Universidad Abierta

 


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SAN AGUSTÍN, SU BIOGRAFÍA Y SU FILOSOFÍA

 

GONZÁLEZ VARAS HÉCTOR

 

INTRODUCCIÓN

 

El tema San Agustín nos remonta a la época medieval, en donde la paganidad impera en el occidente y que gracias a éste gran filósofo-teólogo se rescatan grandes valores morales ya que engrandece la fe de sus seguidores y minimiza la influencia del escepticismo maniqueo que, como sabemos se apegaba mucho a la materialidad y a la duda de todo cuanto existe, por lo que las mentes débiles de aquellos tiempos se dejaban arrastrar por estas corrientes de pensamientos las cuales satisfacían fácilmente sus vagos cuestionamientos.

Fue en el año 386 cuando San Agustín que había sido impregnado del escepticismo comenzó a sufrir una conversión intelectual debido a las lecturas realizadas de ciertos tratados platónicos, así como del nuevo testamento y los sermones de San Ambrosio.  Conversión que provocó el desarrollo de muchos escritos que posteriormente se fueron reforzando poco a poco debido a la ocupación cristiana de San Agustín.  Sin embargo él no escribió en forma científica, sino más bien teóricamente, lo cual, a falta de elementos comprobables, tanto era cuestionada como muy aceptada su ideología ya que el mundo occidental debido a su gran paganismo que había imperado ya durante mucho tiempo estaba deseoso de fe y purificación, por lo que los escritos de San Agustín reformaron en gran medida y de una manera fácil aquel vago modo de pensar, aunque no en su totalidad.

Y bien, inicio con la concepción del conocimiento de San Agustín, lo cual servirá de base para entender más claramente su filosofía.  Él concebía el conocimiento como la búsqueda del conocimiento de la verdad como camino hacia la felicidad y por ende a la verdadera beatitud; el hombre conoce mediante los sentidos verdades certeras y, mediante el alma y su reflexión sobre una verdad, al conocimiento de la verdad eterna, que corresponde al conocimiento de Dios, la cual tiene el propósito de encaminar el alma a Dios.  Este proceso del conocimiento lo considera en tres niveles a saber a) bajo – el cual corresponde a la sensación que el alma produce a los sentidos para que éstos perciban los objetos. b) Estación intermedia, corresponde a la mente juzgar sin sujeción a la sensación y c) Alto, es la mera contemplación de las cosas eternas a través del alma, lo cual corresponde a la sabiduría.

Por otra parte, el alma como instrumento inmaterial del conocimiento tiene dos vertientes, la primera, implica que cuando sólo hace uso de instrumentos corpóreos, alcanza únicamente un nivel subjetivo de conocimiento, la segunda, implica que cuando contempla en sí misma, mediante una introspección la verdadera certeza, alcanza el conocimiento de las verdades eternas.  De aquí se desarrolló el tema de la “interioridad”, sobre el cual argumenta que la fuente del conocimiento verdadero no radica en la experiencia que es exterior al hombre, sino más bien, en el interior del mismo, ya que se encuentra a Dios no al investigar sobre el mundo, sino ahondando en el alma, la cual participa de las verdades eternas, llegando así a concebir a Dios.

Sin embargo el hombre por sí solo no puede llegar al conocimiento, a través de su razón o su alma, sino que necesita de “la iluminación”, la cual corresponde a la intervención divina, Dios, que ilumina la razón del hombre para que pueda conocer.  Sobre esta teoría de la iluminación considero tres esquemas que son: el idealismo platónico – reminiscencia.  Santo Tomás y su teoría del entendimiento agente y; Agustinismo y su teoría de la iluminación.

Asimismo expongo las tres interpretaciones que se han hecho a través de la historia. a) Ontologista- Dios conoce por el hombre; b) Concordista- hace concordar la teoría de la iluminación con la teoría del entendimiento agente; c) Histórica- sólo se puede conocer el mundo desde las razones eternas.  Por último dentro del proceso del conocimiento, para que una razón sea iluminada es necesario que hablemos de una alma pura, de la buena voluntad y la pureza del corazón, como condición necesaria para la visión de la verdad y poder  gozar de ella.

La teoría del conocimiento fue aceptada pero también cuestionada, ya que menciona ideas no muy claras o comprensibles, como la idea de verdades divinas, la iluminación y Dios; por lo que ofrece una serie de pruebas, para tratar de que razonen más la idea de estos conceptos, entre las más importantes son:  “La prueba de la existencia de Dios a través del supremo bien” y “la prueba de la existencia de Dios del amor hacia la beatitud”.

