Universidad Abierta
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“EMILIO O DE LA
EDUCACION”.
DIEP HERRÁN MARÍA DEL CARMEN
CONTENIDO
INTRODUCCIÓN
UBICACIÓN HISTÓRICA
DATOS BIOGRÁFICOS
IDEAS PEDAGÓGICAS
ANÁLISIS GENERAL DE LA OBRA
CONCLUSIÓN
CUESTIONARIO
BIBLIOGRAFÍA
INTRODUCCIÓN
Cuando
una obra perdura más allá de unas pocas décadas, necesariamente debe pensarse
en que algún mérito debe tener. Pero, cuando dura siglos, forzosamente debe
pensarse en que además del mérito debe buscarse su genialidad.
Ese
es el caso del “Emilio”. Su genialidad estriba en el descubrimiento de lo que
podría ser tan obvio, como ahora nos parece a la sombra del tiempo, pero que en
su tiempo era totalmente ignorado: el que el niño piense y actúe como niño, de
tal forma que una educación pensada en términos de adulto necesariamente le resulte impropia e inaplicable.
Al
igual que con obras tan grandiosas como las de Marx, Freud, etc., el mérito y
la genialidad de Rousseau abrió un contexto o entorno operativos para la
moderna pedagogía que antes resultaban insospechables. Lo sencillo, lo simple,
lo que después aparece tan obvio e incontrovertible como la tierra esférica y
girando en torno al sol, es lo que antes de Rousseau no se había captado. Pero
no todo el mérito deriva de tal señalamiento, sino que, además, sentó las bases
de la educación moderna en tal forma y con tal hondura que ya será muy difícil
remontar en el futuro sus premisas mediante nuevos hallazgos.
En
este trabajo se pretende, pues, describir la perspectiva general del
pensamiento roussouniano a la luz del contenido total de dicha obra. No se
trata, entonces, de una síntesis y, mucho menos, de una exégesis. Sólo se
pretende destacar y subrayar sus tópicos fundamentales para valorar a plenitud
sus premisas esenciales.
Ojalá
que se haya logrado.
UBICACIÓN
HISTÓRICA
Juan
Jacobo Rousseau, nació en los inicios del siglo XVIII, siendo rey de Francia
Luis XV. El espíritu del siglo XVIII, lo podemos sintetizar de la siguiente
forma: Si a comienzos del siglo XVII se señaló netamente una tendencia hacia la
disciplina, los principios del siglo XVIII estuvieron dominados por la
emancipación del individuo. Poco era el respeto por la tradición. Las fuerzas
conservadoras se debilitaban cada vez más. Perdía terreno la fe y, como en el
siglo anterior, los librepensadores ganaban prestigio en los medios
aristocráticos, como era el caso de la mansión del gran prior de Vendome y, lo
que es más, del propio palacio del Regente.
El
racionalismo aspiraba a destruir lo existente y a reconstruirlo por entero con
sus solas fuerzas, servido por un vivo espíritu del proselitismo que en el
extranjero llevaba a cabo una intensa propaganda. Este racionalismo audaz
triunfaba ya en los círculos literarios. A partir de ese momento, los
escritores dirigieron la opinión. La novela se orientó hacia el género
costumbrista y procuró dar una imagen de la sociedad de su tiempo en la que no
se disimulaban las debilidades ni los vicios del siglo.
En
este siglo surgieron los grandes
filósofos: Montesquieu, Vico, Wolff, Berkeley, Hume, Voltaire, Diderot, Kant,
Beccaria, Lessing, entre otros. Dentro de las artes y las ciencias sobresalían
muchos. Daniel Defoe escribía el Robinson Crusoe. Joan Sebastian Bach componía
varias de sus grandes obras. Nació el gran pintor Goya. Haydn, Mozart y
Paisiello compusieron sus obras en esta misma época. Dentro de la ciencia y la
técnica destacaban los inventos y estudios de Wyatt. Linneo formulaba su
clasificación de los tres reinos de la naturaleza. Bernoulli, la cinética de
los gases. Huntsmann, la fusión del acero. Celsius inventaba el termómetro
centígrado. Benjamin Franklin descubría el pararrayos. Lavoisier, la teoría de
la combustión.
Entre
los aspectos histórico-sociales más relevantes cabe citar el que en este siglo
los ingleses ocuparan Gibraltar. Federico Guillermo I era coronado rey de
Prusia. En Inglaterra, Jorge I inició la dinastía de los Hannover. Se firmó la
paz de Aquisgrán. Posteriormente subió al trono de Prusia Federico II.
Inglaterra se adueñó del Canadá, la antigua posesión francesa. Portugal expulsó
a los Jesuitas. En Rusia, Catalina la Grande era la gran Zarina. Génova cedió
Córcega a Francia. Nació Napoleón Bonaparte. Clemente XIV disolvió la Compañía
de Jesús. En la tercera parte de dicho siglo se constituyó como rey de Francia
Luis XVI. Se realizó la guerra de Independencia de los Estados Unidos y se
firmó su reconocimiento. Luego se creó su constitución y, a fines del siglo, se
produjo la Revolución Francesa y sobrevino la Declaración de los Derechos del
Hombre y del Ciudadano. Esto último es de gran importancia pues acusa la
influencia de la ideología tanto de
Rousseau como de Voltaire.
Desde
el punto de vista de la pedagogía del siglo XVIII, i se ve articulada, en sus idearios y métodos,
al gran movimiento de la Epoca de las Luces: al iluminismo. Desde fines del
siglo XVII se operó en Europa un cambio de ideas y convicciones que transformó
la vida. Al principio, tenían un carácter crítico y destructivo y se llevaron
al campo de la política. Más tarde las impulsó un afán de reforma y se dirigió
a todos los dominios de la cultura, a la ciencia y al arte, a la economía y a
la religión. El rasgo dominante de la nueva concepción del mundo y de la vida
es el empleo de la razón como única pauta de juicio. Nada que no pueda
justificarse a la luz del intelecto, nada que no pueda ser iluminado por la inteligencia
humana, puede tener derecho a existir.
Históricamente
considerado, el iluminismo es la época en la que la humanidad de occidente,
alcanzó su mayoría de edad, ya que trataba de extender el movimiento científico
de los siglos XVI y XVII a una íntegra concepción del mundo y de convertir la
conciencia de autonomía de la razón en principio supremo de toda conducta. Los
supuestos para este desarrollo se formaron en el Renacimiento y la Reforma. En
ellos se consumó la ruptura con la Edad Media, despertándose, a la par, el más
enérgico sentimiento de independencia que jamás vio la historia
Así
se explica que se haya cimentado el ideal de una cultura intelectual fundada en
el progreso del conocimiento. De ahí sus tres grandes rasgos fundamentales: la
orgullosa conciencia del espíritu de emancipación con respecto a toda
esclavitud tradicional para poder tomar en sus propias manos el destino de la
humanidad; la placentera confianza en un progreso ininterrumpido de libertad,
dignidad y felicidad de los hombres y la idea de una ilimitada responsabilidad
de esta obra de la autonomía pero, al mismo tiempo, un entusiasmo
inquebrantable por someter todo lo histórico al examen crítico del intelecto,
es decir, Estado y sociedad, economía y derecho, religión y enseñanza; y, al
fin, la feliz creencia de una solidaridad en todos los intereses, de una
hermandad de todos los hombres sobre el fundamento de esta cultura intelectual
siempre creciente.
