Universidad Abierta
La campaña del PRI para la elección de gobernador del Estado de México en 1999: una experiencia de crónica periodística
JOSÉ LUIS HERRERA ARCINIEGA
CONTENIDO
Introducción.
Objetivos.
Capítulo I. La crónica.
Capítulo II. El entorno político.
Capítulo III. El entorno periodístico-laboral.
Capítulo IV. El saldo del 4 de julio.
Capítulo V. Una experiencia periodística.
Conclusiones.
Notas
Bibliografía
Hemerografía.
Autoevaluación.
Evaluación diagnóstica.
Selección de crónicas sobre la campaña.
INTRODUCCIÓN
En el primer semestre de 1999, como reportero de los periódicos "El Diario" -en sus ediciones para Toluca y la estatal-, "El Noticiero" y XECH-Radio Capital (todos estos medios integrados en Corporación Editorial Mac), fui asignado a la campaña de Arturo Montiel Rojas, entonces candidato del PRI a la gubernatura del Estado de México. En esa condición, elaboré 63 crónicas periodísticas -adicionales a las notas informativas- sobre ese periplo proselitista.
El material publicado puede ser leído en las hemerotecas o centros de documentación donde se cuente con colecciones de los periódicos de referencia. Su revisión permite conocer una imagen panorámica acerca de las distintas actividades de proselitismo político que llevaron al cabo Arturo Montiel y la maquinaria priista. De esto se desprendería también la posibilidad de apreciar o tener una noción sobre algunas de las circunstancias políticas que rodearon, en el ambiente estatal y, en menor grado, nacional, el periodo que va de marzo a julio de 1999.
Nuestra intención en estas páginas es partir del trabajo concreto de las crónicas -sin las cuales esta memoria no tendría razón de ser, no hubiese existido- para analizar un caso específico de ejercicio profesional, que abarcara las principales circunstancias que influyeron en él, lo afectaron, lo limitaron, lo impulsaron.
Uno de los objetivos primordiales del presente estudio es exponer y analizar las características del respectivo género periodístico, como apropiado para procesar la información derivada de actividades dinámicas como las que van ocurriendo y conformando una campaña político-electoral.
De manera paralela, otro objetivo es exponer las condiciones reales, cotidianas, de un ejercicio profesional periodístico, aquel que tuvo lugar durante la cobertura informativa de esta serie de giras proselitistas. Esto comprendería una exposición, así sea somera, sobre el entorno en que se desenvolvieron los reporteros adscritos a la "fuente" política en la región centro del Estado de México.
Con base en estas consideraciones, el trabajo se divide en apartados referidos al aspecto conceptual que rige a la elaboración de la crónica. Le sigue un segmento expositivo sobre el tema político-electoral del proceso para la renovación del titular del ejecutivo mexiquense en 1999; a continuación se presenta el entorno informativo y laboral dentro del cual se llevó al cabo la función periodística.
Otro segmento de esta memoria será el resumen sobre los resultados de la elección del 4 de julio de 1999, para la renovación del titular del ejecutivo del Estado de México.
Por último, se presentan algunas de las crónicas, como una muestra del trabajo realizado.
OBJETIVOS
-Exponer definiciones y técnicas acerca del género periodístico de la crónica.
-Relacionar las características y posibilidades de la crónica como género periodístico apropiado para informar sobre actividades del tipo de una campaña político-electoral.
-Exponer y analizar el entorno político, informativo y laboral que rodeó a esta experiencia de ejercicio periodístico profesional.
-Incluir una muestra de las crónicas que el autor elaboró como reportero asignado a la cobertura informativa de la campaña política del candidato priista a la gubernatura del Estado de México, en el periodo marzo-julio de 1999.
CAPITULO I. LA CRÓNICA
DEFINICIÓN
Una primera definición de la palabra crónica sería la etimológica:
'relato de acontecimientos históricos en orden de tiempo': latín chronica 'crónica', del griego khroniká 'relato de acontecimientos en orden de tiempo', de khronicós 'relativo al tiempo, arreglado en orden de tiempo' (1)
En la Enciclopedia del Idioma, de Martín Alonso, se da la siguiente definición de crónica:
(l. chronica; del gr. chroniká, libros en que se refieren los sucesos por orden del tiempo). f. s. XIII al XX. Historia en que se observa el orden de los tiempos. (2)
En la generalidad de los diccionarios se califica brevemente a la crónica como una historia en la que se observa el orden de los tiempos, y en algunos casos se añade que es un artículo o comentario periodístico sobre temas de actualidad.
En textos de uso práctico dentro de redacciones de periódicos se enumeran los rasgos de lo que es una crónica. Por ejemplo, en el Libro de Estilo 1999 del diario jalisciense "El Informador", se describe a este género como
... una descripción interpretativa y valorativa de hechos noticiosos actuales o actualizados, que narra un evento o suceso al tiempo que se juzga lo narrado. El texto deberá relatar los acontecimientos a fin de destacar su trascendencia. Su función es describir fielmente los detalles del acontecimiento.
Las personas que escriben este género son periodistas que conocen a detalle el asunto relatado, son al fin de cuentas especialistas en el tema a tratar.
La información aparece preferentemente en un orden cronológico de los hechos. En este género caben las anécdotas, las comparaciones y los toques de color. (3)
CLASIFICACIÓN LEÑERO-MARÍN
Una de las obras más completas para tener una visión sobre lo que debe ser el ejercicio periodístico, es, sin duda, el Manual de periodismo que elaboraron de manera conjunta los conocidos Vicente Leñero y Carlos Marín, quienes muestran la siguiente propuesta de clasificación de los géneros periodísticos. (4)
Noticia o nota informativaInformativos Entrevista
Reportaje
Opinativos Artículo
Editorial
Híbridos Crónica
Columna
La pareja Leñero-Marín define a la crónica como:
... la exposición, la narración de un acontecimiento, en el orden en que fue desarrollándose. Se caracteriza por transmitir, además de información, las impresiones del cronista. Más que retratar la realidad este género se emplea para recrear la atmósfera en que se produce un determinado suceso. (5)
Asimismo, distinguen tres tipos de crónica:
a) Crónica informativa: en la que el cronista se limita a informar sobre un suceso, sin emitir opiniones. Este género abunda en las publicaciones (la crónica de una sesión del Congreso, por ejemplo).
b) Crónica opinativa: en la que el cronista informa y opina simultáneamente (como ocurre en las crónicas taurinas o de futbol).
c) Crónica interpretativa: la que ofrece los datos informativos esenciales pero, sobre todo, interpretaciones y juicios del cronista.
En este contexto, Leñero y Marín subrayan que "La crónica se ocupa del cómo suceden los hechos y, en el caso de la interpretativa, también del por qué." (6)
En el capítulo específico sobre el género, recuerdan que tradicionalmente los periodistas se definían a sí mismos en calidad de "cronistas", y que, de manera genérica, denominaban a sus informaciones como "crónicas".
Luego de expresar que la crónica sería el antecedente del periodismo actual, reiteran que se trata del "relato pormenorizado, secuencial y oportuno de los acontecimientos de interés colectivo", así como se ocupa "fundamentalmente de narrar cómo sucedió un determinado hecho; recrea la atmósfera en que se producen los sucesos públicos." (7)
Amplían la exposición sobre las condiciones del género:
a) Relato: Se pretende hacer la historia de un suceso ... esto significa en términos periodísticos exponer en orden cronológico cada uno de los momentos y elementos que confieren importancia a un acontecimiento.
Para que tenga valor periodístico es necesario que la crónica aborde un hecho real. La historia del hecho debe ser lo más completa posible; no debe faltar en ella ningún dato que merezca ser consignado.
b) Público: Por ser destinada al público en general, la crónica debe escribirse con lenguaje claro y sencillo, comprensible para el común de los lectores.
c) Oportuno: El relato debe ofrecerse en el momento preciso, cuando acaba de ocurrir si se trata, como sucede generalmente, con un hecho de actualidad .....
d) Cómo sucedió: En el desarrollo de la crónica se responde a las interrogantes periodísticas (qué, quién, cómo, cuándo, dónde, por qué) pero, a diferencia de la noticia, cuya función primordial es responder qué pasó, la crónica se sustenta particularmente en el cómo. (8)
En la caracterización de la crónica informativa, Leñero y Marín precisan que en ésta se difunde un acontecimiento de manera cronológica y pormenorizada, pero que una condición esencial es que no intervienen las opiniones y juicios del periodista.
Dejan ver la práctica de algunos diarios que en una misma edición ofrecen
... dos clases de escritos sobre un acontecimiento importante: la noticia del hecho y la crónica del mismo. La primera satisface a los lectores que sólo desean enterarse de lo sobresaliente en cuanto al qué sucedió; la segunda a los lectores que además quieren conocer cómo sucedió, paso a paso, en sus principales detalles. (9)
Con base en el manual de Leñero y Marín, podemos plantear el siguiente esquema de semejanzas y diferencias entre la noticia -o nota informativa- y la crónica informativa. (10)
SEMEJANZAS
-Abordan hechos reales
-Se redactan en estilo objetivo
(sin juicios del reportero)
-Su objeto es informar
DIFERENCIAS
NOTICIA CRÓNICA
-Receptor (lector) presuroso -Lector vivamente interesado en el asunto y sus detalles
-Menor extensión -Mayor extensión
-Inicia con lo más sobresaliente -Inicia con lo que ocurrió primero
-Tiene diferentes formas de desarrollo -Desarrollo cronológico
Con relación a los elementos que el cronista debe tomar en cuenta durante el reporteo, Leñero y Marín enumeran los siguientes:
-antecedentes del acontecimiento;
-localización (el lugar donde se celebra el suceso);
-registro del tiempo (hora precisa en que se desarrolla cada elemento de interés);
-participantes (del hecho);
-auditorio (calidad, cantidad, actitud, reacciones, comentarios);
-texto (si en el transcurso del suceso se pronuncia algún mensaje, ver la posibilidad de conseguir la respectiva copia). (11)
En cuanto a la crónica opinativa, puntualizan que ésta es "... el relato de un suceso presenciado o reconstruido por el reportero". (12)
Postulan que dentro de este tipo de crónica, se encuentra un equilibrio entre los elementos "objetivo" y "subjetivo", ya que de manera simultánea se informa y se comenta el asunto cronicado.
Las principales características de esta clase de crónica son:
-Contiene una mayor carga opinativa.
-Aborda acontecimientos previstos o reconstruye los que al mismo tiempo está dando a conocer, aunque sean imprevistos.
-Su propósito central es informar.
-Narra e interpreta los sucesos.
-Excepcionalmente, los lectores pueden conocer de antemano los hechos, pero ello no elimina el elemento informativo.
-Se ocupa de temas políticos y sociales, aunque los eventos deportivos y taurinos son los acontecimientos más característicos en los que se ejercita.
-Puede variar el orden en que se desarrollan los sucesos (no se ciñe con tanto rigor a la narración cronológica).
-El cronista opinativo puede desarrollar un estilo literario propio. (13)
En un último apartado, Leñero y Marín identifican a la crónica interpretativa como un relato subjetivo, más que informativo. Al respecto, añaden que
En esta variante, el cronista toma la realidad como punto de referencia para interpretar los fenómenos sociales. Muchos de sus juicios podrían aplicarse no únicamente al hecho en que se apoya, sino a todos los sucesos de carácter similar al abordado. (14)
Las características de la crónica interpretativa serían:
-Enjuicia hechos que, de modo simultáneo, van siendo descritos en sus partes esenciales.
-Aborda acontecimientos previstos, pero encuentra su mejor elemento en los imprevistos.
-Su propósito es orientar al público, mediante la interpretación y el enjuiciamiento de la realidad.
-El autor está en posibilidad de desarrollar un estilo literario propio. (15)
OTRAS DEFINICIONES
Carmen y Magdalena Galindo, y Armando Torres Michúa, en su Manual de redacción e investigación, señalan -en una opinión coincidente con otros textos, como el de Vicente Leñero y Carlos Marín- que la crónica es el género periodístico más cercano al relato literario. Sin embargo, marcan entre sus diferencias que "... mientras la literatura es ficticia y, por lo tanto, verosímil (parecida o similar a la verdad), la crónica es real, esto es, verdadera" (16). Por ende, desde el ángulo literario se narran acontecimientos imaginarios, y desde el periodístico, hechos de la realidad.
En su exposición, Galindo-Michúa plantean el carácter neutro de la nota informativa y lo contrastan con la crónica, pues ésta, aparte de ser más explícita y detallada, se caracteriza por presentar los hechos de una forma igualmente más personal. No operaría en ella el esquema de la pirámide invertida (iniciar una información con una síntesis de los datos más relevantes y continuar con los de menor importancia).
Destacan que para este género no hay límites temáticos, pues corresponde al cronista decidir qué temas pueden convertirse en crónica y el tratamiento que se les daría. Otro elemento es el de que en la crónica se debe imitar deliberadamente "... la lengua viva, o sea la de todos los días, sin caer en la mera calca, pues el proceso de selección es indispensable en toda construcción estética." (17)
Además de resaltar que, por lo general, para la crónica se dispone de un mayor espacio a comparación de otros géneros periodísticos, la ubican como "Relato vecino de la historia" ... (que) prescinde del aparato académico e interpretativo para privilegiar el recuento de los hechos, el testimonio ..." (18)
Se concluye que importa más, en la originalidad de la crónica, la forma de recreación de los hechos, pero también, de manera primordial, el manejo artístico del lenguaje.