Asimismo expongo el tema de “la creación”, que para San Agustín, fue un acto libre de Dios por el que creó todas las cosas a partir de la nada, por lo que, todo lo que creó, por naturaleza es bueno, y todas las cosas creadas deben su ser a Dios, las características propias de lo creado son: temporal, finito y mutable; esta creación  se impregnó de espacio y tiempo que tampoco existían, sino que son factores para determinar su finitud y temporalidad.  La materia de la cual Dios creó al mundo, pudo haber sido con forma incompleta, o materia sin forma absoluta y, si no tenía forma alguna, fue el sustrato en donde la forma impregnó su ser.  También existen dos tipos de materia, a) la espiritual, que es propia de los seres no corpóreos y b) la corpórea, la cual es propia de todo lo  material.  El tiempo no existía antes de la creación por lo que no hubo un antes previo a la creación del tiempo, éste fue creado por Dios, y sólo se concibe en relación con la materia y su movimiento, del mismo modo, la materia sólo se comprende dentro de la temporalidad.  Dios está fuera del tiempo, porque Dios no tiene un antes y un después, vive en la eternidad, la cual es atemporal.  El tiempo, sin embargo, no está en la materia, sino en el alma y ésta lo percibe a través de la memoria al tiempo pasado, la intuición al tiempo presente y la espera al tiempo futuro.

Dios que es el autor de esta compleja creación, tiene una trinidad, por lo que Dios es Uno y Trino a la vez, y se considera en un plano de igualdad en donde Dios Padre, Dios Hijo y Dios Espíritu Santo son exactamente lo mismo, y en donde uno de ellos no es menor a los otros dos, o viceversa, tampoco se logra diferenciarlos por su esencia, más que por su nominación, ya que si de relaciones hablamos, Dios es Padre, Hijo y Espíritu Santo a la vez, los tres se corresponden así mismo, y aunque el Hijo procede del Padre, no son diferentes, ya que son una misma esencia, tampoco uno puede ser  más grande que el otro ya que existen en la eternidad, en donde no hay un tiempo que determine cuando inicio uno y cuando surgió el otro.  La mente humana es imagen de la Trinidad, porque también ella es una y trina, en la medida en que es mente, y como tal se conoce y se ama, por lo tanto, la mente, su conocimiento y su amor son tres cosas, y estas tres cosas no son más que una y cuando son perfectas, son iguales.  Resalta el problema metafísico en donde se cuestionan ¿por qué, y cómo, de lo Uno han surgido los muchos? a este cuestionamiento antepone San Agustín una solución creacionista, en donde  la creación de las cosas se produce de la nada, y así, una realidad puede proceder de otra por tres vías: a) por creación de la nada absoluta, Dios genera de su propia  substancia al hijo que, como tal, es idéntico al padre, pero crea al cosmos de la nada, b) por generación, el hombre sabe generar los hijos c) por fabricación, el hombre sabe producir las cosas artificiales, pero no sabe crear.  Dios  al crear, convierte las ideas en pensamientos, por lo que cada cosa ha sido creada de acuerdo con su propia razón o idea; la razón o idea original de cada cosa creada, la llama su “razón seminal”, en base a la cual el hombre, las plantas, las aves, etc. tienen su origen  y de la cual se desprendieron en la forma que actualmente poseen.  Las ideas son números que considera San Agustín, como el principio del orden y de la forma, de la belleza y la perfección, de la proporción y la ley.  Las ideas son números eternos y los cuerpos números temporales.  Las razones seminales son números escondidos y los cuerpos números temporales.  Las razones seminales son números escondidos y los cuerpos números manifiestos, la jerarquía de los seres comienza en el supremo Uno, Dios.

Dios dentro de su creación hizo al hombre con mayores aptitudes y, San Agustín lo considera su máxima creación material, ya que lo dotó de razón, inteligencia y alma, por lo que puede conocer y diferenciar lo bueno y lo malo.  El alma que le dio al hombre, es inmortal, ya que ésta tiene su esencia  en un principio que no admite contrario, que es la vida; para ser salvada el alma debe conducirse siempre hacia el bien para obtener la felicidad y llegar a la beatitud.  Independientemente de que se expone que el alma procede de Dios, es importante mencionar también que  San Agustín expresa la forma en que el hombre recibe su alma, para ello su inclinación fue hacia el tradicionalismo, el cual considera, creó todas las demás almas en la de Adán, de tal forma que éstas fuesen transmitidas por los padres, por lo que los hijos heredan el pecado original como un reto, que al igual que el padre tenían que vencer, para salvar su alma.

