Universidad Abierta
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LA TOMA DE CONCIENCIA.
PSICOLOGÍA DEL NIÑO.
EMILIA ISABEL GIL PARRA.
CONTENIDO:
q
Introducción.
q
Ensayo "Psicología del niño".
q
Síntesis "Psicología del niño".
q
Preguntas "Psicología del niño".
q
Biografía "Jean Piaget".
q
Bibliografía.
q
Ensayo "La toma de conciencia".
q
Síntesis "La toma de conciencia".
q
Preguntas "La toma de conciencia".
q
Conclusiones.
INTRODUCCIÓN.
Uno de los principales
retos que se propone lograr el Sistema Educativo Nacional es el de la equidad.
Pero hablar de equidad supone escudriñar toda la estructura educativa para
detectar aquellos elementos que afectan la labor educacional.
En lo que compete a los docentes,
se requiere de la participación activa y consciente para contribuir en el
engrandecimiento de la patria. Y una de las acciones que debe emprender es la
de ser investigador de su propia práctica. Para ello es necesario que cuente
con un soporte teórico-metodológico que le permita reflexionar sobre ella.
Afortunadamente, en la
actualidad se cuenta con grandes aportaciones realizadas por psicólogos y
pedagogos, que vienen a fortalecer los procesos de enseñanza-aprendizaje,
mediante el conocimiento del niño, su desarrollo y evolución. Resquebrajándose
de esta forma los cánones tradicionalistas de enseñanza.
Lo importante aquí no es la
memorización de cada uno de los estadios del niño; sino el conocimiento o
aproximación a un ser dispuesto a participar activamente en su propio
aprendizaje en base a sus propias estructuras.
El presente trabajo pues,
no pretende ser un tratado de psicología, sino una reflexión crítica acerca de
los niños, que nos ayude a entenderlos y conocerlos en su real dimensión.
ENSAYO.
Indudablemente, la
educación constituye el pilar fundamental del desarrollo de los pueblos; por
ello, es de importancia capital que el docente se transforme en un investigador
de su propia práctica, para que busque elementos teórico-metodológicos, que le
permitan modificar los procesos de enseñanza - aprendizaje y la estructura de
las relaciones maestro-alumno.
Uno de los investigadores
que debido a sus aportaciones ha contribuido a la mejora de la práctica
educativa es sin duda alguna, el que ocupa hoy nuestra atención: Jean Piaget,
quien con su teoría constructivista ha dado un giro sustancial a la enseñanza.
La Psicología del niño
estudia el crecimiento mental o el desarrollo de las conductas, hasta llegada
la adolescencia, que es cuando el individuo penetra en la sociedad adulta. Aquí
se toma en cuenta la influencia del ambiente, visto desde una perspectiva
orgánica y mental, acudiendo a los factores de maduración biológica, ala
experiencia adquirida y a la vida social en general.
Parte del supuesto de que
todo individuo, de la cultura que fuese, pasa por las mismas etapas o periodos
cognitivos y cada periodo a su vez, constituye la base del siguiente.
Clasifica sus estudios en
cuatro períodos; sensorio - motor, preoperatorio, y operaciones formales; cada
una con ciertas ocasiones se repiten en los periodos operaciones concretas
características que en subsecuentes.
Se observa en este trabajo
que Piaget aborda el aprendizaje en sentido estricto, ya que considera que se
adquiere información específica del medio y en sentido amplio al hablar de
progreso en sus estructuras cognitivas, por procesos de equilibración, que a su
vez, constituye el postulado central en la teoría constructivista.
Considera también que el
progreso cognitivo no es consecuencia de la suma de pequeños aprendizajes
puntuales, sino que esta regido por un proceso de equilibración; produciéndose
el aprendizaje cuando tiene lugar un desequilibrio o conflicto cognitivo.
Para explicar el equilibrio
hace referencia a dos de los procesos minúsculos que son muy conocidos:
Asimilación y acomodación. Estos dos procesos se refieren no solo a cómo
conocemos el mundo en un momento determinado, sino también a cómo cambia
nuestro mundo sobre él. En cuanto al acto de conocer y el cambio del conocimiento,
su posición es constructivista.
En este trabajo se plantea
la asimilación como la integración de elementos exteriores a las estructuras en
evolución o ya acabadas en el organismo. Conceptualizándose de esta manera,
como el proceso por medio del cual el individuo interpreta la información que
proviene del entorno en función de sus esquemas, que vienen siendo las
estructuras conceptuales disponibles.
Tenemos entonces, que
aunque el individuo se vea enfrentado a un estimulo sin significado, asimila
ese estimulo a uno de sus esquemas o conceptos disponibles.
Se entiende que todo
nuestro conocimiento proviene de nosotros mismos o sea, que el mundo carece de
significados propios y somos nosotros, los que proyectamos o dotamos de
significado a las cosas; asimilamos las vagas o tenues formas del mundo a
nuestras propias ideas y a nuestro particular modo de ver el entorno; surgiendo
entonces el conocimiento de los objetos, y adaptando las cosas a la forma y el
conocimiento de nuestros conceptos.
Pero esto no es posible
hasta cierto punto, ya que aunque impongamos sobre la realidad nuestros propios
significados, el mundo se rige por sus propias normas, reglas o leyes y por
ello se da el fenómeno de la acomodación.
De esta forma, se entiende
la acomodación como el proceso por el cual nuestros conceptos o ideas se
adaptan recíprocamente a las características, vagas pero reales, del mundo.
Además, Piaget explica el cambio de los esquemas, cuando la educación no se
produce.
Si los esquemas existentes
para permitir que se pueda asimilar una situación determinada, se llevará a que
se modifique alguno de esos esquemas, mediante la adaptación de las
características de la situación existente. La adquisición de nuevos esquemas
por modificación de otros conceptos anteriores son ejemplos claros de este
proceso de acomodación. Así tenemos que la mayoría de los conceptos cambian con
el transcurso del tiempo, porque algunos tienen diferentes ascensiones, tales
como la palabra "burro", que puede ser entendida por el niño para
identificar un animal que tiene determinadas características y posteriormente
la palabra burro para él puede tener el significado de "tonto", por
citar algún ejemplo.
La acomodación supone no
solo una modificación de los esquemas previos en función de la información
asimilada, sino también una nueva asimilación o reinterpretación de los datos o
conocimientos anteriores en función de los nuevos esquemas construidos. La
adquisición de un nuevo concepto puede modificar o cambiar toda la estructura
conceptual precedente.
Pero hay otro detalle que
se debe analizar y es cuando los conocimientos nuevos tienen nuevas
implicaciones y es cuando se reducen a un saber aislado; integrándose a
estructuras de conocimiento ya existentes, modificándose levemente o viéndose
en la necesidad de reestructurar por completo sus conocimientos anteriores.
De esta forma podemos
detectar que la asimilación y la acomodación se implican por imperiosa
necesidad, lo que quiere decir que no hay asimilación sin acomodación, pero
ésta tampoco existe sin una asimilación simultánea.