En el apartado "El tiempo y el orden del relato", los autores de este manual hablan de que el cronista debe decidir qué cosa es la que debe contar primero -a partir de qué momento empieza a relatar-, si lo hace desde el punto culminante o desde el principio, y estiman que ésta no es una elección personal, sino artística.
Al respecto, plantean estas posibilidades:
-contar una historia en forma cronológica;
-incluir una historia (menor) en otra (mayor), que puede ser introducida por uno de los personajes de la crónica;
-presentar escenas o planos simultáneos (sucesos que se dan al mismo tiempo);
-aplicar la técnica del suspenso (relatar de modo sucesivo dos o más tramas);
-ir y venir por el tiempo (lo que incluye el uso de flash backs al modo cinematográfico).
Aclaran, seguidamente, que:
La representación de acciones y acontecimientos constituyen la narración y, en cambio, las representaciones de objetos, personas y ambientes, (constituyen) la descripción. Esta última ha cumplido dos tipos de funciones. Una, de carácter decorativo u ornamental, destinado al goce literario o a proporcionar al lector una pausa en el relato. La otra, de índole simbólica, busca recrear para el lector el relato de los personajes, su vestimenta, su mobiliario y, en resumen, las atmósferas en que ocurren las acciones. (19)
Hablan después de otro elemento: la caracterización de los personajes, para la que hay dos formas clásicas: el retrato, con la exposición de los rasgos físicos o psicológicos de una persona -lo que se puede lograr con adjetivos-, y la referencia a los actos del personaje.
Por otro lado, para el español Gonzalo Martín Vivaldi la crónica es un "relato enjuiciado de los hechos que se narran". (20)
Subraya, con Manuel Graña, el elemento personal como lo que distingue a la verdadera crónica,
... ya porque va firmada generalmente, ya porque el escritor comenta, amplía y ordena los hechos a su manera, ya porque, aunque la crónica sea informativa, suele poner en ella un lirismo sutil, una dialéctica y un tono característico que viene a ser el estilo de su esencia misma ... (21)
Gonzalo Martín Vivaldi da la siguiente definición sobre la crónica periodística:
... es, en esencia, una información interpretativa y valorativa de hechos noticiosos, actuales o actualizados, donde se narra algo al propio tiempo que se juzga lo narrado. (22)
Este autor español diferencia las actitudes de un reportero, que es informativa; de un cronista, que es interpretativa, y de un articulista, que, apoyado en un hecho, desarrolla una tesis política. (De nuestra parte, podríamos considerar que el articulista no necesariamente debe haber estado presente en los hechos cuando éstos ocurrieron, sino contar con información sobre ellos; el reportero debe haberlos atestiguado de manera directa, aunque cabe la posibilidad de que tuviera que recibir una versión de alguna fuente autorizada o verosímil. En cambio, el cronista tiene forzosamente que haber estado en el lugar donde se registraron los sucesos).
Estas consideraciones son útiles por cuanto se refieren a elementos que, en rigor, son contenidos en la función de un cronista que trabaje en cualquier parte del mundo.
Incluimos una referencia de Raúl Rivadeneira sobre lo que es el género periodístico que estamos abordando:
La palabra crónica sugiere inmediatamente la expresión cronología, relación en la que el elemento tiempo o más precisamente la sucesión temporal de un hecho determina la estructura de la noticia. Acontecimientos deportivos, viajes, sucesos políticos y otros, son aptos para una crónica periodística. No se trata de la sujeción rígida, cronométrica en el curso del acontecimiento, sino de la relación de incidentes relevantes del mismo, dentro de una sucesión ordenada. La crónica no excluye al lead de su estructura, porque el orden cronológico no revela los órdenes jerárquicos de los datos relevantes. [El subrayado es nuestro]. Precisa de una síntesis debajo de la cual se establece el orden cronológico. En esta estructura es notable la sujeción del periodista a la secuencia de los acontecimientos que no puede alterar sino en razón de la relevancia de datos, desechando de ese orden las anotaciones incidentales superfluas. En cambio, en la nota se subordina la secuencia al enfoque selectivo de importancias incidentales que le da el redactor. (23)
Lo relevante de esta aportación de Rivadeneira es lo que marcamos: el inicio de una crónica no necesariamente debe ser cronológico -empezar siempre con el primer hecho registrado en el acto o suceso al que el cronista está dando cobertura-, sino que, al igual que en la nota informativa, es menester realizar una síntesis, una selección de unas cuantas líneas. La diferencia es que no se persigue incluir en el primer párrafo -en la entrada o lead- los datos en que se resumiría la trascendencia del hecho cronicado -o del hecho informativo-, sino que el propósito adicional sería, normalmente, exponer al público un aspecto o enunciar un tema o enfoque que atrape su atención, que lo invite a proseguir la lectura de todo el texto.
En la nota preliminar de A ustedes les consta. Antología de la crónica en México -volumen que permite tener una visión general sobre la larga tradición de este género dentro de la literatura y el periodismo mexicanos-, Carlos Monsiváis alude a la definición de la crónica:
... Persiste ... una definición de trabajo de la crónica: reconstrucción literaria de sucesos o figuras, género donde el empeño formal domina sobre las urgencias informativas. Esto implica la no muy clara ni segura diferencia entre objetividad y subjetividad, lo que suele traducirse de acuerdo a premisas técnicas: el reportaje, por ejemplo, requerido de un tono objetivo, desecha por conveniencia la individualidad de sus autores ... En la crónica, el juego literario usa a discreción la primera persona o narra libremente los acontecimientos como vistos y vividos desde la interioridad ajena. Tradicionalmente -sin que eso signifique ley alguna-, en la crónica ha privado la recreación de atmósferas y personajes sobre la transmisión de noticias y denuncias. (24)
Como se ha apreciado, el género de la crónica se presta a ser definido desde diferentes ángulos, pero, en rigor, la mayor parte de ellos confluyen en una serie de características comunes, como la referencia al aspecto cronológico, la mayor presencia del autor -sea con sus opiniones, juicios y recreaciones-, al referir cómo sucedió una cosa y no solamente qué sucedió; al papel que juega el lenguaje, al elemento subjetivo, pero sin olvidar que el producto que resulte debe ser informativo.
CRÓNICA Y LITERATURA
Se apuntó ya que, de todos los géneros periodísticos, el de la crónica es el más cercano a la literatura.
Podemos ilustrar esto con algunas reflexiones, como la que externó Jaime Moreno Villarreal en un comentario por la aparición de la Antología de la crónica en México, publicada por la UNAM en 1979 y que con el tiempo se convertiría en A ustedes les consta. Moreno Villarreal se refiere a lo que el propio Monsiváis considera una limitación de su antología, que es haber obtenido las crónicas de libros, principalmente, y no de periódicos, por lo que hubo de seleccionar a más escritores que a periodistas. Al respecto, el reseñista puntualiza que
... No deja de ser cierto ... que casi siempre es el escritor quien ejerce la crónica, sea periodista en su origen o feliz advenedizo. Es raro el caso del cronista que, como Julio Scherer, se dedica tiempo completo al periodismo; del otro lado están los cronistas que son periodistas entre otras ocupaciones, como Ricardo Garibay. (25)
El mismo Moreno Villarreal advierte:
La crónica periodística puede ser tan cercana al ensayo como el relato. Como narrador, el cronista maneja su material generalmente como un testigo o un participante. Si también es personaje, su crónica corre el riesgo de no rebasar la autobiografía .....
... la crónica como escape, diversión y pasatiempo desaprovecha las alternativas políticas que el género facilita; aunque por otra parte, el testimonio político todavía no deshace sus aureolas de sensacionalismo y escándalo. (26)
Hay otro tipo de crónica. En una de las definiciones expuestas en este capítulo, por parte de autores que se han desempeñado fundamentalmente como periodistas, se marca como una condición que la crónica -como género periodístico- se relaciona de manera directa con la realidad, esto es, aborda hechos reales, y señalan que esto la diferencia de lo que sería el cuento o el relato -que es literatura-, que tratan temas o sucesos imaginarios.
Empero, también existe lo que sería la crónica imaginaria, en la cual se combinan elementos, técnicas, características de la crónica a secas, con el material de trabajo de la literatura.
Dentro de la crónica imaginaria no se escriben cuentos, sino crónicas: esto es, una narración enjuiciada sobre hechos que pudieron ocurrir y no responden meramente a una función imaginativa, como sería el caso del cuento (aunque no soslayemos que la literatura se dedica a tratar la realidad humana, así sea desde la perspectiva de la imaginación).
Un ejemplo de este género sería el de Juan Villoro, en el volumen Tiempo transcurrido (Crónicas Imaginarias), de 1986, en el que expone que ese libro
... no tiene pretensiones de fresco histórico ni de panorama representativo de una generación. He tratado, simplemente, de imaginar historias a partir de ciertos episodios reales y de un puñado de canciones.
Si el novelista busca la creación de un mundo único, irrepetible, el cronista, en cambio, asimila todo tipo de lugares comunes. Las crónicas imaginarias son una combinación de ambos procedimientos. Como Arlecchino, el personaje de Goldoni, este libro sirve a dos patrones: uno le da órdenes realistas, el otro fantásticas. (27)
De Villoro retomamos otros señalamientos encuadrables en esta relación entre periodismo y literatura. En una entrevista hecha por Sandra Licona con motivo de la entrega del premio Villaurrutia a Villoro, éste afirmó:
... Cuando escribí mi novela El disparo de Argón que se ubica en una clínica de médicos, para mí fue muy importante hacer un trabajo de reportaje, de cómo viven los médicos, entrar a operaciones, convivir con ellos, para saber un poco de qué iba yo a escribir, no tanto para retratar fielmente su mundo sino para mentir con conocimiento de causa, es decir, para saber qué tanto me podía apartar libremente de la verdad. Requiero de este equilibrio y me parece fundamental. Tampoco puedo dedicarme todo el tiempo a hacer reportajes porque entonces pierdo esa distancia, es un poco una forma que he encontrado de ir compaginando el periodismo, que es una lección de objetividades, de datos que están ahí en el mundo, en espera de ser ordenados, de que una historia les dé sentido, y de la ficción que tiene códigos más bien intuitivos. (28)
Es pertinente esta opinión, que reitera la posición de que la crónica parte de la realidad; los datos que se presentan dentro de ella están "ahí en el mundo, en espera de ser ordenados".
Pero agregaríamos un matiz: así como es posible crear una crónica imaginaria -sea como producto literario, pero también, periodístico, esto es, que sea escrita para difundirse mediante su publicación en un periódico, o en un espacio radiofónico o incluso televisivo-, cuando se escribe una crónica periodística, el que pesa más es el criterio informativo; hablar sobre hechos concretos y juicios que atraigan, comuniquen, documenten al lector.
Aunque valga también otra sentencia de Villoro:
... trato de escribir crónicas que, por así decirlo, son cuentos escritos por la realidad ... (29)
CAPITULO II. EL ENTORNO POLÍTICO
LAS CAMPAÑAS POLÍTICO-ELECTORALES
Las campañas políticas de candidatos a puestos de elección popular constituyen en México un ritual muy arraigado, con cerca de setenta años de existencia: datan de 1934, cuando las inauguró Lázaro Cárdenas del Río.
Gloria M. Delgado de Cantú nos da esta breve referencia:
Después de la Convención de Querétaro [en diciembre de 1933], Lázaro Cárdenas protestó como candidato presidencial del PNR y aun cuando su ascenso a la primera magistratura se consideraba asegurado, puesto que la oposición no tenía la más remota posibilidad de triunfo, Cárdenas inició una campaña electoral innovadora al día siguiente de su protesta: realizó giras por todos los estados y territorios del país, como no lo había hecho antes candidato presidencial alguno. Aquella intensa gira electoral le sirvió para varios propósitos: establecer y reforzar los contactos con los líderes locales, darse a conocer al pueblo y enterarse de los problemas a los que iba a enfrentarse durante su gobierno. (30)
Es obvio que en ese lapso se fueron modificando e, inclusive, complicando, pero su objetivo original se había conservado: eran el mecanismo principal para que el candidato y el correspondiente partido tuviesen un contacto con la población. El mismo trabajo de los medios de información se centraba en las propias campañas políticas; se tenía la noción de que dentro de ellas se originaban los mensajes fundamentales de la respectiva oferta política.
Este mecanismo proselitista tiene asidero legal, desde el propio texto constitucional, en cuyo artículo 41, fracción II, se estipula que "... la ley señalará las reglas a que se sujetará el financiamiento de los partidos políticos y sus campañas electorales ...", mientras que en el inciso c) del mismo artículo se agrega que "La ley fijará los criterios para determinar los límites a las erogaciones de los partidos políticos en sus campañas electorales ..." (31)
En términos muy similares, estas condiciones se reproducen en el artículo 12 de la Constitución Política del Estado Libre y Soberano de México (32), y el artículo 152 del Código Electoral del Estado de México define este concepto:
La campaña electoral, para los efectos de este Código, es el conjunto de actividades llevadas a cabo por los partidos políticos, las coaliciones y los candidatos registrados, para la obtención del voto.
