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PLATÓN
SU VIDA Y RASGOS IMPORTANTES EN SU DOCTRINA
LÓPEZ MORALES ANTONIO
CONTENIDO
INTRODUCCIÓN
OBJETIVOS
VIDA Y ASPECTOS GENERALES DE SU OBRA
LA FILOSOFÍA DE PLATÓN
Las motivaciones de la filosofía platónica: la ética, la política y la
epistemología
El conocimiento es siempre conocimiento de lo universal
La influencia de Heráclito y Parménides
El dualismo platónico
La teoría de las ideas
Dificultades dela teoría de las ideas
La relación entre el mundo inteligible y el mundo sensible.
La idea de Bien: lo Uno y lo Múltiple
La teoría del conocimiento
La cosmología platónica
La teoría política y la ética platónica
CONCLUSIONES
AUTOEVALUACIÓN
INTRODUCCIÓN.
El siglo XX ha sido una época
de cambios y avances tecnológicos, que si bien han contribuido a una vida más
cómoda, también han llevado al hombre de nuestro tiempo a huir de la reflexión
profunda sobre el sentido último de las cosas y de las personas.
En una época de eminente
pragmatismo es preciso dar a conocer la obra de pensadores que han buscado en
su razón la explicación de las circunstancias y los fenómenos que les ha tocado
vivir.
En un tiempo en que lo moderno
parece marcar el ritmo de la vida es preciso buscar en la antigüedad algunas
luces que puedan iluminar de nuevas forma las circunstancias que nos ha tocado
vivir.
Con estos antecedentes es que
he decido emprender el camino del redescubrimiento del máximo representante del
idealismo en la antigüedad: Platón. Para iniciar presentaré sus datos
biográficos buscando descifrar en ellos muchas de las causas que originaron sus
postulados filosóficos y en segundo lugar expondré los que me parecen son su principales
ideas en el campo de la filosofía.
Hasta donde lo permiten las
limitaciones de espacio y tiempo me he permitido incluir en el trabajo textos
de Platón, y alguno de Aristóteles, que nos permitan tener de un modo más claro
la idea a que se refieren los temas.
OBJETIVOS:
El presente estudio tiene como
finalidad:
1. Ofrecer una
síntesis de la vida de Platón y de sus principales propuestas al pensamiento
filosófico, por lo que quien lo lea obtendrá un conocimiento amplio y
documentado del pensamiento de este importante filósofo.
2. Reconsiderar desde
una óptica holística los rasgos humanos de Platón, considerándolo como un
ejemplo de quien busca adecuar su vida con su pensamiento y de quien ha sabido
aprovechar sus experiencias vitales para consolidar su pensamiento.
3. Reconsiderar la
obra platónica como precursora de muchas ideas filosóficas posteriores y
mostrar el gran papel visionario de este importante pensador.
PLATÓN
VIDA Y ASPECTOS GENERALES DE SU OBRA.
Filósofo griego nacido en Atenas, creador de un sistema
filosófico y de un método de exposición de la filosofía que le convierte,
probablemente, en el filósofo más influyente de toda la historia. Descendiente
de una acomodada y aristocrática familia que se vanagloriaba de descender del
antiguo rey Codro (era hijo de Aristón y Perictíona - hermana de Cármides y
sobrina de Critias -, dos de los llamados treinta tiranos que protagonizaron un
golpe de estado antidemocrático en Atenas en los años 404-403 a. C.), Platón,
tuvo dos hermanos: Adimanto y Glaucón, y una hermana, Potone. A la muerte de
Aristón, la madre de Platón se casó con Pirilampo, un antiguo amigo de
Pericles, con quien tuvo un hijo, Antifón, que por tanto era medio hermano de
Platón.
En algunas de sus obras Platón hace figurar a sus
hermanos como contertulios de Sócrates. (Adimanto y Glaucón aparecen en la
República, Antifón aparece en el Parménides). Aunque el verdadero nombre de
Platón era Aristocles, era conocido por el apodo de Platón (el de las anchas
espaldas) debido a su gran envergadura y a su ancha frente. Como descendiente
de una familia aristocrática, tuvo una educación esmerada en todos los ámbitos
del conocimiento. Su educación filosófica estuvo durante un cierto tiempo a
cargo del filósofo heracliteano Crátilo, aunque su verdadero maestro fue
Sócrates. Desde los veinte años y hasta el último día de la vida de Sócrates,
que murió ejecutado en el año 399 a. C. por orden del gobierno democrático de
Atenas, Platón fue discípulo y amigo suyo, y la influencia de Sócrates sobre el
pensamiento platónico fue muy importante, hasta el punto de que en sus obras
Platón siempre le rindió homenaje. Por otra parte, a través de sus obras, se
puede constatar que Platón tenía un amplio conocimiento de los filósofos
presocráticos y que recibió una gran influencia de Heráclito y de Parménides. La influencia del
pitagorismo es especialmente importante en el pensamiento platónico, hasta el
punto de que Aristóteles considera el platonismo como una variante de la filosofía
pitagórica.
Tanto por su pertenencia a una familia muy relacionada
con la política de Atenas, como por vocación, Platón parecía estar destinado a
dedicarse a la acción política. Pero, si bien es cierto que dos de sus
parientes más próximos (Cármides y Critias) participaron activamente en la
dictadura de los treinta tiranos, y si bien es cierto también que Platón
pertenecía a una clase social que se había ido distanciando de los postulados
democráticos atenienses, en cambio no es cierto que el mismo Platón mantuviese
actitudes beligerantemente antidemocráticas durante su juventud. Su padrastro
Pirilampo, con quien Platón vivió más años que con su padre Aristón, había sido
amigo del demócrata Pericles, y la educación de Platón no se orientó hacia un
sentido manifiestamente antidemocrático, de manera que la influencia de
Pirilampo contrapesaba la de sus parientes maternos.
De hecho, durante la dictadura de los treinta, sus
parientes Critias y Cármides le instaron a participar en tareas de gobierno,
pero Platón declinó participar en ellas y hacerse cómplice de una política que
ya entonces calificó de injusta. Pero la posterior restauración de la
democracia tampoco satisfizo a Platón, ya que bajo ella, y mediante una
acusación falsa, se ejecutó a Sócrates, el maestro y amigo de Platón, al cual consideraba
el hombre más justo. Por ello, viendo los nefastos resultados de una dirección
política que llevaba a la sociedad a la ruina moral y engendraba la injusticia
(la dictadura injusta, en un caso, y la demagogia que condujo a la muerte de
Sócrates, en otro caso), Platón orientó su pensamiento en el sentido de
encontrar un fundamento sólido para conseguir instaurar un orden justo.
Como su maestro Sócrates, consideraba que sólo el
conocimiento de la justicia puede hacernos más justos, y el fundamento de la
justicia y la posibilidad de su conocimiento deben encontrarse a partir de la
filosofía. De todas maneras, aunque Platón renunció a la política activa en su
ciudad, no abandonó nunca el proyecto general de instaurar un Estado ideal.
Esta orientación, no sólo está presente en todo su pensamiento, sino que le
impulsó también a intentar, por tres veces, llevar a la práctica su proyecto en
Siracusa.
A
la muerte de Sócrates (año -399), Platón emprendió diversos viajes. Fue primero
a Megara donde fue acogido por el filósofo Euclides. Se trasladó a Egipto
(probablemente hacia el año -390), viajó también a Cirene, donde entró en
contacto con el filósofo y matemático Teodoro (que es uno de los personajes del
diálogo platónico Teeteto), y reencontró a Aristipo, que había formado parte
del círculo de discípulos de Sócrates. Finalmente viajó al sur de Italia y
Sicilia, donde trabó amistad con filósofos pitagóricos como Filolao, Eurito y,
especialmente, con el filósofo y gobernante pitagórico Arquitas de Tarento. De estos
contactos se deriva buena parte de la orientación pitagorizante de la filosofía
platónica.
En Sicilia, Platón conoció
a Dion, que sería durante muchos años su gran amigo, y a través suyo intentó
llevar a la práctica sus ideas políticas en tres ocasiones (años 388, 367 y 361
a.C.), saldándose las tres con un absoluto fracaso. Dion era cuñado del tirano
de Siracusa, Dionisio I, y persuadió a Platón para intentar llevar a la
práctica sus ideas políticas. Un primer intento (en el año 388 a. C.) acabó con
un estruendoso fracaso y Platón tuvo que huir de Siracusa, ya que Dionisio
creyó que era víctima de un complot urdido por Dion y Platón para arrebatarle
el poder.
