CUADERNOS DE NUMISMATICA POTOSINA

 

 

JOSE FRANCISCO PEDRAZA

 

 

LAS “MONEDAS DE HACIENDA”

DEL ESTADO DE SAN LUIS POTOSÍ

 

SIGNOS DE CAMBIO DE LAS HACIENDAS DE

“SAN JUAN DE BANEGAS”, “SANTIAGO”,

“SIERRA HERMOSA” Y PEÑÓN BLANCO”

 

 

(CON UN ESTUDIO PRELIMINAR)

 

 

 

 

LETRAS POTOSINAS

 

UNIVERSIDAD AUTÓNOMA DE SAN LUIS POTOSÍ

1963

 

 

I

GENERALIDADES

 

Desde el siglo XVIII se inicia en las principales fincas rusticas de la Nueva España el uso de estas piezas o signos de cambio particulares que en su forma primitiva se presentan de recorte irregular, fabricadas de cobre, muchas veces fundidas y casi siempre selladas “a golpe” por una sola cara.

Ostentan en toscos caracteres las iniciales entrelazadas del nombre de la finca, el de su propietario o sólo el apellido de éste, a veces abreviado y en algunos casos la figura o el dibujo del hierro de marcar el ganado de la hacienda.

Este tipo de moneda rústica no ostenta la expresión de su valor, como que en efecto éste era enteramente arbitrario e irregular; por excepción aparece sellada en sus dos caras y a veces consta en ella la fecha de su fabricación o sello.

Las anteriores características físicas y numismáticas de la moneda de hacienda, prolongan su uso desde sus orígenes hasta mediados del siglo XIX en que ocurre una fundamental transformación. Es entonces cuando estas piezas particulares dejan de hacerse fundidas pues comienzan a fabricarse en troqueles ostentando un mejor acabado, continúan haciéndose de cobre, pero ya aparecen selladas en sus dos caras y algunas hasta con cordón o canto.

Hay otra modificación; en ellas consta, completo, el nombre de la hacienda o del propietario de ella y aun la fecha. Aparece entonces también, y esto es interesante, que el campo de estas piezas está casi totalmente ocupado por números como 1, 5, 10, 23, 30 o 100, sin que se indique que esta cifra corresponda a valor en centavos. Efectivamente, los números referidos sólo son expresiones de jornadas de trabajo.

Es cierto que en contadas ocasiones las monedas de hacienda ostentan la expresión de su valor el que se hace inscribir de variada forma: “1/4“, “1/8“, o bien “1/4”,  1/8” o, a veces con letras: “CVART.”., “CUARTO”., “CUARTO”., “CUARTILLA”., “OCT.”., “OCTO.”. “OCTO.”, estas expresiones seguidas, a veces, de la palabra “DE REAL” o su abreviatura “D. RL.”. Estos son únicamente los casos en los que puede hablarse de “Cuartilla de Hacienda” o de “TIaco de Hacienda”, pero estos tipos son excepcionales, regularmente no ocurrió así.

El giro de la moneda de hacienda se iniciaba desde que en el escritorio “de raya” de la Administración, se entregaban a los peones y operarios estas piezas de cambio como pago semanario del jornal de trabajo, el cual, generalmente era “por tarea” realizada, esto es, “a destajo”, de allí que se ostentaran los números, 1, 3, 10, 20. 23, 30 o 100 en fechas muy anteriores a la adopción del Sistema Métrico Decimal en la República Mexicana que fue hasta el año de 1889.

Estas piezas de pago del trabajo del campo eran después entregadas por los peones en las “Tiendas de Raya” que existían en cada hacienda, donde las canjeaban por artículos de consumo directo.

Cabe aclarar que es frecuente ahora designar la moneda de hacienda con los nombres de “TIacos” o “Cuartillas de Hacienda”, valores éstos que en realidad no ostentaban estos tipos o signos de cambio particulares, pues basta observar que la moneda de hacienda presentaba solamente los consabidos números 1, 5, 10, etc., que son decimales y que ninguna relación tienen con la expresión de los valores fraccionarios del real, como sí lo eran la cuartilla y el tlaco.

Por otra parte resulta absurdo admitir que la moneda de hacienda que ostenta esos números decimales tuviere asignado el valor o el equivalente a 1, 5, 10 o más cuartillas o tlacos de real, pues esto no tiene ni tendría ningún sentido, ni tampoco hubiera sido práctico, pues fácilmente hubiera inducido al error en la cuenta de los jornales.

Estas monedas de hacienda también son designadas comúnmente con el nombre de “fichas” y ello, a mi juicio, resulta impropio y denota un desconocimiento del giro particular de la moneda de hacienda.

En términos generales la “ficha” inicia su giro cuando se canjea dinero de circulación regular por las “fichas” que se destinan al pago de servicios en algún establecimiento determinado y debe observarse que las monedas de hacienda no tuvieron ese giro, pues jamás se entregaron a cambio de dinero del cuño circulante y tal cosa no pudo haber sucedido puesto que, como ya se examinó, la moneda de hacienda era para entregarse a los peones y operarios de la finca, precisamente en pago de jornales de trabajo; luego entonces no pudo darse el caso del antecedente que supone el giro normal de la “ficha”, esto es, que previamente a la circulación de ella se entregue dinero efectivo del cuño regular.

Concretamente debe decirse que si la moneda de hacienda era el comprobante del pago de un jornal rural, diversamente la “ficha” fue y aún sigue siendo el comprobante de un dinero efectivo para ser canjeada precisamente por servicios, lo que es cosa bien distinta.

Ya hacia la última década del siglo XIX se opera en la moneda de hacienda una radical y última transformación, pues es en esa época cuando estos signos particulares comienzan a troquelarse precisamente en latón y no de cobre como antes; también es entonces cuando desaparece la expresión del año o la fecha. Es cierto que continúa el mismo giro peculiar de esta clase de moneda, cuyos ejemplares hasta son de mejor factura o acabado, pero se ha iniciado ya la decadencia de estos tipos de la Numismática Mexicana, pues la moneda de hacienda dejará de acuñarse en breve tiempo y por fin, su uso o su giro, se extingue poco antes de la Revolución Mexicana, época en la que también declina, basta su extinción, la hacienda misma como expresión demográfica y económica de la vida rural de México.

