“ FORMACIÓN DEL HOMBRE”

  A PARTIR DE LOS ASPECTOS PSICOCOGNITIVOS

 

RAQUEL BRIONES TORRES

 

 

CONTENIDO

 

 

Introducción

Objetivos

Contradicciones

¿Qué es el método Montessori?

El hombre desconocido

El estudio del hombre

Nuestro presente social

El  cometido de la nueva educación

La Revelación del Orden Natural en los Niños y sus obstáculos

            Revelaciones y obstáculos

            Revelaciones anteriores

            La forma mental de la infancia

            El Mneme

            La disciplina

            Orden y bondad

            Salud y desviaciones

            La base del crecimiento

            Educación dilatoria

Prejuicios sobre el niño en la ciencia y la educación

            La conquista de la cultura

            La cuestión social del niño

            El Ombius

Las nebulosas

            El hombre y los animales

            La función del niño

            El embrión  espiritual

            La mente absorbente

            La adaptación

            El contacto con el mundo

Conclusiones contenidas en la obra

Analfatismo mundial

Conclusiones personales

Bibliografía

Cuestionario

 

 

 

INTRODUCCIÓN

 

El presente trabajo es un acercamiento a la filosofía de Maria Montessori y a sus sorprendentes investigaciones en el campo  la psicología y  la pedagogía, se aboca a una  línea que se considera fundamental, la psicocognitiva,  refiriéndose  a la capacidad que tiene el niño de aprender, contenida en una de sus principales obras: “La Formación del Hombre”.

 

María Montessori   nació  en Chiaravalle en 1870,  médica italiana y en la práctica educadora;  su larga vida fue muy productiva, ello le permitió crear  toda una filosofía con la mirada fija en el niño, ese hombre desconocido; a partir de minuciosos  estudios e investigaciones creó el método Montessori para la educación preescolar, presentado en Roma en 1907.

 

Entre sus escritos destacan El método Montessori (1912),  Desarrollo del método Montessori (1917) y La Formación del Hombre.

 

Es en esta última obra en donde enfoca su  atención a la manera en que los niños  aprenden, fueron ellos mismos quienes le revelaron  su capacidad cognitiva,  esto es realmente extraordinario ya que  los exponentes e investigadores,  de esa época y tiempo atrás, habían demostrado poco o nulo interés en los alcances del niño para aprender, Montessori  inició sus exhaustivas observaciones  y trabajos  con niños con retraso mental a los que proporcionó, además de libertad  e interacción con su medio ambiente, respeto,  con lo que potenció su  capacidad cognoscitiva  innata, sus resultados fueron sorprendentes;  posteriormente tuvo la oportunidad de dedicar su atención y esfuerzo a niños normales de todos los extractos sociales  y pudo comprobar la efectividad del sistema, el que siguió  perfeccionando hasta su muerte en 1952.

 

Se ha dividido el contenido de este documento en los siguientes apartados: objetivos, resumen de la obra “La Formación del Hombre”, conclusiones, bibliografía y cuestionario

 

El apartado de objetivos describe de manera breve  el propósito del presente documento, tanto de manera general como particular, es espera de lograrlos ya que son básicos para que las personas interesadas tengan un punto de vista más a las valiosas aportaciones de Montessori.

 

Dentro del resumen se  rescatan  los logros y obstáculos que tuvo la Dra. Montessori  en la creación, difusión  e implantación de su filosofía en todo el mundo,  entre los que se encontraban  las críticas de connotados psicólogos, lo que  no la desanimó  ya que estaba convencida que sus hallazgos no eran una ilusión. Se  rescatan términos que es necesario conocer la  acepción que les  otorgó su autora   ya que, considero, se convierten en categorías de análisis de la esencia de su  obra: concepción de  hombre,  el  mneme,  evolución del hombre  y función del niño,  el embrión espiritual  y la mente absorbente.

En el  espacio correspondiente a las conclusiones se detallan, en forma concreta las interpretaciones personales sobre la obra en general, y del libro “La Formación del Hombre” de manera particular y se ofrecen lo que se consideran los  principios  del  sistema filosófico Montessori.

 

En el apartado bibliografía  se menciona la referencia  de la obra  “La Formación del Hombre”, así como también  de los libros que se tomaron en cuenta de la misma autora, y de otros especialistas que escriben al respecto.

 

En lo correspondiente al Cuestionario se  describen preguntas y respuestas  elaboradas  del libro “La Formación del Hombre”, las que guiaron el análisis de la obra y han servido para orientar la reflexión en el tema.

 

 

 

OBJETIVOS

 

General

 

 

A partir  del análisis y síntesis de la obra “Formación del Hombre”,   dar a conocer  algunos aspectos del  pensamiento de esta autora, lo que permitirá   precisar el enfoque cognoscitivo, y ofrecer  un punto de vista personal  a la valiosa aportación que Montessori  hace a la   educación.