En el 387, de regreso a
Atenas, Platón, con intención de fundar una «escuela», compró unos terrenos
situados al lado del gimnasio dedicado a Akademo, en el noroeste de Atenas,
junto a la Doble Puerta, razón por la cual dicho centro de enseñanza e
investigación se conoció como la Academia, que se convertiría rápidamente en un
gran centro de investigación cuya existencia perduró hasta el año 529. En el
año 367 a. C., Platón acudió de nuevo a Siracusa llamado por Dion, ya que había
muerto Dionisio I y había accedido al poder el hijo de este, Dionisio II. Con
la esperanza de llevar a la práctica sus ideas políticas y, especialmente, con
el afán de volver a encontrarse con Dion, Platón intentó por segunda vez pasar
de la teoría a la práctica. Nuevamente la experiencia constituyó un fracaso y,
en el año 365 a. C., volvió a Atenas. Todavía haría Platón un tercero e
infructuoso intento de colocar a la filosofía como rectora de los destinos
políticos, de manera que en el año 361 a. C. volvió por tercera y última vez a
Siracusa, con la promesa de Dionisio II de aprender a comportarse como un
filósofo - rey.
En esta última ocasión, la intentona acabó con la muerte
de Dion y con el convencimiento de Platón de la necesidad de revisar algunos
aspectos de su concepción política. A partir del año 360 a. C., Platón residirá
en Atenas dedicado a su labor en la Academia.
Platón es el primer gran filósofo del que tenemos un
conocimiento completo, ya que se han conservado todas las obras que publicó.
Todas las obras de Platón, excepto la Apología de Sócrates, en la que expone la
defensa que Sócrates hizo ante el tribunal que lo condenaría a muerte, están
escritas en forma de diálogo. Este método de exposición, además de su valor
pedagógico, permitía a Platón seguir desarrollando el método socrático y, al
mismo tiempo, era una manera de enfrentar las tesis que quería sustentar con
posibles objeciones a ellas.
Los diálogos de Platón presentan casi siempre una
conversación entre diversos personajes de su época y, en general, Sócrates es
el interlocutor principal. Excepto en algunos diálogos de su primera época, en
los que Platón narra escenas reales, no se trata de diálogos realmente
acontecidos que Platón se limite a narrar, sino que son ficciones creadas por
Platón para desarrollar su pensamiento. Además, a excepción de los primeros
diálogos que escribió, la figura de Sócrates no es tampoco realmente la del
Sócrates histórico, sino que Platón se sirve de la figura de su maestro para
exponer sus propias tesis. Las obras de Platón, además de estar escritas en
esta forma dialogada, de gran belleza literaria, están continuamente repletas
de narraciones a modo de ejemplos que son conocidas como los «mitos»
platónicos, «alegorías» o «metáforas». A través de estos «mitos» y «alegorías»
Platón expresa algunas de sus ideas fundamentales. De entre ellas son
especialmente importantes el «mito del auriga», que se halla en el Fedro, y que
sirve a Platón para exponer su teoría sobre el alma; el «mito de Eros» (en el
Banquete), en el que expone su teoría sobre el amor y el deseo de poseer lo
absoluto; el ejemplo del «esclavo» (en el Menón), que expone la teoría del
conocimiento como reminiscencia o recuerdo; la «metáfora de la línea», y la
importante «alegoría de la caverna», que se encuentran en la obra principal de
Platón: la República, textos en los que, además de ofrecernos una imagen de su
teoría del conocimiento, también son ilustrativas de la ontología platónica.
Es importante destacar que estos textos, justamente por
tratarse de «mitos» o «alegorías», deben ser siempre interpretados, y su
significado no debe nunca tomarse en sentido literal. Esto plantea un problema
para el historiador de la filosofía, ya que a veces es difícil saber cómo deben
interpretarse estos textos, máxime cuando Platón, además de publicar estos
diálogos que admiten diversos niveles de interpretación, y que están dirigidos
a un público amplio, en sus clases en la Academia, dirigidas sólo a sus alumnos
más aventajados, exponía tesis que no publicó. Así, hay una enseñanza escrita y
una enseñanza oral de Platón, de la cual sólo tenemos un vago conocimiento por
algunas alusiones de algunos de sus discípulos, como Aristóteles, por ejemplo.
Además, en las obras de Platón se ve una evolución de su pensamiento e incluso,
en algunos casos, rectificaciones o matizaciones de tesis que había mantenido
anteriormente.
Además del problema que representa el tener que
interpretar el contenido de los mitos platónicos, las mismas características de
las obras de Platón hacen que a menudo sea difícil establecer qué pensaba
realmente. No sólo estas obras estaban pensadas para ser publicadas, es decir,
para ofrecer en general al público -diferenciándose de sus enseñanzas no
escritas -, sino que el mismo Platón señala a menudo que la verdadera filosofía
solamente puede practicarse por medio de la discusión verbal. En la Carta VII
Platón lo afirma explícitamente, y añade que: «lo que puedo decir acerca de los
escritores pasados o futuros que afirman saber lo que constituye el objeto de
mis esfuerzos, bien por haberlo aprendido de mí o de otros, o por haberlo
descubierto por sí mismos, es que, en mi opinión, no tienen el menor
entendimiento de la materia. Ni existe ni podrá existir un tratado mío sobre
esto, porque no se puede expresar en palabras».
Para Platón el lenguaje escrito es solamente un pálido
reflejo del lenguaje hablado, y la escritura debe entenderse solamente como un
medio para apoyar la memoria y como una especie de pasatiempo, de juego o de
recreación. Todo esto refuerza la tesis de la necesidad de interpretar los
diálogos de Platón y no intentar entenderlos en su escueta literalidad. Así,
cuando Platón escribe que el conocimiento es recuerdo (anamnesis), o que el
alma ha preexistido al cuerpo, etc., estas afirmaciones deben ser interpretadas
cuidadosamente y no limitarse a entenderlas en su sentido literal.
Atendiendo al orden en que fueron escritos, los diálogos
platónicos se dividen en cuatro períodos o etapas: etapa socrática (393 - 389
a. C.), en la que Platón reproduce las ideas de su antiguo maestro; etapa de
transición (388-385 a. C.), en la que ya van apareciendo algunas de las tesis
fundamentales del pensamiento propiamente platónico, como la teoría de las
ideas, por ejemplo, así como sus primeros análisis del lenguaje y una teoría
lógica de los conceptos; época de madurez (385-370 a. C.), en la que se perfila
y consolida la teoría de las ideas como núcleo fundamental de su filosofía, y
desarrolla los grandes «mitos» de los que hemos hablado; época de vejez(369-347
a. C.), en la que los diálogos platónicos adoptan un tono a veces autocrítico,
y en los que matiza su pensamiento a la vez que el carácter ontológico de la
teoría de las ideas pierde importancia ante su aspecto meramente lógico.
La producción filosófica de Platón es muy amplia y abarca
el primer gran sistema filosófico, ya que elabora: - una ontología (la teoría de
las ideas o de las formas separadas), - una teoría del conocimiento (la
anamnesis o reminiscencia, los grados del conocimiento y la dialéctica
ascendente y descendente), - una teoría del alma (entendida como principio
vital y condición del conocimiento, dividida en tres partes que se corresponden
con tres tendencias o facultades: razón, voluntad y pasiones); - una teoría
ética y una teoría política (el Estado ideal gobernado por los filósofos, y
dividido en tres grandes clases: los artesanos o trabajadores, los guardianes y
los gobernantes filósofos, que se corresponden con las tres partes del alma),
y- una teoría estética y una cosmología (en la que establece un isomorfismo
entre el cosmos, el hombre y la polis).
Además, la forma misma de plantear la filosofía marca
definitivamente la historia de todo el pensamiento occidental, hasta el punto
que se ha dicho que «toda la historia de la filosofía no es más que un conjunto
de notas a pie de página de la obra de Platón», y muchos son también los
pensadores que han visto en la gigantesca obra de este autor el gran enemigo a
abatir para formar otra filosofía distinta, una filosofía que no someta el
mundo real a una hipotético mundo sobrenatural (Nietzsche).
Además, bajo la forma del neoplatonismo, interpretando la
filosofía platónica desde una mentalidad fuertemente religiosa, la filosofía de
Platón estará tanto en las bases teóricas del cristianismo (especialmente a
partir de San Agustín, que según Nietzsche no es más que «platonismo popular»),
como de una reformulación del judaísmo y del islamismo, dentro del vasto
movimiento intelectual que es el platonismo. En definitiva, la filosofía de
Platón se sitúa, sin duda, en el centro de toda la historia del pensamiento.
LAS
MOTIVACIONES DE LA FILOSOFÍA PLATÓNICA: LA ÉTICA, LA POLÍTICA Y LA
EPISTEMOLOGÍA
Tal como ya se ha mostrado al hablar de la vida de
Platón, la motivación inicial de su filosofía fue fundamentalmente política y
moral, motivación que se vio reforzada por la influencia de su maestro
Sócrates. La necesidad de pensar el fundamento de la justicia y el orden social
condujo a Platón a considerar que éstos no pueden basarse en un mero
relativismo, como decían los sofistas, ni puede ser sólo fruto de un simple
pacto o contrato social, que es una mera pugna entre contendientes que cesan
sus hostilidades entre sí por el mero egoísmo de conseguir seguridad. Sócrates
había señalado la necesidad de una justicia en sí, de una bondad en sí. Y
pensaba que solamente por la existencia de lo justo en sí son posibles actos
justos, de la misma manera que solamente por la existencia de la belleza en sí
son posibles las cosas bellas.
