Universidad Abierta

 


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CRÍTICA DE LA RAZÓN PURA

REFLEXIONES DE MANUEL KANT SOBRE EL MÉTODO DE LA MATEMÁTICA

 

FRANCO GARCÍA FRANCISCO

 

 

CONTENIDO

 

KANT FILÓSOFO DE LA CULTURA MODERNA.

Evolución filosófica.

EL MÉTODO MATEMÁTICO DEPENDE DE LAS CONSTRUCCIONES.

Una  descripción de las construcciones kantianas.

LA NOCIÓN KANTIANA DE INTUICIÓN.

Axioma de la intuición.

LA PRIMACÍA SISTEMÁTICA DE LA TEORÍA  KANTIANA  DEL MÉTODO MATEMÁTICO.

LA PRIMACÍA HISTÓRICA DE LA TEORÍA KANTIANA DEL MÉTODO

MATEMÁTICO.

LAS OBSERVACIONES DE KANT SOBRE AL ALGEBRA.

LAS OBSERVACIONES DE KANT SOBRE  LAS ECUACIONES ARITMÉTICAS.

EUCLIDES. UN PARADIGMA PARA KANT.

MÉTODO ANALÍTICO Y SINTÉTICO.

KANT Y LA GEOMETRÍA ANALÍTICA ECUACIONES "INDEMOSTRABLES".

LAS INTUICIONES NUEVAMENTE INTUITIVAS.

LA ECTHESIS EN LÓGICA.

¿SON LOS PARTICULARES ESPECIALMENTE INTUITVOS?.

¿CÓMO PUEDEN LAS CONSTRUCCIONES DAR UN CONOCIMIENTO A PRIORI?.

LA ESTRUCTURA DEL ARGUMENTO KANTIANO. 

BIBLIOGRAFÍA.

 

 

KANT FILÓSOFO DE LA CULTURA MODERNA.

 

Kant es el filósofo de la cultura moderna. La orientación que da a su pensamiento en la más fecunda época de su vida, lo hace el pionero de tal concepción. Kant no se limitó a formular una teoría del conocimiento científico; meditó asimismo con hondura y sagacidad en los temas de la conducta moral, de la religión y del arte, no menos que en las exigencias políticas y pedagógicas, que iba reclamando ya la vida contemporánea.

La doctrina de Kant y de sus inmediatos continuadores forma la tercera etapa de la filosofía moderna.

Kant es el fundador del criticismo, el recodo más importante de la filosofía moderna.

Una filosofía crítica, la creada por Kant, cala hondo en la esencia humana descubriendo sus límites y aceptándolos, pero fundando en los principios de ella (principios objetivos, por cierto), la validez del saber científico.  En efecto: Kant enseña que las perspectivas del conocimiento científico son inagotables, como lo ha venido a mostrar de manera dramática la ciencia contemporánea. En cambio, hace ver que no es posible como ciencia el saber metafísico tradicional, el saber acerca de Dios, de la inmortalidad del alma y de la finalidad del universo.

 

EVOLUCIÓN  FILOSÓFICA.

 

El pensamiento de Kant evolucionó significativamente a lo largo de su vida. Pueden distinguirse dentro de su desarrollo cuatro períodos, cuyas ideas aparecen expresadas de clara manera en su obra escrita, tan abundante, tan característica, tan decisiva.

En el primer período (1746-1760) prevalece el interés por las ciencias naturales; filosóficamente, Kant es racionalista. En el segundo (1760-1769) aventaja la vocación filosófica, y se advierte una tendencia hacia el empirismo. En el tercero (1769-1781) surge ya la idea criticista: es el período de la gestación. En el cuarto (1781-1804) la Sistematización del Criticismo. El método trascendental. La Crítica de la razón pura es la primera de las grandes obras sistemáticas. Aparece en 1781. Fue el fruto de muchos años de meditación, bien que redactada.

Tres objetivos se propone  la Crítica de la razón pura: 1) En qué reside la validez del conocimiento científico (matemática, física...); 2) Cuáles son los límites de dicho saber, y, por tanto, por qué no es posible la metafísica tradicional como ciencia; 3) Cómo es posible el verdadero conocimiento filosófico.

El conocimiento no consiste en un proceso deductivo que parte de ideas innatas, como enseña el racionalismo, ni en una reproducción de la experiencia, como lo declara el empirismo. El conocer es un acto gracias al cual una materia por conocer es conformada por ciertas leyes lógicas a priori de que echa mano la conciencia cognoscente en el referido acto. Dichas leyes son de dos especies: a) formas de intuición, a saber, el tiempo y el espacio; b) categorías del entendimiento (sustancia-accidente, causa-efecto, etc.).

 

EL MÉTODO MATEMÁTICO DEPENDE DE LAS CONSTRUCCIONES.

 

Según Kant, “el conocimiento matemático es un conocimiento racional por construcción  de conceptos.” (Crítica de la razón pura). En este trabajo haré unas sugerencias sobre la cuestión de cómo se ha de entender esta caracterización del método matemático.

La caracterización se presenta al final de la Crítica de la razón pura en el primer capítulo de la Doctrina Trascendental del Método. En este capítulo Kant  hace más observaciones sobre el tema del  método matemático. Estas observaciones no han sido examinadas con profundidad por la mayoría de los que estudian los escritos kantianos. Habitualmente han sido consideradas como una suerte de apéndice a las concepciones  más conocidas de Kant sobre el espacio y el tiempo presentadas en la Estética Trascendental. En este trabajo también quiero llamar la atención sobre el hecho de que la relación entre las dos partes de la primera Crítica es considerablemente diferente de la concepción corriente que se tiene de ella.

Respecto de la caracterización kantiana, el primer término importante que contiene es la palabra “construcción”. Kant dice, al explicar este término, que construir un concepto es lo mismo que exhibir, a priori, una intuición que corresponde al concepto. En otras palabras, la construcción equivale a la transición desde un concepto general hasta una intuición que representa al concepto, con tal que esto se efectúe sin recurrir a la experiencia.

La matemática proporciona el ejemplo más claro de una razón pura de éxito por sí misma, y sin el concurso de la experiencia. Los ejemplos son contagiosos principalmente para esta facultad que se envanece naturalmente de tener  para otros casos el mismo éxito que obtiene en un caso particular. Del mismo modo la razón pura espera poder extenderse en su uso trascendental con el mismo resultado sólido que en su uso matemático, sobre todo si aplica al primero, idéntico método que de tan evidente utilidad le ha sido en el segundo. Nos importa, por tanto, saber si el método que conduce a la certeza apodíctica y que se llama matemático en esta última ciencia es idéntico al que sirve para buscar la misma certeza en filosofía que podríamos denominar aquí dogmático.

