Universidad Abierta

 


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“EL CONCEPTO DE POSTURA:

MAS ALLÁ DE LA MEDICIÓN DE ACTITUDES”

 

 

ESTELA   AGUILAR   MEJÍA

 

 

ASESOR: DR. LEONARDO VINIEGRA VELÁSQUEZ

 

CONTENIDO

 

INTRODUCCIÓN

 

PRIMERA PARTE

EL ESPACIO DE LAS IDEAS

 

1. ENFOQUE TEÓRICO

1.1. Confrontación de teorías

1.1.1. La visión dominante de educación

1.1.2. Conciencia histórica y su papel en la educación

1.1.3. Filosofía y cultura: la educación y sus fines, el poder y sus  fines.

1.1.4. La naturaleza política de la educación: o ¿la regulación jurídica?.

1.1.5. Epistemología y educación

1.1.5.1. El conocimiento: cuestión de enfoque

1.1.5.2. El papel de la crítica en la construcción del  conocimiento

1.1.5.3. El concepto de postura y sus implicaciones en la educación

1.1.5.4. Postura o actitud

1.1.6. La formación de profesionales de la educación: enfoque                                  dominante y sus limitaciones

 

SEGUNDA PARTE:

LA OBSERVACIÓN EN EL ESPACIO DE LA EXPERIENCIA

2. Relevancia teórica y pertinencia empírica: relación entre la teoría y la práctica

2.1. Planteamiento del problema

2.2. Hipótesis

2.3. Propósitos del estudio

2.4.. Población y métodos

2.4.1. Población

2.4.2. Diseño

2.4.3. Tipo de estudio

2.5. Variables del estudio

2.5.1. Variable independiente 1: Intervenciones educativas

2.5.1.1. Estrategia educativa tradicional

2.5.1.2. Estrategia educativa experimental

2.5.2.  La variable dependiente 1: participación del alumno

2.5.3. Variable independiente 2: madurez del profesor

2.5.4. Variable dependiente 2: desarrollo de una postura ante la educación por parte de los alumnos.

2.5.5.  Variables de confusión

2.6. Instrumentos de medición

2.6.1. Cuestionario conceptos e ideas acerca de la educación CIE

2.6.2. Cuestionario aconteceres y juicios acerca del proceso educativo AJPE

2.6.3. Examen de conocimientos EXCO

2.7. Procedimientos de medición

2.8. Análisis de resultados

 

TERCERA PARTE:

LA POSTURA DEL PROFESOR Y SU PRÁCTICA DOCENTE

3. RESULTADOS

3.1. Comparación de los grupos antes de las intervenciones educativas

3.2. Comparación de los grupos inmediatamente después de las intervenciones educativas

3.3.  Estimaciones a 3 meses de concluidas las intervenciones educativas

3.4. Estimaciones a 18 meses después de concluidas las intervenciones educativas

 

CUARTA PARTE

EL CONCEPTO DE POSTURA

4. DISCUSIÓN DE LOS RESULTADOS


4.1. El proceso educativo y sus limitaciones

4.2. Conocimiento y recuerdo de información

4.3. La postura, un paso más allá en la construcción del conocimiento

4.4. Postura y Actitudes: implicaciones para la vida

4.5. El profesor: un crítico de la educación y un investigador en activo

5. CONCLUSIONES

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

CUADROS

ANEXOS

1: CONTENIDOS DEL CURSO

INSTRUMENTOS DE MEDICIÓN

2. Cuestionario Conceptos e Ideas acerca de la educación. CIE (Postura ante la educación)

3.Cuestionario  Aconteceres y juicios del proceso educativo AJPE (Participación del alumno en la construcción de su conocimiento)

4.Examen  EXCO (grado de información que proporciona el curso)

 

 


INTRODUCCIÓN

 

“La verdadera tarea política en una sociedad como la nuestra, consiste en criticar las obras de instituciones que parecen neutrales e independientes; criticarlas de manera que la violencia que siempre se ha ejercido a través de ellas silenciosamente quede desenmascarada, de modo que podamos luchar contra ellas”

M. Foucault.

 

A través de la historia moderna la esperanza de progreso de los pueblos, depositada en la educación, se ha fundamentado en la labor del profesor. Independientemente del papel que asignemos a la educación en nuestra idea de progreso, el profesor aparece como un personaje al que se le confían responsabilidades de enorme trascendencia. Cuando se habla de los aciertos o las deficiencias del proceso educativo, cualquiera que sea el enfoque teórico que se asuma o el nivel que consideremos, el profesor suele ser el actor clave, como el gran mediador entre el alumno y el conocimiento, y de su forma de actuar, dependerá en mayor o menor medida, la idea que aquél desarrolle de lo que es el conocimiento y su forma de relacionarse con él. En el proceso educativo existe interdependencia entre los actores y los medios dentro de un cierto ambiente; sin embargo, el componente fundamental son los actores y su desempeño diferencial puede significar considerables modificaciones en el proceso. Así por ejemplo, el papel del profesor puede cambiar cuando a partir de una práctica docente tradicional que propicia la pasividad del alumno, avanza en otra dirección al reflexionar sobre su experiencia y paulatinamente se percata de las profundas repercusiones que puede tener su proceder al propiciar u obstaculizar la participación de sus alumnos en la construcción de su propio conocimiento.