Esta distinción entre dos órdenes de realidad distintos -
que Sócrates había vislumbrado en el ámbito de la ética- hace pensar a Platón,
siguiendo a su maestro, que la simple seguridad no puede ser fundamento de la
justicia ni del orden, como lo muestra la historia de las tiranías y otras
formas de gobierno injustas. Tampoco el mero consenso de la mayoría puede ser el
fundamento de la justicia, como lo prueba la misma condena de Sócrates en la
democracia ateniense. Debe existir un fundamento de la justicia, debe existir
la justicia misma para que sean posibles las acciones justas, que son sólo
presentaciones concretas y parciales de la justicia. Hacia la búsqueda de esta
fundamentación se dirige el pensamiento de Platón. Más allá de los ejemplos
concretos de cosas bellas o relaciones amistosas, debe existir la belleza y la
amistad que hacen posibles aquellas; más allá de actos y relaciones justas debe
existir la justicia misma que las hace posibles. Debe existir una alteridad
respecto de la experiencia inmediata, que es la que la posibilita.
El estudio de este fundamento, generalizado desde la
ética hasta toda realidad, conducirá a Platón a la formulación de la teoría de
las ideas o de las formas, que es el centro de toda la filosofía platónica.
Así, Platón va mucho más allá de su maestro Sócrates, y considera la necesidad
de afirmar la existencia de estas ideas como medio para comprender la totalidad
de lo real, y no situarlas solamente en el ámbito de la ética. Pero a la
inicial orientación de tipo político y moral dirigida hacia la búsqueda de un
fundamento absoluto de la justicia, se añade en Platón una orientación dirigida
hacia la búsqueda de un fundamento del conocimiento.
Con ello, la oposición a los sofistas es total: en contra
del relativismo moral y en contra del escepticismo epistemológico. Si los
sofistas estaban equivocados, según Platón, al considerar que no hay
propiamente ningún fundamento de la justicia (con lo cual situaban a ésta en el
simple terreno de lo opinable, y en el mundo en devenir), también erraban al
pensar que no es posible un conocimiento verdadero. En ambos casos el error,
según Platón, se debía a que se situaban en el terreno de lo meramente
sensible. Pero, de la misma manera que los actos (particulares y concretos)
solamente los podemos calificar de justos o injustos por referencia a la
justicia (universal y abstracta), el conocimiento del mundo físico (cambiante,
temporal, efímero), solamente es posible por referencia a otra realidad
(inmutable, eterna, permanente). Así, a la inicial motivación político - moral,
se añade una motivación epistemológica que conducirá el pensamiento de Platón hacia
la formulación de la teoría de las ideas.
Partiendo de una motivación epistemológica, el
pensamiento de Platón se encaminará a buscar el auténtico objeto del
conocimiento y, bajo la influencia pitagórica, considerará las matemáticas como
modelo de conocimiento. Así, de la misma manera que el matemático habla de
triángulos, círculos, esferas o números, de los que sus dibujos son sólo meras
y toscas representaciones, y no confunde el dibujo de un triángulo con el
triángulo como figura geométrica ideal, el filósofo no ha de confundir la
realidad física ni los acontecimientos particulares con las ideas de las cuales
estos actos o cosas son meras representaciones. De la misma manera que el
dibujo de un triángulo no es un triángulo - es sólo una representación de esta
figura ideal sin la cual no sería posible hablar de triángulos -, un acto justo
no es «la justicia». Pero esto es extensible a toda ciencia, ya que el
auténtico conocimiento no es nunca conocimiento de lo particular concreto, sino
de lo universal abstracto. Un botánico no se interesa en realidad por este
ciprés, aquel pino o este otro abeto, sino que toma estos casos particulares
para llegar a la noción de conífera y, más allá, a la noción de árbol en
general y, más allá todavía, a las nociones de vegetal y ser vivo. En el
límite, y esto compete ya solamente a la filosofía, deberíamos poder llegar a
la noción general del ser. Y así como nos equivocaríamos totalmente si para
estudiar las propiedades de un árbol nos limitásemos a contemplar un dibujo
suyo, o confundiésemos la noción general de árbol con un ciprés, también nos
equivocaremos intentando saber qué es la justicia, o qué es la belleza,
limitándonos a observar actos justos o cosas bellas. Es preciso, pues, dirigir
la atención hacia el fundamento que hace posibles estos actos o estas cosas, es
decir, hacia lo que Platón llamará las ideas. La pregunta por el significado y
por la clase de existencia de estos términos o predicados generales es el
núcleo de la teoría de las ideas de Platón que, según él, es el centro de toda
filosofía, razón por la cual, los que se dedican a ésta aparecen, ante los ojos
de los demás, como personajes alejados de lo que, erróneamente, consideran la
realidad.
LA INFLUENCIA DE HERÁCLITO Y DE
PARMÉNIDES
Al
mismo tiempo, esta reflexión iniciada a partir de una motivación político -
social y epistemológica, entroncaba con las grandes cuestiones que se había
planteado la filosofía presocrática. El giro antropológico que se produjo en la
filosofía de los sofistas y que prosigue Sócrates (las preguntas por el nomos,
y por el fundamento de la vida en la polis) está presente en el pensamiento de
Platón, pero la preocupación del por qué podemos conocer, y por saber qué es la
realidad, en definitiva, las preguntas por la physis y por la episteme, así
como por el cosmos, también aparecen en su pensamiento. De esta forma, Platón
intentará una síntesis superadora de las diversas posiciones que se habían dado
en la filosofía anterior, apareciendo como el formulador de un vasto sistema
capaz de incluir los momentos fundamentales de la tradición del pensamiento
racional de su época. Partiendo de una inicial motivación político - social, su
pensamiento se abre a todos los ámbitos de la filosofía, elaborando una
ontología, una epistemología, una ética, una teoría política y una estética; es
decir, elaborando el primer gran sistema filosófico de la historia.
Heráclito
había destacado que todas las cosas están en continuo cambio. Todo fluye, decía
Heráclito (a quien Platón conocía bien, gracias a su maestro Crátilo), nada
permanece, sino que cuanto existe está sometido a un proceso ininterrumpido de
alteración y, por tanto, nada «es» propiamente. Parménides, por el contrario,
había destacado que lo que es no puede dejar de ser, ya que dejar de ser es
convertirse en no - ser, lo que es imposible ya que lo que no es, no es, razón
por la cual es imposible el cambio. Platón puede conciliar ambas posturas ya
que, dando la razón a Heráclito, afirma que el mundo sensible está
continuamente sometido al cambio y al devenir, de forma que nunca es
propiamente, ya que siempre está siendo, con lo cual muestra que no tiene la
razón de ser en sí mismo y, por ende, es una realidad derivada.
Pero Parménides tiene razón - piensa Platón- si en lugar
de pensar en el mundo que captan nuestros sentidos pensamos en aquellas
entidades que, como los números o las figuras geométricas, no se alteran. Estas
tres mesas concretas que están ahí, por ejemplo, hace cien años no existían y
dentro de cien años probablemente habrán dejado de existir, pero las nociones
de «tres» y de «mesa» no se alteran por ello. De la misma manera debe
entenderse lo real sensible: todo cuanto existe en el mundo físico es una
representación de otra realidad diferente, la del mundo de las ideas que sólo
podemos captar por la razón. Nada en el mundo sensible es permanente, sino que
siempre está sometido al cambio continuo, al devenir. En cambio, las ideas
universales son inmutables, eternas, imperecederas. Uno es el mundo que captan
nuestros sentidos; el otro, el que nos puede ofrecer nuestra razón.
EL DUALISMO PLATÓNICO
Con la separación entre el mundo sensorial y el mundo que
nos ofrece la razón, Platón divide la realidad en dos grandes ámbitos: el mundo
visible o sensible, que es mutable, cambiante, sometido al devenir y que, por
tanto, nunca «es» propiamente; y el mundo inteligible, el mundo de las ideas
que sólo es accesible por la razón, y que es intemporal, inespacial y, por
tanto, inmutable. El mundo sensible, entonces, es sólo la mera representación
del mundo de las ideas. Representación en todos los sentidos de la palabra, es
decir, como en la representación teatral, en la que los personajes (las cosas
del mundo sensible), siguiendo el guión de una obra, la representan (la vuelven
a hacer presente, la traen a la presencia). Así, de la misma manera que
diversos actores particulares y en distintas épocas pueden representar la misma
obra, la realidad física es como la representación continuamente cambiante de
la realidad superior y eterna del mundo de las ideas. El mundo intemporal
(eterno) de las ideas se temporaliza (se hace presente) en el mundo material.