Durante el siglo XIX la hacienda representó, con indudable preeminencia, el trabajo indígena del campo mexicano, por ello se explica que las haciendas hayan interferido frecuentemente en las funciones estrictamente políticas de los Municipios y Villas, y aun ocurrió, en no pocos casos, que algunas haciendas tuvieran mayor categoría demográfica y económica que las Cabeceras Municipales de su adscripción, las que, muchas veces circundaban totalmente con sus terrenos.

Dado este antecedente resulta explicable la existencia de la moneda de hacienda ya que, careciéndose de moneda fraccionaria y estando el comercio local y aun regional, sujeto a la vida económica de las haciendas que eran los únicos centros organizados del trabajo rural o indígena, resulta lógico también que sean precisamente las haciendas y no las autoridades Municipales o Estatales las que emitan, controlen y vigilen el giro de tales signos de cambio tan típicamente mexicanos.

La moneda de las haciendas de México exige un estudio de mayor amplitud; no pertenece a la categoría de los “TIacos” ni a las “Cuartillas” ni a los diversos tipos de “Moneda Municipal”, ni tan siquiera a la “Ficha”. La moneda de hacienda es, en este sentido, un tipo peculiar de la Numismática Mexicana; su uso casi general en toda la República respondió a necesidades de todo orden: comerciales, económicas, laborales, políticas, etc., y es, desde luego, una mexicanísima expresión de la vida rural del siglo XIX.

 

LAS MONEDAS DE LAS HACIENDAS

POTOSINAS

Las monedas de las haciendas potosinas, en su aspecto físico, sus caracteres numismáticos y su emisión y giro, responden, en su respectiva época, a los tipos comunes y normas en uso generales durante los últimos años de la Colonia y del siglo XIX, pues no presentan caracteres distintivos de ninguna especie.

La pieza más antigua que es la de “BANEGAS” (Hacienda de San Juan de Banegas o Vanegas) fue sellada hacia fines del siglo XVIII o en los principios del siglo XIX. Fuera de esta pieza no me ha sido posible identificar ninguna otra como perteneciente a alguna de las haciendas potosinas en esta época de los últimos años del Virreinato.

Es posible que sí hubieren existido, pero no resulta fácil identificarlas visto que, precisamente en esta época es cuando, en lo general, las monedas de hacienda ostentan solamente los toscos caracteres de iniciales entrelazadas que correspondieron o bien al nombre de la hacienda o del propietario de ella, o a veces nada más el apellido.

Desde la pieza de “BANEGAS” hasta la de “HACIENDA DE SANTIAGO.—B. P.— TRASQUILA.—1868, hay un largo silencio de más de medio siglo el cual indudablemente deberá ser llenado alguna vez con mayores datos.

Después de esta pieza de 1868 hasta principios del siglo presente es la misma hacienda de Santiago la que presenta mayor cantidad de tipos y valores, pues de “SIERRA HERMOSA” y de “PEÑÓN BLANCO” sólo he encontrado apenas dos piezas de cada una de estas haciendas.

No he podido encontrar tampoco ninguna documentación relacionada con las monedas de las haciendas potosinas y además no existe ningún antecedente jurídico o de legislación sobre las acuñaciones particulares de las haciendas.

Por los datos que he recabado parece ser que la Casa de Moneda de San Luis Potosí, fundada desde julio del año de 1825, fue enteramente ajena a todas estas emisiones y no puede aseverarse fundadamente que, de alguna manera, estos signos particulares de cambio hubieren sido troquelados en ese establecimiento o que, al menos, alguno de los grabadores de esa Casa hubiere participado en el trabajo de abrir las matrices que se utilizaron para acuñarlas.

Es posible que la pieza de “BANEGAS” si hubiere sido sellada en la Casa Grande de esa hacienda, pues la deficiente y sencilla factura del sello no exigieron mayor técnica, pero tampoco he recogido ningún dato sobre esto.

Por cuanto a las acuñaciones de la Hacienda de Santiago, en lo que respecta a las piezas marcadas con los número II, III, IV y V, sí existe el dato proporcionado por el Sr. D. Antonio Garfias, actual propietario de esa hacienda, en el sentido de que su padre, el Sr. Teodomiro Garfias, mandó hacerlas a la ciudad de México entre los años de 1903 a 1905.

Finalmente, por cuanto a las acuñaciones de la hacienda del Peñón Blanco, me ha referido el Pbro. y Lic. Rafael Montejano y Aguiñaga que por los años de 1940-1950 él vio en un aposento de la “Casa de la Negociación” de Salinas, S. L. P., un troquel viejo, habiéndosele informado que ese objeto era con el que se hacía la moneda de la hacienda inmediata al pueblo, que era la del “Peñón Blanco”.

En muchas haciendas potosinas se acostumbró el uso de monedas del cuño corriente reselladas con inscripciones diversas; esta práctica, tan común, resulta explicable, puesto que evidentemente resultaba más práctico y económico mandar grabar tan sólo la matriz del resello que mandar acuñar la moneda misma.

Este capítulo es muy interesante, pero será materia de un estudio independiente que ya preparo para su publicación y que se ocupará de “LOS RESELLOS DE LAS MONEDAS POTOSINAS”.

He tenido oportunidad de examinar muchas monedas de hacienda, pero mantengo dudas respecto de que efectivamente se trate de haciendas potosinas, contribuye a esta dificultad el hecho de que muchas de esas piezas ostentan simples iniciales, como era general en la época, a veces solamente ostentan el dibujo o la marca de herrar el ganado de las fincas agrícolas o ganaderas.

En cada caso debe esperarse a la casualidad obtener mayores datos mediante los cuales pueda fundarse la certeza de que se trata de monedas de haciendas cuyos términos estaban enclavados total o parcialmente dentro del territorio potosino.