Se trata de un proceso donde el profesor se va distanciando del punto de partida al llegar a otras concepciones de la educación, asumiendo la que en su momento es la elección que más le convence, ejerciéndola, confrontándola, cuestionándola, depurándola y consolidar así una forma alternativa de mirar y de actuar, claramente diferenciada de las ideas tradicionales; en otros términos, ha desarrollado una postura ante la educación, que lleva aparejada una forma de actuar distinta no solo en su forma, sino -fundamentalmente- en sus razones, en el por qué. En la mayoría de los casos, lo que se entiende por diferencias en la labor del profesor corresponde solo a matices dentro de una misma praxis educativa, que en realidad no representan modos alternativos de ver y de actuar. Por ello, a pesar de los esfuerzos, los resultados parecen ser los mismos; se aplican técnicas diversas, se revisan los planes y programas educativos, se modifican contenidos, se incorporan materiales de apoyo y recursos tecnológicos que no logran los efectos buscados: cambios profundos en la forma en que se relacionan los alumnos con el conocimiento, que les permita enfrentar con éxito los desafíos que les depare el futuro.

No es nuevo el planteamiento de preparar seres humanos con aptitud para un aprendizaje de por vida, no obstante, tal ideal no deja de ser un eslogan vacío en tanto no precisemos su sentido y sus alcances. Lo anterior significa que, dentro de las capacidades prioritarias a desarrollar en el alumno, es decisiva la habilidad para ejercer cada vez un mayor control sobre las situaciones de aprendizaje, a fin de que sean pertinentes a sus intereses y aspiraciones, aprendiendo así a identificarlas, a diferenciarlas y a optar con base en el carácter cuestionador e inquisitivo que conlleven para avanzar en el camino de construcción de su conocimiento.

Conocimiento y construcción del mismo significa -desde una perspectiva participativa- la conjunción de formas de mirar y de actuar, tendientes a esclarecer y en su caso, superar, los problemas que se enfrentan en la vida cotidiana. En este sentido, lo que es prioritario es el desarrollo de habilidades complejas, que a su vez propicien el desenvolvimiento de aptitudes que trasciendan la esfera exclusivamente académica; es decir, que el alumno desarrolle su capacidad de reflexión y crítica -que durante su formación se relaciona directamente con la forma como se relaciona con el conocimiento y la idea que se va formando de él- para que, paulatinamente, a medida que se incorpora en otras actividades propias de la vida social, sea capaz de afrontar apropiadamente las situaciones que se le presenten.

En este trabajo, se estudia el desarrollo de una postura ante la educación, que alude al aprendizaje complejo como un propósito fundamental de la enseñanza, en virtud de que el mundo real concreto siempre es complejo; además, es en lo complejo donde  encuentran sentido los aprendizajes simples que, de acuerdo con la visión dominante de la enseñanza (por objetivos), sería el prerrequisito indispensable para acceder a “niveles” superiores de aprendizaje. El aprendizaje complejo implica también el desarrollo de habilidades para el aprendizaje autónomo; este último tiene un significado y una trascendencia decisiva para el ejercicio profesional, en razón de que favorece el estudio independiente, el desenvolvimiento de capacidades como la autodisciplina y el rigor para continuar por el camino de la construcción de conocimiento, confiriendo solidez a las actividades docentes que se realizan.

Es muy probable que los profesores se pronuncien en el plano teórico por ese tipo de aprendizaje. Sin embargo, en la mayoría de las escuelas, sin distinción de niveles educativos, es el ejercicio tradicional de la docencia (pasivo) bajo el ropaje de la moda en turno, un obstáculo para el aprendizaje autónomo, porque el proceso se traduce en programas homogéneos, en objetivos observables, tareas repetitivas y la búsqueda de la uniformidad en los logros, excluyendo, por ejemplo, la diversidad de puntos de vista que al confrontarse constituyen una de las condiciones decisivas para avanzar en el conocimiento.

En la actualidad, la educación enfrenta enormes desafíos en un mundo cuyos cambios se suceden cada vez con mayor rapidez. La institución escolar, por su vastedad y masificación, exhibe una tendencia -que parece inexorable- hacia el conservadurismo, la rigidez y el burocratismo. En la medida en que los protagonistas tienen escasa influencia en el control y gestión educativos, surge un divorcio entre el quehacer institucional y los problemas de la vida cotidiana. La gran cantidad de información generada respecto a diversos aspectos en los diferentes campos y áreas del conocimiento, así como las exigencias de cubrir programas cada vez más extensos, rebasa la capacidad del profesor y de la escuela como institución tradicional “transmisora de la cultura”, a lo que se agrega toda clase de condicionantes en el plano social, que refuerzan el conformismo y promueven el sometimiento.

En este sentido, el profesor puede tener un papel decisivo, porque, no obstante las condiciones adversas, puede -a condición de que se adentre en el camino de la crítica- realizar actividades que intenten promover en los alumnos, un tipo de aprendizaje diferente, no basado en la acumulación, sino en el desarrollo de las capacidades de reflexión y de crítica, superando los estrechos cauces del consumo y el recuerdo de la información.

Ahora bien, un cambio profundo en el papel desempeñado por el profesor, no es un problema técnico, como por ejemplo: incorporar otros recursos para la docencia, cambiar los materiales didácticos, asignar más tiempo a una actividad, etc.; es un problema de experiencia reflexiva diferente  guiada por la critica, que propicia la creación de otro ambiente educativo, para encaminar al alumno por otros derroteros.

Las actividades que los alumnos realizan durante el proceso educativo, se orientan, de acuerdo a la visión del profesor, hacia ciertos propósitos que pueden caracterizarse entre dos extremos. En uno de ellos, se tiende a la acumulación, donde la capacidad para retener la mayor parte de la información de los contenidos de un curso, es el mejor indicio de aprendizaje. En concordancia con lo anterior, las estrategias, las actividades, los materiales y los mecanismos de evaluación se orientan hacia un tipo de rendimiento basado en el logro de “conductas observables” (objetivos) que son consecuentes con el aprendizaje simple y que es característico de una visión pasiva de la educación, en adelante PS.