Todo
el complejo movimiento intelectual llamado Ilustración, aunque con elementos
racionalistas, y especialmente cartesianos, sigue los caminos empiristas y toma
del empirismo sus elementos más importantes: el deísmo, la ideología política
partidaria de la libertad y del gobierno representativo, la tolerancia, las
doctrinas económicas, etc.
En
cierta forma, representó el término de la especulación metafísica del siglo
XVII. Después de casi una centuria de intensa y profunda actividad filosófica,
se abrió una nueva laguna en la que las ideas se vulgarizaron para llegar a las
masas. Una serie de escritores que se llaman a sí mismos filósofos, con tanta
insistencia como impropiedad, exponen, glosan y generalizan, aunque
superficializadas, las ideas de las grandes mentes del siglo XVII y hacen que,
al cabo de unos años, llenen el ambiente y se conviertan en los supuestos sobre
los que se supone estar en la verdad. Europa cambió de un modo rápido,
revolucionario, y esta transformación de lo que se piensa determinará la
radical mudanza de la historia llamada Revolución Francesa.
La
época de las Luces partió de los Países Bajos y de Inglaterra e invadió desde
luego a Francia y Alemania, donde, como especialmente en Inglaterra, se
desenvolvió en íntimo consorcio con el espíritu protestante de la nación y, por
ello, vino a crear los fundamentos de una cultura en la que pudieron
desarrollarse los mayores pensador y poeta de ese tiempo: Kant y Goethe.
Desde
1680 hasta fines del siglo XVIII se opera en Francia un cambio total de ideas y
convicciones: disciplina, jerarquía, autoridad y dogmas son substituidos por
independencia, igualdad, religión natural e incluso anticristianismo.
El
órgano adecuado para la vulgarización de la filosofía y la ciencia es la
Enciclopedia. El primer representante de este movimiento fue Pierre Bayle, el
cual negaba que la razón pueda comprender nada de los dogmas, por lo que
contribuye al apartamiento de la religión. Pero mucho más importante tuvo la
Enciclopedia o diccionario razonado de las ciencias, artes y oficios editada por Diderot y D´Alambert. Sus
colaboradores eran Voltaire, Montesquieu, Rousseau, Turgot, Holbach y otros
muchos. Con cierta habilidad se deslizaban en su obra las criticas a la Iglesia
y a todas las convicciones vigentes.
Rousseau,
justamente, fue quien vio el más grave daño de la época y el más triste desvío
de la humanidad en el iluminismo puramente racional que pasa por alto y ahoga
la voz del sentimiento natural, y por ende, se convierte en ateísmo y en moral
egoísta. Cabe destacar que él fue calvinista, católico, nuevamente calvinista y
deísta.
A partir
de él, en materia de educación se comenzó a dividir dicha temática en dos
vertientes: la Escuela Tradicional y la Escuela Nueva. Es justamente a esta
ultima en donde se incluye a Juan Jacobo Rousseau, pues es clasificado, además,
como uno de sus precursores e iniciadores.
La
historia del movimiento progresivo se suele dividir en las etapas siguientes:
|
ETAPA
CLASIFICATIVA |
AUTORES
REPRESENTATIVOS |
CARACTERISTICAS |
|
PRIMERA,
ROMANTICA. |
Rousseau, Pestalozzi, Froebel, Tolstoy, Key. |
Individualista,
Idealista y lírica. |
|
SEGUNDA,
GRANDES SISTEMAS. |
Dewey,
Claparede, Montessori, Decroly, Kerschensenteiner y Ferriere. |
La
que más autores, obras y experiencias proporcionó. |
|
TERCERO |
Cousinet, Freinet, Neill, Reddie, Hahn. |
Aparejado
al anterior, surge a raíz de la Primera Guerra Mundial, dando origen a planes
experimentales americanos y alemanes como la escuela de Hamburgo o
Summerhill, donde se practica la Camaradería. |
|
CUARTO,
MADUREZ *Según Palacios. |
Plan Langevin-Wallon. |
Plantea
perspectivas más amplias tanto en lo relativo al análisis de la escuela, como
en lo referente al papel social que realiza y está llamada a realizar. |
DATOS
BIOGRÁFICOS
Juan
Jacobo Rousseau, este “Filosofo contra los filósofos” como se le ha llamado,
iba a trastornar ciertas ideas de su tiempo. No fue propiamente un educador,
pero sus ideas pedagógicas han influido decisivamente sobre la educación
moderna.
Nace
en Ginebra, Suiza (1712-1778), dentro del seno de una familia calvinista. Su
madre muere al nacer él; siendo entonces educado por su padre, aunque de una
manera un tanto irregular. Fue saturado de lecturas: los clásicos de Grecia y
Roma, historias, novelas, etc., que contribuyeron a formarle un tanto su
carácter sentimental y su temperamento exaltado.
Debido
a que su padre debía salir de Ginebra, quedó a los 10 años a cargo de sus tíos,
quienes, a su vez, encomendaron su educación al pastor protestante, M.
Lambercier, el cual le enseña algo de latín y otras materias. A su regreso a
Ginebra trabajó primero con un notario, después con un grabador, del cual
recibió maltratos. De esta vida difícil escapó a los 16 años y comenzó una vida
de vagabundo por varios años. Conoció a madame de Warrens, quien lo convirtió
al catolicismo. Después de residir en Francia, Italia y Suiza, en 1741 se
estableció en París. Vivió de sus lecciones de música, compuso obras teatrales
y copiaba partituras para sostenerse. Por ese tiempo estableció relaciones con
Diderot y Condillac.
Fue preceptor, pero fracasó en esa labor.
Llevó
a cabo lecturas de Montaigne, Fenelon y Locke, quienes ejercieron gran
influencia en él.