Destaco la ética de San Agustín, para exponer brevemente su ideología que considero de mayor importancia, como algo mayormente propio del autor, ya que aquí no se encuentra ninguna influencia de algún otro pensador.  Y volviendo un poco al tema de la creación, en donde el hombre es dotado de razón, inteligencia y alma, a través de lo cual puede elegir o diferenciar el bien y el mal, esto corresponde a la libertad que tiene el hombre para conducirse de acuerdo a su libre arbitrio, por lo que decimos  al modo de San Agustín, que la voluntad es libre pero sujeta de obligación moral, que el libre arbitrio es la facultad de elegir el bien con respecto a un mal.  Sin embargo, esta libre voluntad debe buscar necesariamente la felicidad y la satisfacción, las cuales sólo se pueden encontrar en Dios.  Al hablar de libertad, ésta se pone en tela de juicio, ya que, sólo Dios es totalmente libre porque él no está sujeto a nada; pero si nos referimos a la libertad de él, por ignorancia se siente libre, pero en realidad, Dios sabe anticipadamente la razón de sus actos y su futuro, de ahí que en éste aspecto no es libre.  La libertad del hombre se la dio Dios, por su libre arbitrio y si el hombre pudiera predecir el futuro, entonces no necesitaría el libre arbitrio.

El fundamento de la moral, lo constituye la ley eterna, la cual es la razón que prescribe conservar el orden de la naturaleza  y prohibe el perturbarlo; por lo que la buena voluntad que está en la observancia del orden es buena y, la que lo perturba es mala.  La voluntad divina no puede actuar en contra del orden de la naturaleza y mucho menos del ser humano, porque éste es libre; tampoco puede ejercer su poder arbitrariamente sobre la naturaleza humana a través de los males, porque éstos no los dio Dios al mundo. 

La voluntad humana, para alcanzar el deber ser, que corresponde a la ley moral y que significa el grado para poder unirse con Dios, necesita de la gracia que el creador otorga solamente a las voluntades buenas.

Por otra parte, cuando hablamos del mal, nos referimos a algo que no es, o algo que tiende hacia el no ser; Dios no creó el mal, ya que de él sólo pueden emanar cosas buenas; más bien, el mal se deriva de lo creado, como una desviación del deber ser, un alejarse de Dios.  De ahí que San Agustín  dice:  El bien que hay en mí es obra Tuya, un don Tuyo, el mal que hay en mí, es mi pecado.  Referente al tema del mal, plantea tres planos:  a) El mal metafísico – ontológico.  En el cosmos no existe el mal, sino que existen solamente grados inferiores de ser en comparación con Dios.  b) El mal moral es el pecado, y el pecado depende de la mala voluntad y ésta a su vez no tiene una causa eficiente sino, más bien, una causa deficiente.  c) El mal físico, al que corresponden las enfermedades, los padecimientos, los dolores  anímicos y la muerte, como consecuencias.

En el tema de las dos ciudades, San Agustín expone que la moralidad es el amor a Dios, y el alejamiento de Dios, el mal moral.  Por lo que la especie humana la divide en dos campos, el de los que aman a Dios, por encima de sí mismos, la Ciudad de Jerusalén, o ciudad de Dios; y el de los que se aman así mismo, llegando hasta el desprecio de Dios, la ciudad de Babilonia o ciudad Terrena.  Estas dos ciudades tienen un correlativo en el más allá, en el ejército de los ángeles rebeldes y en el de los que permanecieron fieles a Dios.

 

OBJETIVOS

 

1.       Exponer biográficamente al autor, para ubicarlo en su contexto social y poder entender su inclinación hacia la filosofía-teología.

2.       Dilucidar la influencia de San Agustín para la transformación cultural de la época medieval en occidente, principalmente contra el paganismo, el escepticismo académico y el maniqueísmo.

3.       Compilar las principales concepciones, teorías y doctrinas del autor, con referencia a sus más importantes temas, para que sirva de vehículo hacia el análisis y crítica, despertando el interés de la investigación sobre algún punto concreto.

4.       Dar a conocer la extensión del pensamiento agustiniano del siglo  XIII a nuestra época.

 

SAN AGUSTÍN

 

BIOGRAFIA:

 

Aurelio Agustín

 

Uno de los grandes precursores de la patrística latina, tanto desde el punto de vista teológico como desde el literario, un hombre que dominó el pensamiento occidental hasta el siglo XIII.

Nació el 13 de noviembre del año 354, en Tagaste, en la provincia de Numidia, situada al Norte de Africa, ahora llamada Souk-Ahras, Argelia.  De padre pagano, Patricio y de madre cristiana, Mónica.  También tenía dos hermanos Navigio y Perpetua.

En el año 365 Agustín inicio el estudio de la gramática y la literatura latinas, en Madaura, una ciudad pagana.  En 370 año en que murió su padre, después de hacerse católico, Agustín comenzó sus estudios de retórica en Cartago.  Debido a las circunstancias, tradiciones, ritos obscenos y su corta edad, no tardó en buscarse una amante con la que vivió durante diez años, y de la que tuvo un hijo de nombre Adeodato, en su segundo año en Cartago, lo cual no influyó en sus estudios.