El conocimiento filosófico es el conocimiento racional por conceptos, y el conocimiento matemático es un conocimiento racional por construcción de conceptos. Pero construir un concepto es representar a priori la intuición que le corresponde. La construcción de un concepto exige, pues, una intuición no empírica, que por consecuencia, en cuanto intuición sea un objeto singular, pero que sin embargo, como construcción de un concepto (de una representación general) debe expresar en la representación alguna cosa universal que se aplica a todas las intuiciones posibles, perteneciendo a este concepto. Así yo construyo un triángulo representando el objeto correspondiente a este concepto, sea por la simple imaginación - en la intuición pura -, sea según el dibujo que contemplo - en la intuición empírica -, pero en el segundo caso, plenamente a priori, sin someter el modelo a una experiencia.

 

UNA DESCRIPCIÓN DE LAS CONSTRUCCIONES KANTIANAS. 

 

¿Cómo se ha de entender el término “construcción”? No sorprende encontrarlo en una teoría de la matemática puesto que en la época de Kant tenía un uso establecido en al menos una parte de la matemática, a saber, en la geometría. Por lo tanto es natural suponer que Kant tiene en mente fundamentalmente las construcciones de los geómetras.

Puede parecer natural que el recurso kantiano a la intuición esté diseñado para proporcionar a las construcciones geométricas un mejor fundamento. Kant parece estar diciendo que no es necesario construir una figura geométrica en un papel o sobre el pizarrón. Todo lo que tenemos que hacer es representar por medio de la imaginación la figura deseada. Este procedimiento estaría justificado por el resultado de la Estética Trascendental, en el caso de que pueda aceptarse. Pues allí se pretende mostrar que todas las relaciones geométricas se deben a la estructura de nuestra sensibilidad (nuestro aparato perceptual, si se prefiere el término); por esta razón se las puede representar en la imaginación de manera acabada sin recurrir a las impresiones sensoriales.

Esta interpretación constituye el punto de partida de una crítica que se le dirige muy a menudo a la teoría kantiana de la matemática. Se dice, o se da por sentado, que en la matemática se puede prescindir de las construcciones en el sentido geométrico de la  expresión. Allí sólo tenemos que efectuar algunos argumentos lógicos que pueden ser formalizados de manera completa en términos de la lógica moderna. La única razón por la que Kant pensó  que la matemática se basaba en el empleo de construcciones consistió en que la geometría elemental de su época necesitaba de construcciones que en la mayoría de los casos provenían casi directamente de los Elementos de Euclides. Pero esto fue sólo una peculiaridad accidental de tal sistema de geometría. Se debió al hecho de que el conjunto de axiomas y postulados de Euclides era incompleto. Por lo tanto, para probar todos los teoremas que Euclides quería probar no le era suficiente efectuar un argumento lógico. Tenía que trazar un diagrama o una figura que le permitiera valerse de un modo tácito de nuestra intuición geométrica, la cual proveería así las suposiciones faltantes que él había omitido. De este modo, se afirma, la teoría kantiana de la matemática surgió mediante el hecho de tomar como un rasgo esencial de toda la matemática algo que sólo era una consecuencia de un defecto propio de la axiomatización euclidiana de la geometría.

 

LA NOCIÓN KANTIANA DE INTUICIÓN.

 

Comenzamos a darnos cuenta de la insuficiencia de la interpretación mencionada arriba en el momento en el que examinamos de manera más detallada la noción de construcción. La definición de este término emplea la noción de intuición. Por lo tanto tenemos que preguntar: ¿Qué quiso decir Kant con el término “intuición”? ¿Cómo lo definió? ¿Cuál es la relación que hay entre su noción de intuición y aquello que solemos asociar con ese término?

 

AXIOMAS DE LA INTUICIÓN.

 

Su principio es: “Todas las intuiciones son magnitudes extensivas”.

Prueba: Todos los fenómenos contienen, según su forma, una intuición en el espacio y el tiempo, que está a priori a la base de todos ellos. No pueden pues ser aprehendidos, o sea, recogidos en la conciencia empírica, sino por medio de la síntesis de lo múltiple, mediante la cual se producen las representaciones de un determinado espacio o tiempo; es decir, por medio de la composición de lo semejante y la conciencia de la unidad sintética de ese múltiple (semejante). La conciencia empero de lo semejante múltiple en la intuición en general, en cuanto por ella es posible la representación de un objeto, es el concepto de una magnitud. Así pues, la percepción misma de un objeto como fenómeno es sólo posible mediante la misma unidad sintética de lo múltiple de la intuición sensible dada, por la cual la unidad de la composición de lo múltiple semejante es pensada en el concepto de una magnitud, es decir: los fenómenos son todos ellos magnitudes y magnitudes extensivas, porque, como intuiciones en el espacio o en el tiempo, tienen que ser representadas por la misma síntesis por la cual el espacio y el tiempo son en general determinados.

Llamo magnitud extensiva aquella en que la representación de las partes hace posible la representación del todo (y la precede, pues, necesariamente). No puedo representarme una línea, por pequeña que sea, sin trazarla con el pensamiento, es decir, sin producir todas sus partes poco a poco, desde un punto, y así dibujar esa intuición. Lo mismo ocurre con el tiempo, por corto que sea. Pienso en el tránsito sucesivo de un momento a otro, por donde, mediante todas las partes de tiempo y su adición, prodúcese finalmente una determinada magnitud de tiempo. Como la mera intuición de todos los fenómenos es el espacio o el tiempo, todo fenómeno, como intuición, es una magnitud extensiva, puesto que no puede ser conocido más que mediante una síntesis sucesiva de parte a parte en la aprehensión. Todos los fenómenos son pues ya intuidos como unos agregados (muchedumbre de partes dadas anteriormente), lo cual no ocurre en toda especie de magnitudes, sino sólo en las que son aprehendidas y representadas por nosotros extensivamente.

En esta síntesis sucesiva de la imaginación productiva en la creación de figuras fúndase la matemática de la extensión (geometría) con sus axiomas, que expresan las condiciones de la intuición sensible a priori, bajo las cuales tan sólo puede realizarse el esquema de un concepto puro del fenómeno exterior, por ejemplo: “entre dos puntos no hay más que una recta posible”; “dos rectas no encierran un espacio”, etc. ..Estos son los axiomas que se refieren propiamente sólo a magnitudes (quanta)como tales.

Pero en lo que se refiere a la magnitud, es decir, a la respuesta que se da a esta pregunta: ¿cómo es de grande tal cosa?, no hay para ella axiomas en el sentido propio, aunque varias de esas proposiciones son sintéticas e inmediatamente ciertas. Pues la proposición siguiente: cantidades iguales, añadidas o sustraídas a cantidades iguales, dan cantidades iguales, es analítica, porque tengo inmediatamente conciencia de la identidad de una y otra producción de magnitud; los axiomas empero han de ser proposiciones sintéticas. En cambio las proposiciones evidentes de la relación numérica, si bien son sintéticas, no son universales, como las de la geometría, y por eso no pueden llamarse axiomas, sino fórmulas numéricas. La proposición: 7+5=12  no es analítica. Pues ni en la representación de 7, ni en la de 5, ni en la representación de la composición de ambas pienso yo el número 12; no se trata aquí de que yo deba pensarlo en la adición de ambas, pues en la proposición analítica la cuestión es sólo la de si yo pienso realmente el predicado en la representación del sujeto. Pero aunque sintética, es sin embargo una proposición particular. Por cuanto se atiende aquí sólo a la síntesis de lo semejante (las unidades), no puede la síntesis ocurrir más que de una única manera, aunque el uso de esos números es luego universal. Cuando yo digo: con tres líneas, dos de las cuales juntas son mayores que la tercera, se puede trazar un triángulo, tengo la mera función de la imaginación productiva, que puede trazar las líneas más largas y más cortas y hacer que se encuentren en todos los ángulos que quiera. En cambio el número 7 no es posible más que de una única manera y así mismo el número 12, producido por la síntesis del primero con 5. Semejantes proposiciones no deben pues, llamarse axiomas (pues habría infinitos de éstos) sino fórmulas numéricas.