Habiendo
concurrido con fortuna a un concurso abierto por la Academia de Dijon, en 1750
redactó su Discurso sobre las Ciencias y las Artes, con el cual se hizo famoso
y, más adelante, en 1755, publicó el Discurso sobre la Desigualdad, en el que
sostiene, con una lógica ardiente, que el hombre es bueno por naturaleza y ha
sido corrompido por la civilización y el progreso de las ciencias y de las
artes. En su Carta a D´Alambert sobre los espectáculos (1758) ataca
violentamente al teatro por considerarlo causa de inmoralidad. Creyéndose
víctima de las burlas de Voltaire y de los demás filósofos, que le motejaban de
utópico, Rousseau publicó entonces sus tres obras fundamentales, en las que demuestra
que su ideal no es incompatible con los usos del siglo. La primera fue Julia o
la Nueva Eloísa (1761), novela epistolar que anuncia el Werther de Goethe, y en
la que proclama cómo la pasión amorosa puede conciliarse con la virtud. Esta
obra obtuvo un gran éxito y contribuyó no sólo a exaltar la sensibilidad del
público sino, también, a hacer nacer en él la admiración por la naturaleza, el
gusto por la vida sencilla y sincera alejada de la corrupción de las ciudades.
En
El Contrato Social (1762), Rousseau fija los fundamentos políticos de una
sociedad ideal, en la que cada parte se compromete a cumplir fielmente las
decisiones de la voluntad general. Por último, la novela pedagógica Emilio o De
la Educación (1762) justifica la educación, pero no basándola en la formación
libresca e intelectual, sino sobre el respeto de las cualidades naturales que
conducirán indefectiblemente al niño hacia lo verdadero y hacia el bien. El
cuarto libro de Emilio contiene la Profesión de Fe del vicario saboyano, en la que
Rousseau expone su creencia en un Ser Supremo, más sensible al corazón del
hombre que a su razón. Pero esta parte de la obra se vio condenada por el
Arzobispo de París, por su tendencia deísta, e igual le ocurrió con los
calvinistas, por lo que tuvo que huir a Suiza (1762). Pasó después a
Inglaterra, volviendo a su vida errante. El filósofo David Hume (1766) le dio
asilo, pero terminó riñendo con él después de un año de convivencia.
De
regreso a Francia, vivió primero en París y luego en Ermennonville, en la
residencia del conde de Girardin, (1777)
donde falleció el 3 de julio de 1778. Su obra autobiográfica
Confesiones, no apareció sino hasta después de su muerte (1782-1789) y
constituye un relato sincero de su propia vida, de la cual no nos oculta las debilidades
ni las caídas, pero de la que nos brinda también una ingenua apología. Su
última obra, Reflexiones de un Paseante Solitario (1782) contiene acaso sus más
bellas paginas, su amor por la naturaleza, en la que hallará un refugio contra
la maldad de los hombres, tema que se expresa aquí con acentos verdaderamente
conmovedores.
Rousseau
había contraído matrimonio con su sirvienta, de la que tuvo cinco hijos, todos
los cuales fueron enviados a un asilo. Su personalidad era de un carácter
complejo y contradictorio.
El
pensamiento de Rousseau tuvo profundas repercusiones en las generaciones
ulteriores. Apasionado de la verdad, incluso hasta la intransigencia, y enemigo
de la desigualdad social, su voz inició el camino hacia la conciencia
revolucionaria; al mismo tiempo que, enamorado de los encantos de la
naturaleza, su obra sirvió de pórtico al Romanticismo, siendo considerado uno
de sus creadores mucho antes de que éste se desarrollase. Sobre todo, a él se
debe el sentimiento del paisaje y de la naturaleza, lo cual es característico
de los románticos. Rousseau murió años antes de la Revolución Francesa, pero
podría decirse que con su libro El Contrato Social fue una de las personas que
más contribuyó a ella y, en general, al pensamiento democrático hasta nuestros
días. Por último, nadie más que él, ni nadie tanto como él, excepto Pestalozzi,
ha inspirado con su libro Emilio, la tónica fundamental de la educación
moderna.
En
suma, cabe concluir con la cita de algunas de las obras de Juan Jacobo
Rousseau:
Teatro:
Narciso
(comedia)
Las
Musas Galantes (opera)
Pigmalión
(melodrama)
Música:
Disertación
sobre la Música Moderna
Carta
sobre la Música Francesa
Diccionario
de Música
Novela:
Julia
o la nueva Eloísa
Filosofía,
Política y Pedagogía:
Discurso
sobre el Origen y los Fundamentos de la
Desigualdad entre los Hombres
El
Contrato Social
Emilio
o De la Educación
Consideración
sobre el Gobierno de Polonia
Poesía:
Consolaciones
de las Miserias de mi Vida.
Autobiografía:
Las
Confesiones
Los
Diálogos, Rousseau juez de Juan Jacobo
Ensueños
de un Paseante Solitario
Correspondencia.
IDEAS
PEDAGÓGICAS
Considerada
globalmente, la evolución pedagógica de los tiempos modernos, ofrece el aspecto
de un alejamiento cada vez más acentuado, de los ideales y métodos de enseñanza
de la Edad Media. Dicha separación se ha producido por tres sacudidas
sucesivas: la del humanismo, la de la reforma religiosa y la de la filosofía
romántica. El humanismo vuelve los ojos a la antigüedad clásica despertando el
gusto por un arte y una literatura mundanos incompatibles con los ideales de la
vida ascética medieval.
La
entraña del movimiento romántico es la vida sentimental, el motor del arte y la
religión, que vuelven a la concepción de la vida espontánea y sincera. Su mundo de ideas presenta dos aspectos: uno
positivo, que es la acentuación jubilosa de las formas sentimentales de la vida
del espíritu: la fantasía, la intuición, el anhelo de infinito, las fuerzas
irracionales del alma; otro negativo: el afán polémico contra la concepción
racionalista del mundo y de la vida.
Se
celebra a Rousseau como el profeta del romanticismo. El clamaba por una
concepción originaria y natural de la vida. De la realización de su lema:
“volvamos a la naturaleza” esperaba la rehabilitación del género humano. Pero
la lucha contra el artificialismo de la vida y la educación sólo puede lograrse
despertando en el hombre, desde niño, una manera de comprender y valorar la
existencia conforme a la naturaleza.
Se
habla, pues, de una pedagogía naturalista. Su concepción de la naturaleza se
interpreta de diversos modos. Externamente, la naturaleza es lo opuesto a las
convenciones sociales, tan desarrolladas en su época. Es lo contrario de lo
artificioso y mecánico. En este sentido, Rousseau busca al hombre primitivo,
natural, anterior a todo lo social. Lo primitivo y valioso es la naturaleza
como equivalente a lo esencial del hombre, lo que tiene un valor sustantivo y
permanente. En este sentido, pues, hay que hablar del humanismo, más que del
naturalismo de Rousseau. Esta naturaleza humana está regida por leyes
generales, racionales, es decir, que están por encima de todas las
circunstancias históricas y sociales.