En cuanto a esto se puede
decir que el progreso de las estructuras cognitivas se basa en una tendencia a
un equilibrio creciente entre ambos procesos.
Por eso, podemos deducir,
que en cuanto mayor sea ese equilibrio, menores serán los fracasos o los
errores producidos por asimilaciones o interpretaciones. Sin embargo, sólo de
los desequilibrios entre estos dos procesos básicos surge el aprendizaje o se
da un cambio en la cognición.
Cuando el docente adquiere
información acerca de los conocimientos previos del alumno, esta conociendo los
esquemas del niño para plantearle situaciones o esquemas desconocidos para él y
se dé un conflicto entre estos dos esquemas diferentes y con ello se produzca
el aprendizaje.
SÍNTESIS.
Debido a la gran amplitud y
profundidad de la teoría constructivista, esta síntesis contemplará los
aspectos centrales de la obra de Piaget; mismos que han ocupado la atención de
cientos de sus seguidores y que han constituido el punto de partida de los
investigadores modernos.
Así nos encontramos que
Piaget en esta obra hace alusión a cuatro niveles, estadios o períodos de
aprendizaje, por los que el individuo tendrá que pasar en el transcurso de su
vida. El primer período es el senso-motor, el segundo el llamado preoperatorio,
el tercero denominado de las operaciones concretas y el último, el de las
operaciones formales. Caracterizándose cada uno de ellos, por cierto elementos,
que aunque constituyen el punto de partida para pasar de un período a otro, no
quiere decir que no se repitan en una etapa siguiente.
De los O a los 2 años de
edad, menciona a la etapa senso-motora, y es donde se presentan los reflejos,
se dan los primeros hábitos, se coordina la visión y la aprehensión, surgen
actos más complicados de inteligencia práctica, ya que se cuenta con una
finalidad previa, buscando medios nuevos por diferenciación de los esquemas
conocidos y hacerse el tanteo interiorizado, señala el momento de transición
hacia el periodo siguiente, ya que de este fenómeno nacen las hipótesis y se
cree que el niño no presenta todavía pensamiento ni afectividad relacionadas
con representaciones que permiten evocar lo ausente. Este aspecto lo considero
cuestionable, ya que si retrocedemos en el tiempo, recordaremos que hace alguna
década o dos, los niños en este aspecto estaban un poco "dormidos",
pero los bebes de la actualidad presentan marcadas diferencias con éstos, ya
que simplemente, al quitar de su vista algún objeto, anteriormente se olvidaban
de él, pero hoy, la mayoría de los bebes lo buscan, lo que hace que
cuestionemos este aspecto; considerando por ello que a esta edad y en ciertos
casos, se presenta el fenómeno permanente, esta situación por lo tanto, provoca
un "desequilibrio" con la teoría Piagetiana, ya que habría que
considerar toda la serie de elementos mentales que suceden en el niño
presentado como ejemplo, teniendo que contemplar la interiorización del
pensamiento, tanto como las hipótesis, ya que si el niño busca a su alrededor
el objeto perdido, quiere decir que se ha planteado la hipótesis de que se lo
han escondido, pero que por ahí tiene que estar; es decir, no lo considera
"desaparecido" de su entorno inmediato.
En lo que sí estoy de
acuerdo es que estas estructuras senso-motoras son la base de las posteriores
operaciones del pensamiento.
En cuanto a la
inteligencia, este autor señala que proviene de la acción, discordando con los
empiristas, que consideran que en la vida mental solo existen sensaciones y
razón. A este respecto solamente puedo opinar que las dos posiciones me parecen
un tanto radicales, ya que tanto las sensaciones, la razón y la acción se
conjugan al actuar el niño con el entorno, puesto que al actuar sobre los
objetos circundantes, no puede hacer a un lado las percepciones y a su vez, si
no actúa sobre los objetos la percepción no se enriquece. De hecho, coincido
con las teorías actuales, como la de la inteligencia triádica, que considera la
conjugación de múltiples elementos.
Piaget señala que es muy
importante determinar el papel de las percepciones en la evolución intelectual
del niño porque sirve para establecer relaciones con la acción o de las
operaciones que se derivan en el curso de las interiorizaciones y estructuras
ulteriores.
Menciona también que la
percepción presenta dos problemas que son las constancias y la casualidad
perceptiva, en relación a las relaciones sensomotoras y define la constancia
del tamaño como la percepción del tamaño real de un objeto situado a distancia,
con independencia de su aparente disminución y la constancia de la forma como
la percepción de la forma habitual del objeto independientemente de su
presentación perspectiva.
También hizo alusión a los
efectos de campo, señalando dos clases de fenómenos perceptivo visuales: los
efectos de campo que no suponen ningún movimiento actual de la mirada y son
visibles en un solo campo de centración y las actividades perceptivas que
suponen desplazamiento de la mirada en el espacio o comparaciones en el tiempo,
orientados, unos y otros, por una búsqueda activa del sujeto.
Consideró que solamente las
actividades perceptivas se van desarrollando progresivamente con el transcurso
del tiempo.
Piaget también detectó que
los niños de corta edad, percibían todas las impresiones en forma global, sin
analizar las partes y sin hacer síntesis de sus relaciones, ya que su actividad
exploradora no es sistemática. A este fenómeno lo denominó sincretismo, pero
detectó que alrededor de los siete años este fenómeno cambia, debido a que los
movimientos oculares están mejor dirigidos, constituyéndose las operaciones
lógico-matemáticas. En relación a lo mencionado, considero que en algunos de
los casos varía de acuerdo al estilo cognoscitivo del niño, ya que algunos
niños son muy específicos en sus observaciones, como es el caso de los niños
"distraídos", que tienen la particularidad de fijar su atención más
en los detalles que en la forma general de las situaciones o fenómenos del
entorno. Lo mismo sucede en muchos adultos, como es el caso de un señor que al
entrar a un banco, sonríe al pensar que un individuo le hace una señal,
pensando que lo saluda y no observa el entorno en general, por lo que no
identifica un atraco y solamente entonces detecta que el saludo no es tal, sino
una advertencia de lo que estaba sucediendo. Es decir, el sincretismo no
desaparece en el transcurso de la vida de las personas en su totalidad, si bien
es cierto que las habilidades perceptivas se desarrollan con la edad.
Uno de los puntos más
importantes del trabajo de Piaget es en lo referente a la función semiótica o
simbólica, que constituye la pauta principal en la evolución de conductas
posteriores en el individuo y se denomina en general "simbólica" a
esa función generadora de la representación. Esto quiere decir que la función
semiótica consiste en la capacidad de representar algo mediante un significante
diferenciado y que solo sirve para esa representación el lenguaje, imágenes
mentales, gestos simbólicos, etc. El término simbólico se refiere a esa función
generadora de la representación y la función semiótica se utiliza para designar
los funcionamientos referentes al conjunto de los significantes diferenciados
construyéndose los significados por medio de un ''significante''.