Esta representación, a su vez, está jerarquizada, de modo que hay una gran cadena
jerárquica entre el mundo sensible y el mundo de las ideas. En el extremo de la
cadena se hallan las ideas, la auténtica realidad, de la que el mundo sensible
es una representación. Ahora bien, esta concepción vaga y general debe
precisarse. ¿Qué son propiamente las ideas?, ¿Cómo debe entenderse más
precisamente la relación entre ellas y el mundo sensible? y ¿cómo podemos
conocer estas ideas ya que no son sensoriales y, por tanto, no podemos tener
experiencia de ellas, aunque, como verdadero objeto del conocimiento, han de
tener una realidad propia? Las respuestas a estas cuestiones forman el cuerpo
de la filosofía platónica que despliegan la teoría general de las ideas, es
decir, su ontología y su gnoseología, que desembocan en una cosmología, una
estética, una ética y una teoría política, cerrando así el círculo del sistema
platónico.
LA TEORÍA DE LAS IDEAS
Según Platón, las ideas o
formas son la verdadera realidad ya que, a diferencia del mundo sensible que
captan nuestros sentidos y que es continuamente cambiante, son eternas e
inmutables. El mundo sensible nos es accesible mediante los sentidos, pero
éstos sólo nos dan conocimiento de lo particular. La ciencia, entendida como
conocimiento verdadero o episteme, en cambio, no es ciencia de lo meramente particular,
sino que es siempre ciencia de lo universal. (Teeteto,151e-183c.,).Pero la
universalidad sólo es accesible a la razón. El mundo sensible es el terreno de
la doxa, o conocimiento parcial e imperfecto; la episteme, el verdadero
conocimiento, es de lo universal, de las ideas.
El mundo de las ideas, que es más real que el mundo
sensible, es el modelo o paradigma del mundo sensible, que es sólo una continua
y cambiante representación suya, y es este mundo el que permite la existencia
de la ciencia. De la misma manera que la botánica no estudia este pino o aquel
ciprés, sino que estudia las coníferas y, más en general, todos los vegetales;
la filosofía como ciencia suprema ha de tener como objeto no las cosas
particulares del mundo sensible, sino las ideas, es decir, los fundamentos. Por
ello, es muy importante señalar que las ideas de las que habla Platón no deben
confundirse nunca con los contenidos de nuestra mente. La noción de idea como
contenido mental aparecerá más tarde, en la filosofía de Descartes. Para Platón
las ideas existen independientemente de si son o no pensadas, tienen realidad
propia, independiente de las cosas y separadas de ellas, e incluso son más
reales que las cosas del mundo sensible).
La teoría de las ideas se desarrolla a lo largo de la
mayor parte de los diálogos que hemos clasificado entre los de su período de
transición. En especial, en el Menón, Crátilo, Fedón y la República. Sigue
presente en las obras posteriores, aunque en los diálogos del período de
madurez, además de afinar esta teoría, y oponerse a una simplista
interpretación de ésta, introduce nuevos elementos, tales como su método de las
dicotomías, de las que tratamos más adelante.
Donde más radicalmente aparece expuesto el dualismo
platónico entre el mundo de las ideas o mundo inteligible y mundo material o
mundo sensible, es en el conocido mito de la caverna y en el texto que le
precede dentro de la República, conocido como metáfora de la línea.
En estos textos aparecen unidos los ámbitos ontológico y
epistemológico. El conocimiento vulgar, adquirido por los sentidos (vista,
tacto, olfato, etc.) solamente nos proporciona sensaciones. El error de los
sofistas, que les conduce al relativismo y al escepticismo (ejemplificados por
Protágoras, a quien Platón critica, por ejemplo, en el texto Teeteto,151e-183c,
que ya hemos mencionado anteriormente), estriba en confundir saber y
percepción. Pero esta confusión todavía nos mantiene encadenados en el fondo de
la caverna.
Las cosas sensibles, cambiantes y diversas (como las sombras
imprecisas del fondo de la caverna que destacan sobre un fondo débilmente
iluminado por la vacilante luz del fuego que las proyecta) son solamente
sombras e imágenes imperfectas de unas realidades de orden superior, inmutables
y eternas. Ya en el Menón nos dice Platón que el mundo sensible es una mera
copia del mundo de las ideas que podemos conocer por el intelecto. Las abejas
de un enjambre, tomadas individualmente y desde la información que nos
suministran los sentidos, son todas diferentes pero, en cuanto son «abejas»,
desde el punto de vista de la esencia, son todas iguales: «No difieren las unas
de las otras en tanto que son abejas».
En el Banquete y en el Fedón Platón se extiende más en la
explicación de la naturaleza de las ideas: son -dice- realidades absolutas que
existen por sí y en sí mismas. En la República, especialmente en los citados
del mito de la caverna, y la metáfora de la línea, introduce toda una serie
jerarquizada de intermediarios entre el mundo sensible y el mundo de las ideas. Esta jerarquización no
es solamente epistemológica (grados de conocimiento), sino que también es
ontológica (gradaciones de la realidad que configuran una cadena del ser).
DIFICULTADES DE LA TEORÍA DE LAS IDEAS
No obstante, a lo largo de sus obras Platón considera la
realidad de estas ideas de diferentes maneras. En las primeras formulaciones de
su teoría parece que sostenga simplemente que el mundo sensible es una mera
copia del mundo inteligible, y que ambos existen como dos realidades distintas.
El mundo físico, entonces, sería la realización y representación imperfecta del
mundo de las ideas perfectas e inmutables, imperfección que vendría dada por el
hecho de que es en la imperfecta materia que se concretan y particularizan las
ideas. En tanto que la realidad sensible es sólo una representación, no tiene
la razón de ser en sí misma, razón por la cual no es propiamente y está
continuamente sometida a cambio.
Ahora bien, esta tesis, si se afirma estrictamente así,
conduce a una mera duplicación de la realidad, y además presenta problemas
insolubles. Ya que, si se afirma que el mundo sensible es una mera copia del
mundo de las ideas, entonces, si dos cosas se parecen entre sí -dos hombres, por ejemplo- es porque ambos
son representaciones particulares de una misma idea: la idea «hombre», pero el
hecho de que se parezcan, su parecido, ¿de dónde surge? Coherentemente con la
tesis, si dos cosas se parecen es también porque ambas participan de la idea de
«parecido» y esto lleva a una regresión infinita (Ésta es la base de la crítica
aristotélica conocida como argumento del tercer hombre)
Por otra parte, si las cosas del mundo sensible fuesen
meras copias del mundo de las ideas, en cada cosa podríamos hallar una
multiplicidad indefinida de ideas de las que cada cosa particular participa, ya
que una mesa, por ejemplo, es una mesa en cuanto que participa de la idea de
«la mesa», pero también participa de la idea de unidad (ya que es una), de la
idea de rectángulo (si es rectangular), de la idea de cuatro (si tiene cuatro
patas), de la idea de blancura (si es blanca), etc. Por otra parte, si el mundo
de las ideas es inmutable, eterno e imperecedero, ¿cómo explicar el devenir, el
cambio, el movimiento? ¿De qué idea inmóvil procedería el movimiento mismo?
Además, ¿cómo llenar el hiato o separación (xorismós) existente entre ambos
mundos?
Esta primera formulación imprecisa que se da en algunos
de los diálogos platónicos (y que es la que Aristóteles combatiría es criticada
por el mismo Platón en varios diálogos de su último período, especialmente en
el Parménides, pero también en el Teeteto, el Sofista, el Político, y en el
Filebo. En el Timeo retoma la teoría de las ideas después de haberla sometido a
crítica, y formula una inmensa síntesis a partir de temas cosmológicos y éticos
que engloban los nuevos resultados a los que ha llegado Platón en estos últimos
diálogos.
En el Parménides y en el Teeteto, Platón somete a crítica
la primitiva formulación de su teoría de las ideas y pasa a cuestionarse:
-
La
naturaleza de las ideas;
-
Las
relaciones entre ellas;
-
Las
relaciones entre las ideas y el mundo sensible (que solamente había podido
explicar metafóricamente recurriendo al símil de la imitación, la sombra o la
participación).
Todo ello lo hace a partir del estudio de los razonamientos
eleáticos sobre la imposibilidad de pensar lo múltiple y el no-ser. El
resultado inicial de esta autocrítica es la matización de su marcado dualismo
inicial, y la consideración de la necesidad de un principio unificador capaz de
superar el “khorismós” o separación entre los dos mundos.
El marcado dualismo anterior queda superado por una
relación originaria entre un principio activo: el Uno, el Bien, y un principio
pasivo: lo Múltiple, lo Indeterminado. Fruto de la relación entre ambos
principios es el surgimiento de las ideas. A su vez, la acción de las ideas
sobre el principio pasivo engendra el mundo sensible. De esta manera, la
realidad aparece como un sistema de relaciones que, desde el Filebo aparece
bajo el nombre de los géneros del ser. La misión de las ciencias consiste en
descubrir estas relaciones en el mundo sensible.