He procedido pues con un criterio rigorista de extrema exigencia al presentar este número reducido de monedas potosinas de hacienda, pero he preferido la autenticidad indubitable, fincándola en los propios datos que proporcionan las inscripciones que ostentan. Ello motiva también mi súplica, a fin de completar este estudio, de que se me proporcionen datos sobre alguna moneda no anotada aquí, y de ser posible se me remita la fotografía de ella.

 

MONEDA PARTICULAR DE LA HACIENDA DE

“SAN JUAN DE BANEGAS”

(Hoy “Villa de Vanegas”)

DESCRIPCIÓN

Moneda de cobre, tiene solamente una cara pues el reverso es totalmente liso. El campo está totalmente ocupado por la inscripción “Banegas”, que fue sellada “a golpe”, en letras grandes que ocupan dos renglones como sigue: en el superior “BANE” y en el inferior “GAS” sin punto final ni guión intermedio. Esta inscripción aparece en letras de pequeño relieve y dentro de un rectángulo irregular cuyos lados se pierden en gran parte porque la presión del cuño fue insuficiente para demarcarlos con claridad. Esta pieza no tiene exergo ni gráfila y no ostenta ningún elemento decorativo. Canto liso, irregular. Módulo irregular de veintiséis milímetros.

Se trata de una pieza sumamente rara, solamente he podido examinar este ejemplar que pertenece a mi colección.

En la obra Hacienda Tokens of México por O. P.  Eklund and Sydney P. Noe y bajo el número 49 de la lista del catálogo se cita una pieza de “BANEGAS” con inscripción en una sola cara y en dos líneas como la que aquí se estudia, anotándose que ese ejemplar pertenece a la colección del Sr. Manuel Romero de Terreros.

Identifico esta moneda como perteneciente a la antigua hacienda de “San Juan de Banegas” (según se escribía entonces), que era una extensísima propiedad rústica cuyos orígenes se remontan al siglo XVII y que es ahora Cabecera del Municipio de su nombre al norte del Estado de San Luis Potosí.

Es lamentable la ausencia del dato correspondiente a la fecha en que esta moneda fue sellada, pero esta omisión es casi general en todas las monedas potosinas de hacienda, y por ello, atendiendo tan sólo a las características especiales de la pieza, especialmente a la letra de la inscripción resulta fundado suponer que esta moneda fue sellada hacia fines del siglo XVIII o en los principios del siglo XIX. Me reafirma en este dato el hecho de que en esa época tendía a desaparecer el nombre de “San Juan de Banegas” que era la denominación específica de esa hacienda, para usarse solamente el de “Banegas”, y no solamente lo anterior, sino que, por circunstancias que ignoro, ya en los años de 1827 y siguientes, el nombre de “Banegas” de esa hacienda se escribe con V y no con B como anteriormente se usó en la inicial.

Para sostener la anterior afirmación he examinado documentos coloniales y de los primeros años del siglo XIX relativos a esa hacienda (véanse en la obra titulada La Virreina Mexicana. Doña María Francisca de la Gándara de  Calleja, por José de J. Núñez y Domínguez. Imprenta Universitaria. México, 1930).

En esa época la finca de que se trata era designada con el nombre completo de “San Juan de Banegas” o simplemente “Banegas”, en tanto que con posterioridad a esos años, ya en 1827-1831 el general D. Manuel Mier y Terán en su “Diario de Viaje de la Comisión de Límites”, al describir esa hacienda, la designa repetidamente con el nombre de “Vanegas” simplemente.

En la época en que esta moneda fue sellada, la finca era propiedad de la familia Gándara que la había poseído, cuando menos, desde mediados del siglo XVIII, pues en esos años aparece como propiedad de la señora Antonia Rubín de Célis esposa de D. Antonio de la Gándara. AI morir ella, esa hacienda de San Juan de Banegas, con otras propiedades pasó a poder de su hijo D. Manuel Jerónimo de la Gándara quien todavía por los años de 1788 y siguientes, asociado a D. José García de Velasco, sostuvieron un curioso litigio relativo al uso de la finca cuya posesión ejercitaba el licenciado D. Silvestre López Portillo, quien fue el fundador del Mineral de Catorce y que era el arrendatario de la hacienda por lo que, valido de dicho contrato, estaba levantando una capilla en el punto llamado “El Cedral”, donde hoy se asienta la población de ese nombre.

Los demandantes, dueños de la hacienda de San Juan de Banegas ocurrieron ante D. Bruno Díaz de Salcedo, entonces Intendente de San Luis Potosí, y le pidieron y obtuvieron la suspensión de la obra emprendida por el arrendatario Lic. López Portillo, aduciendo, a mayor abundamiento, que esa hacienda “se hallaba gravada a obras pías”.  López Portillo contestó la demanda alegando razones de peso y dispuesto a no ceder, se alargó este juicio por algunos años, según consta en el Expediente V. Vol. 246 del Ramo del Clero Secular y Regular del Archivo General de la Nación.

En esa hacienda de San Juan de Banegas nació en 1786 Da. María Francisca de la Gándara, ilustre dama potosina que fue esposa del Virrey D. Félix María Calleja y dicha finca llegó a ser propiedad de ella por herencia directa de su padre D. Manuel Jerónimo de la Gándara.

El general D. Manuel Mier y Terán vivió una temporada en esa hacienda y proporciona una descripción más o menos exacta de ella en su “Diario de Viaje de la Comisión de Límites. 1827-1831”.

La hacienda de San Juan de Banegas, situada en la rica región minera de Catorce y perteneciente a esa jurisdicción desde el tiempo colonial, tenía en aquella época una hacienda de beneficio de minerales y le pertenecían diferentes estancias y ranchos; los principales eran, todavía hacia mediados del siglo pasado, los siguientes: Rancho de Elías, El Alazán, San Miguel, Venta del Carmen, San Francisco, El Blanco, La Cruz, La Laguna, Estancia, Arañosa, San Isidro, Vanegas de Abajo, La Punta de Vanegas. Hacienda del Salado (hoy estación del Ferrocarril).  Los Ranchos de La Parida, El Gallo y San Juan de la Cruz; la hacienda del Sotol y los ranchos de Zamarripa, Rancho Nuevo, San José y Presilla, San Antonio de la Angostura y Rinconada (ambas son estaciones del Ferrocarril), Lagunillas, San Rafael, San Elías del Cuarejo, Espíritu Santo y Jesús María (ambas son estaciones del Ferrocarril San Luis-Aguascalientes).