Poco después de leer el Hortensio de Cicerón, debido a su mente juvenil, Agustín aceptó las enseñanzas de los maniqueos, lo que le parecía más racional que las ideas bárbaras de su tiempo o las doctrinas ilógicas del cristianismo.  Alejado del cristianismo en el año 374, Agustín regresó a Tagaste, y enseñó allí gramática y literatura latinas durante un año, tiempo en el cual abrió una escuela de retórica en Cartago, año en el que ganó un premio de poesía y publicó su primer obra en prosa,  De pulchro et apto.

Durante su estancia en Cartago, Agustín empezó a no creer por completo en los maniqueos, ya que éstos  no respondían satisfactoriamente a todos sus cuestionamientos.  En el año  383, partió para Roma, en donde abrió una escuela de retórica, dejándola después por el puesto de profesor municipal de retórica en Milán, en 384, pero antes de abandonar Roma dejó allí la mayor parte de su fe maniquéa, e inclinado al escepticismo académico, ya que aun no renunciaba por completo y conservaba opiniones maniqueas, por ejemplo, el materialismo.

Agustín en aquel tiempo leyó ciertos tratados “platónicos” que probablemente eran las Enneadas de Plotino, lo cual le liberó del materialismo, concibiendo una realidad inmaterial, lo que hizo posible a Agustín que viese la razonabilidad del cristianismo; empezó entonces a releer el Nuevo Testamento (escritos de San Pablo), lo que  le provocó una conversión moral y de la voluntad; además de la conversión intelectual que le había ya causado las lecturas neoplatónicas.  Otra influencia importante fueron los sermones de San Ambrosio Obispo de Milán.  Esa conversión ocurrió en el verano de 386.

De vuelta a Milán fue bautizado por San Ambrosio junto con su hijo Adeodato el sábado santo del 387 poco después de lo cuál regresó a Africa.  Su madre, que había pasado a Italia, murió en Ostia y, para su mala suerte un año después en el 388, sufre la muerte de su hijo que vivía con él.  Situación dolorosa que influyó para que se dedicase por completo a la religión, por lo que de regreso a Tagaste, san Agustín estableció una pequeña comunidad monástica en el periodo 388-91.  En el 391 el obispo de Hipona le ordenó sacerdote, en donde estableció un monasterio.  En el año 395-6 Agustín fue consagrado obispo auxiliar de Hipona, y fundó allí otro establecimiento monástico poco después de su consagración.  En esta época fue donde precisamente se empezó a llamar de Hipona.  Cuando Valerio, obispo titular de Hipona, murió en 396, Agustín le sucedió en el cargo en el que permaneció hasta su muerte.

El santo fundó también una comunidad femenina, tras la muerte de su hermana, que fue la primera “abadesa”, el santo escribió una carta en la que da sermones y en ella se encuentra comprendida la “Regla de San Agustín”, en la cual se han basado fundadores de comunidades en todo el mundo.  Durante ese periodo escribió aun más obras y en el año 426, pensando que ya no viviría mucho tiempo, proveyó para el futuro de su diócesis nombrando un sucesor, el sacerdote Eraclio.  El 28 de agosto del año 430, murió de muerte natural, durante el asedio que los vándalos impusieron a Hipona.  Sus restos mortales descansan en Pavía.

San Agustín, veía la sabiduría cristiana como un todo; que trataba de penetrar la fe cristiana mediante su entendimiento, para ver el mundo y la vida humana a la luz de la sabiduría cristiana.  San Agustín no desempeñó  dos papeles, el papel de teólogo y el papel de filósofo que considera al “hombre natural”, él pensaba más bien en el hombre tal como es en concreto, humanidad caída y redimida, hombre que es ciertamente capaz de alcanzar la verdad, pero que es constantemente solicitado por la gracia de Dios, y que necesita de esa gracia para apropiarse de la verdad salvadora.

Fue un escritor de más de 500 sermones, así como de obras muy importantes entre las que destacan:  las confesiones (derivado de la muerte de su madre), la verdadera religión (388-91 en Tagaste), la ciudad de Dios (413-426, 22 libros), la inmortalidad del alma y la ciencia cristiana.

La Teología cristiana está basada en su mayor parte en la extraordinaria riqueza del agustinismo.  Tanto la iglesia católica como la iglesia protestante (Juan Calvino y Martín Lutero), han sido influenciadas por el pensamiento de San Agustín y sin duda este hombre ha sido el más grande filósofo del cristianismo primitivo.

 

EL CONOCIMIENTO

 

CONOCIMIENTO EN VISTA A LA BEATITUD.

 

La búsqueda del conocimiento de la verdad, se da, porque éste aporta la verdadera felicidad, la verdadera beatitud.  Solamente el sabio puede ser feliz, y la sabiduría requiere del conocimiento de la verdad.  La felicidad se encuentra más bien, en la persecución de la verdad que en el logro y posesión  actual de la misma.  Por lo que aquí se analiza es que excluye al ignorante o al torpe de poder alcanzar la verdadera felicidad, al no contar con la capacidad o la inquietud del conocimiento.