En la República, Platón había caracterizado el método de
investigación filosófica como dialéctica. La dialéctica ascendente, que pasaba
de la multiplicidad de lo concreto hacia la unidad de las ideas, es sustituida,
en los diálogos de la última época, por un método de descripción y división
dicotómica, que será el precedente del método aristotélico de la división en
géneros y especies y de la teoría del silogismo. Las ideas tienden a
identificarse cada vez más con las ideas-número (tesis de orientación
pitagórica fuertemente criticada por Aristóteles. La misión de la filosofía
consiste en la descripción del ser a partir de la relación originaria entre lo
Uno y lo Múltiple. Pero a estos resultados llega Platón después del Parménides
y del Teeteto, que, en realidad, son diálogos que no tienen conclusión: en el
Parménides la autocrítica a las primeras formulaciones de la teoría de las
ideas queda en suspenso; en el Teeteto, después de proceder a una crítica
contra el relativismo sofista y señalar el papel de la admiración en el
surgimiento de la filosofía, solamente concluye de manera negativa sobre la
naturaleza del verdadero saber.
Es en el Sofista donde Platón presenta sus nuevos
hallazgos ontológicos y epistemológicos ya entrevistos en los dos diálogos
anteriores. Ahora Platón, en contra de Parménides y los eleatas (el mismo
Platón habla en el Sofista de un parricidio contra el padre Parménides),
declara que «en cierto sentido el no-ser es y que, a su vez, en cierto sentido
el ser no es». De hecho, en el mismo Parménides Platón, aunque utiliza la
figura del venerable eleata enfrentándose a un joven Sócrates, arremete contra
el eleatismo y, en la segunda parte del diálogo, bajo la apariencia de efectuar
una especie de ejercicio lógico sobre las hipótesis de la existencia o no
existencia de lo Uno, formula una lista de todos los atributos generales
posibles.
De hecho, Platón elabora la primera tabla de categorías
de la historia de la filosofía y, por vez primera, trata de remitir todos los
aspectos del pensamiento a unos pocos atributos generales:
-
unidad-pluralidad
-
movimiento-reposo
-
semejanza-diferencia
-
generación-corrupcón
-
ser-no
ser
A partir de cada categoría aparecen otras menos generales
(por ejemplo, La tesis según la cual el Uno es, implica que no tiene partes ni
hay un todo, de donde se deduce que no tiene ni comienzo ni fin, ni forma
geométrica, etc). El método para hallar la diversas relaciones es el de la
dicotomía o diáreisis (método de divisiones binarias sucesivas).
En el Sofista, Platón muestra que la irreductible
oposición entre ser y no-ser paraliza el pensamiento, de ahí la necesidad del
parricidio contra Parménides, y de ahí la necesidad de admitir la posibilidad
de un pensamiento del no-ser. El ser, a partir de este dialogo, lo concibe
Platón como un sistema de relaciones entre ideas o esencias, no como una mera
oposición al no-ser. Todos los géneros participan de lo Mismo, porque cada uno
es lo mismo consigo mismo; y todos participan de lo Otro porque cada uno es
otro respecto de los demás. Cada ente es un mixto o una mezcla de esencias que,
en última instancia, se reducen a los cinco géneros del ser: el Ser mismo, el
Movimiento, el Reposo, lo Mismo y lo Otro, A partir de estos diálogos, el papel
de la dialéctica será, basándose en el método de las dicotomías, el de
descubrir las reglas de formación de estos mixtos, y establecer las relaciones
entre los distintos géneros. La dialéctica, entonces, es la ciencia que sabe «a
través de razonamientos cuáles de los géneros concuerdan con otros, y cuáles
son incompatibles entre sí» En este sentido, la dialéctica es el saber acerca
de la esencia, de lo que verdaderamente es. Conocimiento acerca de las
determinaciones como tales y en sí mismas.
En el Filebo aparecen algunas modificaciones (habla
solamente de cuatro géneros supremos: el Límite, lo Ilimitado (ápeiron), lo
Mixto (de límite e ilimitado) y la Causa de la mezcla entre lo ilimitado y el
límite. Causa que introduce verdad, belleza y proporción, como el Bien del que
hablaba en la República.
En definitiva, Platón no abandona su teoría de las ideas,
solamente la matiza. Aunque estos matices son muy importantes. La teoría de los
géneros y el método de la dicotomía son el embrión de una lógica que
posteriormente se desarrollará con Aristóteles. Es más, Platón, en lugar de
apartarse de la teoría de las ideas, la refuerza porque, al enfrentarse
autocriticamente con todas las negaciones y limitaciones que implicaba esta teoría
-negación de la multiplicidad indefinida, negación de movimiento, duplicación
estéril inherente al primer dualismo de su concepción inicial, etc.-, integra
en su teoría el movimiento, el cambio y la multiplicidad, pero como
determinaciones. Supera, así, la concepción eleática y, en general,
preplatónica, de una separación estricta entre un mundo cambiante y efímero y
un mundo estático y permanente. Las nociones de lo mismo y lo otro permiten
esta superación: la determinación otro es, para Platón, el único sentido que
permite afirmar de alguna manera la determinación del no-ser. Pero el ser no se
identifica simplemente con lo mismo, ya que participa tanto de lo mismo como de
lo otro, Es lo mismo consigo mismo, pero es lo otro del movimiento.
LA RELACIÓN ENTRE EL MUNDO INTELIGIBLE Y EL MUNDO
SENSIBLE
LA IDEA DE BIEN: LO UNO Y LO MÚLTIPLE.
La relación que se establece entre el mundo de las ideas
y el mundo sensible es, según la primera y más tosca formulación de la teoría
de las ideas, una relación de copia, de imitación (mimesis), y esta imitación
se da porque las ideas están presentes en las cosas. En el Timeo (49a-50c)
también afirma Platón que el cosmos es una mimesis o imitación de las ideas
realizada por el demiurgo, de manera que las cosas son imitaciones de las ideas
eternas (también defiende esta tesis en la República, 597a). Pero la reflexión
sobre los problemas suscitados por las relaciones entre la multiplicidad de las
cosas particulares y la unidad de las ideas conduce a Platón a afirmar que las
cosas del mundo sensible participan de las ideas. Esta participación no debe
entenderse como si cada cosa particular, cada una de las mesas, por ejemplo,
participe de la única idea de mesa como parte (parti-cipar) de ésta, y que la
idea sea la unión de cada una de las partes. Esto no es posible porque la idea
es única Pero aunque cada una de las ideas sea única, es a la vez múltiple.
La
afirmación según la cual cada idea es única y múltiple debe entenderse como una
jerarquización de las ideas, es decir, la idea de perro, por ejemplo, es única,
pero está subsumida en la idea más general de animal, la cual, a su vez, está
incluida en la idea de ser vivo, la cual, etc. El método de la dicotomía es el
que nos permite estudiar estas relaciones. Cada idea de orden inferior está
incluida en otra idea de orden superior, la cual, a su vez, incluye otras ideas
al mismo tiempo que está contenida dentro de una idea de orden superior. Esta
jerarquización de las ideas culmina en la idea suprema, la idea de Bien. Dicha
idea no debe entenderse en su sentido meramente moral, sino que la idea de Bien
es equivalente a la de Orden, y es un principio de inteligibilidad o de
racionalidad, por ello podemos decir de una cosa que está «bien» en la medida
en que realiza todas las funciones que le son propias según sus fines. Así, la
idea de Bien como culminación de todas las ideas indica que todas ellas están
ordenadas jerárquicamente según un orden, y es la que permite que, en el mundo
de las ideas, todo cuanto es sea como debe ser, es decir, según su orden.
Ahora bien, entonces la relación entre el mundo de las
ideas y el mundo sensible no debe entenderse como una mera copia En los últimos
diálogos Platón rechaza la posibilidad de que existan ideas de todas las cosas
(idea de barro, de pelo, de uñas, etc.) y tiende más bien a considerar que las
ideas son esencias objetivas, realmente existentes independientes de la mente
humana, y que son el fundamento del conocimiento, a la vez que las bases
ontológicas del conjunto del mundo sensible, pero no es necesario afirmar (como
lo había hecho en la República) que hay ideas de todas las cosas (incluidas las
artificiales, como las mesas o las camas), sino sólo es preciso aceptar la
existencia de algunas clases de ideas: la idea del Bien, la de la Belleza, la
Verdad y la Simetría; las ideas éticas y las virtudes fundamentales (justicia,
sabiduría, templanza, fortaleza), y las ideas de las relaciones y entidades
matemáticas y lógicas (mayor que, menor que, igual a, etc.). El mundo sensible
está organizado en base a estas ideas y a los géneros supremos del ser, sin los
cuales no sólo no sería inteligible, sino que no sería ni tan solo un Caos.