Para el otro extremo, la información es una materia prima que debe transformarse, un vehículo a través del cual el alumno realiza actividades de complejidad creciente, basadas en la reflexión, que lo introducen en el camino de la crítica  Aquí la memoria es un acompañante en el ejercicio de otras habilidades que exigen al estudiante identificar conceptos, diferenciarlos de otros, confrontarlos, seleccionar los más esclarecedores al contrastarlos con la realidad concreta, dentro de una intrincada red de interacciones. Esto es lo que corresponde al aprendizaje a través de lo complejo: en adelante aprendizaje complejo que es característico de una visión participativa de la educación, en adelante PT. En consecuencia, las estrategias, las actividades, los materiales, y los mecanismos de evaluación, se dirigen a estimar ciertas características y dominios que suponen el desarrollo de habilidades de alta complejidad, donde el aprendizaje simple se reorganiza y adquiere sentido al relacionarse con otros contenidos, con la experiencia personal y el contexto histórico y social del alumno

De acuerdo a lo expuesto, este estudio se divide básicamente - considerando el planteamiento del problema y las hipótesis planteadas- en cuatro partes. La primera, recrea los elementos teóricos que dan fundamento a la indagación, recuperando diferentes enfoques, para sustentar la propuesta de una práctica docente diferente a la tradicional. La segunda refiere los procedimientos de observación llevados a cabo para valorar los alcances del planteamiento teórico, derivándose de aquí diversos aspectos que serán discutidos en su momento. La tercera expone los resultados de cada etapa del estudio. Finalmente con base en los resultados obtenidos, la cuarta parte analiza los alcances y las limitaciones, las fortalezas y debilidades, lo pertinente e inapropiado de dos formas diferentes de concebir el conocimiento y ejercer la docencia.

 

PRIMERA PARTE

ENFOQUE TEÓRICO: EL ESPACIO DE LAS IDEAS

 

“No existe educación sin sociedad humana y no existe hombre fuera de ella”

Paulo Freire.

 

1. ENFOQUE TEÓRICO

Antes de presentar algunos planteamientos teóricos pertinentes, cabe aclarar que utilizar el concepto de enfoque teórico vs. el de marco teórico tiene sus fundamentos.

Este último, habitualmente recopila y presenta todo tipo de información relativa al tema, sin que el investigador se pronuncie por una teoría o corriente en particular, es decir, el investigador no hace evidente cuál es su postura ante el problema en cuestión. Por contraste, el enfoque teórico implica asumir un punto de vista desde el cual se plantea el problema y se deriva la forma de indagar. En este sentido, la información generada desde otros enfoques, corrientes o puntos de vista diferentes e incluso opuestos al que se asume, es recuperada con el fin de cuestionarla y confrontarla, de manera tal que desde el inicio se demarcan los campos de reflexión y se delimitan los diferentes planos y dimensiones desde los cuales se analiza el problema y se hacen propuestas.

Con base en lo anterior, llegamos al punto medular, que es clarificar el significado y las implicaciones del desarrollo de una postura, que en este trabajo de investigación es central.

Para el profesor que se ha distanciado de la costumbre, la postura es un punto de llegada que a su vez, funciona como punto de partida para conferir a su labor solidez y pertinencia, favoreciendo así que sus respectivos alumnos también desarrollen un punto de vista propio, que los lleve a cuestionar lo que hacen y cómo lo hacen.

Hablar de postura supone partir - en primera instancia - de un enfoque epistemológico y de una perspectiva crítica de la educación  que hacen indispensable demarcar claramente sus diferencias con respecto a las actitudes, pero también sus relaciones con aspectos psicológicos y afectivos. Entre las principales preocupaciones y dificultades que enfrenta el proceso educativo, está el favorecer el desenvolvimiento de los alumnos, cobrando particular importancia el desarrollo de actitudes positivas  Es pertinente hacer notar que predecir el comportamiento humano ha sido preocupación recurrente de diversos actores sociales, destacando: los científicos, los psicólogos, los educadores, los políticos y los gobernantes. Con el surgimiento del concepto de actitud en psicología: “tendencia o disposición compleja, adquirida, de relativa duración, a comportarse de un determinado modo ante cierto objeto de la realidad” y el desarrollo de diferentes métodos y escalas de medición de la misma, se abrió un vasto panorama de observación en el campo.

No obstante, es indispensable reconocer que hasta ahora, es sumamente difícil acercarse a ellas cuando deseamos observarlas con la imparcialidad y precisión que pretende la “objetividad”. No se niega su existencia o su relevancia; pero los componentes y atributos de las actitudes son sumamente escurridizos; por su matiz afectivo, están interrelacionados con infinidad de factores internos y externos a la persona, razón por la cual a lo que habitualmente se llega, es a explorar por escrito opiniones que no son  representativas de una supuesta actitud subyacente.

Las actitudes constituyen un poderoso centro de atracción de los intereses de investigación enfocados a identificar y poner a prueba intervenciones tendientes a debilitar actitudes desfavorables o perniciosas en los estudiantes, o desarrollar otras más positivas  Aún con el concurso de escalas de medición tan elaboradas como la de Guttman, de Likert o de Thurstone, las verdaderas actitudes son, en gran medida, inaccesibles a la medición.  Lo que habitualmente está a nuestro alcance suele ser un esbozo superficial,  muchas veces engañoso, de la actitud en cuestión. Las más de las veces lo que se investiga de las actitudes es sólo el factor cognoscitivo  -acaso el más colateral- tal como lo demuestra su presencia en las revistas periódicas y en los bancos de datos especializados

El componente afectivo de las actitudes suele ser evasivo para el observador, y el psicomotor -la acción- que representa la manifestación palmaria de una supuesta actitud subyacente  sólo puede valorarse a posteriori, a menudo fuera del ámbito y del tiempo de observación. Para enfrentar esta problemática hemos renunciado a la exploración de las actitudes, porque, a nuestro entender, la forma como se acostumbra indagarlas funciona más como un obstáculo epistemológico en el sentido que Bachelard propone, que como un enfoque esclarecedor y heurístico.