En pocas palabras, la
función semiótica trata de imitaciones diferidas, el juego simbólico, dibujo,
imágenes mentales, recuerdos-imágenes y lenguaje, que consisten en permitir la
evocación representativa de objetos, con lo que se hace posible el pensamiento.
El niño ya es capaz de hacer evocaciones representativas de los objetos
ausentes, que implica la construcción o el empleo de significantes
diferenciados.
En este fenómeno se dan una
serie de conductas. Las cuatro primeras se basan en la imitación y el lenguaje
se adquiere por imitación social.
La conducta de imitación
diferida es la que se inicia en ausencia del modelo. Ya no se imita en
presencia del modelo. Esta imitación diferida constituye un comienzo de
representación y el gesto imitador, un inicio de significante diferenciado.
Mientras tanto, el juego simbólico
o juego de ficción, se presenta cuando el niño aparenta dormir es un juego
simbólico ya que se acompaña de objetos que se han hecho simbólicos. Por lo
tanto, la representación es neta y el significante diferenciado.
El dibujo o imagen gráfica
es intermediario entre el juego y la imagen mental, la cual aparece después de
los dos o dos años y medio.
De la imagen mental, no se
encuentra huella alguna en el nivel senso-motor, pero eso sería cuestionable,
ya que algunos niños, aparentan soñar, ya que dormidos mencionan palabras, por
ejemplo mamá.
El lenguaje naciente
permite la evocación verbal de acontecimientos no actuales y es el instrumento
de adaptación del niño.
En tanto, la imitación
constituye a la vez la prefiguración de la representación e indica el término
del paso entre el nivel senso-motor y el de las conductas propiamente
representativas y al término del período senso-motor se hace posible la
imitación diferida y la representación en acto se libera entonces de las
exigencias sensomotoras de copia perceptiva directa para alcanzar un nivel
intermedio en el que el acto, desprendido así de su contexto, se hace así
significante diferenciado y, consecuentemente, en parte ya representación en
pensamiento. Por eso se hace muy importante conocer como educadores, que
podemos utilizar un juego simbólico y el dibujo como un instrumento muy
importante para que el niño pase de la representación -en acto a la
representación- pensamiento. Porque podemos observar en los trabajos de Piaget,
es que él se concretó a señalar las diferentes etapas por las que atraviesa el
niño, pero no consideró lo que se podía lograr en base a la estimulación, ya
que el cerebro es susceptible de modificarse y perfeccionarse en base a ello.
En cuanto al juego Piaget establece una serie de
comparaciones con la imitación y la inteligencia y dice que mientras el juego
modifica la realidad circundante asimilándola
a las necesidades de sí mismo (el niño es egocentrista por
naturaleza), la imitación no constituye un medio para obtener algo, sino es un
fin en si misma, por lo que hace acomodaciones de los modelos observados en su
entorno; esto quiere decir que no todo lo que observa es susceptible de
imitarse, ya que debido a sus limitaciones psicológicas, físicas, etc.
Selecciona lo que le interesa y desecha lo que no le sirve en este momento;
quiere decir que no solamente asimila, sino que acomoda y ello nos demuestra
que las estructuras del niño empiezan a sufrir un desequilibrio, surgiendo la
inteligencia como equilibrio entre la asimilación y acomodación.
Esas observaciones lo
llevaron a establecer tres categorías del juego: Señala primeramente el juego
de ejercicio como la forma primitiva del juego presentada abajo nivel o nivel
senso-motor, pero que se conserva en parte en las otras etapas. Este no posee
ningún simbolismo o técnica lúdica, consistiendo en repetir con gusto
actividades adquiridas con un fin de adaptación. En segundo orden aparecen los
conflictos afectivos, dentro del juego simbólico. Este tipo de juego permite lograr
la asimilación del yo, pero aunque se manifiesta bajo formas afectivas, está al
servicio de intereses cognoscitivos. Por último aparece el juego de reglas, que
se transmite socialmente de niño en niño y aumenta en complejidad, con el
progreso de la vida social del niño. Se entiende con ello, que este tipo de
juego se mantiene por toda la vida, ya que una gran parte de los adultos
continúan practicando este tipo de juego.
Así tenemos, que a partir
del juego simbólico, se desarrollan juegos que manifiestan que el niño tiene
necesidad de un simbolismo más directo, que le permita volver a vivir ese
acontecimiento, en vez de contentarse con una evocación mental. Empiezan a
desarrollarse juegos de construcción, dotados de simbolismo lúdico, pero que
constituyen adaptaciones o construcciones de problemas y creaciones, que dan
indicios del desarrollo de la inteligencia, ya que el niño entra continuamente
en conflicto cognitivo, por lo que tiene necesidad de reestructurar sus
esquemas.
En cuanto al dibujo, este autor,
ubica cuatro etapas: cuando el niño hace garabatos, le llama realismo fortuito,
señala que contiene una significación que se descubre luego. Posteriormente el
niño yuxtapone ciertos elementos, por ello le llama realismo frustrado. Después
el niño dota de atributos conceptuales, pero aún no se capta la perspectiva
visual, por lo que lo llama un realismo intelectual y en el realismo visual
primeramente el dibujo no representa sino lo que es visible desde un punto de
vista perspectivo particular y en segundo término tiene en cuenta la
disposición de los objetos según un plan de conjunto y sus proporciones
métricas.
Pero bien, hasta este
momento podemos preguntamos ¿qué elementos aporta al educador el conocer estas
etapas del dibujo? Yo pienso que es muy importante conocerlas, ya que al ver un
dibujo de algún niño, podemos damos cuenta del nivel cognitivo en el que se
encuentra, comprendiendo de esta forma aún más a los alumnos y no caer en el
error de pensar simplemente que ese niño no posee habilidad para el dibujo.
Detectando el nivel en que se encuentra podemos propiciar con nuestra
actuación, situaciones de aprendizaje estimulantes y favorecedoras que hagan
que el niño entre en conflicto, para que se desequilibre sus estructuras
cognitivas, logrando con ello, que el alumno pase de un nivel a otro de forma
pedagógica.
Piaget señala además a este
respecto que el conocimiento de estos estadios nos dan la pauta para adentrarse
en el estudio e investigación de la imagen mental, atestiguando además una gran
convergencia con la evolución de la geometría espontánea del niño.
También habla de que una de
las principales características del niño properatorio es la ausencia de la
noción de la conservación y cuando se dan indicios de conservación se muestra
el perfeccionamiento de una estructura operatoria. Mientras tanto, el niño que
se encuentra en el período de las operaciones concretas, ya puede manejar la
reversibilidad y esto se ejemplifica con el uso del agua en dos vasos de forma
diferente, utilizando la misma cantidad de agua; el niño que no posee
reversibilidad del pensamiento no será capaz de decir que es la misma cantidad
de agua, ya que al cambiar el líquido de recipiente, se conserva la misma
cantidad de éste.