Son actos de campaña las reuniones públicas, asambleas, marchas y, en general, los eventos en que los candidatos o voceros de los partidos se dirigen al electorado para promover sus candidaturas. (33)
Puede haber diversos tipos de campaña política, según el puesto o los puestos de elección popular que estén en juego. La hacen quienes aspiran a ocupar una alcaldía, sindicatura o regiduría en un ayuntamiento; aquellos que desean convertirse en diputados locales, o los que buscan ser legisladores federales -sean diputados o senadores-. Pero las máximas campañas son, por supuesto, la presidencial, que cubre todo el país, y las estatales, en el nivel local de las entidades federativas.
Aun cuando fue dentro del PRI -o, para ser más exactos, en uno de sus antecedentes, el Partido Nacional Revolucionario, PNR- donde se extendió la carta de naturalización a las campañas, todos los partidos políticos las han asumido como práctica común, no sólo por el aspecto legal que las cubre, sino por lo que engloban: los actos que se realizan para convencer a los electores y conseguir sus votos.
En el Estado de México, el domingo 4 de julio de 1999 tendría lugar la elección constitucional de gobernador que cubriría el periodo que va del 16 de septiembre de ese año al 15 de septiembre del año 2005. En ese proceso, participaron tres candidatos: por el PRI, Arturo Montiel Rojas; por la coalición PAN-PVEM, José Luis Durán Reveles; por la coalición PRD-PT, Higinio Martínez Miranda.
Formalmente, de abril a junio de 1999 estuvieron desarrollándose tres diferentes campañas políticas en la entidad mexiquense. La que me correspondió cubrir como reportero de Corporación Editorial Mac, fue la de Arturo Montiel Rojas.
UN DISCUTIDO PROCESO INTERNO
Se maneja un lugar común en la política mexicana, cuando se habla de que el Estado de México es "el laboratorio político del país". Esto no es un axioma, pero llega a tener cierto grado de certeza. En el caso específico de la experiencia del PRI, sí puede reconocerse que el proceso interno para elegir a su candidato a la gubernatura, fue una especie de antesala de la posterior designación de su candidato presidencial.
A finales de 1998, se planteó un mecanismo de selección interna dentro del PRI mexiquense, para determinar quién sería su candidato a la gubernatura. Se trataría de una especie de "elección primaria", prácticamente inédita.
Buscaron esa postulación Humberto Lira Mora -abogado nacido en Texcoco, aunque formado en Toluca, quien, en una amplia trayectoria ha ocupado puestos como el de secretario general de Gobierno, diputado federal, subsecretario de Gobernación-; Héctor Ximénez González -también abogado, originario de Tlalmanalco, aunque más conocido como "chalquense", fue procurador de Justicia en el Estado de México, dos veces presidente del Comité Directivo Estatal (CDE) priista, y, en esta reciente etapa, era senador plurinominal; falleció en los primeros meses del año 2000.
Hubo una sola mujer: la toluqueña Yolanda Sentíes Echeverría, también de una trayectoria pública notable, pues ha sido presidenta municipal de la capital mexiquense, diputada local y federal, senadora.
El otro candidato era Arturo Montiel Rojas, originario de Atlacomulco, quien había sido en dos ocasiones presidente del CDE, alcalde sustituto de Naucalpan en los años 70, diputado federal, secretario de Desarrollo Económico, y durante la gestión de Emilio Chuayffet Chémor como secretario de Gobernación (1995-1997), director de Protección Civil y de los Talleres Gráficos de México.
Hubo otros tres aspirantes, aunque por poco tiempo: Manuel Cadena Morales -cuyo máximo activo había sido su cercanía personal con el extinto líder cetemista Fidel Velázquez- y Heberto Barrera Velázquez -veterinario y abogado que había hecho una carrera política de no muy grandes vuelos, la cual incluyó dirigir también el CDE en la debacle electoral de 1996, cuando se perdió la mayoría absoluta en la Legislatura local y los municipios más poblados del estado-. Tanto Cadena como Barrera habían terminado por declinar en sus aspiraciones... y anunciado su apoyo a la precandidatura de Arturo Montiel Rojas.
El tercer caso fue el de José Merino Mañón, integrante del grupo político priista del Estado de México, y que en tal calidad tenía una amplia carrera. Su mayor afinidad era con el grupo que encabeza Ignacio Pichardo Pagaza, a quien acompañó en diversas etapas de su tránsito por las administraciones federal y estatal. En el primer registro de precandidatos, apareció Merino Mañón, pero se hizo obvio que, más que buscar realmente la postulación, la suya era una presencia en aras de que hubiera un equilibrio, frente a la notoria táctica de "echar montón" en contra de Lira Mora, también destacado miembro de la corriente pichardista. Merino Mañón sería el primero en abandonar la contienda muy tempranamente, aunque en el contexto que referimos.
Como se recordará, la selección interna de candidato presidencial priista en 1999 estuvo llena de todo tipo de ataques e insultos entre los cuatro aspirantes -Manuel Bartlett Díaz, Francisco Labastida Ochoa, Roberto Madrazo Pintado y Humberto Roque Villanueva-. Un dicho extendido fue aquel que ubicó a Labastida como el "candidato oficial", "de la línea", "de la cargada" o del "aparato partidista". Expresiones similares se hicieron en el proceso interno del PRI mexiquense.
Así, vemos que el senador Héctor Ximénez aseguraba
... que viene sufriendo perversidades para descalificarlo en el proceso de selección del candidato priista a la gubernatura. Incluso dijo que "algunos" quisieran verlo muerto "no sólo políticamente, sino también físicamente". Advirtió que está dispuesto a llegar "hasta el último momento".
Sin embargo, el aspirante a candidato a gobernador se dijo seguro de que el presidente Zedillo "no influirá en ningún precandidato" y que el gobernador Camacho "ha demostrado" que aspira a procesos democráticos en el PRI. "Este proceso debe ser limpio y transparente para que dé legitimidad y credibilidad a nuestro candidato; creo que así va a ser. Desafortunadamente siempre hay rumores en todo proceso de que ya existe una línea, eso desacredita a nuestro partido; confío en que no existan estas situaciones y que dejen a los mexiquenses en libertad de expresarse en las urnas. (34)
Ximénez González no era el único con serias dudas sobre la limpieza del proceso. Días antes de declinar en favor de Montiel, Heberto Barrera declaraba al diario local "Liberación": "... se dice que Arturo Montiel tiene línea del gobernador (César Camacho) y que Humberto Lira Mora la tiene del presidente Ernesto Zedillo". (35)
Y la única mujer participante, en entrevista con el reportero Israel Dávila, se sumaba a tales suspicacias:
Yolanda Sentíes Echeverría, precandidata priista a la gubernatura del estado, afirmó que el temor en la contienda interna es que en su partido haya aún grupos que quieren utilizar prácticas caducas que podrían debilitar al PRI de cara a los comicios del 4 de julio.
Reconoció que todavía existe el riesgo de que haya línea, e incluso en una asamblea o reunión de partido se observa que algunas personas aún esperan que así sea, "no hay que olvidar que en casi 70 años se hizo" de ese modo.
Sin embargo, aseguró, la contienda está muy vigilada. Sostuvo que éste es el primer proceso interno con reglas, porque en otros 13 estados no fue así y "todo mundo hizo lo que quiso". Al hacer la evaluación, aceptó, se pueden ver fallas, pero se está buscando generar confianza. (36)
El mayor enfrentamiento se dio entre Humberto Lira Mora y Arturo Montiel Rojas. Leamos la noticia principal de "Liberación" el 8 de enero:
Humberto Lira Mora dijo que derrotará al "priismo autoritario" que pretende manipular la elección de candidato a la gubernatura. El, por supuesto, se dijo del lado de los "priistas democráticos". Pero Arturo Montiel Rojas negó que en el PRI existan un grupo autoritario y otro democrático: sólo son "expresiones muy personales" de Lira Mora. Ambos precandidatos del PRI se reunieron, por separado, con dos grupos distintos de militantes de su partido en sendos salones del mismo hotel de Toluca.
En uso pleno de la ironía, Lira Mora advirtió que el PRI debe esforzarse para ganar, "porque el esfuerzo para perder ya se hizo y fue exitoso" en 1996 y 1997. Su partido fue dirigido entonces por Heberto Barrera y por Arturo Montiel. Señaló que en las elecciones de esos dos años "hubo una enorme eficacia política en el estado para perder".
Los votos con los que aseguró que ganará la candidatura priista son los que no estén subordinados a la instrucción y a la línea, votos que no provengan del dedazo, votos de los "mexiquenses libres". Se dijo también rehén de sus ideas y de sus electores, "de nadie más". (37)
Luego de darse a conocer la declinación de Heberto Barrera a favor de Arturo Montiel, el precandidato Lira Mora la calificó como "previsible", aunque también
Rechazó que ... afecte sus posibilidades para ganar la elección interna priista del 31 de enero y consideró que la alianza demuestra a los militantes quién defendió un proyecto "democrático y libertario" y quiénes representan uno "rebasado y tradicional". (38)
El tono de división interna fue el que dominó todo el proceso, hasta llegar al domingo 31 de enero, cuando se llevó al cabo esta elección primaria, abierta a todos los ciudadanos que quisieran sufragar en ella (una diferencia notoria con respecto a otros partidos que exigen la afiliación en procesos de índole similar).
El primero de febrero se publicó en "Liberación":
El presidente del Comité Electoral interno priista, José Encarnación Alfaro, dio a conocer que con 63 % de las casillas computadas la ventaja para Arturo Montiel, oriundo de Atlacomulco, "es irreversible", por lo cual es el virtual candidato del PRI a la gubernatura del estado.
En las 3 mil 692 casillas computadas al cierre de esta edición está adelante Montiel Rojas con 51.9 % de la votación, es decir, 258 mil 652 sufragios; le sigue Héctor Ximénez González, con 19.58 % (97 mil 424); Humberto Lira Mora, 17.98 % (89 mil 445), y Yolanda Sentíes 10.45 % (51 mil 970).
Arturo Montiel Rojas convocó a los otros tres precandidatos a sumar esfuerzos para llegar fortalecidos a la contienda constitucional del 4 de julio. Afirmó que en los comicios "prevaleció la transparencia".
Por el contrario, Humberto Lira Mora consideró que "ganó la fuerza, el uso de la fuerza. El priismo de los intereses a sueldo, el que cobra en todas las nóminas". Agregó que "la equidad brilló por su ausencia".
Señaló que no claudica ni pide a ninguno de sus simpatizantes que lo haga: "No reconozco a la fuerza como fuente de legitimidad en el uso del poder". Afirmó que la sociedad mexiquense supo en las elecciones internas cómo quiere el PRI ganar el 4 de julio. (39)
El Comité Electoral Interno del PRI ampliaría y confirmaría el triunfo de Montiel. Con base en los datos del cómputo final que comprendía el 99.87 % del total de las mesas receptoras de votos instaladas el 31 de enero, se informó lo siguiente:
Total de mesas computadas 5 809 99.87%
CANDIDATO VOTOS PORCENTAJE
Yolanda Sentíes Echeverría 84 987 10.17%
Humberto Lira Mora 145 661 17.42%
Arturo Montiel Rojas 438 510 52.25%
Héctor Ximénez González 168 527 20.16%
Total de votos válidos 837 685
Total de votos nulos 76 850
Total de votos 914 535
Esos 914 535 votos representaban:
-El 13.25 % del listado nominal en el Estado de México;
-El 70 % de la votación recibida por el PRI en el ámbito local en la elección federal de 1997;
-el 88.25 % de la votación recibida por el PRI en la elección local de ayuntamientos en 1996;
-el 116 % de los votos recibidos por el PAN en el estado en la elección federal de 1997;
-el 859 % de los votos que recibió el PRD en su consulta para postular candidato a gobernador. (40)
El triunfo de Arturo Montiel en la contienda interna fue abrumador, con poco más de la mitad de los votos a su favor. Humberto Lira Mora quedó en un tercer lugar, superado por Héctor Ximénez. Sólo el 10 por ciento de los ciudadanos que participaron en esta elección abierta, sufragaron por la única precandidata.
Una opinión generalizada fue, ciertamente, que había triunfado el "candidato de la línea". Lo innegable es que Arturo Montiel había estado dirigiendo al CDE durante los dos años anteriores -le correspondió cargar con la serie de derrotas registradas localmente en los comicios federales de 1997-, periodo en el que modificó una buena parte de las estructuras y cuadros partidistas, incluidos los comités municipales y los seccionales del PRI mexiquense.
Hasta semanas antes de esta elección primaria, Arturo Montiel había tenido en su mano los hilos de la política interna del PRI mexiquense. Contaba con todos los elementos del padrón de militantes priistas, factor que es obvio fue determinante en el resultado de esta contienda, independientemente de que, cuando tuvo lugar, de manera formal Montiel y su equipo estaban fuera de la estructura del CDE.
También debe mencionarse que Héctor Ximénez González representaba a una parte de las corrientes políticas del propio PRI, localizadas en el Valle de México y contrapuestas históricamente a los hegemónicos grupos políticos del Valle de Toluca. Asimismo, Humberto Lira Mora pertenece a un grupo en ocasiones contrario al del ex gobernador y ex secretario de Gobernación Emilio Chuayffet Chémor, a cuyo equipo pertenecía el ahora igualmente ex mandatario César Camacho Quiroz.