En
la base de la naturaleza humana se hallan dos sentimientos que, en cierto modo,
se compensan: el amor propio y la compasión. La propia razón es un aspecto de
la conciencia menos profunda que la vida emotiva. El papel de la razón es muy
importante. La razón ilumina los impulsos naturales y hace posible, gracias al
conocimiento, lo que debe querer y hacer el hombre, vale decir, la libertad, y,
ésta, constituye el carácter especifico de la humanidad, la dignidad por
excelencia del género humano.
Lo
primero que exige esta educación humana es la libertad, la independencia con
respecto a los demás hombres. Una libertad bien reglada por la necesidad o por
la fuerza de las circunstancias naturales que sustituyen al mandato y la
obediencia sociales, artificiales. Esa libertad no es limitada.
La
esencia e ideal de la educación conforme a la naturaleza es el desarrollo
armónico del amor a sí mismo y del amor al prójimo; la vida en y por una
libertad iluminada con la razón, que, al propio tiempo, provea al hombre de una
verdadera felicidad.
El
individuo que logra elevarse a esta altura realiza la verdadera idea de humanidad.
Por ello la pedagogía tiene ante sí la tarea de instaurar al niño en este
supremo propósito.
Tres
son, en definitiva, los rasgos que caracterizan al hombre natural: a) amor
propio (egoísmo) y amor al prójimo (altruismo); b) razón que, sin ser omnímoda,
se articula a la vida del sentimiento, y
c) libertad.
La
libertad, empero, tiene a su vez un alto designio: proveer a la felicidad del
hombre natural. La verdadera felicidad reside en la satisfacción de elevados
goces y en la espontánea realización de la virtud. Extiende la ley de la
necesidad a las cosas morales, enseña a perder lo que puede ser arrebatado y a
abandonar todo cuanto la virtud ordena poner por encima de los acontecimientos.
La
pedagogía tiene ante sí la tarea de instaurar en el niño este supremo propósito
de la libertad.
Otro
principio esencial de la pedagogía de Rousseau es el de la actividad, el
aprender por la propia experiencia, en vez de hacerlo por la enseñanza de los
demás. Siendo, por ello, uno de los precursores de la escuela activa moderna.
Ve
claramente la diferencia entre la mente del niño y la del adulto. El niño era
considerado un hombre pequeño, Rosuseau dice: la infancia tiene maneras de ver,
de pensar, de sentir que le son propias. A esta etapa de la infancia le sigue la
de la adolescencia, que tiene también caracteres propios y que igualmente hay
que conocer y respetar.
Se
considera como el representante típico del individualismo en la educación. Su
alumno se educa solo con un preceptor, sus fines educativos no son individuales,
sino también sociales, diferentes a los de la educación dada en su tiempo, en
contra de la cual se manifestaba. Quiere, por ejemplo, que Emilio aprenda un
oficio que sea útil para sí y también para los demás.
En
cuanto a la educación religiosa, no debe ser confesional y debe realizarse, no
es la infancia, sino en la edad de la razón,
basándose en una concepción deísta.
Rousseau
afirma, más o menos explícitamente, que la pedagogía se funda, en primer lugar,
en las leyes psicológicas.
Cuatro
grandes principios psicológicos informan la doctrina pedagógica de Rousseau:
a) La
naturaleza ha fijado las etapas necesarias del desenvolvimiento corporal y
anímico del educando. Claparede llama a este principio la “ley de la sucesión
genética”.
b) El
ejercicio de las funciones en una etapa de la vida afirma y prepara el
advenimiento y eclosión de las funciones ulteriores. (Ley del ejercicio
genético-funcional).
c) La
acción natural es aquella que tiende a satisfacer el interés (o la necesidad)
del momento. Con esta ley podría llamarse de la adaptación funcional. Rousseau
ha comprendido admirablemente que la acción, incluso cuando da la impresión de
ser desinteresada, viene a satisfacer una necesidad o un interés funcional.
d) Cada
individuo difiere más o menos en relación de los caracteres físicos y psíquicos
de los demás individuos.
La
primera consecuencia de esta consideración psicológica reside en la necesidad
de partir de la peculiar estructura del alma. Rousseau descubre propiamente la
infancia, los derechos del niño.
Recomienda
la necesidad de comprender al niño.
Nadie
antes de Rosuseau había acentuado con tal fuerza el valor intrínseco de la
infancia, ni nada había derivado con mejor acierto las consecuencias
pedagógicas de este hecho. Desde Rousseau, la doctrina educativa impuso la
exigencia de “partir del niño”, de ver en él, centro y fin de la educación; en
otras palabras llego al concepto de la educación paidocéntrica.
En
la educación, el niño ha de permanecer en su naturaleza de niño. La educación,
debe ser gradual. El educador debe esperar con alegre confianza la marcha
natural de la educación e intervenir lo menos posible en el proceso de la
formación. La naturaleza humana no es originariamente mala. Por ello, la
primera educación debe ser negativa; no hay que enseñar los principios de la
virtud o de la verdad, sino preservar el corazón del niño contra el error.
La
educación del niño debe surgir libre y con desenvolvimiento de su ser, de sus
propias aptitudes, de sus naturales tendencias.
El
concepto riguroso de la educación negativa no excluye, de manera alguna, la
prudente dirección del maestro. Para Rousseau, la educación positiva es la que
tiende a formar prematuramente el espíritu del niño, y a instruirle en los
deberes que corresponden al hombre. Y la educación negativa, es la que tiende a
perfeccionar a los órganos, que son los instrumentos del conocimiento, antes de
darle contenido alguno, y que procura preparar el camino a la razón por el
ejercicio adecuado de los sentidos. Una educación negativa no supone un período
de pereza.
La
educación negativa asigna a cada etapa del desarrollo infantil su tarea y
objetivo. Tal idea no es, ciertamente, originaria de Rousseau. La pedagogía
clásica, particularmente en Aristóteles, la había patrocinado a modo de principio
fundamental.
La
educación del niño comienza desde su nacimiento y debe impedirse que
adquiera hábitos de los cuales pudiera
llegar a ser esclavo.
Rousseau
establece varios períodos de aprendizaje:
A)
Al principio se ocupa de lo que hiere sus sentimientos y aprovecha su
disposición natural dejándole examinar y palpar los objetos.
B)
Después, es el período de la infancia (de 2 a 12 años). En ella debe ser ganada
cada vez más la conciencia de libertad. La educación negativa y la formación
moral, mediante sus consecuencias naturales, van adquiriendo más acusados
contornos. Lo importante es que el niño pueda juzgar y valorar las cosas que se
le ofrecen.
C)
El siguiente período, que comprende de los 12 a los 15 años, época en la que ya
es un adolescente, posee la máxima plasticidad para el aprendizaje, el cual
emanará del propio niño, siendo los intereses naturales de la infancia los que
determinen la enseñanza. Debe convertirse en Robinson: todos los oficios habrán
de ser “reinventados” por él.