Nuestra búsqueda nos ha llevado a proponer una alternativa: la noción de postura, con implicaciones principalmente epistemológicas. La postura, al ser el resultado de un esfuerzo reflexivo y deliberado de elaboración y reelaboración de un punto de vista propio, altamente selectivo y sólidamente sustentado ante cierta situación problemática de la experiencia, permite al que la ejerce influir en los acontecimientos a través de iniciativas consistentes, consecuentes y pertinentes, dirigidas a cuestionar, enjuiciar, proponer o emprender acciones, según sea el caso. Es accesible a la medición porque el surgimiento de una postura, cuando ocurre, suele ser el resultado de un camino dilatado de búsqueda, discusión, debate y confrontación con otros puntos de vista, donde la experiencia - que ha dejado de ser un conjunto de vivencias repetitivas e irreflexivas- pasa a convertirse en un desafío de conocimiento, y es su principal referente

Por contraste, la actitud es una inclinación favorable o desfavorable hacia cierto objeto, donde la afectividad juega un papel decisivo. Lo afectivo tiene un lugar importante en el desarrollo de una postura, pero al ser esta última la que encauza las iniciativas de acción, lo afectivo adquiere un carácter subordinado, sufriendo cambios y reacomodos en virtud de esa nueva matriz organizadora que representa la postura.

El desarrollo de una postura tiene que ver con otra forma de concebir el conocimiento, donde el alumno se convierte en el protagonista que lo elabora Avanzar por este camino no depende del consumo de información, de la exhaustiva revisión de los contenidos programáticos o del uso de diversas técnicas y de la tecnología; de lo que se trata es de apelar a la motivación del educando para desencadenar y orientar su iniciativa y su inventiva, a fin de que su experiencia, mediada por la crítica, le permita tener su propia versión de cierta situación problema de la realidad que al depurarse y fortalecerse, llega a constituirse en una postura. El desarrollo de una postura es un efecto y a la vez una condición necesaria para la elaboración del conocimiento, que es el fundamento del aprendizaje autónomo, toda vez que se basa en el rigor, la confrontación, la autodisciplina, la crítica y la autocrítica.

El despliegue de la capacidad para el aprendizaje autónomo propicia el desarrollo de una postura que se convierte en un “principio” de organización de la vida; permite, a quien la ha desarrollado, estar en perpetua actualización. La carencia de este atributo es, muy probablemente, uno de los factores que mayormente influyen en el elevado índice de deserción escolar en los estudios superiores; en el rezago y abandono de alumnos que optan por modalidades educativas abiertas o a distancia y que evidencia, además, una grave limitación de la educación formal escolarizada, para encaminar a los alumnos hacia el desarrollo de esta “herramienta” fundamental de superación personal e influencia social.

Bajo nuestro enfoque, el que el aprendiz desarrolle una postura ante aspectos relevantes de su experiencia, es un imperativo; de ahí nuestro interés por aproximarnos a la medición de algunas de sus manifestaciones y valorar su comportamiento a largo plazo (ver planteamiento del problema).

Los elementos implicados en el concepto de postura, se relacionan estrechamente con un instrumento muy específico: el currículo. Desde un punto de vista pedagógico -aparentemente neutral- la explicación del por qué de ciertas prácticas educativas, las hallamos en el concepto, forma y contenidos del currículo. Para penetrar en él, es necesario partir -en primera instancia- de un enfoque social, no porque se deje de lado otras perspectivas; el currículo es un instrumento en el cual confluyen infinidad de factores que -por su complejidad- hacen necesario abordar separadamente cada uno de sus aspectos. No obstante, como veremos a lo largo del enfoque teórico, los fundamentos filosóficos, históricos, políticos y epistemológicos se encuentran estrechamente relacionados, de modo que, no es posible plantear una explicación teórica sobre el currículo, sin el concurso implícito o explícito, de diversas perspectivas que se concretan en él.

 

1.1. Confrontación de las principales corrientes educativas: un enfoque sociológico

 

Un referente indispensable para redimensionar las implicaciones que tiene en la práctica profesional el desarrollo de una postura, son los enfoques teóricos más heurísticos y esclarecedores, como los que proporcionan las humanidades y las ciencias sociales. Podemos decir en términos muy generales que la teoría es una forma de ver el mundo, de mirar las cosas y analizarlas. Los antecedentes de la práctica educativa actual, se remontan a otros tiempos, ha estado vinculada al concepto de cultura, donde hallamos aspectos relacionados con formas de vivir y de hacer y donde el proceso educativo adquiere particular relevancia cuando se trata de demarcar las diferencias entre patrones de comportamiento y patrones para el comportamiento. En estos últimos hallamos elementos que conforman una estructura social, en la cual confluyen infinidad de enfoques que tratan de explicarla.

Estos enfoques o teorías, al abordar la temática social, cultural, filosófica, histórica, epistemológica, aportan elementos que favorecen un análisis integrador; esclarecen el papel de la educación al seno de una cultura determinada. Toda situación tiene una historia y su propio contexto: no se puede desvincular el carácter social de la práctica educativa y su función política de aquello que constituye el saber teórico.

La función de este apartado, no es la de ofrecer un análisis exhaustivo de las diferentes teorías que confluyen a explicar la educación, pero si es preciso retomar algunas ideas con el fin de cuestionar lo que sucede en la escuela, considerando no sólo lo propiamente relacionado con el trabajo en aula, sino la vinculación entre lo que sucede en el entorno social, nacional e internacional y lo que hacen los alumnos en la clase para elaborar su conocimiento.