 

 

Específicos

 

 

 

1.      Presentar  un resumen del libro  mencionado,  que de manera más concreta,  permita a personas interesadas en el tema,  acercarse  al pensamiento Montessori

 

 

2.      Rescatar el aspecto psicocognitivo de la obra de Montessori  contenido en el libro “La Formación del Hombre”

 

 

3.      Ofrecer conclusiones personales de manera precisa y clara.

 

 

 

 

Contradicciones

 

¡Han pasado ya muchos años desde que iniciamos nuestro trabajo! En 1907 se inauguró la primera Casa de los Niños y, casi inmediatamente después, se difundieron por todo el mundo tanta la idea como la nueva obra para la educación del niño. Han pasado, pues, más de cuarenta años, y en ese tiempo han ocurrido las dos grandes guerras, la europea y la mundial, sin que se haya extinguido aquel movimiento educativo que ha echado buenas raíces en tantos países.

 

Y ahora, más convencidos que nunca de la importancia de la educación del niño, deseamos dar un nuevo impulso a nuestra obra para sacar de ella una ayuda efectiva en orden a la reconstrucción de esta humanidad dolorida, que parece aplastada por los cataclismos humanos más espantosos de la historia.

 

Me da la sensación de dirigirme a una familia vigorosa que debe proseguir su camino, y que, aunque es joven y fuerte, tiene mucha necesidad de fe y de esperanza.

 

Querría exponer aquí una guía que sirviera de orientación para nuestra tarea. ¿Por qué, respecto de lo que se llama “Escuelas Montessori” y “Método Montessori”, han surgido tantas dificultades, tantas contradicciones, tantas incertidumbres? Y sin embargo las escuelas van adelante en medio de guerras y cataclismos, y se extienden cada vez más por todo el mundo. Las encontramos incluso en las islas Hawai, en Honolulu en medio del océano. Las hallamos entre los nativos de Nigeria, en Ceilán, en China; es decir, en medio de todas las razas y en todas las naciones del mundo.

 

   ¿Creéis acaso que existen escuelas perfectas entre los nativos de África, de la india o de China, y aun en las naciones más civilizadas? Si escucháis a los “expertos” os dirán que no existe una escuela verdaderamente buena. Y al mismo tiempo todos están de acuerdo en que el Montessori es el método educativo moderno más difundido en la actualidad. ¿Por qué, pues, se difunde si no existen modelos perfectos? ¡Cuantas naciones han modificado las leyes para no obstaculizar la difusión del Método Montessori! ¿Por qué?, ¿con qué fundamento? ¿cómo se han difundido, si no cuenta con revistas, ni con iniciativas publicitarias o sociedades organizadas, enteramente de acuerdo entre sí y coordinadas orgánicamente?

 

Se dirá que es un fermento Transf.ormador, o una semilla que se difunde con el viento.

Es además un método que parece egoísta, que quiere caminar solo, sin mezclarse con ninguno; y sin embargo ¡ningún otro método aprovecha tanto la ocasión para proclamar la unión y la paz en el mundo!

 

Otra cosa extraña es que este método, ideado para los Kindergärten, se han infiltrado en las escuelas elementales e incluso en las secundarias y en las universidades.

 

En Holanda existen cinco Liceos Montessori, que han dado unos resultados tan satisfactorios que han llevado al Gobierno holandés no sólo a prestarles ayuda económica, sino incluso a hacerlos independientes, como los otros Liceos reconocidos. Yo he visto en París un Liceo privado montessoriano que forma unos alumnos más seguros de sí mismos, más independientes de carácter, y nada miedosos ante los exámenes como los alumnos que provienen de los otros Liceos franceses. En la India incluso se ha llegado a la conclusión de que son necesarias las Universidades Montessori.

 

Pero el método ha ido también por el camino opuesto, y ha sido aplicado a niños menores de tres años. En Ceilán se admiten en nuestras escuelas niños de dos años de edad; e incluso la gente pide que sean admitidos también los niños de año y medio. En Inglaterra hay muchas nurseries que emplean nuestro método: nurseries montessorianas se han fundado también en Nueva York.

 

¿Qué es, pues, este método que partiendo de los recién nacidos tiende a alcanzar a los doctores universitarios?

 

No ocurre lo mismo con los otros métodos. El método Froebel se aplica exclusivamente a los niños de edad infraescolar; el método Pestalozzi se aplica sólo en las escuelas elementales; los métodos de Herbart están pensados especialmente para la escuela secundaria. Y entre los métodos más modernos, tenemos el método Decroly, destinado a las escuelas elementales, el Dalton Plan, a las escuelas secundarias principalmente, etc. Los métodos clásicos han quedado modificados, es verdad; pero los que sirvan para educar a un grupo determinado, no podrán servir para los otros. Ningún profesor de escuela secundaria se preocupa del modo como se educa en las guarderías, y mucho menos en las nurseries. Un grado es enteramente distinto del otro; y los métodos que hoy se están multiplicando, se aplican a una u otra de éstas bien definidas.

 

Quien dijera que existen liceos con el método Froebel, diría algo que no tiene sentido. Y quien dijera que pretende extender a las Universidades los métodos de las nurseries, diría una majadería.

 

Y sin embargo, ¿por qué se habla con toda seriedad de extender el Método Montessori a todos los grados de la educación? ¿Qué significa todo esto? ¿Qué piensan que es el “Método Montessori”?