D)
Por último, la educación de los 15 años hasta el matrimonio. En la cual se
habla de mocedad, el individuo se eleva paulatinamente sobre la vida
estrictamente sensitiva, recibe conceptos e ideas y se hace apto para
juzgarlas. Comienzan a despertarse las pasiones y, como consecuencia, se
iniciará la educación moral.
Donde
mejor aprende el niño a conocer a los hombres es en la historia. El maestro
enseñará realidades y sólo realidades.
LOS
GRANDES POSTULADOS DE LA TEORÍA PEDAGÓGICA DE ROUSSEAU SON LOS SIGUIENTES:
a) Plantea
con vigor el problema de la educación humana general.
b) Concibe
la educación a manera de un proceso vital que dura la vida entera; un proceso
que tiene su significado y valor en sí mismo y no solo con vistas a una vida
futura.
c) Hace
del niño el verdadero factor del proceso educativo. La pedagogía precedente se
detuvo con cierto exclusivismo en la consideración de los fines de la educación
subordinando la naturaleza del niño a tales fines. Objeto y guía de la
educación es el sujeto que se educa, el educando.
d) Se
afirma en la idea de la tolerancia religiosa y de convicción de creencias. Este
principio lleva a la necesidad de una escuela neutra o laica, y es el camino
para proteger la libertad del niño.
e) Descubre
los principios psico-pedagógicos de una enseñanza activa y funcional, siendo
los principios de la didáctica roussouniana los siguientes:
1) Enseñar
por el interés natural del niño y no por el esfuerzo artificial.
2) Educación activa o mejor dicho autoactiva.
3) Enseñanza
intuitiva.
4) En
el aprendizaje se deben relacionar las diversas representaciones que
activamente surgen en su conciencia.
Con
parecida sugerencia plantea el principio de la correlación didáctica.
Hay
mucho aún por decir acerca de Rousseau, pero tratando de resumir un poco sus
ideas pedagógicas, señalaré lo siguiente:
ü La
educación constituye un desarrollo natural, que procede de dentro a afuera, en
vez de ser una construcción de fuera hacia dentro como querían Locke y los
sensorialistas.
ü La
educación comienza con la vida y en ella se debe proceder gradualmente
acomodándola a las diversas etapas del desarrollo: infancia, adolescencia y
juventud.
ü La
educación ha de enseñar a vivir, ha de ser activa y realizarse en un ambiente
de libertad.
ü Aunque
lo decisivo es el desarrollo del individuo, éste ha de tener un espíritu
social.
ü La
educación ha de atender tanto al aspecto físico, como al intelectual y moral,
ya que, en ella, el sentimiento y la vida afectiva tienen que ocupar un lugar
tan importante como la razón.
En
suma, la educación debe ser integral, total y humana.
PUNTOS
DÉBILES DE SU IDEOLOGÍA Y TEORÍA PEDAGÓGICA:
§
En cuanto a la educación de la
mujer, la reduce a ser compañera del hombre y subordina todo a esto.
§
Falta la idea de educación
popular de las masas.
§
Concepción optimista y excesiva
de la acción de la naturaleza, del desenvolvimiento espontaneo sin la acción
directa de la educación.
§
Papel del educador como mero
acompañante, limitado a un solo alumno.
§
Ausencia de visión histórica.
Con
todo y esto, Rousseau sigue siendo uno de los pedagógos más grandes de la
historia. Ejerció su influencia en el
aspecto político y social, cambiando las costumbres e instituciones. Su mayor
acción pedagógica no fue directa, sino a través de pensadores y educadores de
su época, como: Kant, Basedow, Pestalozzi, Schiller y Goethe.
Fue
un “profeta”.
ANÁLISIS
GENERAL DE LA OBRA
Emilio es el gran libro pedagógico de Juan Jacobo Rousseau.
Considero que, dada la situación educativa que prevalecía en Europa,
principalmente antes de este tratado, su elaboración y publicación llegó en el
momento adecuado, trayendo como consecuencia una modificación en la perspectiva
educativa, la cual tiene tal trascendencia que, incluso hasta nuestros días, su
influencia en la educación se percibe.
Cabría
recordar aquí cuál era justamente la educación clásica y tradicional imperante
en la época de Rousseau para poder entender los alcances y virtudes de la obra
citada.
La
educación se proporcionaba principalmente a la Aristocracia y a la Burguesía.
Los niños recién nacidos se dejaban en manos de la nodriza. Posteriormente, los
niños varones sobre todo, pasaban al ayo, el cual los educaba, siendo este
individuo un sirviente de rango superior. Luego ingresaban en los colegios.
Cabe recordar la gran influencia religiosa en este aspecto, - solo por citar a
la congregación Jesuita, que dirigía casi un millar de colegios y universidades
-, siendo una educación formal y
clasicista, en la que se daba una gran formación moral y de oratoria.
La
obra del Emilio, sí bien es, en gran medida, una reacción contra esta idea
educativa clásica, es también una convergencia de ideas de otros pensadores
humanistas de la época y un tanto anteriores a ellos. Su importancia radica,
creo, en que condensa en un libro toda la teoría educativa y proporciona tanto
planteamientos como consecuencias de lo
mismo, es decir, no es una obra meramente narrativa o teórica, sino que,
además, establece la reacción y respuesta que podrá tener un niño a la puesta
en práctica de ellos.
Este
libro, por tanto, es un análisis de la
educación de su tiempo y una crítica de la educación de la actualidad.
Considero
que uno de los principales hallazgos de Rousseau es el descubrimiento del niño,
es decir, la dimensionalidad del niño y la modificación del concepto que del
mismo se tiene. El reconocimiento de que el niño existe como un ser
sustancialmente distinto del adulto y sujeto a sus propias leyes de evolución,
y que, como tal, en cada etapa hay que tratarle y respetarle.
Además
de este descubrimiento, reconoce el conjunto de estados sucesivos que
progresivamente conducen al hombre, es decir, Rousseau supo ver que el
desarrollo del niño pasa de edad en edad por estadios sucesivos.
Lo
importante para Rousseau es descubrir la naturaleza del niño, y su libro, si
bien se divide en cinco partes, no necesariamente tienen que coincidir con las
etapas evolutivas del ser humano.
Justamente
el primer párrafo de su obra nos demarca la importancia que tiene para él la
Naturaleza como elemento fundamental: “Todo sale perfecto de las manos de la
Naturaleza, en las del hombre todo degenera.” Y es justamente, la educación, la
que sólo sirve para enseñar la falsedad.
Pues, básicamente, la educación clásica atribuye al niño los
conocimientos que no posee y se razona o discute con él sobre cosas que no está
capacitado para comprender e incluso
con razonamientos incomprensibles para él. Además, el adulto pretende
que el niño preste atención a consideraciones para él indiferentes: el interés
por el futuro, la felicidad de que disfrutará cuando sea mayor o la estima
social de que gozará al ser hombre. Nada de esto tiene significado para el niño
y, como él no es capaz de previsión, no le queda otra alternativa que someterse
al yugo sin estar seguro de que tantos sufrimientos vayan a tener alguna
utilidad.