Este tipo de operaciones se
llaman concretas porque como la misma palabra lo indica, se actúa directamente
con los objetos y no en ausencia o en forma abstracta y a hipótesis enunciadas
verbalmente. Por lo tanto, las operaciones concretas forman el punto de
transición entre la acción y las estructuras lógicas más generales que
conllevan la combinación y estructura de grupo coordinante de la
reversibilidad.
También señala que los
factores que afectan el descubrimiento de la conservación son los ejercicios de
reversibilidad, identidad y compensación, así como la sucesión de estrategias
que van de lo sencillo a lo complejo.
Todas las operaciones
nacientes se coordinan en estructuras de conjunto y las denominó clasificación,
seriación, correspondencia, matrices o tablas de doble entrada, etc.
En pocas palabras, en este
período se basa de la centración subjetiva a una descentración cognoscitiva,
social y moral a la vez, refiriéndose la primera a la acción propia sobre los
aspectos figurativos momentáneos de los sectores de lo real a los que alcanza,
pasando luego a una descentración basada en la coordinación general de la
acción.
Piaget señala que entre lo
once y quince años de edad, el sujeto empieza a despojarse de lo concreto y
empieza a situar lo real en un conjunto de transformaciones posibles, iniciándose
en la elaboración de sus ideales y dirigiendo su mirada hacia el futuro,
ampliándose los elementos afectivos y sociales, siendo capaz de razonar
adecuadamente sobre proposiciones en las que no cree o aún no lo hace, es
decir, que considera a manera de hipótesis. Al obtener consecuencias de
verdades, se presenta el pensamiento hipotético deductivo o formal, de ahí que
a esta etapa se le denomine "formal" o de las operaciones formales.
Un aspecto que surge de
manera determinante es el combinatorio y consiste en generalizar las
operaciones de clasificación o de relaciones de orden, desembocando en
combinaciones, permutaciones, etc. Con ello, se permite combinar entre sí
objetos o factores, así como ideas o proposiciones, naciendo una nueva lógica,
razonando en función de todas las combinaciones posibles, lo que provoca el
reforzamiento del aspecto deductivo de la inteligencia.
En cuanto a la
reversibilidad se observa que en esta etapa ya se presenta en sus dos formas:
la de inversión o negación, cuya característica es que la operación inversa,
compuesta con la operación directa correspondiente, lleva a una anulación y la
segunda, que es la de reciprocidad o simetría, cuya característica es que la
operación de partida, compuesta con su recíproca, concluye en una equivalencia.
Alrededor de los once-doce
años se presentan una serie de nuevos esquemas operaciones y son las nociones
de proporción, los dobles sistemas de referencia, la comprensión de un
equilibrio hidrostático así como ciertas formas de probabilidad, etc. En esta
edad también se dan grandes cambios en la cuestión afectiva, ya que empieza a
asimilar en base a la deducción. El niño se vuelve a su vez más autónomo
moralmente, ya que se amplia la visión de las cosas lográndose valores ideales
o supraindividuales, modificándose también sus ideas de justicia social y sus
ideas racionales, sociales y estéticas. Comienza de esta forma un juego de
construcción de ideas o de estructuración de los valores ligados a proyectos de
porvenir.
Sin duda alguna, todas las
aportaciones hechas por Piaget, han cambiado por siempre los rumbos de la
psicología infantil. Gracias a los estudios realizados con niños de diferentes
edades, se han logrado establecer grandes diferencias psicológicas, afectivas y
sociales tal como lo muestra el presente trabajo. Para una gran parte de
educadores constituye la fuente de muchos aprendizajes que se pretenden llevar
a la práctica, partiendo del principio de destacar y comprender las diferencias
individuales entre los alumnos, así como de provocar el aprendizaje, por medio
del desequilibrio de las estructuras cognoscitivas del niño; dejando de lado
prácticas meramente conductistas o tradicionalistas, donde se consideraba al
alumno como un mero receptor de conocimientos o como una esponja capaz de
absorber todos los conocimientos, depositados en él por su maestro.
Así, se observa que la
práctica actual del docente dista mucho de la realizada por otras generaciones,
ahora, con su actuación el docente propicia situaciones de aprendizaje,
encabezadas a que el niño manipule o actúe sobre los aspectos circundantes, o
en base a situaciones que obliguen al alumno a acomodar los aprendizajes y no
solamente los asimile. Esto en lo entendido de afianzar sus estructuras para
que esté en posibilidades de pasar a un nivel diferente.
Afortunadamente, en la
actualidad, algunos investigadores han ampliado y profundizado en esta teoría,
por lo que los trabajos de Piaget ya se pueden considerar cortos en relación al
gran avance de otras teorías del aprendizaje existentes. Como es el caso de la
teoría del PHI (Procesamiento Humano de la Información), que sin duda alguna,
tiene sus bases en la teoría constructivista de Jean Piaget.
PSICOLOGIA DEL NIÑO.
1. ¿Cuales son las principales características del periodo
"senso-motor"?
2. ¿A qué se refiere el término asimilación?
3. Menciona en forma ordenada las
principales características presentadas en el primer estadio:
4. ¿En qué etapa se organiza lo real,
construyendo las grandes categorías de la acción, que son los esquemas del
objeto permanente, del espacio, del tiempo y de la casualidad, sub-estructuras
de las futuras nociones correspondientes?
5. ¿Qué estructuras constituyen la fuente de las posteriores
operaciones del pensamiento?
6. ¿La inteligencia procede de la acción?
7. ¿Qué diferencia a los empiristas de los constructivistas a
este respecto?
8. ¿Porqué es importante determinar el
papel de las percepciones en la evolución intelectual del niño?
9. ¿A que se refiere la constancia del tamaño?
lO. ¿A qué se refiere la constancia de la forma?
11. ¿A qué se refieren los efectos de campo?
12. ¿Se desarrollan progresivamente, ambos fenómenos?
13. Define el término sincretismo:
14. ¿Qué sucede a los siete años con relación a este fenómeno?
15. Entonces, ¿la inteligencia sustituye a la percepción?
16. ¿Las actividades perceptivas se desarrollan con la edad?
17. ¿Qué suponen las nociones?
18. ¿En qué consiste la función semiótica o simbólica?
19. ¿A qué se le llama función semiótica?
20. ¿Qué conductas distinguen a la función semiótica?
21. ¿Cuál es el papel de la imitación?
22. ¿En qué ayudan el juego simbólico y el dibujo?
23. ¿Qué diferencias hay entre el juego, la imitación y la
inteligencia?
24. ¿Cuáles son las tres categorías principales del juego?
25. ¿Qué formas toma el dibujo?
26. ¿Para qué nos sirve a los educadores conocer estos estadios?
27. ¿Porqué se duda acerca de que las imágenes mentales parten de
la percepción?
28. Describe los dos tipos de memoria:
29. ¿Qué fenómenos anteceden a la reversibilidad y las
convenciones operatorias?