Este principio trascendental de la matemática de los fenómenos da a nuestro conocimiento a priori una gran ampliación. Pues sólo él es el que hace que la matemática pura sea aplicable en toda su precisión a objetos de la experiencia, cosa que sin ese principio no se vería por sí misma claramente y hasta ha ocasionado más de una contradicción. Los fenómenos no son cosas en sí mismas. La intuición empírica es sólo posible por medio de la pura (del espacio y del tiempo); lo que la geometría dice, pues, de ésta, vale sin objeción para aquélla y los subterfugios que suponen que los objetos de los sentidos pueden no ser conformes a las reglas de la construcción en el espacio (v.g. de la infinita divisibilidad de las líneas o de los ángulos) deben desaparecer. Pues de ese modo se negaría al espacio, y con él a la vez a toda la matemática, validez objetiva, y no se sabría por qué y hasta dónde es aplicable a los fenómenos. La síntesis de los espacios y tiempos, como síntesis de la forma esencial de toda intuición, es, al mismo tiempo, lo que hace posible la aprehensión del fenómeno, y por lo tanto toda experiencia externa y por consiguiente también todo conocimiento de los objetos de la misma; y lo que la matemática, en su uso puro, demuestra de aquella (forma), vale también necesariamente para esta (experiencia externa). Toda objeción a esto es insistente argucia de una razón mal instruida que, erróneamente, piensa separar los objetos de los sentidos, de la condición formal de nuestra sensibilidad y, aunque sólo son fenómenos, se los representa como objetos en sí mismos, dados al entendimiento; si así fueran, de seguro que no podríamos conocer nada de ellos sintéticamente a priori, y por tanto tampoco mediante puros conceptos del espacio; y la ciencia que determina éstos, la geometría, no sería posible.

La interpretación que esbocé brevemente más arriba asimila la noción kantiana de una intuición a priori a aquello que nosotros podemos llamar imágenes mentales. Intuición es algo que uno puede poner ante el ojo de la propia mente, algo que uno puede visualizar, algo que uno puede presentar en su imaginación. Sin embargo, en absoluto es éste el significado básico que Kant mismo quiso darle a la palabra. Según su definición, presentada en el primer parágrafo de sus lecciones sobre lógica, toda idea particular en cuanto se distingue de conceptos generales es una intuición. En otras palabras, todo aquello que en la mente humana representa un individuo es una intuición. Podemos decir que no hay nada “ intuitivo” con respecto a las intuiciones  así definidas. Intuitividad significa individualidad sin más.

Por supuesto, sigue siendo verdad que más tarde en su sistema Kant volvió a hacer intuitivas a las intuiciones al sostener que todas nuestras intuiciones humanas están ligadas a nuestra sensibilidad, i.e., a nuestra facultad de percepción sensible. Pero debemos recordar que Kant nunca consideró que esta conexión entre intuiciones y sensibilidad fuera una mera consecuencia lógica de la definición  de intuición. Por el contrario,  Kant insiste todo a lo largo de la Crítica de la razón pura que no es incomprensible que otros seres puedan tener intuiciones por medios distintos de los sentidos.

Para Kant la conexión entre sensibilidad e intuición  era algo que debía probarse, no un punto de partida. Las pruebas que da para aceptar la conexión (en el caso de los seres humanos) se presentan en la Estética Trascendental. Por lo tanto, nos está permitido suponer la conexión entre sensibilidad e intuiciones sólo en aquellas partes del sistema kantiano que son lógicamente posteriores a la Estética Trascendental.

 

LA PRIMACÍA SISTEMÁTICA DE LA TEORÍA KANTIANA DEL MÉTODO MATEMÁTICO.

 

Mi sugerencia principal para una interpretación de la teoría kantiana del método matemático, tal como se presenta al final de la primera Crítica, es que esta teoría no es posterior, sino más bien sistemáticamente anterior a la Estética Trascendental. Si esto es así, se sigue que, dentro de esta teoría, el término “intuición” debe ser tomado en el sentido “ no intuitivo” que Kant le dio en su definición de esa noción. En particular, hay que considerar que la caracterización kantiana de la matemática, que la hace depender del empleo de construcciones, sólo significa que en la matemática se introducen constantemente representantes particulares de conceptos generales y se llevan a cabo  argumentos  en términos de tales representantes particulares, argumentos que no pueden ser realizados únicamente por medio de conceptos generales. Pues, si la metodología kantiana de la matemática es independiente de las pruebas que da en la Estética para conectar intuición y sensibilidad e incluso anterior a ella, entonces en absoluto tenemos justificación alguna para suponer tal conexión dentro de la teoría kantiana del método de la matemática, i.e., no tenemos justificación alguna para dar a la noción de intuición un significado distinto del que Kant le da en sus propias definiciones.

De hecho hay muy buenas razones para  concluir que la discusión del método matemático en la Doctrina del Método es anterior, y está presupuesta por las discusiones kantianas típicamente críticas sobre el espacio y el tiempo en la Estética Trascendental. Una de ellas debería ser suficiente: en los Prolegómenos, obra en la que Kant quiso aclarar la estructura de su argumento, al comienzo y durante el argumento que corresponde a la Estética Trascendental apela de manera explícita a sus discusiones de la metodología de la matemática que  están al final de la Crítica de la razón pura, mediante lo cual se hace así evidente la dependencia del primero respecto de las últimas. Esto sucede tanto cuando Kant discute el carácter sintético de la matemática (edición de la Academia de las obras de Kant, vol. 4, p. 272), como cuando discute su carácter intuitivo.