Agustín deja en claro, que el hombre es temporalmente feliz, en cuanto va encontrando  la  verdad  de  lo  que  está  buscando, pero no se le puede llamar - verdaderamente feliz en tanto no la ha encontrado absolutamente.  Sin embargo, uno es el conocimiento de verdades certeras y otro el de las verdades eternas y necesarias.  Para lo cual san Agustín explica, que es a través de los sentidos que conocemos a las verdades certeras y que es a través del alma y su reflexión sobre el conocimiento de una verdad, como se llega al conocimiento de la verdad eterna y necesaria, la cual corresponde al conocimiento de Dios y de su actividad.

 

CONTRA EL ESCEPTICISMO.

 

En su escrito “Contra Académicos”, San Agustín muestra que la sabiduría pertenece a la felicidad y que el conocimiento de la verdad pertenece a la sabiduría; por lo que el escéptico está equivocado al no aceptar la existencia de la verdad; y para demostrar esta equivocación se remite a las siguientes proposiciones con sus respectivos ejemplos y conclusiones.

Primera proposición; los escépticos están ciertos de algunas verdades, ya que de dos proposiciones disyuntivas contradictorias una es verdadera y la otra falsa.

Ejemplo.  Yo sé que el mundo, o no tiene principio ni fin, o tiene principio pero no fin, o no tiene principio pero tendrá fin, o tiene principio y fin. 

Conclusión.  En este ejemplo al menos estoy cierto del principio de no contradicción.

Segunda proposición; aún cuando a veces me engañe el pensar que la apariencia  y la verdad siempre se corresponden, estoy al menos cierto de mi impresión subjetiva.

Ejemplo.  La mera apariencia del remo torcido no es un engaño, porque habría algo mal en mi vista si mis ojos me lo presentarán recto.  Si yo voy más lejos  y juzgo que el bastón está doblado, realmente me equivoco, pero mientras me limito a decir, “me parece torcido”, digo la verdad.

Conclusión.  “Entonces, no demos nuestro asentimiento más que al hecho de la apariencia, y no nos engañaremos.  Porque no veo cómo el escepticismo podría refutar al hombre que dice: Sé que ese objeto me parece blanco, sé que ese sonido me agrada, sé que ese olor me gusta, sé que eso es suave a mi tacto, sé que siento frío al tocar eso”.

San Agustín  hace referencia en ese pasaje a los epicúreos, y está claro que, lo que quiere decir es que los sentidos, como tales, nunca mienten ni nos engañan, aunque podamos engañarnos a nosotros mismos al juzgar que las cosas existen objetivamente del mismo modo en que nos aparecen.

Por otra parte, Agustín, expone que la duda misma del existir de una persona, lo lleva a reflexionar sobre su propia contradicción, ya que el que duda, tiene la certeza de que duda; además de que si no existiera no podría dudar.  En base a esta explicación Agustín refuta a los escépticos, dejando ver que si ciertas dudas son verdaderas, es imposible dudar absolutamente de todo, ya que se caería en la contradicción.

Aún suponiendo que dude de la existencia de otros objetos creados o de Dios, el hecho mismo de su duda muestra que él existe, porque no podría dudar si no existiera.  Ni sirve de nada sugerir que uno podría engañarse al pensar que existe, porque “si no existes no puedes engañarte en nada”.  De ese modo, Agustín anticipa a Descartes:  Si fallor sum.

Con relación a la existencia, Agustín une la vida y el entendimiento.  Manifiesta que está claro para un hombre el que él existe, y que por ende vive.  También está claro que entiende tanto el hecho de su existencia como el hecho de que vive.  Por tal razón, está cierto de que existe, de que vive, y de que entiende.  Por tanto Agustín refuta a los escépticos diciendo que sería inútil que dijeran que el hombre sueña y ve esas cosas en sueños, porque el hombre no afirma que está despierto, sino que vive:  “tanto si duerme como si está despierto, vive”.  Aun cuando estuviese loco, seguiría estando vivo.

 

EL CONOCIMIENTO A TRAVÉS DE LA EXPERIENCIA Y EL ALMA.

 

Existen dos tipos de conocimiento; 1º: el conocimiento a través de los sentidos, por el cual conocemos las cosas materiales, de lo cual no nos podemos fiar ya que en ocasiones depende del estado de ánimo, por lo que percibimos de manera diferente las cosas.  2º: El conocimiento  a través del alma, que en un ejercicio introspectivo nos acerca más a la concepción de las verdades divinas, eternas e inmutables.

Los objetos corpóreos (materiales), que percibimos, son el punto de partida para llegar a la concepción de Dios, sin lograr su verdadera concepción, por la vía de los sentidos.

Alma y Dios, son los puntos clave del conocimiento; ya que lo percibido por los sentidos, a través del alma y de una manera introspectiva, los asimila conforme a las ideas o verdades divinas, las cuales corresponden solamente a Dios, encaminando de esta manera el alma hacia Dios.