La antigua hacienda de Vanegas fue erigida en Villa por Decreto No. 88 de fecha 10 de noviembre de 1922.

 

MONEDA PARTICULAR DE LA

HACIENDA DE SANTIAGO

Se registran las siguientes piezas:

I..—Moneda de cobre. Canto con numerosas y pequeñas estrías. Módulo regular de veintisiete mm. y grueso de cerca de dos mm.

ANVERSO

En el centro el valor señalado con el número 3 con signo bastante grande que ocupa todo el campo que se encuentra limitado por un círculo. En el exergo, abajo, entre pequeñas estrellas de ocho picos y dispuestas simétricamente, las iniciales “B. P.” cada una de ellas seguida de un punto; hacia la izquierda se inicia la leyenda “HACIENDA DE SANTIAGO” que termina con un punto al lado de la estrella de la derecha. No tiene gráfila.

REVERSO

En el centro la figura de un borrego en actitud de pastar sobre un suelo en el que hay yerba. En el exergo y arriba de esta figura se lee la palabra “TRASQUILA.” que termina con un punto. También en el exergo y a uno y otro lado de la figura central, se ven dos pequeñas estrellas de ocho picos. Abajo de la figura, la fecha “1868”. No tiene gráfila.

Las iniciales “B. P.” que se ostentan en el anverso de esta pieza corresponden a las del nombre y apellido del Sr. D. Blas Pereda, quien en esa época era propietario de la hacienda.

Esta pieza es rara, existe en mi poder desde el año de 1937.

II.—Moneda de cobre. Canto liso. Módulo irregular de treinta y un mm. Está fabricada en lámina muy delgada.

ANVERSO

En el centro el valor señalado con el número 50 dibujado muy toscamente y con signo bastante grande que ocupa todo el campo. En el exergo, en la parte superior la leyenda “(HACIENDA) DE SANTIAGO.” terminada con un punto chico. Abajo y dispuestas simétricamente al pie del signo del valor, las letras “S. L. P.” bastante lesionadas en el ejemplar examinado. No tiene gráfila.

En el centro del campo las letras “T” "G” enlazadas en forma tal que el pie central de la primera letra se asienta en la parte central de la curva exterior de la segunda letra, dando el aspecto de que si una de esas iniciales es vertical, la otra necesariamente está en posición horizontal. En realidad la disposición de estas iniciales no es nada más que un dibujo que corresponde al fierro de herrar ganado y en general a la marca de la hacienda de Santiago y ese monograma aún está en uso en esa finca. En el exergo y rodeando el campo central que ocupa la marca de la hacienda. se ven cuatro círculos concéntricos con iguales distancias entre sí. No tiene gráfila.

Las letras “T” “G” del fierro de la hacienda que se ostentan en el reverso de esta pieza, son las iniciales del nombre y apellido del Sr. Teodomiro Garfias, quien en esa época era el propietario de la finca.

Esta pieza está bastante maltratada, existe en mi poder desde el año de 1937 en que la adquirí, igual que la anterior, en un lote de monedas que me vendió el Sr. D. Pedro Diez Gutiérrez; no he vuelto a ver ningún otro ejemplar.

III.—Moneda de latón. Canto liso. Módulo regular de treinta y cuatro mm. y grueso de uno y medio mm.

En el centro del campo un dibujo en forma de alamar que apenas se distingue por lo gastado de esa parle de la pieza. abajo de él la inscripción "HACIENDA” y dispuesta simétricamente abajo de la anterior la palabra "DE”. En el exergo, arriba y con letras grandes, siguiendo la curva superior del círculo, la inscripción "TEODOMIRO GARFIAS". En el mismo exergo y abajo, en letras algo más chicas, siguiendo la curva inferior: "SANTIAGO S.L.P.". Limitando el exergo hacia afuera y a manera de gráfila un círculo de puntos pequeños. Labio en el borde.

ANVERSO

En el centro el valor señalado con el número 1° ° muy bien dibujado y con signo bastante grande. Inmediato al borde y a manera de gráfila un círculo de puntos pequeños. Labio más ancho que en el anverso.

REVERSO

Esta moneda pertenece a mi colección habiéndomela obsequiado el Sr. D. Antonio Garfias. actual propietario de la hacienda.

IV.—Moneda de latón. Canto liso. Módulo regular de treinta mm. y grueso de uno y medio mm.

ANVERSO

En el centro del campo un dibujo en forma de alamar y abajo de él la inscripción “HACIENDA", abajo de de la anterior y dispuesta simétricamente, la palabra "DE". En el exergo, arriba y con letras grandes. siguiendo la curva superior del círculo, la inscripción “TEODOMIRO GARFIAS". En el mismo exergo y abajo, en letras algo más chicas siguiendo la curva inferior: "SANTIAGO.S.L.P.". Limitando el exergo hacia afuera y a manera de gráfila un círculo de puntos pequeños. Labio en el borde.

En el centro el valor señalado con el número 50 muy bien dibujado y con signo bastante grande. Limita el campo un círculo de puntos pequeños: inmediato a él un circulo de pequeño relieve. En el borde labio más ancho que en el anverso.

REVERSO

Esta moneda pertenece a mi colección habiéndomela obsequiado el Sr. D. Antonio Garfias actual propietario de la hacienda.

V.—Moneda de latón. Canto liso. Módulo regular de veinticinco mm. y grueso de uno y medio mm.