30. ¿Qué caracteriza principalmente al periodo de las operaciones
concretas?
BIOGRAFÍA.
Para Piaget la inteligencia
es solo un término genérico para indicar formas inferiores de organización de
las estructuras cognoscitivas. Para este autor, el comportamiento se volverá
más inteligente en la medida en que las sendas entre sujeto y los objetos sobre
los que actúa, dejen de ser simples y se vuelvan progresivamente más complejas.
De acuerdo con Piaget (1954), varias formas de pensamiento que son muy
sencillas para un adulto, no lo son para un niño.
Para él el pensamiento
infantil tiene características propias, no es una forma a escala de pensamiento
adulto, de ahí la importancia que reviste para los maestros de enseñanza básica
y media, conocer las vertientes de cómo el conocimiento se desarrolla de manera
diferente de acuerdo a las posibilidades actuales y potenciales de sus alumnos.
Piaget tuvo una formulación
inicial como biólogo, su creciente interés por conocer el proceso del
conocimiento en el hombre lo llevó a estudiar también Filosofía, es por eso que
en sus conceptos encontramos un lenguaje salpicado de ambas disciplinas,
específicamente en la aseveración que a continuación se presenta: La
inteligencia constituye el estado de equilibrio hacia el que tienden todas las
adaptaciones sucesivas de origen senso-motor y cognitivo así como todas las
interacciones de asimilación y acomodación entre el organismo y su ambiente.
Piaget creía que desde que nace la persona, busca la forma de adaptarse
adecuadamente con los recursos a su alcance (esquemas reflejos primero y más
sofisticados después). Maneja conceptos tales como adaptación como un ajuste al
medio; equilibrio como la búsqueda del balance mental entre los esquemas
cognoscitivos y la información del medio; la asimilación como el ajuste de la
información nueva a los esquemas existentes; la acomodación como la alteración
de los sistemas existentes o creación de nuevos en respuesta a información
nueva.
Piaget realizó estudios
denominados "clínicos" con sus propios hijos, utilizando una
observación demasiado detallista y meticulosa, lo que alteró los cánones
tradicionales de investigación educativa y dando al traste con los métodos
conductistas existentes en ésa época.
Así descubrió que las
etapas del desarrollo cognoscitivo denotan una continuidad en el pensamiento. Y
que las etapas son acumulativas, conforme se da la adaptación, cada tipo de
pensamiento se incorpora e íntegra a la etapa siguiente. Respecto a las
características de pensamiento del joven este autor plantea que se esta
iniciando en una fase de razonamiento abstracto formal; sin embargo, considera
que es posible encontrar conductas apegadas a patrones egocéntricos
característicos de la etapas previas. Así el pensamiento se va despegando del
plano concreto para poder analizar la realidad de una forma más abstracta y
compleja; por ello, Piaget revolucionó, no únicamente los métodos
tradicionalistas de investigación psicológica, sino que alteró completamente
los procesos de enseñanza-aprendizaje ya que partiendo de sus estudios, el rol
del docente ya no era considerar al alumno como una tabla rasa donde
inscribiría los conocimientos; sino que al contrario, el papel del docente
sería manejar el contenido de la clase a un nivel tal que facilite ese tránsito
de la experiencia concreta a la abstracción, es decir, las actividades de
enseñanza y aprendizaje deben permitir que el estudiante analice la realidad
desde un plano más complejo; sin embargo, cuidando que el nivel de complejidad
no sea tan alto que el alumno no pueda acceder al conocimiento o se desmotive
al percibirlo como muy difícil.
Este autor también hizo 4
clasificaciones de las diferentes etapas cognoscitivas de los sujetos. Así, en
la etapa sensomotriz de los cero a los dos años, se comienza a usar la
imitación, la memoria y el pensamiento. Se da cuenta que los objetos no dejan
de existir cuando están escondidos. Pasa de las acciones reflejas a la
actividad dirigida. En la etapa preoperacional de los dos a los siete años hay
un desarrollo gradual del lenguaje y de la capacidad de pensar en forma
simbólica. Es capaz de pensar en operaciones continuas de manera lógica en una
dirección. Tiene dificultades al ver el punto de vista de otras personas siendo
en la etapa de las operaciones concretas de los 7 a los 11 años donde hay
capacidad de resolver problemas concretos en una forma lógica. Entiende las
leyes de la conservación y es capaz de clasificar y de seriar. Entiende la reversibilidad.
Y en la etapa de las operaciones formales de los 11 a 15, el niño ya es capaz
de resolver problemas abstractos en forma lógica. El pensamiento es más
científico y desarrolla intereses de carácter social e identidad.
Todas estas aportaciones
constituyen los fundamentos pedagógicos de los programas educativos de muchos
países.
Piaget adopta la posición
epistemológica intermedia entre el espíritu y el universo (sujeto y medio)
llamada interaccionismo relativista; existiendo en forma paralela la dimensión
constructivista que consiste en determinar los mecanismos que intervienen en la
formación del conocimiento. De esta forma el conocimiento adopta diferentes
formas durante su adquisición. El estudio de la acumulación del conocimiento de
las diversas etapas que atraviesa el sujeto es el objeto de la epistemología
genética.
Piaget no fue un pedagogo
en el sentido estricto del término, sin embargo define su posición educativa
cuando participa en los destinos internacionales de la educación. Gran parte de
su vida la consagró al estudio de la psicología, la epistemología genética y la
biología, que era su quehacer. El ideario pedagógico de Piaget postula que la
educación es una condición formadora necesaria del propio desarrollo natural.
BIBLIOGRAFÍA.
- Piaget, Jean "La toma de conciencia".
- González Salazar, Judith del Carmen.
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México: Trillas: 1984 (reimp. 1995).72 p.
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LA TOMA DE CONCIENCIA.
Es innegable que el estudio
de la toma de conciencia, constituye uno de los temas centrales de la
psicología científica, desde que se encontró que esta toma de conciencia
constituye en sí misma una conducta en interacción con todas las otras partes,
tratándose así de una construcción verdadera, consiste en elaborar los
diferentes niveles de la conciencia, como sistemas más o menos integrados. Lo
que buscan estos autores es conocer el proceso que conduce de las acciones
materiales a las operaciones. Para ello, se seleccionan un número de niños,
enfrentándolos a diversas situaciones para analizar las acciones de los sujetos
y su inteligencia práctica. Lo que interesa conocer es el momento en el que el
niño se hace consciente de sus propias acciones y establecer cómo procede;
además la interiorización de las acciones se encuentra en la fuente de las
estructuras operatorias, tanto lógico-matemáticas como casuales.
Para adentrar en el
conocimiento de esta obra se hace necesario comprender la conceptualización de
los términos "toma de conciencia" ya que se trata en pocas palabras
de la toma de conciencia de la acción propia, puesto que interesa conocer la
interacción de las acciones se ubica en la fuente de las estructuras
operatorias lógico, matemáticas como casuales.