 

Continuamente se establecen paralelos y aproximaciones. Por ejemplo, se comparan las nurseries inglesas con las escuelas Montessori; se parangonan los juguetes y el modo de tratar a los niños en las dos instituciones, con la intención de compaginarlas y hacer de las dos una sola cosa. En América se han establecido muchos paralelos para unificar los parvularios froebelianos y las Casas de los Niños. Comparando nuestro material con las prendas froebelianas, se ha llegado a la conclusión de que los dos métodos son buenos y que sería conveniente emplearlos conjuntamente. Existen algunos aspectos de discordancia, por ejemplo respecto de los cuentos de hadas, sobre los juegos con la arena, empleo del material y otros particulares, en cuya defensa surgen todavía muchas discusiones. Incluso en las escuelas elementales se sigue discutiendo sobre los métodos para enseñar a leer y escribir, o para enseñar la aritmética, y se habla especialmente de nuestra insistencia por enseñar la geometría y otras cosas demasiado pronto, durante este período de la instrucción. Respecto de las escuelas secundarias, las opiniones son diversas. Unos piensan que nosotros no tenemos bastante en cuenta el deporte y otros trabajos que dan una impronta más moderna a la enseñanza, como la mecánica y los trabajos manuales. Y todo esto se pone tanto más de relieve cuanto que los programas de las escuelas montessorianas deben ser los mismos necesariamente que los de las demás escuelas secundarias, pues de otra forma sus alumnos no serían admitidos en la Universidad. 

 

 

¿Qué es el Método Montessori?

 

Se querría saber en pocas y claras palabras lo que es este Método Montessori.

Si se aboliera no solamente el nombre, sino también el concepto común de “método” para sustituirlo por otra designación; si hablásemos de “una ayuda hasta que la personalidad humana pueda conquistar su independencia, de un medio para liberarla de la opresión de los prejuicios antiguos sobre la educación”, entonces todo estaría claro. Es, pues, la personalidad humana lo que hay que considerar, y no un método de educación: es la defensa del niño, el reconocimiento científico de su naturaleza, la proclamación social de sus derechos lo que debe suplantar a los modos fragmentarios de concebir la educación.

 

Y puesto que la “personalidad humana” pertenece a todo ser humano, y son hombres los europeos, los indios y los chinos, si se descubre una condición de vida que ayude a la personalidad humana, esto interesará y afectará por su propia fuerza a todas las regiones habitadas por hombres.

 

Pero ¿qué es la personalidad humana? ¿Dónde comienza? ¿Cuándo empieza el hombre a ser hombre? Es difícil precisarlo. En el Antiguo Testamento el hombre fue creado adulto; en el Nuevo se nos presenta como niño. La personalidad humana es ciertamente una sola, que pasa por diversos estadios de desarrollo. Pero, cualquier hombre que se considere y en cualquier edad, niños de las escuelas elementales, adolescentes, jóvenes y hombres adultos en general, todos empezaron por ser niños; y pasan luego de niños a adultos sin que se rompa la unidad de su persona. Si la personalidad es una en diversos estadios de desarrollo, se debe concebir también un principio educador que afecte a todas las edades.

 

De hecho nosotros, hoy, en nuestros cursos más recientes, hemos llamado al niño: hombre.

 

 

El hombre desconocido

 

El hombre que llega al mundo bajo la forma de niño se desarrolla rápidamente por un verdadero milagro de creación. El recién nacido no tiene todavía ni el lenguaje ni los otros caracteres relativos a las costumbres de la estirpe: no tiene inteligencia, ni memoria, ni voluntad, ni menos el poder de moverse y tenerse en pie; y sin embargo este recién nacido lleva a cabo una auténtica creación psíquica: a la edad de dos años habla, camina, reconoce las cosas: y, pasados los cinco años, alcanza el desarrollo psíquico suficiente para ser admitido a estudiar en las escuelas.

 

Existe hoy un gran interés científico por conocer la psicología infantil en los primeros años de edad. Durante miles y miles de años la humanidad había pasado junto al niño, quedándose enteramente insensible ante esta especie de milagro de la naturaleza, que es el formarse de una inteligencia, de una personalidad humana. ¿Cómo se forma? ¿A través de qué procesos y con que leyes?

 

Porque si todo el universo se rige por leyes fijas, es imposible que la mente humana se forme al azar, es decir sin leyes.

 

Todo se desarrolla a través de procesos evolutivos complejos; incluso el hombre, que a los cinco años se ha convertido en un ser inteligente, debe haber tenido también su evolución constructiva. Pero este campo está se puede decir, todavía inexplorado. Hay un vacío en los conocimientos científicos de nuestro tiempo, un campo no explorado, una incógnita; en el proceso de formación de la personalidad.