Espacio y tiempo son, dos fuentes de conocimiento de las cuales a priori podemos extraer diferentes conocimientos sintéticos; la matemática pura nos da un ejemplo brillante, por lo que se refiere a los conocimientos del espacio y sus relaciones. Ambas, tomadas juntas, son formas puras de toda intuición sensible y, por eso, hacen posibles proposiciones sintéticas a priori. Mas esas fuentes de conocimiento a priori determinan sus límites precisamente por eso (porque son meras condiciones de la sensibilidad) a saber: que se refieren sólo a objetos en cuanto son considerados como fenómenos, mas no representan cosas en sí mismas. Aquellos fenómenos solos constituyen el campo de su validez y cuando nos salimos de ellos, no podemos hacer uso alguno objetivo de esas fuentes. Esa realidad del espacio y del tiempo deja incólume la certeza del conocimiento de experiencia: pues estamos ciertos de él, pertenezcan necesariamente esas formas a las cosas en sí mismas o a nuestra intuición. En cambio, los que sostienen la realidad absoluta del espacio y del tiempo, admítanla como subsistente o sólo inherente, tienen que hallarse en contradicción con los principios de la experiencia misma. Pues, si se deciden por lo primero (partido que generalmente adoptan los que investigan matemáticamente la naturaleza) tienen que admitir dos nadas eternas, infinitas, existentes por sí ( el espacio y el tiempo) que existen (sin que, sin embargo, ninguna realidad exista) sólo para comprender dentro de sí todo lo real. Si se deciden por el segundo partido (al cual pertenecen algunos que investigan metafísicamente la naturaleza) y consideran el espacio y el tiempo como relaciones de los fenómenos (al lado o después unos de otros) abstraídas de la experiencia, si bien confusamente representadas en la separación, entonces tienen que negar a las teorías matemáticas a priori, en lo que se refiere a cosas reales (v.g. en el espacio) su validez o, al menos, la certeza apodíctica. Porque ésta no puede tener lugar a priori y los conceptos a priori del espacio y del tiempo, según esta opinión, son sólo creaciones de la imaginación, cuya fuente ha de buscarse realmente en la experiencia, con cuyas relaciones, abstraídas, ha hecho la imaginación algo que, si bien contiene lo universal de las mismas, no puede, sin embargo, tener lugar sin las restricciones que la naturaleza ha enlazado con ellas. Los primeros ganan tanto que abren el campo de los fenómenos para las afirmaciones matemáticas, en cambio, confúndense mucho, por esas mismas condiciones, cuando el entendimiento quiere salir de ese campo. Los segundos ganan,  es cierto, en lo que a esto último se refiere, puesto que las representaciones de espacio y tiempo no les cierran el camino cuando quieren juzgar de los objetos no como fenómenos, sino sólo con relación al entendimiento; mas, en cambio, ni pueden señalar el fundamento de la posibilidad de conocimientos matemáticos a priori (ya que les falta una intuición a priori verdadera y con valor  objetivo), ni poner las leyes de la experiencia en necesaria concordancia con aquellas afirmaciones. En nuestra teoría de la verdadera constitución de esas dos formas originarias de la sensibilidad, quedan remediadas ambas dificultades.

En fin, se comprende también claramente que la estética trascendental no pueda contener más que esos dos elementos, a saber: espacio y tiempo. Todos los demás conceptos, en efecto, que  pertenecen a la sensibilidad, incluso el del movimiento, que reúne ambas partes, presuponen algo empírico. El movimiento presupone percepción de algo que se mueve. Mas en el espacio, considerado en sí, nada es móvil; lo móvil tiene que ser algo que no se encuentra en el espacio más que por experiencia; por lo tanto, un dato empírico. De igual modo no puede la estética trascendental contar el concepto de la variación entre sus datos a priori; pues el tiempo mismo no muda, sino algo que está en el tiempo. Así, pues, se exige, además, la percepción de alguna existencia y de la sucesión de sus determinaciones, por ende, la experiencia.

Otra razón persuasiva dice que en la Estética Trascendental y en los momentos clave Kant entiende por intuiciones justo aquello que nos dicen  sus propias definiciones. Por ejemplo, sostiene sobre el espacio y el tiempo: “ El espacio no es un concepto... universal, de las relaciones de las cosas en general, sino una intuición pura. Pues... no se puede representar más que un único espacio... El es esencialmente uno; lo múltiple en él y, por lo tanto también el concepto universal de espacios en general, se origina sólo en limitaciones. De aquí se sigue que... una intuición a priori... sirve de base a todos los conceptos del mismo”. Aquí el carácter intuitivo se infiere de un modo directo de la individualidad y, sin duda, no significa más que esto último.

           

LA  PRIMACÍA HISTÓRICA DE LA TEORÍA KANTIANA DEL MÉTODO MATEMÁTICO.

 

Pero creo que, a pesar de las excelentes razones que pueda haber para invertir el orden de la exposición kantiana en la primera Crítica y para situar la discusión sobre la matemática en la Methodenlehre antes de la Estética Trascendental, pueda crear duda.

En verdad, ¿pudo Kant no haber querido decir nada más que esto mediante su caracterización del método matemático? ¿Pudo haber pensado que es una peculiaridad importante del método de los matemáticos, en cuanto se distingue del método de los filósofos, el hecho de que los matemáticos usen casos particulares de conceptos generales mientras que los filósofos no? ¿No es sugerir esto llevar la definición kantiana de intuición demasiado lejos?

Pienso que la respuesta es que hubo un tiempo en el que Kant creyó que una de las peculiaridades principales del método matemático consistía en el empleo de representantes particulares de conceptos generales. Esta concepción fue presentada en el ensayo  precrítico   premiado del año 1764. Su interpretación es totalmente independiente de la interpretación de los escritos críticos de Kant. En particular, la formulación de esta teoría kantiana precrítica no depende en absoluto de la noción de intuición. Se sigue, por lo tanto, que la idea de que el método matemático se basa en el uso de conceptos generales in concreto, i.e., en la forma de instancias individuales, fue el punto de partida de las concepciones kantianas más elaboradas sobre la matemática. Sea que la lectura que sugiero de la caracterización kantiana de la matemática sea exhaustiva o no, esto es, sea que intuición signifique allí algo más que una idea particular o no, en todo casa esta lectura es la única a partir de la cual tenemos que comenzar al tratar de entender las concepciones kantianas acerca de la matemática.

Es útil señalar en este punto que la lectura de Kant no es enteramente incompatible con la interpretación más tradicional. Por un lado, una imagen mental completamente concreta representa un particular y por lo tanto una intuición en el sentido de la definición más amplia. Por otro lado, las instancias particulares de los conceptos generales son de manera habitual mucho más fáciles de tratar que los conceptos generales mismos; son mucho más intuitivas en el sentido ordinario de la palabra que los conceptos generales. Por lo tanto, las dos interpretaciones no difieren tanto como podría parecer a primera vista. La diferencia real entre ambas radica en la cuestión de si a veces Kant tenía en mente, además de las intuiciones “usuales” en el sentido de cuadros mentales o imágenes, algunos otros individuos que se tienen realmente en cuenta en los argumentos matemáticos. Esto, creo, es algo que vale la pena considerar.

 

LAS OBSERVACIONES DE KANT SOBRE EL ALGEBRA.