Si partimos de un enfoque sociológico, en la actualidad la complejidad de las relaciones sociales, propiciada por cambios no sólo a nivel económico sino también -o tal vez principalmente- por el desarrollo tecnológico, presenta un panorama en donde la educación juega un papel y una función fundamental. La educación, y más concretamente el sistema escolar, precisan ser analizados como resultado de la evolución histórica, de la división del trabajo y políticas culturales que, a través del tiempo, han ido conformado un estilo peculiar donde la relación educación-trabajo que presenta el discurso oficial, puede ser vista en la realidad como una dicotomía más que como una correspondencia.

La escuela como institución que posee la facultad oficial de otorgar validez a los estudios, se ha caracterizado por compartir con la totalidad de las instituciones y sistemas sociales, una serie de atributos y funciones. En efecto, es el concepto de función el que mayormente nos ayuda a definir el papel de la educación y de la escuela en la sociedad, de aquí que se expresen diversos puntos de vista que influyen en las relaciones educativas y sociales.

Si bien, ninguna teoría es capaz de abarcar la totalidad de los fenómenos sociales -por su complejidad- en virtud de ser abstracciones de la realidad, algunas ofrecen mayores posibilidades para orientar un análisis y reflexión profundos acerca del objeto que tratan, esclarecen algunos puntos obscuros, para comprender ciertas problemáticas o para abordarlas con mayor penetración y en algunos casos, esas formas de ver o mirar una realidad determinada permite incidir, operar cambios, en las estructuras existentes, a condición -insisto- de comprender, en primera instancia con la mayor claridad posible, el  objeto de análisis.

El concepto de función es pertinente si queremos caracterizar la profunda trascendencia social de la educación. Para efectos prácticos, podemos decir que son esencialmente tres, los paradigmas o modelos teóricos que abordan el tema de la educación, de manera que en términos muy generales, con Durkheim y sus seguidores tenemos la sociología funcionalista; con Marx y Engels la sociología sustentada en el materialismo histórico, en donde tienen cabida los pensadores como Althusser y Gramsci, P. Bourdieu  y otros como Dos Santos críticos del colonialismo y la dependencia, y finalmente con M. Weber la sociología comprensiva y el pragmatismo de Spencer

Existe en todos ellos un elemento común a considerar; el ser humano no es un principio, sino un resultado o creación histórica. La persona constituye su individualidad e identidad, en un continuo proceso de interacción en el curso de la historia y gracias a las relaciones sociales. En la socialización, como proceso permanente, es fundamental la función de la educación formal y no formal; la explicación de la relación educativa depende en parte de la particular perspectiva que la construye; dicho de otro modo, cada enfoque es una forma de mirar y entender las relaciones sociales. En este sentido, Gutiérrez Pantoja sostiene que es preciso determinar, si existe correspondencia entre el hecho considerado y las necesidades del organismo social, y en qué consiste esta correspondencia.

El concepto de función se relaciona con el de fin social. Desde la propuesta de Durkheim  la función está en relación directa con la utilidad; es decir, que sea funcional al sistema o que le funcione de manera adecuada. Obviamente no se detiene a cuestionar al sistema, da por hecho que hay uno y que si determinado elemento o factor no funciona para ese sistema, no es útil. Desde esa perspectiva, no es la educación un elemento o instrumento, o función transformadora de las relaciones sociales; ser útil, implica que únicamente debe responder a las necesidades de la sociedad, engranar en el sistema tal como es, para que continúe siéndolo. Al suponer que las estructuras son consistentes y la continuidad de éstas debe ser preservada, la estructura social es vista como una totalidad y la educación es una función dentro de ésta. Esta perspectiva sociológica -el funcionalismo clásico- identifica la educación en su dimensión de realidad objetiva y externa, que debe modelar al ser asocial que es el ser humano de manera natural, para conformar otro ser social y moral que lo capacita para cumplir su función en la estructura social.

En esta misma línea, seguidores de Durkheim agregan al concepto de función el de estructura, en la que se inspiran las teorías funcionalistas modernas como la de Merton y Parsons, cuyo eje principal son las normas y valores que sostienen y hacen funcionar la estructura social . En este sentido, Dewey  los supera cuando utiliza el término reconstrucción que implica una recreación y no solo la conservación de la cultura. Por ejemplo, Erick Fromm, psicólogo social  sostiene que hay un carácter social determinado por las condiciones de la sociedad y que en las estructuras existe un carácter social compartido; pero no por las razones que expresan los funcionalistas, sino porque los individuos de una misma cultura se comportan como ésta lo requiere; el comportamiento de las personas dentro de una estructura, tiene más que ver con supuestos implícitos, inconscientes e ideológicos que cristalizan de manera explícita en ciertas formas de ejercer la educación formal.

Con Malinowsky, la función de la educación es satisfacer las necesidades sociales para mantener el orden   aportando a la visión funcionalista uno de sus atributos distintivos, que es retomado por Parsons e influenciado por Weber para formular una teoría general de la conducta humana, a mi juicio muy simplista y limitada para interpretar la educación, y de la cual Merton hace algunos cuestionamientos, pero finalmente aterriza en el “american dream” cuyo supuesto educativo es el aprendizaje de roles, que son funcionales al sistema capitalista (orientación teleológica). De esta manera se yuxtaponen los conceptos de educación y movilidad social, basándose en el supuesto de que la sociedad está estratificada y abierta de manera que permite la movilidad; simplemente para este enfoque la educación es un elemento estratégico en el cambio de status social.

A diferencia de los anteriores, la propuesta de la perspectiva socialista, considera a la educación como elemento de una formación social históricamente determinada. Es decir, para los funcionalistas y estructuralistas, la educación es concebida como la piedra angular para la transformación social en tanto que para los seguidores de la corriente crítica la educación funciona como reproductora de las relaciones desiguales en una sociedad. La escuela no es una instancia de subsunción dentro de otra estructura, sino que se inserta en el análisis de las clases sociales y la dominación económica, política, cultural e ideológica de las clases dominantes, donde la institución escolar es un espacio ideológico cuya función es de reproducción de las relaciones de producción existentes.