LA TEORÍA DEL CONOCIMIENTO
Estas ideas no pueden obtenerse por los sentidos
corporales ni por experiencia alguna, puesto que toda experiencia las supone,
ya que, ¿cómo podríamos dirigir nuestra investigación hacia algo si no supiéramos
ya previamente, aunque de manera difusa e imprecisa, qué es lo que buscamos?
Este es el tema que Platón expone en el conocido ejemplo del esclavo del Menón.
En este ejemplo, Sócrates, mediante unas cuantas preguntas dirigidas a un
esclavo analfabeto logra que éste, solamente razonando, logre descubrir el
teorema de Pitágoras. Puesto que nadie se lo ha enseñado (recuérdese que
Sócrates únicamente le ayuda a dirigir adecuadamente su mente mediante la
mayéutica), se deduce que en realidad ya lo sabía, pero lo tenía olvidado.
Mediante las preguntas el esclavo recuerda el teorema geométrico. Esta
presencia en nuestra mente de unas directrices del conocimiento, así como la
posibilidad de relacionar, comparar, establecer juicios, etc. es previa a toda
experiencia, y en el acto del conocimiento lo que hacemos es recordar o
reactualizar continuamente esta posibilidad.
Así, conocer es recordar: el conocimiento es anámnesis.
Nuestra alma inmortal, preexistente al cuerpo -que es como una cárcel del alma-
(ver relación cuerpo-alma) y que ha morado en el mundo de las ideas, puede
mediante La ayuda de los datos sensoriales o guiada por el maestro, recordar un
conocimiento que ya poseía. Esta es la base de la teoría platónica del
conocimiento. Esta célebre teoría platónica también debe ser interpretada ya
que, aunque Platón “diga”que el conocimiento es una reminiscencia o un recuerdo
que se aviva en nuestra alma inmortal con ocasión de observar alguna cosa, esta
declaración es, como tantas otras, una presentación metafórica de su
pensamiento.
Platón dice literalmente en varios textos que el
conocimiento es un recuerdo, de nuestra alma que ha existido con anterioridad
(afirmación de tipo órfico) pero esta afirmación es del mismo rango que todas
las que Platón efectúa en sus mitos, analogías y metáforas, y debe entenderse
en el sentido que hemos apuntado anteriormente; en ocasión de enfrentarnos al
conocimiento de alguna cosa, actualizamos y reavivamos en nosotros unas
posibilidades y unos fundamentos del conocimiento que ya poseemos, y
redescubrimos los fundamentos ontológicos del mundo sensible.
No es que ya conozcamos desde siempre, pero que este
conocimiento esté olvidado, lo que si poseemos desde siempre, en tanto que
humanos, es la posibilidad de juzgar, de valorar, de relacionar, de comparar,
de establecer relaciones; en definitiva, de «recordar» las ideas fundamentales.
Es decir en tanto que seres racionales poseemos el logos que nos permite pensar
y aprehender la verdadera realidad, y es este logos el que nos preexiste.
En este proceso de conocimiento Platón distingue diversos
grados: desde la doxa, que incluye la eikasía (imaginación) y la pístis
(creencia), hasta la episteme, que incluye a diánoia y la nóesis (conocimiento
discursivo y razón), que es verdadero conocimiento en tanto que es conocimiento
de lo universal. El proceso del conocimiento que se eleva desde lo inferior
hacia lo superior es la dialéctica ascendente, mientras que el proceso de
explicación de lo interior por lo superior es la dialéctica descendente. Para
explicar estos grados de conocimiento y sus relaciones con los diversos ámbitos
de lo real (con la ontología), Platón utiliza la conocida metáfora de la línea
y el mito de la caverna.
A su vez, para explicar el motor que impulsa hacia la
búsqueda del conocimiento y nos permite superar el estado de encadenamiento en
el tondo de la caverna-ignorancia, Platón propone diversas explicaciones: uno
de los motores es, sin duda, el maestro, cuya personificación es Sócrates; otro
de ellos lo proporciona el amor; otro lo proporciona la misma reminiscencia o
anámnesis; en el Fedón y en el Fedro, se acude a la inmortalidad del alma y a
su preexistencia; en el Teeteto, (155d) Platón sitúa la admiración como inicio
del filosotar: «...experimentar eso que llamamos la admiración es muy
característico del filósofo. Este y no otro, efectivamente, es el orígen de la
filosofía. El que dijo que Iris era hija de Taumante parece que no trazó
erróneamente su genealogía» (Iris representa el afán de saber, y Taumante se
relaciona etimológicamente con thaúma «asombro»)
LA COSMOLOGÍA PLATÓNICA
Bajo un lenguaje mítico Platón expone en el Timeo el proceso
de formación y ordenación del mundo sensible a partir del mundo de las ideas,
de forma que de éste surge el demiurgo, entidad intermedia entre la idea de
Bien y el mundo, que es quien ordena la materia en función de las ideas y de
complejas relaciones matemáticas (en base a los cinco poliedros regulares
conocidos, y en base a una concepción místico-pitagórica), como un gran
arquitecto que, a partir de las ideas, que son como los planos del mundo
sensible, ordena la materia a imagen y semejanza del mundo de las ideas. Esta
concepción es la que posteriormente dará lugar a la teoría sostenida por San
Agustín de las ideas ejemplares entendidas como arquetipos existentes en la
mente divina. Pero todo el Timeo es una obra compleja que, en cierta forma,
sintetiza los aspectos más importantes de la filosofía de Platón, y en la cual
éste se reafirma en su teoría de las ideas tal como la había reformulado a
partir de el Parménides.
El Tímeo -que en cierta forma debe entenderse como una
preparación para las Leyes, el último de los diálogos de Platón- tiene como
objeto investigar cómo debe ser el estado (polis) ideal. Por ello se inicia
señalando que la Atenas arcaica, vencedora de los atlantes (habitantes de la
mítica Atlántida ideada por Platón), podría servir como modelo de esta polis
ideal. Pero, si lo que se está buscando es un fundamento, la cuestión debe
llegar más lejos, es decir, debe llevarnos hacia el fundamento mismo de la
posibilidad de existencia de la polis. Debido a esta necesidad de encontrar un
fundamento inicial o primero, Platón señala que debe ser la estructura misma
del cosmos la que debe tomarse como punto de referencia. De hecho Platón supone
un isomorfismo entre el individuo y la polis, y entre esta y el cosmos, en una
especie de relación entre microcosmos y macrocosmos. Una polis solamente puede
ser justa cuando sus tres estamentos sociales (los gobernantes, los guardianes
y los artesanos) estén en su justa proporción, de la que nace la armonía y la
justicia. Un individuo solamente puede ser justo cuando las tres partes de su
alma: la razón, la voluntad y las pasiones (que se corresponden con los tres
estamentos sociales anteriores), estén también armonizadas. A su vez, según el
Timeo, todo ello debe basarse en la armonía de cosmos. De ahí la necesidad de
este tratado de cosmología platónica que, en realidad, trata de los fundamentos
éticos y políticos que han de regir la vida humana, y que está expuesto, de
manera grandiosa, como un inmenso mito que engloba, a su vez, muchos otros
mitos y metáforas.
El orígen del mundo -origen en sentido figurado, ya que
el mundo es necesariamente eterno y no creado -procede de la acción de un
artesano divino o demiurgo que, tomando como modelo las ideas, pone orden en el
substrato material que da lugar al mundo sensible (De hecho no puede emplearse
todavía el término materia, puesto que solamente a partir de Aristóteles
empezará a adquirir sentido). Este mundo sensible así ordenado tomando como
modelo Las ideas, se convierte propiamente en un cosmos (Orden), y por ello
encontramos en dicho cosmos una inteligibilidad o racionalidad. En tanto que
dicho cosmos tiene la razón de su movimiento en sí mismo, está animado, razón
por la cual Platón lo considera como un organismo viviente dotado de un alma:
el alma del mundo unida al cuerpo del mundo en su punto medio o centro. De esta
manera Platón sugiere que la figura del demiurgo es una metáfora de la
inteligibilidad y racionajidad existente en el mundo. Inteligibilidad y
racionalidad que se muestra en la posibilidad de hallar regularidades y armonía
en dicho cosmos, en definitiva, en la posibilidad de entenderlo
matemáticamente.
El demiurgo organiza el mundo sensible a partir de las
ideas, que puede traducirse por espacio, matriz o receptáculo, y que es lugar
donde se da la organización del mundo sensíble, que engloba también la
necesidad o anankhé
Por ello, en la ordenación del mundo es preciso
distinguir dos tipos de causas: una divina, procedente del orden inmutable de
las ideas, y otra presidida por la necesidad.