Aun sin ampliar el análisis sobre la manera en que se dio el proceso de selección de candidato del PRI a la gubernatura mexiquense en 1999, el saldo inmediato fue una severa división interna, el surgimiento de numerosas heridas que urgieron, de entrada, a un intenso trabajo de "cicatrización", que ocupó buena parte del tiempo y del esfuerzo de la campaña del entonces candidato Montiel.
Como es sabido, Montiel no sólo ganó la elección interna, sino también la constitucional. Podríamos aludir al destino de sus compañeros de partido en esa "elección primaria":
El senador Héctor Ximénez González habría de fortalecer al llamado "Frente Democrático Adolfo López Mateos", que se agregó, aunque de una manera evidentemente crítica, en demanda de posiciones dentro del partido y posteriormente en el gobierno -lo dijo el propio legislador chalquense-, a la campaña proselitista del de Atlacomulco. Ximénez, según se apuntó, murió en abril del 2000.
Yolanda Sentíes Echeverría participó en la campaña en un puesto de contacto con organizaciones "de la sociedad civil". El 16 de septiembre, se estrenó como la secretaria de Ecología del primer gabinete montielista.
Manuel Cadena Morales, el primero en declinar a favor de Montiel, se convirtió en el secretario general de Gobierno dentro del incipiente gobierno del atlacomulquense. Heberto Barrera Velázquez fue, durante la campaña, el coordinador electoral de la región I dentro del PRI; encabeza la segunda fórmula de candidatos para el Senado de la República que se elegirá el 2 de julio del 2000.
Sólo Humberto Lira Mora no se sumó ni de manera explícita ni pública a la campaña de Montiel Rojas. Fue designado subsecretario de Asuntos Religiosos de la Secretaría de Gobernación, en la parte final del régimen de Ernesto Zedillo.
EL PRI COMO OPOSICIÓN
Si la necesidad de llevar al cabo la "cicatrización" de las heridas provocadas por el proceso interno era pesada, un factor de parecida o mayor gravedad fue tener que recorrer un estado con una diversidad política extrema, a grado tal que en las zonas más densamente pobladas -las que tenían el mayor número de electores-, el PRI era la oposición.
En la elección de ayuntamientos del 10 de noviembre de 1996, el PRI fue el gran derrotado. Conservó el poder en la mayor parte de los municipios, pero eso no significó que gobernara a la mayor cantidad de mexiquenses.
De los 122 municipios que conforman al Estado de México, el PRD obtuvo la victoria en 26; el PRI lo hizo en 73; el PAN en 22, y aun el PVEM lo hizo en uno, Cocotitlán.
Hay que ver esto en una dimensión correcta. Entre los 26 municipios gobernados por el PRD, estaban Nezahualcóyotl y Texcoco, sin restar importancia a otros lugares como La Paz, San Mateo Atenco, Acolman, Calimaya, Hueypoxtla, Teotihuacán, Tlalmanalco, Tonatico o Zumpango.
Por su parte, el PAN extendió su influencia y se hizo gobierno en el nivel municipal en Atizapán de Zaragoza, Coacalco, Cuautitlán, Cuautitlán Izcalli, Melchor Ocampo, Naucalpan, Tecámac, Tepotzotlán, Tlalnepantla, y aun ganó en lugares como Valle de Bravo, Villa del Carbón, Apaxco, y otros, hasta conjuntar 22 municipios.
El PRI consiguió el triunfo en la capital, Toluca, y en Ecatepec -el municipio más poblado no sólo del Estado de México, sino del país-, y en 71 municipios más.
Pero, en la realidad demográfica, este equilibrio de fuerzas se leía de una manera muy distinta. Tampoco se olvide que en la elección de noviembre de 1996 se decidió quiénes integrarían los gobiernos municipales y la Legislatura mexiquenses por un periodo superior al tradicional de tres años, ya que, con el objetivo de "empatar" los procesos locales con los federales, se amplió el plazo en que fungirían los ayuntamientos y los diputados. Así, la LIII Legislatura inició su ejercicio el 5 de diciembre de 1996, para concluirlo el 4 de septiembre del año 2000; los ayuntamientos iniciaron su gestión el 1 de enero de 1997, para finalizarla el 17 de agosto del 2000. En el caso de los diputados de esa Legislatura, gozaron prácticamente de nueve meses adicionales a lo tradicional, y los ayuntamientos, más de siete meses "extra".
Veamos otras cifras que ponen en relieve el impacto que recibió el PRI por la severa derrota de 1996: el PAN gobernaría al equivalente de 3 millones 600 mil mexiquenses, es decir, un 30.85 por ciento del total estatal. Expresado de otra forma, uno de cada tres mexiquenses vivían en municipios con gobierno panista mayoritario.
El PRD gobernaría a una población superior a los 2 millones 300 mil habitantes, esto es, el 20.05 por ciento del total estatal.
Al PRI le quedaría el 49.09 por ciento del total, esto es, poco más de 5 millones 700 mil habitantes. (A la espera de los datos del Censo de Población y Vivienda del 2000, cabe citar la estimación de que, en el cierre del siglo XX, el Estado de México había superado los 12 o 12.5 millones de habitantes).
Visto de manera gráfica, parecía que el territorio estatal se había segmentado electoralmente, de manera que se había creado una zona con amplia influencia perredista en el oriente de la entidad -con Nezahualcóyotl como principal punto-, el llamado "corredor azul" en los principales municipios conurbados con la capital del país -con Naucalpan, "la joya de la corona", y Tlalnepantla, como posiciones emblemáticas del poder alcanzado por el blanquiazul-, y una amplia pero no tan poblada área de predominio priista en el resto del estado, sobre todo en el Valle de Toluca (aunque la propia capital había estado a punto de caer en manos del panismo).
Esa vez, el efecto electoral no fue sólo psicológico, sino real en términos de influencia política y gubernamental. Para que se tenga una idea más precisa sobre la velocidad con que se dio este crecimiento electoral del panismo y perredismo, recuérdese que en la elección de ayuntamientos de sólo tres años antes, la de 1993, el PAN ganó en únicamente seis municipios; el PRD en tres; el PFCRN en dos, y el PARM en uno, pero ninguno de ellos era realmente importante en términos demográficos, políticos o económicos.
En el Estado de México, durante el periodo 1996-2000, la oposición tradicional -PAN y PRD- estuvo al frente de los ayuntamientos que gobernaron a un número de habitantes equiparable con el padrón total del Distrito Federal (más de 5 millones 588 mil personas), o los padrones juntos de los estados de Jalisco, Michoacán y Tabasco (cerca de seis millones de ciudadanos).
El fracaso priista en 1996 no se limitó al ámbito municipal; se hizo todavía más dramático en la que habría de ser la LIII Legislatura del Estado de México.
En la misma elección de ese año, el PRI obtuvo la victoria en 30 de los 45 distritos electorales locales en que se divide la entidad.
El PAN lo hizo en distritos de Toluca, Atizapán de Zaragoza, Tlalnepantla, Cuautitlán, Naucalpan, Ecatepec, Villa del Carbón, Cuautitlán Izcalli y Nicolás Romero, hasta sumar 10 diputaciones de mayoría.
Aun el PRD ganó en el distrito de Texcoco y en cuatro de Nezahualcóyotl, para un total de cinco diputados por el principio de mayoría relativa.
Pero todavía faltaba distribuir 30 diputaciones por el principio de la representación proporcional. Por la combinación del número de distritos de mayoría y la cantidad de votos ganada, el PRI quedó fuera de la asignación de las diputaciones por este principio, por lo que el PAN logró conjuntar un grupo parlamentario de 22 legisladores, el PRD de 17, el PVEM de tres, el PT de dos, y el Partido Cardenista un solo diputado (más simbólico y anodino que con un peso específico dentro de la dinámica de la Cámara de Diputados local), hasta completar a los 75 integrantes de la LIII Legislatura del Estado de México.
Difícilmente se hubiera pensado en un escenario más adverso para la campaña política de Arturo Montiel Rojas. No olvidemos que los municipios más poderosos económicamente estaban en manos de la oposición, lo cual representaba un revés adicional para el PRI, partido acostumbrado a vivir en simbiosis con el gobierno, y que esta vez sufrió la carencia de recursos que en procesos anteriores eventualmente fueron originados del nivel de gobierno municipal.
LOS CANDIDATOS
Había sólo tres candidatos registrados oficialmente para contender por la gubernatura, pero el proceso electoral se significó por ser el más competido de la historia moderna del Estado de México.
Tomemos en cuenta los antecedentes de los comicios locales de 1996, ya expuestos, y de 1997 -cuando el PRI perdió la mayoría absoluta en la conformación de la Cámara de Diputados federal-. Aunado a ello, se han ido asentando las condiciones para que los procesos electorales se realicen de manera independiente, ya sin el gobierno como juez y parte, como fue la tradición prácticamente a lo largo de la mayor parte del siglo en nuestro país. Esto propició las circunstancias para que la oposición empezara a ganar posiciones importantes en diversas partes del país, contra la percepción usual que se arraigó en muchos ciudadanos, para los cuales lo normal, lo lógico, lo inevitable, era que siempre ganara el PRI. Y no, la competencia electoral y la posibilidad de que -casi- cualquiera pueda ganar unos comicios son algo real.
El candidato del PRI a gobernador fue, pues, Arturo Montiel Rojas. Nació el 15 de octubre de 1943 en Atlacomulco -zona norte del Estado de México-. Estudió administración de empresas en la UNAM. A mediados de los 70 fue alcalde de Naucalpan, en sustitución de Juan Monroy Pérez, conocido político y empresario mexiquense, principal mentor de Montiel Rojas, pero que había de morir semanas antes de que su discípulo asumiera la gubernatura.
En los comienzos de los 90, Montiel Rojas dirigió el sector popular del PRI estatal, fue diputado federal, habría de dirigir el CDE en dos ocasiones -una de ellas, cuando Emilio Chuayffet fue postulado a la gubernatura-. Fue consejero de la Asociación de Industriales del Estado de México -detalle que en otros tiempos de puritanismo militante habría sido ocultado-, y diputado federal hasta que, en septiembre de 1993, Chuayffet lo designó su primer secretario de Desarrollo Económico. De ahí se iría a Gobernación, en los puestos ya citados líneas atrás.
El periodista Angel Chopín Cortés ha publicado un volumen en el que incluye a los gobernadores del Estado de México que han nacido en el territorio estatal. Aporta un dato significativo: de 177 gobernadores que ha tenido la entidad, únicamente 25 han nacido en tierras mexiquenses. Uno de ellos es Arturo Montiel Rojas, quien
... nació ... en la cabecera municipal de Atlacomulco. Digo esto, porque los otros tres atlacomulquenses que han sido gobernadores: Isidro Fabela, Alfredo del Mazo Vélez y Salvador Sánchez Colín, no nacieron en la cabecera municipal, aunque sí, en el municipio. (41)
Cabe el comentario de que, a comparación de sus antecesores, el perfil de Montiel no era demasiado elevado o equivalente. Pensemos en gobernadores como Gustavo Baz Prada -fue rector de la UNAM, secretario de Salubridad y Asistencia-, Juan Fernández Albarrán -llegó a secretario general del CEN del PRI antes de encabezar el ejecutivo mexiquense-, Carlos Hank González -fue director de la Conasupo antes de su paso por el palacio de gobierno en Toluca, y posteriormente, jefe del Departamento del Distrito Federal con López Portillo-, o Jorge Jiménez Cantú -secretario de Salubridad y Asistencia en el gobierno echeverrista-.
Aun Alfredo del Mazo González, antes de convertirse en gobernador, tenía la experiencia de haber dirigido el Banco Obrero, amplias relaciones políticas -gozar del apoyo irrestricto de Fidel Velázquez y de Miguel de la Madrid, cuando éste se enfilaba desde Programación y Presupuesto hacia la candidatura presidencial del PRI-, a más de ser hijo de un ex mandatario, Alfredo del Mazo Vélez. Alfredo Baranda fue abogado y economista formado en el área hacendaria del gobierno federal y hombre de la absoluta confianza de Alfredo del Mazo González. Mario Ramón Beteta fue secretario de Hacienda -con Echeverría- y director de Somex y de Pemex en los años previos a su elección como gobernador mexiquense. Su sucesor, Ignacio Pichardo Pagaza, ya había sido secretario de la Contraloría en el gobierno federal y director de la Profeco, sin soslayar por alto una diputación federal y haber sido secretario general de Gobierno con Carlos Hank.
El propio Emilio Chuayffet tenía un currículum destacado: alcalde de Toluca, secretario de Educación, secretario general de Gobierno, en el ámbito mexiquense; en el gobierno federal, fue procurador del Consumidor y director fundador del Instituto Federal Electoral (IFE). En su momento, Chuayffet alcanzó una considerable fortaleza política, a grado tal que pudo designar a su sucesor, César Camacho Quiroz, quien, de evidente juventud, apenas había sido director del CREA, subdirector de Gobernación estatal, presidente municipal de Metepec y secretario general de Gobierno -siempre dentro del grupo de Emilio Chuayffet.
El principal contrincante de Montiel, fue José Luis Durán Reveles. Ingeniero industrial, debidamente relacionado con las fuentes del panismo tradicional y del llamado neopanismo, nació en el D.F. el 21 de febrero de 1961, aunque en rigor desarrolló su actividad empresarial y política en Naucalpan. Entre otros cargos, fue diputado por el principio de representación proporcional en la L Legislatura estatal -de 1987 a 1990-, y gente cercana a Diego Fernández de Cevallos cuando este último fue candidato del PAN a la presidencia de la república en 1994.
