Universidad Abierta
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LA SUPERVISIÓN ESCOLAR:
ESPACIO PARA LA AUTOFORMACIÓN DE LOS DOCENTES EN SERVICIO
BOCANEGRA
HARO RAÚL
INTRODUCCIÓN
LA
CRISIS EDUCATIVA EN UN CONTEXTO DE GLOBALIZACIÓN Y DE PROPUESTAS ECONÓMICAS
NEOLIBERALES.
PROCESOS EDUCATIVOS.
EL CONCEPTO DE
TRABAJO EN LA RACIONALIDAD DE MERCADO:
SU IMPACTO EN EL TRABAJADOR DE LA
EDUCACIÓN
TENDENCIAS EN LA MARGINACIÓN
Y EXCLUSIÓN DEL MAGISTERIO
EL AVANCE TECNOLÓGICO
Y SU INFLUENCIA EN LA FORMACIÓN DE LOS CIUDADANOS DEL SIGLO XXI
EL
MAESTRO FRENTE A LA REALIDAD INSTITUCIONAL
EL MAESTRO EN LA
NORMATIVIDAD COTIDIANA DE LA ESCUELA
EL MAESTRO ANTE LA
SUPERVISIÓN ESCOLAR Y SU
NORMATIVIDAD
EL
LUGAR DEL MAESTRO DE EDUCACIÓN PRIMARIA EN UNA ZONA ESCOLAR DESDE SU
PARTICIPACIÓN.
LOS
MAESTROS FRENTE A LA SUPERVISIÓN
ESCOLAR
LA SUPERVISIÓN
ESCOLAR ANTE EL RETO DE LA
ACTUALIZACIÓN
HACIA
UNA VISIÓN RENOVADORA DE LA SUPERVISIÓN ESCOLAR
EXIGENCIA DE UBICARSE
HISTÓRICAMENTE PARA ACTIVAR VOLUNTADES
DOCENTES CRÍTICAS Y CREATIVAS.
LOS MAESTROS Y
SU MATERIA DE TRABAJO COMO POTENCIALIDAD
EN LA CONSTRUCCIÓN DE FUTURO
CONCLUSIONES
BIBLIOGRAFÍA
A lo largo de la
profesión como educador, se ha sentido
la necesidad de participar en experiencias diversas, que en el camino, nos han planteado grandes retos; entre
éstos, una primera interrogante ha sido la urgencia de definir la concepción de
lo que es investigar para tener la claridad para abordar mis
preocupaciones, o si la búsqueda sobre
ellas debería orientarse hacia otros
horizontes. Pregunta válida dado que
dichas preocupaciones se entrelazan en
esa multitud de interrogantes que
constituyen el campo educativo, por ser parte de las condiciones que se viven
en este momento histórico y que con urgencia, la participación en el mundo del
debate de la realidad educativa.
Desde el
reconocimiento de tal urgencia, se nos
infiltró en los poros y en la sangre la
necesidad de penetrar en los campos de la pedagogía moderna cuyos problemas y
necesidad de sentido alborota las conciencias de los educadores y los
políticos, en momentos en que la educación es fuertemente cuestionada, con
pocas posibilidades de regeneración para atender las exigencias de formación
actuales.
Llegamos a la
consideración, de lo urgente de tomar la palabra, de construir un compromiso, mismo que llevó a plantearnos
¿Desde qué ángulo de visión o desde que estrategia participativa buscaríamos la argumentación de nuestra palabra?
Había que encontrar el cómo hacer valer nuestra preocupación en este complicado
momento de incertidumbres, de confusiones,
hora en que se advierten fuertes posiciones contradictorias y de
definición con respecto al mundo de la educación. Ante este reto se decidió buscar una salida y ésta la encontramos
en el discurso de los maestros, en ese discurso que se hace urgente porque
ellos son los participantes necesarios en el debate más importante de la vida
social, pues estamos hablando de la educación de los hombres y mujeres de
nuestro tiempo.
Es
así como se fue atrapando y revisando el problema de la participación de los
maestros, desde esa cotidianeidad propia de sus prácticas diarias, como
protagonistas de la historia de la educación de todos los tiempos: de lo que se
ha construido en el pasado, lo que conforman las condiciones del presente y le
reclaman su participación en las nuevas dificultades del rumbo educativo. Por esto nos parece que debemos entrar a un
debate que involucre a todos los responsables de los procesos educativos,
que son los maestros; que tienen que escucharse su discurso como fuerza de “la
necesidad docente”, como la construcción
histórica de la participación, como expresión que nos dice la manera en
que se articulan, en la vida cotidiana de la docencia, los distintos
acontecimientos, procesos, formas de organización y todas las condiciones que
enmarcan la vida educativa en un centro escolar, haciendo de la educación una
realidad.
Así
mismo, en relación con el tiempo que nos toca vivir y participar, es clara la
urgencia de una intervención, porque en estos momentos se da una coyuntura,
dado que el debate está sucediendo en los ámbitos de las distintas dimensiones
de la sociedad; hay una fuerte participación de los distintos sectores de la
estructura social que se manifiesta
como fuerzas de poder; en este poder que concebimos como fuerza que decide y
que se advierte en distintas expresiones. Michel Foucault contempla en sus
reflexiones sobre el poder “como el ejercicio que lleva a conducir las conductas y arreglar las posibilidades;
estructurar el posible campo de la acción de los otros: mantener privilegios,
acumular ganancias, hacer funcionar la autoridad, ejercer una función; sistemas
de vigilancia, acción en un campo de posibilidades. El Estado como centro de
las relaciones del poder en esa estatización continua de las relaciones de
poder gubernamentalizadas progresivamente y racionalizadas bajo la forma de
instituciones estatales”.
Pero,
es claro, que en este debate hacen falta los actores más significativos, los
actores que por su naturaleza, son urgentes en este reclamo; porque ellos
tienen una visión y versión importante de esa realidad; porque es el espacios
en que se desempeñan todos los días, y cuya apropiación no ha sido tomada en cuenta, siendo esto,
una causa importante de reflexionar para comprender los fracasos de todo
intento de modernizador, pues se ignora que ellos poseen una fuerza importante para el cambio y por tanto, se fundamentan
dicho esfuerzo en concepciones desde
las urgencias de control y poder que se encuentran con los procesos reales de
los maestros.
Con
esta visión sobre la importancia de la participación de los profesores se abrió
la necesidad de definir esos procesos de participación, cómo se estructuran y
como impulsarlos. Pensamos la posibilidad de ubicarnos en el esfuerzo de
individual, de apoyar los procesos de autonomía, auto formativos y auto
responsables, pero sin descartar el valor y esencia tiene esta visión, pensamos
en la conveniencia de estructurar un mecanismo que nos condujera a una
conjugación de esfuerzos de los docentes que se desempeñan en una zona escolar
de trabajo, e intentar reconstruir los espacios de realidad que vive cada
maestro, desde ellos mismos.
Desde
estas ideas, se buscó y definió un centro de operaciones, un espacio de
convergencias de acciones y voluntades, de procesos y relaciones, espacio que
organizador las fuerzas participativas, capaz de orientar el rumbo o
direccionalidad de las diferentes prácticas de los profesores. Es así como se pensó en desarrollar las
posibilidades de convocatoria para la participación creativa de los docentes en
los problemas de la educación, a lo que tradicionalmente se denomina
SUPERVISIÓN ESCOLAR.
Para sostener
y mantener el esfuerzo y compromiso con la problemática que nos
planteamos, se tuvo claridad en tres ideas rectoras, las cuales han orientado
el avance de estas preocupaciones, permitiendo una articulación de esfuerzos,
prácticas y visiones sobre esta complejidad educativa en su relación con las
posibilidades de la SUPERVISIÓN ESCOLAR:
1.
Si la SUPERVISIÓN ESCOLAR es un espacio en el que se inscriben los procesos
educativos y desde esta se generan procesos que organizan en gran parte sus movimientos
y sentidos, no puede ser que su única
función se desarrolle de manera repetitiva y demandante de la ejecución de
prácticas estables, fincadas en relaciones de reproducción de las disposiciones
de venidas de espacios superiores, subordinando e ignorando esos otros procesos
que se gestan de manera natural en su interior.
