión de derechos sociales como educación (artículo 3º), a la regulación de la propiedad y redistribución de la riqueza (artículo 27º) y al trabajo (artículo 123º) - (Hernández, 1993: 273).

El estado pos revolucionario, definido por la Constitución de 1917, incluye los derechos de las nuevas fuerzas de la sociedad (bases rurales), y sienta las primeras bases para la posterior intervención estatal en la economía. Pronto el estado desarrolla una vocación supletorio de la débil iniciativa privada en casi todos campos del quehacer económico, pero tiene que recurrir a la reconstrucción de las pirámides tradicionales de poder locales (Medina,1994:16). Con el surgimiento de caudillajes regionales, vía hombres fuertes revolucionarios, se distribuyó el poder político, económico y administrativo del gobierno federal.

 

LA CONSOLIDACIÓN DEL ESTADO CORPORATIVO Y SU DECADENCIA

 

Partiendo de los saldos de la revolución, la polarización de las posiciones políticas estaba aparejada con el potencial de otro estallido social que seguiría desgastando a la nación. La cuestión era básica: desmovilizar a los contingentes y lograr centralizar el poder en el ejecutivo federal. Este poder fue desagregado por el grupo de Sonora encabezado por Calles, en dos sentidos, la función político–social y la administrativa, esta última fue con la cual se concentró el quehacer del Gobierno Federal. Lo anterior tuvo algunos costos políticos, al tener que fortalecer poderes regionales mediante los militares gobernadores, que formaron cacicazgos sustentando privilegios no explícitos (Medina, 1996:16-7).

Con este escenario fue con el que se enfrentó Cárdenas, quién consolidó la figura corporativa del ejecutivo federal. Entre los cambios efectuados destacan los siguientes: el rompimiento con el caudillismo de Calles, cambios de jefes de zona militar, gobernadores, representantes del congreso, la consolidación del partido de estado - vía Partido Nacional Revolucionario (PNR), actual Partido Revolucionario lnstitucional (PRI) - en los sectores obrero, campesino y popular. En la esfera económica, la nacionalización del petróleo, de la comisión Federal de Electricidad, la creación de NAFINSA, etcétera. Además promovió políticas en el sector agropecuario y forestal como la repartición de tierras, y una serie de apoyos a este sector que serían la base del posterior modelo de sustitución de importaciones (Medina, 1994:50-80).

De las bases asentadas por Cárdenas, el ejecutivo federal pareció conformarse como un ente omnipotente que llevó en lo general a subestimar la colaboración que se dio entre estados y federación. La vía  financiera fue la alternativa utilizada para controlar a los estados (Hernández, 1993:290).

A la sazón del escenario pos revolucionario se reconoce que los proyectos que nacieron con la Constitución de 1917 requerían decisiones y acciones nacionales, que superaran caciquismos locales surgidos del deterioro de las democracias locales y del desorden social preexistente; por lo que se ensancharon progresivamente las atribuciones, esto es, el campo de acción de la federación en prácticamente todos los ámbitos. Los recursos para financiar el desarrollo debían provenir de la riqueza social y esta no podía tolerar la doble tributación. Se resuelve entonces, en forma progresiva, el sistema impositivo favorable al gobierno central (Ortega, 1991:22-23).

La vía financiera se vio frenada en 1983 con la reforma del Artículo 115 Constitucional, relativa a los municipios que les asignó funciones como planeación urbana, organización de los servicios y que se les regresaran sus fuentes de ingresos (Aguilar, 1995:16). De aquí en adelante, se ha ido moldeando lo que se ha llegado a denominar nuevo federalismo.

 

EL NUEVO FEDERALISMO.

 

Antes de la formalización de un programa de nuevo federalismo, existen antecedentes históricos recientes que son parte de importantes decisiones tendientes a fortalecer a los gobiernos estatales y municipales, lo cual se evidencia en el período 1982-1999. En conjunto las acciones han ido desde el alejamiento del estado de la actividad económica, descentralización de la educación, reformulación de la reforma agraria - reformas al Artículo 27 constitucional  y la redefinición del mismo PRI (Hernández, 1993 295). Entre estos figuran la desconcentración de recursos, facultades y atribuciones de las secretarías de salud y de agricultura, ganadería y desarrollo rural; el intento de puesta en marcha de las modificaciones al artículo 115 constitucional, y la descentralización de recursos del ramo 26 y 33 del presupuesto de egresos de la federación (Cullen y Gutiérrez, 1996: 22). Con lo anterior en apariencia, no necesariamente en los hechos, se ha trastocado la tensión básica del federalismo centralizante, el intercambio de aceptación política de los estados a cambio de recursos por parte de la federación.