“Una cosa es admitir la posibilidad de error en el conocimiento de los sentidos, y otra completamente distinta rehusar todo crédito a los sentidos”.

“Si no obtenemos verdadero conocimiento”  de los objetos sensibles, se debe no meramente a una   deficiencia de parte del sujeto, sino también a una radical deficiencia del objeto”. Con lo que queda claro que las verdades divinas, eternas e inmutables, no pueden ser aprendidas por el hombre a través de los sentidos, ya que éstas están por encima de la mente humana y, lo único que pueden aprender son ideas o prototipos, pero que sin embargo es importante el ejercicio del conocimiento para encaminar el alma hacia Dios.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


La razón  por la cual hacemos buen uso de las cosas temporales corresponde al conocimiento y la razón por la que podemos contemplar las cosas eternas corresponde a la sabiduría.  El ideal es que la sabiduría contemplativa aumente, pero al mismo tiempo nuestra razón se dirija en parte al buen uso de las cosas mutables y corpóreas, siempre que, hagamos servir  a éstas para el logro de las cosas eternas.

En el proceso del conocimiento San Agustín determina que los objetos de los sentidos, las cosas corpóreas son inferiores al entendimiento humano, que juzga de éstas en relación con un modelo, respecto del cual se quedan cortas; pero hay otros objetos de conocimiento que están por encima de la mente humana, en el sentido de que son meramente descubiertas por ésta, que necesariamente asiente a las mismas y no piensa en juzgar que deberían ser de otra manera que como son.  Por ejemplo, “el geómetra considera líneas y círculos perfectos, y juzga de las líneas y círculos aproximados de acuerdo con aquel modelo perfecto.  Las cosas circulares son temporales y pasan la naturaleza de la circularidad en sí misma, la idea de círculo, su esencia no cambia” y esa verdad descubierta es necesaria y eterna, no depende del mundo sensible ni de la mente humana.  Tales verdades eternas son comunes a todos. Mientras que las sensaciones son privadas, en el sentido  de que, son relativas a los hombres según su percepción, ya que si algo para mí es tibio tal vez para otro es frío.

Al percibir entonces, a las verdades eternas  como ideas ejemplares, decimos al modo de San Agustín que estas están en Dios, pero esto no es explicable a través del mundo corpóreo, ya que las ideas son exhipótesis, inmateriales e impersonales.  Se interpretaron las ideas de Platón como pensamientos de Dios, y las situaron en el Nous, la mente divina, emanada del uno como su primera hipótesis.  Podemos decir que Agustín adoptó esa posición, siempre que tengamos en cuenta el hecho de que él no aceptó la teoría neoplatónica de la emanación.  Las ideas  ejemplares e inmutables  de las cosas,  que no han sido a su vez formadas, sino que, existiendo eternamente y sin cambios, están contenidas en la inteligencia divina”.

Recordemos nuevamente que para tener un nivel de conocimiento alto, es decir, de las verdades eternas e inmutables, es necesaria, la intervención del alma, la cual participa por su naturaleza de las ideas divinas, por lo que hago mención de las vertientes del alma racional como vía al conocimiento.

Existen dos vertientes acerca del alma racional, en el ejercicio del conocimiento:

a)       La cual alcanza verdadera certeza cuando contempla en sí misma, a través de la introspección, las verdades eternas.

b)       Cuando se vuelve hacia el mundo material y hace uso  de instrumentos corporales, sólo alcanza un nivel de conocimiento subjetivo.

Para llegar a la sabiduría-contemplación de las cosas eternas según Agustín, es olvidándose temporalmente de las cosas mutables y corpóreas y trata de explicar que es a través del ejercicio de la mente introspectiva, que logra ser iluminada por la mente divina, lo que hace posible que encuentre en sí misma la verdad absoluta, eterna e inmutable.

Debido a que el hombre es una creación de Dios, éste tiene algo de divino, pero que es imperfecto y eso le permite conocer tanto lo corpóreo e imperfecto a través de los sentidos, como lo verdadero y eterno a través del alma.

De acuerdo a la interpretación de Copleston, San Agustín era impreciso en tanto que decía que,  “un hombre puede percibir verdades eternas y necesarias, principios matemáticos, por ejemplo: sin ser en absoluto un hombre bueno” “cómo podría San Agustín haber supuesto que semejante hombre contempla la esencia de Dios, cuando en su doctrina espiritual  insiste tanto en la necesidad de purificación moral para aproximarse a Dios”. ¿Cuándo sabe que la visión de Dios está reservada a los que se salvan, en la vida futura?. Parece inconcebible que San Agustín enseñase que el alma, al aprender verdades eternas y necesarias, aprenda realmente el contenido mismo de la mente divina, si en el “De quantitate animae” afirma con toda claridad que la contemplación de la belleza tiene lugar al final del ascenso del alma.  Esta confusión se debió a que San Agustín tomo los pasajes platónicos y neoplatónicos que, tomados al pie de la letra, no encajan en la dirección general de su pensamiento. Por lo que se cree que probablemente este aspecto no fue elaborado por San Agustín.  Sin embargo según Copleston es “preferible suponer que las ideas y verdades eternas, que están en Dios, cumplen una función ideogenética; es decir, que se trata más bien de que la “luz” que procede de Dios capacita a la mente humana para que vea las características de inmutabilidad y necesidad de las ideas eternas”.