A partir de lo mismo y de lo otro, se forma una mezcla o
tercera sustancia, la cual, mezclada con las otras dos anteriores, forma una
cuarta sustancia (homenaje a los números 1, 2, 3 y 4, cuya suma es igual a 10 y
que forman la tetractys pitagórica). Esta mezcla es dividida inicialmente en
dos partes. La primera de ellas forma la esfera de las estrellas fijas, la
otra, es dividida en siete círculos interiores en razón 1, 2, 3, 4, 8, 9,27,
según dos proporciones matemáticas: una de razón 2 = (1,2,4,8), y otra de razón
3 = (1,3,9,27). Estas siete partes forman los siete planetas, asimilados a
dioses, según Platón, porque junto con las estrellas fijas, rigen los destinos
del cosmos, ya que su movimiento engendra el tiempo: imagen móvil de la
eternidad.
La sustancia de La que está compuesta el mundo sensible
acaba en unos corpúsculos diminutos (integración del pluralismo de Anaxágoras y
del atomismo de Demócrito) cuyas propiedades dependen de su estructura
geométrica, basada en los poliedros regulares. Así, el cubo o hexaedro forma la
tierra, el tetraedro o pirámide triangular forma el fuego, el octaedro forma el
aire y el icosaedro forma el agua. Las propiedades de los cuatro elementos de
Empédocles dependen de esta estructura geométrica. Pero toda figura geométrica regida
por estos poliedros puede ser triangulada, de forma que la figura triangular
aparece como más básica todavía que los mismos poliedros. A su vez, Platón
distingue entre dos tipos fundamentales de triángulos: los triángulos isósceles
rectangulares (obtenidos dividiendo un cuadrado por su diagonal) y los
escalenos rectangulares (obtenidos dividiendo un triángulo equilátero por su
altura).
En el primer caso, y tomando a 1 como longitud de uno de
los lados, los otros dos lados han de ser:
1 y Ö2
En el caso del triángulo escaleno rectangular, los lados
han de ser:
1, 2 y Ö3.
En ambos casos aparecen los números irracionales como
constitutivos del mundo sensible. Con ello Platón quiere indicar que, a
diferencia del mundo de las ideas, donde solamente reina la pura razón, en el
mundo sensible, además de ésta -presente en la inteligibilidad y el orden del
cosmos, y en la posibilidad de conocerlo racionalmente- aparece la imperfección
de la irracionalidad, indicadora de la contingencia de los objetos naturales.
El diálogo se cierra en una tercera parte en la cual, tras mostrar la mezcla de
la razón y la necesidad, se trata del origen del hombre. Con ello se pone de
manifiesto la intención del diálogo: buscar en el orden del cosmos el
fundamento de la estructura del hombre con el fin de establecer un estado
político acorde con la naturaleza humana.
La teoría política de Platón está directamente
relacionada con la teoría de las ideas y parte de un isomorfismo entre el
cosmos, el ser humano y la polis. Sólo un Estado gobernado por quienes tienen
el conocimiento de los fundamentos del orden y la justicia puede ser ordenado y
justo. De hecho, la motivación política preside toda la obra de Platón. La
necesidad de encontrar un fundamento sólido al conocimiento (teoría de las
ideas y ontología, y teoría del conocimiento) está en función de la necesidad,
mucho más importante, de encontrar un fundamento sólido para guiar la acción
común. Pero, aunque la teoria política de Platón más conocida es la que expone
en la República, posteriormente matiza algunas de sus posiciones en El Político
y en Las Leyes.
En el Estado ideal, tal como lo expone en la República, y
en base a aquel isomorfismo entre cosmos-hombre-polis, distingue tres clases:
1.
Los reyes filósofos que
gobiernan porque tanto por naturaleza como por su educación tienen la capacidad
de hacerlo, y su virtud característica es la sabiduría;
2.
Los guardianes o
soldados del Estado, cuya virtud característica ha de ser el valor y la
fortaleza, y que son quienes, bajo la dirección sabia de los
gobernantes-filósofos, han de mantener las leyes del Estado;
3.
Por último, los
artesanos o trabajadores, cuya virtud característica ha de ser la templanza.
Cada una de estas tres clases se corresponde con las tres
partes del alma humana;
a)
Alma
racional (virtud propia: la sabiduría y la prudencia)
b)
Alma
irascible (virtud que le es propia: la fortaleza) y
c)
Alma
concupiscible (virtud que le es propia: la templanza).
Y de la misma manera que un alma es justa cuando sus tres
partes están en armonía (influencia pitagórica), también en el Estado aparece
la justicia como armonía de las otras tres virtudes (sabiduría o prudencia,
fortaleza y templanza)
Para evitar el nepotismo y la tentación de favorecer a
los amigos o a uno mismo, las dos clases superiores no han de tener derecho a
propiedades privadas, ni siquiera a formar una familia estable. De esta manera,
se trata de que vivan comunitariamente y que sus hijos sean considerados todos
como si cada uno de los progenitores fuese su padre. La familia, el matrimonio
monogámico y la propiedad privada sólo deberían
ser accesibles para los artesanos o trabajadores, quienes, debido a su menor
desarrollo intelectual, se motivan solamente por incentivos materiales, tales
como aumentar sus riquezas o su mero bienestar material.
Para acceder a la condicion de guardián Platón establece
una dura educación, y sólo quienes superens estas duras pruebas podrán ascender
a esta condición. A su vez, de entre los mejores guardianes, y después de otra
dura y elevada educación, especialmente basada en el estudio de las matemáticas
y de la dialéctica, se seleccionan los gobernantes filósofos. La educación
matemática permite actuar como enlace entre el mundo sensible y el mundo
inteligible ya que, aunque el matemático se apoya en figuras y símbolos
dibujados, no piensa en ellos, sino solamente en su significado abstracto.
El primer escalón lo proporciona la aritmética, seguida
por el estudio de la geometría que, por englobar en sí misma el estudio de lo
irracional permite superar el problema del continuo matemático que tanto
preocupó a los pitagóricos. La astronomía es el último escalón antes de volver
a la música, entendida, ahora, desde el punto de vista de la proporción -la razón
matemática- y la armonía, y de ahí llegar finalmente a la dialéctica que nos
permite el conocimiento de la esencia de cada cosa. Llegados a este punto, ya
se estará en condiciones de gobernar la polis que, de esta manera, se convierte
en una filosofocracia. Se trata, pues, de una régimen político altamente
elitista, aunque los gobernantes no son seleccionados en función de su origen
social o de su posición económica, sino sólo en base a sus méritos y
capacidades. Es, pues, un elitismo intelectual el que defiende Platón.
Además, Platón tambien prevé la necesidad de una política
de selección eugenésica, especialmente entre los guardianes, para favorecer un
proceso de mejora de los ciudadanos. Por otra parte, los gobernantes tienen el
derecho a ejercer una férrea censura en todas las artes, en la literatura, el
teatro y en los contenidos de la enseñanza ya que, siendo ellos los poseedores
del conocimiento, son los únicos que pueden saber qué es adecuado y qué es
perjudicial para la colectividad. En especial, el gobernante deberá impedir la
literatura o el teatro que, para alimentar la falta de rigor de los ciudadanos,
ridiculiza a los dioses y, más aún si cabe, cuidar de las enseñanzas que
reciben los niños, pues es en la infancia que se adquieren los peores vicios y
se descarrían los futuros ciudadanos. En cualquier caso, Platón no introduce
diferencias entre hombres y mujeres: ambos sexos deben tener los mismos
derechos y recibir la misma educación.
No obstante, Platón como todos los griegos, estaba
convencido de que todo cuanto nace (y la polis no es una excepción) está
sometido a degeneración. Por ello, prevé las diferentes etapas de degeneración
que puede sufrir una comunidad humana, y describe las cinco formas de gobierno
que, de manera procesual, ejemplifican dicha degeneración. Así, para él, la
forma idónea de gobierno es la monarquía entendida en su significado literal
(de monas, unidad): el gobierno de uno solo: el más capaz (no es una monarquía
hereditaria por los «méritos» de la sangre, sino el gobierno del mejor).
Si son varios entre los mejores (aristos) los que
gobiernan, se denomina aristocracia (nuevamente no en el sentido del gobierno
de una casta social, sino de los mejores y más preparados intelectualmente). La
degeneración de esta forma de gobierno es la timocracia, o gobierno regido por
el honor más que por el conocimiento que puede degenerar en la oligarquía
(gobierno de unos pocos -oligos-) regida por el afán de riqueza. Cuanta más
importancia se da a la riqueza menos se da a la virtud, dice Platón. Esta
situación genera pobreza y aumenta las diferencias sociales, lo que engendra la
democracia, el triunfo de los pobres sobre los ricos que conduce a una
inevitable crisis de la autoridad y a la demagogia (fue un régimen democrático
el que condenó a muerte a Sócrates). Pero el exceso de libertad y de pautas
fijas y racionales de conducta conduce a un exceso de servidumbre y desorden
que da lugar a la aparición de la tiranía, la más detestable de las formas de
gobierno y verdadera caricatura del gobierno justo que, según Platón, es la
monarquía.