2.
Si concebimos a la SUPERVISIÓN ESCOLAR no solo como el nexo inmediato con la
estructura institucional superior, sino también como una estructura con
procesos propios dada su especificidad, dentro del Sistema Educativo,
entonces no podemos referirnos a ella, ni investigarla aisladamente, pues está
inserta en los acontecimientos, los procesos, con los sujetos participantes y
sus relaciones y esto demanda verla como un espacio incluyente y gestor de
otros procesos que respondan a sus propias necesidades
3.
Si el seno de la SUPERVISIÓN ESCOLAR se reconocer como un espacio conformado
por múltiples acontecimientos, complejidades, necesidades, esto nos demanda
aprender a reconocer y revisar dichas complejidades con el rigor crítico
necesario para ser capaces de proponer las alternativas atendiendo las
condicionantes y exigencias de futuro que los sujetos participantes nos
propongamos.
Otra
cuestión importante, para avanzar en este proceso de investigación propuesto
radicó en definir su propio espacio, que abrió la interrogante de si sería
prudente referirnos a toda la realidad macro estructural, cuya majestuosidad
nos permite contemplar niveles y dimensiones en sus múltiples articulaciones y
que sólo es posible con una lectura amplia e interminable. Ante tal imposibilidad, se buscó desde luego
en una concepción de totalidad, ubicar
la estructura micro-educativa de la zona escolar en el macro espacio de
los procesos educativos actuales, leídos en lo posible con su relación ante la
problemática del mundo. Desde esta necesidad, se buscó articular
las prácticas docentes con los acontecimientos de la vida educativa y
los procesos estructurales organizadores de la
vida institucional, que a su vez orientan las participaciones de los
sujetos, limitándolas y condicionándolas, estableciendo límites a la
participación creativa.
Estos
espacios están mediados por las políticas educativas y las ideologías que
penetran al cuerpo de los maestros; en estos espacios en donde a diario se dan
citas las condiciones objetivas del trabajo escolar: el orden material, lo socio-cultural, lo político
educativo, los socio-económico y el orden de las relaciones de participación.
Limitados también estos espacios por los patrones de conducta conformados en
propios maestros que condicionan la construcción de proyectos individuales y
colectivos.
Ante la
finalidad de organizar una participación
que activara un sentido de
conciencia socio-educativa, nos propusimos realizar la crítica a los procesos y
acontecimientos que constituye esa realidad educativa en que se encuentran
inmersos. Esta preocupación nos condujo
por el camino de la constitución del contexto de una investigación conformado
por la revisión de antecedentes sobre las distintas dimensiones de la docencia,
sin desatender los espacios constitutivos de una zona escolar; antecedentes de
orden histórico, político, económico y social para descubrir como estos
acontecimientos influyen en los sujetos docentes, y como los docentes influyen
en la construcción de la historia educativa. Al someter esta realidad a la
reflexión de sus procesos constitutivos, permiten a su vez construir criterios de verdad sobre los procesos de participación de los
propios docentes, que nos conduzcan a resolver situaciones y a
encontrar nuevas explicaciones.
Es así
como el primer capítulo, recupera por varias reflexiones sobre el micro-contexto socio-político-económico,
desde los procesos de globalización, reconociendo modos de afectación a todos
los espacios de la vida social. Pensar
en lo que origina esa crisis educativa en razón del análisis de varios factores
y de sus distintas formas de expresión, la situación en que se contempla a los maestros dentro de esta crisis, que en
ocasiones se vuelve agresiva, y estimándoles una responsabilidad que nos les
corresponde totalmente. Las exigencias de los avances tecnológicos del mundo de
la globalización y de una manera en que se expresan en los procesos educativos
y en sus relaciones con lo económico, político y social.
Nos
planteamos la urgencia de leer esta realidad y de conocer la manera en que
estamos colocados frente a ella, de descubrir cual es nuestra posición frente a
los modelos económicos y educativos. La necesidad de averiguar que nos sucede
como sociedad, que no hemos sido capaces de construir proyectos contra
hegemónicos, en donde se funda una razón de ser para asumir la responsabilidad
histórica, ante estas condiciones que nos atrapan en las estrategias del
capitalismo y que afectan los procesos formativos en todos los campos en donde
se desempeñan los sujetos sociales y anulan toda posibilidad de participación
en la construcción de la historia.
En el
capítulo II nos ocupamos de una búsqueda por descubrir las formas en que los maestros participan de la construcción
de su realidad circundante y cómo se vinculan con las condiciones que imperan
en lo macro-social. Acercamiento a sus versiones del mundo desde esas
condiciones enmarcadas en una estructura normativa; ver como se siente el
maestro en su participación y en la conformación de los procesos formativos;
como éstos tienen que ver con la definición de sus conductas pedagógicas, con
las que enfrentan la realidad de su mundo cotidiano; reflexionar sobre las
condiciones en que se realiza la vida escolar, en esta realidad cambiante que
se le complica al maestro cuando se le plantea la Reconstrucción del Sistema
Educativo, con nuevas tendencias y enfoques que no corresponden a sus costumbres, como ha sido el caso de
la modernización que nos coloca ante
otros simbolismos e imaginarios.
Contemplamos
como parte importante el reto de descubrir y discutir las concepciones de los
maestros, en relación con el ejercicio del poder; su visión y su modo de
participar en este plano que se manifiesta en todos los espacios de participación. Descubrir que tanto podemos
penetrar a ese potencial de los maestros para una conformación del poder que
fortalezca los espacios de autonomía. Reflexionar como afecta el macro-contexto
en todas sus condiciones imperantes en
el campo educativo y el papel que juega el espacio de la zona escolar en las
acciones de los sujetos docentes que ahí se desempeñan. Reflexionar en el
sentido de que todas estas condiciones tienen mucho que ver con los procesos
formativos que hacen la historia de
cada maestro y como se reflejan en su participación diaria.
El
capítulo III nos conduce por la historicidad de los maestros con el propósito
de conocer sus modos de ser y de hacer; de cuál es su formación tanto en
personal como en lo profesional, para entender sus maneras de participación.
Penetrar al mundo de sus prácticas docentes y ver como se realizan esas
condiciones estructuradas desde visiones socio-políticas que se expresan en su
realidad cotidiana.
Buscamos
entender el problema de la educación como algo que no se puede considerar sin
los maestros, y que es afectado por los controles políticos y económicos
emanados de los intereses de quienes ejercen el control del mundo. Cómo desde
estas visiones de una realidad artificial, se constituyen en condiciones de
participación que no corresponden a la realidad social que viven los actores de
la educación, y que en forma caprichosa se instalan con base a estrategias
económicas de fuerza. Penetrar en este
planteamiento permite reflexionara que tanto tiene que ver el ámbito de una
zona escolar con la realidad social dominante, condicionante y de cómo luchar por verla como una posibilidad que active construcciones
que conduzcan a una transformación social.
En
una especie de cierre y apertura en
nuestro proceso constructivo de esta visión desde la urgencia de participación,
nos colocamos en el capítulo IV, en una actitud de búsqueda de una activación
de voluntades de los maestros, partiendo del descubrimiento de sus posibilidades
de sus prácticas educativas considerando que las necesidades de los docentes
participantes son la fuente natural que
activa las voluntades de los sujetos y que los maestros no pueden aparar de
esta condición y que desde aquí entretejen su vida y desencadenan
acontecimientos. Fundamentamos nuestra idea de la necesidad en las
consideraciones que hace Gargani “recuperar la necesidad de origen de los
pensamientos para hallar la verdad…….como ese eco que viene desde afuera ha
encontrarse con nuestros pensamientos”. Esto es: las necesidades que mueven a
los maestros a ser de la manera que
son.
Descubrir
la potencialidad que conduce a los
sujetos a la generación de proyectos, es una prioridad por conocer y aprovechar
esa capacidad del docente de construirse sus marcos de orientación; saber de
esa potencialidad de trascendencia, que hay en cada maestro, como compromiso
presente toda responsabilidad. Develar la manera en que los maestros son
articuladores de los distintos procesos y acontecimientos que se dan en sus
contextos y establecer las relaciones que originan sus conductas para potenciar
nuestras formas de relación con estos acontecimientos desde su ámbitos de
participación que constituyen sus prácticas.