 

De hecho, al considerar más de cerca la teoría kantiana de la matemática tal como efectivamente se presenta al final de la Crítica de la razón pura, veremos que muchas cosas se vuelven comprensibles si recordamos la noción de intuición en el sentido de una idea particular a diferencia de los conceptos generales. De manera habitual se interpreta la teoría kantiana del método matemático a la luz de aquello que dice en la Estética Trascendental. En otras palabras, se interpreta “intuición” como si significara “cuadro mental” o “una imagen ante el ojo de nuestra mente” o algo por el estilo. Pero entonces resulta muy difícil entender por qué Kant señala que el álgebra y la aritmética se basan en el empleo de intuiciones. Sin duda, el propósito de emplear símbolos algebraicos no es el de proporcionarnos intuiciones en el sentido ordinario de la palabra, esto es, imágenes o cuadros mentales más vívidos. Los eruditos han tratado de reconciliar las observaciones que hace Kant sobre el álgebra y la aritmética con sus doctrinas críticas centrales tal como se presenta en la Estética Trascendental. Creo que el profesor C.D. Broad resume de manera adecuada el resultado de esos intentos en un ensayo muy conocido sobre “La teoría kantiana del razonamiento matemático y filosófico”. Allí dice que “Kant no proporcionó teoría alguna del razonamiento algebraico”. Esto es, en mi opinión, perfectamente correcto si leemos la descripción kantiana del método matemático a la luz de lo que dice en la Estética Trascendental. Pero entonces, me parece, la opinión de Broad llega ser casi una reductio ad absurdum de la suposición de que la Estética Trascendental sería, en la mente de Kant, lógicamente anterior a la discusión de la matemática que se presenta al final de la primera Crítica. Pues, bajo esta suposición los enunciados que hace Kant sobre la aritmética y el álgebra no sólo quedan despojados de su verdad, sino también de su significado. Si la Estética Trascendental fuera lógicamente anterior a la metodología kantiana de la matemática, se tornaría completamente incomprensible qué podría haber querido decir Kant con sus observaciones sobre la aritmética y el álgebra que de manera tan obvia están en desacuerdo con doctrinas que defiende.

Por otro lado, si suponemos que Kant, al hacer esas observaciones sobre la aritmética y el álgebra,  mediante el término “intuición” sólo quiso referirse a algún representante de un individuo, algunas cosas se vuelven comprensibles, aunque no necesariamente todas. Si podemos suponer que los símbolos que usamos en el álgebra representan números individuales, entonces se torna trivial decir que el álgebra se basa en el empleo de intuiciones, i.e., en el empleo de representantes de individuos en cuanto se distinguen de conceptos generales. Después de todo, las variables del álgebra elemental tienen su dominio de variación en los números y no toman como sus valores de sustitución a predicados de números, tal como pueden hacerlo las variables de una silogística formalizada. Luego, también podemos entender aquello que Kant tenía en mente cuando denominó construcciones a operaciones algebraicas tales como la adición, la multiplicación y la división. Pues, ¿qué ocurre si combinamos en el álgebra dos letras, sean a y b, con un signo funcional, sea éste f, o g, o +, o 0: , y obtenemos una expresión como f(a,b), o g(a,b) o a+b, o a.b o a : b? Es obvio que estas expresiones representan números individuales o, dicho de manera más general, magnitudes individuales, usualmente individuos diferentes de aquellos que a y b representan. Entonces, ha ocurrido que hemos introducido un representante de un nuevo individuo. Y tal introducción de representantes de nuevos individuos, i.e., de nuevas intuiciones, es justo aquello que sucede según la definición kantiana cuando construimos algo. Quizá se pueda decir que los nuevos individuos representan los conceptos de “la suma de a y b”, “el producto de a y b”, etcétera.

Por lo tanto, las observaciones de Kant sobre el álgebra reciben un significado natural en mi interpretación, sin considerar la cuestión de si este significado es reconciliable en último término con aquello que dice en la Estética Trascendental. Podríamos decir que aquí el propósito del empleo kantiano del término “intuición” es decir que el álgebra es nominalista en términos de Quine: los valores únicamente aceptables de las variables son individuos.  

 

LAS OBSERVACIONES DE KANT SOBRE LAS ECUACIONES ARITMÉTICAS.

 

Las observaciones que hace Kant sobre la aritmética presentan un problema un poco más complicado. Aquí no las examinaré en detalle, si bien se puede mostrar que están de acuerdo con la opinión que estoy sugiriendo. En este lugar sólo quiero referirme a una única cuestión.

En el caso de la aritmética de números pequeños, tal como 7,5 y 12, la lectura corriente de las observaciones de Kant no carece de plausibilidad. Kant parece estar diciendo que para establecer que 7+5= 12  tenemos que visualizar los números 7, 5 y 12 por medio de  puntos, dedos o algunas otras ejemplificaciones adecuadas, de manera que podamos percibir inmediatamente la ecuación deseada. Incluso llega a decir que ecuaciones como 7+5= 12 son inmediatas e indemostrables. Esto no es fácil de reconciliar con el hecho de que Kant, sin embargo, describió un procedimiento que sirve para establecer la verdad de la ecuación en cuestión, sea que a ese procedimiento lo llamemos prueba o no, y dijo que su concepción es más natural cuando se aplica a números grandes. Espero ser capaz de mostrar más adelante aquello que Kant quiso decir cuando dijo que las ecuaciones como 7+5= 12 son “inmediatas” e “indemostrables. No quiso decir que la ecuación puede ser establecida sin un argumento que nosotros quizá llamaríamos una prueba. “Inmediato” e “indemostrable” no fueron empleados para distinguir entre percepción inmediata y un argumento articulado, sino para distinguir entre cierta subclase de argumentos expresamente directos y otros tipos de pruebas. En consecuencia, la interpretación corriente de la teoría kantiana también fracasa en este punto. Más adelante intentaré decir algo acerca de la opinión correcta.

 

EUCLIDES: UN PARADIGMA PARA KANT.

 

Un buen camino para comprender la teoría kantiana de la matemática consiste en preguntar: ¿Cuáles fueron los paradigmas sobre los que se modeló esta teoría? El paradigma más obvio y de hecho un paradigma reconocido por Kant mismo fue el sistema euclidiano de la geometría elemental. Al comienzo de este artículo vimos que una crítica usual que se le dirige a la teoría kantiana de la matemática parte de una comparación entre la teoría kantiana y el sistema de Euclides. Sin embargo, me parece que no es suficiente hacer una comparación general y vaga. Es más provechoso preguntar: ¿Exactamente en qué rasgos de la exposición de Euclides estaba pensando Kant al elaborar su teoría? En vistas de la interpretación de la noción kantiana de intuición que he sugerido, esa pregunta se convierte en esta otra: ¿Hay algo particular en el procedimiento de Euclides que favorezca la idea de que la matemática se basa en el empleo de instancias particulares de conceptos generales?

Es fácil ver que lo hay. Pues, ¿cuál es la estructura de una proposición en la geometría de Euclides? De manera típica una proposición consta de cinco ( o a veces seis) partes. Primero, hay una enunciación de una proposición general. Por ejemplo, en la proposición 20 de los Elementos dice: “En todo triángulo dos lados tomados juntos de cualquier manera son mayores que el restante.