ANVERSO

En el centro del campo un dibujo en forma de alamar y abajo de él la inscripción "HACIENDA”, abajo de la anterior y dispuesta simétricamente, la palabra "DE". En el exergo, arriba y con letras grandes, siguiendo la curva superior del círculo, la inscripción "TEODOMIRO GARFIAS”. En el mismo exergo y abajo, en letras algo más chicas siguiendo la curva inferior: "SANTIAGO, S. L. P.”. Limitando el campo y a manera de gráfila un círculo de puntos pequeños. Labio en el borde.

REVERSO

En el centro el valor señalado con el número 10 muy bien dibujado y con signo bastante grande. Limita el campo un círculo de puntos pequeños. En el borde labio más ancho que en el anverso.

Esta pieza la adquirí en el año de 1940 en un puesto de fierros viejos, otro ejemplar igual está en poder del historiador potosino Lic. D. Salvador Penilla López; no he visto ningún otro ejemplar.

VI.—Moneda de latón. Canto liso. Módulo regular de veinte mm. y grueso de un mm.

En el centro del campo el Emblema Nacional, en el exergo arriba y siguiendo la curva superior del círculo, la inscripción "REPUBLICA MEXICANA". Inmediato al borde y a manera de gráfila un círculo de puntos pequeños. Labio en el borde.

ANVERSO

Debe destacarse la circunstancia de que sí bien es cierto que la figura del Emblema Nacional ostenta todos sus elementos decorativos, su diseño no es enteramente correcto y su dibujo no parece corresponder al de las matrices oficiales en uso en su época.

REVERSO

En el centro del campo una pequeña depresión hecha “a golpe" con la que se anuló la letra, cifra o signo que debió ostentar originalmente. Arriba de ella la letra "H" y abajo la letra “S". Limita el campo una guirnalda de laurel que casi se cierra en la parte superior. Inmediato al borde y a manera de gráfila un círculo de puntos pequeños. Labio en el borde.

El autor considera que si a primera vista es dudoso el origen de esta pieza, sí deben de tomarse en cuenta determinadas circunstancias que en conjunto hacen fundado identificarla como moneda particular de la hacienda de Santiago, especialmente por las iniciales de dicha hacienda que se ostentan en el reverso; por la gráfila de puntos finos inmediata al labio de anverso y de reverso, tal como la ostentan las piezas de esa finca que aquí se describen bajo los números III, IV y V, en la inteligencia de que el metal usado en esas monedas es enteramente del mismo aspecto del de la pieza que se examina. Finalmente, por la información que el autor ha recogido de diversas personas que son vecinos del Municipio de Villa de Arriaga, donde se ubica la hacienda de Santiago, quienes coinciden en seña- lar esta pieza como efectivamente usada en esa hacienda, donde dicen que giró con el valor de cinco centavos que es justamente el valor que debió corresponderle si se atiende al tamaño de la moneda de diez centavos usada en esa finca (Véase la marcada con el número V.).

El Sr.  Antonio Garfias, actual propietario de la hacienda de Santiago me informa que ni siquiera había tenido conocimiento de la moneda descrita aquí bajo el número I y que por cuanto a las que se señalan bajo los números II, III, IV y V, refiere que sí las conoció desde hace muchos años y cree que también las había en valores de cinco y de veinticinco centavos. Agrega que esas piezas eran conocidas con el nombre de "fichas" y que estaban destinadas a señalar "la raya" o salario que correspondía a los trabajadores que hacían labores eventuales en la hacienda. especialmente con motivo de la "trasquila" del ganado lanar, pues dichos trabajadores eran muy numerosos y casi todos ellos ocurrían desde lugares distantes, así pues, al terminarse las labores eventuales de la hacienda estas fichas se canjeaban por dinero federal.

Refiere también que su padre el Sr. D. Teodomiro Garfias mandó hacer esas fichas a la ciudad de México, entre los años de 1903 a 1905.

Desde fines del siglo XVIII hasta mediados del siglo XIX, la hacienda de Santiago perteneció a la familia Gándara, que eran prominentes vecinos de la ciudad de San Luis Potosí donde varios de sus miembros gozaron de alta significación política y social.

En 1853 D. Vicente de la Gándara vendió la hacienda al Sr. D. Manuel Fernández Alonso y éste sólo la conservó nueve años, pues en 1862 la vendió al Sr. D. BIas Pereda, vecino también de la ciudad de San Luis Potosí, quien explotó intensamente la finca dedicándola con especialidad a la cría de ganado ovi-caprino que en esa época llegó al máximo de su riqueza con más de ciento quince mil cabezas de ganado menor.

D. BIas Pereda fue quien mandó acuñar la primera moneda de "Trasquila" de la hacienda (Véase la pieza marcada con el número I de este artículo). y tal vez se acuñaron también monedas de otros valores, con el objeto de que en la finca hubiera un signo de cambio que substituyera eficazmente a las marquetas de sebo o de jabón que hacían las veces de moneda y con las que se pagaba a los trabajadores de trasquila y laboreo de la hacienda.

La finca fue hipotecada en favor de alguno de los acreedores de D. BIas Pereda y con motivo de su muerte se interrumpió el trabajo normal de la hacienda y se traspasaron también otros negocios que tenía. Su hijo D. Manuel Pereda, no pudo solventar sus obligaciones económicas y la hacienda de Santiago fue puesta en remate judicial habiéndola adquirido en esta forma el Sr. D. Francisco de P. Martínez en el año de 1888.

El nuevo propietario sufrió en la finca una continuada sequía de trece años consecutivos, calamidad que no se había visto en la región durante más de medio siglo y en esa época se extinguió totalmente la riqueza ganadera de la hacienda.

A la muerte del propietario, su viuda, la señora doña Josefa Aranda viuda de Martínez, vendió la hacienda de Santiago en el año de 1901 al Sr. D. Teodomiro Garfias, quien volvió a explotar activamente la finca, siendo de su época las monedas marcadas en este artículo bajo los números II, III, IV, V y VI.

D. Teodomiro Garfias murió el 12 de enero de 1916 y con ese motivo la hacienda fue repartida en cuatro partes iguales que correspondieron a sus hijos Francisco, Antonio, Javier y Ana María, todos de apellido Garfias Peña.