Trabajamos
la búsqueda de la identidad del maestro, para desde ahí propiciar una identidad
colectiva que se fundamente en estrategias de su recuperación como sujeto en su
actuación en el seno de la realidad en donde se desenvuelve. Parte de nuestra
estrategia de trabajo es la conformación de una conducta que potencia la participación docente, que
le permite resolver situaciones y encontrar nuevas respuestas a sus problemas;
que originen su propia formación. Reestructuración de las condiciones
ideológicas que den lugar a una autonomía en su hacer educativo. Poner en
ejercicio la observación y la capacidad de cuestionar, de hacer sus propias
interpretaciones, de elaboración de sus criterios propios, descubriendo y ejerciendo sus
potencialidades.
Para lo
que nos planteamos activar procesos que nos conduzcan al rompimiento de estas
estructuras psicológicas esquematizadas, interiorizadas de tal manera, que
exigen una toma de conciencia que no puede resolverse por acuerdo o mandato. El
desarrollo de esta conciencia tendrá que surgir en el ejercicio de la construcción
de sus propias respuestas.
Para
lograr una reactivación de estas actividades estereotipadas y devaluadas se
cuenta con la decisión de impulsar y fortalecer una actitud crítica,
relacionada con la conformación de espacios de participación en una interacción
de subjetividades que conduzcan a concepciones propias y a voluntades para las
construcciones comunes, partiendo de la realidad que circunda al maestro y de
su historicidad en la construcción de la realidad. De este modo el docente estará colocado en condiciones de
ser parte de esa historia que hoy observa.
En este
orden de ideas se generan desde la SUPERVISIÓN ESCOLAR una serie de
construcciones que nos conduzcan a la activación de la voluntad docente. La
SUPERVISIÓN ESCOLAR vista punto de
partida y de llegada de las distintas participaciones, exige en primer lugar,
revisar nuestra concepción y funciones de la SUPERVISIÓN ESCOLAR;
desarticular un sistema de relaciones esclerotizado e incoherente, que no
permite el desenvolvimiento dinámico de los procesos educativos.
Plantea
la necesidad de conformar un SISTEMA DE
SUPERVISIÓN que responda a una propuesta pedagógica que se fundamente en la
participación, que de vida a los procesos interactivos como una visión para la
construcción del conocimiento. En segundo lugar, propiciar condiciones que
permitan una formación de los docentes en servicio que los lleve al rescate de
sus emociones, de sus sentimientos: que sean capaces de percibir y de
concientizarce de los problemas que enfrentan en su mundo circunstancial
advirtiendo una relación que corresponde a su circunstancia con el
macro-contexto. Propiciar que sus emociones y sentimientos se tornen en
potencialidades que vengan a fortalecer la voluntad de pensar en los desafíos
que nos plantea el presente histórico.
Es
condición obligada para impulsar estos cambios, el pensar en la constitución de
una actitud crítica frente a la realidad de nuestro propio hacer que dará
origen a un compromiso de responsabilidad, que nos meta a una dinámica de
reconocimiento de los problemas, de cómo abordarlos y de tener conciencia de
que a través de nuestras prácticas podemos darle una dirección. Comprender que
necesitamos dar origen a nuestras propias concepciones del mundo, en donde la
trama que constituya nuestros conceptos nos recupere como sujetos docentes
colocados dentro de la realidad, y ser un proceso mismo en el centro de los
aconteceres en la vida educativa, que se promuevan en la utopía de
transformación constante de la vida social, vista como la suma de todas las
participaciones en la idea de una construcción entre todos.
Nos encontramos ante una realidad histórica que
organiza nuestra época, y nos tiene situados ante la disyuntiva de hacerle frente o dejarla que siga en su
proceso mismo de despliegue. Hablar de
crisis educativa implica reconocerla en todos sus niveles de la estructura
social, espacio del campo de la educación; esto nos lleva a verla desde nuestra
circunstancia, como una situación nacional y en sus relaciones con las
condiciones globales que se están dando en la política mundial. Adriana
Puiggrós califica esta situación de crisis educativa como una crisis
“disfuncional” producto del incumplimiento de las metas que se trazaron los
gobiernos de la Revolución, que concibieron programas educativos que no fueron
fundamentados en las realidades de los pueblos de América Latina; que estas
disfunciones se han ido acumulando hasta llegar a constituir una verdadera
crisis orgánica, en donde las políticas de ajustes organizadas desde el
neoliberalismo en el campo de la pedagogía, han constituido “una fuerza
disolvente” de los sistemas educativos. Esta política neoliberal reduce a la
educación a concepciones funcionalistas que abren rumbos desconocidos e
inseguros, pero que los ideólogos del neoliberalismo o los ejecutores de las
ideologías, nos aseguran la infalibilidad de sus teorías; sin embargo el
panorama que vemos en el horizonte es un proceso de desintegración de los
sistemas educativos.
Las
condiciones neoliberales plantean la necesidad de nuevos vínculos entre los
sujetos docentes, a quienes se les centraliza mediante programas de control. Se
plantea en una intención globalizadora que, contradictoriamente en lugar de
globalizar al sistema educativo, lo está desintegrando con su descentralización
a través de las medidas generales de control en los aspectos que definen la
propia educación, dejando descentralizada no sólo la cuestión administrativa.
Otra de las
razones de importancia capital que argumenta el proyecto neoliberal, es la
descalificación de la función de los docentes y por lo mismo el incumplimiento
de la escuela en el propósito de resolver las necesidades sociales. Estiman
necesario la conveniencia de liberar los sistemas de contratación de los
maestros, así como la movilización de la escala salarial de los mismos, en
estrategias de estímulo que van estableciendo diferencias en las percepciones
de cada maestro, como inicio de los propósitos de definir características o
perfiles diferentes del docente que requiere la modernización; dejando así muy
clara la su poca preocupación estatal en la política educativa, con la
consecuencia obligada de la transformación de las condiciones laborales del
magisterio nacional y de la educación en general, colocados en situación para
colocarse de cara a los procesos de privatización.
Por
tanto, los sistemas educativos han sido declarados en crisis y se hace sentir
un vacío educativo donde los maestros están siendo señalados como los
responsables directos de la misma, ya que el Estado Intervencionista se
adjudica una capacidad de administrador y no como definidor de la educación. El fondo se dirigir esta agresión hacia los
docentes y como consecuencia a la escuela, son las condiciones estructurales
que guardan estas instituciones que impiden y obstaculizan sus proyectos de
modernización, porque estos contemplan la desintegración de los sistemas
educativos y como consecuencia la desaparición de los sindicatos de maestros,
reformulación de las leyes laborales de los docentes y sus avances en seguridad
social.
Plantean
los ideólogos de la modernización educativa la necesidad de que se oriente a la
enseñanza en base a la urgencia de los avances tecnológicos y científicos; que
se ajusten a la necesidad de los medios de producción porque, consideran que la
educación debe responder a las
urgencias de los campos de trabajo. En
la Cumbre Internacional de la Educación celebrada en la ciudad de México, el
mes de febrero de 1997, Adriana Puiggrós denuncia a los sujetos concretos del
neoliberalismo, con sus nombres y sus responsabilidades; sostiene que el
razonamiento neoliberal es incompatible con la educación.
Esta
campaña globalizada de crítica a los sistemas educativos desde los cerebros del
neoliberalismo que se centra en la calidad de los maestros y por lo mismo en el
incumplimiento de la función de la escuela, establece en forma por demás
insistente su intención de que a los ojos de todo el mundo, la educación aparezca
como una situación crítica. Pero cabe preguntarnos ¿Esta crisis quién la
califica? ¿Crisis para qué propósitos? Porque podemos considerar una crisis en
relación con el paradigma educativo, en la medida que este paradigma no
corresponda a las condiciones sociales planteadas desde la realidad misma; esto
es una cuestión algo diferente a que desde la cúspide de la pirámide social se
promuevan condiciones paradigmáticas en las que no ha tenido nada que ver la
propia sociedad. Por esto hablar de la crisis educativa nos plantea el reto de
valorar dicha crisis y descubrir su real esencia, para establecer la propuesta
contra hegemónica a tales propuestas dominantes, y para esto tienen mucho que
ver los sujetos encargados de la docencia.