El federalismo se puede concebir como un arreglo institucional que distribuye responsabilidades económicas, fiscales, administrativas, jurídicas y políticas entre ordenes de gobierno (editorial, Federalismo y Desarrollo 48,1995; Avalos 1996).

La renovación del federalismo comienza con Miguel De La Madrid Hurtado (sexenio 1982-1988), y se refuerza y expande con Carlos Salinas De Gortari (1989- 1994), consolidándose en el sexenio de Ernesto Zedillo Ponce de León (1995-2000) bajo el concepto de nuevo federalismo. Como concepto el nuevo federalismo intenta ser un instrumento redistributivo y compensatorio con los objetivos de fortalecer la democracia, consolidar la unidad nacional y propiciar un desarrollo más equilibrado y justo. Para lo cual se propone descentralizar funciones, recursos fiscales y programas públicos, así como impulsar a la vida municipal (editorial, Federalismo y desarrollo, 1995: 4-5).

Durante el sexenio no sólo se ha utilizado el concepto de nuevo federalismo como parte de un discurso oficial, sino que se le ha proporcionado formalidad al establecerse un Programa para el Nuevo Federalismo. De acuerdo a los resultados de la reunión Nuevo Federalismo efectuada el 5 de febrero de 1997, dicho programa posee los siguientes ejes de acción:

Federalismo hacendario. Se refieren a las acciones en torno al ingreso, el gasto público y el financiamiento.

Descentralización de los sectores de la administración pública federal. Entre las dependencias que están propiciando la descentralización de sus funciones y atribuciones a los gobiernos estatal o municipal, se encuentran las siguientes secretarías de Estado:

Secretaría de Desarrollo Social

Secretaría de Salud

Secretaría de Educación Pública

Secretaría de Medio Ambiente, Recursos Naturales y Pesca

Secretaría de Agricultura, Ganadería y Desarrollo Rural

Secretaría de Reforma Agraria

Secretaría de Comunicaciones y Transportes

Fortalecimiento del desarrollo político-institucional. Se refieren a acciones en materia de justicia, seguridad nacional y reglamentación municipal.

 

Fortalecimiento del control y desarrollo administrativo. Se trata de promover vía la Secretaría de la Contraloría y Desarrollo Administrativo (SECODAM), programas de colaboración con los estados y municipios a fin de promover el desarrollo de las administraciones de los tres órdenes de gobierno, favoreciendo la participación de la población organizada.

A continuación se presenta un recuento de posiciones de algunos autores con relación a federalismo y a descentralización.

 

FEDERALISMO Y DESCENTRALIZACIÓN

"...por que se puede estar en la cercanía geográfica del centro y al mismo tiempo en la periferia del cambio." (Sergio Boisier, 1992, p. 3)

 

 

 

 

 

 

Después del recuento sobre el federalismo en México, la pregunta que se antoja se encuentra relacionada con los fundamentos propios del concepto.

Según Merino (1996) citando a Del S. Raid los atributos del federalismo son: 1) un pacto entre unidades permanente; 2) reglas que gobiernan ese pacto y que suponen que el poder nacional solamente recibe lo que los estados le han delegado; 3) el gobierno nacional y estatal actúan sobre las personas, por lo tanto hay potestades concurrentes; 4) hay una doble ciudadanía; desde el punto de vista institucional tienen ambos órdenes jurídicos, totalidad de competencias; 6) cuando surgen conflictos entre esos dos órdenes jurídicos de gobierno, finalmente prevalece el principio de la supremacía nacional.