La máxima posición alcanzada por Durán Reveles fue cuando, por primera vez en la historia, el PAN ganó la alcaldía de Naucalpan, en los comicios locales de 1996. En el proceso de 1999, luego de varias semanas de discusión y amagos, el PVEM se sumó a la candidatura de Durán, para integrar una de las dos coaliciones que participarían en la elección del 4 de julio de 1999.
Tal era parte del activo político de Durán Reveles cuando se convirtió en candidato a la gubernatura, en un momento en que fue notorio el desgaste del régimen priista, lo que incluía el factor de descontento de amplios sectores de la población por la sucesión de gobernadores sustitutos. El último que acabó completo su régimen fue Jorge Jiménez Cantú, en 1981. Alfredo del Mazo pidió licencia en abril de 1986, al ser nombrado titular de la SEMIP, por lo que su periodo lo terminó Alfredo Baranda García. Mario Ramón Beteta dejó el cargo en septiembre de 1989 -resultado de la presión ejercida por Carlos Salinas de Gortari-, habiéndolo sustituido Ignacio Pichardo Pagaza. Emilio Chuayffet Chémor dejó la gubernatura en julio de 1995, para irse como secretario de Gobernación, y correspondió a César Camacho estar al frente del ejecutivo mexiquense los siguientes cuatro años.
El tercer candidato era el perredista Higinio Martínez Miranda. Su origen político es ubicable dentro de la corriente de Heberto Castillo Martínez.
Higinio Martínez nació el 18 de junio de 1956 en Texcoco. Es médico cirujano graduado en la UNAM, y formó parte, como diputado por el principio de representación proporcional, de la LII Legislatura mexiquense. Dirigió al PRD en el Estado de México, y, en 1997, se convirtió en senador de la república por la vía plurinominal.
Sus posibilidades de ganar en la elección de gobernador se relacionaban con la fuerza de la cual había hecho gala el PRD en zonas del territorio mexiquense densamente pobladas, en el proceso local de 1996 y en el federal de 1997, cuando, no lo olvidemos, el efecto del triunfo de Cuauhtémoc Cárdenas en la capital del país se extendió hacia partes del Estado de México, sobre todo en la zona oriente. Gran parte de la apuesta de Higinio Martínez se basaba en que se repitiera el "fenómeno Cárdenas" en los municipios mexiquenses conurbados al D.F.
Esta sería, pues, una visión muy rápida de cuál era el sustrato político vigente en el Estado de México durante la campaña proselitista de Arturo Montiel Rojas.
CAPITULO III. EL ENTORNO PERIODÍSTICO-LABORAL
EL PERIÓDICO "EL DIARIO"
Los orígenes de la actual Corporación Editorial Mac se remontan a finales de los años 60, cuando su dueño, Anuar Maccise Dib -de ascendencia libanesa-, inició su incursión en los ambientes periodísticos del centro del Estado de México, en una línea paralela al del entonces incipiente gobierno de Carlos Hank González.
La versión que ha prevalecido es que Hank buscaba un equilibrio con respecto a la influencia del diario "El Sol de Toluca", que, bajo la dirección de un experimentado periodista de la cadena García Valseca, David Alvarado, se había mostrado abiertamente antihankista e, incluso, había brindado apoyo a Enedino Macedo, contendiente del profesor en el proceso político local de 1969.
Por ello, Carlos Hank impulsó el surgimiento y desarrollo del periódico "Rumbo", como contrapeso a la línea de "El Sol de Toluca".
En 1981, en un ensayo sobre el periodismo en Toluca, el escritor Angel Albíter Barrueta sintetizó de la siguiente manera la aparición de las empresas editoriales de la familia Maccise:
[La empresa Organización Editorial de Publicaciones e Impresiones, OEPISA] ... fundó un periódico también impreso en offset, en maquinaria de la más moderna en las artes gráficas, que se llama Rumbo, es diario y de él son ediciones subsidiarias El Noticiero, vespertino ...; un diario especialista en deportes, que se llama Estadio, también impreso en offset a todo color.
Rumbo, bajo la gerencia y dirección de los señores Maccise, se instaló originalmente en una propiedad de la familia Maccise, ubicada en las calles de Allende N° 209 Sur; pero como financieramente la empresa [obtuvo ganancias, compró un terreno] de unas dos hectáreas en el Paseo Tollocan, kilómetro 57.5 de la carretera federal México-Toluca, adelante unos pasos de la Colonia Los Pilares, y allí construyó instalaciones ex profeso, en las cuales además de Rumbo, El Noticiero y Estadio, se editan publicaciones especializadas en futbol, beisbol, box, lucha libre, amén de un buen número de historietas. Una característica que distingue a Rumbo de otras publicaciones, es la importancia que concede a la información de las ciudades del Estado en el Valle de México, Nezahualcóyotl, Tlalnepantla, Naucalpan, Ecatepec y otras más, en donde se ha producido un desarrollo importante y en donde vive una población numerosa de millones de personas. Por tanto, Rumbo tiene como propósito firme circular profusamente en esa región. Además, incluye en su edición diaria una sección de información nacional y de la ciudad de México que se llama Rumbo de México. (42)
Ese fue el comienzo, descrito de manera muy sucinta, pero ni el periodismo toluqueño ni el destino de la citada empresa Maccise han quedado estáticos a lo largo de tres décadas, aunque tampoco pueda hablarse de cambios radicales o de una revolución en el ámbito informativo del Estado de México.
A los medios citados por Albíter Barrueta, habría que añadir "El Diario de Toluca", retomado en 1980 dentro de la empresa de la familia Maccise.
Hay que señalar que, por problemas financieros, la familia Maccise cerró a principios de los 80 su diario deportivo "Estadio", y no sólo eso: a mediados de esa década perdió también sus instalaciones -una gran nave ubicada en el terreno al que hace alusión Angel Albíter- y los diarios "Rumbo del Estado" y "El Noticiero"; sólo conservó "El Diario de Toluca".
Un hecho singular fue que, ante el quebranto de la economía de la otrora poderosa OEPISA, el gobierno de Alfredo del Mazo-Alfredo Baranda se convirtió en dueño tanto de la planta física de Tollocan -el inmueble y una empresa editora- como de los periódicos "Rumbo del Estado" y "El Noticiero". En calidad de paraestatal, estos medios y la parte de imprenta lograron sobrevivir unos años, pero fueron cerrados en diciembre de 1991, cuando Ignacio Pichardo Pagaza era gobernador.
En la actualidad, y dentro de la familia Maccise, "El Diario" conserva su nombre, aunque con dos ediciones diferenciadas, que se expenden de manera conjunta. Habría, pues, un "Diario Toluca" -con noticias enfocadas al Valle de Toluca-, y un "Diario Estado de México" -que empezó a aparecer en abril de 1999, con una presunta cobertura hacia el resto del territorio mexiquense, de manera señalada el Valle Cuautitlán-Texcoco-. La sección nacional aparece integrada bajo el nombre de "Rumbo a México", y se tienen el suplemento deportivo "Estadio", y la sección de sociales bajo el título de "Siete Días".
Corporación Editorial Mac ha sufrido altibajos. Luego de perder "Rumbo" y "El Noticiero", además de mantener "El Diario de Toluca", editó el vespertino "El Mundo", pero lo suspendió luego de un par de años. Sin embargo, reinició a mediados de los 90 la publicación del vespertino "El Noticiero", y recientemente -noviembre de 1999- empezó a editar "El Diario D.F.", vespertino que circula en la capital del país.
En 1998 Corporación Editorial Mac empezó a operar y comercializar directamente XECH-Radio Capital, en el 1490 de la frecuencia de Amplitud Modulada y que viene a ser la estación más antigua en la ciudad de Toluca. Transmite en ella el noticiario "Al Instante", en emisiones matutina, vespertina y nocturna, además de diversos cortes informativos a lo largo del día. La empresa ha tenido incursiones con cortes informativos en un canal local de cable, pero ese proyecto ha quedado, por lo pronto, suspendido, por falta de acuerdo con la concesionaria televisiva.
Por otra parte, resulta difícil saber cuál es el tiraje real de "El Diario", ya que no existe un mecanismo público que permita certificarlo, y el dato se guarda con demasiada discreción. Como mera referencia, citemos una estadística, fechada en 1982, acerca del número de periódicos y de los ejemplares que supuestamente se editaban a diario en el Estado de México. (43)
Tiraje1. El Sol de Atlacomulco (1981)* 20 500
2. El Sol del Valle de México (1978) 28 000
3. Avance Tlalnepantla (1970) 20 000 **
4. Diario de Toluca 45 000
5. El Heraldo de Toluca 20 000
6. El Noticiero (1955) 26 000
7. Rumbo. Voz del Edo. (sic) 65 000
de México (1968) 20 000
8. El Sol de Toluca (1947) 20 000
9. Extra de El Sol (1957) 3 000
10. Novedades Área Satélite (1971) 27 000
* Los años entre paréntesis corresponden a la fecha de creación.
** Dato de 1981.
Esta información era excesivamente discutible y cuestionable en el año en que fue consignada; 18 años después, continúa siéndolo. Cabe apuntar que dejaron de existir las ediciones de "Avance", "Novedades Arrea Satélite" y "El Sol de Atlacomulco" y "El Sol del Valle de México"; los demás medios aún existen. De cualquier manera, no creemos que ninguno alcance actualmente el tiraje que se supone tenían en 1982, a pesar de que la tendencia habría sido la de crecimiento por la gran expansión demográfica que ha hecho de la entidad mexiquense la más poblada de todo el país. Es de imaginarse que en la estadística los editores hicieron cuentas alegres.
Hay que señalar que el medio en el que se desenvuelve "El Diario" es sumamente competido, a pesar de la evidente deficiencia derivada de la baja circulación de la mayor parte de los medios.
En la ciudad de Toluca se editan, en este momento, los siguientes diarios: "El Sol de Toluca" -el de mayor penetración, aunque con el sesgo informativo típico de los medios de la Organización Editorial Mexicana- y "La Extra del Sol"; "El Diario" y "El Noticiero; "El Heraldo de Toluca", "Ocho Columnas"; "El Amanecer" y "El Demócrata" -ambos producidos por una misma familia-; "ABC", "El Vespertino y "El Mañana" -tres que, a su vez, pertenecen a una misma empresa familiar-, y el más reciente, "Portal".
Existe otro factor: la interacción con la zona metropolitana del Valle de México. Los diarios que se publican en la capital del país son de consumo cotidiano en Toluca. No exageramos si decimos que hay días en que llegan primero a los puestos los periódicos del D.F., y después, los locales, cosa que no ocurriría, por caso, en otras ciudades. Esta presencia informativa se ha hecho sentir, en el pasado, con ediciones estatales, como las que por algún tiempo tuvieron "UnomásUno", "El Universal" y "El Financiero", o el actual suplemento "Estado" del diario "Reforma".
LA AMORFA LÍNEA EDITORIAL
Si alguien se pusiera a revisar la línea editorial de Corporación Editorial Mac, o en específico de "El Diario", llegaría a algunas conclusiones, pero serían más las dudas acerca de cuál es el perfil periodístico de los medios agrupados en este consorcio.
Habría, sí, una certeza: un evidente tono gobiernista, propriista, si bien algo moderado por la transformación que de una u otra manera se ha registrado en el espectro de los medios; pero dicho tono continúa siendo innegable. Si algo caracterizó al periódico "Rumbo" fue su exagerado oficialismo, primero con Carlos Hank, después con el gobernador en turno, postura que se ha mantenido.
Podemos auxiliarnos con una reflexión del chileno Camilo Taufic para entender de mejor manera el contexto de Corporación Editorial Mac y sus medios:
El diario burgués opera como una empresa comercial que -según propia confesión- 'vende noticias' y, al correr tras la máxima ganancia, su criterio informativo pasa a ser también un criterio financiero; vale decir, explota de preferencia aquellos temas que le aseguren mayores ventas. Pero los propietarios de un periódico capitalista no son hombres de negocios comunes y corrientes, sino que tienen un desarrollado sentido político (son comerciantes de la política, más exactamente) y en ningún caso son indiferentes al tipo de informaciones que venden. La selección temática en sus diarios se hace según un criterio que es, simultáneamente, comercial y político.
El grueso de las ganancias de un periódico capitalista no proviene de la 'venta de noticias', sino de las ventas de espacio para publicidad a las otras empresas de la burguesía. Estas le darán o le negarán su 'confianza' a un diario (es decir, la subvención mediante publicidad) en la medida en que aquél defienda mejor o peor sus intereses. ..... la selección temática de todos los medios de masa burgueses tiende a incluir cualquier asunto que aumente la circulación o la audiencia, a condición de que su enfoque no contravenga los intereses de toda la burguesía como clase, para obtener sus avisos ... (44)
El fenómeno descrito por Taufic se reproduce en el caso de "El Diario" y demás medios de esta corporación, con un matiz: donde se habla de "empresas de la burguesía", hay que sustituir el término por el de "gobierno", sobre todo el estatal, los municipales, y, en menor grado, el federal. Hay que subrayar que el sector público es el principal "cliente" de los medios de esta empresa. Y no es un caso excepcional, sino que la situación se repite con la generalidad de las publicaciones periódicas en el Estado de México, al igual que en otras partes del país, incluida la capital.