Hacer
estas reflexiones permite abrir esas afirmaciones que van definiendo el
panorama de acción del capitalismo que nos anuncia un futuro de complicaciones
para la educación.
HEGEMONÍA
DE LOS PROCESOS ECONÓMICOS ANTE LOS
No nos
proponemos hacer un estudio de la globalización mundial ni de la esencia del
neoliberalismo, ni es de nuestro interés particular el descubrir nuevos
elementos diferentes a los que ya son del conocimiento de toda la sociedad.
Pero sí es nuestro propósito el fundamentar esta realidad tan nombrada de
nuestro presente histórico, desde estas condiciones mundiales que constituyen
la trama del campo problemático que nos ocupa. Es indiscutible que la
globalización económica, repercute en todo el hacer social y que afecta en
todas sus dimensiones a la vida humana con consecuencias preocupantes. La
ideología de los bancos de alcance mundial, teje y maneja las concepciones que
son categorías sociales históricamente producidas pero que hoy adquieren una
significación muy diferente a la que consideramos desde las mismas bases de la
sociedad.
La
globalización económica mundial todo lo mide en calidad de mercancía, las
reglas que concibe son desde indicadores que son válidos para ciertas
condiciones económicas, y las generaliza a las distintas instituciones de la
misma manera sin importar las condiciones socio-económicas de los pueblos. Las
consideran como clave para resolver todo tipo de economía. Dieterich cita las
consideraciones del Banco Mundial, en relación con las condiciones de los
trabajadores y se refiere a ellos como “el capital humano”, que este capital
humano es uno de los elementos básicos que explica lo débil del desempeño de la
economía latinoamericana, con sus consecuencias en las situaciones de pobreza,
la desigualdad en la distribución de los ingresos y de las condiciones
tardías en la aspiración a la
democracia.
Según
la teoría que cita Dieterich, el desempleo es consecuencia de la situación de
los pueblos de bajo nivel educativo. El sistema educativo es concebido como un
modelo de intenciones de un desarrollo humano que sea capaz de atender las
exigencias de la globalización y, que desde luego, pueda garantizar la mano de
obra en la producción, de tal manera que afecta lo menos posible sus ganancias.
Como afirma Dieterich: “han construido dos grandes paradigmas demagógicos: el
económico y el educativo” Pero estos paradigmas no han tomado en cuenta las
diferentes realidades sociales, y desde su visión, diseñan programas de apoyo
educativo que se orientan a la participación de ese “capital humano”, de manera
que responda a sus intereses productivos.
Estamos
en la urgencia de leer esta realidad y saber de qué manera estamos colocados
frente a ella, pensando en las exigencias de Zemelman “asomarnos a esa realidad
que nos circunda”. Desde nuestra propia visión consideramos que la educación en
este mundo global nos encuadra en las urgencias de la industria y la tecnología
moderna; dicen los ejecutivos del pensamiento, que la educación ha perdido su
razón de ser en sus condiciones de espacio público; por lo que corresponde la
realización de un programa de ajuste
estructural, que a la vista lo ubican en los ajustes salariales, en las
condiciones de deterioro laboral y de seguridad social. En esta visión el
espacio mundial de la globalización acapara los espacios nacionales.
Entre
el neoliberalismo y la educación hay un antagonismo radical. Los maestros viven
en esta realidad, esta contradicción, este conflicto abierto; de ahí su
resistencia, de ahí su recelo; aunque no tienen claridad en la amenaza pero si
la sensación de que algo se les desestabiliza. El neoliberalismo ve a la
educación como una empresa cuyas funciones son las de capacitar para el trabajo, de acuerdo a las exigencias de
la fábrica, de acuerdo a las exigencias del taller. En cambio la educación
tiene que ver con los valores humanos, coincidiendo con Fernando Savater “la concepción de los que piensan la
educación la están queriendo entender en una temporalidad permanente,
constante, de toda la vida. La educación es el centro de globalización y de
este neoliberalismo del mercado en todas sus dimensiones, es el único camino para
la construcción de la democracia verdadera que nos conduzca a la igualdad de
oportunidades a la igualdad de los pueblos para poder convivir en las diferencias
culturales.
Se
plantea en estas condiciones a la educación en una racionalidad de mercado,
todo se mide en esta dirección mundial: el comercio, la política, la salud, la
educación, las libertades, la democracia, los derechos laborales; se orienta la
situación hacia la construcción de una nación universal, que desde luego será
gobernada por los grupos más poderosos, y todas las funciones socio-políticas
estarán determinadas por esos intereses globalizados, haciendo imposible la
presencia de los débiles; para lograrlo cuentan con la implementación de nuevos
sistemas educativos. Se fundamentan estos nuevos sistemas * en el “saber hacer” acumulado por los trabajadores en
sus experiencias de vida y de trabajo; los saber hacer de la producción transitan de las formulaciones
del sistema educativo formal y de capacitación. Los cambios de educación formal
se han diseñado para crear una oferta de recursos humanos adecuada a las
necesidades cambiantes de las empresas a partir del criterio de la adaptabilidad
y la eficiencia.
En
el neoliberalismo se promueve la
construcción de espacios sin barreras
para sus concepciones del nuevo orden social; sus avances en este sentido están
a la vista y van en una progresiva aceptación porque no existen propuestas
contra hegemónicas que planteen opciones diferentes en el futuro de la
educación. En lo que se refiere a la gestación de la corriente
socio-económico-política, se habla de un proceso de aproximadamente de 20 años
a la fecha, pero las conductas tendenciosas de quienes ostentan el poder
siempre han estado alimentándose en esta visión de la mundialización de la
economía y sus consecuencias derivadas.
Estas
condiciones mundiales de la vida socio-política con expresión en el campo
educativo nos lleva a una concreción de nuestras observaciones, en relación con
los dos paradigmas de época: En primer lugar el paradigma económico va
originando mercados más competitivos, en la medida en que se va dando la
globalización con sus parámetros de competitividad, de calidad de los productos,
de tal manera que pone a las empresas en mejores condiciones de subsistencia.
Nuestro
país no es mas que una pieza de este rompecabezas, con una política
socio-económica que indica su estructuración con la gestión de Miguel De la
Madrid; ya con Carlos Salinas de Gortari se deciden cosas contundentes en el
cambio estructural, como son: El Tratado de Libre Comercio, para el que se modifica nuestra Constitución en los
artículos 3o. y 27 fundamentalmente; en el caso de artículo 123 constitucional,
se ha estado afectando aún sin darse las modificaciones en el orden
legislativo, pero se ha estado dando un avance
muy agresivo en los cambios reales, que afectan la vida laboral.
En
el cumplimiento del compromiso neoliberal nuestro país, a través de sus gobernantes,
procede a la privatización de más de 1200 empresas paraestatales, estando
actualmente en proceso de privatización Ferrocarriles Nacionales y Petróleos
Mexicanos. Se abre al libre comercio, y estamos siendo invadidos por las
empresas extranjeras que cubren casi todo el territorio nacional originando la desaparición de la pequeña y
mediana empresas nacionales. Esto da como resultado la existencia de la
economía del país totalmente dependiente, que nos obliga a ajustarnos a las
reglas de la globalización, en donde nosotros no somos mas que globalizados sin
oportunidad de globalizar. En esto es importante afirmar que esa expresión de
“libre comercio” y que origina la oportunidad de competir, de una producción de
calidad, no es más que una expresión tendenciosa que al observarla en la
realidad, resulta no ser de esta manera, pues el capital se impone y no hay mas
que ajustarse a sus reglas de juego. Actualmente, en este presente tan agitado
que tiene a nuestro país, se está negociando un “acuerdo multilateral” que
romperá todas las barreras que venían quedando en la normatividad de la
inversión extranjera, a la que se les concede toda la libertad, y la
oportunidad de todos los beneficios al que invierte.
Las
prácticas de libre mercado se están convirtiendo en un fanatismo,
considerándolo como la salvación de nuestra economía, a pesar de que la fuerza
de trabajo es fundamental para la producción, no está incluida en ese libre
mercado aunque podamos afirmar que la fuerza de trabajo está libre para contratarse
al mejor comprador, el mercado laboral establece reglas del juego que no pueden
ser cambiadas por los trabajadores.