Uno de los aspectos que es
necesario destacar es el hecho de que uno de los propósitos centrales de esta
obra es estudiarlas situaciones en que el éxito de las acciones es precoz
debido a que las coordinaciones que suponen resultan de simples
diferenciaciones originadas por las regulaciones más o menos automáticas de una
acción global inicial y los éxitos más tardíos, se dan por sucesivas etapas
debidas a coordinaciones entre esquemas distintos y a una regulación más activa
que implica, en el proceso, la introducción de nuevos medios.
Por ello, se estudia
primeramente el caso de andar a gatas, ya que en esta situación el papel de los
objetos queda reducido a mínimo, pero la acción se torna bastante compleja,
planteándose un problema de toma de conciencia. Se considera que esta actividad
es senso-motora automática, y es utilizada para constatar la hipótesis de que
la toma de conciencia es función de "reglajes" activos que comportan
elecciones más o menos intencionales y no así de tipo senso-motor más o menos
automáticos. Interesa por tanto ver la actuación del niño cuando trabaja en
función de una elección, que es el punto central del reglaje activo y además
constituye la base de la toma de conciencia.
El segundo caso trata de la
trayectoria de un proyectil lanzado por una honda. Aquí destaca en el nivel II
A el hecho de que empieza la reversibilidad operatoria y el punto central es
analizar la toma de conciencia de la vista y el trayecto recorrido por la bola.
Así encontramos que mientras en el nivel I A se dan algunos aciertos prácticos
por tanteo, originándose la información propioceptiva y de regulación senso -
motora a partir de los resultados obtenidos, en el nivel I B se presentan
algunos progresos de forma parcial que varían de un niño a otro. Pero en el
nivel II A donde se da una inclinación a conceptualizar el punto de lanzamiento
de la bola como situado directamente frente al objetivo y se da el fenómeno de que
el niño puede anticipar en ausencia del objetivo, de qué lado irá la bola. En
tanto, la inferencia, que es de naturaleza operatoria se presenta en el nivel
II B. En tanto, a la edad de los 11 o 12 años, en el nivel III surge la toma de
conciencia de las condiciones de éxito. Y mientras que en el nivel III A los
trayectos siguen siendo curvos o acodados, en el nivel III B los trayectos son
tangenciales.
Los resultados muestran un
ejemplo de una situación en la que la toma de conciencia y la conceptualización
que supone son deformadas cuando se trata de acciones particulares, ya
obtenidas al plano senso-motor; pero no así en el plano nocional debido a una
seudo contradicción; puesto que esa toma de conciencia conceptualizada se hace
válida cuando puede apoyarse en una coordinación inferencial u operatoria
proveniente de la coordinación de las propias acciones por la abstracción
reflexiva.
Los rasgos que identifican
a cada uno de los niveles en cuanto a la marcha en retroceso de la pelota
ping-pong y de un aro son que en el nivel I A se consigue la acción
presentándose una indiferenciación entre sujeto y objeto en tanto en el nivel I
B el niño emula adecuadamente la acción acertando cuando se repite.
En el nivel II A se logra
una conceptualización completa y estable, marcándose el principio de las
operaciones concretas o sea, de la reversibilidad en general, de la
transitividad y, en el ámbito causal, de la transmisión mediata o semi-interna
del movimiento y ya en el nivel II B la comprensión es incompleta debido a una
insuficiente coordinación con los de la acción. Mientras que en el nivel III el
sujeto comprende el proceso en relación completa de los observables acerca del
objeto y de la acción, suponiendo una coordinación inferencial. Podemos deducir
que cada uno de esto niveles son un ejemplo claro de cómo se presenta el
desarrollo por equilibración.
El plano inclinado sirve
para juzgar, por una lado, la evolución de las acciones en si y, por otro, los
diferentes niveles de la toma de conciencia y las conceptualizaciones que ésta
supone en cuanto a los observables que entrañan las operaciones inferenciales.
Tenemos así que en el nivel I A se presenta un contraste entre los efectos de
la regulación senso - motora casi automática y los del reglaje activo con
elecciones intencionales. En este nivel el niño no comprende, a la altura de la
representación que el plano de descenso puede ser orientado de formas
diferentes y la regulación motora logra dominar todas las acciones solicitadas.
En cambio, en el nivel I B la atención del sujeto se centra en la diferencia
entre sus acciones y la conceptualización unida a su toma de conciencia.
Mientras que en el nivel II A la diferenciación de las diferentes orientaciones
posibles del plano inclinado da lugar a mejores tomas de conciencia
conceptualizadas. En tanto, en el nivel II B se encuentran los niños que
obtienen todas las pruebas y llegan, por tanteos, a la diagonal en las
construcciones con apoyos. Siendo en el estadio III donde el sujeto diseña el
principio de la pendiente máxima para una inclinación determinada del plano.
El ejemplo de la
construcción de un camino de rampa es utilizado para demostrar que aún en
ejemplos sencillos se nota el progreso en el desarrollo de las acciones y en la
toma de conciencia.
Así encontramos que en el
nivel I A se presenta el fenómeno que por el olvido se originan toda clase de
construcciones adventicias, dándose de forma funcional o lúdica. En el nivel I
B se muestra un inicio parecido al nivel 1 A, siendo los aciertos finales aproximativos.
Aquí se actúa por apilamientos aislados. Mientras que en el nivel II A se
cometen errores en la construcción. Aquí la intención de conjunto no rige aún
suficientemente las relaciones entre los intermediarios y la finalidad de
conseguir, ni las relaciones de estos objetos entre si. En cambio, en el nivel
II B se introduce más sistema y un nivel más regular en la sucesión de los
ensayos. Así se detectan cuatro ámbitos de toma de conciencia y de comprobación
conceptualizada de los observables, presentados en las situaciones de
construcción. En primer término se encuentra la conceptualización de la
cuestión planteada y de los datos de ese problema. La toma de conciencia se
presenta centrada primeramente en el resultado del acto, antes de remontarse a las condiciones previas. Segundamente se
encuentran las intenciones variables del sujeto. En tercer lugar las
realizaciones sucesivas y por último existe el ámbito de toma de conciencia
entre sus acciones sucesivas y de las razones de sus variaciones.
Esta situación nos muestra
que la interiorización de las acciones en representaciones, implica la toma de
conciencia de las primeras, puesto que esa toma de conciencia es una
conceptualización. En cambio, para pasar de la interiorización de las acciones a
la anticipación, es necesaria una condición más: que la conciencia no se aferre
solamente a cada una de las acciones particulares, sino también a sus
"secuencias", ya que los intentos más aleatorios en apariencia están
ya un poco dirigidos, y no solo exteriormente por la ley del efecto, sino por
las relaciones que se establecen entre las significaciones sucesivamente
elaboradas.
En la situación de las
pulgas se observa que cada uno de los pases de un nivel al siguiente se
caracteriza por una búsqueda del "cómo" después del "por qué”.