Posteriormente Francisco y Antonio constituyeron una sociedad mercantil que entre los años de 1918 a 1920 adquirió los derechos que en la hacienda de Santiago representaban los hermanos Javier Garfias Peña y Ana María Garfias viuda de Gutiérrez y además la propiedad de la hacienda de La Ventilla (1924).

Duró la sociedad hasta el año de 1933 en que los con-dueños o socios resolvieron liquidarla y previa permuta de partes o derechos resultó D. Francisco Garfias como único propietario de la hacienda de La Ventilla, en tanto que a D. Antonio Garfias Peña se le reconocieron sus derechos por la totalidad de la hacienda de Santiago que hasta la fecha posee.

Dicha finca se encuentra ubicada en el Municipio de Villa de Arriaga del Estado de San Luis Potosí y en la época en que D. Teodomiro Garfias era propietario de ella, el núcleo principal de población estaba constituido solamente por el casco de la hacienda, tal como existe hasta la fecha, pero en épocas anteriores a él la hacienda de Santiago se extendía internando sus límites en parte del Estado de Guanajuato, donde comprendía, hacia el Sur, los Llanos de Buenavista que era una estancia de la hacienda, ubicada en jurisdicción del Municipio de San Felipe de ese Estado. Además, en esa época la hacienda de Santiago comprendía también las importantes estancias o ranchos de "Santa Lucía'. y "Monte Prieto", los cuales ya han desaparecido.

MONEDA PARTICULAR DE LA HACIENDA

DE SIERRA HERMOSA

DESCRIPCION

Moneda de latón. Canto liso. Módulo regular de dieciocho milímetros y grueso de un milímetro.

ANVERSO

En el centro del campo la palabra "DE" en el exergo, arriba y siguiendo la curva superior del círculo, la palabra "HACIENDA" entre pequeñas estrellas de cinco picos dispuestas simétricamente a uno y otro lado. En el mismo exergo, pero siguiendo la curva inferior del círculo se lee “SIERRA HERMOSA". Tiene gráfila dentada que forma el labio de la pieza.

REVERSO

En el centro del campo la figura de un borrego con la cabeza hacia la izquierda y sin suelo. En el exergo, arriba y siguiendo la curva superior del círculo se lee "TRASQUILA". En el exergo, abajo de la figura central, el signo del valor "1" y a uno y otro lado un alamar sencillo de líneas alargadas y curvas. Tiene gráfila dentada que forma el labio de la pieza.

Este ejemplar pertenece a mi colección. En atención a que esta pieza es muy chica, se presenta una amplificación de ella con el objeto de que se puedan apreciar sus detalles.

ANVERSO REVERSO

(Amplificaciones)

***

DESCRIPCION

Moneda de latón. Canto liso. Módulo regular de veintiséis milímetros y grueso de uno y medio.

ANVERSO                             REVERSO

Esta pieza ostenta la misma inscripción y los mismos elementos decorativos que la pieza anterior. la única diferencia es el tamaño y la cifra “40", en tanto que la anterior tiene el número 1 solamente.

Este ejemplar pertenece a la rica colección del Sr. Vicente Osorio Bordenave.

Las cifras “1” y “40” que ostentan las anteriores monedas sugiere la posibilidad de que también se hubieren acuñado piezas de valores de 5, 10, 20 o tal vez 25.

Esas cifras no son indicación de valor en centavos como generalmente puede suponerse, sino que, en realidad indicaban sólo el trabajo devengado en trasquilar el mismo número de borregos. Este trabajo era eventual en esa hacienda y se pagaba “a destajo" y, probablemente su remuneración era variable. Estas piezas eran después canjeadas por mercancías de mantenimiento en la "Tienda de Raya" de la hacienda.

La hacienda de Sierra Hermosa se ubicaba en la región Noroeste del Estado de San Luis Potosí; su casco y la mayor extensión de esa finca pertenecían a la jurisdicción del Municipio de Santo Domingo, S. L. P., pero otra parte de esa hacienda venía a quedar enclavada dentro del vecino Estado de Zacatecas.

Esa extensa finca se distinguió por su riqueza ganadera, sobre todo de ganado menor, cuya explotación seguramente motivó esta moneda de "Trasquila".

Aunque estas monedas no ostentan fecha, puede asegurarse que fueron acuñadas en una época comprendida entre la última década del siglo XIX y los primeros años del siglo presente, si se atiende a las características especiales que presentan (canto liso, módulo regular, tipo de letra, especialmente por la circunstancia de haber sido acuñadas en latón y tener adornos en forma de alamar).

Estas monedas están bien trabajadas, probablemente fueron mandadas acuñar por el Sr. Juan Manuel Robles quien fue esposo de la señora dueña de la hacienda. Antes de estas monedas hubo en esa finca otra moneda particular que era de cobre, mal hecha, sellada por una sola cara y ostentando el fierro viejo de marcar ganado que era una V y una R enlazadas.

Los orígenes de la Hacienda de Sierra Hermosa Se remontan a la época colonial y era propiedad de los condes del Jaral de Berrio. Uno de ellos, Francisco Jerónimo Moncada, casó con una hija del primer matrimonio de la famosísima “Güera Rodríguez" y con ella vivió en esta hacienda hasta su muerte.

Un hijo de este matrimonio heredó la hacienda, ya muy viejo casó con una señora Raigosa, hermana del Lic. D. Genaro Raigosa, quien radicaba en la ciudad de San Luis Potosí donde fue uno de los abogados más notables de su época.

La señora Raigosa viuda de Moncada quedó como dueña de la hacienda y en segundas nupcias casó con el Sr. Juan Manuel Robles, en cuya época se acuñaron estas monedas. A su muerte. por disposición testamentaria, la hacienda pasó a poder de su hija la señora doña Luz Moncada Raigosa, ella fue la última propietaria de esa enorme finca agrícola y murió sin dejar descendencia.