Pero Euclides jamás procede únicamente sobre la base de la enunciación. En  cada proposición, primero aplica  el contenido de la enunciación a una figura particular que él  supone delineable. Por ejemplo, después de haber enunciado la proposición 20, Euclides continúa diciendo: “Pues, sea  ABT un triángulo. Digo que dos lados del triángulo ABT tomados juntos de cualquier manera son mayores que el restante, los lados BA, AT (mayores) que BT, los lados AB, BT (mayores) que AT, y los lados BG, GA (mayores) que AB”. Esta parte de una proposición  euclidiana era llamada la exposición o ecthesis  (en latín expositio). Quizá no sea accidental que Kant empleara el equivalente alemán para “exposición”  (darstellen) al explicar su noción de construcción y que empleara el término “exposición” para un proceso análogo al de la construcción matemática.

La exposición o ecthesis está estrechamente relacionada con la parte que sigue, o tercera parte, de una proposición euclidiana, la construcción auxiliar. Esta parte era a menudo llamada la preparación u organización. Consistía en declarar que la figura construida en la exposición tenía que ser completada mediante el trazado de algunas líneas, puntos y círculos adicionales. En nuestro ejemplo, la preparación dice así: “Prolónguese por el otro lado BA hasta el punto A, y hágase AA igual a TA y trácese AT.

La construcción era seguida por la apodeixis o prueba propiamente dicha. En la prueba no se realizaban más construcciones. Allí tenía lugar una serie de inferencias que concernían a la figura que había sido introducida en la exposición y completada en la construcción auxiliar. Estas inferencias hacían uso (1) de axiomas, (2) de proposiciones anteriores y (3)  de las propiedades de la figura que se seguían del modo en el que la figura estaba construida.

Después de haber alcanzado la conclusión deseada acerca de la figura particular, Euclides regresaba otra vez a la enunciación general, diciendo, p.ej., “Por consiguiente, en todo triángulo, etc.”

 

MÉTODO ANALÍTICO Y MÉTODO SINTÉTICO.

 

En la geometría hay una antigua distinción entre dos tipos de métodos. Por un lado, está el método que consiste en suponer un resultado deseado que se puede alcanzar, por ejemplo, en suponer que hemos tenido éxito en hacer una construcción deseada en el sentido corriente de “construcción”. Luego, a partir de estas suposiciones se argumenta “hacia atrás”, por así decir, hacia las condiciones a partir de las cuales la construcción es posible y hacia las maneras en las que se puede realizar. Este método se llama analítico. A veces fue atribuido a Platón, pero no se empleó en gran escala, explícita y sistemáticamente, hasta la geometría analítica de Descartes, cuyo mismo nombre se deriva del método “analítico” en cuestión. El otro método era el método sintético. Su aplicación consiste en tratar de producir el resultado deseado, por ejemplo, hacer una construcción deseada mediante la efectuación real de construcciones. Aquello que distingue a los dos métodos, por lo tanto, es de manera general el hecho de que en el método analítico no se hagan construcciones mientras que el método sintético se basa en el empleo de construcciones reales.

Kant indica que aquello que hace que la matemática en general y la geometría en particular sea sintética consiste en el empleo de intuiciones, i.e., el empleo de construcciones. Hemos visto que en la geometría su noción de construcción coincide con el uso matemático corriente del término “construcción”. Esto significa, entonces, que la distinción kantiana entre analítico y sintético está modelada, dentro de la matemática al menos, a partir de cierto uso propio de los matemáticos que era corriente en su época. (Los matemáticos aún hoy hablan de geometría sintética queriendo decir geometría que depende del empleo y el estudio de construcciones geométricas.) Esta sugerencia encuentra apoyo en las observaciones que Kant mismo hace sobre el tema y que sirven para restringir su sentido de sintético a fin de conectarlo de manera explícita con construcciones en un sentido casi geométrico. La distinción entre analítico y sintético en la geometría se empleaba a menudo con el objeto de distinguir dos procedimientos para encontrar una prueba o construcción deseada o, en algunos casos, para separar dos métodos de exposición. Kant necesitaba una distinción entre dos significados diferentes de realizar una prueba. Para él el paradigma de la síntesis era precisamente la síntesis en el sentido geométrico de la palabra, i.e., la complementación de una figura por medio de la introducción de nuevas entidades geométricas.  Kant distingue este significado del otro que se basaba en el paradigma del procedimiento “inverso”: desde un fundamento hacia una consecuencia.

 

KANT Y LA GEOMETRÍA ANALÍTICA. ECUACIONES  “INDEMOSTRABLES”.

 

Hay otra manera en la que una referencia a las geometrías respectivas de Euclides y de Descartes nos ayuda a entender a Kant. Podemos hacer una observación particularmente interesante si comparamos la geometría de Euclides con la de Descartes. Según Descartes, la idea principal de la geometría analítica era una correlación o analogía entre operaciones algebraicas y geométricas. Así como todo lo que necesitamos en la aritmética son las cuatro o cinco operaciones básicas de adición, sustracción, multiplicación, división y extracción de raíces, exactamente de la misma manera necesitamos en la geometría sólo unas pocas construcciones básicas, dice Descartes. Aquí nos interesa la analogía entre operaciones algebraicas y geométricas, en particular el hecho de que las operaciones algebraicas correspondan a ciertas construcciones geométricas. Esto da, creo, la clave para aquello que Kant quiere decir cuando dice que las ecuaciones aritméticas simples, tales como 5+7= 12, son “inmediatas” e “indemostrables”. Comprendemos esto si intentamos representar en la forma de una proposición euclidiana el argumento por medio del cual se verifica 7+5= 12. Debido a la analogía entre operaciones algebraicas y construcciones geométricas, la adición real de 7 y 5 corresponde al tercer paso de una proposición euclidiana, i.e., a la preparación u “organización”. Las explicaciones de Kant también muestran que, según él, los números 7 y 5 deben de alguna manera ser “expuestos” o “exhibidos” antes de la operación real de la adición, en analogía con la ecthesis de una proposición euclidiana. (Esto es lo que ejemplifica sus observaciones sobre “puntos o dedos”). Pero, entonces, ¿qué corresponde a la prueba propiamente dicha, a la apodeixis? Obviamente todo lo que tenemos que hacer para mostrar que 7+5= 12 es realizar la operación de adición; la prueba en sentido propio es reducida a un mínimo, a la mera observación de que el resultado de la adición iguala al resultado deseado, 12. En un sentido perfectamente correcto, por lo tanto, se puede decir que ninguna prueba (en sentido propio), ninguna apodeixis, se requiere para establecer que 7+5=12. Esta ecuación es “inmediata” e “indemostrable” en el preciso sentido de que puede ser establecida mediante la sola construcción auxiliar o kataskeue de una prueba euclidiana. Esto es todo lo que dice el enunciado kantiano. Y el hecho de que ésta haya sido realmente la idea de Kant se pone de manifiesto en una carta que le escribió a Schultz, fechada el 25 de noviembre de 1788. La diferencia más importante consiste en que, en vez de emplear la terminología que concierne a los teoremas de la geometría  euclidiana, Kant se vale en su carta de una terminología paralela relativa a los problemas geométricos.

Esto es importante, creo, sobre todo la interpretación de determinados pasajes, porque muestra cómo quería Kant que se entendiera el carácter intuitivo de la aritmética. La inmediatez de las verdades aritméticas no se debe al hecho de que se perciba y no se argumente que las ecuaciones simples como 7+5=12 son verdaderas, sino el hecho de que lo único que tenemos que hacer para establecer tales ecuaciones es realizar el cálculo. Esto permite explicar por qué Kant dijo que su explicación de las ecuaciones se entiende de manera más fácil en relación con los grandes números.