Hay
en nuestro país un fortalecimiento de las fuerzas ultraderechistas del campo
empresarial, sean del partido que sean,
y constituyen una expresión explotadora, aunque pregonan promover la justicia laboral; se habla de una nueva
cultura laboral. El Estado ha dejado de ser el rector de la economía nacional,
está ajustado por la política que le impone la fuerza económica, ya sea la
nacional como la extranjera, a través de los bancos, que lo tienen sujeto.
En
este contexto, se vive el proceso de
descentralización educativa que se inició desde tres periodos de gobierno
anteriores, y que a la fecha, donde se han transferido las facultades de la
administración educativa a los Estados, cuyos objetivos radican en la
descentralización progresiva hasta llegar a los municipios, y más aún, llegar a
depositar la responsabilidad en manos de la iniciativa privada; como ejemplo
tenemos a los “Consejos de Participación Social”, ya contenidos en la Ley
General de Educación.
En
esta descentralización se están dando dos situaciones que deben ser observadas
con preocupación por parte de los maestros, por sus efectos en el campo laboral
y en el mismo campo de la orientación nacional de la educación. Por una parte
se está produciendo una fragmentación del Sistema Educativo Nacional, y como
consecuencia, una fragmentación de nuestra Organización Sindical; hay esfuerzos
desesperados por mantener la unidad nacional de nuestro sindicato en su
condición de estructura nacional, pero en realidad, queda tan sólo un discurso
político que sirve para campañas personales pero que en nada detiene a esta
desintegración.
¿Pero
qué pasa con nuestra sociedad? ¿Por qué nos ajustamos a este condicionamiento
que nos imponen quienes ostentan el poder? Podríamos considerar como razón el
hecho de que no hemos sido capaces de construir una propuesta contra
hegemónica; que la escuela no ha sido capaz de formar sujetos que se conozcan a
sí mismos, que se responsabilicen de sí mismos, que asuman su propia formación
y su propia defensa, y que de esta manera no permitan ser movidos por el vaivén
de quienes deciden la vida nacional? Pero aquí es importante considerar que
aunque se de una formación de esta naturaleza es un real “para sí” como nos dice Agnes Heller el poder
económico tiene recursos de manipulación de las voluntades.
Para
esto el capitalismo invierte enormes cantidades de dinero para propagar su
imperio. En primer lugar, es bien conocido que todos los países del mundo, se
establecen altos centros educativos que se ocupan de la formación de sujetos
que estarán al servicio de sus intereses, y se convierten en propagandistas del
sistema empresarial que se ramifica en las estructuras económicas y penetran en
los distintos campos de operación penetrando con su ideología capitalista. En
segundo lugar el mismo capital mina las estructuras de gobierno con estos
mismos procesos de formación de sujetos, que se van filtrando en los campos de
autoridad y que deciden la vida de los países en condiciones de compromiso con
esta ideología.
Pero
a todo eso se cuenta con la fuerza más importante, porque son dueños de ella y
hacen el uso que sus propias empresas requieren; esto se aplica a toda empresa:
de orden económico, de orden político, de orden cultural, de orden religioso, o
de cualquier otro orden que sirva a sus intereses. La globalización económica y
política es dueña de todos los medios de comunicación masiva que, de acuerdo
con sus intereses también está globalizada. Al momento de los acontecimientos,
la noticia está en el hogar de las personas; es un poderoso medio de servicio a
domicilio que penetra por los poros de cada individuo y lo impregna de su
mensaje. Esto tal vez pueda considerarse como una realidad para alegrarnos,
porque nos permite estar enterados de todo lo que acontece, de los de los
adelantos de la ciencia y de la tecnología, incluso que estos medios nos
brindan la oportunidad para poder opinar; la presente sociedad es una sociedad
muy enterada, por lo que pudiera considerarse que estamos viviendo en una
sociedad muy feliz.
Sin
embargo la realidad es de otra manera; esta realidad nos debe originar una gran
preocupación, porque estos medios de comunicación son los medios de sojuzgamiento
del pueblo; desde aquí se les hace creer a los ciudadanos lo que los propios
medios quieren, porque están al servicio de los tendencias económicas que
deciden los destinos de la humanidad, de los empresarios que controlan la
estructura económica, por lo que la orientación que se proporciona a la
sociedad es la que determinan quienes tienen el control del mundo (Debo
establecer que hay un gran respeto a los comunicadores que realmente se atreven
a decir la verdad de la manera que sucede, y que quienes están al servicio del
poder los entendemos porque así es el manejo del capitalismo y no es de
extrañarnos, ni puede cambiarse la realidad, negándose.
Estos
medios de información están desplazando a la educación desde ese alto nivel que
ocupan en la atención de las personas, porque gran parte de las horas del día
las dedican a escuchar los mensajes que llegan por cualquiera de los medios de
información masiva. Los mensajes que llegan a diario están influyendo en la
formación de los sujetos, definiendo sus gustos, alineando sus formas de
pensar, sus deseos, sus aspiraciones, sus anhelos de tener y de ser, pero de
ser como el que tiene más o el que puede comprar más. Los medios informativos hacen una interpretación de los
acontecimientos de acuerdo a la tendencia a la que sirven; las noticias del
Gobierno se orientan de la manera a la conservación del poder, de acuerdo a las
perspectivas del propio gobierno y a los deseos de reacciones del pueblo.
En
el caso de las noticias mundiales sobre la proyección del capitalismo, los
medios de información no se atreven a cuestionarlos y nos hacen sentir que son
las exigencias del presente y que lo que corresponde es entrar a esta dinámica
o nos quedaremos rezagados con respecto a mundo moderno, o nos decidimos a participar
de esta política neoliberal globalizadora o nos quedamos como islas
abandonados.
Los
medios informativos no son un medio que
por su misma condición, abran la oportunidad de pensar, de desarrollar el pensamiento, al contrario,
las noticias se repiten constantemente hasta que se produce un
condicionamiento, de tal manera que se piensa como se quiere que se piense:
pongamos por ejemplo el caso de Chiapas, donde la propuesta del gobierno
se repite a mañana, tarde y noche, por
radio, por la prensa y por la televisión, tantas veces y tantos días que ya
gran parte del pueblo le va creyendo verdad en sus bondades anunciadas, y otra
parte se va resignando al “ni modo del pueblo”; pero aquí podríamos advertir
que por ninguna parte se escucha la voz de los indígenas..
Se
habla de una libertad de prensa y hasta se presume, y hasta se define, pero
esta libertad existe en la medida en la que coincida con las fuerzas del poder
real, no el poder anunciado. Nuestra Carta Magna contiene en su esencia la
soberanía del pueblo, y cuando el pueblo se expresa, no se le escucha y los
medios informativos sirven para silenciarlo, basta con el desacreditar toda
manifestación negándole presencia y negándole razón. Desde esta realidad informativa que llega a todos los hogares se
están sustituyendo los procesos formativos y en esta socialización, se
desorienta la formación crítica, que es fundamental.
La
realidad descrita no la podemos negar, ante ella estamos situados, o más bien
estamos dentro de ella; somos parte de ella y lo que es grave es que somos su
esencia de manera inconsciente. No pretendemos competir con los grandes
filósofos del pasado ni del presente; no pretendemos ni siquiera cuestionar sus
visiones de la realidad. Nuestros propósitos son desde el campo más material,
más humano, aunque sí ambicioso; pretendemos cuestionar esta realidad que nos
circunda y que está ahí a nuestro participar, que nos tiene inmersos y que de
una o de otra manera nos corresponde actuar en ella.
Como
sociedad y como trabajadores dentro de esta sociedad, forzosamente estamos
ubicados frente a ella, a diario la enfrentamos, cada maestro de distinta manera, sea como emergencia de un proceso
natural esta realidad que vivimos, o sea constituida artificialmente de acuerdo
a los intereses del poder; pero ahí está y tenemos que participar de sus
movimientos con el objetivo de poder direccionarla.