Por estos años sobrevino la Revolución y fue notable la decadencia económica de la hacienda que quedó totalmente abandonada. Fue hasta el año de 1928 cuando el Gobernador del Estado, Gral. Saturnino Cedillo, bajo el pretexto de ejecución de leyes agrarias dispuso la ocupación de la finca, designando como Interventor de ella a un hijo de su hermano Magdaleno, de nombre Hipólito Cedillo; éste sólo se concretó a saquear la hacienda de donde se proporcionó toda la caballada necesaria para equipar a los cuerpos agraristas de Ciudad del Maíz, Cárdenas y la Huasteca con los que se hizo la pretendida campaña militar en contra de "los Cristeros", campaña por la cual se le otorgó al Gral. CediIlo la banda de General de División.

Otro de los actos de la "administración" de Hipólito CediIlo en la hacienda de Sierra Hermosa, fue la criminal disposición de demoler los altares barrocos sobredorados de la iglesia de la hacienda, la cual convirtió en su caballeriza particular.

Por todos estos “méritos” y por algunos otros más, Hipólito CediIlo fue premiado con la designación de Diputado al Congreso del Estado y en substitución de él, el Gobernador Cedillo nombró como Interventor de la hacienda de Sierra Hermosa al Sr. Ramón Cabrero, vecino de Charcas. S. L. P., quien efectivamente trató de restaurar la antigua riqueza de la hacienda, reparando algo de los daños causados.

Fue por estos años (1934-1935) cuando quedó solucionado en definitiva un viejísimo litigio que habían sostenido los Estados de San Luis Potosí y el de Zacatecas, por concepto de los limites de esas Entidades, que no estaban perfectamente definidos en la parte correspondiente a la hacienda de Sierra Hermosa, lo que motivaba grandes perjuicios para ambos Estados.

El estudio y el arreglo de esta controversia fue hecho por el competente abogado potosino D. Manuel Rodríguez Martínez, quien, después, con el cargo de Procurador General de Justicia del Estado, ordenó el levantamiento de los planos correspondientes y de los monumentos o mohoneras que indican la delimitación de los Estados de San Luis Potosí y Zacatecas en esa región.

La hacienda de Sierra Hermosa era sumamente extensa, contaba con infinidad de estancias y ranchos entre los que se citan los siguientes: Cerritos del Bernal, Morelos, El Sabino, Santa Matilde, El Zancarrón, La Yerbabuena, El Grullo y El Calvo; algunos de ellos tienen actualmente categoría política de Congregaciones o de Fracciones.

 

MONEDA PARTICULAR DE LA NEGOCIACION

DE LAS SALINAS DEL "PEÑON BLANCO"

DESCRIPCION

Moneda de latón, Canto liso. Módulo regular de veinticinco milímetros y grueso de un milímetro y medio.

ANVERSO

En el centro del campo, de extremo a extremo, en una línea, la palabra "PEÑON” y abajo, también en una línea "BLANCO” terminando con un punto a media altura. El campo delimitado por dos círculos concéntricos, el interior fino y el exterior grueso. Gráfila ancha que es una sucesión de un dibujo muy semejante a una H o M mayúsculas, entre punto. Lo mal centrado del cuño permite apreciar en un arco, parte del labio que debió circundar la pieza.

REVERSO

En el centro del campo, ocupando su extensión vertical, una letra “E” de tipo caligráfico. Rodeando el campo y en la misma forma que en el anverso, los dos círculos concéntricos, el interior fino y el exterior grueso. La gráfila del mismo dibujo ya descrito en el anverso.

Esta pieza pertenece a la valiosa colección del anticuario potosino Sr. D. Pedro Diez Gutiérrez.

VARIEDAD DE LA ANTERIOR

DESCRIPCION

Moneda de latón. Canto Con cordón de puntos incusos, irregulares y pequeños. Módulo regular de veintiocho milímetros y grueso de un milímetro y medio.

ANVERSO

En el centro del campo, de extremo a extremo la palabra "PEÑON" y abajo, también de extremo a extremo "BLANCO" terminando con un punto. Las dos palabras, paralelas con letras muy irregulares de tamaño y disposición; la sílaba "…ON" de ”Peñón" muy abajo de Iinea, El campo delimitado por dos círculos concéntricos, el interior fino y el exterior grueso, Gráfila muy ancha que es una sucesión de un dibujo muy semejante a una H o M mayúsculas, entre punto. Lo mal centrado del cuño permite apreciar en un arco parte del labio que debió circundar la pieza.

REVERSO

En el centro del campo, ocupando toda su extensión vertical una letra “E” de tipo caligráfico. Rodeando al campo y en la misma forma que en el anverso, los dos círculos concéntricos, el interior fino y el exterior grueso. La gráfila del mismo dibujo ya descrito.

De esta pieza sólo he visto el ejemplar de mi colección que me fue vendido por el Sr. Antonio Calixto Espinosa en el año de 1960, él me informó haberlo adquirido en Salinas. S. L. P., hace cerca de treinta años.

Evidentemente que esta pieza es una tosca variedad de la primera que se estudia en este artículo pues difieren en algunos detalles, especialmente en el dibujo de las letras de la inscripción que en esta variedad están muy mal trazadas en tanto que en la primera pieza ostentan un correcto dibujo. Además es notable la diferencia del tamaño de ambas piezas pues en esta variedad el módulo es de veintiocho milímetros en tanto que la primera es de solamente veinticinco.

Para situar en fecha estas dos piezas de la hacienda del “Peñón Blanco” hay que tomar en cuenta el solo dato de la "E" caligráfica que se ostenta en el reverso de ellas y que evidentemente corresponde a la inicial del apellido de los Sres. D. Joaquín María y D. Ramón de Errazu, quienes desde 1857 hasta fines del siglo pasado fueron poseedores y explotadores de la mayor parte de las salinas del Peñón Blanco.

Explicado lo anterior y tomando en cuenta la circunstancia de que estas piezas fueron troqueladas en latón, resulta fundado suponer que su acuñación se hizo en la última década del siglo XIX, cosa que por otra parte las hace corresponder a la época en que el Estado de San Luis Potosí alcanzó su auge el uso y el abuso de las monedas de hacienda.