 

LAS INTUICIONES NUEVAMENTE INTUITIVAS.

 

¿Qué hemos logrado hasta ahora? Hemos visto que la teoría kantiana del método matemático presentado hacia el final de la primera Crítica hay que tener en cuenta la posibilidad de que por intuiciones Kant se refiera a representantes particulares de conceptos generales. Hemos visto que algunos aspectos de la teoría kantiana del álgebra, la aritmética y la geometría se vuelven comprensibles desde este punto de vista. Pero, cabe decir, en la Estética Trascendental se excluye la posibilidad de intuiciones que no sean sensibles. Kant afirma allí que en la matemática todo empleo de intuiciones se basa en las intuiciones de espacio y tiempo y que estas intuiciones corresponden a la estructura de nuestra sensibilidad. Por lo tanto, en la matemática no resta lugar alguno para intuiciones que no se conecten con la sensibilidad.

No está en mi intención negar que Kant diga esto. Pero quiero señalar que el desacuerdo entre la interpretación   que se dio más arriba de la metodología kantiana de la matemática, por un lado, y su teoría del espacio y el tiempo presente en la Estética Trascendental, por el otro, no refuta mi interpretación. La discrepancia entre las dos partes del sistema kantiano contradice mi lectura de Kant sólo si la explicación de la matemática dada en la Estética Trascendental es correcta. Kant afirma allí que el empleo de intuiciones en la matemática sólo se puede entender si suponemos que todas esas intuiciones se originan en nuestra sensibilidad.  Ahora bien, si hay intuiciones, a saber las variables individuales o “intuiciones” del álgebra, que no tienen relación con nuestra sensibilidad, entonces no es la única conclusión posible que esas pretendidas intuiciones no sean en absoluto intuiciones en sentido kantiano. Otra posibilidad es decir que ellas son genuinas intuiciones, pero que Kant mismo se equivocó al decir que todas las intuiciones empleadas en la matemática son sinnlich, i.e. originadas en nuestra sensibilidad. Pero entonces queda por explicar cómo Kant llegó a abrigar la doctrina equivocada. He dado a entender que la concepción de que el método matemático se basa en el empleo de instancias individuales fue el punto de partida de la teoría kantiana más conocida de que todas las intuiciones que empleamos en la matemática se originan en nuestra sensibilidad. ¿Qué hay en la noción de una intuición considerada como una instancia individual que haya hecho que Kant pensara que esa conclusión era inevitable? Hemos discutido el papel que tienen en el álgebra, en la aritmética y en la geometría las intuiciones tomadas en el sentido de representantes de individuos. ¿Cuál es el rasgo común de estos usos que, según Kant, sólo se puede explicar mediante la suposición de que las intuiciones matemáticas son sensibles? ¿Cuál es el común denominador de todas las “construcciones” matemáticas que hemos discutido?

 

ECTHESIS EN LÓGICA.

 

Me parece que en el análisis dado más arriba de las proposiciones de Euclides se contiene virtualmente una generalización natural. La parte más importante de una proposición euclidiana que es intuitiva en el sentido de Kant es la exposición, la ecthesis. Ahora bien, esta noción de ecthesis no sólo aparece en la geometría griega. También aparece en la lógica aristotélica. Aristóteles jamás explica de manera explícita en qué consiste el procedimiento llamado ecthesis, pero quizá podamos decir que era un paso en el que Aristóteles se movía desde consideraciones sobre un término general hasta consideraciones sobre un representante particular de ese término general. Aristóteles parece argumentar como sigue: Si ningún A es un B, entonces ningún B es un A. Pues si no, entonces algunos B serían A. Tómese un b particular de esta clase. Este b particular tiene tanto la propiedad B, como la propiedad A y muestra, por lo tanto, que es imposible que ninguno de los A sea un B tal como supusimos. Esta contradicción prueba la conclusión. Un pasaje posterior parece indicar que Aristóteles consideró que la ecthesis lógica era esencialmente la misma que la geometría.

Sugiero que esta noción de ecthesis ofrece una muy buena reconstrucción de la noción kantiana de construcción, i.e., de la noción de la exhibición de un concepto general por medio de representantes particulares. Como vemos, concuerda muy bien con la manera en la que Kant define la noción de construcción. Su empleo en la lógica aristotélica puede quizás explicar por qué Kant criticó algunos aportes de esta lógica. En efecto, llegó hasta el punto de rechazar todos los modos silogísticos excepto los primeros dos modos de la primera figura. La explicación puede quizá radicar en el hecho de que la aplicación particular de la ecthesis que recién esbocé estaba diseñada para probar una de las reglas de conversión que Aristóteles necesitaba para reducir todos los modos silogísticos a los primeros dos modos. Desde el momento en que para Kant el uso de la ecthesis era un método de razonamiento típicamente matemático, no pudo emplearla en la lógica de la manera en la que Aristóteles lo hizo. Por esta razón, Kant no pudo reducir todos lo modos silogísticos a los dos modos de Barbara y Celarent, que él reconoció como los modos básicos, y se vio obligado a rechazar todos los modos restantes como “impuros” y “confusos”.

La noción de ecthesis puede precisarse en términos de la lógica moderna. Entonces, llega a ser realmente idéntica a una de las reglas de inferencia más importantes de la teoría de la cuantificación  (la instanciación existencial). Y en términos de la noción de ecthesis así reconstruida podemos ver en qué sentido se  puede decir que la ecuación 7+5= 12 se basa en el empleo de representantes particulares de conceptos generales, i.e., en el empleo de la ecthesis.

           

¿SON LOS PARTICULARES ESPECIALMENTE INTUITIVOS?

 

Concluiré este artículo esbozando de manera muy breve y en términos no kantianos cómo la reconstrucción de la noción kantiana de construcción en términos de ecthesis o de algún modo similar da sentido a su intento de conectar el método matemático con la sensibilidad. Ya se sugirió que la noción de construcción quizá pueda ser identificada  con algunos métodos de prueba en la lógica moderna. Si esto es así, entonces el problema kantiano de la justificación de construcciones en la matemática no se vuelve obsoleto por la formalización de la geometría y otras ramas de la matemática. Entonces, en la formalización del razonamiento matemático reaparece la distinción entre métodos de argumentación intuitivos y no intuitivos como una distinción entre dos significados diferentes de la prueba lógica. Pero, ¿resta aún algún sentido en el que sea problemático el empleo de los métodos “intuitivos”? ¿Habría Kant aceptado que tal reconstrucción de la noción de intuición es una premisa de su argumento a favor de que todas las intuiciones se originan en nuestra sensibilidad?

La respuesta a estas preguntas es, según creo, afirmativa. Podemos ver por qué era natural para Kant hacer la transición desde el empleo de instancias individuales de cualquier tipo hasta su conexión con la sensibilidad. Esbozaré brevemente dos explicaciones.