Es
sin lugar a dudas esta condición mundial, en la medida que afecta a la nación
nuestra, una situación social que define a un tipo de sujeto, a un tipo de
trabajador, a un tipo de trabajador. Ya
hemos hablado un poco de la manera en que los trabajadores se encuentran
atrapados en las estrategias del capital, y si en el proceso histórico de la
clase trabajadora se había llegado a un cierto estatus de seguridad y de poder
laboral, a ciertas prerrogativas de participación, hoy, las Organizaciones
Sindicales se encuentran en la situación más indefensa frente a la fuerza del
capital. Referirnos para apoyar nuestra posición con respecto a las condiciones
laborales, a algunas afirmaciones de Janette Góngora y otros, cuando nos dicen
que “ante las políticas dominantes del libre mercado, el
sindicalismo se encuentra hoy con una nueva agenda para analizar …… colocado
frente a las transformaciones radicales de las configuraciones geoeconómicas
así como de los procesos de cambio tecnológicos y de organización del trabajo,
de los regímenes políticos y de las formas de organización social y de los
valores culturales. Los ejes articuladores de estos cambios son la demanda
patronal de “productividad”, “calidad” y “eficiencia” y la “competitividad” que
conducen a esa globalización y homogenización tan nombrada y tan cuestionada,
pero que se está imponiendo a pesar de las resistencias del pueblo.
Es
a todas vistas el derrumbe de los sindicatos, que no han sido capaces de
descubrir los caminos de participación en esta exigencia de época moderna, no
han podido modernizar sus estrategias y su capacidad de negociación. Por lo
regular se limitan a lamentar los tiempos difíciles, pero no activan su
capacidad de propuesta, no trabajan procesos de participación de las bases que
representan, para establecer posiciones laborales globalizadas que establezcan
una posición de contrapropuesta a la del neoliberalismo dominante.
Hoy
se insiste, de manera que debe preocuparnos, en la propuesta de entrar a una
nueva cultura laboral; siendo lo preocupante no el hecho de que se promueva esta nueva cultura, sino en que se
trate tan sólo de la concepción
patronal de esta nueva iniciativa, y que no se vea una posición de los
trabajadores para construir su propia propuesta de acuerdo a las verdaderas
necesidades que se padecen en el campo salarial y de condiciones de los
trabajadores puesto que son el elemento más importante en los procesos de
producción, pues sin ellos no podrá hablarse de ninguna forma de procesos de
producción.
En
esta idea de esta nueva cultura se activa una corriente ideología reformista de
la Ley Federal del Trabajo y que está
en juego la conquista laboral de los
trabajadores, producto de las revoluciones del siglo XX, porque las
organizaciones sindicales no tienen una visión de cómo instrumentar la defensa;
tan sólo se limitan a hacer sentir su preocupación en todos sus discursos, y a
veces hasta consideran que es un desacierto defender las conquistas laborales,
porque la política de “libre mercado se orienta hacia la globalización y no es
posible establecer ninguna defensa a este poder. Afirma Janette Góngora y sus
compañeros, que “el saber-hacer de la producción …… transita hacia el toyotismo
y neofordismo. Que constituyen las nuevas formas de trabajo”. Esto conduce a
los trabajadores hacia los procesos adaptativos, y entre estos trabajadores
podemos ubicar a los del sistema
educativo formal, quienes a su vez deben preparar la oferta de recursos humanos
adecuada a las realidades cambiantes de las empresas a partir del criterio de la
“adaptabilidad buscando la eficiencia”. ¿Pero mientras tanto, dónde están las
voces de los trabajadores de la educación? ¿Dónde está la participación del
sindicato, la búsqueda de estrategia en
defensa de los intereses de los agremiados para que estos reoriente su
sentido hacia la formación?
La
teoría de las competencias que expone y reflexiona Janette Góngora y sus
colaboradores supone, según ella, “una
nueva relación en la capacitación y la educación” que pretende comprometer a la
empresa con las exigencias de la sociedad; es decir, pasar de la economía a la
oferta, a la economía de la demanda”; esto nos pone enfrente un fuerte reto
como trabajadores para situarse en condiciones de competencia ante esta nueva
política económica; porque implica
entrar a procesos de adaptación constante para moverse en correspondencia a los
cambios, y la dirección de los sindicatos no sabe como hacerlo.
Considerando
las reflexiones de Leonard Mertens podemos darnos cuenta de cómo el modelo
económico está evolucionando de aquella organización del trabajo basado en la
máxima división de tareas, en la especialización y en una mínima cooperación y
autonomía, hacia una concepción de desempeño laboral con una exigencia que
cumplir con varias dimensiones de competitividad a la vez, esto conduce a
cambiar la organización con una pretensión de aprovechar al máximo los recursos
humanos, otorgándoles nuevas funciones, exigiéndose para ello la capacitación
de acuerdo a las correspondientes áreas de trabajo.
En
estas condiciones se trabaja un condicionamiento de la situación conductal de
los trabajadores, se les orienta para que se sientan parte de la empresa,
porque cada función está contenida en la otra, siendo la importancia capital
poder entender el compartir las responsabilidades relacionales en los
distintos niveles de la empresa. Vale establecer la relación que existe entre
las reflexiones que hacen Leonard y Wilde con las consideraciones que hace
Gimeno Sacristán sobre el toyotismo de la economía con relación a la educación
de España; de estas consideraciones nos refiere la concepción de la empresa
Toyota sobre la participación de los trabajadores, en donde como una estrategia
empresarial son considerados como socios productores, que participan en el
diseño, en el mejoramiento de los productos, en la motivación participativa, se
les hace sentir autónomos, piensan, discuten, proponen y se hacen responsables.
Señala
también Gimeno Sacristán los riesgos que ofrece esta organización laboral;
siendo los más importantes el hecho de poder ser una propuesta de carácter demagógico
que en el fondo la anima el carácter explotador del capital; otro de los
riesgos señalados es la corporación de los trabajadores por parte de la
empresa, trayendo como consecuencia el anularse los efectos sindicales en las
posibles exigencias salariales, del orden laboral o de seguridad social; y un
tercer riesgo es el hecho de poder convertir a los centros laborales en
autogestivos, con una orientación para que los trabajadores se sientan parte de
la empresa que define su destino laboral y de producción.
Con
esto estamos pretendiendo concretar la idea del modelo económico empresarial
que promueve el neoliberalismo. El capitalismo siempre está pensando cómo
anular a los trabajadores. Si la estructura laboral que veníamos viviendo
estaba siendo espacio de participación sindical con muchas posibilidades de
demanda y de conquistas y de orden laboral, al capitalismo no le parece
propicio, por lo que ha venido construyendo un modelo que supere esas
condiciones y comprometa a los trabajadores anulando su participación como
tales; desde aquí plantea sus exigencias y reclamos de una educación adecuada a
los mercados de trabajo, para que los trabajadores se ajusten a esta disciplina
laboral y se preparen desde las exigencias de la empresa.
Los
esquemas que se plantean desde esta nueva política empresarial conducen a la
exigencia de un nuevo “esquema educativo” y es aquí donde se configura la
amenaza al sistema educativo existente desde su condición formal, a este
espacio de orden popular y que al promoverse las medidas de descentralización,
se están proponiendo desde sus consecuencias reales, la desaparición de la
Organización Sindical que representa a los trabajadores de la educación. ¿Cómo enfrentarse a esta realidad amenazante de las conquistas
laborales, profesionales y de garantías salariales o de seguridad social? ¿De
no encontrar la forma, -como parece-, a
qué otro tipo de organización laboral nos
enfrentamos?
La
educación en nuestra condición de
trabajadores de este campo, nos obligan a pensar, en primer lugar, la cuestión
educativa como espacio creado que ha hecho posible el acceso del pueblo a las
posibilidades de formación, a fin de revisar nuestra actuación como docentes
para ver cómo desde nuestra participación en nuestras circunstancias, pueda darse
una direccionalidad más justa a las necesidades del pueblo, no a los intereses
de la empresa. En segundo lugar sea el camino que sea en relación a los
propósitos de la educación, nuestra condición de trabajadores será afectada,
por lo que exige una mayor claridad de los dirigentes para vislumbrar el
futuro, a fin de poder avanzar en los
caminos de la globalización y del libre mercado, con posibilidades de mejor
justicia a nuestra calidad de trabajadores.