De formas muy diversas y desde enfoques o ángulos diferentes, las corrientes principales aceptan que todo fenómeno social es un proceso; la educación tiene su propio campo en una dimensión de espacio y de tiempo, vinculándose con otros espacios como el político, el económico, el cultural, trascendiendo los límites de la educación formal o escolarizada, abarcando la acción educativa no formal de la familia, los medios, la sociedad, que si bien son independientes de la intención y voluntad de educar, educan, y en ocasiones son más fuertes que la acción “consciente” e intencionada de la escuela.

De una u otra forma, el concepto de función es el eje de los argumentos de las diferentes perspectivas sociológicas de la educación; pero los métodos de análisis y de explicación e interpretación del concepto -en cuanto que es el objeto de estudio- es caracterizado de distintas maneras. La propuesta funcionalista de la educación es una construcción analítica y praxiológica que concibe a ésta como un producto natural del sistema, que parte -históricamente- de una orientación positivista y psicosocial de organización; el orden, el equilibrio, la armonía de los sistemas naturales se lleva al ámbito de lo social para explicar diversos fenómenos, de ahí que el consenso se deriva de principios generales y preestablecidos, que sugieren un concepto formal de educación en el cual los actores sociales se comprometen con el orden estructural, el comportamiento funcional y la integración social.

Desde esta perspectiva, debido al compromiso que se supone existe para el mantenimiento estructural, la educación se caracteriza por su limitada capacidad de crítica.

El paradigma funcionalista ha sido incapaz de esclarecer el poder de la intencionalidad humana en el sistema educativo, así como los fenómenos de poder y conflicto que ocurren en la escuela y en la sociedad. Es por ello que en nuestro país, por ejemplo, los problemas como el analfabetismo o la deserción escolar, reciben un tratamiento táctico, desprovisto de perspectiva histórica y de explicación política.

Si asumimos el punto de vista de Durkheim, los educadores estamos condenados a ser burócratas, cumpliendo funciones o papeles a merced de las expectativas, normas y reglamentos de un sistema, desempeñando una función NORMATIVA, pero no formativa; enfatizando la regulación, el orden jerárquico, y el progreso racional en orden al sistema establecido, sin cuestionarlo.

Otros enfoques son aún más reducidos, como la llamada teoría de sistemas, en razón de que gira en torno a la idea de estudiar a la sociedad como un sistema unitario, cuyas partes están unidas entre sí por leyes precisas, en una especie de fisiología social. Representaciones en esta línea son las de Hobbes y Spinoza y sobre todo Spencer ; en éste último, el paradigma del organismo animal se asume en forma mucho más explícita y elaborada como marco de referencia sistémico para el estudio de la sociedad y de la educación, ya que los componentes fundamentales del sistema social y del educativo son las instituciones; las funciones que cada una de ellas desarrolla en favor del todo y la estructura de sus relaciones de interdependencia e intercambio parten de la idea del funcionamiento autónomo del sistema.

 

Desde la perspectiva de Spencer, las cosas son bastante simples; las cosas son “como son” de manera natural, y están unificadas por una ley evolutiva que abarca las cuatro esferas de la realidad humana, por eso en la lucha por la vida sólo sobreviven los más fuertes, el conflicto es cuestión de cada individuo. Esta visión entraña un reduccionismo biologicista y psicologista que deja de lado la influencia de lo social en la conformación de los grupos humanos y de los individuos. El paradigma naturalista-evolucionista limita la posibilidad de explicar - y por ende transformar- la educación. Al ser la sociedad un espacio natural, e imperar la ley del más fuerte, es el mérito o la capacidad personal lo que explica las diferencias y con ello, la desigualdad se legitima. Spencer, al hablar de educación se centra en el gentelman. Su visión de la miseria como elemento capaz de doblegar las pasiones, es -según él- la forma como se aprende a superar las limitaciones y el sufrimiento es una poderosa herramienta para la educación moral.

El sentido de la pedagogía liberal en Spencer, alude a la oposición entre los derechos de padres e hijos  . De la lectura de la obra de Spencer, lo que me parece necesario resaltar y criticar, es en primer lugar, su concepto de lo natural. La sociedad y la educación no son naturales en el sentido que él plantea. La sociedad es una realidad creada por los seres humanos, y como tal, se trata de una “invención” que no está a merced de las fuerzas físicas ni biológicas; es el producto de la voluntad humana, consciente o inconsciente. Si como Spencer sostiene, sólo se pueden conocer los hechos y fenómenos de la experiencia, es decir lo objetivo, al hablar de educación contradice su propio punto de vista, porque si bien, la educación es un hecho social objetivo, no lo es en el sentido que Spencer  le confiere a la experiencia.

El planteamiento de Spencer, sitúa a los menos favorecidos en el sino inexorable del egoísmo, la corrupción y la maldad porque así lo han decidido de manera individual. Es evidente que propone una pedagogía pragmática, pero al carecer de reflexión teórica, sus propuestas se desmoronan ante la complejidad de las relaciones sociales, que son las que pueden explicar los “estados sociales civilizados”  y quedan, éstos últimos, fuera de lo natural porque no están directa y estrechamente relacionados con la inteligencia, como él sostiene. En el ámbito educativo mexicano particularmente, estas reflexiones nos llevan a plantear la falta de consistencia que tiene la educación que se sustenta en la perspectiva de Spencer, y que ha estado y continúa presente en muchas instituciones educativas privadas, desvinculada de los procesos sociales. Estas ideas se fundan finalmente, en una concepción del mundo donde el más fuerte es superior, y el débil, al ser inferior, merece quedarse donde está.