Desde el punto de vista histórico, puede decirse que nada era más natural para Kant que conectar los individuos con el uso de nuestro sentido. Aristóteles ya sostenía que “la sensación lo es de los singulares”. Por lo tanto, todo conocimiento que se obtiene por medio de particulares debe ser perceptual. Cuán natural era la aplicación de esta idea aristotélica general al caso de las construcciones en el sentido de Kant se evidencia quizá por el hecho de que Alejandro el Comentador ya aplicaba la idea de Aristóteles al proceso de la ecthesis. Alejandro sostuvo que el término singular introducido en la ecthesis se da mediante la percepción y que la prueba a través de la ecthesis consiste, por lo tanto, en un tipo de evidencia perceptual. Y el supuesto general aristotélico acerca de los individuos y los sentidos resonaban en los predecesores alemanes de Kant.

 

¿CÓMO PUEDEN LAS CONSTRUCCIONES DAR UN CONOCIMIENTO A PRIORI?

 

Planteado de esta forma, la totalidad del problema puede parecer espuria. Sin duda, no hay nada que pueda impedir que un matemático estudie sistemas axiomáticos que incorporen suposiciones generales de existencia. El problema sólo tiene sentido cuando nos ocupamos de la aplicabilidad del razonamiento matemático a la realidad. Pero esto sin duda era algo de lo que Kant se ocupaba en la Exposición Trascendental, a pesar del hecho de que insistiera en que sólo estaba hablando de matemática pura. Podemos preguntar: ¿Qué sucede cuando aplicamos a la realidad un argumento matemático determinado, en el curso del cual se ha empleado un postulado, i.e., una suposición general de existencia? Al aplicarlo tenemos que introducir un representante de un nuevo individuo “sin que objeto alguno esté presente, o antes o ahora, al cual se pueda referir”, tal como Kant lo formula. La introducción de un nuevo representante de un individuo se realiza a priori. En otras palabras, la existencia del objeto individual en cuestión no se da mediante la experiencia. Al describir la situación Kant dice que la intuición o, en nuestros términos, el representante de un objeto individual precede a su objeto. Lo único que puede asegurar que haya en absoluto algún objeto que corresponda al representante es la suposición general de existencia. Pero puede parecer como si no hubiera en absoluto ninguna justificación general para la aplicación de suposiciones existenciales a menos que tengamos de hecho un contacto con los objetos cuya existencia se supone, lo cual no es de ninguna manera el caso en relación con las aplicaciones de nuestro conocimiento a priori. Tal como Kant lo formula, parece imposible intuir algo a priori. Pues en la ausencia de un contacto real no hay de hecho nada que asegure que siempre podamos encontrar objetos efectivamente representados por los representantes que hemos introducido o que ellos tengan las propiedades que esperamos que tengan.

La solución kantiana de este problema (real o aparente) consiste en decir que hay uno y sólo un caso en el que podemos estar seguros de que los individuos cuya existencia hemos supuesto existen realmente y tienen las propiedades deseadas. Este es el caso en el que nosotros mismos hemos creado los objetos en cuestión o nosotros mismos hemos puesto en ellos las propiedades y relaciones deseadas. Y parece pensar que en una sola fase del proceso por el cual llegamos a ser conscientes de objetos puede tener lugar este tipo de actividad consistente en “poner propiedades en los objetos”. O, más bien, que sólo hay una única fase en la que podemos “poner propiedades” en todos los objetos (individuales). Esta fase es la percepción sensible. Pues la percepción sensible es la única  manera en la que un objeto individual puede “abrirse paso” hasta nuestra conciencia. El sentido externo  es la única manera en la que podemos llegar a ser conscientes de objetos externos. Por esta razón, es la única fase de nuestro conocimiento de objetos en la que nosotros mismos podemos atribuir relaciones espaciales a todos los objetos externos. Por lo tanto, las relaciones espaciales postuladas en la geometría tienen que originarse en la estructura de nuestro sentido externo.

Me valgo de esta reconstrucción parcial sólo como una primera aproximación a aquello que Kant tenía en mente en la Exposición Trascendental. Esta reconstrucción está muy estrechamente relacionada con el “argumento trascendental” de Kant a favor de su teoría del espacio y el tiempo, sobre todo tal como se presenta en los Prolegómenos. Sólo he intentado, a la luz de los supuestos generales de Kant, llenar aquellos pasos que él mismo no enfatiza.

Quiero resaltar que en absoluto estoy afirmando que el argumento de Kant sea correcto. El propósito principal al que sirve aquí la reconstrucción consiste en sugerir que el problema kantiano de la posibilidad de las construcciones en la matemática y la solución del problema que Kant intenta tienen perfectamente sentido aun cuando por “construcción” sólo se entienda “la introducción de un nuevo representante individual de un concepto general”.

 

LA ESTRUCTURA DEL ARGUMENTO KANTIANO.

 

Sin embargo, la estructura del argumento kantiano en la forma en la que aquí se presenté merece un examen más detenido. A la luz de lo que ha sido dicho se pueden representar sus diversas etapas aproximadamente como sigue:

1.       El razonamiento matemático se ocupa principalmente de la existencia de individuos.

2.       Los resultados del razonamiento matemático son aplicables a toda experiencia a priori. En virtud de las suposiciones “copernicanas” generales propias de la filosofía kantiana (“sólo podemos saber a priori de las cosas aquello que nosotros mismos hemos puesto en ellas”), (1) y (2) nos obligan a concluir:

3.       La existencia de los individuos de los que se ocupa el razonamiento matemático se debe al proceso por medio del cual llegamos a conocer la existencia de individuos en general. Por supuesto, lo realmente importante no es la existencia de los individuos como tales (hay cantidad de individuos que existen en el mundo), sino la existencia de individuos que mantienen entre sí las relaciones pertinentes. Por lo tanto, quizá podamos parafrasear (3) tal como sigue:

4.       Las relaciones que mantienen entre sí los individuos de los que se ocupa el razonamiento matemático se deben al proceso por medio del cual llegamos a conocer la existencia de individuos. Quizá pueda esperarse que estos sistemas de relaciones mutuas se reflejen en la estructura del razonamiento matemático.

Ahora bien, se ha visto que Kant supone que:

5.       El proceso por medio del cual llegamos a conocer la existencia de individuos en general es la percepción (sensación).

De (4) y (5) se sigue que:

6.       La estructura del razonamiento matemático se debe a la estructura de nuestro aparato de  percepción.

Ahora bien, (6) es en realidad un rasgo básico de la doctrina completa y definitiva de Kant acerca del método matemático tal como ha sido complementada a partir de los resultados que pensó que había alcanzado en la Estética Trascendental.

 

BIBLIOGRAFÍA

 

Hintikka, Jaakko,

El Viaje Filosófico Más Largo de Aristóteles a Virginia Woolf

Gedisa, Edición 1998

 

Kant, Manuel

Crítica de la Razón Pura

Traducción de Morente García, Manuel y Fernández Nuñez, Manuel.

Porrúa, Colección “Sepan Cuantos”, Edición 1996