Como
este nuevo modelo económico está basado en el aprovechamiento de las
competencias, y esto significa además que los recursos humanos sean altamente
capacitados en esas competencias, tenemos como realidad enfrente la
imposibilidad de implementación de un sistema desde lo educativo que permita
lograr éste propósito con alcance a todos los individuos que están en la
situación de fuerza laboral, y lo que es peor, que puedan aún con la
capacitación, ingresar a este modelo de trabajo. Por lo tanto estas condiciones
están generando un proceso de marginación que origina al mismo tiempo, un
ahondamiento en las distancias entre la riqueza y la pobreza. La educación,
como se vive no está en condiciones de resolver este problema, por esto la
Modernización educativa es una promesa de un nuevo ilusionismo que no contempla
la realidad y no se ajusta, por lo
mismo, a las exigencias reales de formación.
Este
proyecto de competencias laborales ofrece un panorama conflictivo que no se
resuelve con la capacitación, puesto que la creación de empleos no corresponde
a la urgencia de la sociedad en general, la pobreza por un lado y la
acumulación de riqueza por el otro. Para tener una idea de la impresionante
diferencia a que nos está conduciendo la política del libre mercado, citamos
las cifras que nos proporciona Jean Ginebra Mientras que en manos de menos de
400 familias se encuentra el 45% del ingreso mundial, en América Latina hay 150
millones de personas que sobreviven con un dólar de salario. En cambio la
acumulación del capital medido por el control de los Bancos de Orden Mundial
que tienen controlada la producción, observado desde la deuda que tienen los
países pobres, tenemos las cifras impresionantes: “En 1980 la deuda
externa de los países de
América Latina era de 257 mil millones de dólares y. en 14 años más
tarde, se han abonado a la cuenta 417
mil millones y, a esta misma fecha, a pesar de lo que se ha pagado a la deuda, ésta rebasa los 547 mil millones
de dólares. La deuda se ha pagado casi tres veces y se sigue debiendo el doble
de 1980.
Estamos
convencidos que esta economía de
competencias, aunque se estuviera en condiciones de poderse implementar un
sistema que capacitara a todos los trabajadores, de acuerdo a las exigencias de
la empresa, ello no garantiza la ocupación de toda la demanda laboral. El
aumento del empleo no depende de las competencias laborales, por lo que este
modelo está visto solamente desde los
intereses del control del capitalismo; esta tendencia impacta a la
educación y hoy vemos llevados hacia la lógica de la empresa, no a los procesos
formativos de los sujetos que les conduzcan a “ser” y desde ahí sean capaces de enfrentarse a la realidad sin estar
sujetos a una mecanización de servicio.
La
lucha de clases no ha terminado, se reanuda; este presente nos plantea un reto
histórico, que no es sólo hablar de los trabajadores de la educación como si
fueran una clase homogenizada, desde demandas simples y llanas, sino que es un
cuerpo que forma parte de una sociedad que es un mosaico de condiciones
culturales muy diversas y que en su estructura se originan barreras muy difíciles de franquear; el
capitalismo está transitando por un
camino, ignorando estas condiciones y estableciendo “estándares de medidas en
la economía que sólo responden a sus intereses por lo que el presente nos
plantea el reto de construir una política de participación desde la base de la
sociedad, desde los intereses de la
sociedad, que exige a su vez la reorientación de la participación del Estado,
en una auténtica política de regulación de la vida económica, política y social en general, para que los procesos
educativos se vean realmente comprendidos y fortalecidos.
Es
incuestionable el hecho de que las condiciones del neoliberalismo se están
sintiendo en la vida cotidiana de la docencia. Es advertible que las
condiciones hegemónicas del libre mercado se sienten en todas las actividades
humanas, pero que urge verlas no desde una situación de ventaja, sino desde la
capacidad de reflexionar el
condicionamiento que nos obliga a ser consumidores de las distintas ofertas
materiales y de ser las personas mismas, sujetos de mercancía que está sujeta a
“la regla condicionada de la oferta y la demanda”, para encontrar alguna alternativa.
El
avance tecnológico ha computarizado el mundo, las distintas tareas de la
humanidad requieren del conocimiento de estos avances, en el taller, en el
laboratorio, en la empresa, en el empleo público, en el campo de la
investigación. La escuela se encuentra totalmente rezagada. El Gobierno de la
República a través de la Secretaría de Educación Pública implementa, apenas
una cadena escolar de Internet que contempla
a cinco centros educativos de cada Estado, que no representa ni un .05% de los centro educativos del país en relación a la Educación Básica. Este
programa, de acuerdo a la información oficial ya está funcionando, pero en
realidad, los centros escogidos, en un
alto porcentaje no están operando por diversas razones, que van desde la
falta recursos humanos y materiales como hasta la falta de capacitación. Esta es sólo una realidad anunciada, y los
docentes se colocan ante ella como algo demasiado alejado a su propia realidad.
La
vida cotidiana de la zona escolar se configura por los acontecimientos concretos, realizados en situaciones
concretas con sus límites y sus posibilidades de los maestros. Esta realidad es
tangible, es observable y hasta es calificable
a veces sin sentido de lo educativo.
Hay otra realidad que se configura en el interior de los maestros, en esa
complejidad de lo que se pretende realice, como el nuevo programa educativo, el uso de los diversos
materiales surgidos recientemente de las políticas de la educación, que como es
de esperar se aborda desde una experiencia lograda en el proceso de su
desempeño personal y colectivo. Tenemos un discurso oficial que nos repite la
intencionalidad del gobierno; convivimos con una realidad social a través de
los alumnos; estamos frente a toda esta información que interpretamos
desde nuestra formación y desde nuestras perspectivas; somos los obligados a
dar configuración real a toda esta información del mundo pedagógico, afectado
por lo político, lo económico, lo moral, lo sentimental, lo cultural;
estructuramos nuestro marco personal de referencias en este mundo de la zona escolar.
La
crisis de la docencia, en boca de los que ocupan un lugar en la toma de
decisiones sobre el futuro de la educación, -los pregoneros de un mundo globalizado,
que aspiran el poder-, o por los medios informativos, -aduladores
gratuitos de la autoridad-, o por los
que se han creído en la obligación de
un cambio, se vuelve injusto sino mal
intencionados, porque hablar de educación implica reconocer y definir
múltiples elementos que tienen que ver con su realización como son la política
económica, la ideología dominante, la situación social, la idea de lo educativo por parte de los padres de
familia, los fines que le asignan al hecho educativo, las concepciones reales
de las autoridades educativas hacia los
docentes, la formación de los propios
docentes, la falta de una cultura de investigación, los problemas laborales de
los maestros y otras muchas que le dan
complejidad a este campo de la educación.
“Saber
pensar la realidad”, dice Zemelman “ en
lugar de saber información sobre la realidad”; fundamentarse en esta
concepción orienta a la necesidad de
una construcción de relaciones con la realidad que permita tener nuestra
propia objetivación de la razón,
proceso complejo que se genera dentro de cada sujeto, para desde ahí asomarse
al mundo real. En nuestro caso sentimos que la fuerza está en esta relación que
fundamentamos además, con las consideraciones que al respecto hace Bachelard
“como la mejor adecuación mediante la apertura de la razón hacia nuevos campos
de explicación” . Vemos a esta necesidad como la fuerza que nos mueve a la
búsqueda de nuestra propia visión sobre el mundo, fijando como ángulo de
fundamentación y de proyección a nuestra propia circunstancia.
Porque
las circunstancias de los maestros pueden activarse desde su propia versión del
mundo, desde sus ideas de proyecto, que se manifiestan en sus prácticas
diarias, pero que habitualmente, se enmarcan en las condiciones de estructura
normativa, que le exigen moverse asimilando y dirigiendo la fuerza de los
procesos de institucionalización y de las condiciones de poder que dominan el
presente histórico-social. Lo anterior
nos coloca en la necesidad de revisar los procesos de institucionalización, las
condiciones de la normatividad en la vida escolar, la incomodidad de los
maestros para moverse en la norma desde sus prácticas, la presencia del poder
en todas las acciones educativas, las condiciones de la normatividad que
mueven a la supervisión escolar, así
como la manera en que participan los maestros con la presencia del poder.