En El Político y en Las Leyes Platón matiza su modelo
utópico de la República (primera utopía política). Así, Platón empezará a dar
cada vez más importancia a las leyes como instrumento de gobierno, ya que se
revelaba plenamente irrealizable en la práctica un modelo regido solamente por
el conocimiento, como el propuesto en la República. No se trata de rechazar lo
expuesto en esta obra, porque se trata de un ideal, pero en ausencia de la
polis ideal es necesario regir los destinos comunes por las leyes. Estas,
aunque inferiores al gobierno regido por el pleno conocimiento del Bien,
permiten realizar en la práctica un gobierno relativamente justo, pues «la ley
no puede llegar a captar a la vez lo mejor y más justo para todos, de manera
que pueda ser capaz de decretar las prescripciones más útiles, ya que la
diversidad que hay entre los hombres y los actos, y el hecho de que nada humano
esté en reposo, impiden llegar en ningún arte ni en ninguna materia a un absoluto
que valga para todos los casos y en todo tiempo». No obstante, es mejor la ley
bien guiada por el «arte regio» que se parece al arte de un tejedor pues, como
éste, el legislador trata de hacer entrecruzamientos, conciliar voluntades e
intereses contrarios y entretejerlos.
El legislador debe asegurar la estabilidad y duración de
las Leyes para evitar la degeneración de la ciudad. Pero un entramado de leyes
supone una Constitución. Así, del gobierno utópico guiado por el puro
conocimiento del Bien, Platón pasa, en Las Leyes, a intentar conciliar los dos
modelos básicos constitucionales: el de la monarquía (representado por el
modelo persa) y el de la democracia (representado por Atenas), ya que todas las
otras formas constitucionales son formas degeneradas de éstas. Entonces, una
ciudad solamente podrá ser bien gobernada si estos dos elementos están bien
representados, ya que aúnan sabiduría y libertad.
Un exceso de poder personal, si no está en manos de un
auténtico sabio, conduce al absolutismo tiránico, pero un exceso de libertad,
si no está sometida a control, conduce a la demagogia. En ausencia del modelo
ideal, Platón propone un modelo basado en una constitución mixta y una igualdad
proporcional. Estamos, pues, ante la concepción de la justa medida pero basada
en un ideal de isonomía que contempla dos tipos de igualdades.
Esta misma concepción aparece también en la ética
defendida por Platón en el Filebo. En dicha obra, mediante prolijos análisis
basados en su método de las divisiones dicotómicas, señala que ni el placer ni
la sabiduría o prudencia pueden ser autosuficientes. El bien debe ser una
mezcla de placer y conocimiento (aunque más inclinado del lado del
conocimiento) Una mezcla de lo mejor de cada uno de ellos, es decir, de lo
mejor de cada ciencia y de lo mejor de los placeres puros. En dicha mezcla
aparecen la simetría, la belleza y la verdad.
En el Fedón (donde aboga por una filosofía entendida como
catarsis, Platón se esforzaba en separar el saber (propio de la psique) de la
corporalidad; en el Teeteto, Platón arremetía contra la idea de que la
sensación (el cuerpo humano) es el criterio del conocimiento; en el Filebo,
arremete contra la concepción puramente hedonista que considera el placer
(nuevamente el cuerpo humano) como criterio de felicidad. Y en sus obras
políticas señala que no debe ser la ley del más fuerte (de nuevo la
corporalidad) el criterio de justicia, como lo habían afirmado Calicles o
Trasímaco. Pues bien, el compendio de todas esas concepciones que acababan
situando en la corporalidad los criterios del conocimiento, de la felicidad y
de la justicia, era la concepción de Protágoras que consideraba el hombre como
medida de todas las cosas.
Si la motivación inicial del pensamiento platónico era,
como hemos dicho, de índole política y su pensamiento se dirigía contra el
relativismo de los sofistas y, muy en especial, contra el “homo mensure” de
Protágoras, al final de su vida, aunque modera sus pretensiones, no por ello
cede a los argumentos del sofista. No es el hombre la medida de todas las
cosas, sino el bien. Pero, puesto que somos humanos y no podemos alcanzarlo
directamente, debemos saber situarnos en el punto adecuado. "De esta
manera, el razonamiento nos ha enseñado, como lo había hecho también desde el
principio, a no buscar el bien en la Vida pura o la mezclada, sino en la Vida
mixta".
CONCLUSIONES:
Platón ha sido identificado
como el filósofo del amor (recuérdese su idea de amor platónico, que por cierto
no siempre ha sido bien entendido) y como el fundador del idealismo, pero
Platón es mucho más que eso. Gracias a su genio hoy podemos tener la Filosofía
Occidental, por que si Sócrates fue el primero de los grandes filósofos, su
pensamiento se centro demasiado en una reflexión sobre el saber y sobre como el
verdadero saber lleva a la virtud, y Platón aunque busca este ideal de virtud,
abre el pensamiento al tema del ser profundo de las cosas, busca resolver el
problema planteado por Heráclito y Parménides sobre el cambio y la permanencia
de los seres, inaugura una reflexión metafísica sobre la esencia de los
seres con su teoría de los dos mundos,
busca la configuración y origen del universo, propone un sistema político y un
modelo de república y plantea la cuestión del ser supremo.
Con lo anterior vemos que
Platón inaugura las principales ramas de la Filosofía, que siguiendo el orden
del párrafo anterior serían la Etica, la Cosmología, la Gnoseología, la
Metafísica, La Política y la Teodicea,
por ello su pensamiento necesariamente tuvo que influir en sus suscesores,
empezando por Aristóteles, a quien le abrió la puerta a los temas que
magistralmente desarrollaría, y siguiendo su influjo en la edad antigua en
Plotino y el mundo Cristiano, llegando a culmen en San Agustín y toda la edad media. Pero las ideas de Platón
resurgen en el renacimiento y aún en la época moderna siguen ofreciendo luz e
inquietud fecunda a los hombres de nuestro tiempo, a pesar de las duras
críticas de Nietzsche, Platón es el padre del racionalismo y del idealismo, que
tantas y tantas ideas han generado desde el renacimiento.
A parte de la profundidad de
sus pensamientos, debemos reconsiderar a Platón como un hombre universal,
deseoso de encontrar la verdad de la forma más racional posible al sinnúmero de
cuestiones que le ofrecía la realidad que vivía. En este afán nos legó
conocimientos en matemáticas, nos sembró inquietudes en la Astronomía e
inauguró el genéro literario llamado Diálogo, del que ha sido uno de sus más
preclaros exponentes. Aparte de lo anterior también puede considerarse como uno
de los iniciadores de la pedagogía y de la psicología.
Tal vez pueda ser acusado de
elitista y racista, pero esas fueron las respuestas a que logró llegar en su
afán de pensar en una sociedad más justa. Su gran mérito fue cuestionar el
orden establecido y hacer ver los errores de la tan avanzada democracia griega.
Me parece que la figura de
Platón debe ser reconsiderada en su justa medida, pues desde el bachillerato su
enseñanza se reduce a algunas ideas elementales, muchas veces sacadas de su
contexto y que impiden apreciar la magnitud de este enorme pensador.
AUTOEVALUACIÓN
1. ¿Cuáles son los
datos más importantes de la familia de Platón?
2. ¿Cómo influyó la
situación social y política de su familia en la Filosofía Platón?
3. ¿Cuál fue la
escuela fundada por Platón?
4. ¿Cuál es el método
creado y seguido por Platón para desarrollar su filosofía?
5. ¿Cuál es el
problema de interpretación que presentan los mitos platónicos?
6. ¿Cuáles son los
principales temas que aborda Platón en sus obras?
7. ¿Cuáles fueron las
principales motivaciones de la Filosofía de Platón?
8.
¿Cómo
rebaten estas motivaciones platónicas las posturas sofistas sobre la moral y
epistemología?
9. ¿Cuál es la postura platónica
acerca del conocimiento verdadero?
10. ¿Cuál es la influencia de
Heráclito y Parménides en el pensamiento de Platón?
11. ¿A qué se
refiere la expresión Dualismo Platónico?
12. ¿En qué
consiste la “Teoría de las Ideas”?
13. ¿Cuáles son
los textos clave en los que Platón expone su concepción dualista?
14. ¿Cómo
pueden comunicarse el mundo de las ideas con el sensible?
15. ¿Cuáles son
las dificultades que plantea la teoría de las ideas ?
16. ¿Quién es
el Demiurgo?
17. ¿Qué formas
de entender la participación que tienen las cosas sensibles de las ideas
considera Platón como inadecuadas?
18. ¿Cuál es la
jerarquización que propone Platón del mundo de las ideas?
19. ¿Cuál es la
propuesta última de Platón sobre el mundo de las ideas?
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