 

LA INTERIORIDAD

 

En la obra de “la verdadera religión” capítulo 39 en el No. 72 y 73 San Agustín hace una exposición  muy clara por lo que él concibe este proceso llamado interioridad.

La fuente del conocimiento verdadero no radica en la experiencia y la razón por la que no radica en la experiencia, es por la mutabilidad, sino radica en la experiencia,  es que es exterior  al hombre,  por lo  que hay la necesidad  de buscar  la verdad  en otra parte y por esto  recurre a  la interioridad.  La fuente de la verdad radica en el interior del hombre, no es producto del hombre, sino es un hallazgo suyo y cuando se descubren no se renuevan.  Si la verdad no está en el exterior, sino más bien en el interior del hombre, es cierto que existen ciertas proposiciones verdaderas las cuales son inmutables.

“Se encuentra a Dios no al investigar sobre el mundo, sino ahondando en el alma nuestro pensamiento es recuerdo de Dios, el conocimiento que se encuentra con El es inteligencia de Dios y el amor que precede de uno y de otro es amor de Dios.  En el hombre, por lo tanto, hay algo más profundo que el hombre mismo.”

El verdadero conocimiento es aquel que se encuentra no a través de los sentidos o fuera de sí, sino más bien, dentro de sí, en un ejercicio introspectivo del alma la cual participa de las verdades eternas.

 

LA ILUMINACIÓN

 

En ningún momento Agustín trata la iluminación con un carácter de sobrenaturalidad, por tanto se habla de una iluminación de orden natural.  La teoría de la iluminación, consiste en una intervención divina, Dios es la intervención que ilumina la razón del hombre para que pueda conocer y, esto es opuesto a la sobrenaturalidad; para Agustín esta intervención es natural.

El conocimiento del hombre y el conocimiento de Dios se ilumina recíprocamente, de forma casi en espejo, y realizan a la perfección, el proyecto del filosofar agustiniano: conocer a Dios y a la propia alma, a Dios a través del alma y al alma a través de Dios.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


ILUMINACIÓN. es la luz que ilumina el intelecto humano, para que éste pueda trascender lo sensible e intuir las verdades inmutables.

La iluminación consiste en que, la verdad se irradia desde la idea de Dios, sobre el espíritu del hombre, es decir, Dios es luz que ilumina al hombre.

¿De qué manera puede el hombre conocer el mundo?

Es cierto que el hombre tiene razón, como es cierto que la razón la debe ejercer para conocer el mundo y, cada vez que la ejerza habrá una intervención divina.

El hombre conoce también a través de lo sensible, pero no es lo sensible a través de lo que conocemos lo verdadero, sino más bien, los sentidos sólo son sensaciones que produce el alma, la cual es la que conoce.

Cuando el hombre conoce al mundo, se da una intervención divina (iluminación), la que le permite conocer una verdad y esto no lo hace a través de lo sensible, sino a través de la interioridad.

Lo verdadero lo percibimos a través de las formas, sin embargo no conocemos su interioridad, esto sólo se logra por medio de una intuición intelectual; y a esto Agustín le llama las verdades eternas.

Esta teoría de la Iluminación tiene tres interpretaciones que han hecho a través de la historia.

 

a)       Ontologísta:  Esta doctrina sostiene que la mente humana intuye de manera inmediata y directa las verdades eternas, existentes en la mente divina, es decir, que esta interpretación nos señala que es Dios quien conoce por el hombre.

b)       Concordista: Esta teoría reduce la Iluminación divina, a la teoría del entendimiento agente, es decir, que hace concordar, la teoría de la Iluminación con la teoría del entendimiento agente.

c)       Histórica: Pretende explicar la Iluminación desde el texto no muy explícito, no muy claro de Agustín al respecto, sostiene que sólo se puede conocer el mundo desde los módulos o razones eternas.

 

IDEAS DIVINAS

 

La solución a este problema epistemológico, consiste en que, la verdad en el hombre, es una participación absoluta que existe en Dios.

Dios participa de su verdad depositando ésta en el interior del hombre e iluminándole para su conocimiento.

Las ideas y las razones eternas, explican y fundamentan el ser de la verdad y éstas se encuentran en Dios.  El mundo inteligible es constituido por el espíritu de Dios, siendo éste el que mueve el espíritu humano a través de una inmediata iluminación.