Como lo indica Acosta (1995), México ha planteado el federalismo desde su nacimiento como país independiente, la Constitución de 191'7 dice en su artículo 40 que: "Es voluntad del pueblo mexicano constituirse en una república representativa, democrática, federal, compuesta de estados libres y soberanos en todo lo concerniente a su régimen interior, pero unidos en una federación establecida según los principios de esta ley fundamental". El artículo 41 expresa que "El pueblo ejerce su soberanía por medio de los poderes de la Unión, en los casos de competencia de estos, y por los de los Estados, en lo que toca a su régimen interior, en los términos respectivamente establecidos por la presente Constitución Federal y las particulares de los Estados, las que en ningún caso podrán contravenir las estipulaciones del Pacto Federal". En el Artículo 115 la Constitución Federal establece: "Los Estados adoptarán, para su régimen interior, la forma de Gobierno republicano, representativo, popular, teniendo como base de su división territorial y de su organización política y administrativa el municipio libre..."

El federalismo también significa "Pacto de Unión o Alianza" y surge como reconocimiento de la diversidad de los estados que la conforman con la voluntad de unificarse en una República, manteniendo la libertad y la soberanía en lo que atañe al régimen interior y todo lo que no se oponga al pacto de unidad (Acosta, 1995).

El federalismo como concepto deja fuera al gobierno municipal, además existen otros problemas: 1) el federalismo está necesariamente desarrollado sobre la base de métodos fuertemente legalistas formalistas; 2) Es muy rígido, lo que genera dificultades en el momento de poder discutir el reparto del presupuesto federal, todo eso tiene que estar debidamente establecido en la Constitución; 3) el federalismo ha sido definido como una serie jerárquica de relaciones entre el gobierno nacional y los estados, siguiendo un modelo que podíamos llamar estratificado, esto es, normalmente se entiende al gobierno nacional como si se tratara del jefe y los subordinados serían los gobiernos estatales para poner finalmente, a los gobiernos locales o municipales, es decir hay una estratificación supuesta de autoridades, de potestades, de fuerza política (Merino 1996).

Como lo señala Merino (1996) desde el punto de vista de las personas, se ha tenido una subordinación real de los gobernadores de la Presidencia de la República, y se ha tenido una subordinación más o menos frecuente de los presidentes municipales a su vez hacia los gobernadores de los estados. En México ha prevalecido la práctica centralista, la política ha pesado en general más que la dinámica propia de la administración pública en busca de la solución de los problemas concretos. Sin embargo, no es sólo en materia política, también se encuentra el centralismo político y administrativo de México, expresado en la forma de concebir los espacios institucionales de negociación.

Aunado a lo anterior, la distribución de recursos en México, define quizá con mayor nitidez que ninguno de los otros puntos el centralismo atávico de nuestro país; es un hecho que el gobierno nacional es el que ingresa mayores recursos y es sin duda también el que gasta mucho más, es decir, cuando se pregunta quién decide, qué, cómo y cuándo, la respuesta es que quien decide es el gobierno nacional; cómo, mediante la imposición de sus dineros, y mediante aparatos políticos que permitan articular los intereses nacionales, y cuándo, en cada sexenio (Merino 1996).

En nuestros días, se va perfilando la necesidad de superar los límites centralistas desde el punto de vista partidario, para trasladarlo a un espacio más gubernamental; además de ir afinando los mecanismos de coordinación entre niveles de gobierno (Merino 1996). El avance hacia el federalismo en México ha estado basado fundamentalmente en la palabra descentralización; no se ha entendido el federalismo en México, sino como algo que esta estrictamente ligado a la descentralización a consecuencia, de esa mecánica centralista. Por lo tanto expresión fundamental del nuevo federalismo es el proceso de descentralización (Merino, 1996: 372).

Como lo indica Acosta (1995), federalismo es la síntesis de dos aspectos contrarios: unidad y diversidad, centralización y descentralización, resumidos en una unidad dialéctica caracterizada por una compleja serie de mecanismos de coordinación. En teoría el federalismo es el grado más elevado de descentralización política, es decir, el federalismo es la salvaguarda de las autonomías de los estados dentro de una unidad política nacional.