Concepciones que basan sus argumentos en una idea mesiánica del mundo, donde la injusticia y la desigualdad provienen de la incapacidad personal, y no del abuso, la intolerancia y el afán de riqueza y poder de unos cuantos, tratan de explicar que las condiciones de vida concretas de las personas, sus contradicciones y luchas son algo personal. Así, la educación se torna ahistórica y los procesos educativos se congelan, adaptándose a categorías de clase. La particularidad histórico-social de los procesos educativos, queda aplastada, y la pedagogía en su conjunto se transforma en un fragmento de ciencia que reduce su quehacer a la didáctica, cuya apariencia científica otorga legalidad a la penetración de tecnología ajena, considerando que la única cultura válida como tal, es la de las clases sociales privilegiadas, capaces de gozar de placeres superiores.

 

A diferencia de las propuestas anteriores, y aunque algunos autores señalan que Althusser parte del estructuralismo y por ello se le etiqueta de “estructuralista”,(a mí me parece que utiliza la noción de estructura como un referente teórico para criticarla, no para asumirla o pronunciarse a favor de ella) la educación tiene una función social específica: reproducir las condiciones sociales existentes y que son convenientes para la cultura dominante. Althusser no se adhiere al concepto de estructura por que esté de acuerdo, ni es una propuesta suya la noción de estructura para explicar la función de la educación.

Eso es aún más evidente cuando alude al método de interpretación seguido por Marx (se refiere a la crítica) los fundamentos de su propuesta se orientan hacia el esclarecimiento de la interacción de las estructuras en donde el conflicto es un elemento fundamental; se trata de la antítesis del paradigma funcionalista y estructural-funcionalista que conciben la estructura estable, y autónoma. No es solamente en la economía política de Marx, ni en las ideas de Althusser donde hallamos los prolegómenos de esta postura anti funcionalista; en Kierkegard y Sartre, en Hegel y Kant, así como en propuestas como las de Daherndorf, el análisis del conflicto tiene por objeto la concientización y la interpretación crítica de la realidad.

Un análisis detallado de las construcciones teóricas alternativas, revela que, aunque cada protagonista adopte una orientación filosófica predominante, las formulaciones de Marx, Althusser y otros, incluido Foucault, se basan en la interacción de contribuciones conceptuales y analíticas distintas (marxismo, existencialismo, fenomenología, anarquismo, teoría crítica, la nueva sociología de la educación y el enfoque de acción humana) y que todas ellas aportan valiosos elementos de análisis acerca de las relaciones sociales, la división del trabajo, las prácticas educativas y la selección que mediante la educación, es reproductora de la desigualdad social.

Marx, expresó hace años ya la génesis de lo social y lleva el concepto de crítica social y de educación más allá de sus predecesores, al señalar que no solamente es necesario interpretar el mundo, sino transformarlo (11a. Tesis sobre Fuerebach). Si bien es cierto que Marx no se propuso escribir sobre la educación de manera específica, encontramos que al efectuar su crítica a lo social, la aborda de manera que es parte de ese todo al que hace referencia. En relación a Marx y a la educación, pueden caracterizarse por lo menos, tres campos muy claros: las ideas sobre educación de Marx y Engels y sus continuadores; el impacto de estas ideas al analizar la educación en países capitalistas y su influencia en los sistemas educativos de países socialistas, y su poder para esclarecer el papel de la educación en países de capitalismo dependiente, como el nuestro. Entre 1848 con el Manifiesto Comunista hasta 1875 con la Crítica al Programa de Gotha, Marx recrea la idea de educación al recoger las demandas de la tradición liberal-democrática (idea de escuela universal, pública y gratuita) añadiendo una propuesta esencial: la unificación de la enseñanza con el trabajo.

Acerca del sistema de enseñanza y la división del trabajo, en su argumento 2, “la división del trabajo sólo se convierte en verdadera división... esclarece la relación entre el sistema de educación superior y el trabajo. Marx señala que la fuerza de producción, una vez establecida la división del trabajo, impone al individuo un tipo exclusivo de actividades que se presenta como “natural” aunque no lo es, lo cual denomina bajo el término de “enajenación” El marxismo, al oponerse a la pedagogía idealista y al positivismo de su época, descubre el carácter enajenante de la educación dominante y la disociación entre el trabajo manual y el intelectual  a través de las cuales la educación concurre a la perpetuación del sistema social.

Al esclarecer el carácter histórico, tanto del  fenómeno educativo como del concepto mismo de ésta, el marxismo cambió, radicalmente, la concepción pedagógica, que se miraba como un ente aislado de un contexto, de los procesos económicos y sociales, que son determinantes -en última instancia- y de los procesos ideológicos, que en la educación  influyen en la reproducción o en la transformación social. Es así, que la conciencia no es el producto mecánico o “natural” de las condiciones materiales, (como sostiene Spencer) sino una manifestación que puede transformarlas, porque para el marxismo, la educación debe revincular la conciencia con la vida real y la pedagogía analizar las condiciones de vida concretas de las personas, de todas y no solamente de algunas. Un sistema educativo que no logra transformar la vida, la calidad de vida en el conjunto social, debe analizarse muy críticamente. Marx resaltó, que las raíces de la enajenación deben buscarse en el mundo material que los seres humanos creamos y que la educación de un modo u otro apoya, porque está íntimamente relacionada al proceso histórico de la actividad social y productiva

El proceso de alienación, del cual E.Fromm, desde otra perspectiva, hace un brillante análisis  forma parte de la socialización en los sistemas capitalistas y lejos de llevarse a cabo específicamente en la escuela, está presente en todos los procesos sociales, en el transcurso de toda la vida de los hombres y mujeres, incluido el trabajo. Si bien es cierto que los planteamientos de Marx no pueden ser “aplicados” en su totalidad a la realidad mexicana, como tampoco las de sus seguidores como Althusser, develan las raíces de la sociedad desigual al criticar agudamente los supuestos en que suelen basarse los grupos dominantes para justificar la desigualdad.