Es el de "El Diario" un caso más en que la prensa constituye una especie de industria y de comercio, alrededor de la cual se mueven fuertes capitales. El elemento periodístico queda subordinado a las decisiones de un patrón.
Como se habrá apreciado, el término "Corporación" no es un simple bautizo, sino que da idea del proceso de concentración de empresas, de medios de producción, de número de trabajadores (calculo que en esta etapa sean 300 los que trabajan directamente en alguna área editorial, periodística o administrativa de la empresa), para abarcar las principales vertientes de la comunicación de masas, esto es, prensa escrita y radio, aunque la excepción es, por ahora, el ámbito televisivo.
Hay un área que acaso represente los ingresos más importantes para el conjunto de empresas de la corporación: la editorial, aunque esto no signifique que la parte periodística sea deficitaria; también registra ganancias.
Desde sus comienzos, ya fuera con el nombre de OEPISA, Lithomex o Ediciones Mac, se ha puesto el mayor énfasis en la obtención de contratos en el sector público para la producción de todo tipo de impresos, desde libros -incluidos los textos gratuitos para los niveles de educación básica en el sistema educativo estatal- a carteles, revistas, etcétera. Con esta perspectiva, el brazo periodístico de la Corporación ha permitido consolidar las relaciones políticas para conseguir numerosos contratos de producción de materiales impresos diversos.
¿Cuál sería el criterio que mueve fundamentalmente a la empresa? Un evidente pragmatismo con el que se busca acomodar a las circunstancias políticas, con miras a mantener un nivel de ganancias elevado. El gobierno es el principal anunciador, mientras que el sector privado no acostumbra invertir en difusión, so pretexto de que la penetración de los medios es muy limitada, lo cual ha creado un círculo vicioso. Cualquier medio, aun con una postura independiente, termina acercándose al sector público, ante la actitud retrógrada de las empresas privadas.
En "El Diario" no habría, pues, una neutralidad o postura objetiva con respecto a la realidad social y política del Estado de México y del país, sino la búsqueda de acercamientos con el poder, con los poderosos en turno. Ciertamente, han aparecido matices, derivados de la transformación de las relaciones políticas y de la posibilidad de que, ahora, así sea en teoría, cualquier partido político puede ganar una elección y convertirse en gobierno. Antes, como en muchos otros medios, la única voz que aparecía en "El Diario" era la del gobierno y la del PRI; sólo de manera sesgada se introducían las posturas de los partidos de oposición o de cualquier tipo de disidencia.
Ha habido cierta evolución. Las páginas de "El Diario" ya dan cabida a todo tipo de voces, cosa impensable hace veinte o quince años.
Hubo una situación peculiar: al restringirse los recursos lo mismo del gobierno que del PRI para medios de prensa locales, en estos últimos se empezó a difundir mucha información originada en las fuerzas de oposición. De esta manera, se presionaba al PRI para que respondiera, pagando inserciones, a las acusaciones de sus contrincantes. No faltó el vocero priista que se quejara de que, para que el PRI pudiera dar a conocer su punto de vista sobre algún asunto, estuviese obligado a cubrir el costo de la publicidad, mientras que a la oposición "le publicaban" gratis.
Así ocurrió. Pero también la oposición, sobre todo cuando sus victorias electorales le significaron la recepción de más recursos, también empezó a pagar publicidad en diferentes medios, aunque, aparentemente, no en el nivel del PRI.
No es exacto decir que la actual línea editorial o informativa de "El Diario" sea absolutamente oficialista, pero no puede afirmarse que sea objetiva, popular, o independiente con respecto a cualquier interés.
¿Es plural? No, porque esto implicaría una mínima congruencia informativa, que no existe en el manejo de las noticias. Así, un día puede publicarse como nota principal la declaración del procurador en el sentido de que se ha avanzado de manera notable en la procuración de justicia, y al día siguiente se destaca, también como nota principal, la declaración de un ex procurador que acusa la nula evolución que se ha dado en el mismo rubro.
Por lo general, un reportero puede adelantar la suerte de su información, si establece una relación mental con la línea de su periódico. Si ésta se caracteriza por la nota policíaca, sabe que una información sangrienta será destacada; si es un diario "de izquierda", una nota sobre alguna declaración de un perredista encontraría buen acomodo; si es "de derecha", la declaración de un obispo sería bienvenida. Y así.
En el caso de "El Diario", es imposible aplicar un ejercicio semejante. Los reporteros no saben cuál es su información "buena". Cubrir la "fuente" de gubernatura, por ejemplo, no es garantía de que la información será publicada en la primera plana, porque quizás ese día el periódico -o su dirección- quiso aparentar independencia del gobierno, y mandan la nota a páginas interiores.
Se puede tener una acusación escandalosa por parte de un vocero del sector privado, pero ese día sólo caben en la primera plana líderes sindicales o funcionarios del gobierno, o dirigentes de partidos; el empresario tendrá que leerse en un rincón perdido de una página par. Se puede reportear el número de huelgas vigentes en el territorio estatal, y ver la nota perdida junto a un anuncio de venta de coches; en otra fecha, una nota similar puede ser la información "de ocho columnas".
Es cierto, la información es una materia cambiante, y las circunstancias que hacen que un día un dato sea inocuo, una semana más tarde lo convierten en una información trascendental. El problema en el caso de "El Diario" es que difícilmente puede preverse qué criterio está privando en un día determinado, para saber cuál información será destacada o cuál será publicada sólo por cubrir un espacio, como "relleno". En más de una ocasión los compañeros reporteros veíamos que nuestra peor información, la que hacíamos sólo para cubrir con la cuota diaria, era la que recibía un mejor tratamiento, y aquella en la que nos habíamos esmerado, que nos había tomado la mayor parte del día reporteando en la calle o en las fuentes de información, era poco menos que despreciada.
Sería demasiado simplista afirmar que Corporación Editorial Mac sea la peor empresa periodística en el Valle de Toluca. En todos los medios hay problemas diversos, que pueden ir de la franca censura a prácticas burdas de manipulación de los reporteros, y también, de extremada explotación laboral, o inestabilidad económica -retraso excesivo en el pago de los sueldos-; igualmente, posturas oficialistas o vinculadas con intereses particulares. En algunos casos, se llega a rebasar los límites de la legalidad, con negocios demasiado oscuros, extra periodísticos, de modo que el medio se convierte en "tapadera" o un instrumento para el tráfico de todo tipo de influencias, muchas de ellas inconfesables.
ENTORNO LABORAL
El aspecto laboral obliga a un apartado específico. El reportero suele tener contacto, así sea superficial en la mayor parte de las veces, con representantes de los sectores productivos, ya sean dirigentes de cámaras empresariales, líderes de organizaciones sindicales, y autoridades de conciliación y arbitraje. Empero, es un pésimo defensor de sus propios derechos laborales.
Hay un problema estructural, que se ha profundizado con la implantación -siempre negada por los voceros o las figuras del gobierno- del esquema neoliberal: el reportero, el periodista, al igual que cualquier trabajador, ha quedado vulnerable a lo que no es sino una situación de mercado, en la que priva la ley de la oferta y la demanda, mientras que otra ley, la Federal del Trabajo, se convierte en letra muerta.
Hablemos del aspecto salarial, que ha sido una inveterada demanda de los periodistas, en lo individual o gremialmente. En el régimen de Carlos Salinas de Gortari se creó el salario mínimo para los informadores. Esa es una innegable ventaja, ante el anterior desnivel que había en este rubro, pues así como existían medios que pagaban un sueldo decente, había otros que pagaban cantidades ridículas. Ahora existe una base de la cual partir, aunque, a decir verdad, como en las actuales condiciones lo que prevalece es la ley de la oferta y la demanda, hay patrones que se atreven a pagar sueldos por debajo del mínimo profesional; hay quien lo acepta como única opción, en un mercado que se caracteriza por la precariedad laboral. En la situación de capitalismo salvaje que vivimos, el trabajo humano se considera una mercancía más, sujeta también a la negociación o a la manipulación, y es el aspecto en el que un empresario quiere invertir menos, pues prefiere destinar recursos a la compra de maquinaria que al pago de buenos salarios.
En el mes de diciembre de 1998 se publicó en el "Diario Oficial de la Federación" la resolución del Consejo de Representantes de la Comisión Nacional de Salarios Mínimos, que fijó los sueldos tanto generales como profesionales que habrían de estar vigentes a partir del 1 de enero de 1999. (45)
Como se recordará, el país se encuentra dividido en tres áreas geográficas para efectos saláriales:
El área geográfica "A", que abarcaría a las zonas supuestamente de vida más cara. Se incluye, entre otros lugares, a las dos Baja Californias completas, Ciudad Juárez, el propio Distrito Federal, Acapulco, y, en el caso del Estado de México, los municipios del área conurbada del Valle de México: Atizapán de Zaragoza, Coacalco, Cuautitlán, Cuautitlán Izcalli, Ecatepec, Naucalpan, Tlalnepantla y Tultitlán;
El área geográfica "B", que incluye a Guadalajara y su zona metropolitana, y, en condición similar, a Monterrey y sus municipios conurbados; algunas zonas petroleras como Poza Rica y Tuxpan, etcétera;
El área geográfica "C", que comprendería a la mayor parte de los estados de la república, dejando fuera a los municipios clasificados en las áreas "A" y "B". Toluca está ubicada en el área "C".
Durante 1999 -año de la relación laboral que mantuve con Corporación Editorial Mac-, el salario mínimo general vigente por jornada ordinaria diaria de trabajo fue el que a continuación se expone:
Pesos Arrea geográfica "A" $34.45Arrea geográfica "B" $31.90
Arrea geográfica "C" $29.70
En otras épocas, muchos periódicos se habrían basado en esta clasificación para determinar el nivel de sueldo de sus reporteros. El "mínimo mínimo". Pero desde hace años existe un salario profesional para este tipo de trabajadores (tanto reporteros como fotógrafos). La Comisión Nacional de los Salarios Mínimos define su perfil, en la relación de profesiones, oficios y trabajos especiales que este organismo tripartita regula:
73. REPORTERO (A) EN PRENSA DIARIA IMPRESA
Es el trabajador que obtiene información de interés general sobre eventos o temas de actualidad a través de la observación de los hechos, de entrevistas a personas vinculadas con los mismos, o a personas de interés para la comunidad. Esta información la ordena, estructura y transmite de manera clara y expedita a la empresa periodística para su revisión y, en su caso, redacción definitiva y publicación. En ocasiones el trabajador es el encargado de elaborar la redacción misma de la nota. El reportero requiere de estar informado sobre los eventos o temas de su trabajo para darles seguimiento. En la captura de información puede auxiliarse de grabadoras, taquigrafía o notas y la transmisión la realiza a través de muy distintos medios, que incluyen desde la mecanografía y presentación directa de la nota hasta su envío por medio telefónico, telegráfico, télex o telefax.
74. REPORTERO (A) GRAFICO (A) EN PRENSA DIARIA IMPRESA
Es el trabajador que acude a personas o a eventos de interés general con el objeto de obtener negativos de fotografía para ilustrar sucesos y artículos de actualidad. Generalmente entrega al periódico el material fotográfico sin revelar acompañándolo de los datos de referencia con los nombres de los personajes o de los eventos que aparecen en los negativos. En ocasiones el trabajador revela e imprime las fotografías. Para su trabajo se auxilia de cámaras fotográficas y otros artículos propios de su profesión, y en ocasiones acompaña en su labor a un reportero, quien le sugiere o indica el género, estilo o ángulo de la fotografía deseada.
En 1999, el salario mínimo profesional para los informadores era el siguiente, de acuerdo a la respectiva área geográfica:
OFICIO No. PROFESIONES, OFICIOS Y TRABAJOS ESPECIALES A B C
73 Reportero (a) en prensa diaria impresa 103.15 95.80 88.80
74 Reportero (a) gráfico (a) en prensa diaria impresa 103.15 95.80 88.80
Debe señalarse que los salarios mínimos de los reporteros y de los reporteros gráficos son los más elevados dentro de la relación de profesiones, oficios y trabajos especiales regulados por la respectiva Comisión. (Dentro del parámetro de la zona geográfica "A", en 1999 un oficial de albañilería ganaría 50.15 pesos diarios; un archivista, 47.90 pesos; un carpintero de obra negra, 46.75 pesos; un oficial mecánico en reparación de automóviles y camiones, 52.05 pesos; un mecanógrafo, 44.50 pesos; una peinadora y manicurista, 46.75 pesos; un oficial plomero, 48.05 pesos; y -caso sorpresivo- un maestro en escuelas primarias particulares, 53.05 pesos.
Con relativa frecuencia leemos declaraciones de jerarcas sindicales que afirman que los salarios mínimos no son más que una referencia, porque en la realidad se negocian con las empresas sueldos muy por encima de ellos. En el medio periodístico, la práctica común es ajustarse a los minisalarios.
En términos mensuales, la aplicación de estos salarios mínimos profesionales para informadores en prensa escrita se habría concretado, durante 1999, en sueldos de $ 3,193 pesos en el área "A", $ 2,969 en el área "B", y $ 2, 752 en el área "C" (la correspondiente a Toluca).