 

El que haya persistido tal ignorancia, dentro del grado de civilización que hemos alcanzado, debe tener unas raíces misteriosas. Hay algo que ha debido quedar sepultado en el inconsciente, y encima de él se ha formado una costra de prejuicios difícil de romper. Para iniciar una exploración científica del inmenso campo oscuro, que es el espíritu humano, hay que sobrepasar obstáculos poderosos. Solamente sabemos que existe en la psique humana un enigma que todavía no ha despertado nuestro interés, como solamente sabíamos hasta hace poco tiempo que en el Polo Sur de la Tierra existía una inmensa extensión de hielos. Pero hoy se ha realizado la exploración antártica y se ha descubierto un continente sepultado, lleno de maravillas y de riquezas, con lagos calientes y seres vivos enormes; pero para llegar allá se ha tenido que vencer el obstáculo del espesor de los hielos que lo recubren y el frío de un clima diferente del nuestro. Lo mismo se puede decir de la exploración de ese polo de la vida, que es el niño.

 

El hombre en edades más avanzadas (niño, adolescente, joven, adulto) llega a nosotros desde lo desconocido; y juzgamos sus diversos aspectos tal como se nos presentan. Nuestros esfuerzos para orientar al hombre en estas varias edades, son, pues, empíricos, superficiales. Juzgamos, como agricultores desmañados, las apariencias, los efectos, sin preocuparnos de las causas que los producen. Con razón Froebel llama "jardines de la infancia" a las escuelas de los niños de cuatro o cinco años de edad; y nosotros podremos llamar con el mismo nombre a todas las escuelas, especialmente a las mejores, a aquellas en las que con sinceridad se busca el bien y la felicidad de los niños; las podremos llamar a todas ellas "jardines" para distinguirlas de las otras donde reina una tiranía cruel. Porque en ésas, en las más modernas y mejores, se comportan los maestros como los buenos jardineros y los buenos agricultores respecto de sus plantas.

 

Pero tras el buen agricultor, está en científico. El científico escudriña los secretos de la naturaleza y conquista, descubriéndolos, los conocimientos profundos que le pueden llevar no sólo a juzgarlos, sino incluso a transformarlos. El moderno agricultor, que multiplica la variedad de flores y de frutos, que mejora la floresta, que cambia, por así decir, la faz de la tierra, ha recogido sus principios técnicos de la ciencia y no de la rutina. Sí esas flores maravillosas de fantástica belleza, esos claveles de tantos colores, esas soberbias orquídeas, esas rosas gigantescas, perfumadas y sin espinas, y tantos y tantos frutos y maravillas que han cambiado la faz de la tierra, son el producto del hombre que ha estudiado las plantas científicamente. La ciencia fue la que orientó hacia unas técnicas nuevas; fue el hombre científico quien dio el impulso para construir una verdadera super-naturaleza fantásticamente más rica y hermosa que la que hoy llamamos naturaleza salvaje.

 

 

El estudio del Hombre

 

Si la ciencia empezara a estudiar a los hombres, llegaría no sólo a dar nuevas técnicas para la educación de los niños y jóvenes, sino que también nos llevaría a una comprensión profunda de muchos hechos humanos y sociales, que todavía están envueltos en una pavorosa oscuridad.

 

   La base de la reforma educativa y social, necesaria en nuestros días, se debe levantar sobre el estudio científico del hombre desconocido.

 

Pero, como decía, hay un grande obstáculo para el estudio científico del hombre. Son los prejuicios acumulados durante miles de años, consolidados como glaciares majestuosos y casi inaccesibles. Por eso se impone una exploración valiente; una lucha contra los elementos adversos, para la cual no son suficientes las armas ordinarias de la ciencia, es decir la observación y el experimento.

 

Este estudio del hombre espiritual, de la psicología, es un movimiento intelectual que se está difundiendo desde los primeros años de este siglo. El descubrimiento del inconsciente ha sido un descubrimiento fecundo. Se inició en hombres adultos enfermos mentales, pero luego se extendió también a hombres considerados normales. Más recientemente la psicología infantil ha empezado a interesar a los científicos.

 

La conclusión a que han llegado esos estudios ha sido que casi todos los hombres que viven hoy tienen alguna tara, mientras las estadísticas resaltan de modo indiscutible la cantidad siempre creciente de locos y criminales y aumenta el numero de niños difíciles y se agrava el fenómeno de la delincuencia de los menores, que hace pensar en los daños que de todo esto se deriva para la humanidad. Las condiciones sociales producidas por nuestra civilización obstaculizan evidentemente el desarrollo normal del hombre. Todavía no ha creado ella para el espíritu unas defensas análogas a las de la higiene física. Mientras hoy se dominan y se utilizan las riquezas de la tierra y sus energías, no se ha considerado aún la suprema energía que es el entendimiento del hombre; mientras se han explorado los oscuros abismos de las fuerzas naturales, no han sido iluminados aún los abismos del subconsciente del hombre. El hombre psíquico, abandonado a las circunstancias externas, se está convirtiendo en un destructor de sus propias construcciones.

 

Se puede, pues, idear un movimiento universal de reconstrucción con un objetivo único: ayudar al hombre a conservar su equilibrio, su normalidad psíquica, su orientación en las presentes circunstancias del mundo exterior. Este movimiento no se limita a ninguna nación ni a ninguna ideología política, puesto que quiere simplemente valorar al hombre, que es lo que esencialmente interesa, por encima de todas las políticas y las diferencias nacionales.