Derivaciones de la visión crítica, son por ejemplo las teorías del colonialismo y la dependencia, que son más apropiadas para observar y recrear nuestra realidad social y educativa  Estas teorías ofrecen argumentos sumamente esclarecedores de la realidad educativa, al revelar el sentido con que es aplicado en nuestro país y en Latinoamérica, el modelo de progreso que imponen los países desarrollados, de donde algunos egresados de educación superior, son pieza clave, porque son correas de transmisión mediadoras entre la cultura dependiente de las clases dominantes y la fragmentaria situación de la cultura, organización política y social de las clases oprimidas.

Esto es así, por que en la política imperialista la educación requiere no sólo la protección legal, sino de garantías de que la reproducción de la fuerza de trabajo responderá a las necesidades sociales, técnicas e ideológicas de los grupos dominantes, del modelo de desarrollo capitalista dependiente  En este sentido, la manipulación que se ejerce sobre la estructura y superestructura de la sociedad, se liga a los fines de la dominación a partir de las relaciones de producción preexistentes, y la educación vinculada a aspectos ideológicos, es decisiva, desde el punto de vista “progresista”. La relación entre educación y progreso al interior de la ideología capitalista, tiene raíces en la necesidad de resolver la contradicción entre las concepciones religiosas y sociales heredadas y las necesidades económicas impuestas por el capitalismo.

En estas condiciones, las limitaciones del proceso educativo se ven como un efecto o resultado “lógico” de carencias atribuibles a las etnias (razas inferiores) y no como derivaciones propias de la situación de dependencia, de manera que, sin una reflexión profunda por parte de los educadores al respecto, caemos en la trampa del discurso oficial que presenta a la escuela como la “cuna del saber” hacedora de milagros y al rezago y fracaso educativos como algo eminentemente individual.

En cuanto a enseñanza, ciencia e ideología  Marx nos ofrece material de reflexión con respecto a los programas educativos, sobre la generación y el uso del conocimiento y sobre las prácticas escolares. Si consideramos las propuestas de Marx, es fácil comprender que en los países dependientes, la idea evolucionista de la educación como despliegue de cualidades naturales de las personas y de la sociedad, se transforma en el despliegue de las cualidades de la cultura capitalista desarrollada hacia el interior de las naciones atrasadas. El pragmatismo reaparece, confiriendo así a los procesos político-educativos un papel principal en la implantación de un modelo científico desde el cual se planifica y controla el desarrollo; y el factor fundamental en ese planteamiento es de tipo ideológico y corresponde a las capas medias la tarea de difundirla; ellos son los transmisores de la nueva ideología (profesores e investigadores) con una producción teórica y con una práctica que contribuye a la construcción y fortalecimiento del saber científico y del cambio de mentalidades..

Todo esto se concreta en el currículo, en el cual subyace una ideología que dirige la visión dominante de la educación.

 

1.1.1. La visión dominante de educación

 

Desde el discurso oficial, una educación renovada, debe generar el consenso del público; la escasa proporción de gente con oportunidad de recibir enseñanza media y superior, constituye un obstáculo en la modificación de las mentalidades y por ende, de participar en ese consenso. Por ello la existencia de la escuela afecta tanto a los que van a ella, como a los que nunca han ido o han desertado Los que asisten engranan en el sistema, y por ende, no pueden hacer nada para transformarlo; los que desertan o nunca han ido, quedan fuera del sistema, ocasionando graves problemas para el equilibrio de la estructura establecida. Con base en esa idea de procurar el consenso, se intensifican programas emergentes “compensatorios” que permitan al mayor número posible de personas “incorporarse” al sistema productivo de la sociedad; programas educativos que tienen el mismo corte técnico de escasa repercusión por la visión miope que se tiene de la educación y del progreso social.

El problema de la educación no es cuestión de técnica, sino de visión; de postura ante la educación y ante la realidad social..  Aprender a pensar y reflexionar no es cuestión de técnica ni de currículo elaborado por el Estado, donde se favorece un carácter “participativo”  pero acrítico. Participativo en el sentido del consenso hacia el proyecto de desarrollo impuesto, pero acrítico porque el que cuestiona crea problemas y requiere ser neutralizado, por eso la tecnología educativa sólo se queda en la superficie, ya que un nivel de reflexión profunda genera, tarde o temprano, la toma de conciencia que lleva a la acción, de modo que no sólo hay que capacitar al productor (maestro) sino también al consumidor (alumno) para que asuman su papel en el engranaje social.

Habitualmente el discurso oficial, presenta la educación como el medio por excelencia para la movilidad social, planteando una correspondencia casi directa entre educación y “progreso”, confiriéndole a aquélla atributos que no tiene en virtud de que es la sociedad la que define a la educación y no a la inversa.

La visión dominante de la escuela, esconde mucho más de lo que esclarece. Vemos así que la educación en México, no es la palanca para el desarrollo. Esa supuesta relación entre educación-empleo-desempleo, más bien está aparejada con lo que señala Carnoy  al argumentar, que al extenderse la educación genera presión por conseguir empleo adecuado al nivel de capacitación; pero además genera necesidades desde el punto de vista de su acceso a los bienes de consumo, de su participación institucional y política. Al elevarse el nivel de aspiraciones se incrementa también la expectativa social de las capas superiores de la población. En una sociedad que depende del capitalismo en proceso de monopolización, no se corresponden con las posibilidades de respuesta del sistema socioeconómico del país.

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