En el caso concreto de Corporación Editorial Mac, el salario para un reportero no rebasaba los 3,800 o 3,900 pesos mensuales, bajo las siguientes circunstancias:
-Debía cubrir una cuota de cuatro notas cada día, para "El Diario";
-Debía transmitir, para el noticiero "Al Instante", de XECH-Radio Capital, una cuota mínima de dos notas por día (podía seleccionarlas de alguna de las que había presentado para la edición de "El Diario"). La transmisión de las noticias se hacía de las 13:00 a las 14:00 horas, en la emisión vespertina; de las 19:00 a las 20:00 horas, en la emisión nocturna, cuando se grababan las notas que se reproducirían en la emisión matutina de las 7:00 a las 8:00;
-Su información podía ser reproducida no sólo en "El Diario" en la edición para Toluca, sino también en "El Diario Estado de México" y en "El Noticiero", sin que eso significara un ingreso adicional. (En otras empresas sí se acostumbra otorgar una cantidad extra cada vez que una información se reproduce en más de un medio).
Para el noticiero "Al Instante", se debía hacer una guardia matutina (de 7:00 a 8:00 horas) un día de la semana; como reportero de "El Diario", se tenía que cumplir con una a dos guardias nocturnas a la semana (en una primera etapa hasta las 23:00 horas, y luego hasta las 21:00 horas).
Evidentemente, el sueldo es bajo; a este factor había que sumar que el pago era por honorarios, lo que contravenía una de las condiciones básicas del trabajo de reportero: es una función fija, no eventual. Además, esta modalidad salarial significa la imposibilidad de tener acceso a la seguridad social. La actividad del reportero conlleva riesgos. ¿Qué ocurre ante la eventualidad de un accidente, si no se está amparado como afiliado del Seguro Social? Esto sin hacer a un lado otros aspectos, como la imposibilidad de cobrar utilidades ni tener vacaciones, ni generar la antigüedad necesaria en cotizaciones en alguna AFORE para un inevitable retiro.
El periodista alemán Günter Wallraff -famoso por su audaz manera de reportear, que incluía hacerse pasar como inmigrante en la Alemania federal, para vivir en carne propia, literalmente, las discriminaciones y abusos que sufre un marginado en una superpotencia capitalista, experiencia que narra en un dramático libro, Cabeza de turco-, cuenta su paso, a finales de los años 70 y bajo una identidad falsa, por el diario Bild Zeitung, del zar germano de la información Axel Springer. Wallraff describió la manera en que fue contratado en ese manipulador periódico:
Es increíble que esta entrevista -que se cerrará con mi entrada en Bild- se desarrolle de manera informal. Estoy asombrado. No me piden ningún papel ni documento. En todo eso hay una lógica que se me escapa.
Casi la mitad de los periodistas que trabajan aquí tienen este estatuto de colaborador independiente. Son libres. ¡Libres como el aire! Casi siempre son los primeros en llegar por la mañana y los últimos en irse por la noche; carecen de contrato escrito, ningún derecho a vacaciones ni a seguridad social, ninguna protección contra los despidos. Están entregados a la arbitrariedad y a los caprichos del redactor jefe y dependen de su humor. Y entre ellos reina una competencia despiadada.
En Bild, al contrario que en las restantes redacciones, no existen secciones especializadas en las que colaboran unas personas muy concretas que se mantienen al corriente de sectores determinados y complicados. Aquí, cada cual escribe sobre todo, no hay por qué entender de qué va la cosa que se trata, sólo hay que ver la 'historia': descubrir el lado curioso o anormal que encierra -aunque sea absolutamente secundario-, 'ponerlo de relieve'. Lo interesante no es el marco o el acontecimiento en sí mismo, sino lo que un tipo listo puede hacer con él. Si en un asesinato, un suicidio o un accidente no aparece el detalle monstruoso o extraño, el redactor jefe dice: 'Bueno, ¿dónde está la historia, aquí? ¡Yo no veo dónde está la historia!' (46)
Es de señalarse que el esquema de cobrar por honorarios resulta molesto no sólo por las razones expuestas, sino porque obliga a la contratación de un contador, a ordenar la impresión de los recibos, y a cumplir todos los compromisos fiscales que deben atender los profesionales independientes, pero que no debieran aplicarse a un trabajador asalariado como es el reportero de un periódico.
Se padecen también los efectos de un mito: que el reportero completa su sueldo con el cobro de las comisiones que le corresponden por concepto de la publicidad originada en sus fuentes. Para empezar, el volumen de publicidad gubernamental -que es la que puede generar comisiones para el reportero- se ha reducido drásticamente. Los directivos de la empresa son los que negocian de manera directa cuando hay paquetes de publicidad en un volumen considerable -como en el caso de la campaña proselitista de Arturo Montiel-, y el reportero no ve un centavo de ese dinero. Y, desde el punto de vista ético, el convertir al reportero en una especie de "agente publicitario", resta efectividad e independencia a su labor informativa. (Recordamos una vieja definición que circula en el argot periodístico: "Información es todo aquello que entra después de que se acomodó la publicidad en las planas del periódico").
Hay situaciones de índole periodística que también afectan el desempeño profesional: el mecanismo de "la cuota" es anacrónico y nada efectivo. Es cierto que hay que llenar las planas de los periódicos, que el peor pecado que puede cometer un reportero es llegar a su redacción con las manos vacías a decir que "no sucedió nada", pero constreñirlo a una cuota de cuatro notas diarias -en algunos medios se exigen cinco o más- provoca que, en lugar de buscar buena información, se dedique a conseguir declaraciones, datos, lo que sea, con tal de acabar lo más temprano posible. "La cuota" existe por la visión de no tener que contratar el número necesario de reporteros que puedan ofrecer información de calidad a los lectores.
Un aspecto que debemos enunciar es también el de la falta absoluta de respeto a la experiencia profesional. Esto es, a la empresa no le importa demasiado tener buenos o excelentes reporteros, no le interesa si son egresados universitarios o apenas estudiaron la secundaria o la preparatoria; si tienen una trayectoria de años o apenas empiezan a prepararse en los menesteres de la información, o si tienen los conocimientos suficientes para profundizar en fuentes informativas específicas -cada vez el manejo de ciertos aspectos va requiriendo de mayor especialización-.
Lo que importa a la empresa es, en general, contratar mano de obra barata, sin parar en mientes acerca de si es profesional o no, de si está preparada o no, de si un reportero sabe redactar o si con dificultades golpea las teclas de la computadora.
Esta visión explica parte de los problemas que ha tenido que enfrentar Corporación Editorial Mac para contratar personal para el área de redacción, esto es, reporteros, reporteros gráficos y, en algún caso, hasta diagramadores. En marzo de 1999, éramos cinco reporteros "de planta" -por honorarios-; para diciembre, cuatro habíamos dejado de laborar en el periódico, en busca de otros horizontes. No se ha vuelto a integrar una planta similar. A pesar de que en el medio tradicionalmente ha habido una gran movilidad, pues los reporteros se cambiaban con relativa frecuencia de periódico, en la actualidad muchos desdeñan cualquier oferta de integrarse a "El Diario", y si egresados de Comunicación de la Universidad local buscan empleo, al enterarse de las condiciones laborales prefieren otros horizontes.
Exponemos estas reflexiones a modo de reflejar lo que es parte de la realidad de este mercado de trabajo. Antes de discurrir sobre aspectos como la libertad de prensa, objetividad o subjetividad informativa y otros, hay que llamar la atención sobre el ámbito laboral en que se desenvuelven los informadores, pues el de "El Diario" no es una excepción, sino una muestra más de circunstancias de explotación concreta en el medio periodístico.
CAPITULO IV. EL SALDO DEL 4 DE JULIO
SEIS DE CADA DIEZ
En efecto, el 4 de julio de 1999 el PRI retuvo en su poder la gubernatura del Estado de México.
La elección no representó mayores problemas, aun cuando fue la primera vez en que la organizó un organismo autónomo e independiente: el Instituto Electoral del Estado de México (IEEM), que apenas tres años antes se había "estrenado" en los comicios locales de ayuntamientos y diputados. Sus funciones habían estado por décadas a cargo de la Comisión Estatal Electoral, cuyo presidente era el secretario general de Gobierno en turno; es decir, cuando el gobierno era juez y parte en los asuntos electorales.
Sin ser perfecta, la elección de gobernador salió limpia. Ganó el PRI, ganó Arturo Montiel. Pero esto no significó una gran victoria, y en cambio, se hicieron evidentes diversas y profundas transformaciones que han tenido lugar en la sociedad mexiquense.
El semanario "Exodo" publicó a finales de enero del 2000, la siguiente información suscrita por el reportero Israel Dávila Hernández:
Durante el acto protocolario en el que fue presentado el Plan Estatal de Desarrollo 1999-2005, José Luis Jaime Correa, [diputado local y] dirigente estatal del PRD, no dejó pasar la oportunidad de hacer "unas pequeñas observaciones" al gobernador Arturo Montiel.
Sólo tuvo que leer cuatro líneas de su discurso para hacer el primer señalamiento: "Por primera vez en la historia de nuestra entidad, prácticamente seis de cada diez votantes, otorgaron su confianza a una opción política distinta a la que hoy gobierna".
Entonces cesó el cuchicheo que fondeaba en el Salón del Pueblo. La mayoría de los asistentes volvieron la vista hacia el presídium para ver quién se atrevía a recordar datos poco halagüeños para el gobernador ahí presente.
En el centro del presídium, el gobernador Arturo Montiel y el presidente del Tribunal Superior de Justicia, Abel Villicaña Estrada, pusieron fin a su discreta conversación. A su lado, el presidente en turno de la Legislatura, Horacio Duarte, y el presidente de la Gran Comisión, Astolfo Vicencio Tovar, salían de su letargo. (47)
De cada diez electores, sólo cuatro votaron por Arturo Montiel; los seis restantes lo hicieron por una opción distinta. Si se hubiera dado la unión entre las dos coaliciones, entre los cuatro partidos de oposición participantes -Acción Nacional y Verde Ecologista de México, por un lado, y Partido de la Revolución Democrática y del Trabajo, por el otro-, el resultado habría sido la derrota del PRI.
Por supuesto, no se vive de "lo que pudo haber sido", sino de lo que fue y de lo que es. Pero ya ha habido casos: el mismo 4 de julio de 1999 en que se decidió la gubernatura mexiquense, el PRI fue derrotado en comicios análogos en Nayarit, donde sí hubo condiciones para que los extremos de derecha y de izquierda se unieran y se presentaran a la elección con un candidato común.
En el Estado de México, hubo intentos de lograr una candidatura única por parte de la oposición. No fructificaron, y lo más que se logró fue la conformación de las citadas coaliciones PAN-PVEM y PRD-PT. Ninguna de ellas ganó la gubernatura, pero esta vez hubo un voto mayoritario a favor de los opositores al tricolor, aunque este último haya conservado el poder.
No se resta por ello un ápice a la legitimidad y a la legalidad del triunfo del PRI. Cada vez con mayor conciencia, tendremos que acostumbrarnos a que, en el juego democrático, gana el que tiene más votos que los demás, así sea la diferencia por un solo sufragio o cientos de miles. La versión de los "empates técnicos" es un absurdo; no puede haber empates en un proceso electoral.
Aun cuando una lectura crítica nos dé a conocer que seis de cada diez votantes ejercieron su preferencia por opciones contrarias a la que representaba Arturo Montiel, lo real es que el PRI ganó la elección del 4 de julio de 1999.
Empero, es imprescindible tener una mayor sensibilidad y aceptar que se está gobernando a una población en extremo plural, con numerosos núcleos en los que hubo un rechazo franco a las propuestas de la campaña priista. Las seis décadas en el poder han desgastado en exceso al PRI, que simbióticamente ha sido una especie de agencia electoral para los grupos del oficialismo asidos del poder.
De entrada, el gobierno de Arturo Montiel no habría de iniciarse con un sentido de haber sido aceptado por la gran mayoría de los electores mexiquenses.
LAS CIFRAS DEL IEEM
El 28 de julio concluyeron formalmente las actividades del Instituto Electoral del Estado de México, con respecto a la elección de gobernador de la entidad para el periodo 1999-2005. Según destacó el presidente del IEEM, José María Sáinz de Gómez Salcedo, este organismo cumplió con su papel. Acotó que
Dar transparencia al proceso electoral que se vivió, sin perder de vista que la imparcialidad no nace de la neutralidad ideológica, fue el papel preponderante del órgano superior de dirección, que mediante acuerdos unánimes en el 97 % de los casos, basados en la ley, la ética electoral y la transparencia, propició el desarrollo puntual de las etapas procesales. (48)
El 4 de julio se instalaron en todo el territorio mexiquense 12,947 casillas, en las cuales participaron como funcionarios electorales 51,792 ciudadanos, responsables de vigilar y recibir el sufragio popular. Estaban vigentes un padrón electoral de 7'291,484 ciudadanos y una lista nominal de 7'114,257 electores.
El cómputo final de la elección ordinaria de gobernador del Estado de México 1999 fue el siguiente:
Votos PorcentajePAN-PVEM 1'149,736 34.23%
PRI 1'377,472 41.01%
PRD-PT 713,592 21.25%
No registrados 3,590 0.11%
Votos válidos 3'244,390
Votos nulos 109,361
Votación anulada por el TEEM* 4,877
Votación total emitida 3'358,628
*Tribunal Electoral del Estado de México.