Como último punto a este tema expone San Agustín que, para tener la visión de las verdades eternas, es necesario tener un alma santa y pura que vea las ideas con esta mirada para similar a las ideas mismas.  Se trata del antiguo tomado de la purificación y de la asimilación a lo divino como condición de acceso a la verdad que habían desarrollado los platónicos sobre todo y que en San Agustín se enriquece con los valores evangélicos posteriores:  “la buena voluntad y la pureza del corazón.  La pureza del alma se convierte en condición necesaria, para la visión de la verdad, además de ser imprescindible para gozar de ella.”10

 

SAN AGUSTIN – DIOS

 

LA VERDAD ABSOLUTA COMO PRUEBA DE LA EXISTENCIA DE DIOS.

 

Para demostrar la existencia de Dios, se basa en la existencia de una verdad absoluta.  ¿Cómo llegar a esta verdad?.  Señala que por medio de la conciencia el hombre descubre verdades con carácter universal como.  El pensar, el existir etc. atribuyéndoles o asignándoles a estas verdades las propiedades de eternas, inmutables y necesarias.

La relación de estas verdades con Dios, es que no se llega a Dios por vía de la causalidad, sino, dice que Dios mismo es aprendido en las verdades mismas.  “primero se pasa desde la exterioridad de las cosas a la interioridad del alma humana y luego, desde la verdad que esta presente en el alma hasta el principio de toda verdad, que es precisamente Dios”.

 

PRUEBA DE LA EXISTENCIA DE DIOS A PARTIR DEL MUNDO CORPÓREO.

 

Expresa en términos generales a través de su obra “la ciudad de Dios”, que tal mundo con todas sus características como el orden, disposición, belleza, cambio y movimiento del mundo y de todas las cosas visibles, sólo pueden haber sido hechos por Dios, el perfecto, el inefable e invisiblemente grande y bello.

Ese Dios creador que da la fuerza constante para que todas y cada una de las criaturas existan  y que sin esa fuerza en un solo instante sus formas dejarían de ser y su naturaleza entera perecería.

 

PRUEBA DE LA EXISTENCIA DE DIOS A TRAVÉS DEL CONSENTIMIENTO

UNIVERSAL.

 

Todo ser racional, a excepción de unos pocos, confiesa que Dios es el autor del mundo.  Aun cuando algunos conciben la existencia de una pluralidad de dioses, intentan concebir al único Dios de dioses como algo más excelente y más sublime.

 

PRUEBA DE LA EXISTENCIA DE DIOS A TRAVÉS DEL SUPREMO BIEN.

 

En la “Trinidad” se sostiene que se halla en los diversos grados del bien, desde los cuales se asciende hasta el primer y supremo bien, que es Dios.  Consideramos un sin número de cosas buenas de acuerdo a nuestros criterios, pero sólo Dios no recibe su bondad de otro bien, sino que es el bien de todo bien.

 

PRUEBA DE LA EXISTENCIA DE DIOS A TRAVÉS DEL AMOR HACIA LA BEATITUD.

 

“El amor puede definirse como un peso, como una fuerza que nos impulsa hacia nuestro bien; es el motor de todo movimiento (del deseo o del espíritu).  Si alcanza su objeto final, más allá de los objetos perecedores, es la beatitud”.

Esta prueba finaliza con el amor de Dios.  Agustín nos muestra a Dios para gozar de él, para colmar el vacío de su alma, para poner fin a la inquietud de su corazón, para ser feliz.

 

PRUEBA NOOLÓGICA DE LA EXISTENCIA DE DIOS.

 

Es la conciencia al descubrir  las verdades eternas, necesarias e inmutables en las cuales intuye a Dios.

 

PRUEBA TELEOLÓGICA DE LA EXISTENCIA DE DIOS.

 

Esta prueba está basada en la finalidad.  Todas las cosas que existen en el mundo tienen una finalidad, y esta es Dios.

 

CONSIDERACIONES GENERALES DE SAN AGUSTÍN QUE ATRIBUYE A DIOS PARA DEMOSTRAR SU EXISTENCIA.

 

El orden y la unidad de la naturaleza proclaman la unidad del creador.

La bondad de las criaturas, su realidad positiva, revela la bondad de Dios.

El orden y la estabilidad del universo manifiestan la sabiduría de Dios.

“Dios como ser autoexistente, eterno e inmutable, es infinito y como infinito, incomprensible.

Dios es su propia perfección, es “simple”, de modo que su sabiduría y conocimiento.  Su bondad y poder son su propia esencia, que es sin accidentes.

Dios no está en ningún intervalo, ni extensión de tiempo, sino que en su inmutable eternidad es más antiguo que todas las cosas y más joven que todas las cosas.

 

SAN AGUSTIN - EL MUNDO