Rousseau
establece claramente esto en el libro segundo: “La obra maestra de una buena
educación es formar un hombre racional; ¡y pretenden educar a un niño por la
razón! Esto es empezar por el fin, y querer que la obra sea el instrumento. Si
los niños escuchasen la razón, no necesitarían que los educaran; pero con
hablarles desde su edad más tierna una lengua que no entienden, los acostumbran
a contentarse con palabras, a censurar todo cuanto les dicen, a tenerse por tan
sabios como sus maestros a hacerse argumentadores y revoltosos”.
Por lo tanto,
la razón es muy importante, ya que ilumina los impulsos naturales y hace
posible, gracias al conocimiento, lo que debe querer y hacer el hombre, es
decir, la libertad; y esta constituye el carácter especifico de la humanidad,
la dignidad por excelencia del genero humano.
Esta libertad provee de felicidad al hombre natural, y todo hombre feliz
no es quien sólo satisface los apetitos del momento y pasajeros, pues estos
traen consigo el dolor. La verdadera felicidad reside en la satisfacción de
elevados goces y en la espontánea realización de la virtud.
Como
se mencionó anteriormente, la obra Emilio esta compuesta por cinco libros. Para
comodidad de su exposición, Rousseau imagina que Emilio será un huérfano, rico
y noble, y que él, Juan Jacobo, habrá de ser su preceptor. Está de más decir
que no se encuentra en esto motivo alguno de escándalo, ni de asombro, pero el
hecho permite apreciar cómo la jerarquía de
la cultura está enraizada en la jerarquía social. Estos cinco libros, en
resumen, contienen lo siguiente:
En
el Libro I, Rousseau afirma que a los hombres los endurece la educación,
nacemos débiles y por ello necesitamos
de fuerzas, de asistencia y de inteligencia. Todo cuanto nos falta al nacer, y
cuanto necesitamos siendo adultos, se lo debemos a la educación.
La
educación de la Naturaleza es el
desarrollo interno de nuestras facultades y nuestros órganos; la educación de
los hombres es el uso que nos enseñan éstos a hacer de este desarrollo; y, lo
que nuestra experiencia propia nos da a conocer acerca de los objetos cuya
impresión recibimos, es la educación de las cosas, es decir, que reconoce la
educación de la naturaleza, de los hombres y de las cosas y por supuesto la
primera es la más importante pues se da desde el nacimiento, solo necesita que
no intervenga el ser humano, para que se desarrolle libremente. La naturaleza
no es otra cosa que el hábito, la educación no es otra cosa que un habito.
La
educación es un arte. Tenemos disposiciones primitivas que consisten en que nacemos sensibles y,
desde que nacemos, excitan en nosotros diferentes impresiones los objetos que
nos rodean; luego que tenemos conciencia de nuestras sensaciones, aspiramos a
poseer o evitar los objetos que las producen según nos gusten o desagraden; más
tarde, según la conformidad o discrepancia que entre nosotros y dichos objetos
hallamos; finalmente, según el juicio que acerca de ella nos hagamos sobre la
idea de felicidad o perfección que nos ofrece la razón, nos formamos por dichas
sensaciones. Estas disposiciones de simpatía o antipatía crecen y se fortifican
a medida que aumenta nuestra sensibilidad y nuestra inteligencia, pero tenidas
a raya por nuestros hábitos las alteran más o menos nuestras opiniones. Antes
de que las alteren constituyen lo propio de la naturaleza.
Los
padres deben enseñar a sus hijos a conservarse y, cuando sean grandes, a
aguantar los embates de la mala fortuna, a arrastrar la opulencia y la miseria,
es decir, que su adaptación a la naturaleza desde su origen les permitirá vivir
en cualquier situación climática, económica, etc.
Destaca
el que el niño tenga un ayo, el cual no debe ser vendible, es decir, no
traficar con su profesión. Resulta interesante el que deba ser joven, pues esto
permite obviamente el entender y conocer más fácilmente el sentir del niño.
La
educación natural debe hacer al hombre apto para todas las condiciones humanas.
Contrario a lo que postula la educación tradicional, debe honrar a sus padres,
pero solo a su ayo debe obedecer. Añadiendo una como consecuencia de la otra:
que no se priven una parte de la otra sin su consentimiento.
Cabe
resaltar la importancia que da a la higiene, - más si se recuerda la situación
que se vivía en aquella época -, indicando que la higiene es la única parte
útil de la medicina y enfatiza la importancia de la templanza y el trabajo, los
cuales aguzan el hambre en la primera y, en la segunda, impide los hartazgos.
Con
el nacimiento se inicia la instrucción, y el único hábito que se debe elegir
que tome el niño es el de no contraer ningún hábito.
La
razón nos enseña por si sola a conocer lo bueno y lo malo; la conciencia, que
hace que amemos lo uno y aborrezcamos lo otro, aunque, independientemente de la
razón, no se puede desenvolver sin ella.
Destaca
el que debamos evitar lo grave que es hacer hablar a los niños antes de tiempo,
pues, obviamente puede haber una significación distinta en las primeras
palabras que para nosotros hablan sin entendernos y sin que les entendamos.
Esto significa un bloqueo de la comunicación.
En
la parte final del Libro I se ocupa Rousseau de la educación del niño hasta los
dos años. La vida familiar ha de darle la primera educación, física en su mayor
parte. "La educación del niño comienza desde su nacimiento, y debe
impedirse que adquiera hábitos de los
cuales pudiera llegar a ser esclavo. Hay necesidad de colocarlo en estado de
ser siempre dueño de sí mismo y de hacer en todas las cosas su voluntad”. Casi
a un mismo tiempo aprende el niño a hablar, a comer y andar.
A
tal principio de libertad se asocia al de relación. "Al principio, el niño
se ocupa de cuanto hiere sus sentidos, y conviene aprovechar esta disposición
natural dejándole examinar y palpar los objetos porque, de esta suerte,
adquiere los primeros materiales de sus conocimientos."
Rousseau
estudia, en el Libro II, una nueva etapa en el niño y comienza cuando el niño
empieza a andar y a hablar entrando en una nueva fase de desenvolvimiento. Es
el período de la infancia (de 2 a 12 años). En ella debe ser ganada, cada ves
más, la conciencia de libertad: la educación negativa y la formación moral
mediante sus consecuencias naturales van adquiriendo más acusados contornos. No
hay que llenar la mente infantil de conocimientos; lo más, importante es que el
niño pueda juzgar y valorar las cosas que se le ofrecen.