 

Es evidente que para un movimiento nuevo de este género no son ya suficientes las concepciones de las antiguas escuelas, en las que se sigue enseñando del mismo modo que en tiempos enteramente distintos de los nuestros.

 

La educación es un hecho social y humano, un hecho de interés universal. Debe fundamentarse en la psicología, para defender la individualidad, y luego debe orientarla hacia la comprensión de la civilización, para que la personalidad, protegida de los desórdenes que la circundan, haga al hombre consciente de su postura real en la historia. Evidentemente no es un “syllabus” o un programa arbitrario lo que informa la cultura actual: pero se necesita un “syllabus” que permita captar las condiciones del hombre en la sociedad presente: con una visión cósmica de la historia y de la evolución de la vida humana, ¿de qué serviría hoy la cultura, si no ayudara a los hombres a conocer el ambiente al que deben adaptarse?

 

Finalmente, los problemas de la educación se deben resolver teniendo en cuenta las leyes del orden cósmico, que abarcan desde la ley eterna de la construcción psíquica de la vida humana, a las leyes mudables que conducen a la sociedad por los caminos de su evolución sobre la tierra.

 

El respeto a las leyes cósmicas es un respeto fundamental. Sólo desde ellas se puede juzgar y modificar las numerosas leyes humanas que afectan al momento transitorio de las construcciones sociales externas.

 

 

Nuestro presente social

 

Es ya una frase común decir que existe un desequilibrio entre el milagroso progreso del ambiente y el atraso en el desarrollo del hombre; que el hombre recibe un gran choque al adaptarse al ambiente, y que en este choque sufre y se degrada. Se podría decir que las fuerzas del progreso exterior son semejantes a las fuerzas de un pueblo poderoso que invade y subyuga a un pueblo débil y, como sucedía en las guerras de los bárbaros, el subyugado queda convertido en esclavo.

 

Hoy la humanidad está vencida y esclavizada por su propio ambiente, porque frente a él se ha quedado débil.

 

La esclavitud va creciendo rápidamente y adquiere unas formas que no se conocieron nunca en el pasado de las luchas entre pueblos poderosos y vencedores y pueblos débiles y vencidos. Nunca la impotencia humana alcanzó el grado extremo que tiene hoy.

 

Es necesario que el hombre aúne todos sus valores vitales, sus energías; que los desarrolle y se prepare para su liberación. No es ya tiempo de luchar unos contra otros, de buscar el desarrollarse mutuamente; hay que contemplar al hombre sólo con la mira, de despojarlo de los lazos inútiles que se está fabricando y que lo arrastran hacia el abismo de la locura. La fuerza enemiga está en la impotencia del hombre respecto de sus mismos productos, está en frenar el desarrollo de la humanidad. Bastaría, para vencerla, que el hombre reaccionase y se comportase con una preparación diversa frente al ambiente, que por sí mismo es productor de riquezas y de felicidad.

 

Se trata de una revolución universal, que solamente exige que el hombre ensalce sus propios valores, y se convierta en el dominador, en vez de ser la víctima del ambiente que él mismo ha creado.

 

El cometido de la nueva educación

 

Puede parecer que nos hemos alejado de la primera cuestión, que era la educación. Pero esta divagación nos abre los nuevos caminos que ahora necesitamos recorrer.

 

Así como se ayuda a un enfermo en el hospital para que recupere la salud y pueda continuar viviendo, así hoy hay que ayudar a la humanidad a salvarse. Nosotros tenemos que ser los enfermeros en este hospital, inmenso como el mundo.

 

Es necesario caer en la cuenta de que el problema no se limita a las escuelas, tal como son concebidas hoy y no afecta a métodos de educación, más o menos prácticos, más o menos filosóficos.

 

O la educación contribuye a un movimiento de liberación universal, indicando el modo de defender y elevar a la humanidad, o se convierte en uno de esos órganos que han quedado atrofiados al no ser usados durante la evolución del organismo.

Existe en nuestros días, como decíamos, un movimiento científico del todo nuevo, que se presenta con resultados aún inconexos, pero que tiende ciertamente a unificarse en el futuro.

 

Sin embargo este movimiento no se da propiamente dentro del campo de la educación, sino en el de la psicología. Y, dentro de la psicología, no ha surgido por una preocupación pedagógica (conocer al hombre para educarlo), sino más bien por una preocupación por salir al encuentro de los sufrimientos y de las anomalías de los hombres, especialmente de los adultos. La nueva psicología ha nacido dentro del campo de la medicina, y no en el de la educación. Ésta psicología de la humanidad enferma se extiende también a los niños, que se presentan inquietos, desdichados, con sus energías vitales reprimidas y desviadas de la normalidad.

 

Quien trabaje en esta reconstrucción debe ir impulsado por una idea grande, más grande que aquellos ideales políticos que han promovido mejoras sociales porque tenían a la vista la vida material de algún grupo de hombres oprimidos en la injusticia y la miseria.