Aquí se demuestra aún sí se trata de acciones propias que el sujeto ajusta
progresivamente a su fin -de dónde surgen las preguntas del cómo hacer- o bien
de un ajuste del sujeto con las acciones de los objetivos -de dónde provienen
las preguntas de "¿Qué
hacen?",- dándose en ambas regulaciones o correcciones sucesivas, es
decir, pues, un equilibrio.
Así, en el nivel I A los
sujetos hacen saltar la ficha y dan como razón de ello la acción de apoyar,
aunque la toma de conciencia continúa siendo inadecuada. En el nivel II A los
trayectos de la ficha son concebidos y diseñados como curvas. En el nivel de
salida está caracterizado por una acción global que liga directamente el acto
motor al objetivo que se ha de alcanzar pero sin que la toma de conciencia (es
decir, la conceptualización) ese acto sea lo suficientemente analítica para
permitir la distinción nocional entre impulsar y apoyar.
En cambio, en el nivel II B
se da un esquema complejo de propulsión con frenado, o mejor aún, con retención
que permite el alzamiento y la representación geométrica de la inclinación por
hundimiento, mientras que en el nivel I B se efectúa la diferenciación de los
trayectos y cabe suponer que una mejor comprobación sobre el objeto conduce a
discernir una superposición parcial en oposición con el contacto por simple
yuxtaposición. Coordinación geométrica en parte inferencial. Y es en el nivel
III donde hay una diferencia de agudeza de las comprobaciones; pero interviene
un juego necesario de coordinaciones operatorias.
En tanto en el choque de
las bolas se utiliza este ejercicio para procurar al sujeto un objetivo que
alcanzar para analizar sus acciones y para determinar su toma de conciencia y
la conceptualización que la constituye. Comenzando por acciones espontáneas, lo
central consiste en establecer qué observables obtendrá sobre sus propias
acciones (toma de conciencia) y sobre los objetos (efectos de esas acciones) y
como la conceptualización surgida de las relaciones establecidas entre esas dos
clases de observables, desemboca en las coordinaciones.
Así en el nivel I A no
existe toma de conciencia. El niño dota de una función animista a las bolas,
aduciendo que las bolas giran y se mueven solas. Así las acciones particulares
del sujeto no van acompañadas de una toma de conciencia adecuada y a falta de
esa conceptualización suficiente de la acción propia, ésta es atribuida a las
mismas bolas en una causalidad por poderes psicomórficos.
Pero en este momento
encontramos algunas diferencias entre el nivel I B y el I A. Así la toma de
conciencia del nivel I B no es superior al sub-estadio I A. En el nivel I B se
inicia una especie de transmisión mediata en forma de un encadenamiento de
transmisiones inmediatas.
De esta forma, el nivel II
A presenta el doble carácter de tomar conciencia del hecho de golpear la bola B
en uno de sus lados cuando quieren que se desvíe. Siendo en el nivel II B donde
el niño comprende que hay correspondencia entre las direcciones diferentes y
los diferentes puntos de impacto. De forma que en el nivel III el sujeto tiene
una formación más general de la ley, con un sentimiento de necesidad deductiva.
Estos distintos aspectos de
cada una de las etapas, nos muestran las relaciones entre el sujeto y el
objeto, según la cual los observables sobre el objeto aclaran las del sujeto,
en forma de una toma de conciencia de las acciones particulares, en tanto que
las coordinaciones de conjunto de éstas conduce a las coordinaciones
inferenciales, que esclarecen a su vez las coordinaciones causales que unen a
los objetos.
La impulsión de móviles de
formas diferentes ofrece la oportunidad de estudiar un caso particular de toma
de conciencia de la acción, así como de la puesta en relación entre los
observables obtenidos sobre el objeto y los que se derivan de la acción del
sujeto.
En el nivel I A los sujetos
presentan dificultades de imprimir a los móviles trayectorias oblicuas en
relación a la posición del sujeto y por una dificultad bastante sistemática de
toma de conciencia, ya que la conceptualización continúa constantemente a un
nivel inferior al de los aciertos prácticos. Habiendo una diferenciación entre
los observables registrados (en realidad o por error) acerca del objeto o de la
acción propia. Además el sujeto no toma en cuenta la interacción.
Mientras que en el nivel I
B existe la previsión de una diferencia de marcha entre los móviles simétricos
y los asimétricos.
Es en el nivel II A donde
encontramos que aún la reversibilidad no se presenta y los movimientos de los
móviles simétricos y asimétricos dependen de las acciones de los sujetos y de
las propiedades inherentes al objeto. También hay toma de conciencia de la
acción propia ya que se perfeccionan las observaciones acerca del objeto.
Es hasta el nivel II B
donde aparece la reversibilidad, siendo utilizada por el sujeto como método
para encontrar un punto de partida que conduzca de modo cierto al objetivo
pretendido. Para finalmente, en el nivel III lograrse la comprensión y
utilización espontánea de la reversibilidad de los trayectos curvos.
En la situación del
arrastre de un paquete, por su sencillez y cotidianidad interesa conocer las
etapas de toma de conciencia o conceptualización que varía hacia los 11 años,
siendo básicamente inadecuadas sus formas iniciales, lo que plantea el problema
de su mecanismo.
Así, en el estudio de cada
una de las etapas encontramos que los progresos de las acciones, al pasar de
las regulaciones senso-motoras o automáticas al reglaje activo, y de ello a los
reglajes pluridimensionales o multifactoriales, conduce, de la simple
coordinación praxeológica de los medios y los fines, a tomas de conciencia o de
conocimientos y a coordinaciones conceptualizadas que aseguran, finalmente, la
comprensión del progreso entero.
Así, en el estadio I A no se
comprende el problema de dirección y cree que, fuese cual fuere el punto de
impacto, un móvil se desplazará en la prolongación del movimiento del objeto
que lo ha impulsado.
Mientras que en el nivel II
A lo característico es que el sujeto se haga sensible al problema de las
direcciones, diferenciación entre los impulsos (o el giro) que hacen avanzar
(traslación) y los que hacen girar
En tanto, en el nivel II B
hay progresos en la composición de los factores anteriores del nivel II A que
permiten la mejora de las descripciones obtenidas. Siendo en el nivel III donde
se presenta la comprensión de las acciones y las reacciones.
El ejemplo de la catapulta
nos hace analizar que básicamente tanto la toma de conciencia, como la
comprensión, proceden del "por qué" al como siendo el último,
siempre, la respuesta al "por que" del "por que”, por un
desplazamiento regresivo de los problemas por lo que la toma de conciencia y la
comprensión se manejan íntimamente ligadas. O sea que este es un ejemplo de
inteligencia práctica para ver como el sujeto conceptualiza sus acciones. En el
nivel I A se demuestra que incluso en los niveles más elementales la
asimilación del dato en forma de simples observables conceptualizados, depende
ya de coordinaciones anteriores y éstas condicionan las observables.