La descentralización en México se puede entender “como un concepto ligado a la democratización de las sociedades,'... 'politizándose las discusiones, al margen de los detalles de orden técnico, fiscal y administrativo que constituye los verdaderos obstáculos de la administración” (Merino 1996: 358). La descentralización en el Gobierno Federal Mexicano se ha fundamentado en diversas herramientas, entre las que destacan, los Comités de Planeación para el desarrollo (COPLADES), a los Convenios Únicos de Desarrollo después Convenios de Desarrollo Social, y al Presupuesto General de Egresos, como el Ramo 26 (Merino 1996).

Como lo anota Merino (1996) la descentralización se ha encontrado varias limitantes, entre las que destacan: el hecho de que todo tiene que ser definido previamente por el propio gobierno nacional para poder llegar a los estados, y finalmente, los municipios. No puede haber un pacto sin la participación de las unidades que van a establecerlo, y en México los perfiles del pacto han sido generalmente diseñados y cuidados desde el gobierno central; no es casualidad que los convenios de coordinación, sean únicos de desarrollo (1983) o de desarrollo social (1993), hayan sido prácticamente homogéneos para todas las entidades de la República, por los matices de la negociación política que se establecen entre cada uno de los gobernadores de los estados y  las distintas secretarías de estado federal.

Lo grave del caso, es que los gobiernos locales en tanto que no constituyen un orden jurídico propio, sino que son la base del orden jurídico estatal, en esa misma medida no pueden participar como entes propios en la coordinación que se ha establecido como el eje de la descentralización política y administrativa en este país; por lo tanto sólo pueden participar en esos convenios como participantes propios de la entidad federativa que suscribe ese convenio (Merino 1996).

Los crecientes reclamos democráticos de gobiernos estatales y municipales contra el centralismo han pugnado por la autonomía municipal, entendida ésta como el reconocimiento pleno de los derechos de los municipios y sus comunidades para autogobernarse, en la inteligencia de que no se trata de una idea separatista ni de desconocimiento de los poderes federales y estatales, pero sí como la demanda de transferencia de recursos y competencias y una verdadera descentralización del poder político para dar vida a una composición plural y representativa de la diversidad del país en todos los órdenes (Acosta, 1995).

Entre los obstáculos que ha impedido que los gobiernos locales tengan una participación más activa en el funcionamiento del federalismo mexicano se encuentran:

Soslayar  la diversidad municipal mexicana;

En lo que hace a las relaciones intergubernamentales mexicanas, no es fácil de echar mano de la Ley para solucionar problemas específicos, y menos aún para echar a andar políticas públicas, cuando el entramado legal es tan enorme, tan confuso y muchas veces incluso contradictorio; y

Las diferencias en la capacidad de gestión de los gobiernos locales mexicanos (Merino 1996).

 

CONCLUSIÓN

 

El recuento histórico nos permite comentar que la formación del sistema político mexicano, visto como un proceso de interpretación de diversas formas de entender el federalismo en México, ha evolucionado y se ha ajustado en los diferentes momentos históricos; de tal manera que la percepción del federalismo es y sigue siendo una discusión inacabada, inconcluso, y en constante redefinición. De hecho se antojaba el título del documento como ”El federalismo en México, un proceso inacabado”. De hecho esa es la justificante de tratar de plantear una discusión un tanto conceptual que permitiera acercarse a comprender algunos elementos teóricos con relación a federalismo, ya un proceso que lleva aparejado cuando se traduce la teoría política en práctica pública: la descentralización.

Comprender el sistema político mexicano en el contexto del federalismo, implica reconocer que el Estado Mexicano se ha adecuado a los tiempos históricos, lo que le ha permitido no sólo estar a la vanguardia de cualquier cambio político sino de ubicar un discurso de poder dominante, que le ha facilitado su consolidación y permanencia.

Algo que habrá  que comentar finalmente, es que a pesar de contar con una definición marco del significado del federalismo, y de que este se encuentre establecido en documentos que rigen nuestra convivencia política como sociedad sea pues Constitución, o programa de gobierno, de la traducción de una estrategia de política pública nacional a una definición pragmática a otros de niveles de gobierno (sea estatal o municipal), la  misma percepción cambia toda vez que se encuentra sujeta a interpretación; y que se va difuminando cada vez más en tanto aumenta la cantidad de actores políticos que intervienen en la esfera pública aumentan.

 

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