 

Aquí el ideal es universal: es la liberación de toda la humanidad. Y se necesita mucha labor paciente en este camino de liberación y valoración del hombre.

 

¡Mirad cuántos, en el campo de las otras ciencias, trabajan encerrados en sus laboratorios, observando al microscopio las células y descubriendo las maravillas de la vida; cuántos ensayan en los gabinetes de química las reacciones, descubriendo los secretos de la materia; cuántos trabajan para aislar las energías cósmicas con el fin de dominarlas y poder utilizarlas! Ahora bien, estos incontables trabajadores pacientes y sinceros son los que han hecho avanzar la civilización.

 

Algo semejante, como ya hemos dicho, hay que hacer también con el hombre. Pero el ideal, el fin que hay que proponerse debe ser común a todos. Deberá poder realizar aquel dicho que, a propósito del hombre, se encuentra en los libros religiosos: “Specie tua et pulchritudine tua intende, prospere procede et regna”, y que podíamos parafrasear así: “Compréndete a ti mismo, tu hermosura; avanza prósperamente en tu ambiente, rico y lleno de milagros; y reina sobre él”.

 

Pero se dirá: “Sí, esto es hermoso, fascinante, pero ¿no veis como entretanto, en derredor, crecen los niños, y los jóvenes se hacen hombres? No se puede esperar a una elaboración científica, porque mientras tanto la humanidad será destruida”.

 

Yo respondo: “No es necesario esperar a que el trabajo de investigación se haya completado. Basta con comprender la idea y proceder según sus indicaciones”.

 

De todas formas, una cosa es ya clara: la pedagogía no debe estar dirigida, como en el pasado, por las ideas que se habían fabricado algunos filósofos y algunos filántropos, es decir algunos que estaban impulsados por su piedad, por su simpatía, por su caridad. La pedagogía debe resurgir bajo la guía de la psicología aplicada a la educación, a la que conviene darle pronto un nombre diverso: Psicopedagogía.

 

En este campo se obtendrán muchos descubrimientos. Es indudable que, si el hombre ahora está desconocido y reprimido, su liberación vital ofrecerá revelaciones asombrosas. Y la educación deberá proceder en función de estas revelaciones; del mismo modo que la medicina común se basa en la “vis medicatrix naturae”, en las fuerzas curativas que ya están en la naturaleza, y la higiene se basa en los conocimientos de la fisiología, es decir en las funciones naturales del cuerpo.

 

Ayudar a la vida: es el primer principio fundamental. Ahora bien, ¿quién puede revelarnos las vías naturales por las que marcha el crecimiento psíquico del individuo humano, sino el mismo niño en condiciones de manifestarse? Así pues, nuestro primer maestro será el mismo niño, o mejor, el impulso vital con las leyes cósmicas que le conducen inconscientemente no lo que nosotros llamamos “la voluntad del niño”, sino el misterioso querer que dirige su formación.

 

Yo puedo afirmar que las revelaciones del niño no son difíciles de obtener. La verdadera dificultad reside en los prejuicios antiguos del adulto hacia el niño, en la ciega incomprensión y en los velos que una forma de educa­ción, arbitraria y basada sólo sobre el raciocinio humano, o mejor sobre el egoísmo inconsciente del hombre y su  soberbia de dominador, ha venido tejiendo para ocultar los valores de la sabia naturaleza.

 

Nuestra contribución, aunque pequeña, incompleta todavía, y considerada insignificante en el campo científico de la psicología, servirá sin embargo para ilustrar este enorme obstáculo de los prejuicios, que pueden borrar y destruir las aportaciones de nuestra experiencia aislada.

 

Si lográramos sólo probar la existencia de estos prejuicios, habríamos aportado ya un beneficio de importancia general.

 

 

 

 

LA REVELACIÓN DEL ORDEN NATURAL

EN LOS NIÑOS Y SUS OBSTÁCULOS

 

Revelaciones y obstáculos

 

Recordemos cómo empezó nuestro estudio. Hace unos cuarenta años en un grupo de niños de cuatro años se manifestó un fenómeno inesperado que maravilló a todos. ­Este fenómeno fue llamado “la explosión de la escritura”.

Algunos niños comenzaron espontáneamente a escribir; esto se propagó rápidamente a un gran número de ellos. Fue una verdadera explosión de actividad y a la vez de entusiasmo. Aquellos pequeños llevaban, como en una especie de procesión triunfal, el alfabeto, dando gritos de alegría. Eran infatigables escribiendo: cubrían los suelos, las paredes con su escritura irrefrenable. Sus progresos fueron fantásticos, milagrosos. E inmediatamente después ellos, por si solos, aprendieron a leer diversas escri­turas, cursiva e impresa, en letras minúsculas y mayúscu­las, e incluso escrituras especiales, artísticas y góticas.

 

Examinemos un momento esta primera revelación. Era  evidentemente una revelación de orden psicológico y bastante poderosa como para reclamar entonces la aten­ción del mundo. Era una especie de milagro.

 

Y sin embargo, ¿cuál fue la reacción, especialmente de los científicos de la época?