En el nivel 1 B se presenta
la iniciación de las direcciones correctas, pero con incomprensión de las
distancias, presentando un compromiso entre el hecho comprobado y la previsión,
es decir, en una posición intermedia, ni demasiado lejos ni demasiado cerca de
las cajas.
De tal forma que en el
estadio II existe comprensión de las posiciones y factores dinámicos y en el
nivel II A (7 - 8 años) el sujeto descubre la ley de las distancias para el
proyectil y la descubre debido a que ha sido capaz de explicarla. En el nivel
II B se aplica el peso, habiendo ausencia de toda referencia explícita a la
longitud de las trayectorias y como los del nivel II A piensan en términos
dinámicos de la propulsión, de altura y de impulso sin hacer alusión a la misma
longitud de los trayectos. Mientras que en el nivel III el niño aplica al peso
la consideración de los recorridos (forma y longitud de los trayectos).
El ejemplo de la toma de
conciencia de orientaciones contrarias a las direcciones previstas no da la
oportunidad de saber si la explicación del fenómeno o de los errores cometidos
conservan adecuadamente los datos observados o si hay deformación y por qué.
Así, se demuestra que el
logro de las acciones precede a la comprensión, e incluso a su toma de
conciencia, ya que ésta procede a partir de los observables sobre los
resultados exteriores, antes de remontarse a los actos del sujeto.
Así, en el nivel I A las
conceptualizaciones que se obtiene consisten en sucesiones de recuerdos
motores, sin ningún plan de conjunto ni mención de los fines perseguidos en
cada acción descrita. Y es en el nivel II A donde se da la comprensión causal y
a un mejor reglaje activo corresponde una mejor toma de conciencia
caracterizada por dos elementos: que son la indicación de un plan de conjunto y
el cuidado constante de cuantificación. Mientras que en el nivel II B surge una
deformación de los hechos bajo la influencia del modelo en formación y una
deformación en cierto modo retroactiva que llega a reorganizar y contradecir
las afirmaciones procedentes contenidas en el relato y la conceptualización
inicial de las acciones.
La construcción de
trayectos mediante raíces conectadas sirve para encontrar y explicamos en qué
consiste su toma de conciencia conceptualizada, así como el pase de las
abstracciones "empíricas" a las "reflexivas". Estudiando la
ampliación del campo de la conciencia, en el doble sentido anticipador (
encontrar poco a poco los medios para llegar al final) y retrospectivos
(reconstitución de la serie de los actos).
De esta manera, en el nivel
I A se da la sumisión del sujeto, no solo al objeto, sino hasta el modo como se
presenta, de forma figurativa, una vez puesto en la mesa, en función del
precedente y sin ninguna anticipación de la forma del trayecto. En el nivel I B
hay posibilidad de volver un elemento para servirse de él en sentido contrario
(rotación) y la capacidad de construir un camino simétrico con relación a una
curvatura de conjunto anterior. Y el nivel II A se caracteriza por la posibilidad
de inversión de trayectos complejos (de la vuelta en relación al eje
transversal). Mientras que en el nivel III se descubre una ley de periodicidad
en las posiciones del elemento recto.
El ejemplo de las vueltas
de un hilo con relación a dos aros nos muestra la forma en que se da en el
sujeto un cambio esencial de norma, que no implica únicamente una
conceptualización "reflexiva" e incluso "reflejada"
(resultado tematizado de la precedente, ya que en eso radica la complejidad del
proceso de la toma de conciencia).
SÍNTESIS
Así en el estadio I los
sujetos pueden imitar la demostración que se les hace pero con dificultades
considerables de reconstitución cuando no son inmediatas. Mientras que en el
estadio II se caracteriza por los progresos en la imitación inmediata de los
modelos presentados e igualmente en la previsión de los resultados de la
tracción en situaciones simples, pero no para las combinaciones o
coordinaciones entre esas unidades de acción. Y es en el estadio III donde los
ensayos de los sujetos son cada vez más dirigidos hacia las clases de
exploración relativas a los intentos de hacer, no implicando, pues, la
anticipación de los resultados.
La torre de Hanoi nos da la
oportunidad de analizar la toma de conciencia, desde el punto de vista de la
toma de conciencia de las acciones y de las relaciones entre la
conceptualización y la acción material. Esto nos lleva a pensar que toda
acción, al repetirse, puede llevar a anticipaciones, en función de algunas
"pruebas y errores" con correcciones inmediatas cuyo proceso
retroactivo implica un efecto proactivo de naturaleza anticipadora. Y a
transferencias debidas a la simple asimilación reproductora ( o generalizada).
De tal forma que, en el
estadio I hay una primacía sistemática de las acciones exploradoras sobre toda
deducción y con ausencia total de toma de conciencia de las combinaciones
fructíferas.
En el estadio II el
desarrollo continuado de las acciones conduce a las anticipaciones mejoradas,
sin recurrir por ello a deducciones sacadas de estructuras operatorias, porque
éstas, aún procediendo también de la coordinación general de las acciones, se
sitúan en planos superiores que entrañan un complejo juego de abstracciones
reflexivas. Mientras que en el estadio III se marca el comienzo de ciertas
deducciones operatorias. Caracterizándose por los aciertos rápidos y estables
en tres discos y por una anticipación cada vez más inferencial para los números
superiores.
En la toma de conciencia de
la seriación su estudio sirve para analizar el caso de acciones particulares de
naturaleza causal, ya que su acierto precede, generalmente, a su toma de
conciencia y la conceptualización que esta última constituye -que empieza a
partir de los resultados del acto- no es únicamente lacunar, sino, a menudo,
deformante porque está sometido a ideas preconcebidas que influyen en la
lectura de los observables actuales.
Así, la seriación, en sus
niveles preoperatorios, se trata de acciones aún no coordinadas, sin tomar en
cuenta la estructura total y en el nivel operatorio interviene una coordinación
general (reversible o transitiva que reúne en un total esas acciones
particulares).
Desde el punto de vista de
las acciones, los niveles que preceden al desarrollo de la seriación son en el
nivel I A ya que en él dominan las acciones particulares, tales coma las de
reunir un elemento pequeño y otro grande por acoplamiento en un nivel II A,
donde predominan las coordinaciones entre las acciones y en el que esas
coordinaciones las dominan hasta el punto de imponérseles en una forma
operatoria coherente.
LA TOMA DE CONCIENCIA.
1. ¿Qué quiere decir "toma de conciencia"?
2. ¿Dónde se encuentra la interiorización de las acciones?
3. ¿Porqué se estudian las situaciones en que el éxito de las
acciones es precoz?
4. ¿Qué significa el andar a gatas?
5. ¿Cuál es fuente ordinaria de las tomas de conciencia?
6. ¿En qué nivel empieza la reversibilidad operatoria?
7. ¿Qué se analiza con la trayectoria de un proyectil lanzado
por una honda?
8. ¿Qué rasgos identifican a cada uno de los niveles?