Destaca
el que el segundo escalón en la vida del niño sea cuando se acaba la infancia,
pues no son sinónimos infante y niño. La primera esta subordinada a la otra.
Ante todo, Emilio debe aprender y necesita saber padecer.
Propiamente
es en este segundo grado cuando empieza la vida individual: entonces se
adquiere la conciencia de sí mismo; extiende la memoria el sentir de la
identidad a todos los momentos de la existencia y se torna uno, de verdad, el
propio y capaz de felicidad o desgracia.
La
primera ley que nos viene de la naturaleza es la resignación. El hombre
verdaderamente libre solo quiere lo que puede y hace lo que le conviene.
Ante
todo como educadores debemos evitar el acostumbrarle a conseguirlo todo, porque
crecen sin saber reprimir sus deseos y solo buscan o creen que es fácil
satisfacer sus deseos. Esto, a la larga, obviamente les traerá una
insatisfacción o impotencia a futuro si no logran satisfacerlos.
Ante
todo las palabras que deben permanecer en el individuo son: fuerza, necesidad,
importancia y precisión.
La
razón es un compuesto de todas las demás facultades, es la que con más
dificultad y lentitud se desenvuelve, pero, según Rousseau, es la principal,
como ya lo destacamos en la parte inicial de este apartado.
Para tratar al alumno, se debe tener en cuenta su
edad, poniéndolo en su lugar y reteniéndolo en él.
Rousseau
destaca que no se debe dar una lección verbal al alumno, de hecho está en
contra de ella, pues el debe permitir que la experiencia sea la maestra. Así
mismo, afirma que la única pasión natural del hombre es el amor de sí mismo, o
amor propio, el cual resulta útil y bueno, pues permitirá que realice sus
deseos y los satisfaga.
No
debe un maestro enseñar la virtud ni la verdad, sino preservar de vicios el corazón y de errores el ánimo, a esto se
le considera como educación negativa.
La
razón y la memoria no se pueden desenvolver una sin la otra. Los niños no son
capaces de juicio, pues no tienen verdadera memoria. Retienen sonidos, figuras,
sensaciones, rara vez ideas, y más rara vez sus enlaces. Todo su saber se queda
en la sensación y no llega al entendimiento: su misma memoria es poco más
perfecta que las otras facultades, puesto que casi siempre es menester que
vuelva a aprender, cuando son grandes, las cosas cuyas palabras aprendieron
siendo niños.
El
hombre tiene tres 3 especies de voz 1.
La voz hablada o articulada. 2. La voz cantada o melodiosa. 3. La voz patética
o acentuada, que es el idioma de las pasiones y que anima el canto y la palabra.
Las tienen el niño y el hombre pero el niño no las sabe mezclar. Se le debe
enseñar a que hable lisa y llanamente, con claridad, a que pronuncie con
tersura y sin afectación, a que conozca y siga el acento gramatical, que alce
la voz lo suficiente pero no más recio.
Cabe
destacar que, conforme a la educación que recibe Emilio, cuando él se junte con
otros niños de su edad, los aventajará y será superior y reconocerá tal
superioridad, pues tiene la naturaleza a sus órdenes y esto dará como
consecuencia el que los niños, sin darse cuenta, lo obedecerán y él mandará.
En el Libro
III, Emilio es ya un adolescente, de 12 a los 15 años, que posee la máxima
plasticidad para el aprendizaje. Pero éste emanará del propio niño, siendo los
intereses naturales de la infancia los que determinarán la enseñanza. El
imperativo categórico de Rousseau es el de las cosas reales: nada de libros. A
lo sumo uno, el Robinson de Daniel
Defoe, que fue convertido por Rousseau en libro de lectura para la juventud.
También en el orden práctico Emilio debe convertirse en Robinson: todos los
oficios habrán de ser reinventados por él.
Nuestras
pasiones son las que nos hacen débiles porque es menester emplear más fuerzas
para contenerlas que las que nos concedió la Naturaleza. Tanto da disminuir los
deseos, como aumentar las fuerzas
El
primer principio de la curiosidad es el deseo innato del bienestar y, la
imposibilidad de satisfacer con plenitud este deseo, es causa de que sin cesar
aspire a nuevos medios de contribuir a ello. Solo se desenvuelve en las
pasiones y luces. Los sentidos son el
espíritu en sus primeras operaciones
El
principio fundamental de toda buena educación es que no se trata de enseñarle
al niño las ciencias, sino de inspirarle la afición a ellas y darle métodos
para que las aprenda cuando se desenvuelva mejor su afición.
Luego
que llega a conocerse a sí propio lo bastante para entender en qué consiste su
bienestar; luego que adquiere relaciones suficientes para conocer por ellas
mismas lo que le conviene y lo que no, ya está en condiciones de conocer la
diferencia que hay del trabajo a la diversión y de mirar que ésta es como un
desahogo de aquél.
En
este libro, Rousseau le da un gran valor como arte a la agricultura, la
herrería y la carpintería, pues el hecho de que aprenda el mancebo a imprimir a
sus faenas la mano del hombre le permitirá manejar el hacha y la sierra, a
cuadrar una viga, a subir a un tejado, a poner un techo, a afianzar las
maestras y las soleras.
Emilio
solo tiene conocimientos naturales y meramente físicos. Conoce las relaciones
esenciales del hombre con las cosas, pero no las relaciones morales del hombre
con el hombre. Pocas ideas sabe generalizar y pocas abstracciones puede lograr.
De lo que hace más aprecio es de aquello que le es más útil. Obviamente el
actuar conforme a su naturaleza descubrirá por sí mismo sus necesidades,
desarrollará sus aptitudes y esto le permitirá valorar y apreciar lo que le es
útil para las mismas.
El
Libro IV ofrece la educación de los 15 años hasta el matrimonio. Es el período
de la vida que Rousseau llama la mocedad. En esta edad, Emilio va elevándose
paulatinamente sobre la vida estrictamente sensitiva, recibe conceptos e ideas
y se hace apto para juzgar. Comienzan a despertar sus pasiones y, como
consecuencia, se iniciará también la educación moral. Ahora aprende Emilio a
conocerse a sí mismo, a los demás hombres y sus relaciones con ellos.
El
aspecto moral se destaca al indicar que es
menester que el niño deba saber que, para que se torne piadoso,
reconozca que hay seres semejantes a él, que padecen lo que ha padecido, que
sienten los dolores que ha sentido, y otros más de los que debe tener idea que
también puede sentir.
Establece
tres máximas, a saber:
1.
“No es propiedad del corazón humano ponerse en el lugar de los que son más
felices que nosotros: pero sí en el de los que son más dignos de compasión.
2.
Sólo se compadecen en otro aquellos males de que uno mismo no se reputa exento.
3.