 

La escritura milagrosa no se atribuyó a un hecho psíquico, sino a un “método de educación”.

 

Escritura y naturaleza no se podían juntar. La escri­tura es, en general, la consecuencia de una paciente e ingrata preparación en las escuelas, es un recuerdo de esfuerzos áridos y de fatigas soportadas, de castigos im­puestos, de tormentos, para todo el que no sea un anal­fabeto. Y tenía que ser un método verdaderamente mara­villoso aquel que había conseguido unos resultados tan brillantes, en una edad precoz. Se suscitó la curiosidad en torno a este método educativo que ofrecía la prueba de haber encontrado finalmente un medio para vencer rápidamente el analfabetismo, que más o menos seguía estando en los pueblos, aun en los más civilizados.

 

Cuando vinieron algunos profesores de las Universi­dades de los Estados Unidos de América para estudiar personalmente este método, yo no contaba con otro ma­terial que mostrarles que las letras del alfabeto separadas una de otra, letras que tenían la forma de objetos manejables, movibles, de una dimensión más bien grande.

 

Algunos de estos profesores se molestaron, y creye­ron que yo me reía de ellos, sin respeto a su dignidad. En las altas esferas se empezó a decir que todo aquello no era nada serio, que hablar de milagros era una mixtificación. Al ver después que, en vez de los libros ordinarios, yo empleaba “objetos”, que podían ser comprados o vendidos, se tuvo miedo de caer en una comercialización. Una especie de amor propio alejó de la atención de los grandes esta manifestación, que sin embargo estaba unida a una incógnita del orden psicológico. Y así surgió un obstáculo, una barrera insuperable entre aquella experiencia iluminadora y las personas que pertenecían a las altas esferas de la cultura, aquellas que por su cultura superior habrían podido descifrarla y utilizarla.

 

Expongamos otros tipos de prejuicio.

Los niños pequeños que escribían incansablemente eran una realidad que centenares y millares de personas podían constatar Muchas personas tuvieron que conven­cerse de que las letras del alfabeto estaban allí, aisladas, sin más, y que ningún maestro se esforzaba por enseñar a escribir: los niños hacían estos progresos por sí solos. A alguno le pasó por el pensamiento que todo el secreto estaba en haber ideado convertir las letras del alfabeto en objetos aislados y movibles. ¡Que descubrimiento tan simple y genial! ¿Por qué -decían muchos con amargura-, por qué no lo he ideado yo? Pero, dijo alguien, en realidad no se trata de un descubrimiento. Ya en la antigüedad Quintiliano había usado un alfabeto móvil de este tipo. Y así, en el caso de que yo hubiera pretendido presentarme como una genial inventora, habría sido desenmascarada.

 

Es curioso, sin embargo, constatar esa inercia mental tan difundida que se quedaba sólo en lo externo, sin te­ner la posibilidad, por así decir, de ir adelante y pensar en cambio en algún nuevo hecho psicológico que tuviera referencia con el niño: era una verdadera barrera men­tal común a todos, cultos e incultos.

 

Y hubiera sido tan simple pensar: si la historia recuer­da todavía el alfabeto móvil de Quintiliano, debería tam­bién recordar las reacciones que provocó. ¿Se produjeron procesiones de gente entusiasmada loca de alegría, que recorrieron las calles de Roma llevando estandartes con las letras del alfabeto? ¿Aprendió el pueblo, ante aquel contacto mágico, por sí solo y se llenaron las vías de Roma y las paredes de las casas de palabras escritas? ¿Apren­dieron todos a leer por sí solos, no solamente las letras romanas, sino también las griegas?...

 

Sin duda que la historia habría registrado estos he­chos imponentes. En cambio no recuerda solamente las letras que tienen un influjo mágico; la magia no esta en las letras sino que reside en la psicología del niño. Pero entonces nadie llegó a admitirlo. Aquel prejuicio de “no creer en lo extraordinario”, la vergüenza de aparecer crédulo para quien quiere mantener su dignidad y superio­ridad cultural, es corriente; y es uno de los obstáculos que ocultan lo “nuevo” e inutilizan un descubrimiento.

 

Un descubrimiento, para ser tal, tiene que contener alguna cosa nueva. Y la cosa nueva es una puerta abierta para quien tiene la valentía de atravesarla: una puerta por la que se tiene acceso a campos todavía no explorados; por tanto una puerta fantástica, maravillosa, que de­bería herir la imaginación. Y son verdaderamente, los hombres de cultura superior los que deberían convertirse lógicamente en exploradores de estos campos. Pero, una barrera mental emocional, está allí, para las gentes serias que han perdido ya el gusto de las “fairy tales” de la naturaleza; es raro hallar una excepción de esta regla. Ya el conocido banquete del Evangelio expresa este hecho eterno, de manera simbólica: se requiere un cierto grado de “sencillez”, de “pobreza” para entrar en los nuevos reinos.

 

La señora Bühler llegó a la conclusión de que las facultades mentales de los niños, antes de los cinco años, son absolutamente negati­vas para toda forma de cultura. Y así se echó, en nombre de la ciencia, una especie de losa sepulcral sobre nuestros experimentos.