Expresado de otra manera, de cada cien ciudadanos que acudieron a votar el 4 de julio de 1999 -sin soslayar el abstencionismo del 52.07 por ciento registrado en esa jornada-, 41 apoyaron a Arturo Montiel, del PRI; 34 o 35 lo hicieron a favor de José Luis Durán Reveles, del PAN-PVEM; y 21 sufragaron por Higinio Martínez Miranda, del PRD-PVEM.
Comparemos el cómputo de los comicios de 1999, con los resultados de la elección de gobernador de 1993 -la última organizada por el gobierno local a través de la Comisión Estatal Electoral; la última calificada por la Legislatura mexiquense, ya que estas funciones corresponden ahora al IEEM-.
En 1993, Emilio Chuayffet Chémor consiguió una votación histórica para el PRI, en el marco de una elección caracterizada por el pluripartidismo, y en un Estado de México como uno de los principales veneros de votos para el tricolor (aunque en 1988 el candidato presidencial del FDN, Cuauhtémoc Cárdenas, había obtenido el 51 por ciento de los sufragios emitidos en el estado, y Carlos Salinas de Gortari sólo el 29 por ciento).
Cuánta distancia hay entre los casi dos millones de mexiquenses que votaron por Chuayffet en 1993, y el millón 377 mil que lo hizo por Montiel seis años después. Si recordamos que en la elección interna en la que Montiel fue designado candidato priista a gobernador votaron poco más de 914 mil personas, esto quiere decir que, ya en la elección constitucional, el PRI incrementó sólo en 463 mil la cantidad de simpatizantes a su favor.
Resumen general de votos, 1993 (49)
| Partido | Candidato | Votos |
| Acción Nacional (PAN) | Luis Felipe Bravo Mena | 58,803 |
| Revolucionario Institucional (PRI) | Emilio Chuayffet Chémor | 1968,655 |
| Popular Socialista (PPS) | Luis Miranda Reséndiz | 46,559 |
| de la Revolución Democrática (PRD) | Alejandro Encinas Rodríguez | 274,610 |
| del Frente Cardenista de Reconstrucción Nacional (PFCRN) | Juan M. Huezo Pelayo | 81,471 |
| Auténtico de la Revolución Mexicana (PARM) | Gonzalo Cedillo V. | 32,571 |
| Demócrata Mexicano (PDM) | José Angel Salinas S. | 29,832 |
| del Trabajo (PT) | Pedro Vargas G. | 29,244 |
| Ecologista de México (PEM) | Natalia Escudero Barrera | 113,731 |
LAS CUENTAS DEL PRI
De cualquier manera, el PRI no dejó de festejar su triunfo. Su postura puede identificarse a partir de un mensaje que, en un acto partidista, pronunció su entonces secretario general, Enrique Riva Palacio Galicia, el 19 de agosto de 1999:
La campaña de Arturo Montiel Rojas se desarrolló en 76 días efectivos y 740 horas de campaña, dentro de la cual se llevaron al cabo 468 eventos en los 122 municipios del Estado de México. Dentro del recorrido proselitista, se establecieron 1,370 "compromisos de trabajo", ante un total de 727,642 asistentes a los diversos actos presididos por el propio candidato.
En cuanto la relación con los medios de información -según el dato que dio Enrique Riva Palacio-, Montiel y funcionarios priistas ofrecieron 50 conferencias de prensa, a cada una de las cuales asistió un promedio de 70 periodistas que representaban a medios locales y nacionales (cálculo muy alegre y un tanto exagerado).
Riva Palacio indicó que...
En la cobertura de las giras proselitistas, se atendieron 19,830 viajes-reportero, que cubrieron los eventos del candidato, además de enviar a los diferentes medios, 267 boletines y 551 versiones estenográficas, que contenían los ejes temáticos del ideario del Candidato. (sic).
Valga una aclaración: si realmente existieron las supuestas 551 versiones estenográficas, deben de haber estado guardadas en el escritorio de algún ineficiente burócrata del área de Información del CDE, ya que a los reporteros no nos fueron proporcionadas las versiones de los discursos de Montiel sino en un par de ocasiones; el resto de las veces extraíamos la información de nuestras notas o grabaciones, y ya en la etapa de cierre, cuando por fin se nos apoyó con un par de máquinas mecánicas de escribir a bordo del autobús de prensa, formamos un pequeño equipo que se dedicó a realizar las correspondientes transcripciones de discursos. Llama la atención el dato falso que hicieron mencionar a Riva Palacio.
De acuerdo con la información dada a conocer por el citado dirigente, en la "Campaña Permanente" del PRI se efectuaron 28,871 eventos con sectores y organizaciones, comités municipales y seccionales. Un dato singular es que en los 35 municipios prioritarios -es obvio que aquellos con mayor densidad poblacional, donde los ayuntamientos estaban regidos por la oposición- se llevaron al cabo 146 brigadas multidisciplinarias, que comprendían servicios de medicina general, odontología, optometría, cultura de belleza y reparación de electrodomésticos.
En cuanto a la estrategia electoral, el PRI acreditó 3,266 representantes generales y 51,792 representantes ante mesas directivas de casilla; en la Defensa Jurídica del Voto, participaron 1,633 abogados. En el Programa de Activismo Político,
para la selección de los 5,738 Promotores de Sección, se privilegió la integración de los Presidentes de Comités Seccionales, como figura principal de la promoción del voto, por contar éstos, con legitimidad y ascendencia política en sus respectivas secciones.
Esta decisión, fue acertada, pues el número de secciones ganadas se incrementó considerablemente, al pasar de 2,603 en 1997 a 3,275 en 1999, es decir, 672 más, que representan un 26% de crecimiento.
Esto indicaba el secretario general del CDE, quien agregó que habían apoyado la campaña 204,584 activistas, y que se había logrado establecer contacto con 1'643,711 ciudadanos (esto último, contrastado con los votos obtenidos por Montiel el 4 de julio, implica que a pesar del acercamiento con los activistas del PRI, más de 266 mil ciudadanos mexiquenses habían decidido votar en contra de ese partido).
Aun si concedemos que el PRI realizó un gran esfuerzo de organización electoral, éste le fue insuficiente para alcanzar resultados óptimos, más allá que el de ganar por una diferencia de apenas 227,736 votos entre Arturo Montiel y el segundo lugar en los comicios, el panista José Luis Durán Reveles.
EL DIFÍCIL CAMINO A LA GUBERNATURA
En la revista "P.M. Presencia Mexiquense" publicamos un resumen sobre el ambiente político que precedió a la toma de protesta de Arturo Montiel Rojas como gobernador del Estado de México. Con base en esa información, concluimos este capítulo. (50)
En las últimas décadas del siglo XXI, ningún gobernador mexiquense había asumido el poder en condiciones tan difíciles como Arturo Montiel Rojas. Hubo quienes lo hicieron con mucho ímpetu -Jorge Jiménez Cantú, Alfredo del Mazo y Emilio Chuayffet, por ejemplo-, y otros en circunstancias más moderadas -Mario Ramón Beteta y, en cierta forma, Carlos Hank, en este caso por el factor "Enedino Macedo", aunque el político santiaguense remontaría la pendiente-.
Fueron transiciones tranquilas, normales, por no decir tersas; quizás el momento más crítico fue durante la asunción de Alfredo del Mazo, al empezar su era con un franco enfrentamiento con su antecesor Jiménez Cantú, al criticar Del Mazo la excesiva deuda pública que le heredaban, y anunciar la desaparición fulminante del tristemente célebre Batallón de Radio Patrullas, el Barapem.
Esos personajes, además, habían logrado la victoria en las urnas por un amplio margen, aunque no podemos olvidar las condiciones que rodeaban a los procesos electorales hasta hace pocos años.
En el caso de la elección de Arturo Montiel, las circunstancias y resultados fueron enteramente distintos a los de comicios anteriores. Si antes la transición era "tersa", esta vez estuvo en juego y en duda la asunción misma del ejecutivo. Durante julio a septiembre de 1999, se especuló, se debatió, se discutió la posibilidad e incluso la legalidad de que Arturo Montiel pudiera asumir el cargo.
El PRI había ganado la elección, por un pequeño margen, poco más de 200 mil votos en un padrón de más de siete millones de ciudadanos. Al fin y al cabo era una victoria, calificada por el Instituto Electoral del Estado de México, que se precia de su autonomía y de la gradual ciudadanización de los órganos comiciales.
El obstáculo se ubicó en dos aristas: la evidente laguna jurídica derivada del artículo 75 de la Constitución particular del Estado de México, y la mayoría opositora en la Legislatura mexiquense, 45 de cuyos diputados militaban en el PAN, PRD, PVEM, PT y PC, y sólo 30 en el PRI.
El citado artículo dice: "El gobernador del Estado rendirá la protesta constitucional ante la Legislatura". Esa sencilla regla provocó una gran batalla política entre los partidos y el gobierno, en una delicada etapa en la que hasta los más sesudos leguleyos quedaron mal, porque nadie atinaba a reconocer que había, en todo caso, un defecto en la Constitución local, cuyos reformadores no previeron las condiciones del proceso electoral de 1999. La Constitución Particular del Estado de México fue objeto de una reforma integral que entró en vigor el 2 de marzo de 1995, es decir, cuando el gobernador era Emilio Chuayffet Chémor y secretario general de Gobierno, su sucesor, César Camacho Quiroz.
Se sumó a la referida regla constitucional, la realidad de un Congreso local de mayoría opositora, cuyas principales fracciones amagaron con no asistir el 15 de septiembre a la sesión de rendición de protesta de Arturo Montiel Rojas, lo que implicaba la inexistencia de quórum, esto es, que no iba a estar instalado en sesión el pleno de la Legislatura y por ello, el gobernador entrante no tendría posibilidad de cumplir a la letra lo que reza la Constitución en su artículo 75.
Mientras la oposición mantenía su amenaza, las filas priistas y gobiernistas trataban de encontrarle la cuadratura al círculo, incluso con el apoyo de conocidas voces como la de Ignacio Burgoa Orihuela, quien restó importancia a la discusión alegando que el artículo 75 no era sino mero protocolo, porque lo que había otorgado a Montiel Rojas la investidura de gobernador no era en sí jurar la Constitución ante la Legislatura, sino el resultado en las urnas el 4 de julio, en la elección que fue calificada por el Instituto Electoral.
Burgoa insistió en afirmar que independientemente de que Montiel Rojas rindiera o no su protesta constitucional ante la Legislatura, tenía que asumir las funciones de gobernador en el primer minuto del 16 de septiembre de 1999. El jurista recomendó que Montiel asistiera acompañado por un notario a la sede de la Cámara de Diputados local, y que si no hubiera quórum, que el fedatario diera constancia de que Montiel había estado en el lugar, y que si no había cumplido con el artículo 75 no era por causa imputable a él.
No hubo necesidad de que se verificara la legalidad de esa propuesta, ya que el 15 de septiembre, por fin, se logró el deseado quórum: 42 de los 75 diputados locales se sentaron en sus curules -como, en rigor, era su obligación hacerlo-, y Montiel Rojas pudo rendir su protesta ante el pleno de la Legislatura.
Con varios matices. Llegó a la sede del poder Legislativo a las diez de la mañana, y no fue sino hasta la una de la tarde cuando dio inicio la sesión, y hasta la una con cuarenta minutos pudo cumplir con el rito, al cual, por cierto, no asistió el gobernador saliente, César Camacho Quiroz, quien hubo de esperar en su oficina en el palacio de gobierno a que se cumpliera con el protocolo constitucional en el Congreso mexiquense.
El milagro de último minuto se consiguió merced a negociaciones con la fracción perredista, porque los diputados del PAN -incluido Astolfo Vicencio Tovar, presidente de la Gran Comisión-, no se presentaron a la sesión.
Es de señalarse que la Gran Comisión de la LIII Legislatura había estado presidida por el líder de la fracción priista, Isidro Muñoz Rivera, a pesar de que las fracciones de la oposición eran mayoría en el Congreso local. A finales de julio, principios de agosto de 1999, Muñoz Rivera cedió el cargo al diputado panista Astolfo Vicencio Tovar, en clara muestra de que el PRI aceptaba el cambio, dentro de la negociación para que hubiera quórum el 15 de septiembre.
Por su parte, la bancada perredista en el Congreso local, encabezada por el secretario general de su partido, Jesús Zambrano, anunció que asistiría a la sesión -días antes, su lideresa nacional, Amalia García, había dejado a sus diputados en libertad de que se presentaran a la sesión, en una línea indirecta para impulsarlos a que legitimaran al gobernador electo Montiel-, pero este grupo estiró el tiempo al máximo, a efecto de estropear la fiesta priista que, como acto simbólico más que legal, tendría lugar en el teatro Morelos ya con mandatario jurado.
Y a las once de la noche de ese miércoles 15 de septiembre de 1999, en el balcón central del palacio de gobierno en Toluca, todavía César Camacho Quiroz dio su último grito como gobernador, para de inmediato entregar la bandera a Arturo Montiel Rojas, que menos de una hora más tarde, en el primer minuto del jueves 16, era ya el nuevo gobernador constitucional del Estado de México.
CAPITULO V. UNA EXPERIENCIA PERIODÍSTICA
PROPÓSITOS PERSONALES
Páginas, atrás, se apuntó el dato -manejado por un vocero del CDE priista- de que fueron 76 los días efectivos de la campaña de Arturo Montiel Rojas, entre abril y junio de 1999. Contrástese esa cifra con