De que tanto compadecemos a un desdichado, cuanto creemos que él se reputa
digno de compasión. Más limitado de lo que parece es el sentimiento físico de
nuestros males; más por lo que verdaderamente somos dignos de lástima, es por
la memoria que nos hace sentir su continuidad y por las imaginaciones que los
extiende al tiempo venidero. Esto es una de las causas que nos endurecen con
los males de los animales más que con los de los hombres. El pueblo es lo que
compone el linaje humano. El hombre es el mismo en todas las condiciones. Se
debe enseñar al alumno a que ame a todos los hombres; hasta a los que
desestima; hacer que no se coloquen en clase alguna sino que en todas se
hallen; hablar en su presencia con ternura del genero humano. Hombre no
deshonres al hombre”.
Para
conocer al hombre es necesario verlos en sus obras, en el mundo los oímos
hablar; muestran sus dichos y esconden sus acciones, pero éstas se hallan
patentes en la historia, y los juzgamos por los hechos. Esto permite que el
hombre reconozca a los otros hombres, los valora en tanto se conoce y valora a
sí mismo. Esto mismo permite el que Emilio viva en el mundo, pues para ello es
preciso que sepa tratar con los hombres, que conozca los instrumentos que en
ellos influyen; es preciso que calcule la acción y reacción del interés
particular en la sociedad civil, y que prevea con tanta exactitud los sucesos,
que rara vez se engañe en sus empresas o, a lo menos, que tome siempre los
mejores medios para llevarlas a cabo.
Reconoce
que el instruir es un talento y que consiste en que el discípulo tome gusto a
la instrucción.
Ante
todo, las lecciones que se den a la juventud, para que de verdad tengan
influencia y redunden en ellos, se deben reducir a ejemplos y no a razones;
pues nada aprenden en los libros sino que por el contrario es mejor el enseñar
a través de la experiencia.
Así
mismo, no se debe abusar del saber, pues produce una incredulidad en el alumno.
El descarrío de la juventud empieza por la opinión. Finalmente, así como
anteriormente Rousseau reconoce que Robinson es el único libro que deberá leer
Emilio, en esta parte de su tratado indica que a los libros de los antiguos
será a los que más gusto les tomará, porque están más cerca de la naturaleza y
su ingenio es más a propósito para ellos.
Es
en este libro donde, en el capitulo IV, titulado Profesión de Fe del Vicario
Saboyano, establece algunas de sus concepciones religiosas, sobre todo las
líneas fundamentales de la religión natural. Si la principal preocupación
consiste en garantizar la convivencia en el marco de la voluntad general y del
bien común, la religión tiene que traducir estas necesidades y fortalecerlas
mediante una estrecha vinculación con la vida política. La religión natural
califica de nociva para la vida social en la religión, por ejemplo, la
divinidad de Cristo, los milagros o las profecías.
Rousseau
distingue entre una religión de hombre y una de ciudadano. Esto hace aparecer a
Rousseau como un moralista tradicional.
Finalmente,
en el Libro V, se habla de la entrada de Emilio en el mundo. La importancia de
los viajes en la formación, el noviazgo y el matrimonio con Sofía, la mujer
destinada a Emilio. Con la introducción de este nuevo personaje en su novela
pedagógica se ocupa Rousseau de la educación de la mujer.
La
educación primera de los hombres depende del esmero de las mujeres, lo mismo
que de ellas dependen sus costumbres, pasiones, gustos, deleites y felicidad.
Esto se contradice un tanto con lo que señaló anteriormente en relación al ayo.
Limita
los estudios propios de la mujer a la práctica, tocándole aplicar los
principios hallados por el hombre y hacer las observaciones conducentes a
sentar principios. Le compete la moral experimental y, a los hombres, reducirla
a sistema.
Destaca
su afirmación de que el pensar es un arte que se aprende como todos los demás y
con mucha más dificultad.
En
nuestra época, sobre todo, es de gran importancia - y considero que son la base
de los últimos movimientos sociopolíticos en muchos países -, pues invoca la
posibilidad de que si Emilio llega a componer libros, lo cual no es su objeto,
estos serán ante todo para defender los derechos de la humanidad.
La
libertad está en el pecho del hombre libre y a todas partes la lleva consigo.
En ninguna forma de gobierno está la libertad. Aquí cabría recordar que, en su
libro “El Contrato Social”, habla justamente de su ideología política, más que
en esta obra.
Finalmente,
rescata la necesidad del hombre, en toda su vida, de consejo y guía.
La
educación femenina, sin género de duda, es una de las partes más débiles de la
obra de Rousseau. La mujer pierde, en su doctrina, la importancia y
sustantividad social que sería su propio valor autónomo. "Toda la
educación de las mujeres debe ser relativa a los hombres. Gustarles, serles
útiles, hacerse amar y honrar de ellos, educarles cuando jóvenes, cuidarles de
grandes, aconsejarles, consolarles, hacerles la vida agradable y dulce, son
los deberes de las mujeres de todos los tiempos..."
Hasta
su matrimonio, Sofía no ha existido. No ha sabido nada, ni nada ha leído, “sino
un Baremé y un Telémaco que por casualidad cayeron en sus manos”. El manda y
ella obedece: la primera virtud de la mujer es la dulzura. Si en su juventud ha
frecuentado con libertad los festines, los juegos, los bailes y el teatro, no
ha sido tanto para iniciarse en los vanos placeres del mundo bajo la tutela de
una madre vigilante, cuanto para pertenecer más aún, una vez casada, a su hogar
y a su esposo. La mujer no es nada sino al lado, abajo del marido y por él.
Obviamente
los movimientos feministas de finales del siglo pasado, principios y mediados
de éste serán los principales opositores a esta ideología.
CONCLUSIÓN
Desde
el Renacimiento se alzan protestas contra las insuficiencias de la pedagogía
tradicional, entre esas protestas destacan las de Erasmo de Rotherdam,
Montaigne, Rebelais, Fenelon y Descartes. Pero es Juan Jacobo Rousseau quien
finalmente sobreviene más elocuente y decisivo. Y entre todas sus obras
literarias destacan, en materia pedagógica y como medio de desarrollo de sus
postulados, el libro Emilio o de la Educación. En razón de esto mismo, Rousseau
es considerado uno de los ideólogos y promotores de la Escuela Nueva, por esto mismo, a continuación a fin de
resumir las características de una y otra Escuela me permito presentar el
cuadro siguiente:
|
ESCUE LA |
CARACTERÍS
TICAS |
VENTAJAS |
LIMITA CIONES |
IMPACTO
SOCIAL |
|
TRADICIONAL |
¨ Vida metódica y de recinto. ¨ Magistrocéntrica. ¨ Vertical. ¨ Premio o castigo. ¨ Sobre la base de modelos de transferen-cia. ¨ Preparada para la vida. |
¨ Valores morales. ¨ Promueve estructu- |