Sostenía el giro de estas piezas la fuerte solvencia económica de la "Casa Errazu", principal negociación industrial y comercial de la región y ello, aunado a la dificultad de las comunicaciones; la casi imposibilidad de conseguir moneda de cambio de bajo valor; la voracidad de los Errazu y otras circunstancias, hicieron casi obligatorio el uso de estas piezas que circularon a fines del siglo como moneda del cuño corriente en los Municipios de Salinas, Ramos, Concordia y aun en gran parte del vecino Estado de Zacatecas, especialmente en el Municipio de Ojo Caliente de ese Estado y en casi todas las haciendas agrícolas comprendidas en esa región.

Algunas de ellas, como la hacienda de "El Carro", en auge en aquel tiempo y cuyos términos colindaban con los del Peñón Blanco, no sólo colaboró a amortizar esta moneda de los Errazu, sino que aun la reselló con una inscripción del nombre de esa hacienda, cosa que también hizo con una gran cantidad de cuartillas y tlacos acuñados en la Casa de Moneda de San Luis Potosí. (Véanse en la parte denominada “Los Resellos de las Monedas Potosinas").

La propiedad de las Salinas de Santa María del Peñón Blanco y sus anexas, como la de todas las salinas de la Nueva España, pertenecía exclusivamente a la Real Hacienda, Con el advenimiento de la República, el Supremo Gobierno siguió disfrutando de esos bienes, sin embargo, poco después de la revolución de Independencia se descuidó la administración fiscal de algunas salinas, entre ellas las del Peñón Blanco.

La Ordenanza de Minería dictada por la República establecía en el Artículo 22, Titulo 6o. que: “Las minas de sal gema, así como las de oro, plata y otros metales y bitúmenes, constituyen una propiedad espacialísima regida por leyes también especiales; el dominio de ellas pertenece siempre a la Nación por su naturaleza y origen; pero sin ser separadas del patrimonio nacional, se conceden a los particulares para que las exploten y disfruten, no de un modo indefinido e incondicional, sino mediante determinados requisitos. El trabajo mantiene esa propiedad a favor del que lo impende, y con la cesación del trabajo, se extingue el dominio".

Hacia 1824 o 25 el C. Comisario de San Luis Potosí Sr. D. Fernando Díaz, procedió a recoger judicialmente las salinas del Peñón Blanco, con el fin de administrarlas como bienes nacionales, se trató de arrendarlas a particulares para lo cual se fijó el 30 de noviembre de 1825, una circular con el objeto de rematar en pública subasta las salinas de Santa María del Peñón Blanco y anexas, las cuales fueron adquiridas por D. Juan de Esnaurrizar en la suma de $16.000.00 pesos anuales y por el término de nueve años.

Al concluirse el término del arrendamiento, se volvieron a sacar a remate las referidas salinas, adjudicándose por otros nueve años al Sr. D. Joaquín María de Errazu, este segundo término se comenzó a contar desde el 20 de mayo de 1836.

Pendiente aún el arrendamiento del Sr. Errazu que no debería concluir sino hasta el año de 1845, el Gobierno Nacional autorizado por un Decreto del Congreso, vendió las salinas del Peñón Blanco y sus anexas al Sr. D. Cayetano Rubio en 29 de octubre de 1842. Esta venta se hizo por la cantidad de $304,166.50. En el contrato de referencia no se expresaron linderos, dimensiones, extensión, ni se mencionaron las lagunas que pudieron llamarse anexas, ni se acompañó plano alguno por el que éstas pudieran ser localizadas. Por ello fue que el comprador tomó todo lo que quiso, además en ese contrato se estipuló que se transferían al comprador dichas salinas, con los privilegios fiscales de que habían gozado.

Evidentemente el gobierno dictatorial del general Santa Anna se extralimitaba en las facultades extraordinarias que se le habían concedido al vender a D. Cayetano Rubio las salinas del Peñón Blanco, mismas que, por otra parte, tenía ya en arrendamiento D. Joaquín María Errazu.

Esta venta hecha a bajísimo precio en favor de D. Cayetano Rubio, concertada y efectuada sin convocar postores y sin celebrar almoneda pública, fue impugnada de nulidad por la Casa Errazu, tanto más cuanto que en la escritura pública en que se consignó el contrato, no se señaló, como debía haber sido, la situación, extensión precisa y límites de las lagunas saladas del Peñón Blanco y sus anexas, de cuya palabra “Anexas” se valió el comprador para aglomerar como suyas todas las lagunas salinas que encontró en la región.

Esto motivó un larguísimo y ruidoso litigio entre D. Cayetano Rubio y la Casa de los Errazu y fueron publica- dos muchos folletos conteniendo estudios jurídicos, piezas de autos judiciales, dictámenes, opiniones. etc., entre ellos muy interesantes planos antiguos de la región. A través de estas publicaciones se obtienen interesantes datos históricos sobre la región y sobre los orígenes de la industria salinera desde la época colonial.

Este litigio probablemente no fue fallado en definitiva pues D. Cayetano Rubio vendió esas propiedades a su contrincante el Sr. Joaquín María Errazu y aun emparentaron las familias por haberse casado los hijos de ambos contendientes.

Resuelto amistosamente el litigio, a los quince años de esa venta se descubrió que en la Laguna del Tapado las aguas subterráneas eran saladas, lo que estimuló a varios empresarios a establecer negociaciones salineras y a los veintisiete años de que estos propietarios estaban disfrutando pacíficamente la propiedad y posesión de sus fábricas, los señores Errazu obtuvieron judicialmente, en junio de 1884 el aseguramiento y el secuestro de las fábricas de sal, animales, utensilios y demás.

Para mayores datos sobre este escandaloso asunto pueden verse los títulos respectivos en la Bibliografía Histórica y Geográfica del Estado de San Luis Potosí, por Ramón AIcorta Guerrero y José Francisco Pedraza. México. D. F., 1941.

En la actualidad Peñón Blanco es un poblado perteneciente a la Municipalidad de Salinas y es estación del Ferrocarril San Luis Potosí-Aguascalientes.