La
modernización educativa en nuestro país nos remitió a una dinámica diferente a
la que se venía viviendo desde
hace años, que se ve irrumpida por los
postulados de la Modernización Educativa,
establecida en el Acuerdo Nacional firmado en 1992 por el Gobierno
Federal y los Gobiernos Estatales, así como por la Organización de los
Trabajadores de la Educación, en el que se comprometen dadas sus funciones a:
el mejoramiento salarial a todos los trabajadores de la educación, formación y
actualización de los maestros, creación de Carrera Magisterial, formulación de
un proyecto educativo nacional y estatal, todo dentro de un propósito general y sustancial: elevar la
calidad de la educación.
Este
gran propósito, que compromete a toda la estructura de la social, originó nuevas estructuras administrativas,
descentralización de responsabilidades, por lo tanto ajustes normativos
limitados a los Estados; nuevas conductas de las autoridades superiores y, en
su orden, de las autoridades de todos los niveles del sistema educativo. Surge
una nueva normatividad y se plantean nuevas exigencias que corresponde a esta
nueva normatividad:
a) aun
calendario escolar que debe ajustarse a 200 días de trabajo frente a grupo que
refleja un desconocimiento del tiempo que se labora desde que son convocados
los maestros en el mes de agosto y los tiempos de preparación de clases y de
investigación natural que se tiene que hacer para este mismo fin;
b) ajustes
de horarios, programación de actividades;
c) nuevas
concepciones sobre las facultades y desconocimientos de las funciones con
relación a los nuevos enfoques educativos;
d) nuevas
concepciones sobre periodos vacacionales. Las exigencias en este sentido
afectan la vida del docente y originan reacciones que no favorecen mucho los
procesos educativos.
-
Se toman actitudes de control y
de ajustes a reglamentos que irritan la voluntad del maestro.
-
Se presiona a la superación académica docente y para ello, se
implementan cursos de actualización, diplomados, reuniones académicas,
proyectos de escuela, proyectos de zona, maestrías, doctorados, todo esto,
visto como camino para salvación de la educación.
-
Se legisla sobre la participación
social, constituyéndola como instancia de autoridad que tiene que ver con la
responsabilidad educativa; se hace una ponderación de esta intervención como si
se recuperara un derecho social. Esto da lugar a una activación de algunos
sectores sociales, que están viendo la oportunidad de intervenir, pero
encuentran la puerta cerrada en las escuelas; sin embargo las autoridades
insisten y conciben formas diferentes para la intervención de esta
participación en las escuelas; se constituyen Consejos de Participación Social
que sólo aparecen en actas, pero que no se traducen en una participación real
en beneficio de la escuela.
A
los maestros no se les puede borrar la realidad histórica, no se puede olvidar
cada momento dela historia que ha definido obligaciones y derechos; que ha
originado formas de ser y procedimientos nacidos desde esa vida real que
determina la historia, y que se grava en las conductas sociales que son
expresión de una época y que se transformará en la medida de los procesos de
existencia social. No se puede aceptar que no se nos cambien las reglas del
juego en forma tan radical y por lo tanto tan artificial, anulando la historia
del desarrollo institucional logrado.
Esta realidad nos coloca en un entramado de patrones que constituyen el
ambiente total del campo de la docencia; la participación de los maestros
responde a estas condiciones y producen una conciencia ajustada a esta realidad.
Esta
estructura dada por los procesos socio-históricos, es producto de los esfuerzos
sociales que han logrado constituirse en fuerzas dominantes e imponen sus
proyectos políticos y económicos, considerándolos como una necesidad de
organizar a la misma sociedad en busca de que funcione la convivencia obligada.
¿Hasta dónde estas leyes, normas disposiciones, proyectos, corresponden a las exigencias reales de la
sociedad? Del grado de dependencia o de
correspondencia a esta realidad, depende que el maestro se sienta identificado
y se apropie del momento histórico.
La
modernización educativa se propone, y lo ha ido constituyendo, nuevas reglas
del juego; estas reglas responden a los intereses del neoliberalismo que se
define en sus características que intentan olvidar la historia o hacer al
hombre a un lado de la historia, fundamentándose en principios y conceptos que
nada tienen que ver con la realidad social. Una normatividad ajena a las leyes
de la vida natural de la educación, esta condenada al rechazo de los maestros;
al no contemplar la participación de los docentes para la definición de los
proyectos educativos, no se está participando de la realidad social ni de las
necesidades educativas.
Esta
reacción de los maestros se presenta como una autodefensa en ese todo que se ha
construido en la historia del ser docente; no se puede olvidar esta
construcción que a través del tiempo ha crecido y se ha desarrollado en la
medida del avance cultural del pueblo y de los esfuerzos de quienes les ha
tocado ser responsables del momento de su época. Estas realidades educativas se
han convertido en la esencia del ser del maestro, y las sienten como obra de su
esfuerzo cotidiano (gracias al proceso de institucionalización), por lo que
venir a modificarlos desde una medida ajena a su mundo no va a poder ser
asimilada tan fácilmente, lo que exige nuevos mecanismos instituyentes.
A
quienes hablan de una modernización educativa para imponerse en ese escenario
docente, se les olvida que aquí, este escenario, se produce la educación, y que
en ello, los maestros, son los actores principales; se ha olvidado que no es
posible imponer proyectos desde su mundo de abstracciones, que no atienden al
mundo real del maestro pero esta osadía se esta pagando a un precio muy alto: una simulación como nunca y
una indiferencia a todo lo que se pretende, y en otros casos una complicidad en
la imposición de dichos proyectos.
Esta
realidad educativa que vive el maestro es producto de un proceso de
institucionalización de modos de hacer el trabajo docente, constituidos por
distintos elementos que intervienen; las diferentes objetivaciones ya
institucionalizadas que ha cobrado significado para los docentes, ya que sean
de primer orden o que correspondan a sus esquemas que han construido en la
práctica; o trátese de la explicación que ha concebido sobre su realidad
circundante, ha conformado un “universo simbólico”, con una estructura propia,
por lo que se identifican plenamente porque es su propia construcción.
El
proyecto dela Modernización está amenazando a este “universo simbólico” de los
maestros; sienten que se les esta moviendo su seguridad, porque de alguna
manera, y muy a las claras, se les cuestiona de su desempeño docente; porque se
pone en evidencia el cumplimiento de los objetivos de la escuela; porque se
pone en el tapete de las discusiones sus recursos metodológicos que, por muchos
años han estado empleando; porque estas concesiones sobre lo educativo se
están poniendo en duda, y sus
procederes por muchos años, y hoy se enjuician y se les pretende cambiar.
Berger y Luckman asientan que “la cristalización de universos simbólicos
suceden a los procesos de objetivación, sedimentación y acumulación de
conocimientos; o sea que los “universos simbólicos” tienen una historia”; y es
esta historia la que ha producido estas sedimentaciones ya cristalizadas, que
han llegado a una inmovilidad y a una identificación que se hacen difícil el
cambio
Por
esto urgente que el maestro hable; que haga sentir la importancia de su participación; que se atreva a defender
su trabajo y que hable de su realidad que le exige una participación desde las
necesidades de conocimiento de los niños que atiende. Las autoridades
educativas sostienen que se les esta consultando, y es verdad que se realizan
consultas, pero estas son instrumentadas estratégicamente y programadas de tal
manera, que aunque parezca que el maestro participa, no se produce nada, porque
no se le da oportunidad real para que hable de sus esfuerzos y de lo que exige
la realidad en que vive. No es el caso de que el magisterio no oye ni acepta
nada, ni se trata de una enajenación histórica; la realidad es que lo que están
queriendo colocar fuera de la historia, con la idea de que ya no es funcional
para el momento que vivimos, y para esto se instrumentan mecanismos lentos;
porque la modernización exige un magisterio que sea adecuado a las necesidades
de los adelantos industriales, en la tecnología y de la ciencia, sin embargo no
se invierte adecuadamente en esta tarea.
Aunque pudiera sustituirse a este magisterio en servicio y se instalara un nuevo magis