 

Se atribuyeron únicamente a un “método de educación”, por lo demás inseguro y discutible. A partir de entonces las críticas se sucedieron vertiginosamente; se dijo en primer lugar que no había que “sacrificar la vida mental de los niños pequeños, para obtener resultados inútiles”, porque un poco más tarde, después de los seis años de edad, todos pueden aprender a leer y escribir, y ya se sabe con cuanto esfuerzo y sacrificio. ¡Es necesario evitar en la primera infancia todo trabajo duro de estudio! ¡Claparéde, gran autoridad en la pedagogía, describió por cuenta de la New Education FelIowship los males que se producen en los escolares por efecto del estudio en las escuelas! “Es verdad”, dice poco más o menos Claparéde, “que en nuestra civilización es necesario estudiar, pero si el estudiar produce en los niños un mal, hay que dañar­los lo menos posible!» De esta forma las nuevas escuelas buscaran el modo de eliminar, y obtener que poco a poco fueran eliminados, de los programas muchos estudios no necesarios, como la geometría, la gramática, gran parte de las matemáticas, etc. sustituyéndolos por juegos y vida al aire libre.

 

Y el mundo oficial de la educación, también él, se apar­tó de nuestro trabajo. Las maestras que aprendieron con nosotros fueron al principio en gran parte personas dedicadas a la educación en los parvularios froebelianos; unieron los juegos de Froebel con nuestro material científico de desarrollo mental y llegaron a la conclusión de que los dos hay cosas buenas, a condición sin embargo de que no se introduzca el alfabeto, la escritura o las matemáticas en las escuelas de los niños de tierna edad.

 

Luego fueron las maestras de las clases elementales las que intentaron el experimento con el alfabeto, pero no lograron provocar ningún entusiasmo, ninguna “ex­plosión”. Solamente las escuelas comunales no tuvieron, en cuenta un método más libre de estudiar y de dar ocu­paciones individuales y objetivas.

 

El “milagro” fue oficialmente olvidado. No llegó a interesar a la psicología moderna. Me quedó a mí el tra­bajo de indagar los secretos de la psicología infantil ma­nifestados en este experimento, porque nadie mejor que yo podía “aislar” aquellos hechos reales de los influjos educativos que podían haberlos provocado. Era evidente para mí que “alguna energía”, especial en los niños de esa edad, se había manifestado y por tanto existía.

 

Incluso si la experiencia se hubiera limitado solamente al primer grupo de niños, el hecho representaba un des­cubrimiento de poderes, que antes estaban ocultos en la psique infantil.

 

¿No pareció por ventura un milagro, o mejor algo extraño, lo ocurrido a Galvani, que vio moverse las ra­nas muertas y descuartizadas, atadas a la barandilla de hierro de su ventana? Si él hubiera pensado que se trata­ba de un “milagro de resurrección” o de una ilusión óptica, se habría desvanecido la insistente pregunta de su inteligencia investigadora: si las ranas muertas se mueven, es porque debe haber una “energía” que las hace moverse; y así descubrió la electricidad.

 

El desarrollo de la electricidad y sus aplicaciones han ido muy lejos desde aquel primer fenómeno manifesta­tivo.

 

Pero si alguien hubiera querido repetir el experimento literalmente para probarla y no hubiera obtenido el “milagro”, habría creído que ya tenía las pruebas de una ilusión indigna de entrar en el campo de la ciencia.

 

 

Revelaciones anteriores

 

No fueron nuestros niños los primeros en manifestar energías psíquicas que generalmente están ocultas; pero sí fueron los más pequeños. Manifestaciones precedentes se habían obtenido en niños de edad mucha mas avan­zada, es decir de siete años en adelante. La historia de la pedagogía cuenta en realidad los “milagros” de la escuela de Pestalozzi, en Stans. De pronto sus niños entraron como en una atmósfera nueva de progreso imprevisto. Los niños hacían cosas superiores a su edad; algunos demostraron en matemáticas progresos tales que los pa­dres retiraron de la escuela pestalozziana a sus hijos por miedo a que se fatigaran mentalmente. Pestalozzi, al describir el trabajo espontáneo, infatigable, seguido de prodigiosos progresos, hace una elocuente confesión, des­de el momento que él era “extraño” a aquellos fenóme­nos maravillosos: ”Yo era solamente un espectador asom­brado”.

 

Luego la llama se extinguió, y con la benevolencia y los cuidados cariñosos de Pestalozzi, todo volvió a la nor­malidad. Ahora bien, es interesante saber que pensaron sus admiradores, y especialmente los suizos que están tan orgullosos de él. Todos ellos juzgaron el fenómeno de Stans como un periodo de locura de su héroe, y se alegraron de que supiera volver a un “trabajo serio”.

 

¡Y cuántos hechos semejantes se habrán repetido du­rante la vida de los niños, que no se  conocen porque no tuvieron cerca a nadie que pudiera inmortalizarlos en la historia de la pedagogía!

 

 

La forma mental de la infancia

 

Hay, pues, una energía interior que tiende a manifestarse por sí misma; pero